9998 (03-02-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    CASACION-Interés         para  recurrir-Apelación   

La  Corte ha venido  precisando  que para acceder al recurso extraordinario de casación es necesario  que  la   parte  que  lo  intenta  haya  apelado  la  sentencia  de primera  instancia  o,  en  su  defecto,  que  el  superior  haya examinado su situación  jurídica  en virtud del grado jurisdiccional de consulta, o la haya desmejorado  con  ocasión  del  recurso  de apelación interpuesto por otro sujeto procesal,  porque  si  ninguno  de estos presupuestos se cumple, el impugnante en casación  carecería  de  interés para recurrir (Cfr. Autos de agosto 9/95, Mag. Pte. Dr.  Páez  Velandia;  septiembre 5/96,  Mag. Pte. Dr. Arboleda Ripoll; y, marzo  11/97, Mag. Pte. Dr. Gómez Gallego, entre otros).   

       

En apoyo de esta tesis se ha sostenido que el  carácter  preclusivo de los actos procesales impone a las partes la obligación  de  alegar  la  ilegalidad de las decisiones judiciales dentro de la oportunidad  que  el  procedimiento  otorga  para  hacerlo, siendo su silencio manifestación  evidente de conformidad con lo resuelto.   

También  ha  sido  dicho que la sentencia de  segunda  instancia,  consecuencia  del  recurso de apelación, tiene hoy día su  propio  ámbito  de  validez  personal  y  material,  puesto  que el ad quem, de  acuerdo  con lo dispuesto en el artículo 217 del Código de Procedimiento Penal  (modificado  por  el 34 de la ley 81 de 1993), solo puede pronunciarse sobre los  aspectos  materia  de  impugnación,  y  que,  en  tales  condiciones, el sujeto  procesal  cuya situación no haya sido examinada por el superior, carece no solo  de  interés para recurrir por ausencia de agravio, sino de objeto sobre el cual  proyectar                             la                            impugnación  extraordinaria.                          

Lo anotado se predica obviamente de los casos  en  los  cuales  el  sujeto  procesal,  teniendo  la  posibilidad de impugnar la  decisión  de  primera instancia, no lo ha hecho, mas no cuando esta oportunidad  le  ha  sido  negada, puesto que entonces no cabría discutir la procedencia del  recurso  extraordinario  fundamentado  en  esta situación específica. En dicho  supuesto,  se ha sostenido por la Sala, corresponde al actor  demostrar que  le  asiste interés para  acceder en casación,  dando a conocer desde  el  momento mismo de la interposición del recurso los motivos que le impidieron  expresar  en  tiempo  su  inconformidad  con  el  fallo de primer grado (Auto de  agosto 5 de 1997, Mag. Pte. Dr. Arboleda Ripoll).   

PROCESO  No.  9998            

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.11   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe de Bogotá, D. C., tres de febrero  de mil novecientos noventa y ocho.   

                    La Corte se  abstendrá  de  pronunciarse sobre el recurso de casación interpuesto contra la  sentencia  de  5  de  julio  de  1994, mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Bogotá   condenó   a  los  procesados  CESAR  AUGUSTO  ESPINOSA  SOLANO, HELMER ASTUDILLO GARCIA y ALBERTO  PARDO  RUEDA  a  las  penas aflictivas de 58, 56 y 36  meses  de  prisión,  respectivamente,  como  autores  responsables  de plurales  delitos  de  estafa y falsedad de particular en documento público los primeros,  y  de varios delitos de estafa el último, por carecer el impugnante de interés  jurídico para recurrir.    

                   En su lugar,  decretará  la nulidad de lo actuado a partir inclusive el auto mediante el cual  el ad quem concedió el recurso extraordinario.   

