12779 (26-02-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    VIOLACION INDIRECTA DE LA LEY  

La   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  acontece  al  dejarla de aplicar o aplicarla  indebidamente  por error en la apreciación probatoria, que puede ser de derecho  o  de  hecho, en este caso por falso juicio de existencia (suponer o ignorar una  prueba)  o  falso  juicio  de identidad (distorsionar su sentido objetivo), y en  aquél  por  falso  juicio  de  legalidad  (estimar  una  prueba  inválidamente  allegada)  o  por falso juicio de convicción (no otorgarle a la prueba el valor  establecido por la ley).   

Corresponde   al   recurrente  señalar  no  solamente  la clase de error que aduce, sino su específica naturaleza dentro de  los  distintos  conceptos  enunciados,  lo  cual  debe  efectuar  con claridad y  precisión,  resaltando  además  la  trascendencia  de  tal  error  para  haber  conducido   a   una  determinación  diferente  a  la  que  el  acopio  procesal  ameritaba.   

Además, como ha reafirmado esta corporación,  “respecto   de   un   mismo   medio   probatorio,   no  resulta  lógico  aducir  simultáneamente  la  presencia  de  las  dos  clases  de  error,  de hecho y de  derecho,  a  riesgo  de desconocer el principio de no contradicción que orienta  la  impugnación;  tampoco,  invocarse sobre la misma prueba la presencia de las  varias  eventualidades  previstas  para  cada  clase  de  yerro, pues la lógica  enseña  la  exclusión  operante  entre  las  diversas  hipótesis que, como se  anotó,  pueden  ocurrir.”  (Rad. 11.801, Julio 10/96, M.P. Fernando E. Arboleda  Ripoll).   

Aunque  el  inciso  final  del  artículo 225  del   Código  de  Procedimiento Penal permita formular cargos excluyentes,  exige  que sean planteados por separado y de manera subsidiaria. No hacerlo como  dispone  el  precepto,  es  contrariar,  además  de la lógica, la técnica que  gobierna  el  recurso  extraordinario y constituye un vicio formal de la demanda  que acarrea su rechazo.   

El   Código   de   Procedimiento   Penal  colombiano   no  determina  la  plena  prueba ni acoge un sistema tarifado,  sino  la  sana  crítica en la apreciación de los medios de demostración (art.  254),  los  cuales  deben  ser  valorados  de  conformidad  con las reglas de la  experiencia,  la  lógica  y la ciencia, y sin que sea válido pretender que sea  constitutiva  de  error,  predicable  en  casación, la mera discrepancia con la  estimación  que  de  las  pruebas haya realizado el juzgador, que además viene  amparada con la doble presunción de acierto y legalidad.   

PROCESO No. 12779  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. NILSON PINILLA PINILLA  

Aprobado Acta N° 26  

Santafé  de Bogotá, D.C., veintiséis (26)  de febrero de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

ASUNTO  

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación formulada en representación del procesado OCTAVIANO  SIERRA RICO.   

HECHOS  

La noche del 27 de agosto de 1994, frente al  inmueble  demarcado con el N° 18M-18 de la calle 76 sur de Bogotá, ocupado por  la  familia  SIERRA  CIFUENTES  y sede de una tienda en la cual deseaba libar la  víctima  pero  no  se le quería atender, fue muerto por un disparo de escopeta  YESID  BONILLA  MOYANO, efectuado desde la habitación de OCTAVIANO SIERRA RICO,  propietario del establecimiento.   

ACTUACION PROCESAL  

Capturado  OCTAVIANO  SIERRA  RICO  el 13 de  septiembre  de  1994,  indagado,  resuelta su situación jurídica con medida de  aseguramiento   de   detención  preventiva,  cerrada  la   instrucción  y  liberado  provisionalmente,  el 21 de marzo de 1995 la Fiscalía 24 Seccional de  la  Unidad  2ª  de  Vida  de  Bogotá profirió resolución de acusación en su  contra,  por homicidio doloso (fs. 206 y Ss., cd. inicial). Esta providencia fue  apelada  por  el defensor y confirmada el 14 de agosto de 1995, por la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales de Santafé de Bogotá y Cundinamarca  (fs. 6° y Ss., cd. respectivo).   

