8336 (05-03-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    LEGITIMIDAD/  ACCION    DE    REVISION/  PRESCRIPCION   

1.-   Es  obvio  que  el  procesado  tiene  legitimidad  como  el  que  más para promover la acción de revisión contra un  fallo  adverso  a  sus  intereses.  El  hecho de que no aparezca señalado en el  artículo  233  del  C.de  P.P., no puede significar que el procesado carezca de  titularidad para acudir en revisión.   

2.-La   ley   penal   colombiana  vincula,  inexorablemente,  casi todas sus instituciones al cuadro normativo previsto para  los  hechos  que  se  regulan  en  ella.  Sin  embargo dicho cuadro normativo va  adquiriendo  su  perfil  definitivo  a través del juicio de valor que sobre los  hechos  o  sobre  el  derecho  se  lleva  a cabo progresiva y provisionalmente a  través del trámite y las etapas procesales.   

De  allí  deriva  que  las variaciones a la  calificación  jurídica  de  la  conducta  imputada,  introducida a través del  proceso,  deben  considerarse  para  los cómputos propios de la prescripción y  produciendo   efectos   que  se  han  asimilado  a  los  de  la  retroactividad.   

Proceso No. 8336  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Por. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

Aprobado     Acta     No.      17  (08-02-96)   

Santafé  de  Bogotá, cinco (5) de marzo de  mil novecientos noventa y seis (1996).   

VISTOS  

                    Cumplido el  trámite  legal  procede la Sala a dictar el fallo que ponga fin a la acción de  revisión   instaurada   por   el   apoderado   del   sentenciado   SALVADOR CORTES MENDEZ.   

HECHOS  

                    En el fallo  de casación la Sala los sintetizó así:   

                                                                  ”  Entre  siete  y  ocho  de  la  noche  del 21 de febrero de 1985,  SALVADOR      CORTES     MENDEZ,     dedicado  ese  día al consumo de bebidas embriagantes, penetró al  bar  llamado  “EL  BINOMIO” de la población de Paz de Ariporo, y al advertir la  presencia  de  Ricardo  Abril  Berroterán se dirigió a él en términos soeces  acusándolo  además  de  hurtarle  unas  vacas  a  la  vez  que  le propinó un  puñetazo.  Como  en el mismo lugar se hallaba una cuñada del agredido, Zorayda  Fuentes,  pretendiendo  sustraerlo  del  problema  lo  invitó  a  abandonar  el  establecimiento  pero  a  instancia  de  éste  retornaron  y  tomaron  asiento;  nuevamente  se les acercó CORTES MENDEZ profiriendo amenazas contra el supuesto  robador  de  su ganado y desoyendo  las palabras conciliadoras de la mujer,  desenfundó   su   revólver  y  lo  disparó  a  la  cabeza  de  Ricardo  Abril  Berroterán,  hiriéndolo, a consecuencia de lo cual al día siguiente falleció  éste y el agresor huyó.”   

ACTUACION PROCESAL  

                           La  investigación  fue  iniciada  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de Paz de  Ariporo  y  calificada  por  el  Juzgado Segundo Superior de Sogamoso. Dentro de  ella  se  constituyeron  como  parte  civil la esposa y la hija del occiso, así  como  su  progenitora y su hermana MIREYA ABRIL BERROTERAN, pero esta última en  su calidad de abogada asumió la representación de todas ellas.   

                   El procesado  fue  llamado a juicio el 16 de abril de 1986 por del delito de homicidio simple,  decisión  que  fuera íntegramente confirmada por el Tribunal Superior de Santa  Rosa de Viterbo, el 22 de septiembre del mismo año.   

