13783(21-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13783  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº 095  

          Bogotá  D.  C.,  agosto  veintiuno  (21)  del  dos mil tres (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  el recurso extraordinario de casación interpuesto  por    la   defensa   de   WILLIAM   ALBERTO   TULENA  TULENA,  contra  la  sentencia del 15 de abril de 1997  por  cuyo  medio  el Tribunal Nacional revocó la absolución dictada a favor de  dicho  procesado por un Juzgado Regional de Medellín y, en su lugar lo condenó  a  la  pena  de  prisión  por el término de cincuenta y cinco (55) años, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el lapso de  diez  (10)  años  y  le  impuso  la  obligación  de  indemnizar los perjuicios  causados  en  su  condición  de  determinador del homicidio cometido contra los  indígenas  Héctor  Aquiles  Malo  Vergara,  Porfirio  Ayala    Suárez,    Luis    Arturo    Lucas    Polo    y   Cesar   José   Meza  Gutiérrez.   

HECHOS  

          El  fallo  impugnado relata los acontecimientos que fueron objeto de  su decisión, en estos términos:   

“Cuenta  el expediente que el 24 de marzo  de  1994,  hacia  la  media  noche,  cuando  el  Cacique  del  Cabildo Mayor del  Resguardo  indígena  Zenú  de  San  Andrés  de  Sotavento (Córdoba), Héctor  Aquiles  Malo Vergara se desplazaba en el vehículo Chevrolet Luv, en compañía  de    Luis   Arturo   Lucas   Polo   –líder    aborigen-   ,   Porfirio   Ayala   Suárez   –Secretario de la ONIC-, y Cesar José  Meza  Gutiérrez conductor del automotor, fueron interceptados a la altura de la  vereda  Puerto  Seco,  por sujetos desconocidos que se movilizaban en un campero  de  color  blanco,  quienes  sin  fórmula  de  juicio dispararon armas de fuego  contra  el  rodante  donde  iban  los  indígenas,  luego le prendieron fuego al  mismo,  y se llevaron a los ocupantes de la Luv, cuyos cuerpos aparecieron horas  después,  con  pluralidad  de  impactos  de  armas  de  fuego  de corto y largo  alcance,  abandonados  en  un paraje de la vereda El Carbonero, del municipio de  Chinú (Córdoba)”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          WILLIAM   ALBERTO   TULENA   TULENA   fue  vinculado  a la investigación mediante indagatoria y luego sometido a medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva como presunto autor intelectual de los  delitos  de homicidio agravado, conforme a resolución del 11 de octubre de 1994  (Fl. 45 C.O. 3).   

          Cerrada   la   investigación  parcialmente,  esto  es,  únicamente  respecto  del WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA,  el  6  de  abril de 1995 se profirió contra éste resolución de  acusación  como  autor intelectual de los delitos de homicidio investigados, de  conformidad  con los artículos 323, 324, numerales 7 y 8 del Código Penal.(Fl.  65. C.O 5).   

          La  acusación  fue  confirmada  el  19  de diciembre de 1995 por la  Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal   Nacional.   (Fl.  48.  C.  2ª  I.  Fisc.)   

          El  3  de octubre de 1996 un Juzgado Regional de Medellín absolvió  al  procesado WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA  de  los  cargos  por el múltiple homicidio. (Fls. 704 a 774   C.O.5).   

          No  obstante,  por apelación interpuesta por la Fiscalía Regional,  el  15  de  abril  de  1997  el  Tribunal Nacional revocó aquella absolución y  condenó  a  WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA  en  los  términos  ya  consignados al inicio de esta providencia.  (Fls. 45 a 98 C. T. Nacional).   

LA  DEMANDA   

          El  demandante formula un cargo único al amparo de la segunda parte  de  la  causal  primera  del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal de  1991,  esto  es,  por  violación indirecta de la ley sustancial, por errores de  hecho  y de derecho que predica respecto de diversos medios probatorios, con los  cuales  fueron  violados  en  forma  directa  los artículos 301 y 302 del mismo  estatuto  e  indirectamente los artículos 2º, 26, 61, 66, 67, 323 y 324 en sus  numerales 7 y 8 del Código Penal.   

          El  libelista  hace recaer los yerros judiciales en que incurrió el  Tribunal  Nacional  en  estos  cuatro  elementos  de  juicio:  1.- El indicio de  huellas  del delito. 2.- El indicio de manifestaciones anteriores al delito. 3.-  El   indicio  del  móvil  para  delinquir.  4.-  Un testimonio rendido por  persona  con  reserva  de  identidad,  cada  uno  de los cuales desarrolla de la  siguiente manera.   

          1.-  El indicio de huellas del delito: la aprehensión de un arma de  fuego  en  una  propiedad  de  WILLIAM ALBERTO TULENA  TULENA.   

          El  impugnante  asegura  que  al  enunciar este indicio, el Tribunal  Nacional incurrió en dos errores.   

          El  primer  yerro  consiste  en  que  relacionó varios hechos y los  tomó   como   indicios  separados,  así:  “el  haber  encontrado  en  la  finca  ‘Los  Naranjos’  de  TULENA  TULENA  una de las armas  empleadas  para  ultimar  los  aborígenes”, unida a la  circunstancia   de   “que  tal  artefacto  sea  de  su  propiedad”  y  al  hecho   de  que  “el   mismo   instrumento  haya  estado  en  manos  de  uno  de  sus  empleados”,  siendo  que, en criterio del casacionista  solamente  son  diversos  elementos constitutivos del mismo hecho indicador, que  simplificado    se    reduce   a   que   las  autoridades  hallaron un arma de propiedad del procesado con la  cual  se habría dado muerte a los indígenas, porque si el arma no hubiera sido  de   propiedad   del  implicado,  el  ad  quem  no  habría  podido  levantar  el  indicio contra WILLIAM TULENA.   

          Aduce  el  impugnante  que  según  lo  ordena  el artículo 301 del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior  “El hecho  indicador    es    indivisible”    y   “sus  elementos  constitutivos  no  pueden tomarse separadamente como  indicadores”,  disposición  con  la  cual se pretende  terminar  con  la  costumbre  judicial  de multiplicar los indicios convirtiendo  varios  momentos  constitutivos  de  un  solo  hecho  indicador en varios hechos  indicadores, como lo hizo en este caso el Tribunal Nacional.   

          Por  ende,  el fallador de segunda instancia debió reconocer que el  decomiso    del    arma   en   predios   de   WILLIAM  TULENA, la demostración que era de propiedad de éste  y  que fue hallada en poder de uno de sus trabajadores no son hechos indicadores  diversos  sino  circunstancias que permiten afirmar una sola cosa: “que  en predios de WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA fue hallada un arma  de su propiedad”.   

          Para  el  actor  la  equivocación del sentenciador de segundo grado  configura  un  error  de  derecho  por violación de los ritos de formación del  medio  probatorio,  es  decir,  una  ilegalidad  intrínseca,  proveniente de la  violación directa de la norma procesal ya citada.   

          El  segundo  error  que el libelista atribuye al juzgador de segundo  grado  está  en  suponer  que  la  pistola decomisada en los predios de WILLIAM  ALBERTO  TULENA   fue  “una de las armas empleadas  para  ultimar  a  los  aborígenes”,  por  cuanto  las  pruebas  no  dicen nada al respecto, pues la necropsia revela que no fue posible  hallar  proyectiles  en  los  cadáveres; el informe policial sobre la revisión  del  vehículo en que viajaban las víctimas no da cuenta del hallazgo de algún  proyectil  calibre  45  que  es  la  del  arma de propiedad del procesado. Y las  vainillas  que  llegaron  al  proceso al parecer fueron encontradas por terceras  personas  en  el lugar donde el vehículo de las víctimas fue interceptado, sin  que   exista   certeza  al  respecto,  lo  que  significa  la  vulneración  del  artículo    302   del   Código  de  Procedimiento  Penal  que  exige  que  “El  hecho  indicador  debe  estar probado”.  Agrega  el inconveniente de que lo encontrado fueron vainillas y  no proyectiles o plomos.   

          Continúa  diciendo  el  libelista que la prueba técnica indica que  las  dos  vainillas  calibre  45  halladas  en  el  teatro  de los hechos fueron  disparadas  por  la  pistola  Colt  calibre  45  de  propiedad  de  WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  pero  no  que  con  esa  arma se dispararon los proyectiles con los cuales se causaron  las heridas que presentaron los cuerpos de los aborígenes.   

          Por  lo  anterior,  encuentra  equivocado  afirmar  como  lo hace el  ad  quem que haber encontrado  una  de  las “armas homicidas”  en   terrenos  del  señor  TULENA  TULENA   es  un  hecho  indicador  de su participación en el delito,  porque  parte  del  supuesto no probado de que esa arma fue accionada para segar  la  vida  de  los  indígenas.  Afirma,  entonces que al entender acreditada esa  circunstancia  sin  sustento  probatorio,  el  Tribunal  Nacional desconoció lo  dispuesto  por  el  artículo  302  del  Código  de  Procedimiento Penal porque  pretendió  deducir  un indicio a partir de un hecho indicador que procesalmente  no está demostrado.   

