9334 (24-10-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    PERITO/ PERJUICIOS/ ACCION CIVIL  

PROCESO                                    : 9334   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrados Ponentes :   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA y   

                                                    JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

                                                    Aprobado Acta No.116(ag.8/96)   

                                                    Santafé  de  Bogotá  D.C.veinticuatro (24) de  octubre de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S:   

El  9  de  noviembre  de  l993  el  Tribunal  Superior  de  Santafé de Bogotá, reformó y adicionó la sentencia dictada por  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Funza, condenando al procesado ausente  LUIS  ORLANDO  ZAMBRANO  PARRA,  a  la  pena  principal  de  trece (l3) años de  prisión,  como  responsable  de  los delitos de homicidio consumado y homicidio  imperfecto,  en  concurso  de  hechos punibles; decisión recurrida en casación  por su defensor.   

          EPISODIO DELICTUOSO:   

A  eso  de  las  ocho  de la noche del l8 de  noviembre  de  l990  se  realizaba  un  bazar  en  el  barrio  “La Cumbre” de la  población  de Mosquera (Cundinamarca), cuando en forma intempestiva se originó  una  riña  en la que se vieron involucrados varios asistentes al festejo, entre  los  cuales,  LUIS  ORLANDO ZAMBRANO PARRA, quien desenfundando arma de fuego la  accionó  repetidamente ocasionando heridas a Jesús González Melo y Jorge Luis  Beltrán  Cortés  que  significaron  la  muerte  al  primero  de  ellos,  y una  incapacidad  de  45  días  para el segundo, con secuelas de caracter permanente  por  deformidad física, “perturbación funcional del órgano de la locomoción,  perturbación  funcional  del  órgano  de  la  excreción  urinaria  y pérdida  funcional del miembro inferior derecho” (fs.269 del c. principal).   

Desde  entonces, el inculpado Zambrano Parra  desapareció  del  lugar  desconociéndose su paradero, por lo que fue vinculado  al proceso como persona ausente designándosele defensor de oficio.   

          TRAMITE PROCESAL:   

Correspondió  al Juzgado 32 de Instrucción  Criminal   de   Bogotá   abrir  la  investigación  con  base  en  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  de  Jesus  González Melo y abundantes testimonios  rendidos ante el Comando de la Policía Nacional de Mosquera.   

A  petición  del  defensor del sindicado se  recibieron  diez  declaraciones  de testigos para establecer que su representado  se  encontraba en avanzado estado de embriaguez al momento de los hechos, que le  impidió  comprender  la ilicitud de sus actos o determinarse de acuerdo con esa  comprensión  y  se  ordenó  el  envío  de  las  diligencias  a la Sección de  Neuropsi­quiatría  del  Instituto  de  Medicina  Legal  para  una  evaluación  encaminada  a  comprobar  básicamente  si  padecía  de  trastorno  mental  transitorio por efectos de la  ingestión de alcohol, que requiriera tratamiento psiquiátrico.   

El psiquiatra forense después de absolver el  cuestionario  propuesto  por  la  defensa,  estimó  que  no  se podía llegar a  ninguna  conclusión  definitiva  sobre  el estado de salud mental del procesado  mientras  éste  no  fuera  sometido  a  detenido y cuidadoso examen, sugiriendo  insistir  sobre el particular cuando se hubiese logrado la comparecencia de Luis  Orlando Parra Zambrano (fs.24l y ss. ibidem).   

Clausurada   la  etapa  investigativa,  el  mencionado  Juzgado de Instrucción calificó el 5 de febrero de l992 el mérito  del  sumario  con reapertura de la investigación por el término de dos meses ”  a  fin  de  citar  a ORLANDO ZAMBRANO PARRA y enviarlo a medicina legal Sección  Siquiatria  Forense”,  ordenando cancelar las órdenes de captura que pesaban en  su  contra; pronunciamiento apelado por el representante del Ministerio Público  y  revocado  por el Tribunal Superior de Santafé de Bogotá mediante el suyo de  26  de junio siguiente, profiriendo en su lugar resolución acusatoria contra el  ausente  Luis  Orlando  Zambrano Parra, como autor responsable de los delitos de  homicidio  consumado  en  Jesús  Gonzalez  Melo y homicidio imperfecto en Jorge  Luis      Beltrán     Cortés,dispo­niendo su captura.   

Rituado  el  juicio  y  celebrada  audiencia  pública  sin  la  presencia  del  acusado,  el  2  de agosto de l993 el Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Funza finiquitó la instancia condenándolo a la pena  principal  de  l6 años de prisión, a la sanción accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  “por  el  mismo  término”, absteniéndose de  condenarlo  al  pago  de  los  perjuicios  materiales y morales causados con las  infracciones y reiterando la orden de captura en su contra.   