                           El  juzgamiento  corrió  a cargo del Juzgado Segundo Superior de Sogamoso, despacho  que  profirió sentencia de primera instancia el 21 de febrero de 1990, aclarada  al  día  siguiente por error aritmético en la fijación de la pena, condenando  al  procesado  a  la  pena  principal  de  44 meses de prisión efectiva y a las  accesorias  de interdicción de derechos y funciones públicas y prohibición de  ingerir  bebidas  alcohólicas  por  el  mismo  término  de  la pena principal.  Adcionalmente  lo  condenó a pagarle a la parte civil los perjuicios materiales  y  morales  ocasionados  con  la  infracción  tasándolos en 24’800.000,oo, los  primeros, y en 600 gramos oro, los segundos.    

         

                            Por  apelación  de la parte civil, el Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo profirió sentencia de segundo grado el 27 de  Julio  de  1990,  aumentando  la  pena  de prisión impuesta al procesado a cien  (100)  meses, dado que no le reconoció la ira, como lo había hecho el a-quo al  tiempo   que   redujo   la   indemnización   de  los  perjuicios  materiales  a  $24’774.429,oo, y confirmó en todo lo demás.   

                     La defensa  recurrió  en  casación  dando lugar al fallo de 9 de Octubre de 1992, mediante  el  cual  esta  Sala,  anuló  por falta de competencia el incremento de la pena  principal  efectuado  por el Tribunal, dejando como definitiva la de 44 meses de  prisión  que  se había fijado en primera instancia. En el mismo fallo la Corte  dispuso  mantener incondicional la libertad otorgada al procesado por considerar  que   ya   había   cumplido   la   pena   y   ordenó  devolverle  la  caución  prestada.   

         

LA DEMANDA DE REVISION  

                     Con amparo  en  el  ordinal segundo del artículo 232 del Código de Procedimiento Penal, el  demandante  sostiene  que  la  sentencia  condenatoria  proferida por la Sala de  Casación  Penal  en  contra de SALVADOR CORTES MENDEZ  debe  declararse  sin valor por haberse dictado en un  proceso  que  no  podía  proseguirse  dado  que  la acción penal se encontraba  prescrita.   

         

                   Sustenta su  afirmación  en  el  hecho de que para la fecha en que se profirió la sentencia  de  casación  (Octubre 9/92) habían transcurrido más de cinco (5) años desde  cuando  cobró  ejecutoria  el auto de proceder (septiembre 22/86), y de acuerdo  con  lo  normado  en  el  artículo  84  del Código Penal, a partir de entonces  comenzaba  a  correr  de nuevo el término prescriptivo de la acción penal pero  esta  vez  por la mitad del tiempo señalado en el artículo 80 ibídem, sin que  pudiera ser inferior de cinco (5) años.    

                  Señala el  accionante  que  para  efectos  prescriptivos  la  ley manda tener en cuenta las  circunstancias  de  atenuación  concurrentes,  por lo que al haberse reconocido  finalmente  que  su  representado  había  actuado  en estado de ira, la acción  penal  prescribía  en  45  meses contados desde la ejecutoria del llamamiento a  juicio,  debiendo tomarse entonces para este efecto el término mínimo de cinco  (5)  años,  ampliamente  superado  para  cuando  se  ejecutorió  la  sentencia  condenatoria proferida por la Sala de Casación Penal.   

TRAMITE DE LA REVISION  

                    El 12 de  Abril  de  1993 se recibió en la secretaría de la Sala la demanda de revisión  que  ocupa  nuestra  atención,  la  cual  le  fue repartida al Magistrado EDGAR  SAAVEDRA ROJAS.   

                     En los  días  siguientes  se  declararon  impedidos  siete  de los ocho Magistrados que  suscribieron  la sentencia de casación objeto del ataque en la presente acción  de  revisión,  exceptuándose  de  tal  manifestación únicamente el Dr. YESID  RAMIREZ  BASTIDAS  quien  para la época en que se produjo el fallo integraba la  Sala en reemplazo del Magistrado titular GUSTAVO GOMEZ VELASQUEZ.   

