14225(07-11-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14225  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 135  

          Bogotá,   D.   C.,   siete   (7)   de  noviembre  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del  5  de julio de  1996,  un  Juzgado  Regional  de  Bogotá  absolvió a los señores José   Ignacio   Polanco,   Arnulfo   López   Mosquera,  Nectario   López   López,  Gersaín   Eleacsin   López   López   y  Fáber  López López por los  cargos que de secuestro extorsivo agravado les fueron formulados.   

          Como    responsables   del   ilícito,   condenó   a   Juan  Rodríguez  Bobadilla,  Argenis  Caviedes  Muñoz  y  José   Antonio   Rivera   a   las  penas  principales  de  33  años  de prisión y multa de 100 salarios mínimos legales  mensuales,  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas  por  10  años,  a  pagar  los  perjuicios  causados  y  les  negó  la  condena  condicional.   

          El  fallo  se  sometió al grado jurisdiccional de la consulta y, en  decisión  del  27 de enero de 1997, el Tribunal Nacional revocó la absolución  dispuesta   en   favor  de  Arnulfo  López  Mosquera,  Nectario      López      López,     Gersaín   Eleacsin   López   López   y  Fáber López López para, en  su  lugar,  imponerles  las sanciones ya reseñadas como coautores del ilícito.  En todo lo demás, confirmó el de primera instancia.   

          Los   señores  López  López     y    López    Mosquera  interpusieron  recurso  de  casación,  y  el  primero  y  los dos  últimos  otorgaron mandato para tal efecto. La Sala se pronuncia de fondo sobre  esta impugnación.   

HECHOS  

          A  las  5:30  de  la mañana del 14 de mayo de 1993, Gilberto Cometa  Fierro,  acompañado  de su esposa y a bordo de su camioneta, salió de su finca  ubicada  en  la  inspección  de  El  Caguán  (Huila).  En  la carretera fueron  interceptados  por unos 10 hombres armados que los hicieron bajar del carro, los  obligaron   a   tomar   una  bebida  y  se  llevaron  al  primero,  exigiendo  $  500.OOO.OOO.oo por su liberación.   

          Informadas  las autoridades, se dispuso un seguimiento y, el 1°. de  julio  de  1993  fue  aprehendido  Pablo  Emilio Rojas  Almario  cuando, a través del teléfono, negociaba el  rescate.  Este  condujo  a  los  agentes  a un inmueble en la vereda Jerusalén,  inspección   de  Puerto  Tolima,  municipio  de  Gaitán  (Tolima).  Allí  fue  rescatada  la  víctima  que  se encontraba amarrada con una cadena. En el lugar  fue  aprehendida  Argenis  Caviedes  Muñoz  y  también  estaba Juan Rodríguez  Bobadilla,  quien  huyó  y  se entregó el día 3. Rojas Almario mencionó como  partícipes  del  hecho,  entre  otros,  a José Ignacio Polanco y José Antonio  Rivera.   

          Una  fuente anónima alertó al Cuerpo Técnico de Investigación de  la  Fiscalía  sobre  la  existencia  de  un  grupo  de secuestradores, del cual  hacían      parte,      entre      otros,     los     hermanos     Fáber,  Gersaín  Eleacsin  y  Nectario López  López,  así  como  el  padre  de estos, Arnulfo  López  Mosquera,  quienes fueron  reconocidos por la víctima como partícipes en el hecho.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Luego  de  una  indagación preliminar, se inició la investigación  respectiva  y  se  escuchó  en  indagatoria  a  los imputados, a quienes se les  resolvió  su  situación  jurídica.  El  19  de  julio  de  1994, se profirió  resolución  acusatoria  en  contra  de Argenis Caviedes Muñoz, Juan Rodríguez  Bobadilla,   José   Antonio   Rivera,   José   Ignacio  Polanco,  Arnulfo   López   Mosquera,  Fáber    López   López,   Nectario   López  López  y  Gersaín   Eleacsin  López  López,  como  coautores   del  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado.  La  decisión  fue  recurrida  y confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional el 6  de diciembre del mismo año.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda instancias, los  acusados  interpusieron  recurso  de  casación.  La  Sala se pronuncia, una vez  recibido el concepto del Procurador Tercero Delegado en lo Penal.   

