11686(14-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 11686  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 17  

         Bogotá,   D.   C.,   catorce  (14)  de  febrero  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del 15 de junio de  1995,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Cúcuta declaró al señor  Rigoberto   Romero  Peña  penalmente  responsable,  como  autor  del  concurso  de  delitos  de homicidio,  tentativa  de  homicidio  y porte de arma de fuego de uso personal, le impuso la  pena  principal  de  30  años  de  prisión,  la  accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por diez, la obligación de pagar los perjuicios  causados y le negó la condena de ejecución condicional.   

         Recurrida  esta  decisión por sindicado y defensor, fue confirmada  por   el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad  el  16  de  noviembre  del  mismo  año.   

         El  sindicado  y  su  apoderado interpusieron recurso de casación.  Ahora la Sala resuelve el mismo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         1°)  Aproximadamente a las once de la mañana del 17 de febrero de  1994,  JUAN  DE  JESÚS TORRES GONZÁLEZ caminaba por la calle 28 con carrera 26  de  Cúcuta, cuando Rigoberto Romero Peña  se  le  acercó,  sacó  un  revólver  y en el momento en que le  apuntaba,  aquél  logró  esconderse  en  su casa,  sin que ninguno de los  seis  disparos  que le dirigió lo alcanzara. A los pocos minutos miembros de la  Policía   capturaron   a   Romero  Peña  y  en  su  poder  le  encontraron  una  chapuza, una canana y dos  proyectiles.   

         La  investigación  que por tales hechos se inició, culminó el 23  de  mayo  de  1994  con  la resolución de acusación que se profirió contra el  sindicado  como autor del delito de tentativa de homicidio en concurso con el de  porte de arma de fuego de uso personal.   

         2°)  De  otra  parte,  el seis de febrero del mismo año, a eso de  las  cuatro  de  la  tarde,  un  hombre  que  resultó ser el mismo Rigoberto  Romero  Peña  realizó  tres  disparos  en contra de MARIO NELSON TORRES GONZÁLEZ, hermano de JUAN DE JESÚS,  y le causó la muerte.   

         Adelantada  la  correspondiente investigación, el 29 de septiembre  de   1994   se   acusó  a  Romero  Peña como autor del delito de homicidio.   

         3°)  El  25 de octubre de 1994 se dispuso acumular las dos causas.   

         4°)  El  15 de junio de 1995, el Juzgado Quinto Penal del Circuito  de  Cúcuta  profirió  la  sentencia  ya reseñada, que ordenó el pago de suma  equivalente  a  2.200  gramos  oro “a favor de la familia de las víctimas”.  Recurrido  el  fallo, fue confirmado por el Tribunal Superior el 16 de noviembre  de 1995.   

         5°)  El  señor Romero Peña y su defensor interpusieron recurso de casación.   

LA DEMANDA  

         El  apoderado  formula un cargo al amparo de la causal tercera, por  cuanto  la  sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad, toda vez que la  orden  de  indemnizar  los  perjuicios  causados  “apareció  de  pronto y con  sobresalto  en la sentencia; no hubo el debido proceso para que se resolviera de  tan  extrema  manera  y  tan  unilateralmente  por  parte  del  juzgador”, que  condenó  al  pago  de  2.200  gramos oro, máxime que el juez ordenó practicar  avalúo  para  cuantificarlos,  que no se llevó a cabo. Con ello se lesionó el  derecho  de  defensa  pues  no  fue  posible la controversia al respecto, lo que  obliga  a  invalidar  desde  el  momento  en  que  se dispuso esa prueba y no se  practicó.   

