13121 (08-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13121  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 35  

          Bogotá,   D.   C.,   ocho   (08)   de   marzo   de   dos   mil  uno  (2001).   

VISTOS  

          El  14  de  agosto  de  1996,  el  Juzgado  25 Penal del Circuito de  Medellín   (Ant)   condenó   a   EDUVIN   o  EDWIN  ANDRES    y   a   MANUEL  JOSE       MUÑOZ  MOLINA   a  treinta  (30)  años  de  prisión,  como  responsables  de  homicidio,  tentativa  de  homicidio y porte ilegal de arma de  fuego  de  defensa personal, en concurso. Les impuso también diez (10) años de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  y  el pago de los daños y  perjuicios causados con los hechos punibles.   

          La    defensora   del   primero   de   los   mencionados   interpuso  re­curso de apelación, lo  sustentó  y  el  Tribunal  de  la  misma ciudad, mediante fallo del seis (6) de  diciembre  de  1996,  confirmó  la  sen­tencia.    Al    momento    de    la   notificación,   EDUVIN  o EDWIN  ANDRES  escribió  “apelo”,  otorgó  poder a otro  profesional  del  derecho  y este presentó demanda de casación a nombre de los  dos                 proce­sados.   

          La   Sala   admitió   la   demanda  presentada  pero  sólo  en  lo  concerniente   a  EDUVIN  o  EDWIN,  pues  que  el  otro  comprome­tido, MANUEL JOSE,  no había impugnado la sentencia.   

          De  resolver  el  recurso de casación interpuesto se ocupa la Corte  en este momento.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  5:30 de la tarde del 22 de octubre de 1995,  HENRY  WILSON  DAVID  SÁNCHEZ, HERNÁN DE JESÚS ARENAS HURTADO y MANUEL ARENAS  HURTADO  se  desplazaban  en  una  motocicleta por el frente del Parque Norte de  Medellín,  cuando  fueron  agredidos  con  proyectiles  de  arma  de  fuego por  pasajeros  de  un  bus,  lo  que  produjo la muerte del primero y da­ños  en  la  integridad física de los  hermanos ARENAS.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Cursada  la  investigación  previa,  el  3  de noviembre de 1995 la  Fiscalía  profirió  resolución  de  apertura  de la investigación y vinculó  mediante  indagatoria  a  EDUVIN ANDRES MUÑOZ MOLINA  a  quien le fue resuelta su situación  jurídica  con   medida  de  aseguramiento  de  carácter  detentivo  por  los  delitos  de  homi­cidio,  tentativa  de  homicidio y porte ilegal de armas de defensa personal.   

          Posteriormente  se  emplazó  y vinculó como persona au­sente  a MANUEL JOSÉ MUÑOZ MOLINA -El  Mago-, quien también fue cobijado con medida detentiva semejante.   

          Clausurada   la   instrucción,   el  29  de  febrero  de  1996  fue  cali­ficado el mérito del  sumario  con  resolución acusatoria contra los dos, como autores de los delitos  mencionados.   

          Adelantado  el  juicio,  fueron  proferidas  las  dos  sentencias  y  ocurrió el trámite ya reseñado.   

LA  DEMANDA   

          Del  complicado  escrito sometido a consideración de la Corte, que,  además,  mezcla impropiamente tanto las causales invocadas como sus alcances, y  que  argumenta también en pro de MANUEL JOSE MUÑOZ MOLINA, se pueden extractar  las      si­guientes  imputaciones al fallo.   

          Primer   cargo.  Nulidad  por  sentencia  proferida      en      juicio     vi­ciado, por:   

          a)  Carencia  absoluta  de  la  diligencia  de indagatoria, pues fue  recibida  cuando  el  proceso  se  encontraba  en  la  etapa  de  in­vestigación  previa,  donde  sólo era  posible  escucharlo  en  versión libre, lo que implica violación del artículo  29  de la Carta Política, según lo señala el numeral 2º del artículo 304 de  Estatuto Procesal Penal.   

          b)  Ausencia  absoluta  de  precisión de los cargos, pues el señor  EDUVIN   ANDRES   no  fue  interrogado   acerca   de   las   lesio­nes  y  el  homicidio que motivaron la investigación, razón por la  cual  desconoció  los  hechos  imputados,  más aun cuando se seña­laba  a  un  “EDWIN”,  mientras  el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  decidía  que  se  trataba de EDUVIN   ANDRES   MUÑOZ   MOLINA.  Esto  quebrantó  el derecho de defensa del actor, por inconcreción de los cargos que  se le hacían.   