LA DEMANDA  

          El defensor formuló dos cargos. Los desarrolló así:   

          Primero.  Causal  primera,  cuerpo  segundo. El Tribunal violó de manera  indirecta,  por  falta  de  aplicación, los artículos 21 del Código Penal (de  1980)  y 247, inciso segundo, del de Procedimiento Penal (de 1991), a través de  manifiestos  errores de hecho  por  omitir  la apreciación de la indagatoria de Pablo  Emilio  Rojas  Almario.  Esta  versión tenía entidad  suficiente  para  deducir que los acusados no tuvieron ninguna participación en  el  delito,  pues  no  los menciona en su relato, narración que se debe admitir  como  coincidente  con  la  verdad.  Similar omisión cometió el juzgador al no  valorar   una   constancia  de  estudios  de  Gersaín  Eleacsin  y  un  contrato  de  permuta  a  nombre  de  Nectario   López   López,  documentos  con  los  cuales  se  demostraba  que  para  el  día  del plagio se  dedicaron a actividades diversas.   

          Segundo.  Causal  tercera.  La  sentencia se dictó en un juicio viciado  de  nulidad,  pues  se admitió como prueba de responsabilidad un reconocimiento  fotográfico  relacionado  con  otro  hecho  (el  secuestro  de  Gilberto  Peña  Salgado),  no  con  el  presente,  circunstancia  que afectó el debido proceso.  También  se  practicaron  otras  diligencias  de  la misma índole sin tener en  cuenta  que  los sindicados estaban detenidos, razón por la cual aquellas no se  podían llevar a cabo.   

          Solicita  se  case  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  se  emita una  decisión acorde con los argumentos presentados.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          Recomienda    no    casar   la   sentencia,   por   las   siguientes  razones:   

          1.   En   el   cargo   por   falso  juicio de existencia, el demandante  faltó  a  la  técnica  pues  no  demostró cómo la omisión del estudio de la  indagatoria  llevó  al  Tribunal  a  violar  la  ley.  Se  limitó a enunciados  globales  que  no desarrolló y que comportan nueva crítica probatoria, además  de   que   de   la  versión  de  Pablo  Emilio  Rojas  Almario  no  se  deriva  incuestionable la ausencia de  responsabilidad,  al  paso  que  sí  fue  valorada para absolver a José  Ignacio  Polanco.  Lo propio sucede  cuando  aludió  a la ausencia de estimación de unos documentos, censura que se  quedó   en   el   enunciado,   máxime   que  el  Ad  quem  hizo una apreciación de todas las pruebas en su  conjunto.  Finalmente,  señala que el defensor falló al no precisar las normas  vulneradas.   

          2.   El   impugnante,  como  violación  al  debido  proceso,  indicó  irregularidades  en  el  acopio  de  algunas pruebas. El reproche daría lugar a  tenerlas  por  inexistentes  y  si,  por  esa  vía,  se infringía alguna norma  sustancial,  otra  sería  la causal invocable, y no la de nulidad. No obstante,  agrega,   los   reconocimientos   fotográficos   sí   fueron,  en  apariencia,  irregulares,  porque  al  practicarlos los acusados ya se encontraban detenidos,  pero  ello  no  elimina  la  validez  de  las declaraciones dentro de las cuales  fueron  identificados,  de  manera  que  si  se  sustraen  esas  diligencias, la  situación no varía.   

CONSIDERACIONES  

          La  presentación  de los cargos en la demanda infringe el postulado  lógico  de  no  contradicción,  como  que  postula  dos  que se excluyen. Esto  solamente  es  permitido  si  se acude a la principalidad y a la subsidiariedad.   