                  Surtido el  trámite  legal  previsto  para  estos  casos, la Sala de Casación Penal quedó  reintegrada   por   el  Magistrado  Gómez  Velásquez  y  los  siete  conjueces  debidamente   posesionados,   correspondiéndole   oficiar   al   primero   como  sustanciador del asunto.   

                  La demanda  fue  admitida por auto del Magistrado sustanciador el 27 de junio de 1994, en el  cual   se   dispuso   solicitar   la   remisión   del   expediente  materia  de  revisión.   

                    El 21 de  septiembre  de  1994 se abrió el proceso a pruebas por el término común de 15  días, vencido el cual los sujetos procesales guardaron silencio.   

                     En este  interregno   se   produjo   el  retiro  definitivo  del  doctor  Gustavo  Gómez  Velásquez,     siendo     reemplazado     por     el     suscrito    Magistrado  sustanciador.   

                    El 18 de  noviembre  de  1994  se  dispuso  correrle traslado a las partes para alegar, al  tiempo  que se ordenó la expedición de las copias solicitadas por Mireya Abril  Berroterán,   hermana   del   occiso   reconocida   como   parte  civil  en  el  proceso.   

                  Dentro del  término  legal  presentaron sus alegaciones finales el apoderado del accionante  y  el  mandatario  de  Mireya  Abril  Berroterán, quien días antes había sido  designado exprofeso.   

                  El primero  de  ellos  reitera  lo  dicho  en la demanda, esto es, que la acción instaurada  debe  prosperar  por  cuanto el hecho objetivo de la prescripción de la acción  penal  es  innegable  ya  que  transcurrieron  más  de cinco (5) años desde la  ejecutoria  del  auto  de  proceder  hasta  el  proferimiento de la sentencia de  casación,  y  el  término prescriptivo para el juzgamiento en este caso era de  45  meses.  Consecuentemente, solicita declarar sin valor la sentencia objeto de  esta     acción     y     decretar     la     cesación     de    procedimiento  correspondiente.   

                         El  apoderado  de la parte civil, en cambio, solicita denegar las pretensiones de la  demanda  revisoria,  en  primer  lugar,  porque  el  sentenciado SALVADOR CORTES  MENDEZ  carecía  de  personería  para  promover  esta  acción toda vez que el  artículo  233  del  C.  de  P.P.  no incluye al procesado entre los sujetos con  titularidad  para  instaurarla.  Y en segundo término, porque en su entender no  es  cierto  que  la  acción penal estuviera prescrita para el momento en que se  produjo  la  sentencia  de  casación,  habida  consideración  que  el término  prescriptivo  a  tener  en  cuenta  no  es  el  de  5 años que se aplicaría en  tratándose  de un homicidio atenuado, sino el de 15 años, que corresponde a la  mitad  de  la pena máxima imponible para el delito de homicidio en el evento de  que resultare agravado.      

                             

                     Explica  que  la  calificación  sumarial  materializada  en  el  auto de proceder que se  ejecutorió  el  22 de septiembre de 1986, tenía carácter provisional dado que  en  el  Decreto  050  de 1987, código de procedimiento penal vigente durante el  juzgamiento,  estaba  consagrado el principio de congruencia entre la acusación  y  la sentencia y además existía la posibilidad de que en el juicio variara la  adecuación  típica  del hecho, caso en el cual la sentencia debía ajustarse a  la  nueva  tipicidad.  De  igual  manera  en el Decreto 1861 de 1989 también se  previó  la  variación  de  la  calificación  durante el juzgamiento, sobre el  entendido  de  que  la  adecuación típica efectuada en el calificatorio tenía  carácter provisional.   

                    Conforme  con  lo  anterior,  el mandatario de la parte civil considera que debe aceptarse  como  una  posibilidad  jurídicamente  válida que en la sentencia se dedujeran  circunstancias  de  agravación no previstas en el auto de proceder, siempre que  se  cumpliera  lo  preceptuado en el artículo 501 del C. de P.P., motivo por el  cual  para  efectos  prescriptivos  debe tomarse el término más amplio posible  frente  al  tipo  básico,  que en este caso es el del homicidio agravado.    

