11561(17-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 11561  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente   

          DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

          Aprobado Acta No. 079 (julio 10/2003)   

Bogotá  D.  C., diecisiete (17) de julio de  dos mil tres (2003).   

  VISTOS  

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor de Rafael de Jesús González Arrieta, contra la sentencia del  21  de  septiembre  de  1.994,  mediante  la cual el Tribunal Nacional confirmó  parcialmente   la  condena  que  un  Juzgado  Regional  de   la  ciudad  de  Barranquilla   le  impuso  el 24 de junio del mismo año, que lo condenó a  21  años  y 6 meses de prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones   públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena  principal,  como  responsable  del  delito de secuestro extorsivo, modificándola en el sentido de  que  la  pena  privativa  de  la  libertad  que  se  impone  es  de  22 años, 2  meses   y  20  días, y la pena accesoria referida es por el término de 10  años.    

HECHOS  

          El  18  de  marzo de 1.991,  José Joaquín García Rodríguez  partió  de Sincelejo (Sucre) con destino a una finca de su propiedad ubicada en  la  jurisdicción del Municipio de Tolú, en un campero que él mismo conducía.  Cuando  se  desplazaba  a la altura del sitio conocido como Arroyo de Angarilla,  varios  hombres  que  portaban armas de fuego de corto y  largo alcance, le  salieron  al  paso  y  lo  secuestraron.  Horas más tarde en la casa de García  Rodríguez  se  empezaron  a recibir llamadas telefónicas intimidantes y en las  cuales  se  exigían 150 millones de pesos por su liberación. Agentes del D. A.  S.  Seccional  Sucre realizaron las correspondientes interceptaciones, en virtud  de  las cuales lograron la captura, el 19 de abril del citado año, de Rafael de  Jesús  González  Arrieta, justamente quien hacía las referidas llamadas. Como  el  capturado  admitió  los hechos y suministró el paradero donde mantenían a  la  persona secuestrada, al día siguiente las autoridades obtuvieron su rescate  y  la  captura  de  los  demás intervinientes, en el Cerro del Pozo del Salado,  comprensión  del Municipio del Carmen de Bolívar.   

            ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Con base en la actuación adelantada por  el  DAS  –Seccional Sucre-  un  Juzgado de Orden Público de Barranquilla ordenó  la  apertura  de  investigación  el  26  de  abril  de 1991 y vinculó mediante  diligencia  de  indagatoria  a  Luis  Alberto  Álvarez Laguna, Rafael de Jesús  González  Arrieta,  Mariano  Antonio  Contreras  Polo,  Roger  Vicente  Mariota  Cabarcas   y   Luis   Alfonso   Arrieta  Zabala.  Al  definirles  la  situación  jurídica,   afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva a  Álvarez  Laguna,  González Arrieta, Contreras Polo y Mariota Cabarcas, por los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  tráfico  de  armas  y  municiones  de uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares,  y  se  abstuvo  de  imponerle medida de  aseguramiento  a  Arrieta  Zabala,  mediante providencias del 15 y 28 de mayo de  1991.   

         2.  cerrada  la  investigación,  un  Juzgado  de Orden Público de  Barranquilla  calificó  el  mérito  del  sumario el 6 de marzo de 1992. Acusó  a   Álvarez  Laguna,  González Arrieta, Contreras Polo y Mariota Cabarcas  como  responsables  de  los delitos de secuestro extorsivo y tráfico de armas y  municiones  de  uso privativo de las fuerzas armadas, reabrió la investigación  en relación con Luis Alfonso Arrieta Zabala (C.1, fol.257).   