          De  haber procedido correctamente el Tribunal Nacional lo único que  habría  podido  tener  como  hecho indicador demostrado sería la existencia de  una    pistola   calibre   45   en   el   inmueble   del   señor   TULENA  TULENA , pero la sola posesión de  un  arma de fuego, para nada relacionada con los hechos juzgados, no pasaría de  ser un indicio de extrema vaguedad.   

          Entender  que  el  arma  decomisada  fue una de las utilizadas en el  homicidio,  configura  para  el  censor  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,   por   cuanto   se   produjo   una   tergiversación   del  material  probatorio.   

          No  obstante,  el  casacionista  manifiesta su disenso respecto a la  tesis  de  la  Corte que identifica la naturaleza del error con la irregularidad  que  se  haya  cometido  al  momento  de  dar por demostrado el hecho indicador,  porque  en  su  opinión se está confundiendo un elemento del indicio, el hecho  indicador, con la totalidad del indicio.   

          Explica  que cuando se trata de la existencia del hecho indicador la  situación  es  igual  sea que se establezca con un medio de prueba ilegal o con  uno  que  haya  sido  tergiversado,  porque en cualquiera de esos casos el hecho  indicador  no  está demostrado y entonces se incumple con uno de los requisitos  de  formación  del  indicio  consagrados  expresamente  en  e artículo 302 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  ello  se  está  frente  a  un error de  derecho.   

          2.-  Indicio  de  las manifestaciones anteriores al delito: amenazas  de   muerte   que   WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  habría   lanzado  contra  la  vida  de  Héctor Aquiles Malo Vergara.   

          Comenta  el  recurrente  que,  según el ad  quem,  la  existencia de las amenazas fue comunicada a  las   autoridades   por   la   señora   Nelly  Esther  Cobo,  esposa  del  Cacique asesinado; incidencia a la  que se refiere el Tribunal Nacional cuando dice que ella declaró:   

“…en  el sentido de que TULENA TULENA, en  las  dependencias  del  INCORA seccional Montería había amenazado de muerte al  Cacique  Malo  Vergara  si  insistía  en  la  reclamación de tierras que ellos  perseguían  –  hecho  a  ella comentado por su esposo -,  aseveración que  reiteró  Nelly  Esther  Cobo  en  dos  oportunidades,  aún  después  de haber  conversado  con  el  acusado,  quien  intentó  persuadirla  de  que  no  había  participado  en  los execrables acontecimientos, amén que sobre la veracidad de  tal  enfrentamiento  obra  la  declaración  de Madolis del Carmen Polo Vergara,  quien  afirma que su cónyuge Cesar José Mesa Gutiérrez, conductor del Cacique  asesinado,  también  la  puso  al  tanto  de  las amenazas lanzadas contra Malo  Vergara por TULENA TULENA…”(Fl. 24 sentencia recurrida).   

          El  demandante rebate las anteriores afirmaciones advirtiendo que en  la  primera  declaración que rindió el 28 de marzo de 1994, dos días después  de  ocurridos  los  hechos,  Madolis  del  Carmen Polo  Vergara  (Fls. 30 a 33 C. 2) no hizo mención alguna a  amenazas    que    WILLIAM    TULENA    hubiera  proferido  contra  uno  o  varios de los que posteriormente  fueron  ultimados, como tampoco hay referencia alguna en su primera ampliación.  (Fls.  50  y  51  C.  1).  En  el  último testimonio ampliado, rendido 26 meses  después  manifestó  que  su  esposo  le  había  comentado que el Cacique   Malo   Vergara   y  TULENA  TULENA  se  habían  “enfrentado” en las oficinas del INCORA por  las  reclamaciones  del  Resguardo indígena sobre la hacienda San José que era  propiedad del procesado (Fl. 366 C.5).   

          Puntualiza  el  actor  que  el error del Tribunal Nacional radica en  que  en donde la testigo relató un enfrentamiento, entendió que hubo amenazas,  como  se  lee  en el folio 38 del fallo, cuando una cosa es totalmente diferente  de  la  otra, lo que implica una tergiversación del testimonio, en perjuicio de  los intereses del acusado.   

          Añade  que  no  pudo  haber disputa por la posesión de la hacienda  San  José  por  cuanto la discusión se adelantó ante el INCORA por los cauces  legales  y terminó con la entrega material de las tierras que hizo WILLIAM  TULENA  al  Resguardo  indígena,  previa  renuncia  escrita  de  los aborígenes a la persecución de otras fincas  del condenado.   

          Así  mismo el actor desmiente al Tribunal Nacional en cuanto afirma  que    la    señora    Nelly    Cobo   había  reiterado  en dos oportunidades su referencia a las amenazas  de  muerte.  Al  efecto  se  remite  a  las  diversas  intervenciones  de  dicha  declarante.   

          En  la primera declaración rendida por la testigo el 29 de marzo de  1994  (Fls.  64 a 66 del C.2) para destacar que no existe ninguna alusión a las  dichas amenazas.   

          En  la  primera  ampliación  de  su testimonio, del 3 de octubre de  1994  (Fl.  10 C. 3), manifestó que el encausado le había dicho al Cacique que  ”   si   le   quitaba   la   finca   lo   mandaba   a  matar”.   

          Varios  meses  después,  el  28  de mayo de 1996 (Fl. 531 C. 5), la  señora  fue  interrogada  expresamente  sobre las amenazas, ocasión en la cual  manifestó  que  en  realidad nunca habían existido y redujo el incidente a los  siguientes  términos:  “…  es lo único que yo sé,  que  él   tuvo  esas palabras, nunca términos amenazantes, sólo tuvieron  unas  palabras,  WILLIAM  sólo  le  pidió  que  sacara  a  la gente que había  invadido sus tierras”.   

          Por  último,  en  la ampliación testimonial cumplida el 7 de junio  de  1996  (Fl.  362. C. 5), refiriéndose al cruce de palabras entre su esposo y  TULENA    TULENA   dijo:  “No  sé  si  tuvieron palabras agresivas de amenazas,  sólo  me dijo que tuvieron unas palabras por el problema de la finca pero no me  dijo que se hubieran amenazado”.   

          De   lo   anterior   concluye  que  no  es  cierto  que  la  señora  Nelly    Cobo    hubiera  corroborado  en  tres  oportunidades  la  existencia  de  amenazas de muerte que  WILLIAM TULENA TULENA hubiera  dirigido  contra  el  Cacique  Malo Vergara.  Igualmente le reprocha el silencio que guarda sobre las versiones  aclaratorias de la misma deponente.   

          El  impugnante argumenta que el Tribunal Nacional debió atenerse al  contenido  de  las  declaraciones de Madolis del Carmen  Polo  Vergara y abstenerse de suponer que las amenazas  contra    el    Cacique    provenían    de    TULENA  TULENA. Y, por otra parte, que debió valorar en forma  integral  todas  las  declaraciones  de  Nelly  Esther  Cobo  para  tener  en  cuenta que en una sola de ellas  habló  de  amenazas  a  su  esposo  y  que en las posteriores indicó que éste  jamás  le  manifestó que el enfrentamiento en la oficina del INCORA se hubiera  concretado en amenazas.   

          Precisa  el  demandante  que el sentenciador incurrió en errores de  hecho  por  haber  tergiversado  las  declaraciones  rendidas  por  Madolis   del   Carmen   Polo   Vergara  y  Nelly  Esther  Cobo  al  sacarlas  de  contexto,  en  la medida en que puso en boca de ellas afirmaciones  que  nunca  hicieron o que si se profirieron pero con aclaraciones que no fueron  consideradas en el fallo.   

          3.-  Indicio  del  móvil  para  delinquir: interés de WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  en  dar  muerte  a  los  indígenas que resultaron víctimas de los homicidios materia de  juzgamiento.   

          El  libelista  censura  la  inferencia  efectuada por el juzgador de  segundo grado contenida en el siguiente párrafo:   

“Y aún cuando en el diligenciamiento que en  fotocopias  envió  el  INCORA existe la manifestación, fechada en julio 16/92,  del  Capitán  Menor  del  resguardo  Indígena  de  San  Andrés  de Sotavento,  accediendo  a  desafectar  los predios ‘El Naranjo’ y ‘La Unión’, aparentemente  avalada  por  la comunidad, con el fin de que se realizara en forma inmediata la  entrega  total  de  la  finca  ‘San  José’  (F. 128 a 130 ib.), resulta válido  inferir  que  por  no  ser  aquel  la  suprema  autoridad  del Cabildo, ni quien  confirió   poder   al   abogado   que  los  representaba  dentro  del  trámite  administrativo  de  adquisición  del  fundo  ‘San  José’  (F.  20 a 25 ib.), y  estando  Héctor  Aquiles Malo Vergara en ejercicio de su autoridad como Cacique  de  ese  Resguardo para la época en que se produjo la real entrega del predio –  la  cual  según  el  informe rendido en julio 29/94 por el C.T.I. de Montería,  ocurrió  días  antes de la masacre- aquel necesariamente debió (sic) insistir  en  la  reivindicación  de  la  comunidad  indígena  sobre  las  haciendas ‘La  Unión’,  ‘Los Naranjos’ Y ‘La Argentina’, máxime que el proceso administrativo  al  que  nos  hemos  referido  desde  su  inicio  se  ocupó  únicamente  de la  adquisición  del  predio  ‘San  José’,  luego  ningún efecto podía surtir la  ‘desafectación’  exigida  por  TULENA TULENA de los otros terrenos”(Folios 22 y  23 de la providencia objeto del recurso extraordinario.)   