          c)   “Carencia   absoluta   de  identidad  e  identificación  del  sindi­cado”  (Fl.  313).  Especialmente     en     la     investigación    previa    se    in­dicó   como   autor   a   quien   los  declarantes  identificaron  como  EDWIN, sin que hubieran suministrado nombres y  apellidos  com­pletos. Estos  sólo  fueron  proporcionados  por el Cuerpo Técnico de Investigación, sin que  existiera  certeza  acerca  de  que ese fuera el verdadero autor material de los  hechos,  aparte  de  que  no  se practicaron reconocimientos en fila de personas  para  elimi­nar  toda duda  sobre la identificación del ejecutor de los delitos investigados.   

          d)  Carencia  absoluta  de  defensa  técnica,  habida cuenta que el  poder   inicialmente   otorgado   fue   únicamente   para  la  dili­gencia  de indagatoria, al punto que el  defensor  no  actuó  sino  cuando  se le notificó el cierre de investigación,  diligencia    que   lo   obligó   a   presentar   alegatos   precalificatorios.  Posteriormente,  cuando  ya  había vencido el término para solicitar pruebas y  nuli­dades  en  el juicio,  EDUVIN  ANDRES otorgó poder  a  otra  defen­sora, quien  poco  o  nada  pudo  hacer. Tal estado de indefensión se encuentra en contra de  los postulados de la Constitución de 1991.   

          e)     Actuaciones    indebidas    de    los    funcionarios,    que  impidie­ron contradecir las  pruebas  de  cargo,  que  fueron  obtenidas en la fase de investigación previa,  mucho  antes  de la captura y que luego no fueron ratificadas ni ampliadas. Esta  circunstancia  no  permitió aclarar dudas, por ejemplo las relacionadas con las  con­tradicciones  de  los  declarantes,  la  identidad  de  los  autores,  la disparidad horaria en que los  lesionados  y el occiso ingresaron a los centros de atención médica y la clase  de  arma  que  produjo  los resultados. Como todo permite suponer que los hechos  su­cedieron  en  diversos  lugares  de  la  ciudad,  las omisiones de los funcionarios vulneraron el debido  proceso.   

          f)  Se  impidió al procesado presentar o controvertir pruebas, a la  vez  que  se  violó  el principio de investigación integral, pues se le halló  responsable    con   base   en   “ánimos   subjetivos   y   conde­natorios” (fol. 338).   

          Con   fundamento   en   lo   anterior,  el  apoderado  solicitó  la  nu­lidad del proceso desde  la    indagatoria    de    EDUVIN   ANDRES   MUÑOZ  MOLINA,  y  consecuencialmente  su libertad inmediata.   

          Segundo  cargo.  La sentencia no está en  consonancia  con  los  cargos  formulados  en  la  acusación.  Quiso  sustentar  así:   

          a)  Violación  directa  de  la  ley,  porque  los  funcionarios  no  aplicaron  los  principios  de  inocencia   e   in   dubio   pro  reo,      al     no     pro­fundizar  sobre  la  identificación  de  los  autores  mediante  la  am­pliación   de   las  declaraciones    de    cargo    o    la    práctica   de   reconoci­mientos   en  fila  de  personas.  Los  señalamientos    se   hicieron   úni­camente  por  apodos  y  en  las  declaraciones  existen  múltiples  in­consistencias horarias,  lo  que  permite  suponer que los ofendidos y lesionados inventaron una coartada  para  justificar su estadía en el lugar donde ocurrieron los hechos, y que a la  postre  dan  credibilidad  al  planteamiento de EDUVIN  ANDRES, en el sentido de haber actuado para defenderse  de una agresión.   

          Además,   existen   contradicciones   tales   como   la   hora  del  fa­llecimiento  de  HENRY  WILSON,  y  en  lo referente a la trayectoria de los proyectiles informada en la  necropsia  -de abajo hacia arriba-, circunstancia que afianza la tesis de que su  muerte   ocu­rrió  en  un  escenario  diverso,  pues  si  se le disparó desde un bus encontrándose en una  moto, la trayectoria debió ser diversa.   

          Las   múltiples   falencias   probatorias   y  las  dudas  permiten  es­tablecer  que  no  hubo  certeza      para      proferir      la     sentencia     de     con­dena,  y que al ser dictada se violaron  los principios anunciados.   

          b)   “Violación   indirecta   de  error  de  hecho,  por  haberse  igno­rado la existencia de  varias  pruebas,  en las cuales el juzgador omitió su valoración” (Fl. 339).  En  efecto,  no  se  evaluó que HENRY WILSON fue herido a las 5:30 de la tarde,  pero  que  sólo  hasta  las  8:30  de  la  noche ingresó a la policlínica; se  afirmó  que fue recogido inmediatamente por un vehículo oficial, pero luego se  dijo  que  había  arribado  en  un  taxi. Tampoco se tuvo en cuenta la hora del  deceso     señalada    en    la    necropsia,    ni    la    trayec­toria   ascendente  de  los  disparos.   

