11830(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  11830   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nro: 55   

          Bogotá, D. C., ocho de junio de dos mil seis.   

VISTOS  

          Resuelve   la   Sala   el   recurso  de  reposición  oportunamente  interpuesto  y  sustentado  por  el defensor de SAMUEL  ALBERTO  ESCRUCERÍA  MANCI contra el proveído del 26  de  abril  del año en curso, por cuyo medio se calificó el mérito del sumario  con resolución de acusación.   

FUNDAMENTOS   DE  LA  IMPUGNACIÓN   

          Disiente  el  recurrente  de la determinación adoptada por la Sala,  porque,  a  su  juicio,  en  el  prontuario  no  existen elementos de juicio que  permitan  deducir que la conducta de su asistido en sus manifestaciones externas  -objetiva  o  subjetivamente-  estuviese  dirigida  a  infringir el ordenamiento  jurídico-penal;  por  el  contrario,  lo  que  se  halla  acreditado  es que el  procesado  gestionó  dineros  para ser invertidos en el departamento de Nariño  velando   por   su   real   inversión,   por  lo  que  no  le  son  atribuibles  “conductas  dolosas  o  imprudentes  ejecutadas por  terceros  autónomos  e independientes jurídica y materialmente, lo que explica  que  todas  sus acciones se encuentren dentro del nivel de riesgo permitido y es  por  esta  razón  que no nace dogmáticamente la necesaria conexión valorativa  -de   imputación  objetiva-  entre  resultado  y  acción  típica.”   

          Para  el  impugnante  es claro que su defendido sólo pretendió que  los  dineros  que  gestionó  se  invirtieran de manera correcta, y gracias a la  tutela  que  sobre  los mismos ejerció  muchas de esas sumas llegaron a su  destino  final.  Desde  el  momento  en  que decidió gestionar recursos para su  región,    “confió   jurídicamente”  en  su  debida  administración  por  parte  de la Corporación  beneficiaria,  la  cual  cumplía a cabalidad con los requisitos de ley para que  se    le    adjudicaran.                   

Luego de señalar la forma en que legalmente  se  hallaban  regulados  los  auxilios parlamentarios y la finalidad que debían  cumplir,  sostiene  que  el deber de garante en relación con los mismos recaía  en   el   representante   legal   de   “Vigía  de  Colombia”,  calidad que deviene ajena a su defendido  en  cuanto  carecía de la potencialidad jurídica y material para apropiarse de  los  dineros  públicos  en  cuestión,  la  cual  solamente cabe predicarse del  Director  de  la  Corporación  en mención, “sujeto  sobre  el  cual  recaía la obligación de invertir y manejar en forma autónoma  los  caudales  públicos,  siendo contrario a la dogmática el pretender ampliar  el  elemento  normativo  del tipo de autor a mi prohijado por el simple hecho de  ser   Senador”;   valga   decir,   a   ESCRUCERÍA  MANCI  no  puede  tenérsele  como  sujeto activo -servidor público-de la ilicitud que se le enrostra, porque  no  detentaba  la  capacidad  física  de  esos  caudales  públicos, y menos la  capacidad  jurídica  de  disponer  de  los mismos a nombre del ente oficial que  representaba,  como  quiera  que,  en  armonía  con  las normas que regían los  auxilios  parlamentarios,   esos  bienes  estaban  por  fuera de su órbita  funcional,  al  encontrarse  bajo  la responsabilidad del señor Segundo Vallejo  Martínez.   

Como  sustento  de  su afirmación, aduce el  recurrente   que   la   mayoría   de  los  medios  de  prueba  acopiados  a  la  investigación  demuestran  que  los miembros de las Juntas de Acción Comunal a  las  que  supuestamente  iban  dirigidos  algunos de los susodichos recursos, no  conocían  a  su  asistido,  lo  cual  conlleva  a  colegir que las personas que  suscribieron   los   documentos   en   los   que   se   soportó  la  inversión  “eran  sujetos  conseguidos  por  la  corporación  receptora  del  auxilio  conducta que es ajena al señor Escrucería”.  Al  efecto  cita algunas declaraciones que sobre el particular  obran  en  el informativo y de las cuales se hizo mención en el pronunciamiento  que  ahora  se  impugna.  “De lo anterior se deriva  -agrega-  que  la  conducta  investigada  no  integra  los  componentes  necesarios  (su parte objetiva) para  actualizar   el  tipo  prohibitivo  de  peculado  por  apropiación.”   