          Sintetiza  el actor que el fallador de segunda instancia infiere que  como  quien  acordó  no  insistir  en  reclamaciones  sobre  otros  terrenos de  propiedad      de     TULENA     TULENA   fue  el  Capitán  Menor  del  Resguardo  indígena  y no el  Cacique   Héctor  Aquiles  Malo  Vergara,  probablemente,  éste  debió  insistir  en  sus  aspiraciones de  recuperar  las otras haciendas del condenado, no obstante no existir documento o  testimonio que así lo señale.   

          Concreta  el error del sentenciador en que el hecho indicador basado  en  las  supuestas intenciones del Cacique, carecen de respaldo probatorio y que  el   Tribunal,  el  cual  parece  dar  por  demostrado  con  un  indicio  previo  constituido  por  la  falta de autoridad del Capitán Menor para comprometerse a  nombre  de  la  comunidad  a  renunciar  a  determinados  predios  poseídos por  TULENA TULENA.   

          Aquella  inferencia,  al  decir  del  recurrente, no es de carácter  necesario,  es  única,  contingente  y  contiene  un juicio de probabilidad, de  manera  que  no  sirve para demostrar el hecho indicador. Por tanto, el elemento  circunstancial  analizado fue construido por el Tribunal Nacional a partir de un  hecho  indicador que no aparece demostrado en el proceso, lo que denota un error  grave  en  su  producción,  por desconocimiento de lo dispuesto en el artículo  302 del Código de Procedimiento Penal anterior.   

          Manifiesta  el  libelista  que  el  Tribunal  Nacional debió buscar  algún   medio   probatorio   que   le  permitiera  tener  por  demostradas  las  pretensiones  del  Cacique  Malo  Vergara sobre    los    predios    de    WILLIAM  TULENA  y  si  no lo halló debió abstenerse de tener  por  demostrado  un  hecho indicador con fundamento exclusivo en una inferencia,  lo  que  constituye un error de hecho, de conformidad con la tesis de la Sala de  Casación  Penal,  que  no  comparte  el  impugnante,  en  cuanto  disiente para  asegurar  que  se  trata de un error de derecho porque hay un vicio de legalidad  en la producción de la prueba indiciaria.   

          4.- Testimonio de una persona con reserva de identidad.   

          El  censor  expresa  que  en  el  tema  de  la  responsabilidad  del  procesado  en los hechos, el  Tribunal  Nacional  se  refiere  al  testimonio  de un declarante con reserva de  identidad  (f.3  C.3) recibido  el 3 de octubre de 1994, quien declaró que  un   trabajador   del   procesado   le   había   comentado   que   WILLIAM     TULENA     y    Juan   Casado,  alcalde  San  Andrés  de  Sotavento,  eran  quienes  habían  pagado para que se cometiera la masacre; que  los   victimarios   primero   le   dieron   muerte   al   Cacique   Héctor   Aquiles   Malo   Vergara   y  a  Porfirio   Ayala,  luego  a  Luis   Arturo   Lucas   y  finalmente   a  Cesar  Mesa,  quien  habiendo  quedado  con  vida  fue  conducido  a  la finca de TULENA  TULENA   en  donde  luego  de  obligarlo a lavar el carro en el que se movilizaban, lo ultimaron.   

          Ese  testimonio,  aduce  el impugnante, carece de validez por cuanto  en  su  recaudo  no  intervino el agente del Ministerio Público para certificar  que  la  impresión dactilar estampada correspondía a la persona que declaró y  por  cuanto  nunca  apareció  el  acta  donde  se  consignó  la  identidad del  deponente,  en  los  términos  en que lo imponía el artículo 293 del anterior  Código  de  Procedimiento  Penal modificado por el artículo 37 de la ley 81 de  1993,  pese  a  ser  solicitada  por  la  defensa para hacer efectivo el derecho  constitucional de la controversia.   

          La  recolección  de  un testimonio bajo reserva de identidad sin el  cumplimiento  de  precisas  y  obligantes  condiciones  que  para  su recepción  establecía  el  citado  artículo  293  determina  la  nulidad de la prueba, en  aplicación  a  lo  dispuesto por el artículo 29 de la Constitución Nacional y  el  hecho  de  que  el Fiscal no hubiera podido contactar a un representante del  Ministerio  Público  para  que  lo  acompañara  en el acopio de ese testimonio  puede  servirle de justificación desde el punto de vista disciplinario, pero de  ninguna  manera  le  da validez a la prueba recaudada sin el cumplimiento de los  requisitos legales.   

          Así  mismo,  el  actor  concluye  que  el sentenciador incurrió en  error   al   estimar  que  un  testimonio  secreto  recogido  sin  el  lleno  de  formalidades  legales,  no  puede  ser  valorado  como testimonio, pero sí como  indicio  en  contra  del sindicado, pues lo que corresponde es tenerlo como nulo  como  lo  establece  el  artículo  29  constitucional,  además supone, para el  demandante,   una   flagrante   violación  a  los  principios  de  legalidad  y  controversia  de la prueba. Por ende, califica la irregularidad como un error de  derecho    por    violación    de   los   ritos   de   formación   del   medio  probatorio.   

          En  tales condiciones, advierte que se produjo la violación directa  de  los  artículos  293  del  estatuto  procesal  penal  y  del  29 de la Carta  Política;   y  la violación indirecta del Código Penal en sus artículos  2º, 26, 66, 67, 323 y 324 numerales 7 y 8.   

          5.- Los restantes elementos probatorios.   

          Concluida   la   exposición   de   los   errores  que  atribuye  al  sentenciador  de  segundo  grado,  el casacionista aborda la demostración de la  trascendencia  de  tales equivocaciones afirmando que si no hubiera incurrido en  tales  irregularidades,  la  providencia  de segundo grado habría confirmado la  sentencia  absolutoria  dictada  en  primera instancia, por cuanto los restantes  elementos   probatorios   carecen   de   valor   y  entidad  para  demostrar  la  responsabilidad  criminal  en  WILLIAM  ALBERTO TULENA  TULENA.  Entonces analiza el contenido de dos informes  del  C.T.I.  que son contradictorios por cuanto uno le es favorable al procesado  y  el  otro  desfavorable  en  lo que tiene que ver con sus vínculos con grupos  paramilitares  e  intervención  en  política, respecto de los cuales rebate la  credibilidad  que le da el sentenciador al que exhibe mayor número de firmas de  investigadores o la que le resta al que es posterior.   

          Prosigue  el demandante aduciendo que la desaparición o la supuesta  inexistencia   del  trabajador  Carlos  Campo  Almanza  no   constituye   prueba  de  responsabilidad  contra  WILLIAM  ALBERTO TULENA, pues  las  dudas  del  Tribunal  se  fundamentan  en  estimaciones  que contradicen la  lógica  y  la  experiencia. Es así como nada de extraño tiene que entre ellos  dos  no  se  hubiera  firmado  un documento por cuanto el contrato laboral no es  solemne  y  lo usual es que la vinculación de trabajadores se efectúe sin hoja  de  vida  e  incluso  sin  solicitarles  identificación.  Y la desaparición de  Campo   Almanza   no   es  acontecimiento  por  el  que  deba  responder  WILLIAM  TULENA,   ni   es   una  consideración  que  permita  vincularlo a los hechos.   

          En  opinión  del libelista carece de fuerza probatoria el recibo de  llamadas  telefónicas  el  día en que se practicó el allanamiento de la finca  Los    Naranjos    provenientes    una    de   TULENA  TULENA,  otra  de  la  esposa  de  éste  quienes  se  interesaban   en  averiguar  por  la  marcha  de  la  finca.  La  efectuada  por  “William”,  supuesto hermano  de   Campo   Almanza   para  advertirle  que  debía  esconderse  tampoco  tiene  trascendencia  por  el  hecho  de  que  los  integrantes  del Cuerpo Técnico de  Investigación  pensaron  que el autor de esa llamada era el acusado, puesto que  no  está  probado  que fuera él. Y el Tribunal supone que fue el implicado por  cuanto  “era el ejecutor material y determinador de los hechos”, afirmación que  para  el recurrente es insostenible, por cuanto justamente la responsabilidad de  TULENA  TULENA  se  trata de  establecer  a  partir  del  hecho  no  demostrado de que fue el autor de aquella  llamada telefónica.   

