5588 (23-07-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    ACCION DE REVISION  

Tesis:  

Importa  destacar  que  ubicada  dentro  del  concepto  procesal  de  acción,  la  Revisión  envuelve  un proceso al proceso  respecto  del  cual  se  intenta.  Y que implica el ejercicio de un derecho a la  decisión  (  derecho  público pero subjetivo, con cada vez mayor pluralidad de  titulares)  . Dentro de ese contexto, el derecho a la decisión viene supeditado  al  cumplimiento  de  presupuestos  que  pueden  ser  procesales  o  materiales,  caracterizándose  los  primeros  por  ser  referidos  a  la acción misma, a la  demanda  o  al  procedimiento,  y  los  segundos  a  la  pretensión en tanto su  cumplimiento  permite  proferir  sentencia de mérito que, en sede de revisión,  puede ser rescindente o desestimatoria.   

PROCESO                              : 5588   

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

Magistrado Ponente:  

Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

Aprobado Acta No. 96 (26-06-96)  

                    Santa Fe de  Bogotá,  D.  C.,  veintitrés  (23)  de julio de mil novecientos noventa y seis  (1996).   

VISTOS  

                    Cumplido el  trámite  legal,  procede  la  Sala  a  emitir  la  sentencia que ponga fin a la  acción.   

ANTECEDENTES  

                     El Juzgado  Quinto  Superior  de Cali, en sentencia de 23 de octubre de 1987, condenó a los  procesados  MIGUEL  JOSE  POMBO SALAZAR y OLGA LUCERO  CALLE  VILLEGAS a siete (7) años de prisión efectiva  como  coautores  responsables del delito de peculado por apropiación, al tiempo  que  declaró  la  prescripción  en favor de los mismos respecto del punible de  falsedad ideológica en documento público.   

                         Dicha  decisión  fue  apelada  originándose  la  alzada  ante el Tribunal Superior de  Cali,  Corporación  que  mediante sentencia de 16 de agosto de 1988, revocó la  prescripción  decretada  y,  consecuentemente,  incrementó a ocho (8) años la  pena  de  prisión  que se había impuesto a los dos mencionados procesados, por  hallarlos  responsables  del concurso conformado por los delitos de peculado por  apropiación y falsedad ideológica en documento público.   

                   La sentencia  de  segundo grado fue impugnada mediante el recurso extraordinario de casación,  pero  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  sentencia  de 27 de agosto de 1990,  resolvió  NO CASAR, lo que permitió que la decisión atacada hiciera tránsito  a cosa juzgada.   

                     LA DEMANDA  DE  REVISION                    

                          Los  sentenciados   MIGUEL   JOSE   POMBO   SALAZAR  y  OLGA  LUCERO  CALLE  VILLEGAS  constituyeron  apoderado  para accionar en revisión. La correspondiente demanda  se  presentó  el  16 de octubre de 1990. La causal invocada es la consagrada en  el  numeral  segundo  del  artículo  231  del  Decreto  050 de 1987, C. de P.P.  vigente  para  la  época, y se funda en el supuesto fáctico de que para cuando  se  profirió  la  sentencia de casación ya se había agotado el tiempo con que  contaba  el Estado para sancionar los ilícitos investigados. En otras palabras,  se  plantea  que  la  sentencia condenatoria proferida contra los demandantes se  produjo  en un proceso que ya no podía proseguirse por encontrarse prescrita la  acción penal.   

ACTUACION PROCESAL                          

                     Tramitados  los  impedimentos  de  los  Magistrados  de la Corte Suprema que suscribieron la  sentencia  de  casación  objeto de la presente acción y una vez reintegrada la  Sala,  el  31  de  julio  de  1991  se  admitió  la  demanda  de revisión y se  reconoció    al    doctor   Julio   Romero   Soto   como   apoderado   de   los  accionantes.   

                           La  notificación  del  auto  admisorio  de  la  demanda  debió realizarse mediante  comisión  al  Juez Primero Superior de Cali. El 11 de mayo de 1992 se profirió  un  auto  del  conjuez  sustanciador  ordenando  abrir el trámite a pruebas por  treinta   (30)   días,   decisión   que   fuera  notificada  personalmente  al  apoderado.   

                     Precluído  el  traslado  anterior sin que se hubiera recibido ninguna solicitud de pruebas,  el  21  de  septiembre  de  1992  se dispuso correr traslado a las partes por el  término de quince (15) días para alegar.   

                      El  4 de  agosto  de 1993 la Sala de Conjueces anuló la actuación desde el auto de 11 de  mayo  de  1992,  mediante  el  cual  se  abrió  el trámite a prueba, y ordenó  reponerla  en  debida  forma,  tras  advertir  que  no  se  habían  agotado las  diligencias  de  notificación  del  auto  admisorio  de  la demanda a los otros  condenados  no  recurrentes,  ni  se  le  había designado defensor de oficio al  único absuelto en la sentencia impugnada.   

