12627 (20-03-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    NULIDAD/  UNIDAD  PROCESAL/  RESOLUCION  DE  ACUSACION   

Es  lamentable  que  la  Sala  del  Tribunal  Superior  haya  incurrido  en  un  error  tan  elemental como es entender que la  argumentación   realizada   solo   conducía  a  una  nulidad  parcial  con  la  consiguiente  ruptura  de  la  unidad  procesal,  conforme  a  lo previsto en el  numeral  3º  .del  artículo  90  del Código de Procedimiento Penal, y no a la  invalidación total del proceso.   

Si  la supuesta falla de la calificación del  sumario  se  limitaba  a  lo  relacionado  con  la  falsedad  en  documentos sin  comprometer  para  nada  lo  atinente  a  la concusión, sobre lo cual no había  objeción,  resulta  inexplicable la nulidad total decretada, determinación que  denota  descuido  y  ligereza  en el manejo de un asunto tan delicado como es el  que trata éste proceso.   

Reiteradamente ha dicho la jurisprudencia que  la  calificación  que se da en la resolución de acusación es genérica, y que  el  juez  puede  en la sentencia moverse dentro del mismo capítulo sin que ello  constituya  incongruencia  con el pliego de cargos. Algunos doctrinantes afirman  que  desde  que  el  punto haya sido objeto del debate público, puede variar el  tipo  aplicable  aún  desmejorando  la situación del procesado, aspecto que la  Sala  no  comparte y que por eso siempre ha puesto como limitante a esa facultad  del juez.   

PROCESO                                    : 12627   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                MAGISTRADO PONENTE:   

                                      DR.    RICARDO    CALVETE  RANGEL   

                                APROBADO ACTA No. 28   

Santa Fe de Bogotá, D.C., veinte de marzo de  mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS  

                          Por  apelación  del  Ministerio  Público   revisa  la  Sala  el auto del 10 de  octubre  de 1.996, por medio del cual el Tribunal Superior de Bogotá se abstuvo  de  dictar  sentencia  y  decretó  la  nulidad  de  lo  actuado  a partir de la  resolución  de  acusación,  en  el  proceso  adelantado contra el doctor Pedro  Alvaro  Chacón  Valderrama, ex Fiscal 219  de esta ciudad, por los delitos  de  falsedad  material de empleado oficial en documento público agravada por el  uso, en concurso con el ilícito de concusión.   

ANTECEDENTES  

                          1º                     A  mediados  del  mes  de  junio  de  1.993,  el  comerciante Jairo  Bastidas  García  fue  informado  de  que  en  su  contra existía una orden de  captura  expedida  por  el  Fiscal 219 de esta ciudad, por la presunta comisión  del  delito  de  fraude  con  una póliza de seguros en dólares. Por tal motivo  compareció   ante   el   Doctor  Alvaro  Chacón  Valderrama,   quien  pretextando  estar muy ocupado lo citó en horas de la noche a un restaurante al  norte  de  la  ciudad.  A  la  cita acudieron otras personas que acompañaban al  funcionario,  y  luego  de confirmarle la existencia de la orden de aprehensión  le  insinuaron  que  podían  arreglar, para cuyo efecto le exigieron la suma de  cien   millones   de   pesos   ($  100’000.000),   habiendo   convenido   finalmente   la   entrega  de  $  20’000.000.oo   y   un  inmueble.  Recibido  el  dinero  y  luego  de  tomarle  una versión al supuesto  implicado,  el  ex  funcionario  profirió   una  resolución archivando el  diligenciamiento.   

                      2º                      Establecido  que  el  procedimiento  seguido  por el Fiscal era una  simulación,   se   ordenó  la  apertura  de  la  investigación,  y  luego  de  practicadas  algunas  pruebas  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá  dictó  resolución   de acusación  en contra del doctor Pedro Alvaro  Chacón  Valderrama  por  los  delitos  de   falsedad  material de empleado  oficial  en documento público agravada por su uso, en concurso heterogéneo con  el  punible  de  concusión, decisión que fue confirmada por un Fiscal Delegado  ante esta Corporación.   

