12385(14-03-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12385  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 32  

          Bogotá, D.C., catorce de marzo de dos mil dos.   

VISTOS  

             

Revisa  la  Corte  en  sede  de casación la  sentencia  de  segundo  grado del 20 de marzo de 1996, proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  medio  de  la cual confirmó integralmente el fallo  dictado  por  el  Juzgado  Catorce Penal del Circuito de la misma ciudad el 9 de  noviembre  de  1995,  en  el  que condenó a JOSE MARIA  MORENO  SANCHEZ  a  la  pena  principal de 45 años de  prisión como autor responsable del delito de homicidio agravado.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

          El  12 de junio de 1993, en un paraje despoblado del sector conocido  como  Villa  Gloria de Ciudad Bolivar de esta capital, fue hallado el cuerpo sin  vida  de Cesar Alberto Castro Mancilla el cual presentaba múltiples heridas con  arma cortopunzante que determinaron su fallecimiento.   

De  esta conducta se sindicó a JOSE  MARIA  MORENO SANCHEZ, quien la noche  anterior  había  decidido propinarle un castigo a Cesar Alberto, porque, según  comentarios,  estaba  poniendo  en  tela  de  juicio  la  conducta  de  su novia  Mallerly     Rodríguez     Pinto,     con  la  que aseguraba haber tenido relaciones sexuales.   Así  fue  que  el  procesado  en  compañía  de  Vicdover Javier Rodríguez se  trasladó  hasta la residencia de Cesar  Alberto,  quien  mediante engaños fue conducido hasta  un  paraje  solitario  en  donde JOSE MARIA lo ultimó a punta de machete.   

          Formalmente  abierta  la  instrucción  el  23 de agosto de 1994, la  Fiscalía   244   de   la  Unidad  de  Investigaciones  Especiales  escuchó  en  indagatoria  a  JOSE  MARIA MORENO SANCHEZ  y  resolvió su situación jurídica con detención preventiva sin  beneficio  de  excarcelación por el delito de homicidio agravado. El 17 de mayo  de  1995  se  profirió  en  su  contra  resolución  de acusación por el mismo  delito,  especificando  como  causal  de  agravación  del  homicidio  la causal  descrita  en  el  numeral 4º del artículo 324 del Código Penal, decisión que  no fue objeto de impugnación.   

          Una  vez  celebrada  la vista pública, el 9 de noviembre de 1995 el  Juez  de  conocimiento  condenó al procesado a la pena principal de 45 años de  prisión  por  el  referido  delito  de homicidio agravado, decisión que al ser  impugnada  por  el  procesado  y  su  defensor, revisó y confirmó en todas sus  partes el Tribunal Superior de Bogotá el 20 de marzo de 1996.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Bajo  un único cargo al amparo de la causal primera cuerpo segundo,  el  censor acusa la sentencia de segunda instancia de ser violatoria de la norma  sustancial  en  forma  indirecta,  ante  la comisión de un error de derecho por  falso   juicio   de  legalidad  al  conferir  “valor  probatorio  a  un  medio  de convicción (testimonio) irregularmente aportado al  proceso   por   omisión   de   las  formalidades  que  la  ley  exige  para  su  aducción”.   

          Como  norma  medio  violada  cita  el  artículo  282 del Código de  Procedimiento  Penal  vigente para entonces y como normas fin los artículos 1º  ,  13,  21,  283,  285,  292  y  296  idem y los artículos 29 y 33 de la Constitución Nacional.   

          La   impugnación   se   circunscribe   al  testimonio  rendido  por  Vicdover   Javier   Rodríguez   Pinto   el  30  de  agosto  de  1994  ante  el  Fiscal  244  de la Unidad de  Investigaciones  Especiales,  que  constituyó la prueba de cargo fundamental de  la  sentencia  y  que  en  su  opinión  fue  recogido  con inobservancia de los  artículos  283  y  291  del  Decreto  2700  de  1991,  situación  que  la hace  inexistente.           

          De   acuerdo   con   las  normas  citadas,  es  imperativo  para  el  funcionario  que  va  a recibir una declaración poner de presente al testigo el  derecho  a no declarar contra sí mismo, de claro rango constitucional según la  preceptiva  contenida  en  el  artículo  33 de la Carta Política. En el caso a  estudio,  no  se  cumplió  con  la  norma cuando se recepcionó declaración al  testigo  Vicdover  Javier Rodríguez Pinto,   quien  confesó  su  participación  en  el  hecho  sin  conocer  previamente que no estaba obligado a ello.   