                                 

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

                   En primer  lugar,  es  obvio  que  el  procesado  tiene  legitimidad  como el que más para  promover  la  acción  de  revisión contra un fallo adverso a sus intereses. El  hecho  de que no aparezca señalado en el artículo 233 del C. de P.P., no puede  significar  que  el  procesado  carezca  de titularidad para acudir en revisión  como  parece que erróneamente lo entendió el apoderado de la parte civil, sino  que  la correspondiente demanda debe ser presentada por un defensor, quien dicho  sea  de  paso requiere poder expreso para el efecto aunque viniere actuando como  tal  en  el  proceso,  o  aunque  la  persona  natural  a quien se encomiende su  interposición  sea  diferente a aquella que actuó como tal durante el trámite  del proceso penal.   

                         La  diferencia  puntual  con  la  casación  radica  en  que  el procesado sí puede  interponer  directamente  este  recurso  extraordinario,  aunque  la  respectiva  demanda también deba ser presentada por un abogado.   

                  En segundo  término  ha  de precisarse que el motivo de ésta  acción,  al tenor  de  lo  dispuesto  en  la  causal  2a.  del artículo 232 del C.P.P., no permite  cuestionar  en  esta sede aspectos inherentes a la adecuación típica, la forma  de  culpabilidad  o  participación;  las  circunstancias del hecho o cualquiera  otro  elemento  que  pudíese  incidir  sobre  la punibilidad de la conducta. La  Revisión,  en éste sentido, no puede derivar en un nuevo juicio crítico sobre  lo  declarado en el proceso y por ende la prescripción que se alegue es aquella  que  surja  de  los hechos y del derecho tal como fueron considerados dentro del  proceso.   

                    Aclarado  lo  anterior,  debe  señalarse  que  debido  a  la casación parcial de que fue  objeto  la  sentencia de segundo grado,  quedó vigente el fallo de primera  instancia  y,  desde  luego,  la  calificación jurídica del hecho que allí se  hizo.              En  consecuencia,  es  una verdad material declarada que el delito  cometido  por  el  sentenciado  SALVADOR CORTES MENDEZ fue un homicidio atenuado  por  la  circunstancia  prevista  en  el  artículo 60 del Código Penal, y así  deberá  admitirse  para todos los efectos, inclusive de cara a la prescripción  de la acción penal.   

                    

                      Ahora  bien, el artículo 80 del Código Penal establece:   

         “La  acción  penal  prescribirá en un tiempo igual al máximo de  la  pena  fijada  en  la  ley si fuere privativa de la libertad pero, en ningún  caso,  será  inferior a cinco años ni excederá de veinte. Para este efecto se  tendrán   en   cuenta   las   cicunstancias   de   atenuación   y  agravación  concurrentes.”   

                      A  su  turno, el artículo 84 de la misma obra dispone:   

                    

         “La  prescripción  de  la acción penal se interrumpe por el auto  de  proceder,  o  su  equivalente,  debidamente  ejecutoriado.  Interrumpida  la  prescripción,  principiará  a  correr de nuevo por tiempo igual a la mitad del  señalado  en el artículo 80. En este caso el término no podrá ser inferior a  cinco (5) años.”     

                                                 

                     Para la  época  en  que  se  realizó  el  hecho  juzgado  (Febrero 21 de 1985), el  delito  de  homicidio  simple  estaba  penalizado con prisión de 10 a 15 años.  Luego  la  pena  máxima  imponible  para  un  homicidio atenuado por la grave e  injusta   provocación,   era   de   siete   años   y  medio  de  prisión  (90  meses).   

