10528(29-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     N°  10528   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado ponente:   

          Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL.   

          Aprobado acta No.166   

Bogotá, D.C., veintinueve de octubre del dos  mil uno.      

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto contra la sentencia mediante la cual el Tribunal Superior  de  Santafé  de  Bogotá  condenó  a  Neil  José  Quiroga Benavides a la pena  principal  privativa de la libertad de veinticinco (25) años de prisión y a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el término de  diez  (10)  años,  como  autor  del  delito de homicidio en Luis Alcides Moreno  Orjuela.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

Los primeros, los resumió el Tribunal de la  siguiente manera:   

“El 2 de octubre de 1.993, a las diez de la  noche,  LUIS  ALCIDES  MORENO  ORJUELA  de  19  años de edad se hallaba jugando  fútbol  en la carrera 19B con calle 62 sur junto con varios amigos y a raíz de  un  incidente  entre  los  jugadores,  se  plantea  la  intervención  del aquí  procesado,  NEIL  JOSE  QUIROGA BENAVIDES, quien pasaba por el lugar y le dijo a  quienes  jugaban  que  se  fueran  y  como  no  le hicieran caso, desenfundó un  revólver  y  empezó  a  disparar  al  aire,  pero como LUIS ALCIDES se hallaba  tomado,  se  le  acercó  y  recibió  dos  impactos, uno en el arco superciliar  derecho  y  el  otro  en  la región escapular derecha causándole la muerte”.   

Con fundamento en la inspección al cadáver  y  demás  diligencias preliminares, la Fiscalía 111 Delegada ante los Juzgados  Penales  del  Circuto  de  Santafé  de  Bogotá inició la investigación (fls.  21/1)  y  vinculó  mediante indagatoria a Neil José Quiroga Benavides, a quien  afectó  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva sin beneficio de  excarcelación (fls. 31 ibídem).   

Allegados  diversos  medios  de  prueba como  testimonios,  documentos  y  peritajes,  el  funcionario instructor calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  el  31  de  enero  de 1994 con resolución de  acusación  contra  el prenombrado como presunto autor del punible de homicidio,  del  que  resultó  víctima  Luis  Alcides  Moreno  Orjuela  (fls. 107- 116/1).   

Rituada la audiencia pública, y teniendo por  satisfechos  los  presupuestos  probatorios  del  artículo  247  del Código de  Procedimiento  Penal, el Juzgado 25 Penal del Circuito de Santafé de Bogotá, a  donde  correspondieron  las  diligencias  por  reparto,  condenó  a  Neil José  Quiroga  Benavides  como  autor  del delito de homicidio, a la pena principal de  veinticinco  (25)  años  de  prisión,  y  a  la  accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por 10 años, a la vez que le negó el subrogado  de la condena de ejecución condicional (f. 265 ib.).   

Al   desatar   el  recurso  de  apelación  interpuesto  por el procesado, una Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior  de  Santafé  de  Bogotá,  con  fundamento  en el señalamiento colectivo que a  Quiroga  Benavides  le  hicieran  varios  declarantes,  y la demostración en su  actuar  del  inequívoco  propósito  de matar, confirmó la sentencia de primer  grado.   

   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera del artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal, el defensor del procesado José Neil  Quiroga   Benavides   solicita   casar   la   sentencia   impugnada   por   vía  extraordinaria,  y,  en consecuencia, se le absuelva de la imputación contenida  en el pliego enjuiciatorio.   

Dos  son  los  cargos  formulados  bajo  el  epígrafe  “violación  indirecta  de  la  ley sustancial”: El primero lo hizo  consistir  en  “la  apreciación  equivocada  de  unas  pruebas  y la falta de  apreciación  de  otras,  lo  que constituye error manifiesto de hecho por falso  juicio   de   existencia”,   produciéndose   así   el  “desconocimiento  e  inaplicación  de  los  artículos 1,13,36,247 del C.P.P. y 21, 35 del C.P. y la  consecuente  aplicación  indebida de los artículos 23 y 323 del C.P.”.    

Según  el impugnante, el Tribunal incurrió  en  la  “apreciación  equivocada  de  unas  pruebas,  lo que constituye error  manifiesto  de  hecho  por  falso  juicio de existencia”. Su error -agregó el  casacionista-,   “recayó   en   aceptar   como  verídicos  unos  testimonios  sospechosos  y  mentirosos  con  los  cuales  los  amigos  del occiso trataron y  lograron  incriminar  a  Quiroga  Benavides  como  responsable del homicidio…,  igualmente  le  da  a  la prueba de balística un alcance que la misma prueba no  logra   cual   es  el  deducir  que  fue  Quiroga  Benavides  el  autor  de  los  disparos”.   

