9180 (23-03-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 9180  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No. 042   

Santa Fe de Bogotá D.C., veintitrés (23) de  marzo de mil novecientos noventa y cinco (1995)   

          V I S T O S:   

El  16  de  septiembre  de 1993, el Tribunal  Superior  de Ibagué confirmó la sentencia dictada por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito de Lérida (Tolima) que condenó al procesado LUIS GERARDO QUESADA  DIAZ  a  la pena principal de 40 meses de prisión, por hallarlo responsable del  delito  de homicidio simple, cometido en las circunstancias del artículo 60 del  Código Penal; decisión recurrida en casación por su defensor.   

          H E C H O S   

La  madrugada  del 13 de septiembre de 1991,  dentro  del  perímetro urbano de la población de Lérida, Luis Gerardo Quesada  Díaz y Orlando Castro Coronado, momentos después de   

que  aquél  recibiera  de  éste  ofensas y  provocaciones  dentro del establecimiento de billares y heladería “La Central”,  se  trenzaron  en  riña,  en  desarrollo de la cual el segundo de los nombrados  sufrió   de   manos   del   primero   dos   navajazos   que   le   causaron  la  muerte.   

          A C T U A C I O N    P R O C E S A L   

El  Juzgado Catorce de Instrucción Criminal  de  Lérida  inició  la  investigación,  oyendo  en  indagatoria  al sindicado  Quesa-da  Díaz  y en declaración a varios testigos presenciales, definiéndole  la  situación  jurídica  con medida de asegura-miento de detención preventiva  por el delito de homicidio.   

A petición de la defensa, se dispuso por la  funcionaria  instructora  someter  al procesado a examen médico-siquiátrico, a  fin  de  determinar  si  al  momento de los hechos se encontraba en capacidad de  autorregularse,   “si  sufrió  trastorno  mental  transitorio  determinando  si  ocasionó  secuelas”,  y  si el examinado se encontraba en capacidad de obrar en  forma diferente a como lo hizo (f.73 del cdno. ppal.).   

El  médico  siquiatra  del  Instituto  de  Medicina  Legal,  Seccional  de  Ibagué, después de entrevistar a Luis Gerardo  Quesada  Díaz,  indagar  por  sus  antecedentes  y  referirse a las pruebas del  proceso, arribó a la siguiente conclusión:   

         

“1)Para el día de los hechos el entrevistado  se  encontraba  en  estado  de  EMBRIAGUEZ AGUDA probablemente entre grado uno y  dos.   

“2)El  nivel  de intoxicación unido a otros  factores  mermó  la  capacidad para autorregularse por lo cual considero que se  encontraba en un TRASTORNO MENTAL TRANSITORIO sin secuelas.   

“3)La   rapidez   de   los  hechos  y  la  emocionalidad  probablemente  le  impedían  obrar  en forma diferente a como lo  hizo” (fs.144 a 147 ibidem).   

Clausurada  la etapa investigativa, el 13 de  enero  de  1992 el Juzgado Catorce de Instrucción Criminal radicado en Lérida,  apartándose  de  las  conclusiones  de  la  pericia  siquiátrica, calificó el  mérito  del sumario con resolución de acusación en contra de Quesada Diaz por  el   delito  de  homicidio  simple  cometido  en  estado  de  ira,  causada  por  comportamiento  grave  e  injusto de la víctima (Artículos 60 y 323 del C.P:);  enjuiciamiento  apelado por su defensor y confirmado por el Tribunal Superior de  Ibagué, mediante providencia de fecha mayo 7 de 1992.   