                         La  acusación  proferida contra el procesado quedó en firme el 22 de septiembre de  1986,  esto  es, 19 meses después de cometido el delito. A partir de esta fecha  comenzó  a  correr de nuevo el término prescriptivo de la acción penal,   habiendo  transcurrido  seis (6) años y 17 días hasta el 9 de octubre de 1992,  cuando  se  profirió  la  sentencia  de  casación  que  puso  fin  al proceso.   

                     Y como  quiera  que durante el juzgamiento el término prescriptivo se reduce a la mitad  del  que rige para la etapa instructiva, en este caso sería de cuarenta y cinco  (45)  meses,  pero como no puede ser inferior a cinco (5) años, será este tope  legal el aplicable al asunto examinado.   

                               Conforme a lo anterior, la Corte  encuentra  fundada  y  probada  la  causal  de  revisión  que  se  invoca, pues  ciertamente   con   la   sentencia   de   casación  atacada  debió  proferirse  simultáneamente  la  cesación  de  procedimiento  por  improseguibilidad de la  acción  con  base  en  el  fenómeno  prescriptivo  y  como consecuencia de los  efectos  que  sobre  la  calificación  jurídica  del hecho y su punibilidad se  derivaban  del  contenido  material  del  fallo  de  casación.  Al omitirse tal  resolución,  alcanzó  ejecutoria  una  decisión que así no podía producirla  con  todos sus efectos de cosa juzgada pues, se repite, la acción penal se hizo  improseguible  por  prescripción.   Por tal razón se declarará sin valor  la   ejecutoria  del  fallo,  al  tiempo  que  se  dispondrá  la  cesación  de  procedimiento,  por  prescripción  de la acción, en cumplimiento de lo normado  en los artículos 36 y 240 del Código de Procedimiento Penal.   

                                  Lo   que  hace  posible  el  reconocimiento   de  los  efectos  jurídicos  de  esa  adecuación  típica  es  precisamente  la  declaración  que sobre ella hizo el fallo de casación por lo  que  sería  violatorio  de  la  lógica formal invalidar la sentencia de manera  íntegra  -como  literalmente  parecería  darlo a entender el texto escueto del  numeral  1o.  del  artículo  240  del  Código  de Procedimiento Penal  y,  consecuentemente,  la  vía  jurídica  adecuada  es   la  remoción  de su  ejecutoria  a  efectos  de  producir  la  declaración complementaria que a ella  debió  incorporarse  (cesación  por  prescripción) como secuencia natural del  reconocimiento de la atenuante.   

                               Conviene enfatizar que no sería  jurídico  aceptar  como  término prescriptivo el señalado por el apoderado de  la  parte  civil,  porque tal como se indicó desde el comienzo, a estas alturas  no  admite discusión que el delito de cometido  fue un homicidio atenuado,  y  además,  porque  la  realidad  procesal  enseña que aunque la acusación se  formuló  por el delito de homicidio simple, sin agravantes ni atenuantes,   no  pueden  ser  las declaraciones provisionales  aquellas sobre las cuales  se  formula  el juicio de valor que conduce a la prescripción cuando se está –  como  aquí  –  frente  a decisiones que declaran de  manera  definitiva los contornos normativos del hecho  juzgado.   

                                            La  ley  penal colombiana vincula, inexorablemente, casi todas sus  instituciones  al  cuadro  normativo  previsto para los hechos que se regulan en  ella.  Sin  embargo dicho cuadro normativo va adquiriendo su perfil definitivo a  través  del juicio de varlor que sobre los hechos y sobre el derecho se lleva a  cabo  progresiva  y  provisionalmente  a  través  del  trámite  y  las  etapas  procesales.   

                                De  allí se deriva, entonces,  como  lo ha sostenido la Corte, que las variaciones a la calificación jurídica  de  la conducta imputada, introducidas a través del proceso, deben considerarse  para  los cómputos propios de la prescripción y produciendo efectos que se han  asimilado  a  los  de  la  retroactividad.  (Confrontar sentencias de marzo  24/81  y noviembre 16/93 por ejemplo). Esto no puede ser sino así, si se repara  en  que la acción penal que prescribe es la generada por el delito respectivo y  que  éste  por  su  parte, adquiere su identificación plena y definitiva en el  acto de sentencia.   