          De  allí  que  el Tribunal se equivocó al considerar su testimonio  como  principal  prueba de cargo contra el procesado, cuando no debió admitirla  y  menos  valorarla,  configurándose así el alegado error de derecho por falta  de aplicación de los citados artículos 283 y 292.   

El   error  se  extiende  a  la  falta  de  aplicación   del   artículo   285   idem,   pues   el   funcionario   investigador  omitió  “hacerle  la  amonestación previa al juramento”  como  lo  manda el precepto citado, cuya observancia es de carácter  obligatorio por la importancia del acto.   

          Las        normas        procesales        se        “circunscriben”    para   proteger   la  organización  judicial  y  la  estructura  básica  del  proceso, por lo que su  desconocimiento  constituye un error que viola las formas propias del juicio. La  omisión    de    amonestar    al    testigo   es   un   error   “improcedendo”    que   conduce   a   su  inexistencia, lo que impedía su valoración por el Tribunal.   

          El  error  demandado  tuvo  incidencia  en  el fallo “pues  de  no haberse valorado la prueba testimonial precisamente por  el   error   de   derecho   aducido,   otra   hubiese   sido   la   suerte   del  procesado”.   

          Sobre  tales  bases pide entonces que se case la sentencia impugnada  y en su lugar se dicte el fallo que deba reemplazarlo.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PUBLICO   

            Al  observar  el  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  el  contenido    del   acta   que   contiene   la   declaración   de   Vicdover  Javier  Rodríguez, encuentra que  le  fueron  citados  los artículos 282 y 295 del Código de Procedimiento Penal  entonces  vigente, pero en realidad el segundo de ellos corresponde realmente al  artículo  285  que  regula  la  amonestación previa al juramento, respecto del  cual,     por    error    mecanográfico,    se    plasmó    una    numeración  diferente.   

          Así  las  cosas,  agrega,  se  echa  de menos el haber informado al  declarante  sobre  el  derecho  que  lo  asistía  para  guardar  silencio sobre  aquellos  aspectos  que  pudieran  comprometerlo  penalmente o surtieran similar  efecto  respecto  de las personas mencionadas en la Constitución Política como  cobijadas por esta prerrogativa del silencio.   

          Sin  embargo,  la  omisión  apenas  constituye una irregularidad no  trascendente  para  el  resultado  final  del  proceso,  en  razón a que en tal  situación  el funcionario apenas está incorporando algunos elementos de juicio  para  establecer  la procedencia de la vinculación procesal de una persona, que  puede  ser  la  misma  que  rinde  la  versión,  y no conoce el contenido de la  exposición que está recibiendo.   

          El   inconveniente   surge   cuando,  omitida  esa  advertencia,  el  declarante  comienza  a  describir  hechos  y  circunstancias  de  las cuales se  desprende  una  posible  responsabilidad  penal, como cuando del relato se puede  establecer  que  la  conducta que describe el expositor se ajusta precisamente a  la  de  un  autor o partícipe en un hecho punible. En esta eventualidad, lo que  conviene  a  la  protección  del  derecho  fundamental  es  que  el funcionario  suspensa  la  diligencia  y cite a quien rinde la versión a una indagatoria, si  considera  necesario  investigar los hechos dentro de la actuación procesal que  está adelantando.   

          Pero,  agrega,  si  de  ese conocimiento resulta que los motivos del  posible  compromiso  penal  deben  ser  juzgados  por  otro  funcionario  o  son  irrelevantes  para  la  decisión que corresponda a quien recibe la exposición,  el  no  advertir  la violación del precepto no puede afectar la legalidad de la  prueba,  porque  el  declarante  se encontraba en una posición de testigo en la  cual se puede exigir el relato de la verdad.   

          En  el  presente  caso  aunque  el  procedimiento  no  se  cumplió,  ocurrió  sin  embargo  que en la actuación no se tomó medida alguna en contra  del  testigo,  sino  que  posteriormente,  en  la  providencia calificatoria, se  ordenó  expedir  copias  para  que  su  comportamiento fuera investigado por la  fiscalía en otro proceso.   