         Además,  agrega,  en  el  proceso  no  existe  ningún elemento de  juicio   sobre  ese  aspecto  y  el  proceder  del  juzgador  es  irregular  por  interpretar  de manera errada los artículos 106 y 107 del Código Penal de 1980  y  hacer  tabla  rasa  de  lo  ordenado  por el 55 del de Procedimiento Penal de  1991.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

         La  Procuraduría  Tercera Delegada solicita no casar la sentencia,  previa  aclaración de que si bien se reprocha lo relativo a los perjuicios, hay  interés  pues  se alegan faltas al debido proceso. Considera que la ley concede  una  facultad  discrecional  al  juzgador para fijar los perjuicios, sin que sea  exigencia  previa  y  necesaria la designación de perito, al que sólo se acude  cuando  el  asunto sea complejo. Por eso resulta legítimo que, ante la ausencia  de  prueba,  el  fallador  utilizara  la potestad que le confiere el legislador,  además  de  que  la  defensa  nunca  postuló la necesidad de allegar medios de  convicción sobre ese aspecto.   

         No   obstante,  el  Ministerio  Público  pretende  que  de  manera  oficiosa  se  case  la  sentencia  anulándola parcialmente en relación con los  perjuicios,   en   razón   de   que  se  desconocen  las  bases  reales  de  la  indemnización  dispuesta  y  el  monto  señalado  para  cada  concepto (daños  materiales  y  morales)  y  víctima,  porque  sólo  se  fijó una suma global.  Expresiones  así  de  generalizadas,  en  consecuencia, constituyen ausencia de  motivación y limitan el derecho a la defensa.   

CONSIDERACIONES  

Presupuesto  del  análisis  de fondo de la  sentencia  es  la  determinación de si el defensor posee interés para acudir a  la casación.   

Dígase:  

a)  El  defensor se halla legitimado dentro  del  proceso  pues  así lo prevé el artículo 222 del Código de Procedimiento  Penal  vigente  para  la  época  en  que  fue  proferida la sentencia impugnada  -Decreto  2700 de 1991, con la modificación hecha por el artículo 36 de la Ley  81 de 1993-.   

         b)   Para  que  exista  legitimación  en  la  causa  o  interés  jurídico  para  recurrir se  requiere  que el sujeto procesal esté autorizado por la ley para impugnar y que  con  el  fallo  motivo  de demanda se le haya ocasionado un daño, un perjuicio.  Si,  por  el  contrario, la sentencia o la parte de ella que es censurada, no le  causa  ningún  agravio,  no  puede  preocuparle  su contenido al extremo de que  pretenda su anulación.   

         c)   Como  el  cargo  propuesto  por  la  defensa  en  este  asunto se  relaciona  única  y  exclusivamente  con  los  daños y perjuicios causados, es  obvio  que  han  debido  ser  seguidos  los  lineamientos  del artículo 221 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 1991, que dice que “Cuando el recurso de  casación  tenga  por  objeto  únicamente  lo  referente a la indemnización de  perjuicios   decretados   en   la  sentencia  condenatoria  deberá  tener  como  fundamento  las  causales y la cuantía para recurrir establecidas en las normas  que  regulan  la casación civil, sin consideración a la pena señalada para el  delito o delitos”.   

d)   El  artículo  366  del  Código  de  Procedimiento  Civil vigente para cuando se profirió el fallo y se interpuso la  casación,  que  es  aplicable  por  remisión,  supedita  la  procedencia de la  casación  a que “el valor actual de la resolución desfavorable al recurrente  sea  o  exceda  de  diez  millones  de  pesos”,  los que, incrementados en los  términos  del  artículo  3° del decreto 522 de 1988 (un 40% cada dos años, a  partir  del  1°.  de  enero  de  1990),  arrojan  un  total  de $27’440.000,   precisión  que  se  hace  teniendo  en  cuenta  que el monto sólo puede establecerse con base en la fecha  del  fallo  de  segunda  instancia,  que es donde se concreta el perjuicio, y se  establece  por  la  diferencia que resulte entre lo pedido y lo concedido por el  Tribunal.   

e)  El  juez  de  primera  instancia,  en  decisión  que  fue  confirmada  por  el  Tribunal,  reconoció  como  daños  y  perjuicios  una suma equivalente a 2.200 gramos oro, de donde surge que el actor  no  tiene  interés  para  recurrir  en casación por este aspecto, pues para la  época  de la decisión censurada, noviembre de 1995, lo reconocido, a razón de  $12.430,67  cada gramo, ascendía a $27’347.474,  cifra que es inferior a la fijada por la ley. La ausencia  de interés, así, es palpable.   

