12521(21-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12521  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado    Acta    No.    74    (23   de  mayo/2001)   

          Bogotá D.C., veintiuno (21) de noviembre  de dos mil uno (2001)   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el defensor de Myriam Castro Zúñiga contra  la  sentencia  de  junio  28  de  1996,  mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó la condena que le impuso el Juzgado 53  Penal  del  Circuito  de  esta  misma  ciudad  a la citada procesada a las penas  principales  de  setenta (70) meses de prisión y multa en cuantía de cinco mil  ochocientos  treinta  y  tres  pesos,  como  autora de los delitos de falsedad y  estafa, ambos agravados y cometidos en concurso homogéneo.   

ANTECEDENTES  

          1.   La  comunicadora  social  Blanca  Myriam  Castro Zuñiga tras desvincularse del Instituto  Nacional  de  Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana – INURBE –,   en   abril   de   1994   repartió  solicitudes  de  adjudicación  de vivienda del complejo urbanístico “Bochica  IV”.   Posteriormente,  entregó  a  los  interesados  las comunicaciones  mediante  las cuales la entidad citada supuestamente aprobaba los créditos para  dicho  efecto,  elaborados  en papelería similar a la utilizada por el referido  Instituto  con  falsificación  de  las  firmas  de  quienes aparecían signando  dichos   escritos,   concretamente,   del  subgerente  especial  Rómulo  Arabia  Valderrama,  así  como  de  los  gerentes Alfonso Ibarra y Jorge Taboada.   Igualmente,  en  tales  documentos  estampó un sello que había sido sustraído  del mencionado organismo oficial.   

          En   la   mayoría   de   las   ocasiones  la  señora  Castro  Zúñiga  adujo  pertenecer  a  la  Junta  de  Adjudicaciones del INURBE y obtuvo la suma de quinientos mil pesos de  cada  uno  de  los  interesados  en acceder a la vivienda, sin embargo, en otras  oportunidades  la  entrega  de  dinero  que  hicieron las víctimas excedió del  millón  de  pesos.  A través de este ilícito procedimiento la acriminada  obtuvo una cifra superior a los veinticinco millones de pesos.   

          Conviene  anotar  que  para  la  época de los hechos el “Proyecto  Bochica  IV”  estaba  totalmente  concluido;  de  igual modo, que el INURBE no  adjudicaba  viviendas  ni  concedía  créditos,  pues  dentro  de sus funciones  simplemente    se    asociaba    a    programas    de   subsidio   familiar   de  vivienda.   

          2.  Con fundamento en las pesquisas  adelantadas  por  los  investigadores, la Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso  la  apertura  del  sumario  con  orden  de  vincular  mediante  indagatoria a la  imputada  Castro  Zúñiga, y  para  la  efectividad  de su captura autorizó el allanamiento de la oficina que  para  ese  entonces  tenía  asignada  en  el  Instituto Colombiano de Bienestar  Familiar,  División  de  Comunicaciones,  entidad a la cual se había vinculado  desde septiembre de 1994.   

          En el registro efectuado a tal inmueble,  además  de  la aprehensión de la citada, las autoridades decomisaron abundante  papelería   del   INURBE   y  un  sello  de  la  subgerencia  especial  de  tal  entidad.   

3.  Recibida la indagatoria, la Fiscalía  resolvió  la  situación  jurídica de la sindicada afectándola con detención  preventiva  por  los  punibles  de  falsedad material de particular en documento  público y estafa.   

Practicadas  algunas  pruebas  y  obtenida la  peritación   grafológica   en   la   que  se  atribuyó  a  la  acriminada  la  falsificación  de  las  firmas  de  los  funcionarios del INURBE, el instructor  clausuró  la  investigación y calificó su mérito en providencia fechada el 9  de   mayo  de  1995.  Elevó  acusación  en  su  contra como autora de los  delitos  de  falsedad  material de particular en documento público agravada por  el uso y estafa   

igualmente agravada por razón de la cuantía  superior   a  los  cien  mil  pesos,  ambos  ilícitos  consumados  en  concurso  homogéneo y heterogéneo.   

