13563 (11-08-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13563  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 118   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  martes  once  (11)  de  agosto  de mil  novecientos noventa y ocho.   

VISTOS  

          Procede  la  Sala a resolver sobre la admisibilidad de la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de   la   procesada  Adriana  María Restrepo Aristizabal contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Nacional, modificatoria de la emitida  por  un  Juzgado  Regional  de  Medellín, y por cuyo medio le impuso pena de 30  años  de  prisión  al  hallarla  penalmente  responsable  de  dos  delitos  de  secuestro extorsivo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  hermanos,  Roger Eliécer y Yolima Ortega Pérez, ambos menores  de  edad,  fueron  privados  ilícitamente  de su libertad de locomoción por un  hombre  y  una  mujer  quienes  en posesión de un arma de fuego los obligaron a  abordar  un  vehículo automotor de servicio público, tipo taxi,  cuando a  eso  de  las  6:00  de  la  mañana  del día 5 de agosto de 1994 salieron de su  residencia  ubicada  en la Carrera 80A N° 35A 6 de la nomenclatura urbana de la  ciudad  de  Medellín,  Ant.,  con  rumbo  al  Centro Educativo donde cursan sus  estudios.   

          Los   retenidos   fueron   conducidos  hacia  un  predio  rural  del  Corregimiento  de Santiago, Municipio de Santo Domingo, Ant., de propiedad de la  dama  que  propició  su  aprehensión,  Adriana María  Restrepo  Aristizabal,  lugar  en  donde permanecieron  hasta  el  momento en que se produjo el rescate por la fuerza pública, a los 15  días  de  cautiverio,  merced  a  la  información  suministrada por uno de los  integrantes  de  la banda de plagiarios capturado cuando se le sorprendió   comunicándose  por  teléfono  con  la familia de los secuestrados,  y por  cuya  liberación  se  exigió  inicialmente la suma de $300.000.000, pedido que  luego se rebajó a $15.000.000.   

          Iniciada  la investigación por una Fiscalía Regional de Medellín,  vinculó  al  averiguatorio  junto  con  las  otras  personas  componentes de la  pandilla  de  malhechores  a la fémina en mención, a quien por resolución del  30  de  agosto de 1994 le resolvió su situación jurídica imponiéndole medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a gozar del beneficio de  la  libertad  provisional.   Perfeccionada  en lo posible la instrucción y  clausurada  la  etapa  investigativa, por resolución del 27 de junio de 1995 se  formuló   pliego   de   cargos   contra  la  Restrepo  Aristizabal,   acusándosele   del  doble  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado,  cometido  en  concurso con el de concierto para  secuestrar.   

          En  la  etapa  del  Juicio  la acusada se acogió al mecanismo de la  terminación  anticipada  del  proceso,  para  lo  cual reclamó ante el Juzgado  Regional  que  conocía  del  asunto la aplicación del artículo 37 del Código  Procesal  Penal,  aceptando  luego  todos  los cargos imputados por la Fiscalía  Regional  en  la resolución de acusación.  Fue así como por fallo del 10  de  octubre  de 1995 se le condenó a purgar 341 meses y 20 días de prisión, a  cubrir  una  multa  por  valor  de 150 salarios mínimos legales mensuales, a la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por 10 años y a sufragar la  suma  de  600  gramos  oro  equivalentes  en  moneda  nacional  en  favor de los  damnificados,  a  título  de  indemnización  de  perjuicios.  A  la  procesada  igualmente  se  le  negó  en  la  sentencia el sustituto penal de la condena de  ejecución condicional.   

          Inconforme   la   justiciable   con   la   decisión  que  viene  de  relacionarse  la  impugnó  y  el  Tribunal  Nacional  al  desatar la alzada, en  acatamiento  al  principio  de  legalidad  de  la  pena  modificó las sanciones  principales  impuestas  en  el  sentido  de adecuarlas al mínimo legal previsto  para  la  ilicitud  del secuestro extorsivo agravado, al tiempo que suprimió el  incremento  punitivo  concerniente al concierto para secuestrar, pues consideró  que      tal     injusto     no     se     había     tipificado     en     este  caso.              