Adelantado  el juicio, el 5 de junio de 1996  el  Juzgado 38 Penal del Circuito de Bogotá condenó al sindicado a 25 años de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por 10 años y a  indemnizar  los  perjuicios causados (fs. 330 y Ss., cd. inicial). Fallo apelado  y  confirmado  por  el Tribunal Superior de Bogotá, mediante sentencia del 6 de  agosto  de  1996,  que  es  objeto  del  recurso  de casación (fs. 3 y Ss., cd.  Trib.).   

LA DEMANDA  

Al   amparo  de  la  causal  primera de  casación   es   formulado   el   único   cargo   a   la  sentencia  impugnada,  así:   

“Consideramos que hubo violación indirecta  de  la  Ley,  porque el sentenciador tergiversó o distorsionó el sentido de la  prueba  que es tanto como falsear su expresión fáctica  en cuando a dicho  medio  de  convicción se le hace producir efectos probatorios que no se derivan  de su contexto.”   

Argumenta  que  el  fallo atribuyó “a los  indicios  categorías que no le corresponden”, por apartarse de las reglas que  para  su  valoración  consagran  los  artículos  300  a  303  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Agrega  que  “la  inconsistencia impugnada  tiene  que ver con la interpretación errónea del fallador porque no tubo (sic)  en  cuenta  las  normas  citadas  o  teniéndolas  en  cuenta  realizo (sic) una  interpretación  errónea  es  decir  yerra  en  la  significancia  (sic)  de la  norma”,  ni  acató  que  la ley exige “plena prueba” para condenar, yerro  del  cual  deriva  “violación  indirecta  de  la  ley pues se violó de igual  manera el art. 247 del Código de Procedimiento Penal…”   

De ello, el actor colige “que los indicios  no   son   prueba  si  no  una  categorización  anterior  de  la  misma  o  una  conjeturación,  pero  de  ningún  modo constituyen pruebas, en especial de las  requeridas para condenar” (sic).   

Señala  que  “Del  estudio  paralelo  o  analógico  de  las  pruebas  y  la parte considerativa tanto de la sentencia de  primera  instancia  como  de  segunda  instancia, surge comprobada la prueba del  cargo”  y  menciona  que  se  trata  de  un  error  de  derecho, para concluir  solicitando  casar  la sentencia y cumplir lo dispuesto por el artículo 229 del  Código de Procedimiento Penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La violación indirecta de la ley sustancial  acontece  al  dejarla  de  aplicar  o  aplicarla  indebidamente  por error en la  apreciación  probatoria,  que puede ser de derecho o de hecho, en este caso por  falso  juicio  de  existencia  (suponer  o ignorar una prueba) o falso juicio de  identidad  (distorsionar  su  sentido objetivo), y en aquél por falso juicio de  legalidad  (estimar  una  prueba  inválidamente allegada) o por falso juicio de  convicción   (no   otorgarle   a   la   prueba  el  valor  establecido  por  la  ley).   

Corresponde   al  recurrente  señalar  no  solamente  la clase de error que aduce, sino su específica naturaleza dentro de  los  distintos  conceptos  enunciados,  lo  cual  debe  efectuar  con claridad y  precisión,  resaltando  además  la  trascendencia  de  tal  error  para  haber  conducido   a   una  determinación  diferente  a  la  que  el  acopio  procesal  ameritaba.   

Además,   como   ha   reafirmado   esta  corporación,  “respecto  de  un  mismo  medio  probatorio, no resulta lógico  aducir  simultáneamente  la presencia de las dos clases de error, de hecho y de  derecho,  a  riesgo  de desconocer el principio de no contradicción que orienta  la  impugnación;  tampoco,  invocarse sobre la misma prueba la presencia de las  varias  eventualidades  previstas  para  cada  clase  de  yerro, pues la lógica  enseña  la  exclusión  operante  entre  las  diversas  hipótesis que, como se  anotó,  pueden ocurrir.” (Rad. 11.801, Julio 10/96, M.P. Fernando E. Arboleda  Ripoll).   

Aunque  el  inciso  final  del artículo 225  del   Código  de  Procedimiento Penal permita formular cargos excluyentes,  exige  que sean planteados por separado y de manera subsidiaria. No hacerlo como  dispone  el  precepto,  es  contrariar,  además  de la lógica, la técnica que  gobierna  el  recurso  extraordinario y constituye un vicio formal de la demanda  que acarrea su rechazo.   