         3.  El  20  de octubre de 1992, un Juzgado Regional de Barranquilla  condenó  a  los  procesados  a  18  años  de  prisión  por  los delitos antes  referidos.  Los  defensores  apelaron  esta  decisión,  y el Tribunal Nacional,  según  constancias  que  guarda  el proceso (C.2, fols.100 y 101), por medio de  providencia  de  18 de febrero de 1.993, decretó la nulidad en relación con el  juzgamiento  por  el delito de secuestro, y confirmó lo referente a la conducta  punible  de  tráfico  de  municiones  y  armas  de uso privativo de las Fuerzas  Armadas.   

         4.  Clausurada nuevamente la instrucción, la Fiscalía Regional de  Barranquilla   le  impartió  calificación,   profiriendo  resolución  de  acusación  por  el  delito  de secuestro extorsivo de que tratan los artículos  268  y  270  del Código Penal ( Decreto 100 de 1980) y el Decreto 2790 de 1990,  artículo  6º,  mediante  proveído  del  17  de  agosto  de  1993  (C.2,  fol.  146).   

         Apelada  dicha  providencia, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Nacional  le impartió confirmación el 8 de noviembre de 1.993 (C. 3, fol. 12).   

         5.  Como  Luis Alberto Álvarez Laguna y Rafael de Jesús González  Arrieta  se  acogieron  a la figura de la sentencia anticipada, Un Juez Regional  de  Barranquilla  condenó  al  primero  a  16 años y 6 meses de prisión y, al  segundo,  a   21  años  y  6 meses de prisión, como autores del delito de  secuestro  extorsivo,  según sentencias fechadas el 15 de abril (C.2, fol. 261)  y  24 de junio de 1994 (C.2, fol. 381).   

         Apelados  estos fallos por el defensor de los acusados, el Tribunal  Nacional  los  confirmó,  en  cuanto condenaron a los procesados Álvarez   Laguna  y González Arrieta por el delito de secuestro extorsivo,  pero los  modificó  en  el sentido  de que la pena privativa de la libertad será de  22  años,  2 meses y 20 días de prisión  y la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el término de 10 años. Señaló el  Tribunal  que  si  bien respecto a Rafael de Jesús González Arrieta acertó el  a  quo  en  cuanto  a  la  adecuación  típica  y  la escogencia de la norma punitiva, se equivocó en las  operaciones  matemáticas,  llegando  a  una  pena  de  prisión de 21 años y 6  meses,  cuando  la  que  corresponde  es  de  22  años,  2 meses y 20 días (C.  Tribunal, fol. 33).   

          6.  El  defensor  del  procesado  Rafael de Jesús González Arrieta  interpuso     el     recurso     extraordinario    de    casación,    presentó  oportuna­mente    la  de­manda,      fue  ad­mitida  y  se  recibió  concepto del Procurador 2º. Delegado en lo Penal.   

          LA   DEMANDA   

         

         Cargo Único. (violación directa)   

         Con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación  consagrada en el  artículo  220  del Código Penal anterior, el demandante postuló un solo cargo  contra  el  fallo  del  Tribunal,  en  el  que  denuncia  que  la  sentencia  es  directamente   violatoria  de  normas  de  derecho  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo 6º del decreto ley 2790 de 1990 y falta de aplicación  de los artículos 268 y 270 del decreto 100 de 1980.   

          Sostiene  el  censor  que  el  tribunal  violó  directamente la ley  sustancial,  por  aplicación indebida del artículo 6º del decreto ley 2790 de  1990,  toda  vez  que esta norma corresponde a un régimen de excepción, cuando  el  secuestro  se  realiza  con  fines terroristas o contra determinados sujetos  pasivos  calificados,  indicados  en  el  decreto  especial  que afectan la  estabilidad  social y el orden público, lo que conllevó asimismo a la falta de  aplicación  de  los  artículos 268 y 270 del Decreto 100 de 1980 que definen y  sancionan el delito de secuestro en la legislación ordinaria.   

         Afirma  que  para  la época en que dicho delito se consumó (18 de  marzo  de 1.991) estaban vigentes tanto el artículo 268 del Código Penal, como  el  artículo  22   del  decreto  180  de  1.988,  y   que  este   “aparente  conflicto  de  normas”   debe  resolverse teniendo en cuenta los  fines últimos perseguidos por los sujetos activos del delito.   