                      Por esos  días   se   produjo   el  secuestro  del  Dr.  Carlos  Upegui  Zapata,  Conjuez  Sustanciador  del  caso,  siendo  necesario  reemplazarlo temporalmente mediante  sorteo,  recayendo la designación en cabeza del doctor Adolfo Salamanca Correa.  Una  vez  posesionado  el nuevo conductor del proceso, el 4 de noviembre de 1993  dispuso   abrir   el   trámite  a  prueba  por  el  término  de  treinta  (30)  días.           

                        Cuando  comenzaba  a  correr  el  término anterior ocurrió que el Conjuez sustanciador  pasó  a  desempeñar  un  cargo público, imponiéndose reemplazarlo. Fué así  como  efectuado  el  respectivo  sorteo de conjueces, la conducción del proceso  quedó  a cargo del doctor Fabio Aristizábal Hoyos, quien luego de posesionarse  profirió  un  auto  fechado  el  17 de marzo de 1994, revocando el auto de 4 de  noviembre  de  1993 por el cual se abrió a prueba el proceso, tras advertir que  no  se  había  notificado en debida forma el auto admisorio de la demanda a los  procesados no recurrentes.   

                      Subsanada  dicha  irregularidad,  el 19 de abril de 1994 se abrió nuevamente el trámite a  pruebas  por  el  término  de  treinta  (30)  días.  Cuando se notificaba esta  decisión  se  tuvo  conocimiento  de  que  el  doctor  JULIO ROMERO SOTO había  fallecido  en enero de 1994 en los Estados Unidos, razón por la cual se dispuso  comunicar  ese hecho a los accionantes a fin de que manifestaran lo concerniente  a su representación judicial.   

                      El 11 de  agosto  de  1994  se  recibió  en  secretaría  un  memorial  poder debidamente  autenticado,   mediante  el  cual  los  accionantes  designaron  como  su  nuevo  apoderado  al doctor SILVIO ACOSTA DAVID, quien fue reconocido como tal por auto  del día 16 del mismo mes.   

                      El  5 de  septiembre  de  1994,  el Conjuez Ponente dispuso revocar el auto de 19 de abril  próximo  pasado  donde  erróneamente  se  abrió  el  trámite a prueba por 30  días,  y  en  su  lugar  ordenó  abrirlo  por el término legal de 15 días de  conformidad con lo previsto en el artículo 237 del C. de P.P.   

                      Al  día  siguiente  se  libraron  los oficios para comunicar esta decisión a las partes,  destacándose  que  por  no  haber  suministrado el apoderado de los accionantes  dirección  alguna  donde  localizarlo, se optó por solicitársela a través de  aquellos.   

                   Precluído  el  traslado  a  los sujetos procesales para solicitar pruebas, éstos guardaron  silencio.   El  19  de  octubre  de  1994 se ordenó tener como pruebas las  aportadas  con  la demanda y correr traslado a las partes por el término común  de quince (15) días para alegar.   

                    Libradas  las  comunicaciones  de rigor y vencido el término del traslado, ninguno de los  sujetos procesales presentó alegato de conclusión.   

                                           Encontrándose  el  proceso  para  fallo  el  conjuez sustanciador  profirió  un  auto el 5 de diciembre de 1994 disponiendo enviar el expediente a  la  Presidencia  de la Sala con el fin de que se lo asignara a alguno de los dos  nuevos  Magistrados integrantes de la Sala en quienes no concurría la causal de  impedimento manifestada por sus antecesores.   

                    Fue así  como  a última hora le correspondió asumir como ponente al suscrito Magistrado  por  seguir  en turno conforme al reparto inicial del asunto y en aplicación de  lo dispuesto por el artículo 17 del Decreto 1265 de 1970.   

                                           Finalmente,  habiendo ingresado el expediente para fallo, el 20 de  enero  de  1995  se  recibió  un  memorial  del  apoderado  de  los accionantes  informando  la  dirección de su casa y de su oficina, ambas localizadas en Buga  (Valle).   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

                            De  tiempo  atrás  viene  discutiendo la doctrina si la Revisión es un recurso  extraordinario  o una acción. Los códigos de Procedimiento Penal Colombiano la  nominaron  como recurso extraordinario durante la vigencia de la ley 94 de 1938,  del  Decreto 409 de 1971 y del Decreto 050 de 1987; a partir del Código actual,  Decreto  2700  de  1991  se  le  ha  dado  el  tratamiento de acción. Asimismo,  jurisprudencialmente,  ya  la  Corte había señalado en 1980 (Auto de Noviembre  13)  cómo sustancialmente era una acción, esto es, no un incidente que surgía  en  el  “proceso  para  el  proceso  mismo”  sino  “un derecho que surge antes o  después  del  proceso para cambiar o modificar un status que en la revisión es  el   que   establece   la  sentencia  (condenatoria).”  De  allí  se  derivaban  consecuencias   en  los  planos  teórico  y  pragmático  que  para  el  evento  específico  que  decide  la  Sala no es  del caso  traer a colación,  máxime  cuando la normatividad de derecho positivo vigente ha introducido en su  regulación  disposiciones  que  a  veces  tienden  a confirmar su naturaleza de  acción y, en otras, a desnaturalizarla.   

