13022 (19-06-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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DEFENSA TECNICA/ DEBIDO PROCESO  

Según preceptúa el artículo 142 del Código  de  Procedimiento  Penal,  la  designación  de  un nuevo defensor por parte del  sindicado  revoca  cualquier  nombramiento anterior, y aquél  “podrá”  actuar a partir del momento  en  que  presente  el  respectivo  poder,  pero  si  tal  no hace, porque con la  aprobación  de  todos  el  primer  apoderado  sigue  actuando mientras el nuevo  obtiene  el reconocimiento de la personería adjetiva, es claro que  por el  solo  cambio  de  mandatario  no  hay solución de continuidad en la defensa del  procesado.   

Así  pues,  teniendo  en  cuenta  que  en la  actuación  procesal  debe  prevalecer  el derecho sustancial sobre el adjetivo,  como  máxima  expresión de la efectividad del procedimiento (art. 9° C.P.P.),  impera  conceder  el  recurso extraordinario de casación suplicado por el   nuevo apoderado del justiciable.   

RAD. 13022  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                 Dr.  JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                               Aprobado Acta  Nro. 68   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  junio  diecinueve  de mil novecientos  noventa y siete.   

VISTOS  

          De  plano,  como manda el artículo 209 del C.P.P., procede la Sala  a  decidir  el  recurso  de  hecho interpuesto por el defensor de RAUL MATALLANA  PULGARIN,  con miras a la concesión del extraordinario de casación introducido  contra   la   sentencia   del   Tribunal   Nacional    que   confirmó  con  modificaciones  la  condena impuesta en primera instancia a su poderdante por el  delito de secuestro extorsivo.   

ANTECEDENTES  

          Mediante  fallo  del  9 de mayo de 1996, un Juez Regional  con  sede  en  este  Distrito Capital condenó por el delito de secuestro extorsivo a  Raúl  Matallana  Pulgarín, Pedro Pablo Zárate Guerrero, Rubén Mendoza Real y  Roberto  Anzola Guerrero, imponiéndoles a cada uno de ellos como pena principal  40  años de prisión y multa de cien salarios mínimos legales.  Impugnada  la  decisión,  en  providencia  del  17  de  septiembre  siguiente, el Tribunal  Nacional  la  confirmó  pero  redujo  el  quantum punitivo  a 34 años y 6  meses e incrementó la sanción pecuniaria.   

          Al  momento  del  fallo  de segundo grado fungía como defensor del  procesado  Matallana  Pulgarín  el  Dr.  Raúl  Trujillo Cortés, a quien se le  citó    para   la   correspondiente   notificación,   pero  antes  de  su  comparecencia,  el  sentenciado  otorgó  nuevo  poder para su defensa al doctor  José  Edgar  Santa  Piedrahita.  No  empece  lo  anterior,  el 18 de octubre la  secretaría  del  Tribunal  de  todos  modos  notificó  personalmente al doctor  Trujillo  Cortés  el  fallo,  contra el cual tres días más tarde interpuso el  recurso de casación.   

          El  12  de  diciembre  de 1996 pasó el proceso al despacho “para  casación”,  pero antes de cualquier pronunciamiento en este sentido, por auto  del  20  del  mismo  mes  y  año,  dijo  el  Tribunal: “De conformidad con la  manifestación  de  voluntad  hecha  por  el  procesado RAUL MATALLANA PULGARIN,  reconócese  y  tiénese al DR. JOSE EDGAR SANTA PIEDRAHITA, como su defensor de  confianza  en  los  términos  y  condiciones a que se refiere su memorial poder  visto a  folio 56”.   

          Fue  mediante proveído del 20 de febrero del corriente año que el  Tribunal  Nacional  denegó  el recurso de casación, con el argumento de que el  impugnante  había  cesado  en  sus  funciones  por  la  revocatoria tácita del  mandato  que  el  procesado Matallana había hecho el 10 de octubre, al conferir  poder  a  otro  profesional para que continuara con su representación, habiendo  éste guardado silencio sobre el recurso extraordinario.    

La  decisión  no  fue  del agrado del nuevo  defensor  convencional  quien  interpuso  contra ella el recurso de reposición,  argumentando  que  la defensa  es inescindible y su antecesor oportunamente  había  acudido en casación sin presentar posterior desistimiento, amén de que  no  resulta  válido  considerar  que  la revocatoria del poder produce el mismo  efecto  sobre la peticiones. Recordó, además, que sólo el 20 de diciembre del  año  inmediatamente  anterior  se le había reconocido personería para actuar,  considerando  innecesario  reiterar la impetración del recurso.  Por   último,  en  su escrito se remite a lo estipulado en el artículo 207 del C. P.  Penal   “para  si  fuere  necesario;  RECURRIR  DE  HECHO”.  Despachado  desfavorablemente  el  recurso  de  reposición,  interpretó  el  Tribunal como  subsidiario   el   de   hecho,  razón  por  la  cual  compulsó  copias  de  la  actuación.    