         Agrega  que de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte Suprema de  Justicia,  si  el  secuestro  tiene  motivaciones políticas y se realiza con el  ánimo  de  causar  perturbación  pública  o  zozobra  social, o se ejecuta en  algunas  de  las  personas enumeradas en el artículo 1º.  del decreto 474  de  1988,  debe imponerse la pena prevista en el artículo 22 del Decreto 180 de  1988,  es  decir  de  15  a 20 años de prisión. Si el secuestro no tiene tales  finalidades  políticas  y sólo persigue exigir por la libertad del secuestrado  un  provecho  o  cualquier  otra  utilidad,  la  pena aplicable sería de 6 a 15  años.    

         Estima  que  como  el  delito  de  secuestro  que  se atribuye a su  representado  no  tiene   ninguna finalidad de orden terrorista la sanción  que  se  debería haber aplicado es la prevista en el artículo 268 del estatuto  punitivo  y  sus  agravantes, pero de ningún modo lo regulado en el decreto 180  de  1988, artículo 22, ni en el artículo 6º. del Decreto 2790 de 1990 y mucho  menos  el  Decreto  2266  de  1991  que lo adoptó como legislación permanente.   

         Reitera  que  en  este  caso  la víctima era sólo un ganadero que  poseía  apreciable  fortuna,  siendo ésta la única razón  que motivó a  quienes limitaron su libertad de locomoción.   

         Pide  entonces  que  se  case  el  fallo  por  haberse incurrido en  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del artículo  268 del Código penal.    

                                                   CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA   

         El  señor  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal critica en  primer  término  la  “falta de interés para recurrir que le asiste al censor”,  pues  el  procesado se acogió a la sentencia anticipada y aceptó los cargos de  manera  “integral”;  por  lo  tanto,  según  el artículo 37 B numeral 4º. del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sólo  puede discutir la dosificación de la  pena,  la  negativa  del  subrogado  de la condena de ejecución condicional, la  condena  al pago de la indemnización de daños y perjuicios, y la extinción de  dominio  de  los  bienes del procesado cuando se disponga dicha medida , máxime  cuando no se han vulnerado las garantías fundamentales.   

         Con  apoyo  en  jurisprudencia  de  la  Corporación, indica que el  casacionista  desbordó  los límites de la impugnación, por cuanto su discurso  recae  sobre  la  adecuación  típica, cuestión que trae consigo implícito el  grado  de  responsabilidad del procesado, lo cual no puede ser objeto de debate,  ni  durante  la  apelación  ni  la  casación,  pues  ello  equivaldría  a una  retractación de la aceptación de la responsabilidad.   

         Estima  que  a  más  del  yerro anotado, el reproche del libelista  carece  de  todo  fundamento, como que predica que a su defendido se le condenó  por  el delito de secuestro con fines terroristas, consagrado en el artículo 22  del  Decreto  180  de 1.988, y en el expediente encontramos que el señor Rafael  de  Jesús González aceptó el cargo de secuestro extorsivo que se le hacía en  la  resolución  del  17  de agosto de 1.993,  descrito en el artículo 268  del   Código   Penal,   sancionado   de   acuerdo  al  artículo  6�  del  Decreto  2790 de 1.990, es decir  que  la pena a imponer debía oscilar entre 20 a 25 años de prisión y multa de  1.000   a   2.000   salarios   mínimos   mensuales;  agravado  por  el  numeral  3�  del  artículo 270 del  Estatuto Penal.    