Apelado  dicho  fallo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de este Distrito lo confirmó, mediante el que es objeto del  recurso  de  casación, con las siguientes modificaciones y adiciones: rebajó a  trece  años  de  prisión  la  pena  impuesta  al responsable y a diez años la  sanción    accesoria    de   interdic­ción   de   derechos   y   funciones  públicas;  aclaró  que  la  absten­ción  de condenar  al  procesado al pago de daños y perjuicios “tiene relación exclusivamente con  el  punible  de homicidio en la persona de JESUS GONZALEZ MELO” y lo condenó al  pago  de l50 y 400 gramos oro, o su equivalente en moneda nacional, por concepto  de      perjuicios      morales     y     materiales,     respectiva­mente,  en favor de JORGE LUIS BELTRAN  CORTES   o  sus  herederos,  ocasionados  con  el  hecho  punible  de  homicidio  imperfecto.   

         DEMANDA DE CASACION :   

         CARGO PRINCIPAL   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  se  acusa  la  sentencia  impugnada  de haber sido dictada en juicio  viciado  de  nulidad  por  quebranto del derecho a la defensa del procesado Luis  Orlando Zambrano Parra.   

Afirma el censor que el Tribunal Superior al  revocar  la  reapertura  de  la  investigación  ordenada  por  el Juzgado 32 de  Instrucción  Criminal  y  proferir  en  contra  de  su  asistido resolución de  acusación  le  desconoció el derecho a la defensa consagrado en el articulo 29  de  la  Carta  Política,  por  cuanto  impidió  la  práctica  de  las pruebas  decretadas  por  el  Juzgado  de  Instrucción,  entre  las  cuales,  el  examen  psiquiátrico  por peritos del Instituto de Medicina Legal para determinar si al  momento  de  consumación  de los hechos padecía trastorno mental transitorio o  inmadurez  psicológica  que le impidieran comprender la ilicitud de sus actos o  determinarse de acuerdo con esa comprensión.   

En  desarrollo  de  la  censura  transcribe  apartes  de  numerosos  testimonios,  de  las respuestas dadas por el psiquiatra  forense  al interrogatorio formulado por el defensor del procesado y la opinión  de  conocidos  tratadistas  sobre  la  materia,  para  concluir  que  la  prueba  testimonial  vertida  en autos, evidencia que Orlando Zambrano Parra al “momento  de  disparar  su  pistola  lo  hizo  bajo  el  influjo  de un avanzado estado de  embriaguez  catalogado  por la ciencia médica como de segundo grado”, “profundo  descontrol   de  sus  fuerzas  anímicas  que  le  impedía  valorar  todo  acto  humano”.   

Agrega  que  no se puede responsabilizar al  procesado   por   la  no  práctica  del  examen  psiquiátrico  porque  con  la  revocatoria  de  la  apertura  de  la  investigación  y la consecuente orden de  captura  impartida  en  su contra “se vió en la necesidad de marginarse de toda  actividad  personal”, recordando que dicha prueba técnica resultaba fundamental  para  corroborar  lo  afirmado  por  numerosos  testigos  respecto a su avanzado  estado de alicoramiento.   

Luego expresa que los múltiples testimonios  apreciados  en  conjunto,  constituyen  indicio  necesario  del  agudo estado de  ebriedad  en  que se encontraba Zambrano Parra por lo que el Tribunal “ha debido  valorar  la  prueba  testimonial en su real contenido probatorio y no tomar como  lo    hizo    el    dictamen    pericial   como   prueba   fundamental   en   el  proceso”.   

        CARGOS SUBSIDIARIOS   

Primero        :-Violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de los artículos l06 y l07 del Código Penal, proveniente de error de  hecho  manifiesto  en  la  apreciación de las pruebas, al condenar al procesado  Orlando   Zambrano  Parra  al  pago  de  los  perjuicios  materiales  y  morales  ocasionados  con  el  homicidio imperfecto en Jorge Luis Beltrán Cortés (400 y  l50  gamos  oro, equivalente en moneda nacional, respectivamente); desconociendo  que  el  ofendido  había  sido previamente resarcido de tales perjuicios por el  acusado  mediante el pago de la suma de tres millones de pesos, que satisfizo su  aspiración y le llevó a desistir.   

Explica  el  impugnante  que  conforme  a  documento  visible  a folio 25l del cuaderno principal, presentado personalmente  por  el  señor Jorge Luis Beltrán Cortés ante el Notario Unico del Circulo de  Funza,  su  signatario  desistió  expresamente  de  la  acción civil por haber  recibido  del procesado Orlando Zambrano Parra la suma de tres millones de pesos  por  concepto  de indemnización de perjuicios materiales y morales causados con  el  delito  de  homicidio  imperfecto de que fue victima; desistimiento aceptado  por  el Juzgado 32 de Instrucción Criminal mediante auto de l7 de septiembre de  l99l,   decisión  tenida  en  cuenta  por  el  juzgado  del  conocimiento  para  abstenerse de condenar en perjuicios.   