Dispuesto  el  trámite  ordenado  por  el  artículo  209  del  C. de P. Penal, el interesado dejó transcurrir en silencio  el término allí previsto para formular la sustentación.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

          Sea  lo  primero  advertir que si bien el artículo 209 del Código  de  Procedimiento  Penal  establece  que  dentro de los tres días siguientes al  recibo  de  las copias debe sustentarse el recurso de hecho, nada se opone a que  esta  carga  procesal  se  entienda  satisfecha  con las razones expuestas en la  instancia  correspondiente si se ha intentado previamente, como en este caso, la  reposición  del  auto  que  no  concedió  la  alzada,  porque lo que en verdad  interesa  es  que  el recurrente dé a conocer las razones por las cuales estima  procedente  el  recurso  denegado, sin que sea dado exigir la repetición de los  argumentos  ante  el  superior,  pues  este  sería un requerimiento “no sólo  innecesario  sino excesivamente formalista, contraventor del principio rector de  toda   actuación   judicial   de   la   efectividad  del       derecho  sustancial  (arts.  228  de  la  C.N..,1°  de la Ley  270/96  y  9° del C. de P. P.)”. (Auto de septiembre 5 de 1996. M.P. Fernando  Arboleda Ripoll).   

         

          Ahora  bien,  en  cuanto a lo pretendido concierne, es claro que el  recurrente   tiene   razón  al  insistir  en  que  se  le  conceda  el  recurso  extraordinario  de  casación,  toda  vez  que  el procedimiento empleado por el  Tribunal  Nacional  para  negarlo  no  sólo  es contradictorio sino que además  deviene desleal con la defensa.   

En  efecto,  ningún reparo le mereció a la  Sala  de Decisión la notificación personal del fallo de segunda instancia que,  previa  citación  para ese efecto, le hizo la secretaría al defensor saliente,  doctor  Raul  Trujillo Cortés, el día 18 de octubre, no empece que desde   el  10  del  mismo  mes  el acusado Matallana Pulgarín había dado poder a otro  profesional  del derecho para que a partir de ese mismo momento representara sus  intereses.   Sin   embargo,  la  capacidad  no  discutida  para  recibir  formal  notificación  de  la  sentencia sí se convirtió en obstáculo insalvable para  enervar  la posibilidad de impugnar ese acto procesal, olvidádose que la razón  de  ser  de  las  notificaciones es la de dar oportunidad de atacar la decisión  cuyo contenido se da a conocer.   

          Y   no   se   diga  que  el  Tribunal  consideró  automáticamente  desplazado  el  primer  defensor  con  el  poder  otorgado  el  10 de octubre al  segundo,  porque  de su propia factura es el auto dictado casi dos meses y medio  después  (diciembre 20), concebido precisamente para reconocerle a este último  personería  a  fin  de  que  pudiera  actuar  a  nombre del procesado Matallana  Pulgarín  “en  los  términos  y  condiciones  a  que  se refiere su memorial  poder”;   y  si sólo a partir de esta fecha se habilitó al doctor José  Edgar  Santa  Piedrahita  para  ejercer el mandato recibido, mal hace el ad quem  cuando  reprocha  su  silencio  frente  a  una  sentencia proferida y notificada  cuando aún no había sido reconocido como sujeto procesal.   

          Es  que  con  la dilogía que subyace en el irregular procedimiento  del  Tribunal,  se da pábulo para aceptar que el justiciable, no obstante haber  dado  poder  a dos abogados para que en forma consecutiva lo representaran en la  segunda  instancia,  estuvo  desprovisto  de defensa nada menos que en el tiempo  hábil  para  recurrir  la sentencia de segundo grado, pues el primer mandato se  entendió  automáticamente  revocado  por  el segundo y este no se pudo ejercer  porque   al  mandatario  aún  no  se  le  había  reconocido  personería  para  actuar.   

          Ciertamente,  según  preceptúa  el  artículo  142 del Código de  Procedimiento  Penal,  la  designación  de  un  nuevo  defensor  por  parte del  sindicado  revoca  cualquier  nombramiento anterior, y aquél  “podrá”   actuar  a partir del  momento  en que presente el respectivo poder, pero si tal no hace, porque con la  aprobación  de  todos  el  primer  apoderado  sigue  actuando mientras el nuevo  obtiene  el reconocimiento de la personería adjetiva, es claro que  por el  solo  cambio  de  mandatario  no  hay solución de continuidad en la defensa del  procesado.   

          Así  pues,  teniendo  en cuenta que en la actuación procesal debe  prevalecer  el  derecho sustancial sobre el adjetivo, como máxima expresión de  la  efectividad  del procedimiento (art. 9° C.P.P.), impera conceder el recurso  extraordinario   de   casación  suplicado  por  el   nuevo  apoderado  del  justiciable,  pues  fue interpuesto en tiempo hábil por el único representante  de  la  defensa técnica a quien se le dio oportunidad de incoarlo, amén de que  está  dirigido  contra  una  sentencia  proferida  en  segunda instancia por el  Tribunal  Nacional  y  por  un delito cuyo máximo de pena excede con creces los  seis años de prisión.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

          RESUELVE   

          CONCEDER  el recurso extraordinario de CASACIÓN interpuesto por el  defensor   del   acusado  Raul  Matallana  Pulgarín  contra  la  sentencia  del  diecisiete  de  diciembre de mil novecientos noventa y seis, mediante la cual el  Tribunal  Nacional  lo  condenó a la pena principal de treinta y cuatro años y  seis  meses  de  prisión  y  multa  de  ciento  treinta y dos salarios mínimos  legales mensuales, como convicto de secuestro extorsivo.   

          Remítase  la  actuación  al  Tribunal  Nacional  a fin de que dé  curso a los traslados que dispone el artículo 224 del C.P.P.   

         

          NOTIFIQUESE,  CUMPLASE Y DEVUELVASE   

CARLOS GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO      CALVETE  RANGEL   

JORGE            CORDOBA  POVEDA                JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS            E.MEJIA  ESCOBAR                 DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                    JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

Secretaria  

     

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