          Bajo  la  tácita aspiración de un fallo absolutorio, el recurrente  planteó   una   primera   censura   como  violación  indirecta  de la ley sustancial, reproche que supone la  existencia  de  un  juicio respetuoso de las reglas del debido proceso. Luego, a  renglón           seguido,           propuso           la          invalidación  del  trámite precisamente  por faltas a las formas propias del juzgamiento.   

          Esa  postura  es  ilógica  pues  una  cosa no puede ser y no ser al  mismo  tiempo  por  el  mismo  respecto  por  cuanto,  o  el  procedimiento  fue  respetuoso  de  las  reglas  como para que sea viable una sentencia favorable, o  lesionó la garantía superior que exige la anulación.   

          A  pesar  de  ese equívoco técnico, y en atención al principio  de  prioridad -que no acató el  casacionista-,  inicialmente  la Sala se ocupará del análisis del cargo basado  en  la  nulidad,  toda  vez  que si éste prosperara se impondría retrotraer la  actuación,  circunstancia  que  tornaría  inoficioso  el  estudio  del segundo  reproche.   

La violación del debido proceso  

          Dijo  el recurrente que la sentencia del Tribunal desconoció varios  errores   dentro  del  proceso,  pues  que  tuvo  en  cuenta  un  reconocimiento  fotográfico  que no poseía ninguna relación con los hechos investigados. Esto  obligaba  a  cumplir  el  mandato del artículo 29 de la Constitución, conforme  con  el  cual  “es nula de pleno derecho la prueba obtenida con violación del  debido proceso”.   

          1.  El  enunciado enseña que el censor se  apartó  de  la  técnica  de  casación.  En  efecto,  los yerros propios de la  estimación  probatoria,  por  sí solos,  no  necesariamente  generan  la  anulación  del trámite, sino la  imposibilidad   de   apreciar   la   o  las  pruebas  afectadas.  La  expresión  constitucional       nulidad     de     pleno  derecho  significa  que  la pieza probatoria objeto de  irregularidades        en        su        acopio,        es        inexistente,  esto  es,  que no puede ser  considerada al tomar decisiones de fondo.   

          2.  Si  al  fallo  se le reprocha que haya  tenido      como      apoyo      un      medio      probatorio      inexistente porque tal instrumento tenía  que  ver con un asunto procesal diverso, lo indicado en casación es acudir a la  causal   primera,   cuerpo   segundo,  motivo  que  sí  permite  cuestionar  la  apreciación  probatoria.  Y en esta hipótesis, compete al actor especificar si  se    cometió    un    error   de   hecho   o   de  derecho  y,  según  el  caso,  cuál  la  especie  de  falso  juicio  en  que  se  incurrió,  si  de  existencia, identidad, raciocinio,  legalidad  o  convicción.  Este  requerimiento no fue  exactamente  observado por la defensa, sujeto procesal que tampoco se esmeró en  demostrar   la  trascendencia  del  error,  esto  es,  en  evidenciar  que  si  no se hubiera incurrido en el  equívoco, el sentido de la sentencia habría sido diferente.   

          3.  Si  se  revisan  los  argumentos  del  Ad  quem,  se  detecta  de  inmediato  la  carencia  de  fundamento  del  reparo  expuesto por el apoderado.   

          Así,  en  relación  con  el tema debatido, dijo que por labores de  inteligencia  “se  consiguió  el  reconocimiento de varios de los implicados,  entre  otros,  de  los  procesados Arnulfo López Mosquera y sus hijos Nectario,  Gersaín  y  Fáber  López  López,  a  quienes no solamente Gilberto Cometa en  calidad  de víctima de los acontecimientos los reconoció, sino que también lo  hicieron  Marco  Antonio  Peña  Salgado, Libardo Bonilla Bahamón, Gisela Peña  Espinosa  y  María  Blanca  Hernández de Cometa, manifestando, cada uno en sus  términos,  que  estos sujetos, además de haber tenido activa participación en  la    faena    delictual,   cumplían   organizadamente   la   tarea   que   les  correspondía”.   