                                 De  este  modo,  mientras  el  sistema  prescriptivo  esté  diseñado  con  referencia  a  la  identificación  jurídica  del hecho punible, pues que allí se constata la duración de su pena  y   por   ende   el  término  de  prescripción,  tendrán  que  admitirse  las  repercusiones   que  sobre  el  fenómeno  extintivo  de  la  acción  tenga  la  calificación  definitiva,  sea  que  se  afecten  con  ello fases superadas del  proceso  o  que,  como  acá,  se  influya  la  sentencia  misma  impidiendo  su  ejecutoria.   

                                No se trata de plantear acá la  conveniencia  o  inconveniencia  de  que un sistema como el indicado produzca en  las  calificaciones  jurídicas  que  se  formulan  durante  el  trámite, actos  jurídicos   inestables  o  inseguros,  sino  de  que  mientras  el  sistema  de  prescripción  se  sostenga  sobre éste modelo y éstas regulaciones de derecho  positivo,  es  inevitable  que el fenómeno prescriptivo esté sujeto al vaivén  de  la  calificación  definitiva  hecha  en  la  sentencia  y que ella produzca  efectos  sustanciales  y  procesales  sobre  todas  las consecuencias jurídicas  derivables de la misma.   

                                Si  no  fuese  así el asunto,  prevalecería  en  el  proceso  lo formal sobre lo sustancial, sobre la justicia  material,  e  incluso  podrían  llegarse  a  patrocinar  formas  de  deslealtad  procesal.  Piénsese si no, en que por otra vía hermenéutica como la sostenida  por  la  Corte  hasta  abril  de  1977, el sujeto de la función acusadora   podría   impedir   la   prescripción   de   un  delito  deduciendo  agravantes  inexistentes  en  la  resolución  de  acusación  en  desmedro  del derecho del  imputado  a  su  declaratoria,  puesto que se daría carácter de inmutable a lo  que  no lo tiene por naturaleza, es decir al acto calificatorio, cuya misión al  interior  del proceso es netamente funcional pues no tiene por objeto decidir la  litis  sino  el  ámbito  dentro  del  cual se desenvolverán la acusación y la  defensa.   

                                El  homicidio que la sentencia  declara  atenuado  por  las circunstancias del artículo 60 del Código de Penal  ha  de reputarse tal desde siempre; pero si el reconocimiento de la atenuante se  produce  sólo  en  la  sentencia  definitiva no se puede pretender que el hecho  fué  homicidio  simple  o  agravado hasta la sentencia y atenuado únicamente a  partir de ella.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

RESUELVE:  

                                           PRIMERO.     DECLARAR   SIN  VALOR    la  ejecutoria  del  fallo    de    casación    proferido   dentro   de   este   proceso   el   9   de   octubre   de   1992,   mediante  el  cual  la  Corte  Suprema  de  Justicia reconoció la atenuante del  artículo 60 del Código Penal al procesado SALVADOR CORTES MENDEZ.   

                                           SEGUNDO.   DISPONER  LA  CESACION  DE  PROCEDIMIENTO  en  favor  del procesado SALVADOR  CORTES MENDEZ, de condiciones  personales  y  civiles  conocidas en autos, por haber prescrito la acción penal  durante  el juzgamiento que se le adelantaba como presunto autor responsable del  homicidio cometido en la persona de RICARDO ABRIL BERROTERAN.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

FERNANDO  E. ARBOLEDA RIPOLL CARLOS AUGUSTO  GALVEZ     ARGOTE                               

JORGE    CORDOBA    POVEDA                                               CARLOS        E.       MEJIA  ESCOBAR                                    

NILSON  PINILLA  PINILLA                                               LUIS      BERNARDO      ALZATE  GOMEZ                                                                                                                        Salvamento    de    Voto                                                                    Conjuez   