Sin  embargo,  el  Tribunal  no “vió” o no  consideró  esa  realidad procesal profiriendo una condena en perjuicios a todas  luces  indebida,  incurriendo  con tal proceder en falso juicio de existencia de  la  prueba por no haber analizado o valorado “el memorial contentivo del pago de  la indemnización y del consiguiente desistimiento”.   

Segundo:-Violación  directa de la ley sustancial por exclusión evidente  de  los  artículos  3l  y  35  del  Código  Penal,  reproche  que el libelista  sintetiza en los siguientes términos:   

        “En  el  caso del señor LUIS ORLANDO ZAMBRANO PARRA, en razón de  su  avanzado  estado  de embriaguez en que se encontraba al disparar su pistola,  no  se  le  puede  formular ningún reproche a titulo de dolo, por encajar dicha  situación  dentro de la órbita del articulo 3l del Código Penal que es causal  de   inimputabilidad   penal   y   por   ende,   excluyente  de  responsabilidad  criminal.   

        En    consecuencia,    el   H.   Tribunal   sentenciador   aplicó  indebidamente   en la sentencia, los artículos 323 y 26 del Código Penal,  en lugar del articulo 3l de la obra ibidem.   

        La  falta  de  aplicación  de estas dos normas sustanciales en el  caso  sub-judice  hicieron que se produjera la sentencia condenatoria, cuando en  realidad   de  verdad  hubiera  sido  absolutoria  para  LUIS  ORLANDO  ZAMBRANO  PARRA.   

        La  falta  de  aplicación  en la sentencia de los artículos 3l y  35,    condujo    al    sentenciador    a    incurrir   en   ostensi­ble yerro al dejar de aplicar normas  sustanciales reguladoras del caso probado”.   

Consecuente  con  esa  manera  de  razonar  termina  solicitando  casar  la  sentencia recurrida absolviendo al procesado de  los cargos formulados en su contra.   

        CONCEPTO         DEL         MINISTERIO        PUBLICOÑ   

El  Ministerio Público representado por el  señor  Procurador  Primero Delegado en lo Penal, examina los cargos en el orden  en  que  fueron presentados para concluir solicitando la infirmación parcial de  la  sentencia  impugnada  en cuanto condenó al procesado Orlando Zambrano Parra  al  pago  de  los  perjuicios  materiales  y  morales  ocasionados  al lesionado  Jorge   Luis  Beltrán  Cortés y en su lugar liberarlo de tal obligación,  por  aparecer suficientemente probado que el perjudicado con el delito desistió  expresamente  de  la acción civil por haber sido resarcido de tales perjuicios,  desisti­miento aceptado  por      el      Juzgado      mediante      decisión     ejecutoria­da.   

El cargo principal debe desestimarse porque  la  nulidad  reclamada  se  sustenta no en un hecho real, sino en un hipotético  trastorno    mental    por    ingestión    de    bebidas    alcohó­licas,  cuya comprobación requería  del  examen  y observación personal del sindicado, quien a lo largo del proceso  se mostró injustificadamente reacio a colaborar con la justicia.   

Otro  tanto  acontece  con el segundo cargo  subsidiario,  fundamentado  en  los  mismos  argumentos  aducidos  para pedir la  nulidad  del  proceso, repitiendo que si bien es cierto que un testimonio plural  afirmó  el  avanzado  estado de alicoramiento en que se encontraba el procesado  al  momento  de sucederse los hechos, el Tribunal valorando el acervo probatorio  recaudado,  conforme  a  las reglas de la sana critica, arribó a la conclusión  de que Zambrano Parra actuó en condición de imputable.   

        CONSIDERACIONES          DE          LA          CORTE:   

La  Corte  examinará  en orden lógico los  cargos  formulados a la sentencia impugnada comenzando por el relacionado con la  nulidad del proceso.   

        CARGO PRINCIPAL   

Es  verdad que varios testigos manifestaron  haber  visto  al  sindicado  Luis  Orlando  Zambrano  Parra ingiriendo abundante  cantidad  de  licor de las mas variadas clases, antes de suscitarse la riña que  terminó  con  la  vida  de  Jesús  González Melo y produjo graves lesiones en  Jorge  Luis  Beltrán Cortés; pero de ahí no puede afirmarse que la ingestión  de  bebidas  lo  sumergió  en  un  trastorno mental transitorio que le impidió  comprender  la  ilicitud  de  su  conducta  o de determinarse de acuerdo con esa  comprensión,     pues     para     arribar     a     esa     conclu­sión  resultaba  forzoso  -como  lo  indicó  el  perito  psiquiatra  del  Instituto de Medicina Legal -, someterlo a  cuidadoso   examen   y   observación   de   sus   facultades   mentales   y  su  persona­lidad, prueba a  la cual se sustrajo el inculpado.   