          Se  dio  total  credibilidad  a  lo  expuesto por los miembros de la  Banda  del  Plátano,  diligencias practicadas en la investigación previa y con  ausencia  del procesado o de su defensor. No se creyó en la actividad defensiva  desplegada  por  el  señor EDUVIN ANDRES,    que    tenía   respaldo   probatorio,   dadas   las   rencillas  exis­tentes entre diversos  grupos de muchachos en la ciudad.   

          Finalmente,  el defensor solicitó que “se case la sentencia, y en  su  lugar  se decrete la absolución total de mis representados, concediéndoles  la   libertad   definitiva  y  se  ordene  el  archivo  del  expediente”  (Fl.  342).   

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

         

El  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal  dijo   que   res­pecto  de  EDUVIN  MUÑOZ  no era  viable casar el fallo, porque:   

          a)  Sí  hubo  indagatoria  y  se satisfizo el trámite normal de la  instrucción.   

          b)  La  Fiscalía  dio  a  conocer  con  claridad  los cargos, y por  consiguiente sí hubo concreción de los mismos.   

          c)  No  se  erró  en  la  identificación  del  procesado.  Por  el  con­trario,  fue señalado  con  suficiencia  por  los  testigos y con base en tales informaciones el Cuerpo  Técnico   de  Investigación  pudo  brindar  la  información  total  sobre  su  identidad y ubicación.   

          d)  No hubo violación del derecho de defensa por inactividad de los  apoderados   y   sí,  más  bien,  se  percibe  una  estrategia  de­fensiva    orientada    a   conseguir  beneficios a partir de las dudas que pudieran surgir.   

          e)  Con  relación  al  segundo  cargo,  el casacionista invocó una  causal  pero desarrolló otra, lo que técnicamente afecta el planteamiento y lo  conduce  al  fracaso. Además, no se observa la insinuada incongruencia entre la  resolución  de acusación y la sentencia. Adicionalmente, el actor equivocó el  camino  al  acusar  el  fallo  bajo  la  violación directa con el propósito de  acreditar   la   pretermisión   del   in  dubio  pro  reo.   

          Sin  percatarse  de lo recordado al comienzo de esta sen­tencia  en  cuanto  sólo  había  sido  admitida    la    demanda    respecto    de   EDUVIN  ANDRES  y  no  en relación con MANUEL JOSE, entró al  análisis  total  del  libelo  y  pidió  en  favor  de  este   declarar la  nuli­dad de oficio por dos  razones:  la primera, porque al no encon­trarse   acreditada  la  fecha  en  que  la  orden  de  captura  fue  reci­bida    por   las  autoridades  de  seguridad del Estado, no se podía establecer el transcurso del  término  dispuesto  en  el artículo 356 del Código de Procedimiento Penal, lo  que  evidencia  un  indebido emplazamiento que a la postre habría recortado las  posibilidades  defensivas,  sumado a ello la inexistencia de informe o prueba de  las  pesquisas  adelantadas  para  lograr  la aprehensión del proce­sado;  y  la segunda, porque la defensa  técnica      fue      muy      defi­ciente,  al  punto  que no desarrolló ninguna clase de táctica que  pudiera  ser  de  utilidad  al  contumaz  MANUEL  JOSÉ  MUÑOZ, cir­cunstancia  que  lesionó su derecho de  defensa  e  impone  ordenar  la  nulidad  a partir del cierre de investigación,  inclusive.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  estudio  del  expediente  impide  casar  la  sentencia,  por las  siguientes razones:   

          Respecto del cargo primero.   

          a)   Nulidad   por   tomar   indagatoria   dentro   de  la  fase  de  dili­gencias  preliminares.   

          Es   una  imputación  bastante  extraña,  totalmente  alejada  del  expediente,  con  voces del Ministerio Público “temeraria” y, por supuesto,  asaz irresponsable. En efecto:   

          1.  El  24  de  octubre de 1995, la Fiscalía Seccional Delegada 183  recibió  las  primeras  diligencias  y a título de “Investigación previa”  dispuso  la práctica de otras, “…hasta tanto se conozca la identidad de los  responsables” (Fl. 8).   

          2.  Después de varias pesquisas y de la adquisición de unas piezas  probatorias,  el  3  de  noviembre  del  mismo  año,  “…individualizados  e  identificados  dos  de  los  supuestos autores del hecho punible…, el Despacho  profirió  “Resolución  de  apertura  de  instrucción” (Fl. 54) y ordenó,  entre   otras   cosas,   vincular   me­diante  indagatoria  a EDWIN ANDRES MUÑOZ  MOLINA,  para  lo cual dispuso su captura, mandato que  fue  materializado  en la misma fecha por medio del oficio 040, dirigido al C.T.  I (Fl. 57).   

          3.   El   7  de  noviembre  de  1995  fue  aprehendido  MUÑOZ  MOLINA y puesto a disposición de  la  Fiscalía  183 (Fl. 59), quien lo escuchó en indagatoria al día siguiente,  8 de noviembre (Fls. 62 s.s).   