JAIME            BERNAL  CUELLAR                    EDUARDO TORRES ESCALLON   

                Conjuez                                                              Conjuez   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

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ACCION     DE  REVISION/  PRESCRIPCION   

(Salvamento    de  Voto)   

El  fundamento de la acción extraordinaria  que  permite,  por  esta  causal,  remover  la  res  judicata,  descansa  en  el  proferimiento  de un fallo de condena sobre proceso “que no podía iniciarse o  proseguirse”,  citando por vía de ejemplo la prescripción de la acción o la  falta  de  querella para indicar que se trata de las llamadas causales objetivas  de improseguibilidad.   

Si  las  reglas  de  la prescripción de la  acción  penal,  de  acuerdo  con  las  normas  sobre el inicio de los términos  (arts.  83  y 84 C.P.), toman como punto de partida la ocurrencia del hecho y la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación, ésta debe ser asumida de manera  integral,  con  todos  sus  alcances  y  efectos, que para el caso marcaban como  derrotero  la  normatividad  global  del delito de homicidio simple; aceptar las  modificaciones  que  se deduzcan de calificaciones contenidas en providencias no  ejecutoriadas  -así  se  trate  de  sentencias,  que no hayan quedado en firme-  conlleva  el riesgo del sorpresivo surgimiento de prescripciones por decisiones,  de  pronto  contrarias  a  derecho,  por  ejemplo  que  regalen  diminuentes  no  configuraras  y  quebranten  el  ordenamiento  jurídico,  llevándose  de  lado  principios   fundamentales  como  los  de  legalidad,  debido  proceso  y  doble  instancia.              

Proceso No. 8336  

Salvamento de Voto  

Con todo respeto, presento las razones de mi  disentimiento  con  la  decisión  mayoritaria, en cuanto declaró “SIN VALOR la  ejecutoria  del  fallo  de  casación  proferido  dentro de este proceso el 9 de  octubre  de  1992,  mediante  el cual la Corte Suprema de Justicia reconoció la  atenuante  del  artículo  60 del Código Penal” y, por consiguiente, dispuso la  cesación  de  procedimiento  en  favor  del  procesado  “por haber prescrito la  acción  penal  durante  el juzgamiento que se le adelantaba como presunto autor  responsable   del   homicidio   cometido   en   la   persona  de  RICARDO  ABRIL  BERROTERAN.”   

Para  sustentar  estas  determinaciones, la  providencia  de  la cual me aparto, concluye señalando que “encuentra fundada y  probada  la causal de revisión que se invoca, pues ciertamente con la sentencia  de   casación  atacada  debió  proferirse  simultáneamente  la  cesación  de  procedimiento  por  improseguibilidad  de  la  acción  con base en el fenómeno  prescriptivo  y  como  consecuencia  de  los  efectos que sobre la calificación  jurídica  del  hecho  y  su punibilidad se derivaban del contenido material del  fallo  de  casación.  Al  omitirse  tal  resolución,  alcanzó  ejecutoria una  decisión  que  así  no podía producirla con todos sus efectos de cosa juzgada  pues,  se  repite,  la  acción  penal se hizo improseguible por prescripción.”   

La  causal segunda de revisión prevista en  el   artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  es  del  siguiente  tenor:   

         “Cuando  se  hubiere  dictado sentencia condenatoria o que imponga  medida  de  seguridad,  en  proceso  que  no  podía iniciarse o proseguirse por  prescripción  de  la  acción,  por  falta de querella o petición válidamente  formulada,   o   por   cualquier   otra  causal  de  extinción  de  la  acción  penal.”   