          La  violación al derecho fundamental, materializado en la garantía  del  artículo  283 del Código de Procedimiento Penal de 1991, tiene ocurrencia  cuando  sin  advertir  el  contenido  del  texto  del  artículo,  el declarante  desconociendo  que  no  está obligado a declarar contra sí mismo, lo hace, y a  renglón  seguido  el  funcionario judicial, fundado en este medio probatorio lo  vincula  al proceso y le dicta medidas en detrimento de su derecho a la libertad  u  otros,  mostrando  tal forma de proceder un claro abuso del derecho, en tanto  la  medida  vinculante  tuvo  origen  en  el engaño al no dársele a conocer la  garantía  que  le  asistía,  fenómeno  este  que  no  tiene  ocurrencia en el  presente caso.   

          De  otro lado, el planteamiento que hace el casacionista al darle la  categoría   de   prueba   inexistente   a   la   declaración  de  Vicdover  Javier  Rodríguez, por la simple  inobservancia  del  artículo  283  citado,  carece  de  sustentación,  pues el  demandante  no  se  ocupa  en  demostrar  esta afirmación, sino que simplemente  lanza la expresión sin desarrollar el concepto que encierra.   

          El  error de procedimiento advertido en este proceso no convierte la  prueba  en  ilegal  ni  genera  los  efectos  de una invalidación, en tanto que  ninguna  consecuencia adversa o vulneración de garantía fundamental se produjo  en contra del declarante.   

          Consecuentemente,  el ataque no merece prosperar, razón por la cual  solicita de la Sala no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Plantea  el  casacionista que el fallador de  segundo  grado  incurrió   en  un  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad,  porque terminó considerando como pilar indiscutible de la sentencia  la  declaración rendida por el testigo Vicdover Javier  Rodríguez  Pinto,  prueba que fue aportada ilegalmente  al  proceso  debido  a  la  inobservancia  de  los artículos 283, 285 y 292 del  Código   de   Procedimiento  Penal  para  entonces  vigente,  lo  que  la  hace  jurídicamente   inexistente   y  por  tanto  imposible  de  evaluar.   

          Cuando  se  ataca  la  prueba  en casación por error de derecho por  falso  juicio de legalidad, con insistencia lo ha dicho la Sala, la impugnación  no  queda  satisfecha con la sola enunciación del reproche y la indicación del  medio  criticado,  sino  que  es necesario probar que el sentenciador al estimar  los  medios  de  convicción dio validez a un elemento de persuación aducido al  proceso  sin las formalidades exigidas por la ley, y demostrar la incidencia del  desacierto  en  el  establecimiento  de  la  verdad  fáctica  y  de  la  errada  conclusión   de   la   sentencia,   precisando   si   las  normas  sustanciales  indirectamente  violadas  lo  fueron  por  aplicación  indebida  o por falta de  aplicación   –violación  fin- .   

          En  punto  de la trascendencia, será necesario entonces efectuar un  nuevo   análisis   integral  del  acervo  probatorio,  excluyendo  las  pruebas  ilegalmente  allegadas, o ponderando las desestimadas por el juzgador a pesar de  su  legal  incorporación  al  proceso,  y  de  esta  manera desvirtuar la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de la sentencia, a efectos de que en esta  sede sea sustituida por la Corte.      

          Si   bien   el   casacionista  individualiza  la  prueba  objeto  de  cuestionamiento,  y  enuncia las normas que regulan su práctica y aducción, la  argumentación  por  él  emprendida  no satisface la totalidad de las referidas  exigencias,  establecidas por la jurisprudencia como los mínimos requerimientos  técnicos  para  la  consideración  del  cargo  formulado por esta modalidad de  violación indirecta de la ley por error de derecho.   

          Así,  en un intento por determinar la incidencia del supuesto error  en  el  fallo,  se  limita  a  afirmar  que el testimonio cuestionado constituye  “la  principal prueba de cargo que se tuvo en cuenta  para  condenar al señor JOSE MARIA MORENO SANCHEZ, se aprecia a simple vista la  incidencia  que  esta  tuvo  en  el fallo, pues de no haberse valorado la prueba  testimonial  precisamente  por el error de derecho aducido, otra hubiese sido la  suerte  del  procesado”,  afirmación con la cual no  demuestra  en  realidad  la  trascendencia  del  presunto  yerro,  pues no puede  olvidarse   que  el  examen  de  los  medios  de  convicción  se  hace  primero  individualmente   y   después  en  conjunto  (artículos  254  del  Código  de  Procedimiento  vigente  a  la  sazón  y 238 de la ley 600 de 200). De modo que,  mentalmente  suprimida  la prueba que se tacha de ilegal, si no queda fundamento  probatorio  loable  para sostener el fallo condenatorio, sin duda debe cambiarse  su sentido por la preeminencia de la presunción de inocencia.   

          En   el   presente   caso   era   absolutamente  imprescindible  una  argumentación  encaminada  a  ese  propósito,  pues aunque en la sentencia del  Tribunal  se  dijo  que  la  principal prueba de cargo estaba constituida por el  testimonio    de    Vicdover    Javier    Rodríguez  Pinto,  de  esta  afirmación no puede deducirse, como  pretende  el  impugnante, que fuese la única y menos aún cuando en el fallo de  primera   instancia   tras   hacer  mención  a  los  testimonios  rendidos  por  Aide   Mancilla   Hernández   y   María   Cristina  Salazar, madre y novia de la víctima respectivamente,  reflexiona así el juzgador:   

“Debe   dejarse   en   claro,   que  es  relativamente  cierta  la  afirmación de la defensa porque en verdad ninguna de  estas  declarantes  fueron  testigos  presenciales de los hechos. Sin embargo la  historia  de  los  mismos  les  llegó  por información que obtuvieron de otras  personas  que  señalaron  a  JOSE  MARIA  MORENO como el autor del horripilante  homicidio.   

(…)  

“No  puede admitirse, como lo pretende la  defensa  que  estas  declaraciones carezcan de validez, simplemente por el hecho  de  que  estos testigos tengan vínculos familiares con el occiso o por la forma  como  tuvieron  conocimiento  de los hechos. Es una prueba indirecta pero que es  perfectamente  válida  en  el sistema procesal penal colombiano y es uno de los  medios  de convicción a que se ven precisados a recurrir los investigadores, en  esfuerzo por descubrir la verdad de lo ocurrido.   

(…)  

“Las  anteriores  premisas  permiten  al  Juzgado   concluir   que  esta  prueba  testimonial,  tiene  un  especial  valor  probatorio  y  una  gran fuerza de convicción, las mismas se recibieron con las  formalidades  legales, esto es, bajo la gravedad del juramento y fueron rendidas  ante   funcionario  competente.  Sin  que  exista  motivo  para  restarle  valor  probatorio  a  dichas  declaraciones,  pues no se observa en las mismas interés  malsano  en  querer  engañar  a  la  justicia narrando historias ficticias o de  perjudicar  a  persona alguna, sino más bien la de buscar con ellos la condigna  sanción  que  debe  merecer quien arrebató en forma tan cruel la vida a un ser  humano”.   

          Para  referirse  a  continuación  al  testimonio  cuya legalidad se  cuestiona, en los siguientes términos:   

“A más de la espontaneidad y claridad con  que  estos deponentes informan la razón de su dicho, obra dentro del proceso la  prueba  testimonial del señor Vicdover Javier Rodríguez Pinto, que respalda en  un todo lo afirmado por estos declarantes”.   

               

              Si   bien   las  anteriores  conclusiones  no  fueron  reproducidas  en  el  fallo  del  Tribunal,  tampoco  fueron  desechadas, y como  reiteradamente   lo   viene   sosteniendo  la  Sala1,  las  sentencias de primera y  segunda  instancia  constituyen  una  unidad inescindible en los aspectos en que  ambas  coinciden  de  manera explícita o tácita, no sólo en lo concerniente a  la  parte  resolutiva sino también en lo relacionado con la motiva, de donde el  examen  de  la  realidad  probatoria  agotado  por  el  juez  de primer grado se  entiende  incorporado a la sentencia de segunda instancia en todo aquello en que  no se desvirtúe o modifique.   

          Así   las  cosas,   al  no  demostrar  el  demandante  que  la  exclusión  de   la   prueba  que  se  reputa  ilegal   del   contenido de  la     

sentencia  dejaría  a  la misma sin soporte  probatorio  en  cuanto a la declaración de responsabilidad penal del procesado,  dejó  a la Corte sin saber si el error alegado tiene la trascendencia necesaria  para  quebrar  la  totalidad  de  los  fundamentos  esgrimidos  en los fallos de  instancia, que, se repite, conforman una unidad inescindible.   

         Aunque  tales  argumentos  son  suficientes  para rechazar el cargo,  conviene  precisar  que  la  omisión de la prevención sobre la “excepción  al  deber  de declarar” en el  curso  de  la  declaración vertida por Vicdover Javier  Rodríguez  Pinto, constituye para el caso que ocupa la  atención  de  la  Sala  una simple inobservancia que no afecta la validez de la  diligencia,   pues   tal   como   lo   observa   el   Procurador  Delegado,  las  manifestaciones  que eventualmente pudieran involucrarle en la conducta juzgada,  no  fueron  utilizadas en su contra dentro de esta actuación dada su calidad de  simple testigo.   

          La   garantía   contenida  en  el  artículo  283  del  Código  de  Procedimiento  Penal  derogado  (hoy  artículo  267 de la ley 600 de 2000), que  consagra  la  excepción  al  deber  de  declarar  contra  sí mismo o contra su  cónyuge,  compañero  permanente  o  los  parientes que allí se relacionan, en  asunto  de  índole  penal, contravencional y policivo, no limita la posibilidad  de  que  la  persona  amparada por la inmunidad personal renuncie a su derecho y  decida  declarar  en  su  contra,  siempre  y cuando no sea constreñida a ello.  Precisamente  en  la  sentencia  de  casación  del  27 de noviembre de 2001 con  ponencia de quien aquí cumple igual cometido, se dijo:   

“Al  margen  de  lo  anotado,  conviene  precisar  que  la  omisión de la prevención sobre la “excepción al deber de  declarar”  constituye  una simple inobservancia que no afecta la validez de la  diligencia,  pues  lo fundamental es que a ninguna persona se le puede obligar a  rendir  testimonio  contra  sí  mismo  o  contra sus parientes dentro del grado  especificado  en  el  artículo  283 del Código de Procedimiento Penal derogado  (hoy  artículo  267 de la ley 600 de 2000), de donde sólo si la persona que se  sabe  exceptuada  de la obligación de testificar es constreñida de algún modo  a  hacerlo,  se  viola  la  garantía  y  por  ende la legalidad de la prueba se  impondría”.   

En el caso a estudio no se ha demostrado por  parte   alguna   que   Vicdover   Javier   Rodríguez  Pinto  fuera  constreñido a declarar en los términos  que  lo  hizo y antes por el contrario, lo que se deduce del acta es que imperó  su    voluntad.                       

De  otro  lado,  la  alegada  omisión  a la  previsión  contenida  en  el  artículo  285 del Código de Procedimiento Penal  vigente  a la sazón, no tuvo en realidad ocurrencia pues basta observar el acta  de  la  declaración  vertida  por  el testigo Vicdover  Javier  Rodríguez Pinto (fls. 77 y ss. cuaderno No.1),  para   ver  de  comprobar  que  se  incurrió  en  un  error  mecanográfico  al  consignarse  que  se  le  hicieron  “las advertencias  legales  establecidas  en  los  arts.  282  y  295 del C. de P.P.”,  cuando  en realidad este último corresponde al artículo 285 que  regula  la  amonestación  previa  al juramento, pues el artículo 295 citado no  guarda  ninguna relación con el objeto de la constancia, en la medida en que se  refería  al  avalúo  de bienes en los delitos contra el patrimonio económico.   

Es  patente,  entonces, la improsperidad del  cargo  y  en  consecuencia  no  se  casará  la  sentencia objeto del recurso de  casación.   

          Al  margen  de  lo  anterior, en cuanto se relaciona con la eventual  aplicación  de  la  favorabilidad  por el tratamiento punitivo más benigno del  nuevo  Código Penal para el delito de homicidio, el Juez de Ejecución de Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  decidirá lo pertinente de acuerdo con la previsión  contenida  en  el  artículo  79, numeral 7º del nuevo Código de Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la Ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

No casar la sentencia recurrida.  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

                 ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.   CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS          CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                    NILSON PINILLA  PINILLA                        

No hay firma  

Teresa Ruíz Nuñez  

Secretaria    

1 Por  ejemplo,  sentencia  del  29 de julio de 1999, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll     

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