          Como     surge    de    la    síntesis    anterior,    EDWIN  o  EDUVIN  sólo  fue escuchado en  descargos  después  de iniciada la investigación y por la Fiscalía, organismo  competente para ello   

          b)     Nulidad    porque    a    MUÑOZ  MOLINA  no le fueron puestos de presente los cargos en  la injurada.   

          1.    Para    responder    al    casacionista    bastaría   hacerle  remem­branza   sobre  el  segundo     folio     del     acta     correspondiente.    En    ver­dad,   la   Fiscalía   le   pregunta:  “Libremente  díganos  si  conoce el motivo por el cual se encuentra rindiendo  esta   indagatoria?”.   EDUVIN  ANDRES  responde: “Ayer me dijeron pero no entendí”, contestación de  la  que  resulta  fácil concluir que sí sabía de qué se trataba. Pero a más  de     ello,     en     forma     expresa,    la    Fiscalía,    en­tre  paréntesis,  hace constar durante  la   diligencia   que   “se   le   in­forma  de  nuevo  al  indagado  sobre  la  imputación  hecha  en su  contra” (Fl. 63).   

          2.  Y  de  la observación contextual del acta se desprende sin duda  que   el   imputado   fue   debidamente   interrogado:   se  le  pre­guntó   sobre   la   escena   de   la  “balacera”  desde  el  bus, por las constancias que dentro del expediente lo  señalan  disparando  por  una ventanilla del automotor, por el conocimiento que  tuviera   sobre   los  resultados  de  la  “balacera”,  concretamente  sobre  le­sionados  y  fallecidos  (Fl.  67); y sobre si solía tener, portar y usar armas de fuego  (Fl. 68).  Y  a  pesar  de  lo  evasivo  y  silencioso  que  quiso ser en la diligencia, lo  evidente  es  que  ante las preguntas de la Fiscalía se mostró protagonista de  la     ocupación     de    la    má­quina,  de  lo  sucedido,  de  las  motos  que  querían acercarse a  ma­tar,    de    las  circunstancias  precedentes -la muerte violenta de WILDER- y, en fin, de todo lo  acaecido, aunque se abstuvo de admitir responsabilidades.   

          Es  claro,  entonces,  que  auncuando no se le inquirió sobre tipos  penales  y  denominaciones  jurídicas  específicas,  sí  se le in­dagó   sobre   aquello   que   se  le  acreditaba  y  sobre  los  momentos antecedentes, concomitantes y posteriores al  hecho,   lo  que  ex­cluye  cualquier   confusión   o  imprecisión  de  las  conductas  imputa­das.   

          Fuera    de   lo   expuesto,   es   bastante   indicativo   que   el  defen­sor  “convencional”  del  procesado  no hubiera pedido concreción y nitidez a la  fiscalía  en  el  curso de la diligencia y que no hubiera exigido a la misma el  cumplimiento  de  la  normatividad, mutismo profesional de alto significado y de  unívoca   conclusión:   EDUVIN  ANDRES  sí fue debidamente interrogado, tanto que jamás se discutió por  la defensa lo contrario.   

          3.  También  resulta  inocua  la  apreciación  del casacionista en  torno  a  la  violación  del  derecho  de  defensa  basada  en que EDUVIN  ANDRES no podía imaginar que las  imputaciones   he­chas  al  individuo   EDWIN   correspondieran   a   él,   sencillamente   por­que   es   palmario  que  EDUVIN  ANDRES, como él mismo lo acepta,  sí  fue  protagonista  de  los  acontecimientos,  se  hallaba  dentro del grupo  violento  y  hasta  tomó  medidas  como  las  que, según dice, consistieron en  tirarse    al    piso    y    apearse    del   automotor.   Los   se­ñalamientos  que  se  hacen dentro del  expediente  descartan  la  posibilidad de presencia de otra persona tan siquiera  fonética­mente similar en  nombre.   

          c)    Nulidad    por    “carencia    absoluta   de   identidad   e  identifica­ción   del  sindicado”.   

          Tampoco     atina     el    actor.    Varias    circunstancias    lo  infirman:   

          1.  Desde  los  albores  de las indagaciones, HERNAN DE JESUS ARENAS  HURTADO,  uno  de los lesionados, declaró bajo la gravedad del juramento y dijo  que  uno  de los agresores había sido EDWIN MUÑOZ MOLINA, quien fue reconocido  por  una  her­mana suya el  día  de  las  agresiones. Lo describió y hasta aportó su dirección (Fl. 10).   

          2.  Los  investigadores  del  C.T.I., encargados de averiguar quién  era   “EDWIN”,  establecieron  que  su  verdadero  nombre  era  EDUVIN  ANDRES  MUÑOZ  MOLINA, aportaron  direcciones,  nom­bre de los  padres,  lugar  de trabajo y cédula de ciudadanía. Así se observa en el folio  37.   