                      3º                      Celebrada  la  audiencia pública, el Tribunal de Bogotá concluyó  que  no  podía dictar sentencia porque el proceso estaba viciado de nulidad por  errónea calificación. Al respecto dijo:   

“En el caso presente se ha de convenir que  los   documentos  señalados  son  auténticos;  son  formalmente  verdaderos  o  genuinos,  como  que  fueron extendidos por un Fiscal en ejercicio de su cargo y  por  ende,  con  facultades  no solo para producir los documentos, sino también  para  adelantar  diligencias de tal naturaleza. En consecuencia, lo que falla es  su  tenor,  su  contenido  y  no  su  forma; de tal manera que el funcionario se  aprovechó  de  la  autenticidad  o  genuinidad,  como  dice el tratadista, para  consignar  hechos  irreales  .  Hasta  allí, tenemos pues reunidos los primeros  supuestos  que  estructuran  la falsedad intelectual, solo resta por analizar la  obligación  que  tienen  los  Fiscales  y  en el caso concreto el procesado, de  consignar en los documentos que expidan solamente la verdad.“   

Más  adelante  agrega  “En las anteriores  condiciones  y  reunidos  los elementos señalados, ha de concluirse que estamos  en  presencia de una falsedad ideológica de documentos públicos y no material,  como lo analiza el Ministerio Público.”   

                     

                      Cita una  decisión  de  la  Corte  y a renglón seguido afirma que es indiscutible que se  equivocó  el  acusador  en  la  imputación jurídica del comportamiento, y por  ende  no  se  podría  proferir  el  fallo  sin  vulnerar el debido proceso y el  derecho  de  defensa. “No cabría la posibilidad de pensar en forma diferente,  porque  ello  abriría  la  posibilidad  de  un cambio en la adecuación típica  efectuada  en  la acusación y aún cuando ello ocurra dentro de mismo título y  capítulo  del  Código  Penal;  porque  podría  de  todas  maneras implicar la  agravación  de  penas,  que en verdad en este evento no se da, pero si impide o  dificulta  el  derecho  de  defensa;  basta  pensar que unas serían las pruebas  pertinentes  y  conducentes para demostrar o infirmar la falsificación material  y   otras   muy   diferentes   para   demostrar   o   desvirtuar   la   falsedad  ideológica”.   

                      4º                      Esta  decisión  fue  recurrida  por  el Procurador Octavo Judicial  Penal,  quien  solicita se revoque el auto recurrido y se devuelva el expediente  al  Tribunal  para  que  dicte la sentencia que corresponda. Sus razones son las  siguientes:   

“Nuestro  disenso  respetuoso con el A-quo  radica   en  que  si  bien  es cierto, en precisión jurídica de cara a la  realidad  fáctica  se estructura la falsedad ideológica  y no la material  como  se  acusó  al  procesado, también lo es que dicha circunstancia  no  comporta  la  trascendencia   que  se  le  dio  en la providencia objeto de  alzada,  para  dar  al  traste  con  buena  parte  del proceso, a nuestro juicio  carente  de  irregularidades  sustanciales capaces de invalidar parte alguna del  proceso  y si dejando la vía expedita para producir el correspondiente fallo de  instancia.”   

Más  adelante  agrega:  “Indicado que la  conducta  del  procesado  se  enmarca  en  el  Capítulo II, Título III, de los  delitos  contra  la Administración Pública, y diciendo específicamente que es  el  denominado concusión, y anotando con claridad el Título VI que se ocupa de  los  delitos  contra  la Fe pública y el capítulo III que trata de la falsedad  en  documentos,  en  el  que  están  los  tipos  correspondientes a la falsedad  material  de empleado oficial en documento público (art. 218), y la ideológica  en  esa  misma clase de documentos (art. 219), en verdad que se cumple sin asomo  de  duda  lo  demandado  por  la  norma  instrumental,  tanto  en la imputación  fáctica     como     jurídica,     como     lo     enseñan     doctrina     y  jurisprudencia.   

“Estando  indicado  con  precisión  el  género  y  especie  del delito porque se acusa y emergiendo con claridad de las  pruebas  y  lo  actuado  en  el  expediente  que  se  trata de la falsedad en la  modalidad  de  ideológica,  ningún  quebranto  sufre  el  debido proceso ni el  derecho  de  defensa  reclamados  por  el  art. 29 de la Ley Superior. Más aún  cuando  la  precisión  se  hace  en  el debate público por sujeto procesal que  antecede  en  el  uso  de  la  palabra  a  la  defensa  y  la técnica acepta la  concreción jurídica y a ella se refiere en su intervención.”   

De otra parte, el impugnante advierte que el  Tribunal  no tenía porque invalidar lo relacionado con el delito de concusión,  ya  que  si  consideraba  que  debía  tomar esa medida, ésta debía haber sido  parcial.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

                      1º.  Un  punto  inicial  en  el cual le asiste razón al Procurador recurrente, es que es  lamentable  que  la  Sala  del  Tribunal Superior haya incurrido en un error tan  elemental  como es entender que la argumentación realizada solo conducía a una  nulidad  parcial  con  la consiguiente ruptura de la unidad procesal, conforme a  lo  previsto  en  el  numeral 3º .del artículo 90 del Código de Procedimiento  Penal, y no a la invalidación total del proceso.   