El segundo, en la “falta de apreciación de  una  prueba,  lo  que  constituye  error manifiesto de hecho por falso juicio de  existencia”.  Agrega  que  el  Tribunal  desconoció  la  prueba  pericial del  guantelete  (ó  de absorción atómica), que de manera inobjetable corrobora lo  sostenido  por  el procesado de no haber sido el autor de los disparos, y que es  100%  confiable  cuando sus resultados son negativos. La misma pericia descarta,  por  lo  demás, las afirmaciones que se hacen en el sentido de que el procesado  se  bañó  las  manos con orines (fls.7), porque de acuerdo con la prueba, solo  fueron  encontrados  materiales  inorgánicos,  y  la  orina, como es un desecho  orgánico.   

Solicitó  “casar  la  presente  demanda y  proferir  el  fallo  sustituto  tal  y  como  lo  ordena  el  artículo  229 del  C.P.P.”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO:  

En su concepto el Procurador Segundo Delegado  critica  la  demanda  por  exhibir desconocimiento “de los principios básicos  que  rigen  el  recurso  extraordinario, por cuanto confunde indistintamente las  diversas   modalidades  del  error  de  hecho,  falso  juicio  de  existencia  e  identidad,  con  planteamientos propios del error de derecho por falso juicio de  convicción,  circunstancia  que  le  resta  cualquier vocación de éxito a los  cargos”.   

Es así como destaca que “tratándose de la  invocación  y  consecuente  comprobación  del falso juicio de existencia, debe  evidenciarse  que  hubo  omisión en la consideración de pruebas obrantes en el  proceso  o  que  se  tuvo  en  cuenta  las materialmente inexistentes y, no como  ocurre  en  desarrollo  de  los  cargos,  en  los que se termina por desdecir al  unísono  de  la valoración efectuada por el fallador a dichas pruebas, esto es  a  los testimonios por él señalados, al dictamen balístico y a la pericia del  guantelete”.   

Basado  en  el  texto  de  los  fallos  de  instancia,  califica como “carente de sustento real la proposición relativa a  que  se  hubiese  pretermitido,  en  desarrollo  del  análisis  probatorio,  la  consideración de tales medios”.   

A idéntica conclusión arribó respecto del  segundo  cargo,  citando  además  “para contradicción y desestimación de lo  afirmado”  en  este  específico  reproche, apartes de la sentencia de primera  instancia,  donde  se  concreta  la  apreciación  de  “la prueba pericial del  guantelete”,  la que además “en modo alguno… puede catalogarse como medio  de  convicción  de  exacta  y  precisa  composición,  en  la  medida en que se  encuentra  supeditada  a la confrontación y valoración que de todo el conjunto  probatorio realiza el fallador”.   

Al amparo de esas premisas, sugiere a la Sala  no casar el fallo recurrido.   

SE CONSIDERA:  

La  Corte abordará el estudio de los cargos  formulados  al  fallo  en  la  demanda  siguiendo  el orden de planteamiento del  casacionista,    tal    como    quedó    expuesto   en   el   resumen   de   la  impugnación:   

Primer cargo:  

La  proposición y correlativa demostración  de  la  censura  hecha  a  la  sentencia, contradice abiertamente los principios  elementales  que  rigen  la  técnica  del  recurso extraordinario de casación.  Denunciar  violación  indirecta de la ley sustancial “por error manifiesto de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia”,  y  afirmar a continuación que el  desacierto   consistió   en   “aceptar   como   verídicos  unos  testimonios  sospechosos  y  mentirosos con los cuales los amigos del occiso  trataron y  lograron       incriminar      a      Quiroga  Benavides”,      constituye     un    fatal  contrasentido,  y naturalmente un desacierto en el desarrollo del reproche, como  quiera  que comporta confundir la modalidad de error de hecho por falsos juicios  de  existencia por omisión,  que se presenta cuando el Juzgador ignora una  prueba  que  obra  materialmente  en el proceso, con el error de hecho por falso  raciocinio,  que  surge  cuando  en  la  valoración  que  hace  de  su mérito,  desconoce de manera grotesca las reglas de la sana crítica.   

Si  lo  pretendido era denunciar un error de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión, o por suposición, debió  haberse  evidenciado en el desarrollo del reproche que los juzgadores dejaron de  considerar  pruebas  que  fueron  incorporadas a la actuación (omisión), o que  dieron  por  existentes  pruebas  que  no  hacen  parte de ella (suposición), y  demostrar  la  incidencia del yerro en la parte dispositiva del fallo, tarea que  comprende  el  análisis integral del nuevo acervo probatorio, con inclusión de  las  pruebas  ignoradas,  o  exclusión  de  pruebas  supuestas, según el caso,  justificando  así  el  proferimiento  del  fallo  de  sustitución,  pues de lo  contrario  -como  en  el  presente caso sucede-, el ataque se verá abocado a su  improsperidad.   