          3.   En   el   expediente  se  encuentra  copia  de  la  tarjeta  de  preparación  de  la  cédula  de  ciudadanía del procesado, donde una vez más  aparece  la  dirección de su residencia en el Barrio Manrique de Medellín (Fl.  44).   

          4.  MANUEL  ALBERTO  ARENAS  HURTADO,  también  herido,  es tajante  cuando  afirma  que  EDWIN  intervino  en  el  ataque,  que  disparó  desde una  ventanilla,  que gritaba que “…ya nos había coronado” (Fl. 50) y que él,  como   otros  de  sus  amigos,  viven  en  la  “…76  con  la  41…”  (Fl.  51).   

    

          5.  Finalmente, téngase en cuenta que la captura se pro­dujo  en  la cancha de baloncesto de la  calle 76 con 41 del Barrio Manrique.   

          De  lo  anterior  emanan  indiscutibles  la  individualización y la  identificación    de    EDUVIN    ANDRES    MUÑOZ  MOLINA   como  uno  de  los  autores  de  los  hechos  investigados.   

          Dígase,  además,  que  determinada la persona, resultaba superflua  la  práctica  de  reconocimiento en fila, sobre todo si el grupo de víctimas y  de  victimarios  se  conocían  desde mucho tiempo atrás, pues que habían sido  vecinos.   

          d)     Nulidad    por    la    carencia    absoluta    de    defensa  técnica.   

          Tampoco puede prosperar el cargo, porque:   

          1.  En la diligencia de indagatoria EDUVIN  ANDRES   fue   asistido   por   un  abogado  titulado  “convencional”,   es   decir,  esco­gido  por  él (fol. 62), sin restricción temporal alguna y sí con  acep­tación del cargo por  parte     de     éste,    “…con    sus    implicaciones    lega­les…” (Fl. 62).   

          2.   En   ninguna   parte   del   expediente   se   afirma   que  la  esco­gencia  del togado lo  fuera  con  limitaciones,  por ejemplo sólo para la indagatoria. Pero aun en el  supuesto  de  que  así  hubiera  sido,  el  pacto  o la decisión unilateral de  procesado  o  su  asistente  sería  írrita  pues  que no se podría admitir el  constreñimiento  de­fensivo  frente  al  artículo 139-1 del C. de. P. P., que dispone que “El nombramiento  del  defensor, hecho desde la indagatoria o en cualquier otro momento posterior,  se    entenderá   hasta   la   finali­zación del proceso”.   

          3.  El  defensor  sí actuó: asistió a la indagatoria (Fl. 62); se  notificó  de  la medida detentiva (Fl. 82); supo oportunamente del cierre de la  investigación  pues  presentó  solicitud de preclusión (Fls. 178 a 180), y se  notificó   del   traslado   de  dictámenes  médicos  (Fl.  221  vto  y  226).  Posteriormente,      EDUVIN     ANDRES  otorgó  mandato  a una profesional del derecho (Fl. 229), que fue  reco­nocida  de  inmediato  (Fl.  229  vto),  fue  enterada  de  la  fecha de audiencia (Fl. 238), a espacio  intervino  en  el  debate  (Fls.  244  s.s.)  y  apeló  y  sustentó  el  fallo  condenatorio  (Fls.  277 s.s.). Luego, el procesado otorgó poder a otro letrado  para efectos de la casación, quien propuso la demanda respectiva.   

          Como  se  percibe  con  facilidad,  EDUVIN  ANDRES sí contó con defensa, tanto desde el punto de  vista  formal  como desde el material. Otra cosa es que ahora el nuevo apoderado  reproche   que   no   hubiera  hecho  otras  cosas,  por  ejemplo  solicitar  la  prác­tica  de  pruebas,  reprobación  que  no conduce a la declaración de inasistencia o de abandono de  la  defensa  técnica pues la Corte no puede llegar al extremo de, a posteriori,  decir  cómo  debería  haber actuado un defensor. Lo indiscutible es, sin duda,  que    el    procesado   contó   con   una   asistencia   atenta   al   decurso  procesal.   

          Sobre  lo anterior es oportuno recordar que de acuerdo con abundante  jurisprudencia1  de la Sala, la simple pasividad del defensor no es suficiente para  concluir  que  se ha quebrantado el derecho de defensa, pues ese “no hacer”,  acompañado         del        se­guimiento   cuidadoso   de   la  actuación,  puede  obedecer  a  la  estra­tegia escogida por el  defensor  quien, tras aparentemente tolerar el recaudo de las pruebas, consentir  algunas  providencias  y  permitir el transcurso del tiempo, persigue beneficios  procesales para el sindicado.   

