13689a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                  Magistrado Ponente   

                                  DR. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                  Aprobado Acta No. 12   

          Santafé  de  Bogotá D.C., febrero dos de mil novecientos noventa y  nueve.   

VISTOS  

          Procede  la  Sala  a  resolver  sobre la admisibilidad formal de las  demandas   de   casación   instauradas   por  el  defensor  de  los  procesados  GILBERTH  HURTADO  LABRADA  y  MAURICIO RIVAS NÚÑEZ contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali,  confirmatoria  de  la  emitida  por el Juzgado 23 Penal del Circuito de la misma  ciudad,  por  cuyo  medio  los condenó a purgar la pena de 30 años de prisión  como   responsables  de  dos delitos de homicidio, uno de ellos en el grado  de tentativa, y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   primeros   los   narró   así   el   Tribunal   en  el  fallo  impugnado:   

“Tuvieron  ocurrencia  el  12  de  febrero de 1996, en el barrio Mariano Ramos, carrera 9ª  N°    81-40    -de    la   ciudad   de   Cali,   se  agrega-,   cerca   de   la  residencia  de  ALEXANDER  LARRAHONDO  (a.  Alex  Caca),  cuando  los  señores  GILBERTH  HURTADO LABRADA,  ALEXANDER  HURTADO  LABRADA  Y  MAURICIO  RIVAS NUÑEZ preguntaron por aquél, y  como  uno  de  los  recién  llegados  portaba  un  arma  de  fuego  se  inició  intercambio   de   disparos,   siendo  alcanzados  por  los  proyectiles  VICTOR  LARRAHONDO  y  la  menor  KENNY JOHANA RODRIGUEZ AMBUILA, quienes se encontraban  cerca del lugar en donde se desarrollaban los hechos.”   

La niña murió en el acto, en tanto el varón  logró recuperarse de las heridas.    

          Vinculados  y  encarcelados  los  protagonistas  del hecho, mediante  resolución  del  9 de junio de 1995 la Fiscalía Novena de la Unidad Primera de  Vida,  Libertad y Pudor Sexuales de Santiago de Cali profirió formal acusación  por  doble  homicidio,  consumado uno y tentado el otro, como también por porte  ilegal   de   arma   de   fuego   de   defensa   personal,  contra  GILBERTH  HURTADO  LABRADA  y MAURICIO  RIVAS  NÚÑEZ,  el  primero  en  calidad  de  autor  material  y  el  segundo  como  determinador, mientras que a  Alexánder  Hurtado Labrada se le llamó a juicio sólo por el injusto contra la  seguridad pública.   

          Conforme  con  el pliego de cargos, el Juzgado 23 Penal del Circuito  de   la   misma   localidad  finiquitó  la  instancia  con  fallo  de  condena,  imponiéndole  a  cada  uno  de  los  dos primeros acusados la pena principal de  treinta  años  de  prisión,  y  al  tercero doce meses, más las accesorias de  rigor  para  todos  ellos.   Insatisfechos  aquéllos  con la decisión, la  impugnaron  conjuntamente  con  sus  defensores,  y  por determinación del 4 de  abril  de 1997 el Tribunal Superior del distrito Judicial de Santiago de Cali la  convalidó en su integridad.    

CONTENIDO DE LAS DEMANDAS  

          En  libelos separados el impugnante trata de quebrar la sentencia de  segundo grado formulando sendos cargos, así:   

         

1.- Demanda a nombre  de  GILBERTH HURTADO LABRADA.   

Al  amparo de la causal primera, prevista en  el   cuerpo   primero  del  ordinal  idem  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal, el recurrente extraordinario presenta un solo cargo contra  el  fallo  proferido por el Tribunal en disfavor de este acusado tras considerar  que  el  sentenciador  se  equivocó  en  su  juicio  al  estimar  que entre los  procesados  existió concierto de voluntades para delinquir tratando de asesinar  a   Alexander  Larrahondo,  sin  parar  mientes  en  que  probablemente  lo  que  aconteció   fue   que  cuando  GILBERTH  observó  a  la presunta víctima cerca al lugar a donde se dirigía  a   proveerse   de   licor  con  sus  amigos  de  jarana,  surgió  en  él  ese  “ánimo retaliatorio” que  caracteriza  al  que  ha sido ofendido  injustamente, como quiera que dicho  individuo  meses  atrás  lo  había  atacado a mansalva hiriendolo en estado de  indefensión.  Tal  la  razón  para  que  su  patrocinado  dirigiera  en  forma  incontrolada  el arma contra  Víctor  Larrahondo,  hermano  de  su  antiguo  agresor,  presentándose de esta  manera  “un  cuadro  síquico  incurable  por  quien  recibió      ofensa      y      agravio     en     forma     inerme”.   