          4.  El Juzgado 53 Penal del Circuito  celebró  la audiencia pública, y el 15 de enero de 1996 profirió la sentencia  en  armonía  con  el pliego de cargos.  Le impuso a la encausada las penas  principales  ya  reseñadas.   El  fallo  fue  confirmado  por  el Tribunal  Superior  de Bogotá al resolver la apelación  interpuesta por la defensa,  salvo  en  la condena al pago de perjuicios morales por el delito de estafa, que  fue revocada por el ad quem.   

LA DEMANDA  

          Primer Cargo.   

          Al  amparo  del  artículo  220-1º,  cuerpo  1º,  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  impugnante  acusa  la  violación  directa  de la ley  sustancial  por  la  aplicación  indebida  de  los artículos 220 y 222-2º del  Código  Penal,  desatino que determinó la consecuente falta de aplicación del  artículo 221 ibídem.   

          En  la  sustentación  del  reproche,  con  apego  al criterio de un  conocido  doctrinante  en  la  materia, el recurrente discurre sobre la función  certificadora  de los servidores públicos, y afirma que no todos los documentos  expedidos  por  éstos  son  públicos, pues esta calidad sólo puede pregonarse  teniendo  en  cuenta  la naturaleza de la función ejercida, el acto mediante el  cual  se  desarrolla  la  misma  y  el  interés  que  suscitan,  de  manera que  únicamente  revisten  dicho carácter los emitidos en interés del Estado y del  particular.   

          A  partir  de  tales  nociones  pone  de  presente  que la sindicada  Castro  Zúñiga  utilizando  papelería  similar  a  la  del INURBE y los nombres de tres funcionarios de tal  entidad,  confeccionó  integralmente  las  cartas  remitidas  a  los  afectados  haciéndoles  creer  que  habían  resultado favorecidos con la adjudicación de  vivienda  en  la  urbanización  Bochica  IV;  misivas de naturaleza privada por  tener  interés  exclusivamente  para  el supuesto beneficiario, tanto así, que  ante  su  elaboración  y  firma  por  los  funcionarios  del  INURBE tampoco se  estaría frente a un documento público.   

          Con  base  en los planteamientos reseñados el impugnante solicita a  la  Corte  que  case  la  sentencia  atacada  y  dicte  el fallo de sustitución  correspondiente   en   el   que   se   condene   a   la   acusada   Castro  Zúñiga  por el delito previsto en  el  artículo  221 del Código Penal, desde luego, con las reducciones punitivas  del caso.   

          Segundo Cargo.   

          Con  apoyo  también  en la causal primera de casación, cuerpo 1º,  el  actor  alega  la  violación  directa  de  la ley sustancial por aplicación  indebida del artículo 372, ordinal 1º del  Código Penal.   

          En  la formalización del reproche el demandante arguye que a partir  de  la  sentencia  C-070 del 22 de febrero de 1996, mediante la cual se declaró  la     exequibilidad     condicionada     del     precepto     infringido,    la  expresión   “cien   mil   pesos”   contemplada  en  él  debe  entenderse referida en los términos del  poder adquisitivo del peso para el año de 1981.   

          Así las cosas, teniendo en cuenta que la  cifra   consignada  equivalía  a  18.83  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la  época  en que empezó la vigencia del Código Penal, afirma  que  en  el presente proceso debe prescindirse de la agravante derivada para los  delitos  contra el patrimonio económico, pues ninguna de las estafas superó en  su  cuantía  el  monto  representado  por  los  18.83 salarios mínimos legales  mensuales para la época de su comisión.   

          En  este  orden  de ideas, el defensor pretende de la Corte que case  la  sentencia  impugnada  “en el sentido de suprimir  la  agravante  del  ordinal  1º  del  artículo 372 del Código Penal y atenuar  correlativamente la sanción”.   

Tercer Cargo.  

Con  carácter  subsidiario  del  reproche  anterior  aduce  la  violación  directa  del artículo 26 del Código Penal por  interpretación errónea.    

En  la fundamentación del reparo arguye que  en  el  presente  caso  sólo  se  configuró un delito de estafa y una falsedad  documental,  no  el  concurso homogéneo conforme fue declarado respecto de cada  uno  de  esos  hechos  punibles  en  los fallos de instancia; conclusión que el  impugnante  extrae  ante  la  ejecución  de  una  sola  acción  y del designio  criminoso  único  del  agente,  aunque  la  conducta  se hubiese verificado por  etapas sobre una pluralidad de sujetos pasivos.   