          Agréguese,  de  otra  parte,  que  para  demostrar  la  ausencia  o  abandono  de  la  defensa  técnica,  no  es válida la mera confron­tación    personal    de   criterios  jurídicos  sin la comprobación de la absoluta desidia del encargo profesional;  y  que, para pregonar tal desconocimiento del derecho, es imprescindible mostrar  con    evidencias    la   causación   de   perjuicios   al   procesado,   tarea  incum­plida   por   el  casacionista.   

          e) Las pruebas en la indagación previa.   

          Se responde:   

          1.  De  acuerdo  con  nuestro  sistema  procesal  penal, las pruebas  practicadas  en  esa  fase  tienen  validez siempre que en su desarrollo se haya  cumplido       con      las      exigencias      legales,      requi­sito    que   da   soporte   a   otra  característica  y es la de que no es menester ratificarlas y ampliarlas bien en  la     instrucción,     bien     du­rante  el juicio. A partir de allí, esas pruebas quedan sometidas a  la   sana   crítica   del   funcionario   judicial   y,   desde  luego,  a  los  análi­sis  que  de  ellas  puedan hacer los sujetos procesales.   

          2.  Consecuencia de lo anterior es que tanto en fase ins­tructiva  como en etapa de juzgamiento,  la  defensa  pueda  mos­trar  su  interés  en  repetir,  ampliar  y,  naturalmente,  en controver­tir  las  pruebas  realizadas  en  las  preliminares,  facultad  que para ser materializada requiere de provocación por  la  “parte”,  es de­cir,  que quien tenga interés lo solicite al funcionario judicial.   

          Si  la defensa no acudió a esa potestad, mal puede ahora recriminar  al Estado que no hubiera hecho lo que habría querido.   

          3.    Súmese   otra   circunstancia   que   también   enseña   el  ex­pediente:  tal  vez  la  defensa     prefirió     dejar     intacta     la     prueba     re­cogida   en   la  etapa  previa,  para  utilizarla  posteriormente  quizás  con  mejores  frutos. Por ello, tanto en el  escrito  precalificatorio, como en su intervención en audiencia, los apoderados  básica­mente laboraron la  prueba  testimonial,  haciendo  énfasis en la existencia de dos “grupos” de  testigos  que estudiados uno por uno y cada uno frente al otro, podría conducir  a  la  ausencia  de  “certeza”  probatoria.  Con  esto,  como ya se dijo, se  corrobora   lo   afirmado   anteriormente:   alguna   pasividad,  equivalente  a  estra­tegia  o  táctica  defensiva.   

          4.  Y  en  cuanto  a  las  dudas  e  inconsistencias  que predica el  demandante,   baste   con   indicar  que  ello  corresponde,  simple­mente,   a   especiales  y  subjetivas  valoraciones  suyas  que,  por  sí, en casación no pueden ser antepuestas, sin  más,  a  las  evalua­ciones  probatorias  realizadas  por  los  falladores.  Como  es obvio, no es momento de  lanzar      otras     hipótesis     acuñadas     por     la     de­fensa,  como aquella según la cual los  hechos      ocurrieron     en     di­versos  lugares.  La  casación  es  una  sede para comprobar fallas  in procedendo o in  iudicando  de  los  jueces,  no  para  especular con eventuales explicaciones.   

          f)  Nulidad  porque  se  le  impidió  al  procesado controvertir la  prueba  obtenida  en diligencias previas y por violación del princi­pio       de       investigación  integral.   

          1.    Las    respuestas    anteriores    contestan    esta   última  incon­formidad  insustanciada.  Como  se  dijo,  el  contradictorio  no  fue  cercenado  por  la  justicia;  fue  la  parte  defensiva  la que prefirió guardar silencio sobre el  tema,  para  mejor  utilizar  el  acervo  tanto  en  la calificación como en la  sentencia.   

          2.   Tampoco   hubo   vilipendio  del  principio  de  investigación  in­tegral,  primero porque  así  se  detecta en el expediente, y se­gundo  porque el casacionista no señaló las fuentes que, dentro de  la  instrucción  y  el  juzgamiento,  habrían  dado lugar al surgi­miento  de  pruebas necesarísimas para  la  defensa  al punto que, practicadas, habrían generado mejoría procesal para  EDUVIN ANDRES.   

          3.  El  reparo  consistente  en  que  la  sentencia obedeciera a los  “ánimos  subjetivos  y condenatorios” (Fl. 338) también es ino­cuo,  de  un  lado  porque él, así no  más,  no  corresponde  a  ninguna causal ni cargo concreto de casación; y, del  otro,  porque  basta mirar el fallo de primer grado para captar su consistencia,  así  como  el ataque de que fue objeto y el resultado de la impugna­ción,  transcurso procesal que señala  la  decisión  como  producto  del  análisis  probatorio  y  de la ponderación  judicial.    

          Respecto del segundo cargo.   

          Tampoco prospera, porque:   

          a) Dijo el actor:   

          “6.1.   Causal   alegada.   Procede   en   el   presente  caso  la  cau­sal   de   casación  consagrada  en  el  numeral  2do. del artículo 220 del C.de.P.P. que me permito  transcribir.  ‘Cuando  la  sentencia  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la resolución  de acusación (441, 442 num.3).   