LA DEMANDA  

                              

          Alega  el  censor  en  su  lacónico  escrito que la acusación a su  patrocinada  era de “un solo hecho delictivo (…) el  DELITO  DE  SECUESTRO, y al endilgársele el delito de CONCIERTO PARA DELINQUIR,  se  estaba  en  frente  de  una  doble  imputación”.  Posteriormente  agrega  que los falladores de instancia no sólo “desconocieron  el  principio constitucional  que  consagra  la  no agravación punitiva”,  sino  también  el del “NON BIS IN  IDEM”    como    quiera    que    “asumieron  una  doble  imputación  frente  a  lo  que  es  una sola  conducta  humana  con  una  sola  violación a la ley penal, aun cuando se puede  presentar  un  concurso  aparente  de tipos penales”,  manera  de  entender  lo que en su sentir constituye una situación más gravosa  para  su asistida al incrementársele la pena, desatendiéndose a los principios  de   “especialidad”  y  “subsidiariedad”.   

         

Esos  los  fundamentos  del  recurrente para  impetrar    de    la   Sala   la   modificación   del   fallo   “asumiendo   una   sola   violación   a   la  ley  penal  tal y como se presentó y admitió por mi  defendida  en  la  diligencia de sentencia anticipada, es decir por el delito de  SECUESTRO”,  a  lo  cual  se suma el “arrepentimiento”   mostrado   por   la  procesada  al  admitir  el  hecho  y el ejemplar comportamiento que ha observado  tras       las      rejas.       

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Con  olímpico  desconocimiento  de los requisitos formales que para  toda  demanda  de casación exige el artículo 225 del Código Procesal Penal en  su  elaboración  y,  lo  que  es peor aún, desatendiendo a los límites que el  artículo  37B-4°  ibídem  le impone tanto al defensor como al procesado en lo  atinente  al  interés  para  recurrir,  el  casacionista a manera de escuálido  alegato  de  instancia  y no empece advertir que “Los  hechos   materia   del   presente   juzgamiento  han  sido  probados”  amén  de  que  se  llevó  a  cabo ante el Juzgado Regional de  Medellín  “la diligencia de sentencia anticipada, en  la   cual   la   encartada   aceptó   los  cargos  formulados  por  dicho  ente  judicial”,  pretende remover la doble presunción de  acierto y legalidad que acompaña la sentencia recurrida.   

          En  efecto,  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  relacionados  en  la  prementada norma, someramente el recurrente identificó la  sentencia  que  dice impugnar por medio del extraordinario recurso, empero omite  hacerlo   respecto   de   los   sujetos   procesales  que  intervinieron  en  el  debate;   también  se  echa  de  menos la narración sucinta de los hechos  materia  de  juzgamiento  y de la actuación procesal cumplida en las instancias  y,  para colmo, ni siquiera invoca causal de casación alguna como soporte de la  demanda  para  quebrar  el  fallo  cuestionado,  olvidando  que  en esta sede es  elemental  hacerlo,  “indicando  en  forma  clara  y  precisa  los fundamentos de ella” con la citación de  los preceptos que se estimen infringidos.   

         

Un total desconocimiento de las reglas en que  se  funda  la  presentación  del  respectivo libelo, es lo que se aprecia en el  escrito  en  cuestión, con evidente desmedro de los principios de concreción y  sindéresis  a los que se halla sujeta toda demanda de casación para viabilizar  el acceso a la impugnación extraordinaria.   

          Pero  aparte  de  lo  ya  expuesto,  razón más que suficiente para  inadmitir  el  escrito  con  el cual se pretendió sustentar el recurso, resulta  prioritario  destacar  el  hecho de que el impugnante no se encuentra legitimado  para  recurrir  en  sede  extraordinaria,  si  se  repara  en  qué  consiste su  pretensión.   

          Ciertamente,  la  inconformidad  con los fallos de primero y segundo  grados  radica  en  lo  que el censor denomina “doble  imputación”  a  pesar de que la situación fáctica  debatida,  según  su  criterio,  “trataba de un solo  hecho  delictivo”  cual era el punible de secuestro,  mas  no  el concierto para secuestrar que también se le dedujo en la acusación  a la encartada.   