El  fundamento de la acción extraordinaria  que   permite,  por  esta  causal,  remover  la  res  iudicata,  descansa  en el proferimiento de un fallo  de  condena  sobre  proceso “que no podía iniciarse o proseguirse”, citando por  vía  de  ejemplo  la  prescripción  de  la acción o la falta de querella para  indicar    que    se    trata    de   las   llamadas   causales   objetivas   de  improseguibilidad.   

En el caso examinado por la Corte, contra el  implicado   fue  proferida  resolución  de  acusación  en  primera  y  segunda  instancia  por  el  delito  de  homicidio  simple  sin atenuantes ni agravantes,  pliego  de  cargos  que  causó  ejecutoria  el  22  de  septiembre  de 1986; no  observando  la  evidencia,  el entonces Juez 2° Superior de Sogamoso (quien por  cierto  mantuvo  la  etapa  del  juicio durante 3 años y 4 meses), concedió el  reconocimiento  de  la  ira  (C.P.,  art. 60) en fallo de 21 de febrero de 1990,  providencia  contra la cual se alzó la parte civil interesada en la revocatoria  de  la diminuente y en la individualización de la indemnización en cada uno de  quienes  reclamaban  como  titulares  de  los  daños  ocasionados  con el hecho  punible,  impugnación  resuelta  por  el  Tribunal  Superior  de  Santa Rosa de  Viterbo  en  providencia  de  julio  27  de  1990,  en  el  sentido  de negar la  atenuación,  ello, en mi opinión, en perfecta congruencia con la acusación y,  más aún, con la evidencia.   

Debe tenerse en cuenta, de una parte, que si  las  reglas  de  la prescripción de la acción penal, de acuerdo con las normas  sobre  el  inicio  de  los  términos  (arts. 83 y 84 C.P.), toman como punto de  partida  la  ocurrencia  del hecho y la ejecutoria de  la  resolución de acusación, ésta debe ser asumida  de  manera integral, con todos sus alcances y efectos, que para el caso marcaban  como  derrotero  la  normatividad global del delito de homicidio simple; aceptar  las  modificaciones que se deduzcan de calificaciones contenidas en providencias  no  ejecutoriadas  -así  se trate de sentencias, que no hayan quedado en firme-  conlleva  el riesgo del sorpresivo surgimiento de prescripciones por decisiones,  de  pronto  contrarias  a  derecho,  por  ejemplo  que  regalen  diminuentes  no  configuradas  y  quebranten  el  ordenamiento  jurídico,  llevándose  de  lado  principios   fundamentales  como  los  de  legalidad,  debido  proceso  y  doble  instancia.   

Así las cosas, cuando la Corte decidió el  recurso   extraordinario   de  casación  (fallo  de  9  de  octubre  de  1992),  providencia   que   ahora   la   decisión   mayoritaria  deja  sin  efecto  por  sobreviniente  decadencia  de  la  acción penal, estimo, respetuosamente que el  proceso  sí  podía  proseguir,  tanto así que la Corte entró a estudiarlo en  casación  y  fue  la  decisión  para  resolver  ésta la que daría lugar a la  concedida  prescripción,  al  disponerse el regreso a lo señalado por el fallo  de primer grado.   

La  acción  penal sí podía proseguir, en  tal  medida  que  ciertamente  prosiguió  y, gracias a éllo, al sustituirse la  sentencia  por  efecto  de la casación (con ejecutoria de acuerdo a lo previsto  por  el  art.  197 del C. de P.P.), hubo lugar regresivo al reconocimiento de la  ira,  ORIGINADO  SOLAMENTE  A CONSECUENCIA DEL FALLO SOBRE UNA ACTUACION QUE -se  repite-  SI PODIA PROSEGUIR, y que, por lo tanto, negaba viabilidad a la acción  extraordinaria de revisión por la causal aducida.   

Como otro fue el parecer de mis compañeros  de   Sala,   dejó  de  esta  manera  consignada  mi  respetuosa  inconformidad.   

Con todo comedimiento,  

         NILSON PINILLA PINILLA   

        Magistrado   

(fecha ut supra)    

     

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