                        Si  la  supuesta  falla de la calificación del sumario se limitaba a lo relacionado con  la   falsedad  en  documentos  sin  comprometer  para  nada  lo  atinente  a  la  concusión,  sobre  lo cual no había objeción, resulta inexplicable la nulidad  total  decretada,  determinación que denota descuido y ligereza en el manejo de  un asunto tan delicado como es el que trata éste proceso.   

                    2º  Y  si  como se acaba de ver el alcance dado a la decisión de anular es absurdo, la  fundamentación   de   la   nulidad  no  se  queda  atrás  según  se  verá  a  continuación:   

                      En lo que  tiene  que  ver  con  el  atentado  contra la fé pública, en la resolución de  acusación  se  calificó  la  conducta  del  ex  fiscal con la denominación de  “falsedad  en  documentos”,  delito  previsto  en  el   Libro  Segundo,  Título  VI,   Capítulo  III del Código Penal. En la parte motiva se dijo  que  se  trataba  del  punible  de  “Falsedad  material de empleado oficial en  documento   público”,   descrito  por  el  artículo  218,  agravado  por  el  uso.   

Al  intervenir  en la audiencia pública de  juzgamiento,  el  Ministerio  Público  planteó  la tesis de que la falsedad en  documentos  imputada  no  era  material  sino  ideológica, criterio con el cual  estuvo  de  acuerdo  el  defensor,  y  así  lo  manifestó  expresamente  en su  alegación  oral,  para decir a continuación que consideraba que dicha falsedad  quedaba  subsumida  en el delito de concusión.                            

                    La conducta  que  el  fiscal estimó constitutiva de “falsedad material de empleado oficial  en  documento  público”  es  exactamente la misma que el Tribunal cree que se  adecua  al  tipo  de “falsedad ideológica en documento público”; el objeto  material  es  el  mismo; las pruebas son las mismas; el servidor público sujeto  activo  es  el  mismo;  la  pena  prevista  para  los  dos punibles es la misma;  pertenecen  al  mismo título y capítulo del Código Penal etc., de modo que es  verdaderamente  increíble que aun así, la Sala del Tribunal pueda decir que si  dicta  la  sentencia  por falsedad ideológica se afecta el derecho a la defensa  porque  se  sorprendería  al  procesado,  y  en  ese evento las pruebas serían  diferentes.    Sorprendido    debió   quedar,   pero   con   la   nulidad   del  proceso.   

                                             Reiteradamente  ha dicho la jurisprudencia que la calificación que  se  da  en  la resolución de acusación es genérica, y que el juez puede en la  sentencia   moverse   dentro   del  mismo  capítulo  sin  que  ello  constituya  incongruencia  con  el  pliego de cargos. Algunos doctrinantes afirman que desde  que  el  punto  haya  sido  objeto  del  debate  público,  puede variar el tipo  aplicable  aún desmejorando la situación del procesado, aspecto que la Sala no  comparte  y  que  por  eso  siempre  ha puesto como limitante a esa facultad del  juez.   

                     

                     En el caso  que  nos  ocupa  la  disparidad  de  criterio  es  sobre  un  tópico  puramente  sustancial,  que  no  conlleva un aumento a los parámetros dentro de los cuales  debe  fijarse  la  pena,  y  que  simplemente  conduce  a que se aplique un tipo  diferente  al mencionado por el fiscal en la motivación de los cargos, pero del  mismo  capítulo al cual pertenece el delito imputado, motivos por los cuales es  evidente  que  las  razones  expuestas por el Ministerio Público en el memorial  impugnatorio  son acertadas. En consecuencia se revocará la nulidad decretada y  se  ordenará  que regrese el proceso al Tribunal para que profiera la sentencia  que corresponda.   

                     En mérito  de   lo   expuesto,   la   Corte   Suprema   de   Justicia  -Sala  de  Casación  Penal-   

R E S U E L V E  

                     Revocar el  auto  por  medio  del cual el Tribunal Superior decretó la nulidad del proceso.  En  consecuencia  se  le  devolverá  el expediente para que proceda a dictar la  sentencia que corresponda.   

                                

Cópiese notifíquese y cúmplase  

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                               JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                          DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON    PINILLA    PINILLA                                          JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

   

    

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