                      Hechos y  actuación procesal.-   

                        En  el  primer  semestre  de  1990,  César Augusto Espinosa Solano tramitó y obtuvo de  FINANZAUTO  S.  A.  de  Santa Fe de Bogotá, empresa con la cual venía teniendo  relaciones  comerciales desde hacía algún tiempo, varios créditos a nombre de  diferentes  personas  para la compra de vehículos, entre ellos uno a su nombre,  adjuntando  para  el  efecto  sendos  pagarés  signados por los mutuarios y sus  codeudores,  con  reconocimiento  de  firmas  ante  notario,  e igual número de  facturas  proforma expedidas por Alberto Pardo Rueda, Coordinador de Operaciones  de  “Llanera  de  Automotores S. A.” (LLANAUTOS), empresa que se hacía aparecer  como concesionaria.   

                    En vista de  los  atrasos  en  los  pagos  que  se  presentaron,  Finanzauto  indagó con los  beneficiarios  de  los  créditos,  estableciendo  que  ninguno  de ellos había  gestionado  préstamos  en dicha empresa, y en el crédito otorgado directamente  a  Espinosa Solano se había falsificado la firma del codeudor. De igual manera,  que  los vehículos para cuya compra se hicieron los préstamos nunca estuvieron  en las vitrinas de la empresa concesionaria.    

                    Iniciada la  investigación  por  estos  hechos,  el funcionario instructor vinculó mediante  indagatoria  a Alberto Pardo Rueda y Helmer Astudillo García (fls.282 y 308-1),  y  por  declaración  de  persona  ausente  a  César  Augusto  Espinosa  Solano  (fls.384-1).  El  segundo,  por  haber suministrado nombres y datos de parientes  suyos para que fueran utilizados en la defraudación.   

                      El 26 de  febrero  de  1993  la fiscalía profirió resolución de acusación en contra de  César  Augusto  Espinosa  Solano  y Helmer Astudillo García por los delitos de  falsedad  de particular en documento público agravada por el uso y estafa, cada  uno  en  concurso  homogéneo; y, respecto de Alberto Pardo Rueda por el segundo  de    los    referidos    ilícitos,    también    en    concurso    homogéneo  (fls.474-1).     

                     Rituada la  causa,  el  Juzgado  Cincuenta y Cinco Penal del Circuito de Santa Fe de Bogotá  condenó  a  los  procesados  Espinosa Solano, Astudillo García y Pardo Rueda a  las  penas  principales  de  58,  56  y 36 meses de prisión, respectivamente, y  multa  de  $300.000.oo  cada  uno, y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por un tiempo igual a la pena privativa de la libertad, al  declararlos   responsables  de  los  delitos  imputados  en  la  resolución  de  acusación.  Finalmente,  concedió  a  Pardo  Rueda  el  subrogado  penal de la  condena de ejecución condicional (fls.402-2).   

                    Contra esta  decisión  interpusieron  oportunamente  recurso  de  apelación  el defensor de  Helmer  Astudillo García y el procesado Pardo Rueda, quien, además, reemplazó  a  su  defensora  de  oficio por un abogado de confianza (fls. 465, 467, 468-2),  profesional  que  a  su vez sustituyó el poder recibido en el hoy casacionista,  antes  de  vencer el término  de traslado para fundamentar la impugnación  (fls.  469,  471  y 472 -2). El recurso, sin embargo, solo fue sustentado por el  defensor de Astudillo García (fls.480 ibidem).   

                    Por auto de  7  de  abril  de  1994 el Juzgado de conocimiento concedió el recurso propuesto  por   este  último  y  lo  declaró  desierto  en  relación  con  Pardo  Rueda  (fls.535-2).  El tribunal, al revisar la sentencia, la confirmó en los aspectos  objeto  de  impugnación,  mediante  la  suya de 5 de julio de 1994, la cual fue  recurrida  en  casación  por  el  defensor  de  Pardo  Rueda (fls.4 y 22 cd.3).   