          Afirma  el  casacionista que “Las pruebas  casi  todas  testimoniales, no fueron apreciadas por el AQUO y el ADQUEM en toda  su  magnitud  e integridad, tal como lo previene el artículo 333 del Código de  Procedimiento   Penal”,   absteniéndose    de  realizar  las  abstracciones  sicológicas  que  ha  menester  hacer respecto de  personas  ocasionalmente  perturbadas  cuando  gravemente han sido injuriadas. Y  para  corroborar  este  aserto  el  censor  acude a la transcripción literal de  fragmentos  de las indagatorias de los hermanos HURTADO  LABRADA  y  de  las declaraciones de algunos testigos,  exponiendo  luego  que  si  bien  GILBERTH   “cegado   por   la   ira”  pudo  haber disparado contra Víctor Larrahondo, jamás lo hizo  contra  la  menor  que  desafortunadamente  pereció en desarrollo del percance.   

          De  esa prueba testimonial el censor infiere que su defendido actuó  con  culpabilidad  culposa  y  no  dolosa, como erradamente  calificaron el  homicidio  de  Kelly  Johanna  los  juzgadores  de  primera y segunda instancia,  puesto  que  su  intención  no fue la de causar la muerte de la menor. Además,  como   las   lesiones  padecidas  por   Larrahondo  no  fueron  demostradas  científicamente,    GILBERTH    HURTADO  debe  ser absuelto de tal imputación y condenársele sólo por el  porte  ilegal  de armas, puntualiza el recurrente en su aspiración de lograr se  case la sentencia impugnada.   

2.-  Demanda  a  nombre de MAURICIO RIVAS NÚÑEZ.   

Mediante este libelo el impugnante censura el  fallo  por  violación  indirecta de la ley sustancial en la apreciación de las  pruebas  allegadas  al  proceso,  debido a un error de hecho por falso juicio de  identidad,  pues en su opinión del análisis contradictorio que el sentenciador  hizo  del material probatorio se originó el desquiciamiento entre lo decidido y  la  realidad  procesal  imperante en las diligencias, por lo que si esas pruebas  se  hubieran  apreciado  en  forma  correcta  otro hubiese sido el sentido de la  decisión,  como  quiera  que  al  procesado habría tenido que absolvérsele en  aplicación   del   principio   del   in   dubio  pro  reo.   

          En  desarrollo  del  cargo sostiene el recurrente que si el Tribunal  tomó  como  fundamento  de  responsabilidad  los  testimonios de los padres del  lesionado  Larrahondo y el de la anciana ascendiente de la pequeña fallecida, a  quienes  la  colegiatura  considera  “presenciales de  los  hechos más cercanos a la realidad”, esas piezas  procesales  deben  contener  los  elementos  que permitan atribuir la calidad de  “agente  determinador” al  sentenciado      RIVAS     NÚÑEZ     dada    la   credibilidad   que   se   les   ha   otorgado   en   el  fallo.   

         

Empero, contrariamente a lo asegurado por el  Tribunal,   en  los  testimonios  de  Fabio  Larrahondo,  Clara  Luz  Angulo  de  Larrahondo  y Carmelina Rodríguez Cuero, brilla por su ausencia “un  sólo  señalamiento  inequívoco  en  contra  de mi mandante de  haber    efectivamente    DETERMINADO   al  señor  GILBERT  HURTADO  LABRADA  a  disparar  en  contra de la  humanidad   de   AMPARO   y   VICTOR   MANUEL   LARRAHONDO  COLORADO”,  arguye  el  censor  resumiendo  lo  que  en  su sentir dijeron  realmente  los  nombrados  declarantes acerca de lo acaecido, pues el primero lo  que  expuso  fue  que  no percibió la presencia del presunto determinador en el  lugar  de  los  hechos y menos escuchó lo que éste le pudo haber manifestado a  quien  accionó el arma de fuego; mientras que la segunda sólo da cuenta de los  cuatro  individuos  que atacaron a sus hijos sin precisar cuál de ellos produjo  los  disparos,  y  al  igual  que  su  esposo  supo  lo  de  la  “determinación  criminal” por boca de su  hija  Amparo;  y  la tercera no menciona nada acerca de la imputación que se le  hace  al  reo  RIVAS, atinando  únicamente  a  individualizar  por  sus  rasgos  físicos al autor material del  hecho  y  a su acompañante, descripción morfológica de éste que no concuerda  con     la     que    ciertamente    exhibe    RIVAS  NÚÑEZ.   