         f)  La  Sala  no  comparte el planteamiento del Ministerio Público  porque  el  mandato  del  artículo  221  del  estatuto procesal penal no admite  variante  alguna,  es  imperativo:  si la pretensión en sede de casación sólo  versa  sobre  lo  relacionado con la indemnización, como ocurre en este evento,  el  reproche debe ser propuesto conforme con los lineamientos del proceso civil,  independientemente  de  la  causal  que  se esboce para desconocer el mandato de  pagar   los   daños   causados   y   del   sujeto   procesal   que  postule  la  queja.   

De la prescripción de la acción  

         En  la  resolución de acusación del 23 de mayo de 1994 se imputó  al  sindicado  el  cargo  como autor del delito de porte de arma de fuego de uso  personal, decisión que cobró ejecutoria el 31 de ese mes.   

         De  conformidad  con  el  artículo 1°. del Decreto 3.664 de 1986,  adoptado  como  permanente  por  el  1°. del Decreto 2.266 de 1991, la sanción  máxima  prevista para esa conducta es de cuatro años de prisión, evento en el  cual,  a  voces  del  artículo  80  del Código Penal de 1980, la acción penal  prescribe  en cinco años, y al tenor del artículo 84 del mismo estatuto, desde  la  ejecutoria  de la resolución de acusación comienza a correr un lapso igual  a  la  mitad  del  anterior  sin  que,  en  todo  caso,  sea  inferior  a  cinco  años.   

         Como  el  pliego  de  cargos quedó en firme el 31 de mayo de 1994,  surge  que  la  acción  penal  prescribió  el  31  de  mayo de 1999 por cuanto  transcurrió   un   periodo   superior  a  cinco  años  sin  que  la  sentencia  condenatoria,  en  virtud  del  recurso  de  casación, hiciera tránsito a cosa  juzgada.   

         Por  ello,  de  conformidad  con  el  artículo  36  del Código de  procesal  de  1991,  se  declarará  la  cesación  del procedimiento seguido en  contra   de   Rigoberto   Romero   Peña,  exclusivamente  en lo que se relaciona con el delito de porte de  armas,  decisión  que  comporta redosificar la sanción impuesta para descontar  lo que se dedujo en razón de este punible.   

         Respetando  los  criterios  de  dosificación  de  la  sentencia de  primera  instancia,  se  tiene  que  el  a quo partió de 25 años en razón del  homicidio  consumado  e  incrementó cinco más “por el homicidio tentado y el  porte  ilegal  de  armas”,  de  donde  razonablemente  surge que en virtud del  último  aumentó  un  (1)  año,  dada  la mayor entidad del bien jurídico que  protege   el   primero   y  la  sanción  prevista  por  el  legislador  que  es  proporcionalmente   más  elevada.  Así,  la  pena  quedará  en  29  años  de  prisión.   

         Como  esta  redosificación  obedece exclusivamente al fenómeno de  la  prescripción  y  no  a  que  se case la sentencia, la decisión de la Corte  adquiere  firmeza  una vez sea suscrita, y ante la desestimación que se hace de  las  pretensiones de la demanda de casación, no hay lugar a efectuar el estudio  de  favorabilidad  respecto  de  la  entrada en vigencia del nuevo Código Penal  (ley  599  de  2000),  tarea  que  corresponde  al juez de ejecución de penas y  medidas de seguridad.   

         

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

        1.   Declarar   la  prescripción  de  la  acción  seguida  contra  Rigoberto  Romero Peña por  el  delito  de  porte  de arma de uso personal y, por tanto, cesar procedimiento  por el mismo.   

        2.  Por lo anterior, redosificar la pena impuesta en las instancias  y fijarla en veintinueve (29) años de prisión.   

        3.  Desestimar  la  demanda  presentada  y,  por  ende, no casar la  sentencia impugnada.   

        Notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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