Puede resultar menoscabada la eficiencia de  la  acción penal cuando el sindicado, como principal protagonista de los hechos  investigados  y  por  razón  solo  a  él  reprochable,  elude a todo trance la  acción  de  la  justicia, porque no se presenta ante el juez a colaborar con la  práctica  de  pruebas  que  exigen  su  concurso;  no  responde  por los cargos  formulados  en su contra ni ofrece las explicaciones del caso sobre su conducta;  dificulta  en  grado  sumo su propia defensa al extremo de privar al funcionario  judicial  del  conocimiento de una prueba de valor concluyente o de una versión  diferente  de  lo ocurrido, a la que emerge de la realidad procesal. Por eso, no  admite  efecto alguno a su favor la rebeldía del sindicado a comparecer ante la  justicia para responder por sus actos.   

El  Tribunal  Superior,  en  uso  de  sus  atribuciones,  revocó  la  reapertura  de la investigación porque se daban los  presupues­tos  legales  para  proferir resolución acusatoria contra el sindicado ausente, sin que dicho  pronunciamiento   pueda   mirarse   como   atentatorio   del  debido  proceso  o  conculcatorio  del  derecho a la defensa, sino como el natural y obvio ejercicio  de  un  deber  legal, concluyendo, de la valoración conjunta y armónica de los  testimonios  recibidos, que no aparecía comprobado el estado de inimputabilidad  predicado  de  Zambrano  Parra,  quien  por el contrario, mostró capacidad para  comprender  lo  que  estaba  haciendo,  pues primero disparó al aire y después  contra  quienes  le  requirieron  por  esta acción, comprensión conductual que  resulta  corroborada  por  el  hecho  de  que  a  continuación  “se perdió del  lugar”.   

La nulidad, que es la máxima sanción legal  para   sanear   el   proceso  viciado,  solo  puede  decretarse  ante  una  real  irregu­laridad  sustancial  que  no pueda convalidarse y con base en hechos o sucesos verdaderos  y  objetivos  y no en meras hipótesis o expectativas, dependientes del eventual  recaudo  de una prueba que el procesado no permitió acopiar y cuya ausencia fue  suplida    apropiadamente    por   el   criterio   prudente   y   razonado   del  fallador.   

La    demanda    insinúa,   en   forma  contradictoria,  que el fallador ad-quem debió preferir la prueba testimonial a  la   científica,   para  dar  por  establecida  la  condición  de  inimputable  predica­da del procesado  ausente;  cuando  es sabido que conforme al principio de libertad probatoria los  medios  de  persuasión previstos en la ley no están jerarquizados y si bien es  cierto  que  la pericia psiquiátrica para comprobar el estado de sanidad mental  de  una  persona  no  es  prueba única ni insustituible si es por lo menos más  reputable,  máxime frente a una multiplicidad testimonial que no es unánime ni  conclu­yente.   

Las siguientes apreciaciones del psiquiatra  forense    en   respuesta   al   interrogatorio   formulado   por   la   defensa  indagan­do por la salud  mental  del  sindicado  Luis  Orlando  Zambrano Parra al momento de ejecutar los  hechos  imputados,  pone de manifiesto que la prueba hasta entonces recaudada no  amerita­ba la presencia  de  un  trastorno  mental  que  hubiese  obnubilado su conciencia, impidiéndole  comprender  la  ilicitud  de  su  conducta  o  de  determinarse de acuerdo a esa  comprensión,   mientras   no   se   conocieran   los   resultados   del  examen  neuropsi­quiátrico.   

Dijo el perito:  

        “….es  indispensable  contar  con  una  observación  directa, a  través  de un examen del estado mental y de la personalidad del sindicado, así  como  reunir  información  detallada y técnicamente obtenida, a través de una  entrevista  con  el  mismo, para de ésta manera poder establecer si a mas de la  embriaguez,  existen otros factores psicopatólogicos que puedan dar lugar a una  alteración  mental  grave.  Sin  esos elementos (entrevista y examen mental del  sindica­do)  no  nos es  posible emitir concepto alguno,..”.   

Luego expresó:  

        “..aún  cuando  la  embriaguez altera el funcionamien­to   mental  en  algún  grado,  no  configura           necesaria­mente  un  trastorno  que  le impida al sujeto compren­der    y    determinar    sus  actuaciones.   

        En  cada  caso  concreto debe establecerse, mediante el examen del  sujeto,  si  el  efecto  del  alcohol  llegó  a  causar  (generalmente por  reforzamiento  de  otros factores psicopatológicos) una desorganiza­ción   grave  del  psiquismo…una  persona  puede  estar ebria, y por tanto tener algún grado de alteración en su  funcionamiento   mental;  sin  que  ello  implique  que  se  han  suprimido  sus  capacidades      para      compren­der y determinar sus actos” (fs.242 y 243 ibidem).   

