13401 (25-09-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    NULIDAD/ CASACION DISCRECIONAL  

El  principio de la  trascendencia, rector de las nulidades (C. P. P., art.  308-2),   traído   a   la   interpretación   del  instituto  de  la  casación  discrecional,   significa  que  argumentativamente  debe  mostrarse  la  entidad  desestabilizadora  y limitante en exceso de dichos vacíos probatorios.  Es  decir,  podría  convenirse la importancia desincriminatoria de la prueba que se  echa  de  menos, y hasta apriorísticamente puede declararse que ella favorecía  al  procesado,  pero,  si  se  trata  de un deber de los funcionarios judiciales  (investigación   integral),  cómo  saber  si  éstos  adoptaron  una  conducta  sistemática  de  negación  de  lo exculpatorio o si se trata de una actuación  insular?.   ¿Hubo incuria del funcionario judicial para recoger esa prueba  específica  o  fueron vanos sus esfuerzos para acopiarla?.  Es más, si de  antemano  el  recurrente  sabe  que  el  dicho de tales testigos ofrecería otra  perspectiva  de  responsabilidad,  cómo  explicaría  su  eficacia  frente a la  prueba  que  sirvió  de  soporte  a  la  sentencia  condenatoria?.  Y otro  interrogante,   de  cara  al  principio  directivo  de  protección,  será  que la conducta de la defensa fue  completamente  inocente por la no aportación de dichas pruebas? (C. P. P., art.  308-3).   

Otros reparos relacionados con la apreciación  de  la prueba testimonial de cargo, o con la regularidad del rito de un dictamen  pericial,   por  cuanto  no  significan  una  afrenta  directa  a  los  derechos  fundamentales  del debido proceso y de defensa, pues el agravio se mediatiza por  el  establecimiento  de  los errores de juicio en la estimación de las pruebas,  no   pueden   tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional.   Este  medio de impugnación excepcional, sólo se justifica  por  la urgencia de proteger los derechos fundamentales conculcados, si el daño  se  pone  en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  del escrito de  sustentación.   Los  giros  de  fundamentación  por la apreciación de la  prueba,  dada  la indeterminación de los resultados por la posibilidad de meras  discrepancias  valorativas, no pueden ser argumento suficiente para reclamar una  casación sujeta a tan singulares necesidades.   

PROCESO No. 13401  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado   Acta   N°   111   (septiembre  18)   

Santafé  de  Bogotá, D. C., veinticinco de  septiembre de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

         El  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  dictó  la  sentencia  de  segunda  instancia  fechada el 22 de mayo pasado, por medio de la cual confirmó  la  condena impuesta por el actual Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la misma  ciudad  (antes  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito),  en  relación con los  ciudadanos  FERMÍN  ZURBARÁN  BARRAZA y RICARDO CALDERÓN CALDERÓN, a quienes  se  les  impuso  como  pena  principal individual la de arresto de un (1) año y  multa  por  valor  de $ 20.000.oo, y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo,  en  razón  de la responsabilidad  deducida  por  el  delito  de  “violación  de  los  derechos  de  reunión  y  asociación” (art. 292 C.  P.).   

         En  relación  con  el  fallo  de  segundo  grado,  el defensor del  procesado   Ricardo  Calderón  Calderón    interpuso    “RECURSO   EXTRAORDINARIO   DE   CASACIÓN   POR  EXCEPCIÓN”  y  anunció la sustentación “en su oportunidad legal”, pero,  de  una  vez  se advierte, tal soporte escrito no se allegó dentro del término  legal (fs. 66, cuaderno de 2ª instancia).    

         Igual   actitud  impugnativa  asumió  el  defensor  del  procesado  Fermín  Zurbarán Barraza,  quien  aduce  como  interés  para la casación excepcional el de garantizar los  derechos  fundamentales  del  debido  proceso  y  la  defensa  de  su  asistido,  garantías  que  fueron  violadas  en  el proceso cuestionado, y además para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sobre  el  caso,  debido  a que la sentencia  impugnada   contiene   como  tesis  la  consideración  de  que  el  despido  de  trabajadores  con  fuero  sindical y sindicalizados constituye delito contra los  derechos  de  reunión  y  asociación  sindical,  sin importar el mayor o menor  número de despidos.   

         Sostiene   el   recurrente   que   como  los  mencionados  derechos  fundamentales  se han violado en el trámite del proceso, estima entonces que la  mejor  manera  de  fundamentar  la  petición  excepcional  es  por  medio de la  presentación  de la respectiva demanda de casación, con el fin de que la Corte  provea  a la aceptación o rechazo del recurso.  En efecto, a continuación  de  este  escrito  y en documento separado exhibe la demanda de sustentación de  la impugnación extraordinaria (fs. 68 y 69 y 70 a 88).   