                 Ahora  bien,  importa  destacar  que  ubicada  dentro  del  concepto procesal de  acción,  la  Revisión  envuelve  un  proceso  al  proceso respecto del cual se  intenta.  Y  que  implica  el  ejercicio  de un derecho a la decisión ( derecho  público  pero  subjetivo,  con cada vez mayor pluralidad de titulares) . Dentro  de  ese  contexto, el derecho a la decisión viene supeditado al cumplimiento de  presupuestos  que  pueden  ser  procesales  o  materiales, caracterizándose los  primeros  por ser referidos a la acción misma, a la demanda o al procedimiento,  y  los  segundos  a  la  pretensión  en  tanto su cumplimiento permite proferir  sentencia  de  mérito  que,  en  sede  de  revisión,  puede  ser rescindente o  desestimatoria.   

             Ahora bien,   

                         El  artículo  238 del C. de P.P., impone al demandante la perentoria obligación de  alegar  dentro  del  término  de  traslado  previo  al  proferimiento del fallo  revisorio.   

                        Tal  obligación  se  desprende  de  la  naturaleza  dispositiva  que  caracteriza la  acción  de  revisión  y  constituye  una  verdadera  carga  procesal  para  el  demandante,  cuyo  incumplimiento  debe  conducir fatalmente a la producción de  consecuencias desventajosas frente a  sus pretensiones.   

                        Con  relación   a   este   tema   bien   vale   la   pena   recordar   a   Francesco  Carnelutti:   

”   La  fuerza  que  suministra  para  el  movimiento  del  proceso  el interés en litigio, puede ser contrabalanceada por  otros  intereses  de la misma parte en conflicto con él: así, para proponer al  Juez  la demanda es necesario que la parte invierta tiempo y dinero; de aquí el  peligro  de  que se abstenga, esperando de una iniciativa distinta de la suya, a  fin  de  gozar el beneficio sin experimentar el sacrificio. A fin de evitar este  peligro  debe  cortarse  aquella  esperanza,  de  manera  que  la parte no pueda  contar,  para  obtener  ciertos  resultados procesales, más que consigo misma y  que  el  sacrificio de sus intereses en contraste con el interés en litigio sea  la  inevitable  contrapartida  del beneficio que el proceso puede procurarle. En  términos   técnicos   esto  quiere  decir  imponer  a  la  parte  cargas procesales.   

“También   esto  es  para  la  parte  un  deber;  pero no el mismo  deber  que  se  resuelve  en  la  obligación, y por eso se lo denomina en forma  diferente;  la  diferencia  entre  ambas especies la enseña también la teoría  general,  que  sólo  recientemente  ha llegado, mediante un delicado trabajo de  análisis,   a   separar   una  de  otra  ambas  figuras:   obligación  es  subordinación  de  un  interés  del  obligado a un interés ajeno impuesto por  medio  de  la sanción; carga es la subordinación de  uno  o  más  intereses  del  que  sufre  la carga a otro interés suyo impuesto  haciendo  de  ella  una  condición para la obtención de dicho interés.”   (Instituciones  del  Proceso Civil, Quinta Edición,  Volumen I, pág. 331).   

                  Recogiendo  estas  precisiones  puede  afirmarse  que  como el aquí demandante no alegó de  conclusión  y  hacerlo  es  condición  legalmente  establecida  para  la plena  obtención  del  derecho a la sentencia de mérito, la Corte no puede hacer cosa  distinta  que  inhibirse  de  examinar  las  pretensiones  de  la demanda por la  imposibilidad  de  adentrarse  en el estudio de la causal de revisión invocada.  Este  tipo  de  decisión implica, entonces, que no se produce efecto preclusivo  por   la   misma   causal  e  idéntico  fundamento.  Y  como  surge,  al  menos  hipotéticamente,  noticia  de  probable falta disciplinaria por el abandono del  proceso,  dada  la omisión que se ha señalado, es del caso compulsar copias de  lo  pertinente  con  destino  a  la autoridad disciplinaria que lo es el Consejo  Seccional de la Judicatura, Sala jurisdiccional.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

                                INHIBIRSE  DE FALLAR LA ACCION  INSTAURADA,   de   naturaleza,   fecha   y   orígen   señalados  en  la  parte  motiva.   

                              Compúlsense las copias aludidas en la motiva.   

CUMPLASE.             

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                                 JORGE      CORDOBA  POVEDA                                    

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE            CARLOS  E.    MEJIA    ESCOBAR                                  

NILSON    PINILLA   PINILLA                                                 FABIO  ARISTIZABAL HOYOS   

                                                                                                Conjuez   

                                                                                   No firmo   

WANDA    FERNANDEZ    LEON                                                                            JULIO ROZO ROZO   

               Conjuez                                                         Conjuez   

            No   firmo                                                No firmo   

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria.-  

   

    

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