9462 (30-04-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    NULIDAD/ UNIDAD PROCESAL   

1.  Para  que  un  cargo  de  nulidad  pueda  prosperar  es  necesario  que  se  precise  la  clase  de  nulidad  invocada, la  fundamentación  que  según  la  irregularidad  que  se  pretende  demostrar le  corresponde y su trascendencia.   

2.  La  circunstancia  de que dos delitos se  investiguen  conjuntamente  no implica que ambos tengan que correr fatalmente la  misma  suerte, pues las pruebas deben ser apreciadas independientemente frente a  cada  uno de ellos, siendo entonces perfectamente posible que se acuse por uno y  se precluya respecto del otro   

Proceso No. 9462  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

APROBADO ACTA No. 65  

Santa Fe de Bogotá, D. C., treinta (30) de  abril de mil novecientos noventa y seis (1996).   

vistos  

         Procede  la Sala a resolver el recurso extraordinario de casación,  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  DIDIER  MANRIQUE  SALAZAR contra la sentencia proferida por el  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  mediante  la  cual  confirmó  el  fallo  de  primer  grado  donde se condenó a éste a 25 años de  prisión  y  las  accesorias  de  rigor,  como  autor  responsable del delito de  homicidio   simple,   cometido   en   la   persona   de   Juan   Carlos  Alvarez  Bustamante.   

         El  recurso  lo  concedió el Tribunal debidamente, en tanto que la  correspondiente  demanda de casación fue declarada por la Corte como ajustada a  las formalidades legales.   

HECHOS  

         Sucedieron  el  29 de enero de 1993 a las nueve de la mañana en el  parque  Gaitán,  ubicado en el barrio Manrique de la ciudad de Medellín, donde  se  encontraba  el  señor  Juan Carlos Alvarez Bustamante dialogando con Jesús  María  Rivera,  padre  de su novia, cuando de repente se acercó por detrás un  individuo  y  sin dirigir palabra alguna disparó contra aquél en dos ocasiones  un  arma  de  fuego, ocasionándole graves lesiones en el cráneo que produjeron  su  muerte  a  pesar  de  haber  sido  trasladado de inmediato a la Policlínica  Municipal donde resultaron infructuosos los esfuerzos por salvarlo.   

         Minutos  más  tarde,  cerca  al  lugar  de los hechos, la policía  retuvo   a   DIDIER   MANRIQUE   SALAZAR,  quien se desplazaba por el sector hacia donde huyó el asesino y  su   vestimenta    coincidía   con  la  señalada  por  testigos  que  presenciaron el hecho.   

ACTUACION PROCESAL  

         La  Fiscalía Séptima  -Grupo de Vida- de Medellín abrió la  investigación  el  30  de  enero de 1993. Luego de recepcionarse la indagatoria  del   imputado   le   fue   resuelta  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  los delitos de homicidio y porte  ilegal de armas.   

         Evacuadas  numerosas  pruebas,  entre  las  cuales  se  destaca  el  exámen  siquiátrico  practicado  al procesado, fue cerrada la investigación y  se  calificó  el  mérito sumarial profiriéndose resolución acusatoria contra  DIDIER  MANRIQUE  SALAZAR  por  el  homicidio,  en  tanto  que  se  precluyó la  investigación por el porte ilegal de armas.   

         El  juzgado  Treinta  y Cuatro Penal de Circuito de Medellín   avocó  conocimiento  del  juicio  y  una  vez  concluída la audiencia pública  profirió  fallo  el 27 de septiembre de 1993 condenando al procesado a 25 años  de  prisión  como  autor responsable del punible de homicidio simple consagrado  en  el  artículo  323 del C. Penal, modificado por el artículo 29 de la Ley 40  de 1993.   

         Inconforme  con  la  decisión,  la  defensa  interpuso  recurso de  apelación,  que  al  ser  resuelto  por  el  Tribunal  Superior de Medellín le  impartió  confirmación en sentencia de enero 27 de 1994, la cual fue impugnada  a través del presente recurso extraordinario.   