Admite  que  la  voluntad  final puede estar  dirigida  a  un  solo  objetivo  pero el acto particular derivar, conforme a las  circunstancias   específicas,   en   “una  acción  agotada  en  cada  caso  concreto”, como acontece con  quien  se  propone dar muerte a varias personas; sin embargo, en eventos como el  aquí  examinado,  afirma,  la  voluntad  final  engloba  todas  las ejecuciones  particulares  que  pasan  a  convertirse en meros actos ejecutivos de ese querer  último.   

Destaca también que la pluralidad de sujetos  pasivos  en  la  estafa esta permitida de acuerdo con su descripción típica en  el   actual   Código   Penal,   que   reemplazó   la  expresión  “en   perjuicio   de   otro”  por  la  de     “en   perjuicio   ajeno”;  respecto  de la falsedad, que la norma incriminadora no exige que  la  víctima  sea única.   Así las cosas, al dar cuenta los autos de  unos  delitos  únicos  de estafa y falsedad, “no se  puede  imputar  la  agravante  del artículo 26 del Código Penal”,  en  consecuencia,  debe  verificarse la disminución punitiva que  corresponda.   

Por  todo  lo  anterior  reclama  en la sede  extraordinaria  que  se  case  la  sentencia  “en el  sentido  de  manifestar que no se está en presencia de un concurso de estafas y  de   falsedades…y   por   lo   mismo,   atenuar   la   sanción”.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          Al primer cargo.   

El  Procurador Primero Delegado alude a los  conceptos  de  documento,  a  la  fe pública como bien jurídico amparado en la  falsificación  documental,  a  las  exigencias  de  la acción falsaria y a sus  modalidades,  dentro  de las cuales precisa que la falsedad material consiste en  la  creación  total o el fingimiento de un documento falso, en la imitación de  uno  existente  o  la  alteración  del  contenido de un documento con idoneidad  probatoria.   

         

Señala   después,  a  partir  de  tales  derroteros,  que  la  conducta  descrita  en  el artículo 220 del Código Penal  sanciona  al  particular  que  falsifica  materialmente un documento que se hace  aparecer  como  público  y  auténtico;  de  igual modo, que resulta equivocada  desde  la  óptica  del bien jurídico la tesis según la cual un particular por  carecer  de  potestad certificadora no incurre en la conducta de falsedad cuando  crea   totalmente   un   documento   público,   pero   sí   cuando  lo  altera  parcialmente.   

         Concluye  además,  que  la  falsedad  en  documentos  públicos es  susceptible  de  ser  cometida  por  los  particulares, como quiera que también  pueden  darle  apariencia  de público a un documento y utilizarlo como medio de  engaño;  en  fin,  que  en  tales eventos se crea por fingimiento un documento,  privado  en su origen, pero formalmente público que es la hipótesis sancionada  por la ley.   

         Por  las  razones  esbozadas  el  Procurador estima que el reproche  está llamado al fracaso y debe desecharse.   

         Al segundo cargo.   

         La   Delegada   entiende   que  el  casacionista  en  esta  censura  controvierte  la calificación de los hechos como un concurso real homogéneo de  estafas,     por     cuanto     ninguno   de   los  comportamientos   

imputados supera la cuantía requerida para  derivar   la   agravante   del   ordinal  1º  del  artículo  372  del  Código  Penal.   

         Seguidamente  rectifica al demandante en el monto que corresponde a  la  suma  prevista  en  dicho precepto en los términos señalados en la evocada  decisión  de  la  Corte  Constitucional,  de  exequibilidad  condicionada de la  citada  norma,  y  afirma que tal pronunciamiento carece de significación en el  presente  asunto  cualquiera  que sea la cantidad que se tome para dicho efecto,  pues   la  actualización  exigida  de  acuerdo  con  la  sentencia  de  control  constitucional  surte  influjo  tratándose  de la indemnización de perjuicios,  “no  para  buscar  una  nulidad  por  el  factor de  competencia    o    para    dejar    sin    piso   la   agravante”.   