EXAMEN    DE    LAS    PETICIONES    Y  CONSIDERACIONES:   

         El  delito  por  el  cual  fueron condenados los acusados se nomina  legalmente  como  “Violación  de  los  derechos de  reunión  y  asociación”, cuya conducta realizadora  se  sanciona  con pena de arresto de uno (1) a cinco (5) años y multa de un mil  a  cincuenta  mil  pesos,  de  conformidad  con  el  artículo  292  del Código  Penal.   Significa entonces que, como el máximo de la pena privativa de la  libertad  es  inferior  a  los  seis  (6) años de prisión, no es procedente el  recurso  extraordinario  de  casación,  de acuerdo con el límite de sanción y  parámetro  objetivo impuesto por el inciso 1° del artículo 218 del Código de  Procedimiento  Penal,  a  pesar  de  que  se  trata  de una sentencia de segunda  instancia dictada por un tribunal superior.   

         Sin  embargo,  conforme con la previsión del inciso 3° del citado  artículo  218,  el  Procurador,  su  delegado,  o  el  defensor  pueden  acudir  excepcionalmente    en  casación,  sin  sujeción  a  los  requisitos objetivos señalados en el inciso  1°,   y   la   Corte   discrecionalmente  podrá  aceptar  el recurso “cuando lo considere necesario para  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales”.   

         Como  la  necesidad del desarrollo jurisprudencial y/o la tutela de  los  derechos  fundamentales  surge  del  caso  concreto,  no  de  una abstracta  consideración   de   la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no  puede  ex  officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación de juicios sobre la materia de inconformidad.   Por   ello,  de  manera  razonable,  se  exige  al  recurrente  que  escriba  la  motivación  concreta que lo impulsa a interponer el recurso, referida a uno o a  los  dos  fines  exclusivos  de  la  casación  discrecional,  única  manera de  conciliar  el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables  necesidades  de  interés  público,  pues,  aunque con matiz excepcional, sigue  siendo  un  recurso extraordinario que se radica en las partes y no una facultad  oficiosa de la Corte.   

         Aunque  finalmente  todo  depende de la discrecionalidad reglada de  la  Corte,  lo  cierto  es  que  el peticionario ha de exhibir la argumentación  autosuficiente  para  mostrar la necesidad de un desarrollo jurisprudencial o de  la  protección  de derechos fundamentales supuestamente conculcados, pues sólo  a  partir del señalamiento concreto de falencias  puede el órgano decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas que de otra manera le están vedados por  obra  de  la  legalidad  y  el  acierto  que  se  presumen  en  el debate de las  instancias.   

         Tal  petición  motivada debe hacerse dentro de la oportunidad para  interponer  el  recurso  de casación, pues sólo así se distingue la casación  común  de  la  excepcional,  y se referirá a una fundamentación de cara a los  fines  específicos  de  esta  modalidad impugnativa, porque una vez aceptado el  recurso   por  la  Corte  (única  competente  para  hacerlo),  sobrevienen  los  traslados  a  los recurrentes para que presenten la demanda de casación y a los  demás  sujetos procesales para alegar, trámite que se cumplirá por el órgano  judicial  que  haya  proferido  la sentencia de segunda instancia atacada (C. P.  P., arts. 223 y 224).   

         Aunque  basta un escrito de sustentación orientado a cualquiera de  los  fines  propuestos,  como  exigencia  previa  a la admisión de la casación  discrecional,   el  defensor  del  procesado  Fermín  Zurbarán  Barraza  estimó que sería más explícito  si  de  una vez presentaba la respectiva demanda de casación, aunque obviamente  expuesto   a   que   el  libelo  sólo  se  le  considere  como  motivación  de  admisibilidad del recurso excepcional.   

         A  pesar  de  que el anuncio inicial del recurrente tocaba también  con  el  deseo de un desarrollo jurisprudencial sobre el delito de “violación  de  los  derechos  de  reunión  y  asociación”, finalmente la argumentación  sólo  se  refiere  a la presunta vulneración de los derechos fundamentales del  debido  proceso  y  la  defensa.  Sobre el tema de la protección de dichos  privilegios esenciales, se tiene lo siguiente:   

         1.   Se  dice  que  la  sentencia  de  segundo grado sólo fue  suscrita  por  dos  de  los  tres magistrados que integran la sala de decisión,  vacío  que  genera  agravio  al  principio  del  juez competente y a las formas  propias  del  juicio,  elementos propios del debido proceso, en contravía de lo  dispuesto  en  los artículos 29 de la Constitución Política, 1° del C. de P.  P.,  7° del Decreto 1265 de 1970, 29 del C. de P. C. y 19 de la Ley 270 de 1996  (Estatutaria de la Administración de Justicia).   