Así  ocurre  en  el presente caso, donde el  censor  expresa que hubo violación indirecta de la ley e insinúa inicialmente,  sin  declararlo  con  individualidad, que ataca la sentencia por haber incurrido  en  error  de  hecho en la valoración de la prueba indiciaria, por falso juicio  de  identidad  (“…  el sentenciador tergiversó o distorsionó el sentido de  la  prueba…”),  para  a  renglón seguido afirmar que a la prueba indiciaria  “le    dieron    una    valoración    inextremo”    (sic),   atribuyéndole  “categorías”  que  no  corresponden,  y más adelante, sin separación  ni  subsidiaridad,  pregonar  interpretación  errónea  en el significado de la  norma, cayendo en áreas de la violación directa.   

Si  el  impugnante  escogió  una  vía,  la  indirecta  según  expresa,  no  debió  mezclarla  en cargo único con enfoques  propios  de  la  directa,  porque  se  repelen y desnaturalizan, quebrantando el  principio de no contradicción y generando confusión.   

También endilga al fallador no haber tenido  en  cuenta  que  la  ley estableció la plena prueba para condenar. Aunque no lo  menciona,  parece  hacer  referencia  al  error  de  derecho por falso juicio de  convicción,    sin   recordar   que   el   Código   de   Procedimiento   Penal  colombiano   no  determina  la  plena  prueba ni acoge un sistema tarifado,  sino  la  sana  crítica en la apreciación de los medios de demostración (art.  254),  los  cuales  deben  ser  valorados  de  conformidad  con las reglas de la  experiencia,  la  lógica  y la ciencia, y sin que sea válido pretender que sea  constitutiva  de  error,  predicable  en  casación, la mera discrepancia con la  estimación  que  de  las  pruebas haya realizado el juzgador, que además viene  amparada con la doble presunción de acierto y legalidad.   

Saltando de nuevo, en su abigarrado estilo, a  un  tema  que  no es de apreciación probatoria sino eminentemente jurídico, no  explica  como  compagina  su aseveración de que los indicios no son prueba sino  “una  categorización  anterior de la misma o una conjeturación” (sic), con  el  hecho de que el legislador colombiano expresamente los incluya en el título  respectivo.   

Tampoco  señala  el  demandante si el yerro  insinuado  se  presenta  sobre  la  prueba  que  sirvió para demostrar el hecho  indicador,   o  tuvo  lugar  en  la  inferencia  lógica  efectuada  por el  sentenciador,  conformándose  con  transcribir descuidadamente en un capítulo,  con  mayor  extensión  que sus propias consideraciones, los “cargos contra mi  defendido”,  sin  adentrarse en el análisis tendiente a demostrar el eventual  error, que ni siquiera delimita, ni en qué fue trascendente.   

El  cargo debe ser presentado y desarrollado  en  forma  completa, coherente e hilvanada, en cuyo orden está lejos la demanda  que  es objeto de este análisis, pues no precisa el sentido del quebrantamiento  de   normas   sustanciales,   las   cuales   ni  aún  enuncia  explícitamente,  intercalando  la  cita  de  algunas  de carácter procedimental. Constituye otro  aporte  a  la  confusión  que  en  la  última  página  aluda a “un error de  derecho”,  cuando vino mezclando aproximaciones a la violación directa con la  indirecta  que  había  anunciado  y  aspectos  de  error de hecho y de derecho,  deficiencias que la Sala no está facultada para subsanar.   

Como  se  observa,  la  demanda no satisface  requisitos  exigidos  por  el  legislador  en  el  artículo  225 del Código de  Procedimiento  Penal, particularmente en sus numerales 3° y 4°, indispensables  para  que  se  estructure  una cabal formulación y desarrollo del reproche, que  indique  de manera completa, clara, precisa y sin contradicciones cuales son los  fundamentos  del cargo o cargos y así resulte viable el análisis de fondo y la  solución.   

En tal virtud, procede acatar lo ordenado en  el  artículo  226 ibídem, rechazando la Corte la demanda y declarando desierto  el  recurso  interpuesto.  Contra  esta decisión, que adquiere ejecutoria en la  misma  fecha  en  que  es  suscrita  (art.  197  ib.),  no  cabe recurso alguno.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de   casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  OCTAVIANO  SIERRA RICO  y,  en consecuencia, declarar DESIERTO el recurso interpuesto.   

Este proveído queda ejecutoriado el día de  su suscripción y no admite recurso alguno.   

Devuélvase  el  expediente  a la oficina de  origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                                   RICARDO CALVETE RANGEL   

                                                                                                                          NO   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                                                                    JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                                                                     DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                                                         JUAN    MANUEL  TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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