         

Si  la  violación  de  la  norma sustancial  proviene  de  error en la apreciación de determinada prueba (254), es necesario  que asi lo alegue el recurrente”.   

          Luego,  para  desarrollar  su  enunciado,  utilizó  como  6.1.1. la  violación   directa   de   la   ley   (Fl.   333)   y  dedicó  su  esfuerzo  a  susten­tar  una violación  directa  de  la  ley  por falta de aplicación de los principios de presunción  de  inocencia  e  in  dubio  pro reo, rompiendo el nexo de  fundamento  a  consecuencia  que  debe  existir entre planteamiento de la causal  -incongruencia-  y  desarrollo  de la im­putación -violación directa-.   

          Mas  adelante,  dentro  del  mismo  desarrollo,  acudió   como  6.1.2.  a  la  violación directa de la ley “…y en especial al artículo 333  del C. de. P. P…” (Fl. 337).   

            Y  después,  como  6.1.3., se dirigió a la “…violación  indi­recta  de  error  de  hecho,  por  haberse  ignorado la existencia de varias pruebas, en las cuales el  juzgador omitió su apreciación…” (Fl. 339).   

          Como  se ve, la falta de técnica es protuberante pues como especies  de  la  segunda causal de casación -incongruencia- ubicó la violación directa  y  la  violación  indirecta, con ruptura palmaria no solamente de la autonomía  de  las  causales  sino  de  la  natura­leza y razón de ser de cada una de ellas.   

          b)  A  más  de  lo  anterior,  se  introdujo  en  el terreno de las  pruebas,  olvidando que tanto frente a la violación directa como respecto de la  inconsonancia    ello    está    vedado,    pues    las   dos   cau­sales  se  cimientan  en  controversia  puramente jurídica.   

          c)   Con   relación  a  la  violación  indirecta  de  la  ley,  la  incom­prensible amalgama de  “peticiones”  y “desarrollos” aumenta la perplejidad ante la demanda. En  efecto,  afirma  el  casacionista,  sin  comprobación alguna, que en el estudio  judicial  fueron  omiti­das  varias   pruebas  -el  informe  sobre  el  levantamiento  del  cadá­ver y el informe y certificación sobre  la  necropsia-  que  de  haber  sido  consideradas habrían conducido  a la  demostración          de          “…un          medio          exculpatorio  en favor de los sindicados,  o   a   una   causal  de  justificación” (Fls. 339 y 340) (resalta la Sala).   

          Añade  que la justicia supuso   o  presumió  pruebas    cuando    dio    credibilidad    a   las  declaraciones  de  los  integrantes  de  la  banda del  Plátano,  obtenidas  en  diligencias  previas,  suposiciones  que,  además, le  impidió    “…observar    las    causales    de  justificación  de los hechos…” (resalta la Corte).   

          Y  luego  afirma: “El literal anterior está plenamente ligado con  el    literal   C.,   en   el   sentido   que   el   sentenciador   tergiversó      o      distorsionó   la  prueba  recaudada  en  detrimento de los intereses de la parte encartada…” (Fl. 341).   

          Estas    falencias    de    la    demanda,    tan    notorias,   son  suficien­tes    para  desestimar  el  supuesto  cargo,  incluso  dejando  de  lado  la  violación del  principio  de  preeminencia,  que  el  casacionista  olvidó cuando se ocupo del  primer reproche a la sentencia.   

          Respecto    de    la    petición   de   nulidad   del   Ministerio  Público.   

          Se contesta:   

          El  Ministerio  Público, sin soporte, se ocupó de la situación de  MANUEL  JOSE MUÑOZ MOLINA quien, como ya se dijo, no apeló la sentencia de 1a.  instancia      ni      recurrió      en     casación.     Y     so­bre  esa  endeble  base,  construyó la  petición de nulidad en favor de tal procesado.   

            A  la  solicitud del Ministerio Público no puede acceder la Corte  pues  que la declaración oficiosa de nulidad y la casación por quebrantamiento  ostensible  de las garantías fundamentales tienen como presupuesto indiscutible  la  formulación  y  el  examen  de  una  demanda,  como emana del contenido del  artículo  228  del  C.  de.  P.  P.,  toda  vez  que el “pero” que sigue al  principio  de  limi­tación  establecido  en la norma restringe al contenido del libelo pues significa “sin  embargo”,  “con  todo”,  “no obstante”, voces que tienen como punto de  partida  una demanda, demanda que no existe pues la Corte ya había dicho, desde  el  9  de  mayo  de  1997  que  el  recurso  se  circunscribía  a  EDUVIN  ANDRES  MUÑOZ  MOLINA. Y es raro  que      se     conceptúe     sobre     una     demanda     jurídi­camente inexistente.   