         Finalmente  transcribe las razones expuestas por el sentenciador en  punto  a  la normatividad vigente para la época en que ocurrieron los hechos, y  concluye  que  no es cierto que al señor González Arrieta se le haya condenado  por  el punible de secuestro con fines terroristas, como lo afirma el censor; se  le  condenó por secuestro extorsivo tipificado en el artículo 268 del C. P., y  en  cuanto hace relación a la punición, se aplicó la norma vigente para aquel  entonces,  es decir, el artículo 6 del decreto 2790 de 1990, como acertadamente  lo indicó el Tribunal.    

         Pide entonces no casar el fallo impugnado.   

                                            CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          1.  Le  asiste  razón  al  Procurador  2º. Delegado en lo Penal al  solicitar  a la Corte se abstenga de casar el fallo impugnado, en razón a   la  falta  de  interés  del actor y  a la carencia de fundamento del cargo  formulado.   

          2.  En  relación  con  la  impugnación  extraordinaria interpuesta  contra  las  sentencias  anticipadas realizadas durante la vigencia del derogado  estatuto  procesal  penal,  tiene dicho la Sala que en virtud de lo dispuesto en  el  artículo  37  B  de  la referida normatividad,  la cual restringía el  interés  del  procesado  y  de  su  defensor  para  interponer  el  recurso  de  apelación  a  cuestionar  exclusivamente  la  individualización judicial de la  pena,  el  subrogado de la condena de ejecución condicional y la extinción del  dominio  sobre  bienes,  que tal limitación se hacía extensiva al recurso  de  casación,  sin  que entonces resultara viable plantear temas diversos a los  expresamente indicados en el citado artículo 37 B.   

Lo expuesto se encuentra ahora consagrado en  el  inciso  10º  del  artículo  40  de la Ley 600 de 2000, precepto al que fue  adicionada  la posibilidad de censurar las decisiones referidas a los mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la libertad.   

3. En el asunto que convoca la atención de  la  Sala  se advierte que por tratarse de una sentencia anticipada, proferida de  conformidad  con  las  reglas  del  artículo  37  de  la codificación procesal  derogada,  el  actor  pretende  sin éxito, con el pretexto de invocar la causal  primera  de  casación  por  presunta  violación  directa de la ley sustancial,  legitimarse  para impugnar tópicos ajenos a su interés, como es la adecuación  típica de la conducta imputada a su representado.   

        4.  En  efecto, apartándose de la verdad procesal el casacionista  asegura  que  a  su  representado  se le condenó por el delito de secuestro con  fines  terroristas consagrado en el artículo 22 del decreto 180 de 1988, cuando  debía  habérsele  condenado  por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  de que  trata   el  artículo  268 del anterior Código Penal, que contemplaba pena  de prisión de 6 a 15 años.    

        Para  corroborar  este aserto basta con leer el numeral 1º, de la  parte  resolutiva  del  fallo  condenatorio  de  primera  instancia,  confirmado  íntegramente   por   el   ad   quem   en  lo  que  respecta  a  la  adecuación  típica  de la conducta  imputada, el cual expresa:   

        “    Condenar    a    Rafael  de Jesús González Arrieta …  a  la  pena  principal  (…), en calidad de coautor responsable del punible que  describe  el  artículo 268 del C. P., modificado por el decreto 2790, artículo  6,  de  1990  y  adoptado  como  legislación  permanente por el decreto 2266 de  1991”   (C.   2,   fol.   387).      

Precisamente    esta    condena   recoge  integralmente  los cargos que se le formularon al procesado González Arrieta en  la  resolución  de  acusación  del 17 de agosto de 1993, confirmada en segunda  instancia  el  8  de noviembre del mismo año (C. 2, fol. 158; C. 3, fol.12) y a  los  cuales  hace expresa mención en su solicitud de sentencia anticipada (C.2,  fol.   379).   En   la   en   parte   resolutiva   de  la   resolución  de  acusación  se indica:   

“   PRIMERO.-  Proferir  resolución  de  acusación  de  acusación en contra de Rafael de Jesús González Arrieta (…)  como  coparticipe  del  delito  de  secuestro extorsivo  …”.   

“SEGUNDO.-   El  delito por el que se  procede  se  encuentra  tipificado  en  el  artículo  268  del  Código  Penal,  sancionado  por el artículo 6º. del decreto 2790 de 1990  con una pena de  prisión  de  20  a 25 años(…) con la causal de agravación contemplada en el  ordinal  3º.del artículo 270 del estatuto de las penas, por haberse prolongado  el   cautiverio   en   lapso   superior   a  los  30  días”                

        5.  A más de lo anterior, como lo señala el Procurador Delegado,  el  censor  se  equivoca igualmente en relación con la normatividad, que según  él, debía aplicarse al caso que se estudia.     

5.1.  Como  se  indicó en el resumen que se  hizo  de  la  demanda,  el  actor  considera  que  en  tratándose del delito de  secuestro   extorsivo   por   el   que   se   condenó  a  su  representado,  la  normatividad    que   debía   aplicarse   era   el  Código  Penal  (  Decreto-ley  100  de  1980) y específicamente los artículos 268 y 270,  y  no  el  decreto 180 de 1988 , artículo 22, ni el artículo 6º del Decreto 2790  de  1990,  en razón a que no actuó con finalidad terrorista, ni la víctima de  la  infracción  tenía  alguna  de  las cualidades  exigidas por el citado  Estatuto.   

5.2. Al respecto debe decirse que tal como lo  declaró  la  Corte  en  los   pronunciamientos  que  se  mencionan  en  la  demanda   (  Casaciones  de  agosto  22  de 1990 y  19 de noviembre de  1992,  ambas  con  ponencia  del  Magistrado  Saavedra Rojas), es cierto que con  anterioridad  a  la vigencia del Decreto 2790 de 1990 coexistían las siguientes  formas  de  secuestro:  La  ordinaria  contenida en los artículos 268 y 269 del  Código  penal,  que  definía  los  delitos  de secuestro extorsivo y secuestro  simple;  y  la  del  secuestro  terrorista  consagrado  en  los artículos   22   y  23  del Decreto 180 de 1988, en el que el comportamiento del agente  está  guiado  por  el  propósito  terrorista  de  crear  zozobra e inseguridad  social,  pudiendo ser que se trate de una actividad con finalidades políticas o  de cualquier otra índole.   

5.3.  No  obstante,  la  doctrina a que hace  referencia  el  libelista  no  resulta  de interés para el caso que se estudia,  pues  el  paralelismo normativo a que allí se hace alusión fue superado con la  expedición  del  Decreto  2790  de  1990,  que entró a regir el 16 de enero de  1991, en cuyo artículo 6º, se estableció:   

“ARTÍCULO 6°. Siempre que el delito de  secuestro  se  dirija  contra persona que ocupe alguno de los cargos mencionados  en  el numeral 1° del artículo 2° del Decreto 474 de 1988 o en funcionario de  la  Rama  Jurisdiccional,  Registrador  Nacional  del  Estado Civil, Miembro del  Consejo  Electoral,  Delegado  del  Consejo Nacional Electoral o el Registrador,  Registrador  Departamental,  o Municipal del Estado Civil, Agente del Ministerio  Público,  Agente  Diplomático  o  Consultar   al servicio de la Nación o  acreditado  ante  ella,  Comandante General o miembro de las Fuerzas Armadas, de  la  Policía  Nacional o de los Cuerpos  de Seguridad, Subdirector Nacional  de  Orden Público, Director Seccional de Orden Público, Miembro de la Asamblea  nacional  Constitucional,  Miembro  principal  o suplente de  las Asambleas  Departamentales,  funcionario  elegido  por  Corporación  de elección popular,  Cardenal,   Primado,  Arzobispo,  Nuncio  y  Obispo;  o  se  ejecute  con  fines  terroristas;  u  obedezca  a  los  propósitos descritos en el artículo 1° del  Decreto   1631  de  1987  o  persiga  los  objetivos  enunciados  en el artículo 268 del Código Penal, se  sancionará  con  prisión de veinte (20) a veinticinco (25) años y multa de un  mil     a    dos    mil    salarios    mínimos    legales    mensuales…”(Se  resalta).   