         La    errada  interpretación  probatoria  del  Juzgador  lo  lleva  a  insistir  acerca de la  presencia  de MAURICIO junto a  GILBERTH y su papel de agente  determinador  en  momentos  en  que  el  segundo  hace  los  disparos, agrega el  impugnante,  a  pesar de que Clara Luz Angulo advierte sobre la distancia habida  entre  el últimamente citado y sus compañeros cuando precisamente GILBERTH  acciona  el  revólver, error de  apreciación  que  es  aún más evidente si se repara en que el Tribunal da por  acreditado  que  los  tres  procesados  -los  hermanos  HURTADO LABRADA     y     RIVAS    NÚÑEZ- portaban armas, cuando lo cierto es que  esa     tenencia     sólo     se     puede     predicar     de     GILBERTH   según  la  prueba  recaudada,  imputación  de  la  que  ni  siquiera  precisa  su origen violando inclusive el  principio procesal de la motivación de la sentencia.   

          Luego  entonces,  si  los  testimonios  erigidos por el Ad  Quem  como  pilares de su decisión no  comportan   elementos   incriminatorios  contra  RIVAS  NÚÑEZ,   lo   que   se  genera  es  “un  clima  de  incertidumbre  en torno a la veracidad de lo afirmado  por   VICTOR  MANUEL  LARRAHONDO  Y  LUZ  AMPARO  VIAFARA  ANGULO,  directamente  interesados  en  las resultas del proceso”, en cuanto  a  la calidad de agente determinador de la delincuencia que los citados testigos  le  atribuyen  a  su  defendido, razona a manera de conclusión el casacionista,  máxime  cuando  la  dama  en  cuestión  no  dio  cuenta  de ello en su inicial  atestación,   imputación   que   surgió   con  posterioridad  “quizá  con  el ánimo de sacar del camino a un potencial enemigo de  su consanguíneo ALEX LARRAHONDO”.   

          Por   lo   menos   con   una  tal  “DUDA  RAZONABLE” no podía el Tribunal edificar la condena  en  la  forma  como  lo  hizo  contra  MAURICIO  RIVAS  NÚÑEZ,  precisa  el  censor,  como  quiera  que  los  presupuestos  exigidos  por  el artículo 247 del Código de Procedimiento Penal  no  se  encuentran  satisfechos,  resultando  por  ende  palmaria  la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  inobservancia  de  lo estipulado en los  artículos  246 y 445 ibídem, argumentos que el libelista considera suficientes  para  impetrar  se  case  la sentencia impugnada y en su lugar se profiera la de  reemplazo    que    “debe    ser    de   carácter  ABSOLUTORIO”.           

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En  el  orden  propuesto  por  el  libelista,  acometerá la Sala el  examen formal de las diversas censuras.   

          1.-  Demanda a  nombre   de   GILBERTH  HURTADO  LABRADA.   

          Así  no lo haya dicho en forma expresa el recurrente, al invocar la  causal  primera  citando  el  primer  inciso  del  artículo  220 del Código de  Procedimiento  Penal  es evidente que el reproche apunta a la violación directa  de  la  ley  sustancial,  pero  aún  así, se echa de menos la cita de la norma  conculcada  tanto  como la modalidad del quebranto  -si fue por aplicación  indebida,   falta   de   aplicación   o   porque   se  le  dio  una  equivocada  interpretación-;  siendo  para  la  Corte  imposible  llenar  el  vacío que al  respecto  ofrece  la  demanda por resultar esta práctica contraria al principio  de limitación que rige el extraordinario recurso.   

          Ahora  bien,  si  de  la  aislada  afirmación  del libelista, en el  sentido  de  que  el sentenciador calificó equivocadamente una conducta culposa  como  dolosa,  se  llegare  a  concluir que lo pretendido era aducir la indebida  aplicación  del  artículo  36  del Código Penal cuando según lo que declaró  probado  el  sentenciador  se  imponía  era  la  aplicación del 37 ibídem, se  correría  el  riesgo  de interpretar mal el verdadero propósito de la demanda,  más aún con el desarrollo que el censor da luego al cargo.   