          Las  versiones  de  los  familiares  de  los  indígenas  asesinados  conforme  a las cuales se les comentó que el carro en donde se trasportaron los  asesinos   había  sido  visto  con  frecuencia  en  la  finca  de  TULENA    TULENA;    que    Cesar  Mesa  había  quedado  vivo  y  fue  muerto  en  dicha propiedad,  que fue torturado antes de su homicidio y que  había  sangre  hasta  la  entrada  de  la  finca del implicado, en criterio del  demandante  no  pueden  constituir  prueba  de  la responsabilidad del procesado  impugnante,  primero  porque  por  tratarse de los familiares de los fallecidos,  son  sospechosos  y  segundo  porque se trata de  testimonios de oídas, es  decir  de  versiones  sobre  hechos no percibidos directamente y tampoco se sabe  cómo  fue que los relatores tuvieron noticia o percibieron los acontecimientos.  A  tales  afirmaciones  contrapone  la  diligencia  de necropsia de Cesar  Mesa  que no refiere huella ninguna  de  tortura.  Por ello concluye que se trata de comentarios sin fundamento sobre  lo cuales no se puede edificar indicio alguno.   

          En    cuanto    a    la    circunstancia    de    que   WILLIAM  ALBERTO  TULENA  es propietario de  un   campero  blanco  y  que  los  testigos  refirieron  que  los  homicidas  se  transportaban  en  campero  del mismo color, el recurrente advierte que se trata  de  dos  vehículos  distintos, el primero marca MITSUBISHI y el segundo TOYOTA,  lo  que  no  constituye  prueba  sólida  para deducir responsabilidad contra el  acusado,  además  por  que  éste  se  encontraba con su vehículo en la costa,  disfrutando con su familia unos días de descanso.   

          Para  terminar, el libelista estima irrelevantes las manifestaciones  del  Tribunal  Nacional  en cuanto considera que si la ejecución del hecho pudo  provenir  de  la  acción  de paramilitares, éstos muchas veces son propiciados  por  terratenientes  como  TULENA  TULENA quien  posee  cuatro  fincas  pretendidas por los indígenas; aserto  contradictorio  con  aquel  también emitido por esa corporación judicial en el  sentido  de  que  los  grupos paramilitares muchas veces son auspiciados por las  fuerzas  militares.  Y  en cualquier situación WILLIAM  TULENA no sería el único latifundista de la región,  luego el móvil podría predicarse de otros hacendados.   

          Consecuente  con  lo  esbozado,  el  titular de la defensa pide a la  sala  que  reconozca la existencia de las violaciones sustanciales a la ley, que  case   la   sentencia  impugnada  y  disponga  la  absolución  de  WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  como  autor intelectual de los homicidios investigados.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          El  señor  Procurador Segundo Delegado para Casación Penal sugiere  a  la  Sala que no case la sentencia impugnada. Las razones de su  concepto  se pueden condensar en los siguientes argumentos.   

          En  lo  atinente  al  indicio  de las huellas materiales del delito,  relacionadas  con  el  decomiso  de  una pistola Colt calibre 45 en la finca Los  Naranjos  no  admite  que  se hubieran deducido varios indicios de un solo hecho  indicador,  pues  considera que la frase “conjunto de  hechos  indicadores”  no  es más que una expresión  desafortunada,  un  problema terminológico que carece de la repercusión que le  asigna  el  censor,  quien  no demostró cuál era la trascendencia del supuesto  error.   

          En   cuanto   al   segundo   error   cometido  por  el  ad  quem en relación con el mismo indicio,  referente  a  afirmar  que  con  el  arma  incautada  en predios de WILLIAM  TULENA  se  cometió el múltiple  homicidio  y  a  la  protesta  porque no existe certeza de que las dos vainillas  calibre  45  allegadas  al expediente hubieran sido recogidas en el sitio de los  hechos,  el  Procurador  Delegado,  rechaza  esta  última objeción, pues en su  opinión  existen  otras  circunstancias  que sí permiten deducir ese hecho. Al  efecto  explica que los indígenas aledaños al lugar de los hechos, en vista de  la  tardanza  de  las  autoridades  policiales y judiciales en presentarse allí  optaron  por  preservar  las  evidencias  del  delito  para  luego entregarlas a  aquellas  como  en efecto ocurrió; y que, además, que el arma era de propiedad  del  procesado, la conservaba en su finca para fines de protección y vigilancia  y    se    la    había    confiado    Carlos   Campo  Almanza, un hombre a su servicio.   

          El  representante  de  la  sociedad tampoco comparte el argumento de  que  solamente  si la pericia balística se hubiera realizado sobre los plomos o  proyectiles  y no sobre vainillas podría afirmarse que la pistola decomisada en  terrenos  del  sentenciado  permitiría afirmar que se trata de una de las armas  homicidas.  Fundamenta ese criterio en el hecho de que el peritaje de balística  permite  establecer la procedencia del disparo, sea con el cotejo del proyectil,  o  con  el cotejo de la vainilla, por ello no era necesario que la experticia se  practicara sobre plomos.   

          En   punto   del   indicio   basado   en  las  diferentes  versiones  suministradas  por  Madolis  del  Carmen  Polo y Nelly  Esther  Cobo,  consistente  en  la  existencia  de  un  antecedente  de  amenazas  supuestamente  inferidas  por  el señor WILLIAM   ALBERTO   TULENA   al   Cacique  Héctor Aquiles Malo Vergara,  el  representante  del  Ministerio  Público  admite  que  podría predicarse un  cercenamiento  del testimonio de Nelly Cobo,  desde  el  punto de vista integral, por cuanto de tres versiones,  sólo  tomó  en  consideración  una; sin embargo, concluye que la apreciación  del  sentenciador  corresponde  a  la  realidad  procesal  porque la primera fue  rendida  bajo  el  impacto emocional de los hechos recientes lo que impedía que  la  declarante  evocara  la  totalidad  de  las  circunstancias precedentes y la  última  no  fue  rendida en total libertad puesto que había sido citada por el  procesado  a  su  sitio de reclusión. Luego, su conclusión es la contraria, es  decir  que  no  hubo  tergiversación  porque  la  apreciación efectuada por el  Tribunal era la correcta.   

          Lo  que sí comparte el titular de la representación del Ministerio  Público  con  la  defensa  es  el  yerro sobre la apreciación de las versiones  juramentadas   rendidas   por   Madolis   del  Carmen  Polo,  esto  es que su testimonio fue tergiversado por  cuanto  la  declarante  no  habló  de  amenazas  sino  de un enfrentamiento. No  obstante  considera  que   el  yerro es parcial al recaer sobre uno solo de  los  dos  testimonios  que  sustentan el indicio, el que se mantiene vigente con  las   declaraciones  de  la  viuda  del  Cacique  Malo  Vergara.   

          Al    referirse    al   indicio   del   interés   de   WILLIAM   ALBERTO   TULENA  TULENA  en  la  comisión  de  los homicidios, censurado por el actor por no estar demostrado el  hecho   indicador,   referido   al  supuesto  de  que  el  Cacique  Malo  Vergara habría continuado interesado  en   recuperar   tierras  para  el  resguardo  indígena  aún  después  de  la  negociación   del  predio  San  José  que  estaba  en  poder  de  TULENA   TULENA,  el  Procurador  Delegado  avala  la  postulación del casacionista al encontrar que evidentemente el hecho  indicador  es  una  conjetura, una suposición, que no está apoyada en medio de  prueba alguno.   

          Sin   embargo  el  funcionario  conceptúa  que  el  indicio  de  la  presencia  de  un  interés  en  la  realización de la conducta delictiva no se  derrumba  por  cuanto  el  indicio  mal fundamentado no era el único soporte de  aquél,  en  tanto  también  está apoyado en el informe que miembros del C.T.I  rindieron  el 29 de julio de 1994, que preserva la concurrencia del móvil de la  delincuencia.   

          Refiriéndose  a  ese  documento,  el Procurador Delegado critica al  demandante  por  no  haberlo  censurado  conforme a los parámetros que exige el  recurso  extraordinario,  sino  oponiendo  su  propio  criterio  respecto  de la  prelación  que  debía darse a otro informe de la misma entidad pero en sentido  favorable  al  encausado.  De  todas maneras concluye que el indicio se sostiene  sobre   otros   elementos   probatorios   que   no   fueron   atacados   por  el  recurrente.   

          Al  abordar  el  tema del testimonio bajo reserva de identidad   el  representante de la sociedad encuentra fundado el cargo por error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  por  cuanto  en  su  recaudo  no intervino el  Ministerio  Público  y  no  aparece  el acta de identificación del declarante.  Comparte   con  el  recurrente  el  reproche  al  Tribunal  Nacional  por  haber  convertido    en    indicio   el   contenido   de   una   prueba   afectada   de  nulidad.   

          El  funcionario  que conceptúa concluye que aun cuando el libelista  se  ocupó  de  la  totalidad de la prueba, no logró desvirtuar el sustento del  fallo,    dejando    incólumes    elementos    que    permiten   preservar   la  decisión.   