          Por  tanto, se percibe con facilidad que el Tribunal no se limitó a  derivar  responsabilidad  exclusivamente  de  la  identificación  realizada por  Marco  Antonio  Peña  Salgado,  pues  que  la  dedujo, además, de la hecha por  Gilberto  Cometa  y  su  esposa María Blanca. Y de aquí se desprende que si se  hiciera  abstracción  de  aquélla -en el supuesto que estuviera rodeada de los  visos  de  ilegalidad que se le cargan-, las últimas permanecerían incólumes,  con  la característica de suficiencia para sostener la decisión de condena. El  yerro  que  se  anuncia,  entonces,  carecería de influencia determinante en la  dirección del fallo.   

          Mas  también sería intrascendente porque la decisión se sustentó  en  otros  elementos,  sobre  todo,  las  averiguaciones  de  los  organismos de  seguridad,  que  daban  cuenta -antes de los señalamientos- que los miembros de  la   familia  López  López  habían  participado  en  el  hecho; y –así  hubiera sido de paso- los testimonios de quienes, ocultando su  identidad,  afirmaban  que  estos  constituían  una  organización  dedicada al  secuestro.   

          4. Para respaldar la petición de nulidad,  el   demandante  habla  de  un  nuevo  error.  Lo  hace  consistir  en  que  las  indicaciones  a través de fotografías faltaron a las formas propias del juicio  por   cuanto   se   realizaron  cuando  ya  los  sindicados  estaban  detenidos.   

          El  artículo  369  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991  establecía  que  “Cuando  fuere  el  caso  de  un reconocimiento por medio de  fotografías,  por  no estar capturada la persona que debe ser sometida al mismo  …”.   

          Conforme  con  el  mandato legal, asiste razón a la queja en cuanto  si  los  sindicados  se encontraban privados de su libertad, la diligencia sólo  se  podía intentar en fila de personas y no por medio de fotografías. Mientras  tanto,      los     señores     Arnulfo     López  Mosquera,  Fáber,   Gersaín  y  Nectario   López   López,  fueron  aprehendidos el 22 de julio de 1993 y los esposos Gilberto Cometa Fierro  y  María  Blanca Hernández de Cometa los señalaron en retratos el 4 de agosto  siguiente.   

          Así,  se  podría arribar a otra conclusión: el instructor habría  infringido  el  mandato  legal.  Sin embargo, como ya fue puesto de presente, la  irregularidad  no acarrearía consecuencias importantes, primero porque, como ya  fue  dicho,  esos  no  fueron  los  únicos  elementos de juicio con base en los  cuales  el  juzgador  halló  la responsabilidad; y, segundo, por cuanto si bien  los  reconocimientos como tales podrían ser pasibles de cuestionamientos, no se  debe    olvidar    que    el    ofendido    y   su   esposa,   en   testimonios rendidos bajo la gravedad del  juramento,   señalaron   a   los   acusados  como  partícipes  en  el  delito.   

          En   consecuencia,   si   los   “reconocimientos”,   como  actos  autónomos,  pueden merecer los reproches que se les hace, permanecen incólumes  las  versiones  juradas  por  medio de las cuales, sin duda alguna, y sin que la  defensa  haga  reparos  a  tales  sindicaciones,  los  testigos  de  los  hechos  indicaron    a    los   hermanos   López  y  a  su  padre  como partícipes en el delito. Las declaraciones,  así, soportan los cargos.   

          Por  consiguiente,  por  razones  técnico-formales  y  de fondo, la  censura  no  prospera,  menos  si,  de  otra  parte,  se  tiene en cuenta que el  casacionista  no  fijó  en  sus  peticiones el momento a partir del cual sería  viable la anulación.   