De  otra  parte, resulta desatinado afirmar  que  varios  testimo­nios  en  letanía  constituyen indefectible prueba de los hechos por ellos referidos,  cuando  existe demostración diferente y ha desaparecido el sistema de la prueba  tarifada para ser sustituido por el de la sana crítica.   

No prospera la impugnación.  

Primer   Cargo   Subsidiario:-  Cuando  el  recurso  de  casación  tiene por único objeto lo  referente      a     la     indemni­zación  de  los perjuicios decretados en la sentencia de condena,  debe  atenerse  tanto  a  las  causales  como  a  la  cuantía que para recurrir  señalan  las  normas  respectivas  dentro  del  Código  de Procedi­miento  Civil  -artículo  221  del  Código  de  Procedimiento  Penal-.  Ello  ha llevado a que la Sala precise como  consecuen­cias derivadas  de esta regla las que siguen:   

        “a)  Si  el  recurso  se interpone para censurar exclusivamente el  contenido  penal  del  fallo, será procedente si éste fue proferido en segunda  instan­cia   por   un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  el  Tribunal Nacional o el Tribunal  Penal  Militar,  y  que  al  menos  uno  de  los  delitos  de que se trata tenga  señalada   pena   privativa   de   la  libertad  cuyo  máximo,  atendidas  las  circunstancias  de  agravación  y  atenuación modificadoras de la punibilidad,  sea  o  exceda  de  seis (6) años. (Ar­tículo 218 del C. de P.P. incisos o. y o.)   

        b)  Cuando  el  objeto  de  la  demanda es impugnar únicamente lo  referente   a  la  indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia  condenatoria   de  segunda  instancia  dictada  por  alguno  de  los  Tribunales  mencionados,  no  juega  para  nada  el  requisito de la pena correspondiente al  delito,  pero  en  su  lugar,  para  que  el  recurso  sea  proceden­te  es  necesario que la cuantía de  la  resolución  desfavorable  al  recurrente  sea la requerida para recurrir en  casación  civil,  y que la demanda se presente por esas causales (Art.221 C. de  P.P.)   

        En  este  caso  es  importante  que  quien  interpone  el  recurso  extraordinario  manifieste  desde ese momento cuál es su propósito, pues de lo  contrario  se  expone a que si la pena máxima prevista para el delito o delitos  objeto  del  proveído  no  es  de  seis  años o más, el Tribunal le niegue la  impugnación;  o  si  se  cumple  el requisito de la pena y e admiten el recurso  creyendo  que  su  inconformidad es con el aspecto penal de la decisión, cuando  presente  la  demanda  atacando  únicamente  los  perjuicios, si no se llena la  exigencia  de  la  cuantía,  al analizar si el escrito se ajusta o no a derecho  resultará inadmitido.   

        c)  Si  el  censor  pretende  formular  cargos contra la sentencia  respecto  del tema penal, y también en materia exclusivamente de indemnización  de  perjui­cios, como es  el  caso  que  nos  ocupa,  puede  hacerlo  en  la  misma  demanda en capítulos  separados,  pero respecto de cada uno de los tópicos que pretende cuestionar se  deben  reunir  sus  respectivos requisi­tos,  es  decir,  para lo primero la pena máxima prevista, y para  lo  segundo  la  cuantía  que en ese momento se exija en casación civil”.(Cfr.  casación   de   julio   30  de  1996,  Magistrado  Ponente  Dr.Ricardo  Calvete  R.)   

Lo anterior resulta comprensible, porque si  bien  en  el  artículo  43  del  Código  de Procedimiento Penal se autoriza el  ejercicio      de      la      acción      civil     de     resarci­miento al interior del proceso penal  que    surge    del    delito    causante    del   daño   a   indem­ni­zar,  jamás  por  esa circunstancia  llega  a  confundir  la  ley la naturaleza de una y otra acción, ni mucho menos  sus  fines,  su  objeto,  sus  titulares  ni  su  vigencia,  y  ello deslinda el  verdadero     interés     de     los     intervinientes     procesa­les  en materia de interposición de  sus  recursos,  justificando  en  el  de casación la separada regulación de su  ejercicio.    

Siendo ello así, mal se podría admitir en  casación  la formulación de cargos penales infundados, solo con el pretexto de  quebran­tar    la  limitan­te   de   la  cuantía      en     el     resarci­miento,   en   cuanto   el   monto   de   los   perjui­cios       aislada­mente       conside­rados      no     otorgue     la  posibi­lidad    de  interponer    el    recurso   extraor­dina­rio,  pues      un     evento     tal     quebrantaría     los     princi­pios de lealtad e igualdad entre las  partes,  y desvia­ría el  fin   previsto   en   el   artículo  221  del  Código  de  Procedi­mien­to    Penal    traído   a   cita,  inte­grando en últimas  un  verdade­ro abuso del  derecho        con        descono­cimiento    del    artículo   95-1   de   la   Consti­tución      Políti­ca.   