CONSIDERACIONES  

          A  través  de  la  causal primera de casación el libelista intenta  derrumbar  las  presunciones  de  acierto y legalidad que amparan la estabilidad  jurídica  del  fallo  de segundo grado proferido por el Tribunal Nacional en el  presente   proceso  en  donde  se dedujo responsabilidad penal en contra de  WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA  a   titulo   de  determinador  del  homicidio  cometido  contra  los  indígenas  Héctor  Aquiles Malo Vergara, Porfirio Ayala Suárez,  Luis  Arturo  Lucas  Polo y Cesar José Mesa Gutiérrez  ocurrida el 24 de marzo de 1994.   

          El  demandante  acusa  al  sentenciador  de  segundo grado por haber  incurrido  en  errores  de  hecho y de derecho en la apreciación de pruebas, lo  que   permite  afirmar  que  la  vía  de  ataque  escogida  es  adecuada  a  la  pretensión.  Por  ello,  siguiendo  la  metodología  que  exhibe la demanda se  analizará  cada  uno  de  los  motivos que fundamentan el cargo por infracción  indirecta de la ley sustancial.   

          1.-  El indicio de huellas del delito: la aprehensión de un arma de  fuego  en  una  propiedad  de  WILLIAM ALBERTO TULENA  TULENA.   

          El  primer  reproche  consiste  en  afirmar que el Tribunal Nacional  fraccionó  un  mismo  hecho  indicador  para  extraer  varios  indicios. Según  el   recurrente  el  indicio  lo  constituye  el  hallazgo  de  un  arma de  propiedad  del  procesado  utilizada  en el cuádruple homicidio, en un inmueble  también de su propiedad, en poder de uno de sus trabajadores.   

          Al  revisar los términos en que el sentenciador se pronunció sobre  el  tema  que  plantea el casacionista, se advierte que no es verdad que hubiera  deducido  varios indicios del hallazgo del arma. Lo que es claro es que utilizó  un  solo  párrafo  en el cual compendió indicios de diversa índole que dedujo  contra   el   procesado   WILLIAM  TULENA,  por  ello  se encuentran expresiones que hablan de un conjunto de  hechos  indiciarios,  sin  que  todos  estos  estén referidos exclusivamente al  hallazgo del arma de fuego. El párrafo respectivo reza:   

“En  suma,  resulta  imperioso destacar que  la  reunión  de  los  hechos  indicadores  expuestos  no es producto del azar, porque tal posibilidad queda  completamente  excluida  en  el  evento  de  examen  dada la concordancia de los  mismos,  esto es, por la forma perfecta en que combinan, con un ajuste completo,  lo  cual  permite  descartar  que  la conclusión a la que cada uno converge sea  fruto  e  la  casualidad.  En  efecto,  el  haber  encontrado  en  la finca ‘Los  Naranjos’  de  TULENA  TULENA  una  de  las  armas  empleadas para ultimar a los  aborígenes,  que  tal  artefacto  sea de su propiedad, que el mismo instrumento  haya  estado  en  manos de uno de sus empleados – de quien el acusado no aportó  identidad   cierta   ni   ubicación  -,  que  TULENA  TULENA haya exteriorizado amenazas contra la vida del  Cacique  Malo Vergara, que tal intimidación tuviera como origen o causa seria y  grave  la  pretensión de la comunidad Zenú, liderada por su Cacique, tendiente  a  reivindicar  los  derechos de propiedad sobre grandes territorios de aquellos  bajo  el  dominio  de  TULENA  TULENA, entre otros, y que WILLIAM ALBERTO TULENA  TULENA   pertenezca  a  ese  grupo  reducido  de  quienes  por  tener  intereses  económicos   y   políticos   en  peligro  frente  a  las  actividades  legales  desarrolladas  por los indígenas, habían exteriorizado amenazas que estaban en  capacidad  de  concretar, forman un conjunto de hechos  indicadores  plenamente  comprobados  que convergen y  permiten  deducir  o  inferir  con  lógica impecable que WILLIAM ALBERTO TULENA  TULENA  fue  uno  de  los que efectivamente obró en calidad de determinador del  crimen  cometido  en  los  cuatro  indígenas  del  resguardo  de San Andrés de  Sotavento,  en  la  noche del 26 de marzo de 1994”. (Fl. 86. C. T.N.)(Resalta la  Sala).   

          El  texto transcrito deja al descubierto que el sentenciador reunió  en  un  acápite todos los hechos, con sus circunstancias, que le sirvieron como  hechos  indicadores  de sus conclusiones; en este caso que lo llevaron a deducir  la   responsabilidad   del   procesado  TULENA  TULENA  como  determinador del múltiple homicidio del cual se  hizo víctima a la comunidad indígena Zenú.   

          Así,  cuando  se  refiere  al  hallazgo  de un arma utilizada en el  crimen,  complementa  la  idea  con calificativos que amplían ese aserto, tales  como  que  el  lugar  en  donde  se  encontró  es  de  propiedad  del implicado  TULENA  TULENA, que también  éste  ostenta  la propiedad del arma y que se encontraba en poder de uno de sus  empleados.  A  ello  agrega  la  actitud  que  asumió el procesado respecto del  tenedor   del   arma,   la   de   no  haber  aportado  ni  su  identidad  ni  su  ubicación.   

          A  continuación  el  juez  plural alude a los otros indicios, el de  las  amenazas  y  el  de  los intereses políticos y económicos, con los cuales  conforma  la  comunidad  indiciaria  anunciada. Por tanto, no es cierto, como lo  sostiene  el  demandante, que el Tribunal Nacional haya descompuesto un hecho en  varios  indicios;  sino  que  a  cada hecho le anexa sus circunstancias. Como lo  advirtió   el   Procurador   Delegado,   se   trata   de   un  simple  problema  terminológico.  De  manera  que por no haber dividido el hecho indicador basado  en  el  decomiso de un arma de propiedad del procesado en una de sus fincas y en  manos  de  uno  de  sus  trabajadores,   el  sentenciador  no infringió la  disposición  el  artículo 301 del anterior Código de Procedimiento Penal; por  consiguiente, la crítica es infundada.   

          Ahora  bien, en el supuesto caso que el juzgador hubiera dividido el  hecho  indicador para convertirlo en varios hechos indicadores, al demandante le  correspondía  demostrar  en qué forma trascendía ese procedimiento en el acto  de  jurisdicción  impugnado, pues en sede de casación no basta la vulneración  a  un  determinado precepto si esa transgresión no representa una modificación  en la decisión judicial.   

          El  segundo  error  que el recurrente atribuye al Tribunal Nacional,  relacionado  con  el  indicio de las huellas materiales del delito, lo deriva de  la  suposición  de  que  la  pistola  hallada  en  un  inmueble de WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA fue una de  las  utilizadas para cometer los homicidios de los cuatro indígenas, pues en su  opinión ese hecho indicador no está demostrado.   

          Uno  de  los soportes que el sentenciador le da a este indicio es la  prueba  de  balística  que revela que dos de las vainillas calibre 45 allegadas  al  proceso  fueron  disparadas  con la pistola Colt calibre 45 encontrada en la  finca   de  propiedad  de  WILLIAM  TULENA,  supuesto que el demandante admite pero aduciendo que ese hecho no  revela que con ella fueron asesinados los aborígenes.   

          Para  rebatir la conclusión judicial el casacionista destaca que en  los  cadáveres  no  se  encontró ningún proyectil; que el informe de policía  sobre  la  revisión  del  vehículo  emboscado  no  da  cuenta  del hallazgo de  proyectiles  calibre 45 y las vainillas no fueron halladas por ninguna autoridad  sino  por  terceras  personas  que aseguraron haberlas encontrado en el lugar de  los hechos, sin que al respecto exista certeza.   

          Lo  anterior  pone  de  presente  que el libelista intenta romper el  vínculo  entre  el  arma  incautada  a  WILLIAM TULENA  y  el  desarrollo  de  los  luctuosos acontecimientos,  objetando  la  procedencia  de las dos vainillas calibre 45 allegadas al proceso  sin  formular  ni  demostrar  un  cargo correspondiente a esta sede, destinado a  probar   que   el   ad  quem  incurrió  en  un  error  al  admitir  el procedimiento mediante el cual los dos  casquillos  ingresaron  a  esta  actuación.  Simplemente  acudió a sus propios  argumentos,  con  los  cuales  cuestiona  la  validez  de  que  los funcionarios  públicos  recibieran vainillas tanto de los familiares de las víctimas como de  pobladores  residentes  en  los alrededores del sitio en donde fueron emboscados  los  indígenas,  sin  que  en  momento alguno elaborara una censura en concreto  indicando  cuál  hubiera sido el procedimiento correspondiente para recaudarlos  y  cuál  la  normatividad  aplicable.  Tampoco explica por qué se equivocó el  juzgador  al admitir que las vainillas calibre 45 fueron encontradas en el sitio  de los hechos.   