LA DEMANDA  

         Al  amparo  de  la causal tercera de casación el censor propone un  solo  cargo contra la sentencia del Tribunal por considerar que fue proferida en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  toda  vez que en la resolución acusatoria la  Fiscalía  plasmó  dos proposiciones contradictorias, pues en una afirma lo que  en  la  otra  niega, a saber: acusa al procesado como presunto autor responsable  del   homicidio  cometido  con  arma  de  fuego  de  que  fue  víctima  Alvarez  Bustamante,  y  seguidamente  le  precluye la investigación por porte ilegal de  armas,  con  lo  cual  desvirtúa la utilización de ese instrumento letal en la  comisión del delito.   

         Tal   proceder,   a   juicio  del  demandante,  implica  ostensible  antinomia  constitutiva de irregularidad sustancial que vicia de nulidad todo lo  actuado,  dado  que  la  resolución  acusatoria  como  pieza fundamental que es  dentro  de  la  estructura  procesal  debe edificarse de manera precisa, clara y  completa,  respetando el principio de la necesidad de la prueba y conservando la  unidad  lógica  y  conceptual entre sus partes motiva y resolutiva a fin de que  no  se  presenten dilogías antinómicas o conclusiones contradictorias como las  que se advierten en el caso de estudio.   

         Tras  consignar  que no se demostró el medio comisivo utilizado en  el  homicidio, estructurante del fenómeno de la tipicidad, concluye solicitando  a  la  Corte  anular  el  proceso  a  partir  del  auto  que  clausuró el ciclo  instructivo,  no  sin  antes  advertir  que  lo evidente no se demuestra sino se  enuncia, razón que explica la simplicidad de su libelo.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

         Para  la  Procuraduría  Tercera  Delegada en lo Penal el censor no  hizo   cosa  distinta  que  solicitar  la  infirmación  del  fallo  de  segunda  instancia   bajo el argumento de que la resolución acusatoria contiene una  contradicción  que  puede  generar dificultades para la defensa, pero sin hacer  esfuerzo  alguno  por  demostrar  lo  que  en  el  fondo  era  requisito  de  la  alegación:   que  la  pretendida  incoherencia  del  pliego  de  cargos  restó  posibilidades  defensivas  concretas,  omisión  que  de  por  sí  determina el  fracaso  de  la  censura,  toda  vez que las causales de nulidad no protegen las  formas   por  las  formas  mismas,  sino  aquellas  exigencias  rituales  de  la  actuación  en  cuanto  permiten  el  ejercicio  de  la  defensa  y legitiman la  respuesta   punitiva   del   Estado  frente  a  los  comportamientos  penalmente  investigados.   

         El  simple reconocimiento de dilogía de proposiciones en el pliego  de  cargos  no  constituye  base  suficiente  para anular la actuación, pues se  requiere  que  el libelista demuestre en qué forma la contradicción conceptual  dificultó  la defensa del enjuiciado o causó lesión concreta y trascendente a  cualquiera de las garantías procesales.   

         Y,  al  contrario  de  lo que se pretende mostrar, en lo actuado se  evidencia  que  la  susodicha  anfibología,  lejos de constituír un obstáculo  para  la  adecuada  defensa,  proporcionó  al  censor  herramientas  que fueron  oportunamente  utilizadas, aunque sin éxito, en procura de la absolución de su  defendido.   

         De  otro lado, la posición del demandante se revela inconsecuente,  pues  de  acogerse  su  pretensión  anulatoria,  por  lo  menos  en  una de las  alternativas  de  solución, habría que dictar resolución de acusación contra  el  procesado por el delito de porte ilegal de armas, situacíon que resultaría  manifiestamente contraria a los intereses que representa.   