Por   lo   anterior,   como  en  el  caso  controvertido  es  claro  que el interés del recurrente sobre indemnización de  perjuicios   no   superó  los  550  gramos  oro  (400  por  resarci­miento      de      daños   materia­les,  y 150 por  el  de índole moral), bastará con saber que el valor de este metal precioso al  tiempo      de      la      impugna­ción  del  fallo  no alcanzaba los once mil pesos por gramo, para  entender  que  la  cuantía habilitante de la impugnación extraordi­naria       ($19.60­0.00­0,oo  para  el  año de 1993) estaba  por  encima  del  resarcimiento perseguido, y ello conduce a determi­nar   la  inoperancia  del  recurso  interpuesto.   

Ahora  bien, no quiere significar lo dicho,  que  a  falta  de  pronunciamiento en esta sede, pueda quedar el recurrente  en  desampa­ro, porque si  se  tomara  el  fallo  del  Tribunal  para  intentar  un nuevo cobro respecto de  perjuicios  satisfe­chos,  al  margen  de  la  posible  incursión  del  reclamante  en un delito de fraude  procesal,    aún    le   quedaría   al   procesado   la   posibili­dad  de  excepcionar en su favor los  pagos hechos.   

Lo  cierto es que al no colmar el cargo las  exigencias   de  ley  para  su  estima­ción  en  esta sede, forzosamente asoma a su improspe­ridad como respuesta.   

Segundo   Cargo   Subsidiario:-Este   reproche,  que  constituye  en  el  fondo  complemento  o  continuación  del  cargo  primero,  tampoco  está  llamado  a prosperar por lo  expuesto        en       preceden­cia,  y  porque  se  apoya  en  el  supuesto  de que la embriaguez  padecida  por  el  acusado  generó  en  él  una causal de inimputa­bilidad  (artículo  3l  del Código  Penal),  que  le  impidió comprender la ilicitud de sus actos o determinarse de  acuerdo con esa comprensión.   

La  alegación  no  tiene  sustento  en  la  realidad   sino   en   un   enfoque  puramente  hipotético,  que  no  encuentra  demostración  dentro  del  proceso,  de acuerdo con las razones indicadas y que  por   el   contrario   aparece  desvirtuado,  según  se  colige  del  análisis  expuesto.   

Además,  la  vía  escogida para el ataque  (violación  directa) resulta inapropiada, porque tal perspectiva hace necesario  que   el   fallador   hubiese   aceptado   una   cualquiera  de  las  formas  de  inimputabilidad  (inmadurez psicológica o, para el caso, trastorno mental) y ya  se  ha determinado que éllo no supera el simple plano conjetural, al no merecer  reconocimiento del Tribunal en la sentencia acusada.   

        DECISION:   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  en Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE:   

NO  CASAR  la  sentencia   impugnada   a   nombre   del   procesado   Luis   Orlando   Zambrano  Parra.   

Cópiese,      devuélvase      y  cúmplase.   

        FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO    CALVETE   RANGEL                                  JORGE    CORDOBA  POVEDA          

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE    JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                    DIDIMO             PAEZ  VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

CON SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

PERJUICIOS/  EXTINCION DE LA ACCION   

PROCESO                                    : 9334   

SALVAMENTO DE VOTO  

Mi respetuosa discrepancia con la decisión  mayoritaria  de  la  Sala,  radica  únicamente  en seguir considerando, como lo  había  planteado  en  el  proyecto  que  presenté, que la sentencia de segunda  instancia  impugnada  debió casarse parcialmente, por encontrarse demostrado el  primer cargo subsidiario,  concretado  a  la  aplicación  indebida de los artículos l06 y l07 del Código  Penal,  al  condenarse  al acusado LUIS ORLANDO ZAMBRANO PARRA al pago del valor  de  los  perjuicios  materiales  y morales causados a JORGE LUIS BELTRAN CORTES,  desconociendo  que  el  ofendido  había  desistido  expresamente  de la acción  civil,   cuya  extinción  quedó  ejecutoriada,  por  haber  sido  resarcido  a  satisfacción de tales perjuicios.   