          En  efecto,  para  llegar  a  tal deducción el libelista discute la  prueba  olvidando  que  al optar por esta vía de ataque el discurso sólo puede  ser  de  un  contenido  lógico-jurídico,  como  con  reiteración  lo  ha  sostenido  la Sala, ya que en tal supuesto no es posible controvertir los hechos  ni  los  elementos  de  persuasión sobre los cuales fundó su convencimiento el  sentenciador,  debiéndose  aceptar  el  alcance  que  a los mismos les fijó el  funcionario       judicial       en       su      tarea      de      valoración  probatoria.       

          Es  tal  el  grado  de  confusión  que asiste al casacionista en la  formulación  de  la  censura,  que  con  base  en la prueba testimonial aducida  indistintamente  discurre  sobre  la  presunta  inimputabilidad  del agente como  también  acerca  de  un  estado  de ira originado en la supuesta ofensa grave e  injusta    de   la   que   en   el   pasado   dizque   se   hizo   víctima   al  sentenciado.   

          Lo  anterior  es  lo  que  en  las  instancias  podría colegirse de  expresiones    tales    como    que    en    HURTADO  LABRADA    se    presentó    un    “cuadro  psíquico  incurable” al divisar,  no  lejos  de donde se encontraba, a Alexander Larrahondo su heridor de antaño,  y  bajo  tal  estado  “incontrolablemente dirigió su  arma  contra  VICTOR  LARRAHONDO,  hermano  de  ALEXANDER LARRAHONDO”,  para  seguidamente  sostener  que su defendido “en  ningún  momento  dirigió su arma hacia la menor KENNY JOHANNA,  con  el  ánimo  de  causarle  la  muerte,  sino  que  tal vez cegado por la ira  disparó contra VICTOR LARRAHONDO”.   

          Equivocada  manera  de formular el reproche, porque si bien  el  censor  concluye  disertando  acerca  del  error en que incurrió el fallador al  calificar  la  conducta  del procesado como dolosa en vez del actuar culposo que  ha  debido  atribuírsele,  lo  cierto es que para sustentar esa postulación el  censor  acude  a una mixtura de reparos al interior de un solo cargo, sin atinar  siquiera  a distinguir a cuál imputación refiere, si al homicidio consumado en  la  infante  o al que en el grado de tentativa se perpetró en Larrahondo.   Y  como  si  estos  desatinos  no  bastaran,  por  no  compartir su valoración,  cuestiona  las  pruebas y los hechos soslayando el deber de plantear la censura,  como  ya  se  dijo, en el puro campo del derecho como lo exige la causal primera  por violación directa de la ley sustancial.   

          Para  que la vía de ataque seleccionada pudiera concitar el estudio  de  fondo  la  Corte  ,  fuera  de  citar  en la demanda las normas sustanciales  presuntamente   vulneradas   así   como   el   sentido   de   la  violación  y  específicamente  en  cuál  o  cuáles  de  las  imputaciones  por  las que fue  condenado  el acusado se presentaba el error de la sentencia, también ha debido  acreditar  el  actor  que  el  Tribunal  a  pesar  de  haber  reconocido  en las  motivaciones  del fallo la presencia de los elementos configurativos de la culpa  en  el  comportamiento  del  agente,  no  obstante inaplicó la disposición que  regula  esa  forma de culpabilidad para dar vigencia a otra que no correspondía  al  caso;  dejando de lado la discusión sobre el alcance que el sentenciador le  dio  a  algunos  medios  de  prueba  para  oponerle  sus  propias  conclusiones,  alegación  esta última que bien pudo hacer valer en las instancias pero que en  sede de casación resultan de imposible planteamiento.   

          Y  la ineptitud de la demanda se agudiza cuando al final del escrito  el  libelista  reclama  la  absolución  del  justiciable  dizque por no existir  experticio  médico  legal  con  el  cual  demostrar  las  lesiones que padeció  Víctor  Larrahondo,  sugiriendo con tan sorpresiva denuncia un posible error de  hecho  por  falso juicio de existencia derivado de la suposición en el fallo de  la  prueba  que  echa  de  menos.   Un  tal  reproche ha debido alegarlo el  casacionista  en  cargo  subsidiario  y  por la vía de la violación indirecta,  esto  es al amparo de la causal primera de casación en su cuerpo segundo, falla  técnica   que   además   de   atentar   contra  el  principio  lógico  de  no  contradicción,  igualmente  vulnera  el  de  autonomía  de los cargos y de las  causales.   

          Por  modo que, a fuerza de no cumplir el libelo con los presupuestos  formales  del artículo 225 del Código de Procedimiento Penal, debe inadmitirse  prematuramente con la consecuencia de dejar desierto el recurso.   