Habiendo fracasado la terminación anticipada  del  proceso  por  la  vía  del artículo 37 del C. de P.P., el Juzgado Primero  Penal  del Circuito de Lérida ordenó la libertad provisional del procesado por  la  causal  contemplada  en  el numeral 5�  del  artículo 439 del decreto 050 de 1987, ante-rior C. de P.P.,  vigente  al  momento  de  los  hechos  y  apli-cado  ultraactivamente   por    favorabilidad;    llevó   a   cabo   la   audiencia   pública   y   puso  fin  a la  instancia con sentencia  de  fecha  4  de junio de 1993, mediante la cual condenó a Luis Gerardo Quesada  Díaz  a  la  pena principal de 40 meses de prisión, a la sanción accesoria de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un período igual al de la  pena  principal  y  al  pago  en  concreto  de los perjuicios causados. Declaró  además  que  el  condenado  no  se  hace  acreedor  a ninguno de los subrogados  penales,  razón  por  la  cual  ordenó  su captura para hacer efectiva la pena  impuesta.  Este  fallo  fue  apelado  por  la  defensa  y  confirmado  el  16 de  septiembre  de  1993,  sin  modificación  alguna,  por  el Tribunal Superior de  Ibagué,    mediante    la    decision    que   es   objeto   del   recurso   de  casación.   

          DEMANDA DE CASACION   

Bajo  el  ámbito  de  la  causal primera de  casación  se  afirma que la sentencia impugnada es violatoria “cuando menos, de  los  artículos  1,  31, 33 y 35 a 39 del Código Penal” y varios del Código de  Procedimiento  Penal  por  error  de  hecho  manifiesto,  “por haberse dejado de  estimar  en  su  valor probatorio el dictamen siquiátrico”, conforme al cual el  procesado  Quesada  Díaz  al  momento  de  ejecutar el hecho punible no tuvo la  capacidad  de comprender la ilicitud de su acto o de determinarse de acuerdo con  esa  comprensión,  por trastorno mental transitorio, sin secuelas; reproche que  el demandante condensa en los siguientes términos:   

“La  prueba  pericial  a  que  nos  hemos  referido,  de  carácter  siquiátrico,  no  fue  tenida en cuenta, existe y fue  legalmente  pedida, decretada y practicada, pero no se le asignó valor alguno y  por  tanto no se aplicó en favor del procesado el tratamiento de inimputable de  que  habla  el  artículo  31  del  Código Penal y por tratarse de un trastorno  mental  transitorio  y sin secuelas debió habérsele aplicado al inculpado Luis  Gerardo  Quesada  Díaz  el  artículo  33  de  la  misma  codificación y no el  artículo    323    vigente    por    entonces    con    la    atenuación    ya  mencionada.   

Así  las  cosas,  por  haberse  dejado  de  estimar  en  su  valor  probatorio  el  dictamen  siquiátrico  se  violaron los  artículos  31  y  33  del  Código  Penal,  por no aplicación de los mismos al  presente  caso, esto es, que se cometió en sentencia impugnada un típico error  de  hecho,  ya  que  ésta  prueba,  que  pasó  por  toda  ritualidad procesal,  necesariamente  determinaba  cómo  se  debía  juzgar  al  procesado,  si  como  imputable  o  como  inimputable y si se le aplicaba pena o medida de seguridad o  si no se le aplicaba ninguna”.   

… … …  

“De  contera,  la  no  apreciación  de  la  pericia  siquiátrica  en el valor que la misma ley procesal le asigna, también  llevó  a  que  el  Tribunal errara al aplicar al procesado el artículo 323 del  Código  Penal,  aún  cuando  disminuído  en  sus efectos por la aplicación y  reconocimiento  del  artículo  60 y a que se predicara del procesado que había  procedido  con  dolo, cuando en verdad su actividad dolosa quedaba eliminada por  la   imperiosa   presencia   de   la  inimputabilidad  derivada  del  mencionado  peritazgo.”   

Solicita casar la sentencia acusada dictando  la  que  deba  reemplazarla,  y  de  no  hacerlo,  se  conceda  en  favor  de su  representado el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

          RESPUESTA DEL MINISTERIO PUBLICO   

El  Ministerio  Público representado por el  señor  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal, se muestra partidario de no  casar  la  sentencia  recurrida  porque  el  error de hecho manifiesto por falso  juicio  de  existencia  es  totalmente  infundado  pues, contrariamente a lo que  piensa  el  libelista,  la  pericia siquiátrica practicada al procesado Quesada  Díaz,  lejos  de  haber  sido  ignorada  por  el sentenciador, fue evaluada por  éste,  en  conjunto  con  las  demás  pruebas  del  proceso,  de acuerdo a los  dictados  de la sana critica, coligiéndose que carecía de la aptitud requerida  para determinar un estado de inimputabilidad del sindicado.   