         Para  buscar la mayor correspondencia con la realidad, en atención  al  principio  lógico  de  la razón suficiente, es necesario que el recurrente  suministre  los  datos  objetivos,  completos  y fidedignos del hecho ocurrido y  reprochado.   Así  entonces,  sobrevienen  en  este  caso  los  siguientes  preguntas:   ¿existe alguna razón procesal para que de la sentencia sólo  se  hayan  responsabilizado  dos  de  los tres magistrados que forman la sala de  decisión?.   ¿El  tercer  magistrado  estaba  impedido,  fue  recusado  o  existía  cualquiera  otra causa legal de separación temporal del cargo o de su  función?.   ¿La  ausencia  del  tercer funcionario menguaba la pluralidad  mínima  prevista  en  el  inciso  1°  del  artículo  54  de  la  Ley  270  de  1996?.   

         La  información  sobre  estos  interrogantes sin duda reposa en el  proceso  y,  por  su  carácter  mínimo  y  esencial  para  provocar  el debate  extraordinario    y    singular,   debió   suministrarse   lealmente   por   el  recurrente.   

         2.   En  otro  capítulo  de  la  demanda se dice que sólo se  investigó   lo  desfavorable  al  procesado,  dado  que  no  se  allegaron  los  testimonios   del   doctor   José   Ramón  Navarro  Mojica  y  demás directivos de la Universidad Libre,  en  relación  con el funcionamiento del Consejo Directivo, y la responsabilidad  corporativa  y  no  personalizada  por las decisiones adoptadas sobre despidos y  sanciones  de  algunos  trabajadores.   De  esta  manera,  dichas versiones  constituían  prueba  de  descargo,  y  como  tal hacían parte del principio de  investigación  integral,  y entonces su ausencia repercute nocivamente no sólo  en el debido proceso sino en el ejercicio del derecho de defensa.   

         Pues    bien,    el    principio    de  la                    trascendencia,  rector  de las nulidades  (C.  P.  P.,  art.  308-2),  traído  a  la  interpretación del instituto de la  casación  discrecional,  significa  que  argumentativamente  debe  mostrarse la  entidad   desestabilizadora   y   limitante   en   exceso   de   dichos  vacíos  probatorios.     Es    decir,    podría    convenirse    la    importancia  desincriminatoria  de la prueba que se echa de menos, y hasta apriorísticamente  puede  declararse  que  ella  favorecía  al  procesado, pero, si se trata de un  deber  de  los funcionarios judiciales (investigación integral), cómo saber si  éstos  adoptaron una conducta sistemática de negación de lo exculpatorio o si  se  trata  de  una  actuación  insular?.   ¿Hubo  incuria del funcionario  judicial  para  recoger esa prueba específica o fueron vanos sus esfuerzos para  acopiarla?.   Es  más,  si  de antemano el recurrente sabe que el dicho de  tales   testigos   ofrecería   otra   perspectiva   de  responsabilidad,  cómo  explicaría  su  eficacia  frente  a  la  prueba  que  sirvió  de  soporte a la  sentencia  condenatoria?.   Y  otro  interrogante,  de cara al principio   directivo   de  protección,  será  que  la  conducta  de  la  defensa  fue  completamente inocente por la no  aportación de dichas pruebas? (C. P. P., art. 308-3).   

         3.   Otros  reparos  relacionados  con  la  apreciación de la  prueba  testimonial  de  cargo,  o  con  la  regularidad del rito de un dictamen  pericial,   por  cuanto  no  significan  una  afrenta  directa  a  los  derechos  fundamentales  del debido proceso y de defensa, pues el agravio se mediatiza por  el  establecimiento  de  los errores de juicio en la estimación de las pruebas,  no   pueden   tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional.   Este  medio de impugnación excepcional, sólo se justifica  por  la urgencia de proteger los derechos fundamentales conculcados, si el daño  se  pone  en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  del escrito de  sustentación.   Los  giros  de  fundamentación  por la apreciación de la  prueba,  dada  la indeterminación de los resultados por la posibilidad de meras  discrepancias  valorativas, no pueden ser argumento suficiente para reclamar una  casación sujeta a tan singulares necesidades.   

         Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

         DECLARAR  INADMISIBLES  los  recursos  extraordinarios de casación  discrecional  propuestos  por los defensores de los procesados RICARDO CALDERÓN  CALDERÓN Y FERMÍN ZURBARÁN BARRAZA.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE    CÓRDOBA    POVEDA                          JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PÁEZ  VELANDIA   

MARIO    MANTILLA   NOUGUÉS                             JUAN MANUEL  TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

                                                                    Secretaria.   

   

    

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