          Sin  embargo, a la hora de atacar el fallo, olvida el recurrente que  fue  precisamente por iniciativa de la procesada que se anticipó la condena por  las    tres    conductas    punibles    -incluida    la    que    hoy    merece    la    desaprobación   del  libelista-, en aplicación de  la  normatividad  que  regula  el  prematuro juzgamiento, sentencia proferida en  armonía  con  la  resolución  de  acusación  y  acorde  con  la  admisión de  responsabilidad  que  sobre  la  totalidad  de  los  cargos  formulados  por  la  Fiscalía  Regional  plasmó  la acriminada como acto consciente y voluntario en  la etapa de juzgamiento.   

         

Es  tajante el ordinal 4° del artículo 37B  del  Código  de  Procedimiento  Penal, modificado por el artículo 12 de la Ley  365  de  1997,  al  establecer  que  en tratándose de sentencia anticipada o de  audiencia  especial,  la  decisión  que  pone  fin  a  la  instancia  puede ser  recurrida  por  el  procesado  o  su  defensor,  pero únicamente respecto de la  dosificación  punitiva,  el  sustituto penal de la suspensión de la ejecución  de la sentencia y la extinción del dominio sobre bienes.   

Luego  entonces,  mal  podía  orientarse la  demanda  de  casación  en el sentido de controvertir uno de los cargos aceptado  de  manera  expresa  por  la  procesada,  imputación que al final de cuentas el  propio    Tribunal    Nacional    desestimó    en    su    fallo   -concierto   para  secuestrar-,  y  tras  ampararse  en tan sofisticado  argumento  dejar  entrever  el censor en su alegación una reforma peyorativa en  desmedro  de los intereses de la acusada, cuando lo cierto es que por respeto al  principio  fundamental  de  la  legalidad  de  la pena, la sanción principal se  adecuó  al  mínimo  punitivo  resultante  del concurso homogéneo de secuestro  extorsivo agravado.    

No  es  pues  a  manera  de una inoportuna  retractación  como se ventila  en  sede  de casación el fallo proferido para dar por terminado anticipadamente  el  proceso,  puesto que  como lo ha reiterado la Sala, si en tal evento no  le  es  permitido  al  defensor  o  al  procesado  recurrir  en apelación de la  sentencia  por  motivos  diferentes  a los previstos en el artículo 37B-4° del  Código  Procesal  Penal, acontece lo mismo con el recurso extraordinario cuando  bajo similares presupuestos se demanda en casación.   

          Pero  el  remedo  de  demanda es a tal extremo desatinada, que hasta  ignora  por  cuáles  delitos fue condenada la acusada pues de bulto está en el  fallo  del  Tribunal  Nacional,  que  el cargo por concierto para secuestrar fue  desestimado con la obvia repercusión en la tasación de la pena.   

Por  modo  que,  a  fuerza  de no cumplir el  libelo  examinado con ninguno de los requisitos de admisibilidad relacionados en  el  artículo  225  del Código de Procedimiento Penal, pero por sobre todo, por  carecer   el  censor  de  interés  para  recurrir  en  el  asunto  sub  lite, se torna imperativo rechazar la  demanda  que  ocupa la atención de la Sala y por contera declarar la deserción  del recurso.   

                                                       

          En  razón  y  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         RECHAZAR   IN   LIMINE   la  demanda  de  casación   presentada   por   el   defensor   de   la   procesada  Adriana   María   Restrepo   Aristizabal,  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Nacional.  En consecuencia,  se   declara   DESIERTO  el  recurso extraordinario interpuesto.   

          Por   alcanzar   su  ejecutoria  al  momento  de  suscribirla,  esta  decisión  es  inimpugnable  de  acuerdo con lo previsto en los artículos 197 y  226 del Código Procesal Penal.   

CÓPIESE, CÚMPLASE Y DEVUÉLVASE  

JORGE ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                             RICARDO  CALVETE RANGEL   

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE                                        JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                               CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ   VELANDIA                                                  NILSON    PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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