Y  si  lo  propuesto  era, por el contrario,  denunciar  un  error de hecho por falso raciocinio, se imponía demostrar que la  valoración  que  los  juzgadores hicieron de las pruebas contrariaba, de manera  manifiesta,  los  principios  de la lógica, las reglas de la experiencia, o los  postulados   de   la   ciencia,   y   adicionalmente,  que  la  valoración  que  correspondía  hacer frente a ellos, confrontada con la restante prueba allegada  al   informativo,   provocaba    inevitablemente   el  desquiciamiento  del  fallo.    

Distante  de  llegar  a  tal  comprobación,  establecida  por la técnica      casacional  como  mínimo    requerimiento    para   la  consideración  del  cargo  formulado  por  esta modalidad de violación indirecta de la ley,  el actor  lo  que  hace  es  controvertir la valoración de algunos testimonios -ejercicio  además  de desacertado, infundado, como quiera que pretende restar credibilidad  a  algunos  declarantes  por  el  hecho de no haberse establecido si registraban  antecedentes  penales-,  y de “la prueba balística” -a la que se le habría  dado  “un  alcance  que  la misma no logra, cual es el deducir que fue Quiroga  Benavides  el  autor  de  los  disparos”-, proceder que, además de excluir la  lógica  fundamentación que ha de exhibir la proposición y demostración de un  cargo  contra  la  sentencia  en  casación,  denota  la simple discrepancia del  recurrente  con  la racional ponderación de las pruebas por parte del juzgador,  lo  que  convierte  el  libelo  en un simple alegato de instancia, con el que se  pretende  contraponer  la personal apreciación probatoria al motivado análisis  en  que  se cimentó la conclusión de un fallo que, por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,   por   tan   precarias  vías  resulta  jurídicamente  inamovible.         

Es   tal   la  imprecisión  conceptual  y  terminológica  del  casacionista, que solicita de esta Corporación “casar la  demanda”  y  no  la  sentencia,  que  sí constituye el objeto de impugnación  extraordinaria.   

A  la  precariedad  en  la  enunciación  y  demostración  del cargo -razón suficiente para declarar la improcedencia de la  impugnación-,  ha  de  agregarse  que  el  Tribunal  en ningún momento valoró  pruebas  inexistentes  o  ignoró  las  que  obraban  en  el paginario, sino que  efectuó  una racional ponderación en conjunto, de conformidad con el artículo  254  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  luego de otorgarle a cada medio de  convicción,  el  mérito  que  consideró adecuado, sin que las conclusiones de  esta  autónoma  actividad permitan sostener al impugnante, que fueron excluidas  las pruebas no valoradas conforme a su personal apreciación.   

Imperiosa  resulta entonces la improsperidad  del cargo.   

Segundo cargo:  

En esta oportunidad el casacionista plantea  un  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia, por desconocimiento de la  prueba  pericial de “guantelete o absorción atómica”, que demuestra, en su  criterio, que el procesado no disparó el arma homicida.   

Si, como se dejó explicado en la respuesta  al  cargo  anterior,  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por  omisión   se   presenta   cuando   el  juzgador  ignora  una  prueba  que  obra  materialmente  en  el  proceso, ha de concluirse que el desacierto denunciado no  existió,  porque  los juzgadores en ambas instancias analizaron el contenido de  la  pericia,  y  ello  significa  que  no  la  ignoraron. En el fallo de primera  instancia,  por  ejemplo,  el  Juzgado  precisó que los resultados negativos de  esta  prueba  técnico  científica no necesariamente indicaban que Quiroga  Benavides  no hubiese sido el  autor  de los disparos, y que en el proceso existía prueba en el sentido de que  antes  de  la  práctica de la pericia el acusado había acudido al mecanismo de  eliminación  de  residuos  de  nitratos  mediante  el  lavado  de las manos con  “orines”,  lo  cual  explicaba,  de  paso, por qué motivo, a pesar de haber  estado  jugando  tejo,  los  resultados  fueron  negativos”  (fls.24  y 25 del  fallo),  apreciaciones  que  compartió, en su integridad, el Tribunal (fls.5 de  fallo).   

El cargo no prospera. El Juez de Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad se ocupará de la redosificación de la pena,  consecuencia  de  la  aplicación favorable de la ley penal dada la sucesión de  códigos.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación  Penal,  oído el concepto del Procurador  Segundo  Delegado,  administrando  justicia  en  nombre  de  la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR  la  sentencia  impugnada. Contra esta decisión no proceden recursos. Devuélvase al  Tribunal de origen. CUMPLASE.   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                JORGE CORDOBA POVEDA   

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS                   JORGE                                  A.                                  GOMEZ  GALLEGO                          

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ALVARO O. PEREZ PINZON   

                                      NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                                        Teresa    Ruiz   Nuñez   

                                                 SECRETARIA   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *