13336 (27-08-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13336  

         

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

         Aprobado      acta     N� 127   

Santafé  de Bogotá, D.C., veintisiete (27)  de agosto de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  la procesada MARIA ROMY  RODRIGUEZ ESPINOSA.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-  El Tribunal Superior de Santafé de  Bogotá los sintetizó así:   

         “Relacionan  los  autos  que  el  señor SIERVO JULIO GARCES ARIZA,  representante  legal  de  la Ferretería Mundial, a partir del día catorce (14)  de  agosto  de  1991,  detectó  faltantes en las relaciones diarias de caja que  elaboraba  MARIA  ROMY  RODRIGUEZ  ESPINOSA, consistentes en el cuadro de ventas  diarias  conforme  a  las  sumas  aritméticas,  ya  que  allí se identificaban  cheques  constituidos por valores elevados que no tenían soporte contable, esto  era,  bien  para  el  abono de facturas o créditos pendientes, medio ese por el  cual   se   substraían   el  dinero,  siendo  posteriormente  camufladas  estas  operaciones  ilícitas a través de la creación de algunos títulos valores que  eran  relacionados en el respectivo consecutivo y que unos de ellos pertenecían  a  la  cuenta  corriente de la hoy condenada CLEMENCIA ESPINOSA VESGA, vendedora  de  la  aludida  Ferretería,  así  como  otros de persona diferente y que a la  postre  fueron  devueltos por fondos insuficientes, firma no correspondiente con  la  registrada  y chequera hurtada; faltantes que fueron estimados por el perito  del  C.T.P.J.,  en  la  suma  de  treinta  y  un  millones  ciento  treinta  mil  setecientos   ochenta   y   cinco   pesos   con  noventa  y  nueve  centavos  ($  31.130.785.99). Folios 1 a 26 y 440 al 442.”.   

2.-  El Juzgado Once Penal del Circuito  de  Santafé  de Bogotá, mediante sentencia del 26 de julio de 1996, condenó a  María  Romy Rodríguez Espinosa a la pena principal de 30 meses de prisión y a  las  accesorias  de  rigor,  como  coautora  de  los delitos de hurto agravado y  falsedad en documento privado.    

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  suplente  la  recurrió  en apelación, la cual al ser desatada por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de la misma ciudad, el 31 de enero de  1997,  la  confirmó  parcialmente, ya que redujo la pena impuesta a 24 meses de  prisión  e,  igualmente,  el  monto  de los perjuicios, fallo contra el cual se  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACION   

El  defensor  de  la  acusada, al amparo del  cuerpo  segundo  de  la   causal  primera  de casación, formula dos cargos  contra la sentencia de segundo grado, así:   

Cargo Primero  

Como  ataque  principal  sostiene  que  el  sentenciador  violó  indirectamente  la  ley  sustancial,  por  error  de hecho  generado  en  un  falso  juicio de identidad. Como normas transgredidas cita los  artículos  217  del Código de Procedimiento Civil, 349, 351.2, 372.1 y 221 del  Código  Penal,  “dejándose  de  aplicar en su lugar, los artículos 2, 9, 246,  247  y  445  del  Código de Procedimiento Penal y los artículos 29 y 230 de la  Constitución Política”.   

Luego  de transcribir cada una de las normas  en  precedencia relacionadas, sostiene que los falladores de instancia emitieron  juicio  de  responsabilidad, basados en la sentencia anticipada a que se acogió  la  coprocesada  Clemencia  Espinosa  Vesga,  “asunto que jurídicamente en nada  puede  comprometer  la  responsabilidad  de  mi defendida, pues la condena de mi  patrocinada  es  consecuencia  de  haberse  incurrido  en  errónea apreciación  probatoria”.   

Asevera que en el proceso no está demostrado  que  la  acusada  hubiese  incurrido  en  las  conductas  punibles que le fueron  imputadas,  tal  como  cree  que,  en  su opinión, lo reconoce el sentenciador.  Agrega  que de la actuación no surge la certeza, pues “las pruebas allegadas al  proceso  carecen  de  la  fuerza  de  convicción  necesaria  que conduzcan a la  certeza    del    hecho    punible    y    a    la    responsabilidad    de   mi  representada”.   

A  continuación se adentra en el estudio de  los  grados  de  conocimiento, para concluir que en favor de su defendida debió  aplicarse  la  duda,  conforme  lo dispone el artículo 445 del C. de P.P.. Para  apoyar  esta  afirmación y dándoles el carácter de errores, cita y transcribe  apartes  de  la  denuncia  y  sus ampliaciones, de la indagatoria rendida por la  procesada  y  su  ampliación,  de las inspecciones judiciales realizadas y, por  último, de la confesión de la otra coprocesada.   

Finaliza  solicitándole  a la Corte case la  sentencia impugnada y, en consecuencia, absuelva a la procesada.   

Cargo segundo  

Apoyándose  en  la  totalidad  de la normas  citadas  en  el  anterior  reproche, acusa al sentenciador de haber transgredido  indirectamente la ley sustancial por “aplicación indebida”.   

Considera  que  lo errores cometidos son los  siguientes:   

a. Haberle dado credibilidad a la confesión  de    Clemencia    Espinosa    Vesga,    no    obstante   incurrir   en   serias  contradicciones.   

b. Haberle dado a las inspecciones judiciales  un  alcance  probatorio  que  riñe con la realidad fáctica, sin olvidar, dice,  que  “no  pueden  tener valor absoluto porque la ley no tiene tarifa de valor de  ninguna  prueba  judicial”.  Además,  agrega,  no  se  probó  que  los cheques  supuestamente     apócrifos     hubiesen     sido     falsificados    por    la  procesada.   

c.   No   haberle   otorgado   el   valor  correspondiente,   de   conformidad  con  la  ley,  a  la  denuncia  penal,  sus  ampliaciones y la indagatoria de su defendida.   

d.  No  haberse  valorado favorablemente los  testimonios  que obran en el proceso, máxime si se tiene en cuenta que de allí  no surge ningún cargo contra su procurada.   

Por tanto, teniendo como base los precedentes  “errores”,  finaliza  la  censura  solicitando  a  la  Corte  case  la sentencia  recurrida  para  que  en  su  lugar  absuelva a María  Romy  Rodríguez Espinosa.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

De la sola lectura del libelo se advierte que  el  censor desconoce en su totalidad los parámetros que rigen el extraordinario  recurso  de  casación,  ya  que el escrito no reúne los requisitos que para su  admisibilidad  exige  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

En  efecto,  el numeral tercero de la citada  norma  establece  que  es  obligación  del  demandante,  además de señalar la  causal  y  citar  las  normas  que estime infringidas, indicar, en forma clara y  precisa,    los    fundamentos    en   que   soporta   su   ataque   contra   la  sentencia.   

Tal  presupuesto  no  fue  cumplido  en  la  confección del libelo, así:   

Respecto  al  primer  reproche,  si  bien es  cierto  que de la hipótesis planteada se advierte que la denuncia en contra del  fallo  es  por haber transgredido indirectamente la ley sustancial, por error de  hecho   generado   en   un   falso  juicio  de  identidad,  sin  embargo  en  la  fundamentación  se  aparta totalmente de ese postulado para, antitécnicamente,  como  si  se  tratara  de  una alegación de instancia, oponer sus apreciaciones  probatorias  a  las  del fallador, sin demostrar ningún desacierto atendible en  casación,  para  que  la Corte escoja entre ellas, ignorando que no es posible,  pues  tal  valoración  es  propia  de las instancias y que la sentencia llega a  esta  sede  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, por lo que  el criterio del juzgador prevalece.   

En  efecto,  luego  de  citar  las  normas  presuntamente  transgredidas,  basa el ataque en que el juzgador profirió fallo  de  condena  sin  contar, según su propia estimativa, con la certeza requerida,  tanto  sobre  la existencia de los hechos punibles como de la responsabilidad de  la  acusada  y desconociendo la duda existente en su favor, pero sin señalar en  qué  consistió  el  falseamiento  o  distorsión  del contenido fáctico de la  prueba,  ni  la  manera como esa tergiversación llevó al fallador a desconocer  la duda y estimar que había certeza para condenar.   

Con relación a la duda, la Sala reitera que  existen   dos   alternativas   para  su  reclamación:  la  primera,  cuando  el  sentenciador   la   admite  con  relación  a  la  existencia  del  hecho  o  la  responsabilidad  del  procesado,  pero, sin embargo, condena, caso en el cual el  ataque  debe  formularse  bajo  los  postulados  de  la  violación  directa. La  segunda,  cuando  el  fallo  no  la  reconoce  y,  por  tanto,  condena, pero el  recurrente  demuestra a la Sala su existencia, por haberse incurrido en error de  hecho  o  de  derecho,  o  cuando  la  admite  inexistiendo y, por consiguiente,  absuelve,  casos  en  los  cuales  debe  invocarse  bajo  los lineamientos de la  violación indirecta.   

Igual suerte corre el segundo cargo aducido,  por  cuanto  además  de  no  señalar el error y el falso juicio que generó la  demandada  violación  indirecta  de la ley sustancial, la labor demostrativa la  centró  en  atacar  la  credibilidad  otorgada  por  el  fallador  a  medios de  convicción  no  sometidos,   en  cuanto a su valoración, al método de la  tarifa  legal  sino de la sana crítica, en la que el juez goza de facultad para  apreciarlos,    solo    limitada    por    la   ciencia,   la   lógica   y   la  experiencia.   

Darle   credibilidad  a  unas  pruebas  y  negársela  a  otras no configura desatino, sino que es el ejercicio de un poder  discrecional  conferido  al  juez  por la propia ley y solo limitado por la sana  critica,   pudiendo,   por   ende,  al  analizar  conjuntamente  los  medios  de  convicción  acoger,  para fundar su decisión, los que le merezcan credibilidad  y desechar los otros.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  entrar  a  suplir  sus  inconsistencias, se impone su rechazo, de acuerdo con lo  dispuesto por el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR     IN    LIMINE  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de la  procesada      MARIA     ROMY      RODRIGUEZ  ESPINOSA.  En  consecuencia,  se declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA                             FERNANDO   E.   ARBOLEDA  RIPOLL   

RICARDO   CALVETE   RANGEL                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                                        DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON   PINILLA   PINILLA                                        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                                                  Secretaria     

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