          2.-  Demanda  a  nombre  de MAURICIO RIVAS NÚÑEZ.   

          De  ser  violatoria  de la ley sustancial por equivocada estimación  de  las  pruebas debido a un error de hecho por falso juicio de identidad, acusa  el    censor    la    sentencia   de   segundo   grado   emitida   contra   este  acusado.   

          Sin  embargo,  nada hace el impugnante por individualizar los medios  de  convicción  que se duelen del mencionado yerro y menos precisa la modalidad  de  éste,  indicando si consiste en el trastocamiento del contenido fáctico de  la  probanza para ponerla a decir el fallador lo que realmente no dice o si más  bien  la  falencia surge del desconocimiento de las reglas de la sana critica en  la  estimación  probatoria,  como  tampoco se molesta en señalar la incidencia  del  desconocido  yerro  en el fallo cuestionado de tal manera que de no haberse  presentado, otra muy diferente hubiese sido la decisión.   

          En  efecto,  los  argumentos  del  recurrente  relacionados  con  la  confrontación  testimonial  que  dice  realizar, en nada afectan la valoración  que  de  dichos  medios  de  prueba  hizo  el  juzgador,  pues lo que se pone en  evidencia  en  el  informal  alegato  no  es  otra cosa que la inconformidad del  censor  por  la  credibilidad  que  a  los testigos de cargo autorizadamente les  dispensó el sentenciador.   

          La  manera  sesgada  como  el  casacionista  acomete el análisis de  algunos  testimonios lo lleva a consignar fragmentarias citas tanto de lo que el  Tribunal  consideró prueba suficiente para condenar, como de lo que cada uno de  los   mismos  declarantes  asegura  haber  percibido  del  hecho,  apreciaciones  personales  que  no  van  más  allá  de  mostrar  su  particular visión de lo  sucedido  con  la   ilusa  pretensión de que sean acogidas por la Corte en  perjuicio  de  las motivaciones del Ad Quem,  método  este de una dialéctica inaceptable en sede de casación  que  da  al  traste  con  la  demostración de la premisa del supuesto análisis  contradictorio  que  de  la  prueba  hizo  el sentenciador, del cual pretende el  impugnante  desentrañar  la duda que dizque impedía proferir fallo de condena,  como    también    deja    en    el    vacío   el   supuesto   “desquiciamiento”   que   divorciaba  lo  decidido  de  lo  realmente probado en la sentencia acusada, todo lo cual quedó  en el plano de las conjeturas, en el mero enunciado.   

          Presenta  pues  el  libelista  su escrito de impugnación como si se  tratara  de  la prosecución de los debates en las instancias, sin parar mientes  en  que  con  la emisión del fallo aquéllos finalizan en favor de la decisión  judicial,  la  que  por  tal  motivo  adquiere la doble presunción de acierto y  legalidad  susceptible  tan  solo  de  ser  desvirtuada  en  la medida en que el  demandante  acredite  que  el  sentenciador  en  su  elaboración incursionó en  vicios   in   iudicando   o  in  procedendo  ciertamente  trascendentes,  reproches  de  tal jaez que brillan por su ausencia en el asunto  sometido al examen preliminar de la Sala.   

          En  ese  orden  de  ideas,  frente  a  la  ausencia  de  claridad  y  precisión  en  los  fundamentos  de  la  causal  elegida  por el libelista para  quebrar  el  fallo  atacado,  no le queda a la Corte alternativa diversa a la de  inadmitir  de  plano  la  demanda  en  cuestión  y declarar desierto el recurso  impetrado,  conforme a lo dispuesto en los artículos 225-3 y 226 del Código de  Procedimiento Penal.   

          En  razón  y  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

    

RESUELVE  

         Rechazar   in  límine  las  demandas  de  casación   presentadas   por   el   defensor  de  los  procesados  GILBERTH  HURTADO  LABRADA  y MAURICIO  RIVAS  NÚÑEZ. En consecuencia,  se    declara   desierto  el  recurso  extraordinario  concedido por el Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Santiago  de  Cali.              

         

          De  conformidad  con  lo previsto en los artículos 197 y 226 del C.  de P. P., contra esta providencia no procede recurso alguno.   

         Cópiese,  comuníquese,  devuélvase  a  la  oficina  de  origen y  Cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL             RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE        E.        CÓRDOBA  POVEDA             CARLOS   A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                                  CARLOS  E.  MEJÍA ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ    VELANDIA                                          NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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