          En  esas  condiciones el postulado del Tribunal conforme al cual las  vainillas  calibre  45  allegadas  al proceso, percutidas con la pistola Colt de  propiedad  del  implicado,  fueron  recogidas en el lugar de los acontecimientos  delictivos  investigados,  se  mantiene  incólume,  vale decir, que no se puede  predicar   que   es   una   circunstancia   incierta,   como   lo   asegura   el  libelista.   

          De  todo lo anterior se desprende que no aparece demostrado un yerro  atribuible  al  Tribunal  Nacional  por  el  hecho  de  tener  por demostrada la  circunstancia  de  que  la  pistola Colt calibre 45 de propiedad de TULENA  TULENA, decomisada en terrenos que  también   le   pertenecen  y  cuya  tenencia  había  otorgado  a  uno  de  sus  trabajadores,  fue  utilizado en el atentado contra los indígenas. Por ende, se  debe concluir que el hecho indicador sí está demostrado.   

          Así,  el  cargo  tampoco prospera con respecto al segundo error que  en  la  construcción  del indicio de huellas materiales del delito le deduce el  impugnante al sentenciador de segundo grado.   

          2.-  Indicio  de  las manifestaciones anteriores al delito: amenazas  de   muerte   que   WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  habría   lanzado  contra  la  vida  de  Héctor Aquiles Malo Vergara.   

          El  demandante  acusa  el  fallo  de  segundo  grado  por deducir la  existencia  de  un  antecedente de amenazas de muerte dirigidas por TULENA  TULENA  en  contra de Héctor  Aquiles  Malo Vergara en  las  dependencias  del  INCORA,  seccional Montería, por la reclamación de tierras,  con  apoyo  en  las declaraciones de las señoras Nelly  Esther  Cobo  y  Madolis  del  Carmen Polo Vergara; pruebas que sacó de contexto  atribuyéndoles  afirmaciones  que nunca hicieron y porque desechó aclaraciones  que ellas suministraron sobre el tema.   

          Explica  que  la  declaración  que Madolis  Polo  rindió  el 7 de junio de 1996 fue tergiversada,  pues   en   ella   refirió   que   en   la   oficina  del  INCORA  WILLIAM  TULENA  TULENA  había  tenido un  enfrentamiento  con  Héctor Malo Vergara porque  el  primero  no  quería  negociar  unas  tierras, según le  había   contado   su  esposo  Cesar  Mesa  y  el Tribunal Nacional tomó ese enfrentamiento como una amenaza,  con lo cual tergiversó la prueba.   

          En  efecto,  al  revisar  las  actas que contienen las declaraciones  rendidas     por    Madolis    del    Carmen    Polo  Vergara,  se  advierte que en las dos primeras refiere  la  existencia  de  un  documento  en  el cual amenazaban a su hermano de muerte  anunciándole  que  le  pasaría lo mismo que a Oswaldo  Teherán   que  lo  mataron  lo  desenterraron  y  lo  quemaron,  sin  que  la  testigo  relacionara a WILLIAM  ALBERTO   TULENA   con   ese   hecho   bajo   ninguna  circunstancia.  En la última, la deponente únicamente refiere un “enfrentamiento” sin mayores consecuencias.  Entonces,  como  lo  asegura  el demandante, el dicho de la señora Polo  Vergara   fue tergiversado pues  sus  afirmaciones  no  son  idóneas como soporte que demuestre que el procesado  WILLIAM   TULENA   lanzó  amenazas   de   muerte   contra   el   Cacique   Malo  Vergara.   

          En   referencia   a   lo   expuesto   por  la  señora  Nelly  Esther  Cobo,  esposa  del  Cacique  Malo  Vergara, el recurrente  alude  a  este testimonio refiriéndose a las cuatro diferentes oportunidades en  que esta señora declaró.   

          Al  revisar  las actas se encuentra que la versión jurada del 29 de  marzo  de  1994  sin  referirse  al sentenciado WILLIAM  TULENA,   la  testigo  refirió la existencia del  documento  anónimo  fechado  el  13  de marzo de ese año, en el que decía que  Héctor  Malo era guerrillero  y  paramilitar  y que lo iban a matar y a quemar como le ocurrió a Oswaldo   Teherán;  escrito  que  había  recibido  tres  días  después  de  las elecciones. La versionante expresó que  “las  amenazas  venían  por  motivo  de una plata que  había  llegado  de  los  indígenas,  que  había llegado a la alcaldía de San  Andrés    y    porque    él   estaba   aspirando   al   Senado…”.   

          El  3  de  octubre,  también  de 1994, al ampliar su testimonio, la  señora Cobo dijo que:   

“El difunto me  contó  a mí que había tenido unas palabras con WILLIAM TULENA en el INCORA de  Montería,  diciéndole WILLIAM TULENA al Cacique, que si le quitaba la finca lo  mandaba  a  matar,  esas  palabras  las  tuvo  él  con el difunto, ese hecho se  cumplió  ya  que  dese  cuenta  que  no  fueron  en balde las palabras que dijo  WILLIAM TULENA, eso fue que pasó tres meses antes”.   

          El    28   de   mayo   de   1996,   Nelly  Cobo   expresó   que   Héctor   Malo  “tuvo   unas   palabras”  con  WILLIAM  TULENA  en el INCORA por problemas  de     tierras,    pero    “nunca    en    términos  amenazantes”.   

            En  la  diligencia  cumplida  el 7 de junio de 1996, la esposa del  Cacique  asesinado  la  señora  Cobo  recuerda  que  su  esposo  le  contó que  “tuvo  unas  palabras”  con  WILLIAM  TULENA por la finca  San  José,  pero  asegura  que  “no  me  dijo  que se  hubieran amenazado”.   

          En  cuanto  a  la  censura  basada  en  estas  diversas  deponencias  suministradas   por   la   viuda   del   Cacique  Malo  Vergara,  es  de advertir que el sentenciador aseguró  que    la    señora    Nelly    Cobo   había  referido en tres oportunidades el incidente de las presuntas  amenazas,  cuando  solamente  lo  hizo en una ocasión y las desmintió en otras  dos;  en  esos  términos,  el  supuesto de la censura es veraz. Sin embargo, se  equivocó  el  demandante  al  identificar  el  yerro,  además  de  no  haberlo  fundamentado.   

          Si  bien  para  la  época  en  que se elaboró la demanda tanto los  errores  de  contemplación  objetiva de la prueba como aquellos de apreciación  que  significaban  la  transgresión  a  los  principios  de la sana crítica se  formulaban  ambos  por la vía del error de hecho por falso juicio de identidad,  en  lo  que  acertó  el  libelista, no es menos cierto que cada uno exigía una  demostración  distinta,  en  forma  tal  que  los  primeros se concretaban a la  confrontación  del  contenido material del elemento de juicio, lo que éste era  capaz  de  establecer  en  relación  con  lo  que  de  él  había  deducido el  sentenciador.  Los  últimos,  que hoy en día pertenecen al denominado error de  hecho   por   falso   raciocinio,   imponen  el  deber  de  demostrar  cómo  se  transgredieron  los  principios  de  la sana crítica, es decir las reglas de la  lógica, la ciencia o la experiencia.   

          En   el   presente   caso,  frente  al  testimonio  de  Nelly  Cobo  el  recurrente adujo un falso  juicio  de  identidad por tergiversación, apoyado, como se consignó, en que la  declarante  expuso  dos  versiones  opuestas,  una  afirmando  la  existencia de  amenazas  de  muerte  a su esposo provenientes del procesado y otra, manifestada  en  dos  ocasiones,  negándola;  lo  que  evidencia  que  si  al  menos  en una  oportunidad  la  deponente aseguró la existencia de las amenazas, al atribuirle  tal aserto, no se tergiversó su testimonio.   

          Lo  que  ocurrió  es  que  el  juzgador  no  efectuó  un análisis  integral  de  lo  por ella manifestado para deslindar la manifestación asertiva  de  la  negativa  e  indicar  por  qué  se inclinaba a otorgarle credibilidad a  aquella;  de  ahí  que  para  censurar  el grado de convicción obtenido por el  ad quem, el impugnante debió  precisar  en  qué  momento  el  sentenciador transgredió las reglas de la sana  crítica,  indicar  cuál norma de la lógica, la ciencia o la inexperiencia fue  vulnerada  cuando  optó  por  admitir  como  veraz  la  versión que predica la  preexistencia   de   amenazas   contra   la   vida   del   Cacique  Héctor  Malo  Vergara.  Así las cosas, el  error  pregonado  respecto  de  la  apreciación  del testimonio de Nelly    Cobo    quedo    huérfano   de  demostración.   

          Tal  conclusión  conduce  a afirmar que el yerro cometido con   respecto  a  las  declaraciones  de  Madolis del Carmen  Polo  Vergara  aparece  intrascendente,  dado  que  lo  relativo   a   las   amenazas  que  había  recibido  el  Cacique  asesinado  de  WILLIAM  ALBERTO TULENA queda  en  pie  con  la  versión  de  Nelly Cobo. Por ello se concluye la improsperidad de la censura.   

