9929 (31-10-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    ACCION     DE  REVISION/     PRUEBA  NUEVA   

Las  pruebas  sobrevinientes  que  sirven  de  sustento  a  la causal tercera de revisión deben versar sobre hechos y no sobre  criterios  o  conceptos  jurídicos que, aunque atinentes al caso, carecen de la  fuerza    vinculante    propia   de   la   prueba   o   del   hecho   por   ella  revelado.   

Proceso No. 9929  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No.159   

Santa Fe de Bogotá D.C., treinta y uno (31)  de octubre de mil novecientos noventa y cinco (1995)   

          V I S T O S:   

Procederá la Corte a calificar la idoneidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial  de  la  sentenciada  doctora  ANA  ISABEL  FAJARDO  GARAVITO,  en  proceso  por fraude a  resolución  judicial,  de  acuerdo  a lo previsto en el artículo 235 del C. de  P.P.   

         

         ANTECEDENTES   

La  abogada  Ana  Isabel  Fajardo  Garavito,  condenada  en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de  Viterbo,  mediante sentencia que hizo tránsito a cosa juzgada, que confirmó la  de  primera  instancia  por  la  cual  se impuso la pena principal de 6 meses de  arresto  y  multa  de  dos  mil  pesos,  como  coautora  del  delito de fraude a  resolución  judicial  de que trata el artículo 184 del Código Penal, solicita  por  conducto  de apoderado especial la revisión de dicho proceso, acogiéndose  a  la  causal  tercera  de  revisión  contemplada  en  el  numeral  tercero del  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal.   

De  las  copias  allegadas  con  la  demanda  resulta  que en el Juzgado Promiscuo Municipal de Aquitania (Boyacá) cursaba un  proceso  ejecutivo promovido por Rosa Lucila Preciado de Pérez contra María de  Jesús  Moreno  de  Martínez,  José  María Martínez y otro, radicado bajo el  número  1709,  en  el cualintervenía como apoderado de la demandante el doctor  Néstor de J. Rodríguez Acevedo.   

Paralelo  a éste, se adelantaba en el mismo  Juzgado  el  proceso  ejecutivo  instaurado  por  María  de  Jesús  Moreno  de  Martínez  contra  Angelina  Ramírez  de  Patarroyo  y  Edgar  Edmundo  Pérez,  radicado  bajo el número 1714, donde actuaba como apoderada de la demandante la  doctora Ana Isabel Fajardo Garavito.   

A  solicitud  del doctor Rodríguez Acevedo,  hecha  dentro  del  proceso  1709,  el  Juzgado  por auto de 26 de junio de 1990  decretó  el  embargo  del  crédito que la demandada María de Jesús Moreno de  Martínez  perseguía  en  el  proceso  radicado bajo el número 1714, ordenando  comunicar  dicha  medida a los demandados Angelina Ramírez de Patarroyo y Edgar  Edmundo  Pérez,  advirtiéndoles  que  el  pago  debían hacerlo a órdenes del  Juzgado,  en  la  cuenta  de  depósitos judiciales que se llevaba en la Caja de  Crédito  Agrario  de  dicha localidad, siendo inscrito el embargo en el proceso  últimamente nombrado, el 19 de julio del citado año.   

No  obstante  que  la  demandada Ramírez de  Patarroyo  como  la  abogada Fajardo Garavito tuvieron conocimiento del embargo,  acordaron  extraprocesalmente  el  pago  del  crédito, contraviniendo una orden  judicial  y  burlando  los  intereses  de  la  acreedora Rosa Lucila Preciado de  Pérez,  lo mismo que la voluntad de María de Jesús Moreno de Martínez, quien  le  hizo  saber a su apoderada que el valor del crédito debía ser consignado a  ordenes del Juzgado.   

El  doctor  RodrIguez  Acevedo,  viéndose  frustrado  en sus pretensiones, formuló denuncia penal contra su colega doctora  Fajardo Garavito y la demandada Ramírez de Patarroyo.   

Por los hechos reseñados, el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito de Sogamoso, en sentencia de 16 de febrero de 1994 condenó  a  las  procesadas  a  la pena principal de seis meses de arresto y multa de dos  mil  pesos, cada una, como coautoras del delito de fraude a resolución judicial  porque,  a  conciencia de la existencia de resolución judicial que embargaba el  crédito  perseguido  en  el  proceso  radicado  bajo  el número 1714, en forma  fraudulenta   se   sustrajeron  a  su  cumplimiento  pactando  a  escondidas  la  cancelación  de  la  acreencia;  fallo apelado por la defensa y confirmado, sin  ninguna  modificación,  por  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo  mediante  el  suyo  de 17 de junio del año en curso, contra el cual el defensor  de   la   procesada  doctora  Ana  Isabel  Fajardo  Garavito  interpuso  recurso  excepcional  de casación, que no le fue concedido por esta Sala, en providencia  de  fecha  1°  de  septiembre  de  1994 (M.P.htmltor DIdimo Páez Velandia), por  cuanto   no  se  encontró  la  vulneración  a  derechos  fundamentales  de  la  procesada, que aducía su defensor.   