         Además,  examinando  con  detenimiento  la resolución acusatoria,  puede  apreciarse  que no contiene la contradicción a que alude el casacionista  ,   pues   siendo   que   los   dos  hechos  punibles  a  que  se  contrae  este  diligenciamiento  se investigaron bajo una misma cuerda, conservando cada uno de  ellos  la  autonomía  de  su  descripción  típica,  era jurídicamente viable  acusar   por   uno   y   precluir   por   el   otro  simultáneamente,  como  se  hizo.   

         Adviértase  que  la preclusión por el porte ilegal de armas no se  fundamentó  en  que el procesado no hubiere disparado el arma homicida, sino en  el  discutible  criterio  de  que no fue sorprendido portándola y nadie lo vió  con  ella en la mano, es decir, por falta de demostración de la conducta mas no  por atipicidad de la misma.   

         De  ahí  que  el  funcionario  acusador hubiera precisado no tener  dudas  acerca  de la comisión del delito de homicidio, aunque la ausencia de la  prueba  de  rigor le impidiera endilgarle al mismo procesado el punible de porte  ilegal de armas.   

         En  consecuencia,  solicita  a  la  Corte  NO  CASAR  la  sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Para  que  un  cargo de nulidad pueda prosperar es necesario que se  precise  la  clase  de  nulidad  invocada,  la  fundamentación  que  según  la  irregularidad  que  se  pretende  demostrar  le corresponde, y su trascendencia.  Así  lo  ha  sostenido desde antiguo esta Corporación, como puede evidenciarse  entre  otros  fallos  en  el  proferido  el  2 de diciembre de 1992, radicación  Casación  6183,  Magistrado  Ponente, Dr. RICARDO CALVETE RANGEL (Gaceta CCXXI,  segunda parte, pág. 493).   

         En  el  presente caso, se acusa la nulidad del proceso a partir del  calificatorio,  inclusive,  por  supuesta  contradicción o antinomia en las dos  decisiones  allí  tomadas:  la primera, acusar a Didier Manrique Salazar por el  delito  de  homicidio  que  con arma de fuego se cometió contra la humanidad de  Juan  Carlos  Alvarez  Bustamante,  y  la segunda, precluir la investigación en  favor del mismo por el presunto delito de porte ilegal de armas.   

         Dicha  calificación sumarial, a juicio del recurrente, entraña la  nulidad  consagrada  en  el  artículo  304-2  del  C.  de  P.P.  cuyo  tenor se  transcribre a continuación:   

                     “2a.- La  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que afecten el debido  proceso.”   

                                                  

           La  fundamentación  del  cargo  resalta  la  importancia  de  la  resolución   acusatoria   como   pieza   basilar  del  juzgamiento,  condición  privilegiada  que  a  juicio  del  demandante  impide  tolerar  en ella vacíos,  confusiones y mucho menos contradicciones   

         Nadie  discute  la  veracidad  de  ese aserto, pero lo que  no  corresponde  a  la  realidad  es que la resolución acusatoria proferida en este  proceso  se  encuentre  viciada  de  nulidad,  porque  tal como acertadamente lo  expresara  el  Ministerio  Público,  la  circunstancia  de  que  dos delitos se  investiguen   conjuntamente    no  implica  que  ambos  tengan  que  correr  fatalmente   la   misma   suerte,   pues   las   pruebas  deben  ser  apreciadas  independientemente  frente  a  cada  uno de ellos, siendo entonces perfectamente  posible  que  se acuse por uno y se precluya respecto del otro, como ocurrió en  el   presente   caso,   si  los  elementos  de  convicción  así  lo  sugieren.   

         Además,  luego  de  analizar cabalmente el material probatorio, la  Fiscalía  señaló  en  la resolución acusatoria no tener dudas en cuanto a la  realización  del  homicidio  por  parte  del  procesado,  a  pesar  de no poder  atribuirle  a  éste el delito de porte ilegal de armas, en razón de que no fue  sorprendido  portando  el  arma  homicida  y  de  que  tampoco  ninguno  de  los  declarantes dio fé sobre ese hecho (fol.112)   

         Conforme  con  lo  anterior  se concluye que no existió violación  sustancial  insalvable  en  la  resolución  acusatoria  y, por tanto, carece de  fundamento la nulidad deprecada.   