          En  este  punto  la Sala considera oportuno expresar que no comparte  la   opinión   del   señor   Procurador  Delegado,  quien  admitiendo  que  el  sentenciador  incurrió en las falencias de apreciación probatoria denunciadas,  opta  por  darle  soporte  a  las  conclusiones del fallo a base de conclusiones  propias,   conforme   a   las   cuales  entiende  que  la  señora  Nelly  Cobo no rindió en total libertad su  último  testimonio,  en  el  cual  negó  la  existencia  de las amenazas, sino  presionada,  dado  que fue citada por el procesado a su sitio de reclusión y al  impacto  que estaba padeciendo por lo sucedido, cuando declaró por primera vez,  ocasión en la cual no refirió las amenazas.   

          Con  lo  anterior,  el  representante del Ministerio Público lo que  hace  es  adicionar  argumentos a los contenidos en la sentencia para justificar  las  falencias  censuradas,  asumiendo  un  procedimiento  ajeno  a este recurso  extraordinario.   

          3.-  Indicio  del  móvil  para  delinquir: interés de WILLIAM  ALBERTO  TULENA  TULENA  en  dar  muerte a los indígenas.   

          El  impugnante  ataca  la  construcción del indicio del móvil para  delinquir   que  se  apoya en que los aborígenes mantenían la pretensión  de  recuperar  fundos  que  se  encontraban  en  manos  de  terratenientes  como  WILLIAM  ALBERTO  TULENA. El  ataque  del  censor  recae  sobre  la  inferencia  efectuada por el ad   quem   conforme   a   la  cual   Héctor  Aquiles Malo Vergara  “debió”  insistir  en  la  recuperación  de  las  haciendas La Unión, Los  Naranjos  y  La Argentina, propiedades del procesado, en razón de que carece de  respaldo probatorio.   

          En   los   términos   expuestos   el   interés   de   WILLIAM   TULENA  en  dar  muerte  a  los  indígenas  estaría  sustentado  en  que enarbolaban el propósito de recuperar  tierras,  a  pesar  de  haberse  comprometido a abandonar la persecución de las  propiedades  del  implicado a cambio de la finca San José que efectivamente les  fue  entregada.  Sin  embargo,  para  llegar  a  esa  conclusión,  dice el  recurrente,  el  Tribunal  Nacional  supuso que Héctor  Aquiles  Malo  Vergara  “debió”  insistir  en  la  recuperación  de  tales  predios,  sin  que  tal  supuesto en concreto aparezca  apoyado  en  testimonio, documento o prueba de cualquier naturaleza que acredite  esa intencionalidad del Cacique.   

          Razón   tiene   el  recurrente  al  expresar  que  esa  específica  aseveración  no puede ser tomada como una inferencia indiciaria para deducir el  móvil  del  interés,  puesto  que  no parte de un hecho indicador demostrado a  través  de  algún  elemento  probatorio;  de  esa forma pierde su carácter de  inferencia  para  convertirse  en  una  simple  hipótesis.  No  obstante, es de  advertir,  como  lo hace el Procurador Delegado, que esa deducción indemostrada  no  derrumba  el eventual móvil de la conducta, pues la lucha de los indígenas  zenúes  por  la  recuperación  de  tierras  es  una  circunstancia que aparece  referida  en  múltiples  elementos  de  juicio  a  los  cuales  se  refiere  el  sentenciador.  Así  lo  acredita  el  hecho  de  que  el procesado WILLIAM  ALBERTO  TULENA  y los indígenas  hubieran  celebrado  ante  el  INCORA  una negociación respecto de la finca San  José.   

          Por  otra  parte,  el  fallo también se apoya en la declaración de  Mery  Isabel Suárez Flórez,  esposa  de  Porfirio  Ayala,  otra  de  las  víctimas; en el informe del C.T.I fechado el 29 de julio de 1994  en  donde  se  dice  que  el  procesado  no conservaba buenas relaciones con los  indígenas  y  que  desde  siempre  han  existido  conflictos  con  ellos por la  posesión  de  tierras;  en la constancias que quedaron en el reporte del INCORA  que   refieren   el   comportamiento   “agresivo  y  desdeñoso”     asumido     por     WILLIAM  TULENA al arrasar 35 hectáreas de  siembras  de  la finca San José, que se había comprometido a respetar; y en la  declaración     de    Seledonio    José    Padilla  Solano que menciona los enfrentamientos con el alcalde  de  San  Andrés  de  Sotavento por defender a los terratenientes de predios que  pertenecen al Resguardo indígena.   

          Los  elementos  probatorios reseñados no fueron objeto de ataque en  el  libelo;  por  ello  mantienen su validez como soporte del indicio del móvil  que  pudo  incentivar  la  conducta  delictiva.  Ello significa que el cargo con  respecto    a    la   prueba   indiciaria   mencionada   en   este   aparte   no  prospera.   

          4.- Testimonio de una persona con reserva de identidad.   

            El  casacionista  tacha  la  legalidad  del testimonio rendido por  persona  que  reservó su identidad, del cual el Tribunal Nacional deriva prueba  de  responsabilidad  contra el procesado WILLIAM TULENA  TULENA,  por  cuanto  se infringió lo dispuesto en el  artículo  293  del  estatuto  procesal  penal anterior, en la medida en que, su  recaudo  no  se hizo en presencia de un agente del Ministerio Público y tampoco  se  levantó  el acta en donde debía constar la identificación del declarante.  Entonces  reprocha  que  el  juez  plural, de todas maneras, hubiera acogido esa  versión como indicio en contra del encausado.   

          En   efecto  al  folio  3  del  tercer  cuaderno  original  de  esta  actuación,    obra    el    acta    de    recaudo    de    un   “testimonio   reservado”,  en  diligencia  cumplida  por  la fiscalía el 3 de octubre de 1994 en San Andrés de Sotavento.  En  ella  se advierte que los datos del declarante quedarán consignados en acta  aparte    y   que   “se   adolece   de   Ministerio  Público”  por  cuanto  el  despacho se encuentra en  comisión.  El  deponente  expresó  que  a Luis Arturo  Lucas    y    a    Cesar  Mesa   los   mataron  en  la  finca  de  WILLIAM   TULENA;  que  el  Alcalde  Juan  Bautista  Casado  fue  quien pagó para que se efectuara la masacre; y cuando se  le   interrogó   cuál   había   sido   la   participación   de  TULENA  TULENA  en el atentado, respondió:  “El  tenía  un trabajador en la finca,  no sé  como  se  llama, quien comentó que WILLIAM TULENA junto con el alcalde, habían  pagado  para  que  se  cometiera  esa masacre”.    

          En    la    parte    final    del    acta    obra    la    siguiente  constancia:   

“En vista de que no fue posible localizar  un  Ministerio  Público  para  esta diligencia, se le toma la huella digital al  deponente y sus datos ya obran dentro de la investigación”.   

          Como  lo pregona el recurrente el artículo 37 de la ley 81 de 1993,  que modificó el 293 del Código de Procedimiento Penal ordenaba:   

“Cuando   se   trate   de  procesos  de  conocimiento  de  jueces  regionales  y  las  circunstancias  lo aconsejen, para  seguridad  de  los testigos se autorizará que éstos coloquen la huella digital  en   su  declaración  en  lugar  de  su  firma.  En  estos  casos  el   Ministerio  Público  certificará,  junto  con  el Fiscal que practique la diligencia, que  dicha  huella  corresponde  a la persona que declaró.  En  el  texto del acta que se agregará al expediente, se omitirá la referencia  al  nombre  de  la  persona  y  se  dejará  constancia  del levantamiento de la  identidad  del  testigo  y del destino que se dé a la parte reservada del acta,  en  la  que  se señalará la identidad del declarante y todos los elementos que  puedan   servir  para  valorar  la  credibilidad  del  testimonio.  La   parte   reservada   del   acta   llevará  firma  y  huella  digital  del  testigo  así como las firmas del Fiscal y  el  agente  del  Ministerio  Público”.(Destaca la Sala).   

          De  la  norma transcrita se desprende que el legislador quiso de una  parte,  proteger  la  identidad  de  aquellos  testigos  que  ponen en riesgo su  seguridad  personal cuando cumplen con el deber de suministrar a las autoridades  competentes  informaciones  relacionadas  con actividades delictivas, y de otra,  brindar  todas  las  garantías  de  la  investigación  y  el juzgamiento a las  personas  señaladas por los testigos ocultos, para cuyos propósitos asignó al  agente  del  Ministerio  Público como garante de la efectiva realización de la  diligencia  y  de  la  comparecencia  del testigo. Por ello, es indudable que la  intervención  del  Ministerio  Público  constituye  elemento  de  validez  del  testimonio  rendido  bajo  reserva  de identidad. En ese sentido cabe memorar el  siguiente    pronunciamiento    que    sobre    el   tema   emitió   la   Corte  Constitucional:   

“… esta corporación ha estimado que la  validez   constitucional  de  las  declaraciones  de  testigos  con  reserva  de  identidad   depende,  por entero, de la aplicación cabal de las garantías  que  rodean  la  realización  y  valoración  de  la  prueba,  así  como de la  posibilidad  cierta  de  que  esta  pueda  ser  ampliamente controvertida por la  defensa  técnica.  Por lo tanto, si durante la declaración del testigo secreto  no  está  presente  el representante del Ministerio Público ; si no se levanta  el  acta  separada  con la identidad del declarante; si el juez no puede conocer  esa  identidad  para  valorar  adecuadamente  la  declaración; si, por ello, la  defensa  no  puede  contrainterrogar  al  testigo,  la  prueba  será  nula  por  violación  del  núcleo  esencial  del derecho fundamental al debido proceso”  (C. Const. T-008, ene 22/98. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz).   