         CAUSAL INVOCADA Y PRUEBAS ADUCIDAS   

Apoyado el impugnante en la causal tercera de  revisión  afirma  que con posterioridad a la sentencia de condena sobrevinieron  pruebas,  no  conocidas al tiempo de los debates, que demuestran la inocencia de  la    condenada,    por    atipicidad    y    ausencia    de    dolo    en    su  comportamiento.   

Como  tales,  acompañó  con  el  libelo un  escrito  firmado  por  el  abogado  doctor  William  Namén  Vargas,  reconocido  litigante  y  profesor  de derecho civil, en el cual sostiene “que conforme a la  legislación  civil  colombiana,  el  deudor  que  conociendo  del  embargo  del  crédito  no  consigna  el  monto de la obligación a órdenes del Juzgado, sino  que  cancela  a persona diversa, efectua un pago nulo (numeral 2° del artículo  1636  del  código civil). Por consiguiente, ‘la obligación no se extingue y el  deudor  permanece obligado a pagar mediante consignación a órdenes del juzgado  que decretó el embargo (art.681, num.4 C.P.C.)’.”   

Igualmente  anexó  varias certificaciones y  cinco  declaraciones  extraproceso rendidas ante el Notario Segundo del Círculo  de  Tunja,  pruebas  con  las  cuales  pretende  acreditar,  contrariamente a lo  expuesto  por  María  de  Jesús  Moreno de Martínez y José María Martínez,  “que  mi poderdante hizo todo lo posible por entregar el dinero recaudado (salvo  el  valor correspondiente por concepto de honorarios profesionales, se aclara) a  quienes  le habían confíado poder para su recuperación” pues tales deponentes  “señalan    enfáticamente   que   mi   poderdante   trató    en   varias  oportunidades,  y  de manera infructuosa, de rendir cuentas” a sus mandantes (f.  19).   

Refiriéndose  al concepto jurídico emitido  por  el  mencionado  profesional  del  derecho, lo califica de documento privado  inauténtico  por  no  encontrarse  suscrito ante dos testigos, como lo exige el  artículo  279  del  Código  de  Procedimiento  Civil, pero constitutivo por lo  menos  de  “prueba  sumaria”  por  disposición  de  los  artículos 25 y 22 del  decreto  2651  de 1991, la cual considera idónea y suficiente para demostrar la  causal invocada.   

Argumenta  que  dicho documento contiene una  información  que nunca fue conocida por el funcionario judicial que dirigió el  proceso  penal  y  por lo tanto debe ser considerada como “prueba no conocida al  tiempo  de  los  debates”,  apta  para  comprobar  que la abogada recurrente fue  condenada  a  la  imposición de una sanción penal por el incumplimiento de una  obligación  civil, pues si  la  demandada  Angelina  Ramírez  le  entregó  el  dinero correspondiente a la  deuda,  realizó  un  pago  nulo  desde  el  punto  de vista civil sin que fuera  desprotegida  la  acreedora,  quien  a  través  de  un mecanismo procesal puede  repetir contra la obligada.   

Para reforzar su planteamiento agrega que en  el  evento  de  que  el  deudor  no  cumpla  con  el  mandamiento  de  pago  “la  legislación  civil establece mecanismos que permiten obtener el cumplimiento de  la   obligación   impuesta   por  el  funcionario  judicial,  y  por  tanto  su  inobservancia   no  puede   generar  un  delito  de  fraude  a  resolución  judicial”. (f.14).   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Las  pruebas  sobrevinientes  que  sirven de  sustento  a  la  causal  tercera  de  revisión  deben versar sobre hechos  y no sobre criterios o conceptos  jurídicos  que,  aunque  atinentes  al  caso,  carecen  de la fuerza vinculante  propia de la prueba o del hecho por ella revelado.   

No   se   trata  entonces  del  acopio  de  consideraciones   jurídicas,  sino  de  pruebas  no  incorporadas  al  proceso,  producidas  después  de  la  condena,  que  establezcan  una  verdad histórica  desconocida  en  las  instancias  y  que se refieran a sucesos o acontecimientos  fácticos,  ligados al hecho punible materia de investigación, que evidencien o  establezcan  la  inocencia  del  sentenciado,  conforme  a  las  previsiones del  numeral 3° del artículo 232 del Código de Procedimiento Penal.   