                     Admitido y  sustentado  oportunamente  el recurso, la Corte, por auto de 1º de diciembre de  1994,  declaró  ajustada a las formalidades legales la demanda y dispuso correr  traslado  al  Procurador  Delegado  en  lo  Penal  para  concepto, quien lo hizo  mediante  escrito  de 8 de agosto de 1995, encontrándose, por tanto, agotado el  trámite procesal previo a la decisión de mérito.   

                           SE  CONSIDERA:   

                   La Corte ha  venido  precisando  que  para  acceder al recurso extraordinario de casación es  necesario  que  la   parte  que  lo  intenta  haya  apelado la sentencia de  primera  instancia  o,  en  su  defecto,  que  el  superior  haya  examinado  su  situación  jurídica  en virtud del grado jurisdiccional de consulta, o la haya  desmejorado  con  ocasión del recurso de apelación interpuesto por otro sujeto  procesal,  porque  si  ninguno de estos presupuestos se cumple, el impugnante en  casación carecería de interés para recurrir (Cfr. Autos de   

agosto  9/95, Mag. Pte. Dr. Páez Velandia;  septiembre  5/96,  Mag. Pte. Dr. Arboleda Ripoll; y, marzo 11/97, Mag. Pte.  Dr. Gómez Gallego, entre otros).   

       

                    En apoyo  de  esta  tesis  se  ha  sostenido  que  el  carácter  preclusivo  de los actos  procesales  impone  a  las  partes la obligación de alegar la ilegalidad de las  decisiones  judiciales dentro de la oportunidad que el procedimiento otorga para  hacerlo,  siendo  su  silencio  manifestación  evidente  de  conformidad con lo  resuelto.   

                    También  ha  sido  dicho  que la sentencia de segunda instancia, consecuencia del recurso  de  apelación, tiene hoy día su propio ámbito de validez personal y material,  puesto  que  el  ad  quem,  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 217 del  Código  de  Procedimiento  Penal  (modificado  por el 34 de la ley 81 de 1993),  solo  puede  pronunciarse  sobre los aspectos materia de impugnación, y que, en  tales  condiciones,  el  sujeto  procesal cuya situación no haya sido examinada  por  el  superior,  carece  no  solo  de  interés para recurrir por ausencia de  agravio,   sino   de   objeto   sobre   el   cual   proyectar   la  impugnación  extraordinaria.                          

                  Lo anotado  se  predica  obviamente  de los casos en los cuales el sujeto procesal, teniendo  la  posibilidad  de  impugnar la decisión de primera instancia, no lo ha hecho,  mas  no  cuando  esta  oportunidad  le  ha  sido  negada, puesto que entonces no  cabría  discutir la procedencia del recurso extraordinario fundamentado en esta  situación  específica.  En  dicho  supuesto,  se  ha  sostenido  por  la Sala,  corresponde  al  actor  demostrar que le asiste interés para  acceder  en  casación,  dando a conocer desde el momento mismo de la interposición  del  recurso  los  motivos que le impidieron expresar en tiempo su inconformidad  con  el  fallo de primer grado (Auto de agosto 5 de 1997, Mag. Pte. Dr. Arboleda  Ripoll).   

                  En el caso  sub  judice,  se  tiene que la sentencia de segunda instancia no tocó para nada  la  situación  jurídica  del  procesado  opugnante  en  casación Alberto  Pardo  Rueda, precisamente por  no   haber  apelado  el  de  primer  grado,  y  tratarse  de  una  decisión  no  consultable.  El  pronunciamiento  del ad quem se circunscribió al análisis de  la   situación   jurídica   del  procesado  Helmer  Astudillo  García, atendiendo los precisos límites  funcionales impuestos por la ley al juzgador de segunda instancia.   