          Advierte  con tal orientación, que al tenor del artículo 14-1º de  la   Ley   23   de   1991,  la  actuación  debe  adelantarse  por  “el  delito  de  estafa  y  no  por la contravención especial de  policía”;  asimismo,  que tratándose de los hechos  punibles  contra  el  patrimonio  económico  en  cuantía  superior  a los diez  salarios  mínimos  legales  mensuales, como sucede en este asunto, fue voluntad  del  legislador  que mantuvieran su carácter delictivo con independencia de los  reajustes   que  con  posterioridad  se  presenten  en  la  fijación  de  dicho  emolumento.   

          Con  los  fundamentos  anteriores  la  Delegada  opina que este otro  ataque tampoco puede prosperar.   

          Al tercer cargo   

          Tratándose  de  los  reparos  del demandante al concurso homogéneo  predicado  en  los  fallos  de  instancia  respecto  a  los  delitos de estafa y  falsedad,  la  Procuraduría  indica  la  evidencia de los presupuestos exigidos  para   dicho   fin,   concretamente,   pluralidad  de  acciones  independientes,  pluralidad  de tipos penales, unidad de sujeto activo y, el sujeto pasivo único  o plural.   

          Así  las  cosas,  colige  que en el caso de autos se configuró, no  una  conducta única de estafa y de falsedad, sino las repetidas infracciones de  la  ley penal imputadas, en consecuencia, solicita también la desestimación de  este reproche final.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer Cargo.  

Frente a esta censura resulta evidente que el  desarrollo  argumentativo  mediante  el cual se pretendió acreditar la realidad  del   desacierto  acusado  se  tradujo  en  una  deshilvanada  y  contradictoria  exposición  del criterio personal del actor sobre la certera adecuación de las  conductas  falsarias,  sustentada  incluso  en  una  distorsionada  y  recortada  transcripción  del  criterio  esbozado en tal temática por el doctrinante Luis  Enrique Romero Soto.   

Ciertamente,  el  censor  afirmó  de manera  aislada,  en  primer  término,  que  “no todos los  documentos  expedidos  por un servidor público están investidos de “función  certificadora”  , y a renglón seguido transcribe la  definición  que  de ésta última brinda el citado tratadista, pero no vinculó  tal  postulado  de alguna manera con la censura enunciada; más aún, perdió de  vista   que  dicho  concepto está referido al empleado oficial como sujeto  activo  de  la falsedad en documentos públicos, pero además, que tal delito de  acuerdo  con las descripciones contenidas en el Código Penal también puede ser  cometido  por  los  particulares  carentes  por  su  naturaleza  de  la  aludida  función.   

Admite   después,   que   la   sindicada  Blanca    Myriam    Castro   Zúñiga   en  papelería  similar  a  la utilizada por el Inurbe y valiéndose  del  nombre  de  tres  funcionarios de dicha entidad creó totalmente las cartas  enviadas  a  los  supuestos  beneficiarios  del  plan  de  vivienda en el sector  Bochica  IV  de  esta  ciudad,  para  sostener  entonces  que  los juzgadores le  atribuyeron  la  falsedad descrita en el artículo 220 del Código Penal a pesar  que  “no  todos  los  documentos  que  expiden  los  servidores públicos tienen tal carácter”.   

El  demandante  apoya  tal  aserto  con  la  transcripción   aquí  también  de  otros  de  los  apartes  de  la  obra  del  comentarista  en  cita, empero referidos a un tipo penal diverso del imputado en  estas  diligencias  a  la  procesada,  concretamente, a la falsedad material del  empleado  oficial en documento público, reprimida  en el artículo 218 del  Código  Penal,  y  en  relación  con la hipótesis específica del funcionario  incompetente;  supuesto que advertido sea, además, no tiene ningún nexo con la  situación estructurada respecto a su asistida.    

En  fin,  con  un discurrir argumentativo de  este  talante  lejos  de  orientarse a la comprobación del yerro denunciado, el  actor  siembra  la confusión en un planteamiento, que por lo atrás discernido,  dejó en el simple enunciado.   

La impropiedad advertida se acrecienta en los  razonamientos  subsiguientes,  pues  el  casacionista  coligió  en este punto y  desde  diversa  arista, que la naturaleza pública o privada del documento está  determinada  por  el destino del mismo con independencia de quien lo elabora, de  manera  que  si  en  el contenido del documento tienen interés los particulares  exclusivamente,  será  de  carácter privado; condición predicada luego de los  escritos  espúreos  que  originaron  la  acusación  contra la acriminada, pues  únicamente   podían   concernirle   a   los   supuestos  beneficiarios  de  la  adjudicación   de   vivienda,   tanto  así,  opina,  que  así  hubiesen  sido  confeccionados  en  verdad  por  funcionarios del Inurbe, aún en este supuesto,  por  el  restringido  interés  comentado,  también  tendrían esa connotación  privada.   

Sin  embargo,  en  el párrafo siguiente con  negación   de   esta   tesis,  por  ende,  incurriendo  en  una  contradicción  insalvable,  el  actor  estima   que  el  carácter  público o privado del  documento  encuentra  asidero  en el origen del documento, no en el interés que  revista  para  sus  destinatarios como había atestado en precedencia, y asegura  en  abierta contra vía de ese inicial postulado, incluso, evocando una vez más  a    Romero    Soto,    que   el   documento   público   es   el   “escrito  por  funcionario  público  en el ejercicio de función  definida en la ley o reglamento”:   

La  falta  de  claridad  detectada  en  la  formalización  de  la  censura, unida a su precario e incoherente sustento, que  mal  puede  subsanar la Sala en virtud del principio de limitación que gobierna  el  recurso extraordinario, encuentra expresión final en el acápite conclusivo  del  ataque, donde se reseña la conducta demostrada en autos, consistente en la  elaboración   integral   de  las  comunicaciones  enviadas  a  varias  personas  haciéndoles  creer  que  tenían  origen  en  el  Inurbe,  frente a la cual con  remisión  a  los  confusos  planteamientos anteriores el demandante simplemente  asevera  que  encuentra  adecuación  en  el tipo penal de falsedad en documento  privado,  reprimido  en el artículo 221 del Código Penal, dejando entrever que  deduce esa calificación jurídica   

de  la creación que hizo la encartada de los  referidos escritos en su condición de particular.   

          Si es éste el entendimiento del censor,  finalmente,  en  su  réplica  basta  con  indicar  que  el tópico insinuado se  encuentra  decantado  desde  antaño  en  la  jurisprudencia  de la Sala, que en  relación con él precisó:   

“…la  falsedad  como tal, en cualquiera de  sus  modalidades,  es genéricamente aquella conducta mediante la cual el agente  pretende   hacer   aparecer  como  verdadero  aquello  que  en  realidad  no  lo  es.   

“En   tratándose  de  falsedad  material,  particularmente,  ésta  consiste en la creación total de un documento falso, o  en  la  imitación  de  uno  que  ya existe, o simplemente en la alteración del  contenido  de  un  documento  auténtico.  Esa formación total o parcial, puede  recaer tanto en documento público como privado.   

“Sobre  este  aspecto,  se  ha  dicho que la  falsedad  total  propia,  es  aquella  en  la  cual  el sujeto activo crea en su  integridad  el  documento,  tanto  el  contenido  como  su procedencia, también  llamada  por  algunos  genuinidad  (tenor),  de  modo  que  lo suscribe quien en  realidad   no  lo  elaboró  o  se  le  hace  aparecer  como  si  proviniese  de  allí.   

“La segunda forma de falsedad material es la  parcial  o impropia, que consiste en la creación de alteraciones en un texto ya  confeccionado,  de  tal  manera que se le agregan o suprimen algunos aspectos de  su contenido.   

“En  el  caso  concreto  de  la conducta que  describe  el  art.  220  del  C.P.,  que  sanciona  al particular que falsifique  materialmente  documento  público,  resulta plenamente viable que en el caso de  confección  total  del  mismo quien así actúa se haga acreedor de la sanción  prevista en la mencionada norma.   

“La  Sala  no  comparte  la  tesis de que un  particular,  por  no  tener  función certificadora, no incurra en esta conducta  cuando   crea   totalmente   un  documento  público  y  sí  cuando  lo  altera  parcialmente.  Si de lo que se trata es de proteger la fe pública y por ende la  confianza  de  los  asociados,  resulta menos que lógica una conclusión de esa  naturaleza,  porque,  precisamente  el agente se está aprovechando del crédito  que  su  calidad  “pública”  genera en la comunidad para introducir al tráfico  jurídico  un documento con tal apariencia y de esa manera obtener su propósito  a  sabiendas  de  que  sólo es posible mediante la utilización de un documento  con esas características.   

“De  modo  que  si  se  regresa  al concepto  genérico  de  falsedad  -hacer  aparecer  como real algo que no lo es- no queda  descartada  la  hipótesis  de  la que se viene hablando, porque precisamente se  está  haciendo  aparecer  como  público,  un  documento  que en realidad no lo  es.   

“De ahí que resulte absurdo que el reproche  sea  menor para quien crea totalmente un documento público falso que para quien  lo  altera  parcialmente…”  (sentencia  de  mayo 11 de 1999, M.P. Dr. Fernando  Arboleda  Ripoll,  criterio reiterado en sentencia de marzo 23 de 2000, M.P. Dr.  Jorge Córdoba Poveda).   

Por los motivos esbozados, entonces, el cargo  no prospera.   

Segundo Cargo.  

1.   Antes de abordar el examen de esta  censura  corresponde  precisar  que el Agente del Ministerio Público tergiversa  el sentido que el demandante le imprimió a su postulación.    

En efecto, el libelo alude a las cuantías de  las   estafas   imputadas  a  la  procesada  en  concurso  homogéneo,  no  para  controvertir  su carácter delictivo y con la pretensión paralela que se afirme  en  esta  sede  su naturaleza puramente contravencional al tenor de la Ley 23 de  1991,  como  lo  entiende  la  Delegada  en su concepto, sino para cuestionar la  circunstancia  agravante  recogida  en  el  ordinal  1º  del  artículo 372 del  Código  Penal; reparo planteado por el censor a partir de la actualización del  monto  señalado  para  la  operancia  de  dicho  supuesto, que debe realizarse,  según  destaca,  con ocasión de la exequibilidad condicionada decretada por la  Corte  Constitucional  en  relación con dicho precepto en la sentencia C-070 de  1996.   

Además,  el ataque no podía orientarse por  el  sendero  que  la  Procuraduría  le  atribuye,  pues  el fallador de primera  instancia,  advirtiendo  que algunas de las estafas endilgadas en la resolución  acusatoria por razón de su cuantía configuraban contravenciones   

especiales de conformidad con el artículo 14  de  la  precitada  Ley,  expresamente  las  marginó  del fallo; comportamientos  respecto  de los cuales ni siquiera ordenó la expedición de copias con destino  al   Inspector   de  Policía  competente,  pues  afirmó  su  prescripción  de  conformidad con el artículo 10 ibídem.   

2.  Deslindado así el verdadero sentido  del  reproche,  resulta  necesario  reiterar  que  en  la comprensión de que el  objeto  de  la  casación  es la sentencia de segunda instancia, no la revisión  integral  del proceso, la determinación de la existencia del interés jurídico  impele  a  ponderar la identidad sustancial en los aspectos impugnados a través  de  la  apelación  y  en  el  recurso extraordinario, pues como ha precisado la  Corte  y  reitera ahora, “en virtud del principio de  limitación  que  rige  la  segunda  instancia por mandato del artículo 217 del  Código  de Procedimiento Penal que obliga al ad quem a pronunciarse únicamente  sobre  los  aspectos impugnados, no es viable atacar por la vía de la casación  aspectos  que  no comprendieron el objeto de inconformidad frente a la sentencia  de  primer  grado,  ya  que,  por exclusión de materia, mal podría alegarse un  yerro  sobre  un  tema  respecto  del que no hubo pronunciamiento”   (sent.   de   junio   28   de   2000,   H.   M.P.   Dr.  Gálvez  Argote).   

Trasladados los anteriores conceptos al caso  examinado,  se  tiene  que  la  apelación interpuesta contra el fallo del a quo  tuvo   motivos   diferentes   al  argüido  aquí  en  la  sede  extraordinaria,  concretamente se   

propugnó  en  ella, en cuanto a las estafas,  por  la  absolución  de la acriminada bajo el argumento de la precariedad de la  prueba  sobre  su  compromiso  en  las  infracciones  imputadas,  que se afirmó  incluso  recaído  en  el  sujeto  Pedro  Hernández Alemán, quien “sí    sacó    provecho    personal    de    esta   situación,  proporcionándose  un  margen  de utilidades bastante razonable, lo que a simple  vista   permite   deducir   su   responsabilidad   en   los  hechos  materia  de  revisión”.   