          En   torno  a  la  participación  del  Ministerio  Público  en  el  trá­mite de casación, la  Sala ha dicho:   

          “En  lo  que tiene que ver con la solicitud oficiosa que curiosa e  inusitadamente  eleva el delegado, a partir de una serie de postulados teóricos  que  no  logra  dinamizar frente al proceso, y previa la aclaración que como el  demandante    no    desarrolló    co­rrectamente  la  censura,  hará  lo  propio para, por la vía de la  ofi­ciosidad,  deprecar de  la     Corte     la     nulidad     de     lo     actuado,    desbor­dando en forma, por demás, reprochable  la  función que le com­pete  llevar  a  cabo al Ministerio Público al rendir el concepto a que se refiere el  artículo  226  del  Código de Procedimiento Penal, huelga precisar, como ya lo  ha  sostenido  en  reiteradas  oportuni­dades  la  Sala,  que  debe  contraerse en primer lugar al  estudio  de la demanda y solo  en  relación  a  los cargos y en los  términos  en  ella propuesta, pues este sujeto procesal, igual está obligado a  res­petar  el principio de  limitación  que  rige  el  recurso  de  casación,  y  por  lo  mismo, no puede  pretextar      el      deber-facultad      a      que     se     con­trae  el  artículo  228  ibídem, para  subsanar   las   deficiencias   técni­cas  y  argumentativas  del  casacionista,  y  que  se  evidencia la  exis­tencia   de  alguna  nulidad,  ello  puede  hacerlo  una vez respondida la  demanda,  pero nunca valiéndose de los argumentos del  casacio­nista    que  propuestos   por   otra   vía  lo  lleve  a  encuadrarlos  de  tal  manera  que  corrigiéndolos  posibiliten  la  petición de invalidez…” (Casación del 15  de  octubre  de  1999,  M. P. Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote, Radicación No.  11220) (cursivas de la Sala, ahora).   

          La  Sala  también  ha  dicho  que  la  demanda  de  casación es un  presupuesto  insuperable  para  la  procedencia  de la actuación oficiosa de la  Corte  en  casación.  Por ejemplo, en auto del 25 de octubre de 1999 plasmó el  punto con estas palabras:   

          “El  artículo  228  del  ordenamiento  procesal penal sí dispone  que,  en  tratándose  de  la causal de nulidad, la Corte deberá de­clararla   de   oficio;   pero  no  puede  perderse  de  vista que tal precepto supone que el  recurso   ha   sido   admitido   por   la   existencia   de  una  de­manda     en     forma.   Es   decir,   como  la  demanda  formalmente  estruc­turada  abre  el  debate  propio  de la  impugnación  extraordinaria,  es  posible  que la Corte en la decisión declare  una  nulidad  proce­sal no  pedida  por  el recurrente, así haya sido otro el motivo de casación elaborado  por  éste”  (M.  P.  Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego, Radicación No. 14375)  (resalta la Sala).   

          En   decisión   del   25  de  febrero  del  mismo  año,  la  Corte  ex­presó que el Ministerio  Público      podía      solicitar      la     declaración     ofi­ciosa   de  nulidad  con  base  en  el  artículo  228  del  C.  de.  P. P., pero explicó que no le era “…permitido  complementar  o  enmendar el libelo objeto del concepto, ni formular sus propios  cargos,  pues  se estaría atribuyendo la calidad de impugnante de la que carece  y  desnaturalizando  la  razón  del  ser  del  traslado”  (M. P. Dr. Jorge E.  Córdoba Poveda, Radicación No. 11253).   

          Como  se  desprende  de  la  reseña  jurisprudencial  anterior,  al  Ministerio  Público  le  asiste la posibilidad de pedir nulidades para que sean  decretadas  de  oficio,  siempre  sobre la base de la existencia de una demanda.  Mientras  tanto, si dentro de este proceso no existe demanda legalmente hablando  y  el  Procurador  Delegado  se sustentó en las palabras de un casacionista que  sin  derecho  a  ello  incorporó  a  su  escrito  referencias casacionales a un  procesado  que  no  había  recurrido en casación, surge nítido que, con mayor  razón,  le  era imposible al Colaborador ocuparse de la situación jurídica de  MANUEL JOSE MUÑOZ MOLINA.   

         

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          NO CASAR  la sentencia recurrida.   

          Cópiese,   cúmplase   y   devuélvase   al   Tribunal  de  origen.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                               ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

NILSON    PINILLA    PINILLA                                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

No hay firma  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Por  ejemplo,  sentencia  de  octubre  19  de  1999,  Magistrado ponente doctor Edgar  Lombana  Trujillo.  Sentencia  de  agosto  29 de 1999. Magistrado ponente doctor  Fernando  Arboleda  Ripoll.  Sentencia  de marzo 23 de 1999. Magistrado ponente,  doctor Fernando Arboleda Ripoll, entre otras.     

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