Afirma   que  al  finalizar  el  capítulo  destinado  a  la  demostración  del  cargo,  el  demandante  se introduce en la  argumentación  propia  del error de derecho por falso juicio de convicción, al  sostener  que  la  mencionada  experticia  no  fue apreciada “en el valor que la  misma  ley  procesal  le  asigna”,  olvidando  que  esta  clase de yerro resulta  inaceptable  respecto  a  prueba  no  tarifada  y sujeta por lo tanto a la libre  apreciación del juzgador.   

Concluye   señalando   que   pretensiones  subsidiarias  como  el  otorgamiento  de la condena de ejecución condicional no  están  llamadas a prosperar en casación, cuando no se encuentran fundamentadas  ni guardan relación con la causal invocada.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Asiste razón a la Procuraduría Delegada al  pregonar  la  ineptitud  de  la demanda para remover el fallo impugnado, pues el  peritaje  siquiátrico  practicado  al  procesado sí fue tenido en cuenta en la  sentencia  y  es  contrario  a la realidad sostener que tal medio de persuasión  haya  sido  ignorado  y  que  por  ello  se  hubiere incurrido en error de hecho  manifiesto  por  falso  juicio  de  existencia.  Cosa  diferente es que luego de  analizado  y  confrontado con otras probanzas, el juzgador razonadamente lo haya  demeritado,  por ser opuesto a la verdad que el conjunto probatorio ha permitido  establecer.   

Ahora  bien, si el demandante arguye que la  cuestionada  experticia no fue apreciada en su valor probatorio a pesar de haber  sido   legalmente  solicitada,  decretada  y  practicada,  debió  comenzar  por  precisar  qué  valor   de convicción le asigna la ley a dicho medio; como  tal  cosa le resulta imposible por tratarse de prueba no tarifada, sino sujeta a  la  libre  y  razonable  apreciación  del  juzgador, el cargo a la sentencia se  torna intrascendente.   

Ese  modo  de  razonar  evidencia  que  el  impugnante  desvió  el  ataque  hacia  el  error de derecho por falso juicio de  convicción, inconcebible tratándose de pruebas no sometidas   

a un valor específico.  

El  Tribunal Superior, después de examinar  en  sana  crítica los términos en que aparece concebido el dictamen del perito  siquiatra,  los  que  califica  de dubitativos,  vacilantes e incompatibles  con  las  explicaciones  vertidas  por  el  sindicado  en  la  indagatoria y las  manifestaciones    de    los    testigos   presenciales   del   hecho   punible,  expresó:   

“La   Sala  al  reexaminar  el  dictamen  mencionado   (fls.144   a   147)   reitera  que  éste  no  solo  se  contrapone  ostensiblemente  a  la  realidad  procesal  sino que de su texto tampoco deviene  diamantinamente,  como  lo  señala la defensa, el estado de inimputabilidad que  alega,  pues,  de  un  lado,  no se puede aseverar la existencia de un trastorno  mental  transitorio sin secuelas originado por la embriaguez de tanta relevancia  como  para desembocar en esa patología síquica y, de otro, el señor perito en  las  conclusiones apenas consigna una probabilidad en torno a la inimputabilidad  “…La  rapidez  de  los  hechos  y  la emocionalidad probablemente le impedían  obrar en forma diferente a como lo hizo”.   