En  este orden de ideas, resulta palmaria la  falta  de  legitimidad  en el reproche formulado a la sentencia de segundo grado  al  pretenderse  en  la demanda el retiro de la circunstancia agravante prevista  en  el  artículo  372-1º  del  Código  Penal,  pues  como  no  fue  objeto de  cuestionamiento  alguno  en  la  apelación  incoada  contra el fallo de primera  instancia,  tratándose  de pronunciamiento sustraído del grado de consulta, el  juzgador  ad  quem  en  virtud  del  principio  de  limitación consagrado en el  artículo 217 ibídem no estaba compelido a examinarla.   

Así   las  cosas,  mal  puede  el  censor  endilgarle  al  Tribunal  en  la  sede  extraordinaria  un  desatino  de lógica  jurídica  en  la  aplicación  de  una  norma  sustancial sobre la cual ninguna  consideración  contiene  la  providencia impugnada, por cuanto no fue objeto de  reparo  al  acudir  en alzada respecto del fallo emitido por el a quo a pesar de  conocerse  ya  para  entonces la sentencia de exequibilidad condicionada emitida  en   

relación  con  la misma; en consecuencia, al  desbordar  de  este modo el interés jurídico determinado, insiste la Sala, por  la  identidad sustancial en los aspectos recurridos a través de la apelación y  en la casación, la desestimación del ataque fluye ineludible.   

          En   el   orden   de   ideas   expuesto,  este  otro  cargo  tampoco  prospera.   

          Tercer Cargo.   

          También aquí es necesario reiterar que  la  carencia  de  interés para recurrir en la sede extraordinaria se configura,  bien  en  aquellos  eventos en los cuales el impugnante no apela la sentencia de  primer  grado  y la misma no está sujeta a consulta;  o en cuanto interesa  para  los  actuales fines, porque habiendo sido impugnada, la alzada comprendió  motivos  diferentes  de  los  invocados  en  la demanda de casación, hipótesis  ésta  última  evidenciada  frente al ataque final del defensor de la procesada  Castro Zúñiga.   

           Efectivamente,  del  contexto  de  las  alegaciones   esbozadas   al   sustentar    la   alzada,   fluye   manifiesto    que   si  bien  la  defensa  propug-nó  por    la      absolución,      dejó      entrever   la  implícita conformidad con el   

concurso   homogéneo  de  hechos  punibles  predicado  de  la  estafa  y  la  falsedad,  tanto  así  que la exoneración se  pretendió  en  relación con la responsabilidad penal exclusivamente, a través  de  una  sustentación  en  la  que  ninguna  controversia fue esbozada sobre la  plural  infracción  de  las normas descriptivas de tales ilícitos.    Más  aún,  tratándose  de  las  falsedades,  la  discrepancia  en  torno a la  calificación  jurídica  con  el  fallo  de  primera instancia no abarcó desde  ninguna  óptica  el  endilgado  concurso  homogéneo,  al cuestionarse sólo la  naturaleza  pública  de  los  documentos  objeto  de las mismas, razonamiento a  partir  del  cual  se  solicitó  la  variación de aquella hacia la falsedad en  documento privado.    

Finalmente,  en  el  tópico  de  la  pena,  también  en  tácita  conformidad  con  el  concurso,  el  apelante  arguyó el  desconocimiento  de  los  límites contemplados en el artículo 61 del C. P.; en  fin,   tratándose   del   reproche  aquí  considerado  se  echa  de  menos  la  coincidencia  sustancial  entre  los motivos de la apelación interpuesta contra  el  fallo  de  primer grado y el que es objeto de la censura extraordinaria, por  lo  tanto,  también  por  la  ausencia de interés jurídico este último cargo  debe  ser  desestimado,  en  consecuencia, la sentencia impugnada no se casará.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

No   casar   la  sentencia impugnada.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen, y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   JORGE  E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN    GALAN   CASTELLANOS               CARLOS                                 A.                                 GALVEZ  ARGOTE                

JORGE    A.   GOMEZ   GALLEGO                                                          EDGAR                   LOMBANA  TRUJILLO           

ALVARO       O.        PEREZ  PINZON            NILSON    E.   PINILLA  PINILLA   

Salvamento   parcial   de  voto                           No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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