El   concepto  jurídico  emitido  por  un  catedrático  de  derecho civil, que, como doctrina, podría tener connotaciones  de  criterio auxiliar de la actividad judicial, al constituirse como un concepto  personal  sobre  determinado  punto  de  derecho  y no tener el alcance de hecho  desconocido  con  influencia  decisiva  en la situación fáctica que sirvió de  soporte  a  la  sentencia  impugnada, no constituye prueba ni es sustancialmente  idóneo para los fines de la causal invocada.   

De ser aceptado como prueba un mero criterio  esgrimido  a  posteriori,  el  discernimiento  tardío de un abogado pondría en  entredicho  las  firmeza  de  una  sentencia  y,  por  extensión,  la de todas,  introduciendo  desconfianza en la seguridad de la cosa juzgada, sin motivo legal  racional     o     atendible     que     justifique     esa    desestabilizadora  consecuencia.   

La presunción de verdad y acierto que ampara  la  res  judicata, no puede  desconocerse  para  reabrir  un debate jurídico sobre aspectos relacionados con  la  atipicidad  de  la conducta endilgada a la sentenciada y la ausencia de dolo  en  su  comportamiento,  que fueron objeto de controversia en las instancias. El  planteamiento  del  impugnante,  en el sentido de predicar inexistencia del tipo  penal  de  fraude  a  resolución  judicial  porque  la  actitud  asumida por su  representada  era  susceptible  de  enmienda  a través de un mecanismo procesal  civil,  tampoco  resulta válido cuando adicionalmente se aprecia que la doctora  Ana  Isabel  Fajardo Garavito y su contraparte en el juicio, la deudora Angelina  Ramírez  de  Patarroyo  adecuaron su conducta a dicha ilicitud, porque en forma  fraudulenta  y  sin sometimiento  a cualquier otra alternativa procesal, se  sustrajeron  al  cumplimiento  de  una  resolución  judicial  que  les impedía  disponer  del crédito embargado por cuenta de otro proceso ejecutivo, ventilado  en el mismo juzgado.   

Siendo    la   revisión   una   acción  extraordinaria   encaminada   a   remover  la  intangibilidad  de  la  sentencia  ejecutoriada,  por haber sido proferida con base en un conocimiento tergiversado  o  sustancialmente  incompleto  sobre la verdad histórica del delito, mal puede  abrirse  paso  este extraordinario medio de impugnación con base en la opinión  jurídica  de  persona  extraña  al  proceso  penal,  que  ni  aún  de haberse  presentado  a  tiempo  obligaba al juez, ni tiene que ver con la verdad real del  proceso,   sino  con  la  interpretación  de  preceptos  legales  probablemente  aplicables  al  caso,  por  lo  cual  no  puede calificarse de hecho nuevo ni de  prueba    sobreviniente    idónea   para   comprobar   la   inocencia   de   la  sentenciada.   

De  otra  parte,  resulta  evidente  que las  demás  pruebas  acompañadas  con  la  demanda,  esto es, las certificaciones y  declaraciones  extraproceso,  adolecen del mismo defecto de la anterior, pues no  están  dirigidas  a  establecer o evidenciar la inocencia de la abogada Fajardo  Garavito,  que  es  la razón de ser de la causal invocada, sino a demostrar que  estuvo  presta  a rendir cuentas de su gestión a su poderdante María de Jesús  Moreno  de  Martínez, aspecto que mas tiene que ver con el compromiso adquirido  con   su   cliente   que  con  su  inocencia  en  el  delito  por  el  cual  fue  condenada.   

De  este  modo, si la solicitud de revisión  aparece  acompañada  de  pruebas  ineficaces  o  inidóneas  para establecer la  inocencia  de  la  sentenciada,  no satisface lo requerido legalmente ni resulta  apta  para  los  fines  de  la  acción  instaurada,  debiendo  ser rechazada in  limine.   

En  virtud de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

        RESUELVE   

TENER  al doctor  YESID        REYES        ALVARADO     como   DEFENSOR  de  la  doctora  ANA  ISABEL FAJARDO  GARAVITO,  para  los  fines del poder conferido y en  los términos de éste.   

RECHAZAR  in  limine  la  demanda  de revisión presentada a nombre de la sentenciada, doctora  Ana Isabel Fajardo Garavito.   

En  firme  esta  decisión,  envíese  el  diligenciamiento  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Sogamoso para que  adhiera al correspondiente proceso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

NILSON PINILLA PINILLA, FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO CALVETE RANGEL No firmó,  CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE, CARLOS E. MEJIA ESCOBAR,DIDIMO  PAEZ VELANDIA, EDGAR SAAVEDRA ROJAS,JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA.   

Patricia   Salazar   Cuellar,SECRETARIA   

     

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