Recuérdese   que   la   evaluación  del  mencionado  dictamen  ha resultado el punto mas debatido a lo largo del proceso,  siendo  rechazado por los juzgadores de instancia como prueba determinante de un  supuesto  estado de inimputabilidad del procesado, que le hubiera significado la  imposición  de  medidas  de  seguridad  en  lugar  de  penas. Si como afirma el  ad-quem,  la  opinión del perito “en ningún momento  comprometía,  ligaba o ataba fatalmente al juez ni conformaba un instrumento de  convicción  de  forzosa e irremediable aceptación”,  por  cuanto  en  el  sistema de persuasión racional que nos rige la valoración  del  experticio  queda  al  razonable  arbitrio  del juzgador, infiérese que la  prueba  objeto de disentimiento, fue correctamente apreciada por el sentenciador  para  descartar  un  trastorno  mental  transitorio.  Es cierto que el sindicado  había  ingerido bebidas embriagantes momentos antes del episodio fatal, pero no  debe  perderse  de  vista que después de retirarse del establecimiento público  donde  había  sido  objeto  de provocaciones por parte del occiso, montó en su  motocicleta  y  al  encontrarse  de nuevo reinició la riña de que da cuenta el  proceso.   

La  lucidez  y  lujo de detalles con que el  procesado  Quesada  Díaz relató las circunstancias que precedieron a la muerte  de  su  amigo  Orlando  Castro  Coronado,  quien  al decir del Tribunal Superior  “encontrándose  en  estado de embriaguez mas agudo e intenso que el victimario,  procedió  a  golpear  a  éste  en  la cara, a halarle los vellos de la región  pectoral,  a  castigarlo en la cabeza con los palos del tambor “redoblete” de la  banda   de   músicos   y,   en   fin,   a   ejecutar  actos  inconfundibles  de  provocación..”,  demuestra a las claras que el estado de ebriedad en que aquél  se  encontraba  no  le  impidió  comprender la ilicitud de su comportamiento ni  determinarse de acuerdo a esa comprensión.   

Mas  aún,  trató  de  prestarle  ayuda al  herido  y como no fue apoyado por los circunstantes, acudió en motocicleta a la  Policía  y  aunque “llegó mas bien borracho”, denotó lucidez y contrición al  tratar  de  disminuir  los  efectos  de  su  acto:  “…llegó  a  pedirnos  una  colaboración,  que  había herido a una persona y que había intentado llevarlo  en  la  moto  para  el  Hospital  pero  que no había podido solo y que nadie le  había   querido   ayudar,  entonces  por  eso  pedía  la  colaboración  a  la  Policía…”  (declaración  del Agente Arzaín López Cadena, fl.96; en similar  sentido se expresa el Agente Fernando Ospina Molina, fl.94).   

No siempre que el individuo actúa bajo los  efectos  del  alcohol,  carece  de  conciencia y voluntad para realizar el hecho  punible,  no  sabiendo  lo  que hace o no teniendo conocimiento o determinación  frente  a  la ilicitud de su comportamiento. Para establecer la inimputabilidad,  la  peritación  del médico siquiatra es la prueba idónea mas no la única; si  ella  no  es  consistente  y  resulta  desvirtuada  por otros medios sólidos de  convicción, razonadamente se puede concluir en contrario.   

No prospera la impugnación.  

De  otra  parte,  acerca  de  la  solicitud  postrera  del  recurrente,  en  el  sentido  de  que  “en  caso de no casarse la  sentencia,   se  decrete  en  favor  del  procesado  la  condena  de  ejecución  condicional”  (f.  56  cdno.  orig.  Tribunal),  observa la Sala  que no se  desarrolla  argumentación  específica  sobre  el particular, ni esta solicitud  guarda  relación  con  el  cargo  único  formulado,  que  gira  en  torno a la  inimputabilidad,   frente   a   la   cual   entraría   en   inconciliable   contradicción.  Por  tal razón de carencia de fundamentación e improcedencia,  este pedimento no puede ser atendido   

         DECISION   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de   Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal,  de  acuerdo  con  el  Procurador  Delegado   y  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

         RESUELVE   

NO CASAR  la  sentencia condenatoria objeto de impugnación.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

NILSON    PINILLA   PINILLA                                        RICARDO CALVETE RANGEL   

GUILLERMO    DUQUE    RUIZ                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        EDGAR SAAVEDRA ROJAS   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA                                        JORGE ENRIQUE VALENCIA M.   

         CARLOS A. GORDILLO LOMBANA   

         Secretario   

     

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