         

La   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial   

          El   impugnante   invoca  como  error  de  hecho     que     el     juzgador     omitiera    la   apreciación   de   la  indagatoria  de  Pablo  Emilio  Rojas Almario de la que, dice, se colige que los  señores  López  Mosquera y  López  López  no  tuvieron  ninguna participación en el delito investigado. Dígase:   

          1.   El  falso  juicio  de  existencia  que, por omisión, enuncia, se  desvirtúa  por cuanto la sentencia del Tribunal sí analizó la versión que se  echa  de  menos  y ella sirvió de soporte para confirmar el fallo de condena en  contra  de  Juan  Rodríguez  Bobadilla, Argenis Caviedes Muñoz y José Antonio  Rivera,   como   se   observa   en   los   folios  11  y  13  del  cuaderno  del  Tribunal.   

          El   Ad  quem,  entonces,  no  excluyó  la  indagatoria  aludida.  Luego  del  análisis  citado,  procedió  a  estudiar la  situación        jurídica       de       los       hermanos       Nectario,  Gersaín  y  Fáber  López  López  y  su  padre  Arnulfo  López  Mosquera  y dijo que “la prueba existente”  en  su  contra  “posee  la  fuerza incriminatoria necesaria”, argumentos que  comportan   una  valoración  en  conjunto  de  los  elementos  de  juicio,  que  necesariamente incluyó la pieza que, se afirma, fue omitida.   

         No  otro  alcance  tienen  las palabras del juzgador, quien luego de  apreciar  las  declaraciones  y los reconocimientos concluye que “la prueba de  cargo  no  se  reduce”  a esa, “sino que militan en el expediente múltiples  elementos  de  juicio  que  convergen”  para  acreditar  la responsabilidad. Y  dentro  de  ellos  cita  las indagaciones de la Policía Judicial y –tangencialmente-  los  testimonios con  reserva de identidad.   

         El  Tribunal,  por  tanto,  estudió  “la  prueba  analizada en su  conjunto”,  prueba  que “concluyó a señalar a los implicados LÓPEZ LÓPEZ  como  las  personas  que  formaron parte de la organización criminal que retuvo  durante varios días al ganadero Gilberto Cometa”.   

         Ese  estudio  global  incluyó,  por  supuesto,  la  indagatoria del  señor  Rojas  Almario,  máxime  si  se  tienen en cuenta -reitera la Sala- los  párrafos  anteriores,  que recuerdan cómo sí fue mencionada de manera expresa  y  sirvió  de  base  a  las  condenas  proferidas  contra Rodríguez Bobadilla,  Caviedes  Muñoz  y  Rivera  y, más adelante, se hizo lo propio para absolver a  José Ignacio Polanco.   

         2.  El censor no demostró la trascendencia  del  error,  esto  es,  no  comprobó  que  si  no hubiera concurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  diverso.  Como  que  ya  se  dijo,  otros elementos de juicio sustentan la  condena.  Tampoco  evidenció  que  de la indagatoria que señala como desechada  surgiera  de  manera  incuestionable  que sus asistidos fueran ajenos al delito.   

         En  efecto,  en  sus  descargos el señor Pablo Emilio Rojas Almario  señaló  simples nombres, sin apellidos, como Isauro, Henry, Israel, a quien le  dicen    “Ulama”,    y    “otros    dos    muchachos   que   tampoco   los  conozco”.   

         De  ese relato no se puede concluir, sin dudas, que por no describir  a  la  familia López, se deba  inferir  su  inocencia,  porque la forma como se desarrollan las cosas de manera  normal  lleva a que en esta clase de actividades se empleen nombres diversos del  real,  además  de  que  aquellos  que  “no  conozco”  bien  pueden  ser los  acusados.   

         Finalmente,  no  se  puede  dejar  de  lado  que  tratándose  de la  comisión  de delitos como el investigado, que exige el compromiso de un número  considerable  de personas, es frecuente que no todos los partícipes se conozcan  unos  a  otros, por la división funcional de tareas con que se ejecuta. En este  contexto,  que  Rojas  Almario  no  señalara  a  todos  los  intervinientes con  precisión  sólo  tiene  el  alcance  de  que conoció exclusivamente a los que  nombró.  Eso,  sin  dejar  de  lado  la habitual conducta tendiente a favorecer  algunos específicos intereses.   