Como  en  todo  lo  demás tal proyecto fue  adoptado  por la Sala y conforma la providencia, en fundamento de la salvedad de  mi  voto  transcribo  textualmente y reitero a continuación los párrafos tanto  de   la  parte  motiva  como,  consecuencialmente,  de  la  resolutiva,  que  no   

merecieron  acogida  por  el  resto  de los  integrantes de la Sala:   

Primer   Cargo   Subsidiario:-Siendo  incuestionable,  como  resulta de autos, que la víctima  del   homicidio   imperfecto,   JORGE  LUIS  BELTRAN  CORTES,  mediante  escrito  autenticado  ante  Notario  y  allegado al proceso por el defensor del inculpado  ausente  (f.25l),  desistió  expresamente  de  la  acción civil por haber sido  resarcido  a  su  satisfacción,  por  parte  del  sindicado,  de los perjuicios  sufridos  a  consecuencia del delito, lo cual asimismo ocurrió frente a quienes  se  presentaron  como  herederos  de JESUS GONZALEZ MELO (f.235), desistimientos  aceptados  por  el  Juzgado 32 de Instrucción Criminal mediante providencias no  protestadas  (fs.237  y 253), se imponía no tomar decisión contra el procesado  por  dicho  concepto,  como  acertadamente  definió  el  Juzgado  Promiscuo del  Circuito  de  Funza  al  abstenerse  de  condenarlo  al  pago  de los perjuicios  causados (f.463).   

El  Tribunal  Superior  de  Santafé  de  Bogotá,  advirtiendo  sólo  parcialmente  esa  realidad procesal, confirmó la  exoneración  en  lo  relacionado “exclusivamente con el punible de homicidio en  la  persona  de  JESUS GONZALEZ MELO”, pero condenó al acusado al pago de l50 y  400  gramos  oro,  equivalente  en  moneda  nacional, por concepto de perjuicios  morales  y materiales, respectivamente, en favor del ofendido JORGE LUIS BELTRAN  CORTES,  incurriendo de tal modo en ostensible y trascendente error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  de  unos  documentos obrantes en el proceso y del  suceso  por  ellos  revelado,  a saber, el desistimiento de la acción civil por  haber  sido  indemnizado  el  perjudicado  de  los  daños a él causados con el  delito,   y   la  aceptación  de  tal  desistimiento  con  la  declaratoria  de  “extinción  de  la  acción  civil  dentro  de  éste proceso penal”; yerro que  llevó  al  sentenciador ad-quem a aplicar en forma indebida los articulos l06 y  l07 del Código Penal.   

El Juzgado fundó dicha declaración en el  articulo  54  del Decreto 050 de l987, entonces vigente, según el cual “El pago  de  la  indemnización, aceptado por el perjudicado, dará lugar a la extinción  de  la  acción  civil”; previsión que el actual Código de Procedimiento Penal  consagró  mediante  remisión, al disponer en su articulo 62: “La acción civil  proveniente  del hecho punible se extingue en todo o en parte, por cualquiera de  los  modos  consagrados  en  el Código Civil”, entre los cuales se encuentra la  transacción  (artículo  l625  ord.3°),  que  “puede recaer sobre la acción  civil  que  nace  de un delito, pero sin perjuicio de  la  acción criminal” (art.2472) y “produce el efecto  de  cosa  juzgada  en  última  instancia” (art.2483  ibidem).   

Lo anterior viene a colación para resaltar  que  el  error del Tribunal consistió en ignorar que la acción civil se había  extinguido  por  uno  de  los  modos consagrados en la ley, equivocación que lo  llevó  a  revivir en la  sentencia   una   acción   ya  fenecida,  exponiendo  al  recurrente  a las consecuencias y rigores de un  eventual  litigio  civil  para el cobro de una indemnización de perjuicios, que  había cancelado a satisfacción del perjudicado.   

El presente caso guarda diferencias frente  al  fallado con fecha 30 de julio del año en curso, M.P. doctor Ricardo Calvete  Rangel, ocasión en la cual esta corporación manifestó:   

“c)Si  el  censor pretende formular cargos  contra   la   sentencia   respecto   del  tema  penal,  y  también  en  materia  exclusivamente  de  indemnización de perjuicios, como es el caso que nos ocupa,  puede  hacerlo  en  la  misma  demanda en capítulos separados, pero respecto de  cada   uno  de  los  tópicos  que  pretende  cuestionar  se  deben  reunir  sus  respectivos  requisitos,  es  decir, para lo primero la pena máxima prevista, y  para  lo  segundo  la  cuantía  que  en  ese  momento  se  exija  en  casación  civil”.   

En  aquella  oportunidad,  el  recurrente  (defensor,  como  acá) argumentaba que el fallador había incurrido en un error  de  derecho,  al  reconocerle a un avalúo pericial una sustentación probatoria  que   no  tenía  respaldo  dentro  del  proceso,  lo  cual  repercutió  en  un  pronunciamiento  por  encima  de lo pedido, generándose inconformidad acerca de  una  suma  que,  sin  embargo,  resulta  inferior  a  la  que  daría lugar a la  impugnación, según lo anteriormente transcrito.   