          Sobran  entonces  consideraciones  adicionales  para concluir que el  cargo  tiene  fundamento  por cuanto la declaración rendida por un testigo cuya  identidad  quedó  en  reserva  no  se  recaudó  en  presencia  del  agente del  Ministerio  Público, funcionario que tampoco intervino para elaborar el acta en  donde  consta  esa identidad; por tanto, la prueba es nula, lo que significa que  no  es  un  instrumento  apto  para  demostrar.  Sería  una burla a la sanción  constitucional   de  nulidad  admitir  que  una  declaración  obtenida  en  las  condiciones  indicadas no puede ser tenida por testimonio pero sí como indicio,  que es otra forma probatoria.   

          Como  lo  señala  el  Procurador  Delegado  no se puede levantar un  indicio  a  partir  de  una prueba ilegal porque ello implica el desconocimiento  del  principio  de necesidad de la prueba que consagrado en el artículo 246 del  estatuto  procesal  penal anterior, 232 de la legislación actual, lo que impide  que genere efectos de alguna índole.   

          Así  las  cosas, es manifiesto el error de derecho por falso juicio  de  legalidad  en  el cual incurrió el fallador censurado por otorgarle aptitud  probatoria  al  testimonio  rendido  bajo reserva de identidad. Así, se observa  que  al folio 39 de la sentencia impugnada se incluye esa declaración entre los  elementos  de  juicio  de  los  cuales  deduce  la  responsabilidad penal contra  WILLIAM  ALBERTO  TULENA. Por  ende, el cargo tiene fundamento.   

          En  este  punto conviene memorar que de los cuatro indicios atacados  por  el  demandante sólo el último logró demostración, quedando vigentes los  tres  anteriores,  esto es el de las huellas materiales del delito, las amenazas  y  el móvil para la realización de la conducta, los que unidos a las restantes  pruebas  estimadas por el sentenciador de segundo grado mantienen la firmeza del  fallo  de  condena,  como  se  verá  enseguida al revisar el tratamiento que el  libelista   le   asignó   a   otras   pruebas  estimadas  por  el  ad  quem¸ sin que el casacionista hubiera  formulado  contra  ellas  cargos correspondientes a esta sede, habiendo limitado  su actividad a suministrar su propia apreciación.   

          5.- Los restantes elementos probatorios.   

          Con  respecto  a  la  existencia  de  dos informes del C.T.I. que se  contradicen  respecto de vínculos que sostiene WILLIAM  TULENA  con grupos paramilitares y con su intervención  en  política,  el  demandante le critica al Tribunal Nacional  que hubiera  inclinado  su credibilidad hacia el que desfavorece al procesado, apoyándola en  el  mayor  número  de  investigadores  que  lo  suscriben y en que sea anterior  al   otro. La opinión en esos términos expresada, sin constituir un cargo  que  demuestre  que  al  otorgar  credibilidad  a  uno  de  los  dos informes se  infringió  la  ley  sustancial,  no permite excluir ese argumento como sustento  del fallo condenatorio impugnado.   

          Igual  predicamento cabe respecto de la inexistencia de Carlos    Campo    Almanza    o   su  desaparición,  pues  aducir  que  ese hecho no compromete la responsabilidad de  WILLIAM  ALBERTO  TULENA, sin  evidenciar  yerros  que impidan acumular esa circunstancia como prueba de cargo,  no  demerita  los  argumentos  del  Tribunal Nacional conforme a los cuales, una  pistola  que  es  una reliquia heredada no se entrega a un trabajador que no sea  de  confianza,  recién  conocido,  que  además es una persona que desapareció  precisamente  el  día  que  se  efectuó  el  allanamiento  durante  el cual se  decomisó  la  pistola  Colt  calibre 45 comprometida en los hechos, después de  recibir   una   llamada   telefónica    que   le   indicaba   que   debía  desaparecer.   

          Otros  elementos  de  juicio  acogidos por el Tribunal Nacional para  vincular  a  WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA  a  la  muerte  de  los  indígenas  en  calidad de determinador se  encuentra   diversos  testimonios,  algunos  representados  en  ampliaciones  de  declaraciones  de  los  familiares  de  las  víctimas, en cuanto afirman que el  vehículo  en  el  cual  fueron  transportados  los cadáveres había sido visto  entrando  y  saliendo  de  predios  del  implicado,  hasta  cuya puerta llegaron  rastros  de  sangre;  que  dos  de  las  víctimas fallecieron en el lugar de la  emboscada  y  los  otros  dos  fueron llevados a las propiedades de TULENA,    torturados    y   asesinados.   

          El  impugnante  objeta  la  capacidad  probatoria  de esas versiones  juramentadas  como  base  de  la responsabilidad de su representado, no solo por  tratarse  de  los familiares de las víctimas, sino principalmente porque son de  oídas,  de  manera  que no hubo una percepción directa de los acontecimientos;  la  necropsia  de  Cesar  Mesa  no  revela que hubiera sido torturado, ni prueba  alguna   que   indique   que   a   la   entrada  de  la  finca  de  TULENA   quedaron   rastros   de  sangre.   

          Tales  aserciones  no  constituyen  censuras válidas para derrumbar  los  argumentos  del  sentenciador de segundo grado por cuanto, en primer lugar,  el  simple  nexo  familiar no basta para descalificar la veracidad de un relato.  En  segundo  lugar,  no  se formuló una censura que demuestre los yerros en que  hubiera  podido  incurrir  el  Tribunal  al otorgarle credibilidad a los citados  testimonios;  es  decir,  no se puntualizó cuáles fueron las reglas de la sana  crítica  que  se  infringieron  cuando  el  juez  fincó  su convicción en las  declaraciones citadas.   

          Una  última  prueba  de  la  determinación criminal aducida por el  sentenciador   de   segundo   grado   es   la   declaración   de   Simona    Baja   en   cuanto   dice   que  “Chico  Urango” le contó  que   quien   había   mandado   matar   al  Cacique  había  sido  WILLIAM    TULENA   y   no   el   alcalde  Casado  Romero, a la cual se  le  dio  credibilidad sin que fuera censurada en la demanda; por tanto, también  concurre  a  darle soporte a la deducción de responsabilidad penal en contra de  WILLIAM     ALBERTO    TULENA    TULENA.   

          Bajo  las  consideraciones  expuestas  fuerza  es  concluir, que aun  cuando  se  demostró  que  el  Tribunal  Nacional  infringió la ley sustancial  cometiendo  un  error  de  derecho  en  la  apreciación  de  una de las pruebas  recaudadas,  mantiene  su  firmeza la deducción de responsabilidad penal contra  WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA  como  determinador  del  delito  de  homicidio  múltiple  contra los indígenas  Héctor  Aquiles Malo Vergara, Porfirio Ayala Suárez,  Luis  Arturo  Lucas  Polo y Cesar José Meza Gutiérrez  por  cuanto  con  la  demanda  no  se  logró  derrumbar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  de  la  sentencia  objeto del recurso extraordinario. Por  ello,  de  conformidad  con  la sugerencia del señor Procurador Delegado, no se  casará el fallo impugnado.   

CUESTION  FINAL   

          Advierte  la  Sala  que  mientras  se  tramitaba  el  recurso que se  resuelve  mediante  esta  sentencia, se produjo el tránsito de legislación que  redujo   los   topes   punitivos  establecidos  para  el  delito  de  homicidio,  produciéndose   una   situación  de  favorabilidad  para  el  sentenciado  que  implicaría   la   reducción   de  la  pena  impuesta.  No  obstante,  como  la  redosificación  de pena por ese motivo es una atribución de competencia de los  jueces  de  ejecución  de  penas y medidas de seguridad, conforme lo dispone el  numeral  7  del  artículo  79  del  Código de Procedimiento Penal, no se hará  pronunciamiento alguno a ese respecto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto  y  apartándose  del  concepto  de la  Ministerio  Público,  la Corte Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  república  y  por  autoridad de la  Ley,   

RESUELVE  

          NO  CASAR  el fallo de condena proferido el  15   de   abril   de   1997   por   el  Tribunal  Nacional  contra  WILLIAM ALBERTO TULENA TULENA.   

          Contra este fallo no procede recurso alguno.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

YESID        RAMÍREZ   BASTIDAS   

HERMAN        GALÁN   CASTELLANOS                   CARLOS   AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                                       ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ   PINZÓN                      MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE    LUIS    QUINTERO   MILANÉS                                       MAURO    SOLARTE   PORTILLA   

TERESA  RUIZ  NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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