         No  se  puede  perder  de  vista,  además,  que  con  palabras  del  ofendido,  los  agresores  fueron  unos  10  hombres,  y  que si el señor Rojas  Almario  describió  un  número inferior, entre los faltantes bien pueden estar  los   integrantes  de  la  familia  López  y,  en  todo caso, que si aquél no se refirió a todos, es porque  los desconoce, o los encubre.   

         3.  Se  equivoca el demandante cuando cita  como  norma sustancial lesionada el inciso segundo del artículo 247 del Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991, de acuerdo con el cual “En los procesos de  que  conocen  los  jueces  regionales no se podrá dictar sentencia condenatoria  que  tenga  como  único  fundamento,  uno o varios testimonios de personas cuya  identidad se hubiera reservado”. Y falla, porque:   

         Primero,  se  trata de una disposición sometida a la tarifa legal y  por  ende  el reproche se debía guiar por el error de  derecho  por  falso  juicio de convicción, y no por el  de  hecho  por falso juicio de existencia.   

         Y   segundo,  porque  la  revisión  del  fallo,  y  de  los  mismos  argumentos  del  demandante,  muestra  que el cimiento de la condena se fijó en  otros  elementos  de  juicio,  no  en  la  prueba  de  testigos  cuya identidad se reservó. Estos solo fueron  mencionados  de manera accesoria, para corroborar los restantes. Y en todo caso,  no fueron “el único fundamento” del fallo.   

         4.  Otro  falso  juicio  de  existencia por omisión consiste, según el  apoderado,  en que el Ad quem  desconoció  el certificado de estudios y el acta de matrícula correspondientes  a   Gersaín   Eleacsin   López   López,   así   como  una  factura  cambiaria  de  permuta  suscrita  por  Nectario López López. Estos  elementos,  agrega,  demostraban que para el momento del plagio, los hermanos se  encontraban  en  sitios  y  actividades  diversas y, por tanto, desvirtuaban los  cargos.   

         Ya  se  dijo que el fallador hizo un análisis conjunto del material  probatorio,  no  de  manera aislada, lo que implica que los escritos mencionados  fueron  considerados,  además de que de manera expresa argumentó que “Aunque  el  proceso  está  nutrido  por  escritos  y declaraciones que dan cuenta de la  buena  conducta  que  socialmente observan los López, estas manifestaciones por  sí  solas  no  alcanzan  a desdibujar su responsabilidad, máxime cuando fueron  desvirtuadas por el caudal de pruebas antes reseñadas”.   

         Se  desprende  de  lo  transcrito,  así,  que los documentos que se  afirma  fueron dejados de lado, sí fueron valorados de manera específica y, en  consecuencia,    cualquier    el    reproche   centrado   en   el   falso  juicio  de  existencia  cae  de su  peso.   

         Por  lo  demás, la constancia de estudios verifica que Gersaín  Eleacsin  se  matriculó para el  año  lectivo  de 1992-1993, lo que en modo alguno significa que para el momento  del  hecho no estuviera presente en el sitio de su comisión, porque allí no se  especifica  una  actividad  particular  en  esa  fecha.  Lo propio sucede con la  factura  de  permuta  suscrita  por  Freddy  Hernando  Agredo  y Nectario, cuyas  firmas,  al  parecer,  se  autenticaron  el 14 de mayo de 1993,  sin que se  conozca  la  hora  en  que el acto se llevó a cabo, por lo cual el documento no  descarta que pudiera estar en uno y otro lugar.   

         Se  desestimará  el cargo y, por contera, la demanda presentada, lo  cual implica que no se casará la sentencia impugnada.   

         En  consideración  a  esta  decisión  de no casar la sentencia, el  juicio  de  favorabilidad  que  se  pueda  presentar  ante la vigencia del nuevo  Código  Penal  corresponde  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Devuélvase y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO        ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO           

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                       

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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