En el asunto que actualmente se considera,  el  Juzgado  32 de Instrucción Criminal, mediante determinación interlocutoria  de  fecha  septiembre l7 de l99l, debidamente proferida y ejecutoriada (fs.253 y  ss.),  después  de apreciar “el memorial de desistimiento suscrito precisamente  por  el  perjudicado…  ante  Notario,  ostentando  el  documento  la firma del  ilustre  defensor”  y  habida  cuenta  de  que  “la acción civil sigue teniendo  carácter  privado… Por consiguiente el perjudicado puede desistir o transigir  dicha acción”, resolvió:   

“Primero:-NEGAR  el  desistimiento  de  la  acción  penal…  Segundo:-ACEPTAR  EL  DESISTIMIENTO  de  la acción civil, de  acuerdo con el memorial suscrito por el perjudicado.   

Tercero:-En  consecuencia,  DECLARAR  LA  EXTINCION de la acción civil dentro de este proceso penal”.   

Como  el  Tribunal  dejó de advertir esta  situación   en  el  fallo,  el  casacionista  lo  ataca  por  falso  juicio  de  existencia,  reprochándole  no  haber  observado  “que  ese  derecho  se había  extinguido”.   

Según  se aprecia, en el diligenciamiento  actualmente  bajo  estudio  el  yerro endilgado a la sentencia es de mucha mayor  entidad  y consecuencias que el simple desacuerdo cuantitativo sobre el monto de  la  indemnización,  pues  se  trata  de haber sido creada de nuevo, sin el más  mínimo  fundamento,  una  obligación  legalmente  fenecida;  lo  atacado es la  resurrección  dentro  del proceso penal de una acción civil cuya extinción no  solamente  habría  sido  declarada  por  decisión  judicial en firme, sino que  legalmente  había  producido  “efecto  de  cosa  juzgada  en última instancia”  (art.2483 C.C.).   

En síntesis, lo que se controvierte no es  el  monto de la indemnización de los perjuicios materiales y morales reconocida  en  la  sentencia  objeto de impugnación en favor de JORGE LUIS BELTRAN CORTES,  que  ciertamente  está  por  debajo de la cuantía establecida para recurrir en  casación    civil,   sino   el   fenómeno   jurídico   de   la   extinción  de la acción civil, que al  ser  desconocido dió lugar a la condenación en perjuicios; hecho patente y con  fuerza concluyente, que el fallador ad-quem ignoró.   

Estas  consideraciones las concluía en la  propuesta   resolutiva   de   “CASAR   PARCIALMENTE  la  sentencia  impugnada,  únicamente  en cuanto condenó al procesado Luis Orlando Zambrano Parra al pago  de  los  perjuicios  causados  al lesionado Jorge Luis Beltrán Cortés y, en su  lugar,  REVOCAR tal condena indemnizatoria … En todo lo demás, queda en firme  el fallo impugnado.”   

Como solución subsidiaria recomendé, con  énfasis  y  sin  éxito, que vistas las cosas desde el ámbito puramente civil,  se  estimara  que  implicando el desistimiento de la acción civil la renuncia a  la  pretensión  por  la  persona  perjudicada  con  el  delito,  su aceptación  mediante  providencia  judicial  equiparada a sentencia absolutoria (Art.342 del  C.   de   P.   C.)   con   fuerza   de   cosa   juzgada,  impedía  revivir    un    asunto   legalmente  concluido,  so  pena  de  generar  nulidad a las voces del artículo 140-3 de la  mencionada  codificación procesal civil, antiguo 152, modificado por el decreto  2282 de 1989.   

Con  todo  comedimiento  y en conclusión,  mantengo  el  criterio  de  que,  por  las  razones  expuestas  y  en aras de la  prevalencia  del  derecho  sustancial, efectivo y libre de falencias (artículos  228  de  la  Constitución  Política  y 9, 13 y 22 del Código de Procedimiento  Penal),  la  Corte  aceptando  el cargo formulado como primero subsidiario o por  vía   de  nulidad,  ha  podido  enmendar  tal  error  casando  parcialmente  la  sentencia,  exclusivamente  en cuanto condenó al procesado ausente Luis Orlando  Zambrano  Parra  al  pago  de  los perjuicios. En mi concepto, ésta parte de la  decisión  debió  ser  revocada  por  encima  del  simple  formalismo,  dejando  incólume  la  sentencia  en  todo  lo  demás, en asunto cuyo conocimiento, por  impugnación   extraordinaria,   ya   había   asumido   un   organismo  llamado  Corte  Suprema,  que por  tecnicismos  muy  sustentados  entre juristas, pero que no logrará entender una  comunidad  necesitada  de  justicia efectiva, omite corregir un acto irregular a  pesar  de  haberlo  advertido  y  ser  el  motivo  expreso  de uno de los cargos  formulados en recurso de casación admitido en su oportunidad.   

Respetuosamente,  

NILSON PINILLA PINILLA  

Magistrado  

Fecha  de firma de la providencia: Octubre  24 de 1996.   

     

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