Del  mismo  modo, tampoco se actualiza en el  asunto  a  examen  el elemento subjetivo del dolo, en cuanto el procesado jamás  pretendió    apropiarse    de   caudales   públicos,   alega   el   libelista,  “no  existiendo  grado  de  cognoscibilidad  de  la  existencia  de  un  riesgo  por  la acción dolosa o negligente que realizara el  representante   legal   de   la   cooperativa   -sic-  beneficiada     con     el     auxilio”,  lo cual, sin embargo, no le impidió inquirir por el destino y  correcta  administración  de los recursos en la medida en que sus capacidades y  ocupaciones  se  lo permitieron, pues no puede olvidarse que su rol funcional se  centraba  en su actividad de parlamentario y no en la administración o custodia  de  tales  recursos.  Si  el delito es acción antijurídica, la antijuridicidad  debe  recaer  sobre  la  acción, y en la conducta desplegada por el acusado por  parte  alguna  se vislumbra la voluntad y conocimiento de apropiarse de bienes o  caudales  públicos.  Por  su  mente  nunca  pasó  beneficiar  a un tercero con  dineros  de la administración, atendiendo que su rol no le permitía dominar el  hecho  antijurídico  imputado. En el entendimiento de que se cumplía con todos  los  requisitos  administrativos  para  gestionar  los  dineros  cuya inversión  requería  su  región,  tuvo pleno conocimiento que su acción era lícita, por  lo que ningún bien jurídico vulneró.   

Así,  atendiendo  a  los supuestos de hecho  sobre  los  cuales  se  edificó  la  acusación,  el  impugnante  arriba  a  la  conclusión  que  a tal determinación se llegó por una errónea valoración de  la prueba.   

En suma, su defendido partió de la buena fe  y  probidad  en los manejos que de los recursos dichos realizó el representante  legal    de    la    corporación    “Vigía   de  Colombia”.  Por  lo  tanto,  su  función  -la  del  procesado-  se circunscribió a informar sobre la existencia de los pluricitados  recursos,  a  las  Juntas  de Acción Comunal y a los Alcaldes de los municipios  beneficiarios  de  los  mismos;  empero,  dentro  de  su  deber  funcional no se  encontraba  la  administración  y  custodia de tales caudales públicos, por lo  que  mal  puede  endilgársele  el  rol  de  garante,  posición “que    nunca    asumió    ni   le   correspondía   jurídicamente  asumir.”   

Pretende  pues  el recurrente, se declare la  inexistencia  de  la  conducta  de  peculado  por  apropiación  que  a favor de  terceros se predica del actuar de su defendido.   

ALEGACIONES   DEL   SUJETO   PROCESAL   NO  RECURRENTE   

-MINISTERIO PÚBLICO-  

          Desconoce  el recurrente con su construcción argumentativa no sólo  la  jurisprudencia  de la Corte en lo relativo a la facultad que les asignaba la  ley  a  los congresistas de la República para administrar los bienes del Estado  -advirtió  de  entrada  el  Delegado  de  la  Procuraduría-,  sino también el  material probatorio que obra en la foliatura.   

          Frente  a  la  normatividad  expedida  para  desarrollar el entonces  vigente  Art.  76  de  la  Constitución  Política  de  1886  que autorizó los  auxilios    parlamentarios,   la   Sala   de   Casación   Penal   en   diversos  pronunciamientos    dejó   sentado   que   los   Congresistas   individualmente  considerados   tenían   entre   sus   funciones  intervenir  para  indicar  los  beneficiarios  de  las ayudas financieras de la Nación, a quienes se les debía  adjudicar   las   partidas,   “forma  concreta  de  participar  en  la ordenación del gasto y de vincularse a la administración de  bienes      del      Estado      el      gestor     del     auxilio.”   

          En  el  evento a estudio, tanto el representante legal y la tesorera  de  la  Corporación  beneficiaria  de  los  mentados recursos, Segundo Euclides  Vallejo  y  Matilde Arévalo Casallas, en su orden, señalaron que el proceso de  adjudicación  de  las  plantas  eléctricas  y la distribución de los auxilios  para  educación  fue dirigido y dispuesto por el entonces senador, SAMUEL  ALBERTO  ESCRUCERÍA  MANCI, y si  bien  el  primero era el Director de la citada entidad, obraba bajo las órdenes  del  procesado,  situación  que  materialmente  coloca  a éste “en  una relación directa con el objeto de tutela, esto es, con los  dineros  públicos  girados  a nombre de la mencionada Corporación, además, de  la  especial  relación  de sujeción que la ley le asignaba en su condición de  Senador  de la República.” Manifestaciones que no se  produjeron  de manera insular, como quiera que encuentran plena confirmación en  el  dicho  de  Jorge  Eliécer  García Parada, quien como Gerente de la empresa  DIESEL  LTDA.  para  la  época  de la adquisición de las plantas en cuestión,  aseguró  que  las  mismas  fueron  negociadas  y  canceladas  directamente  por  ESCRUCERÍA             MANCI.   