           Cuestión  distinta es que el censor no comparta la calificación  dada  a  las  sumarias,  como  tampoco la encuentra acertada la Corte, porque si  bien  es cierto no obraba en el plenario prueba directa indicativa de que DIDIER  MANRIQUE  SALAZAR  portara  un  arma  de  fuego  el día de marras, ese hecho se  infería  lógicamente  de  su demostrada participación como autor material del  homicidio  investigado, aunada a la ausencia del respectivo salvoconducto, y por  consiguiente,  también  ha  debido acusársele por el delito de porte ilegal de  armas.   

         Evidentemente  esa  equívoca preclusión benefició al procesado y  seguirá  beneficiándolo  ante  la  imposibilidad  de  removerla  en  esta fase  procesal,  pero  resulta  ilógico  que sea el propio defensor quien pretenda la  anulación  de  la  misma,  ya  que  como  bien  lo  anotó la Procuraduría, de  accederse  a  su inaceptable solicitud tendría que rehacerse el calificatorio y  muy  posiblemente  su defendido terminaría condenado por los dos delitos en vez  de  uno,  como  actualmente se encuentra, lo que repercutiría en la ausencia de  interés para recurrir en casación.   

         

         Sobre   ello,   el   Tribunal   apuntó   con  notable  precisión:   

“No queremos terminar sin antes referirnos  en  forma  breve  a la forma antinómica en que se calificó la investigación y  de  la  que tanto se duele la defensa, lo cual, desde ya lo anticipamos, ninguna  virtualidad  tiene  de  sembrar inquietudes en torno a la demostración sobre la  autoría  del  homicidio.  La  verdad es que, material y procesalmente hablando,  poco  afortunada  resulta  en  verdad  esa  decisión de acusar por un homicidio  cometido  con  arma  de  fuego  y  sin  embargo  precluir  por  el  porte de tal  instrumento,  preclusión  ahora  inmodificable  por  haber hecho ya tránsito a  cosa  juzgada,  y  menos  aún  por  las  equívocas  razones  consignadas en el  correspondiente  auto,  pues  la  tenencia  o  no de salvoconducto es materia de  fácil  prueba  y ella no había sido agotada en el proceso como para desestimar  radicalmente   el   cargo,   frente   al  cual  no  se  debió  entonces  cerrar  investigación  con  tal  deficiencia  probatoria. Pero el hecho entonces es que  esa  cuestionable  decisión,  sin necesidad de ahondar en el otro fundamento de  la  preclusión,  basado  en  una  eventual conservación trocada sólo en porte  para  la ejecución del designio criminal, deleznable e insostenible al máximo,  no  contiene  dicotomiía alguna en la valoración de la prueba tenida en cuenta  para  la  deducción  del  otro cargo, por lo que, desde esta perspectiva, no se  afecta  la  coherencia  lógica y la fundamentación misma de la acusación como  para  pensar  que  ésta  es en sí contradictoria. Es claro que para uno y otro  cargo  se  valoraron  distintos  elementos  de juicio sin que en ningún momento  para  negar  el  uno  se  desvirtuara   el  otro, lo que no tiene entonces,  aparte  del mero cuestionamiento academíco, ninguna potencialidad de afectar la  resolución de acusación”.   

        En conclusión, el cargo no puede properar.   

        Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   oído   el   concepto   del   Ministerio   Público   y  de  acuerdo  con  éste,   

                                                                RESUELVE:   

                                    NO   CASAR   la  sentencia  impugnada,   de   naturaleza,   fecha   y   orígen   señalados   en  la  parte  motiva.   

CUMPLASE  y DEVUELVASE,  

NILSON           PINILLA  PINILLA                       FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO           CALVETE  RANGEL                JORGE E. CORDOBA POVEDA       

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE    CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                       JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA    

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria.-  

     

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