                     Siendo  ello  así, ningún perjuicio pudo haberle reportado esta decisión al procesado  Pardo  Rueda,  pues,  como viene de anotarse, su situación no fue examinada por  el  ad  quem,  y  si  bien es cierto la de primer grado pudo haberle irrogado un  quebranto  concreto,  dicho perjuicio no se manifiesta en el fallo del superior,  como  podría  pensarse,  precisamente  por  la  restricción  funcional que las  normas  de  procedimiento  le  señalan  a  éste,  y  el  carácter  gradual  y  preclusivo  de las actuaciones procesales. Al aludir en pretérita oportunidad a  este punto, la Corte precisó:   

                     “Pensar  que  de  todas  maneras  el  perjuicio  irrogado  en el fallo de primer grado se  proyecta  en  el  de  segunda  instancia,  como para justificar de esa manera la  recurrencia  a  la  casación  sin  haber  acudido primero en apelación, sería  ignorar,  en  primer  lugar, el ámbito de competencia del decisor en este grado  de  revisión  y,  sobre todo, comportaría el desconocimiento de que el proceso  es  un  enfoque  gradual, secuencial y altamente integrado del desarrollo de las  cuestiones   allí   debatidas;   sería   soslayar   que   el   proceso  es  un  desenvolvimiento  ordenado, sujeto a una estructura normativa preexistente, cuya  disciplina  consiste precisamente en dotar a cada acto de sentido en función de  la  totalidad,  que  avanza del principio hacia su finalización, y que por ello  no  puede  arbitrariamente  regresarse  a estadios ya superados por la acción o  por  la  omisión de las partes” (Auto de marzo 11 de 1997, Mag. Pte. Dr. Gómez  Gallego).   

                   Lo dicho,  permite    concluir    que   el   procesado   Pardo  Rueda   carecía   de  interés  para  recurrir  en  casación,  no  por  falta  de  legitimación,  de la cual gozaba por ser sujeto  procesal,  sino por ausencia de perjuicio causado con el fallo de segundo grado,  en  razón de que en éste, contra el cual procede el recurso extraordinario, no  se  examinó  su  situación por no ser apelante, y porque en tales condiciones,  inexistiría objeto  sobre el cual dirigir el recurso.   

                  Tampoco es  dable  afirmar  interés  por  la  posible presencia de vicios in procedendo que  hubiesen  vulnerado  el  derecho  a  impugnar  en  apelación el fallo de primer  grado,  pues  si bien es cierto el cargo propuesto en la demanda de casación se  fundamenta  en  la  ausencia  de  defensa  técnica, este presunto vicio ninguna  relación  guarda  con  la ausencia de sustentación del recurso de alzada, toda  vez  que  cuando  esta  omisión  se  presentó,  ya  fungía  como defensor del  procesado  Pardo Rueda el  hoy demandante.   

                    Si, como  se  ha  señalado,  para la procedencia del recurso extraordinario de casación,  al  igual  que para los ordinarios (art.196 C.P.P.), es presupuesto necesario la  concurrencia  de  interés  jurídico, y éste no se cumple en el presente caso,  ha  de  concluirse que el interpuesto por el defensor del procesado Alberto  Pardo  Rueda  no  debió  ser  admitido.   

                     En este  orden  de  ideas,  el trámite dado a partir inclusive del auto mediante el cual  el  Tribunal  Superior de Bogotá concedió el recurso de casación se encuentra  afectado  de  nulidad  por  violación  del  debido proceso. Así, por tanto, lo  declarará  la  Sala,  con  la  aclaración de que el fallo de segunda instancia  adquiere   ejecutoria.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,   

                   R E S U E  L V E:   

                    DECRETAR  LA  NULIDAD   de  lo actuado a partir inclusive  del  auto  de  11  de  agosto de 1994, mediante el cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de  Bogotá concedió el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado Alberto  Pardo Rueda.   

                  Declárase  ejecutoriada la sentencia de segunda instancia.   

                                           Notifíquese    y    devuélvase    al    tribunal    de   origen.  CUMPLASE.   

                               JORGE CORDOBA POVEDA                                          

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL            

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE              JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA                           JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA         

   

    

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