          Todo  lo  anterior,  advierte  el  agente  del  Ministerio Público,  prueban   un  hecho  indicador:  “quien  tenía  el  control  material  de  los recursos públicos asignados era el procesado y no el  representante   legal  de  la  Corporación  beneficiada,  como  lo  expresa  el  recurrente.”  De  la misma manera y en relación con  esos  mismos elementos, también se tiene prueba del interés que le asistía al  Ex-Senador  para  justificar  su  entrega, al consignarse hechos contrarios a la  realidad  respecto  de  la  entrega de una de aquellas plantas, concretamente la  destinada  a  la  población de Cocal de los Jiménez, en cuya consecución nada  tuvo  que ver el justiciable; sin embargo, en el documento pertinente se plasmó  lo contrario.   

          El  nexo jurídico que el defensor extraña, se encuentra satisfecho  con  lo  precedentemente  dicho, sostiene el Delegado, lo cual halla respaldo en  las  disposiciones normativas que reglamentaron el Art. 76 de la Carta Política  de   1886   y   por   los   elementos   de   juicio   atrás  reseñados,  entre  otros.   

          Tampoco  desconoció  la  Corte  el principio de confianza reclamado  por  el  recurrente,  puesto que la noción del rol funcional del Ex-Congresista  respecto  de  los  auxilios parlamentarios que por su conducto se asignaron a la  Corporación   “Vigía   de   Colombia”,  se  encuentra regulada en las leyes 25 de 1997, 30 de 1978, 14  de  1987,  55  de  1988,  61  de 1989 y 46 de 1990, las cuales, como ya se dijo,  desarrollaron    las    preceptivas    contenidas   en   el   citado   Art.   76  Superior.   

          En  suma,  contrariamente  a  lo  argumentado  por  el  defensor, el  comportamiento  del procesado no fue adecuado y menos conforme a derecho. Lo que  las   pruebas   muestran   a  esta  altura  procesal,  es  que  su  conducta  es  “antijurídica y lesiva del patrimonio público, la  que  llevó  a  cabo  de  manera  autónoma,  pues  él  tenía el control de la  distribución    de   los   recursos   públicos   asignados   (…)”,  así  apareciera  como  representante legal de la entidad a la  cual  se  le  adjudicó  otra  persona  que,  inclusive, ya fue juzgado por esos  mismos hechos.   

Hasta  este momento, los elementos de juicio  acopiados  son  indicativos de la existencia de la conducta punible endilgada al  procesado,  en  sus  elementos  objetivo  y subjetivo, situación que amerita la  “confirmación”  de  la  providencia       recurrida,       concluye       el       Delegado.                      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Totalmente  de  acuerdo con la posición  adoptada  por el Ministerio Público en razón del presente asunto, se encuentra  esta  Corporación,  como  quiera que, a diferencia del criterio del impugnante,  la  Sala  estima  que  en  la  conducta  del  procesado  concurren los elementos  objetivo  y  subjetivo  del  tipo  penal  de  peculado  por  apropiación.    

El  delito  de  Peculado,  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, descontado el análisis de la clase de bienes sobre  los  cuales  recae  la  acción,  consiste  en  una apropiación que en provecho  propio  o  de un tercero realiza el empleado oficial al que se le ha encomendado  su  administración  o  custodia.  La  apropiación  consiste en el ejercicio de  actos  de dominio sobre los bienes, en tanto ellos resulten siendo incompatibles  con  los  ámbitos de comportamiento admisibles según el título que justifique  su  posesión  o  tenencia.  Por eso la Corte señaló en alguna oportunidad con  palabras   que  exactamente  se  adecuan  en  el  evento  bajo  examen,  que  la  apropiación  “se cumple, en muchos casos, mediante  una  actividad  sicológica  que opera sobre la situación jurídica concreta de  la  tenencia”  -Auto  de  octubre  2  de 1975-, para  reiterar  que  el  tipo  penal  definidor  del  peculado  no  circunstancia  una  determinada  manera de llevarse a cabo, sino que se constata con la adquisición  de  evidencia  de  que  se  dispuso  de los bienes y se desposeyó de ellos a la  Administración,  sin  fundamento  legítimo alguno.1   

Como el fundamento de la impugnación estriba  en  que,  según la defensa, el procesado no guardaba una relación funcional de  disponibilidad  en  relación con los bienes objeto de la apropiación ilícita,  en  la  medida en que el recurrente pretende desconocer lo que la Sala ya había  expuesto  en  la  providencia  recurrida  acerca  del  origen de los denominados  auxilios  parlamentarios,  el  rol  funcional  del  congresista  respecto de los  mismos   en  su  calidad  de  gestor  -qué  se  entiende  por  la  función  de  administrar   en   estos  eventos-,  su  sistema de distribución como rubro del gasto público y el poder  dispositivo  que  tenían  los  parlamentarios  sobre  dichos bienes -Fls. 230 a  232-,  menester se torna insistir en esos argumentos y a los cuales ahora remite  la  Corte,  razonamientos  que bien caben complementarse con estos otros que han  servido  para decantar el tema, en reiteración de lo que desde antaño se viene  predicando. En proveído del 12 de noviembre de 1997, se dijo:   

“…a)  la  disponibilidad  jurídica  hace  relación  a  que  para la  comisión   del  peculado  no  es  necesario  que  el  servidor  público  tenga  directamente  la tenencia material del bien, sino que basta que en razón de sus  funciones   tenga  la  facultad  de  disponer  jurídicamente  del  mismo,  pues  empleando  ese  poder  puede  llegar  a  la  apropiación  en provecho suyo o de  intercero;  y,  b)  cuando  el  funcionario  tiene  o  interviene en la custodia  material  del  bien,  y  a  ella  ha  llegado  por  razón de sus funciones, esa  relación  lo  ubica  en  situación  de ejercer un poder jurídico superior, de  modo  que  si  lo  emplea  para  apropiarse  del  bien  incurre  en el delito de  peculado,  sin  que  sea necesario que además posea la disponibilidad jurídica  (…)”    

Ya  en providencia del 4 de octubre de 1994,  la Sala había razonado de la siguiente manera:   

“La  expresión  utilizada  por  la  ley en definición de peculado  y que dice ‘en      relación      de     sus  funciones’,    hace  referencia   a  las  facultades  de  administrar,  guardar,  etc., no puede  entenderse  en  el  sentido  de la adscripción de una competencia estrictamente  legal  y  determinada  por  una  regular  y  formal investidura que implique una  íntima  relación  entre  la  función  y la facultad de tener el bien del  cual  se  dispone  o se hace mal uso; no significa, pues, que tales atribuciones  deban  estar  antecedentemente  determinadas por una rigurosa y fija competencia  legal,  sino  que  es  suficiente  que  la disponibilidad sobre la cosa surja en  dependencia  del  ejercicio  de  un  deber  de  la  función.  La  fuente  de la  atribución,  en  otros  términos, no surge exclusivamente de la ley puesto que  ella  puede  tener  su  origen  en un ordenamiento jurídico diverso que fija la  competencia   en   estricto   sentido.  Lo  esencial  en  este  aspecto,  es  la  consideración   de  que  en  el  caso  concreto, la relación de hecho del  funcionario  con  la  cosa,  que lo ubica en situación de ejercitar un poder de  disposición  sobre  la misma y por fuera de la inmediata vigilancia del titular  de  un  poder  jurídico  superior,   se  haya  logrado en ejercicio de una  función  pública,  así en el caso concreto no corresponda a dicho funcionario  la  competencia legal para su administración. Igual se presentará el delito de  peculado  en  la  hipótesis  de  que  la  administración  del  bien derive del  ejercicio   de   una   función   nominalmente   de  otro  empleado.”2   

Si,  como  lo  advierte  el  Sr.  Procurador  Delegado,  a pesar de los argumentos doctrinarios de los que se vale el defensor  para  tratar  de  desdibujar  el  compromiso  que hasta ahora se evidencia en el  comportamiento  de  su  representado,  lo  que  el  expediente muestra es que el  Ex-Senador  ESCRUCERÍA MANCI  dirigió  y  dispuso el proceso de adjudicación y distribución de los mentados  recursos,  ha de concluirse que los elementos estructurales del tipo de peculado  por  apropiación  en  sus  aspectos  objetivo  y  subjetivo  deben  tenerse por  satisfechos,  en  cuanto,  considera  la  Sala,  los fundamentos plasmados en la  providencia  recurrida -Pgs. 37 a 44- en manera alguna resultan contradichos por  el  escrito  de  sustentación  de  la  impugnación. A ellos remite la Sala, en  cuanto  conservan  su  entera  vigencia,  no  habiendo  lugar, en aras de evitar  innecesarias  repeticiones, a que aquí nuevamente se traigan a colación.    

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

  RESUELVE   

         NO  REPONER la providencia del 26 de abril  del  año en curso, por cuyo medio la Sala calificó el mérito sumarial en este  asunto  con  resolución  acusatoria  en  contra  del  Ex  Senador  SAMUEL  ALBERTOESCRUCERÍA MANCI, conforme  a las motivaciones plasmadas en el cuerpo de este pronunciamiento.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Permiso  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                       JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

         Secretaria     

1 Corte  Suprema  de  Justicia, Auto de segunda instancia de 3 de noviembre de 1999, Rdo.  13.588.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sentencia  de  casación  de  3  de agosto de 2005, Rdo.  19.643     

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