       

        5.4.   La  Sala  ha reiterado que cuando el secuestro ha sido  cometido  en  vigencia  del decreto 2790 de 1990, y los hechos que lo configuran  tienen  finalidad  terrorista,  o  recaen  sobre sujeto pasivo cualificado, o se  ejecuta  con el propósito de perseguir los objetivos señalados en el artículo  268  del  Código  penal de 1980 entre los cuales se incluye el de exigir por la  libertad  un  provecho  o  cualquier  utilidad,  la  norma  aplicable  es la del  artículo  6º  del  citado  decreto  2790  de  1990,  acogido como legislación  permanente  por  el  artículo  11  del Decreto 2266 de 1991 ( ver, entre otras,  sentencias  de  casación  del  12 de noviembre de 1999 y 15 de febrero de 2001,  Rad.  Nos.  13566  y  13.874  M.  P.   Jorge  Córdoba  Poveda,  y del 3 de  diciembre   de   1999,   Rad.   No.13.555,   M.   P.    Álvaro  O.  Pérez  Pinzón).    

          5.5.   Si  se  toma en cuenta, entonces, que el Decreto 2790 de  1990  entró a regir el 16 de enero de 1991, y que el secuestro del señor José  Joaquín  Rodríguez  García  se produjo el 18 de marzo de 1991 y proyectó sus  efectos  hasta  el  20  de abril  de ese mismo año cuando fue liberado por  las  autoridades,  y,  además, que el fin perseguido por los secuestradores era  el  de  obtener  provecho  económico, tanto que para su liberación se hicieron  exigencias  de  ciento  cincuenta  millones  de pesos ($150.000.000.00), no cabe  más  que  concluir que la preceptiva aplicable era el artículo 6º del Decreto  2790  de 1990 y no los artículos 268 y 270 del Decreto 100 de 1980 antes de ser  modificados,  sino estos preceptos, pero con la modificación introducida por el  señalado  artículo  sexto  y  en  el  que  de  manera  clara  se  estableció:   

          “Siempre  que  el  delito  de  secuestro…persiga  los  objetivos  enunciados  en  el  artículo 268 del Código Penal, se sancionará con prisión  de  20  a  25  años  y  multa  de  un  mil  a dos mil salarios mínimos legales  mensuales”.   

          Significa  lo  anterior  que  acertó  el  fallador  al  aplicar  la  sanción  prevista  en  artículo  6º del decreto 2790 de 1990, en concordancia  con  las agravantes establecidas en los artículos 23 del decreto 180 de 1988, y  270 y 271 del C. P. anterior.      

   

6.  En  conclusión, resulta evidente que el  actor  intentó de manera errada y sin vocación de prosperidad, con el pretexto  de  postular  una  violación  directa  de  la  ley sustancial, legitimarse para  impugnar  el fallo por motivos ajenos a su interés,  en cuanto se trata de  una  sentencia anticipada, con el fin de plantear una velada retractación de lo  aceptado  libremente por el procesado, con el innegable propósito de reabrir el  debate  sobre  temas  suficientemente  dilucidados,  circunstancia que impone la  desestimación del cargo.   

          La  censura,  entonces,  se  desestima  por  falta  de  interés del  recurrente.   

   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal, administrando Justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR  la  sentencia    impugnada    por    las   razones   contenidas   en   la   anterior  motivación.   

Contra  la  presente  sentencia no procede  recurso alguno.   

        Cópiese,  notifíquese y devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

         

        Cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Comisión de servicio  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                                      CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                                 No hay firma   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                                    EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                    

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                                MARINA  PULIDO  DE  BARON            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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