11741 (02-12-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11741  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                   Magistrado    Ponente,  Dr.   

                                                                      EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                   Aprobado    por    Acta  No.185   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  dos  (2)  de  diciembre de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto por el defensor de CARLOS DE JESUS GARCIA GOMEZ contra la  sentencia  anticipada  de  diciembre  17  de 1.994, mediante la cual el Tribunal  Nacional  condenó  a dicho procesado a 13 años y 8  meses de prisión por  los  delitos  de  homicidio  -agravado-  y  porte  ilegal  de  armas  de defensa  personal.    

          ANTECEDENTES   

          1.-                       En el sector de Belén, carrera 76 con calle 20  de  la ciudad de Medellín, fue muerto de varios disparos de revólver el agente  de  la Policía Nacional -F-2- Julio Roberto Pedraza Cadena. El homicida, Carlos  de  Jesús  García Gómez, salió corriendo portando aún -y sin salvoconducto-  en  una de sus manos el respectivo revólver. Agentes uniformados que estaban en  dicho  sector,  le dieron captura, admitiendo el aprehendido que había cometido  el hecho por 10 o 15 mil pesos, ya que “necesitaba para el vicio”.   

          El  agredido  Pedraza  Cadena  falleció  instantes  después en la  clínica del lugar.   

          2.-  La  Fiscalía Regional de Medellín abrió investigación (fl.  50),  escuchó  al  imputado  en indagatoria (fl. 51) y éste negó ser el autor  del  homicidio,  diciendo que el mismo lo cometió un individuo apodado “Pocho”,  no  obstante,  acepta  que  él  sí  tenía  el revólver que le fue incautado.   

          Decidida  la  detención  preventiva de García Gómez (fl. 57), se  practicaron  otras pruebas y, en trámite de ejecutoria del auto de cierre de la  instrucción  (fl. 186), sindicado y defensor pidieron sentencia anticipada (fl.  190);  el  juez  Regional celebró la correspondiente audiencia de admisión(fl.  211),  en  la  que  el  procesado,  asistido  de  su defensor aceptó que con un  revólver  sin  salvoconducto,  aquél  había  matado al agente Pedraza Cadena,  porque  necesitaba  “para  el  vicio”  los 15 mil pesos que le dieron al efecto.   

          El  10  de  febrero de 1994 el Juzgado Regional dictó sentencia en  armonía  con  la  acusación  y condenó al procesado a la pena principal de 13  años  y  8  meses  de prisión (fl. 222), fallo que, apelado por el defensor de  García  Gómez,  fue  enteramente  confirmado  por  medio del que es objeto del  recurso extraordinario (fl. 6 cdno. Tribunal).   

          DEMANDA   

          Primer cargo   

          Al  amparo  de  la causal de nulidad prevista en el artículo 220-3  del  Código  de  Procedimiento Penal el casacionista afirma que “el proceso fue  tramitado  y  fallado  por  funcionarios judiciales que carecían de competencia  para  ello”  (fl.  32  cdno.  Nro.3) y agrega que “en cuanto hace relación a la  etapa  del  juicio,  la  nulidad  por  incompetencia  abarca  tanto  el  aspecto  territorial como el funcional” (fl. 34).   

          Anota  que  en  el presente caso “ninguna prueba avala” (fl. 36) la  conclusión  del  sentenciador  en el sentido de que el homicidio en el policía  Julio  Pedraza  haya sido cometido “en razón de su cargo y enmarcado dentro del  plan  terrorista  que  afecta  la  ciudad  de  Medellín”  (fl.  cit.),  pues la  afirmación  del procesado en el sentido de que ni siquiera conocía al referido  agente,  está  corroborada  por  la  realidad  procesal,  cayendo, pues “por su  propia  base  la finalidad terrorista en la acción homicida que se le endilga a  mi  asistido”  (fl.  37  supra),  además  de  que,  como  dicen los agentes que  capturaron  al  acusado,  éste  “les  manifestó que le habían pagado diez mil  pesos  para  matarlo, los mismos que destinaría para la compra del vicio que lo  esclavizaba hasta extremo tan degradante” (fl. cit.).   

          Concluye  entonces  en  que se “erró en la denominación jurídica  de  la  conducta  atribuida  a  mi  asistido”  (fl.  38),  como que no hay fines  terroristas,  reiterando  la nulidad al tenor del artículo 304-1 del Código de  Procedimiento Penal.   

          Segundo cargo   

          Este  reproche  lo  hace  dentro  del  marco del referido artículo  220-1,  cuerpo  1° y precisa que “cuando el juez de primera instancia, en orden  a  agravar  la  pena  de  mi  pupilo,  califica  la modalidad de su acción como  particularmente  grave,  no  sólo no ajusta su razonamiento a los postulados de  la  sana  crítica,  sino  que  incurre  en falso juicio de existencia, en tanto  predica  ese  estado  de sorpresa especial del agente PEDRAZA, sin prueba alguna  que  lo  respalde”  (fl.  41),  y  entra  el censor en una personal apreciación  probatoria  al  respecto,  y  concluye  que  “este  error  de  hecho impregna la  decisión  del ad quem” (fl. 42) y añade que dicho error se enmarca dentro “del  cuerpo  segundo  de  la causal primera del artículo 220 del C.P.P.” (fl. cit.).   

          A  continuación  se refiere al falso juicio de existencia cometido  por  ignorar  el  fallador  la  prueba  sobre “la condición de drogadicto de su  asistido,  lo  cual  desconoce  “la  presencia  en  este  caso  de  la causal de  atenuación  contenida  en  el  numeral  4°  del  artículo 64 C.P.” (fl. cit).   

          Sin  solución  de  continuidad  el  actor  menciona  la violación  directa  del  mencionado artículo 30 (decreto 180 de 1.988), porque no obstante  aceptar  el hecho tal como lo planteó la judicatura, censura la interpretación  que le dio a la disposición. (fl. 43).   

          Demanda   entonces   el   casacionista  que  se  case  el  fallo  y   

          1°-   Se   decrete   la   nulidad   a   partir   de   la  clausura  investigativa   enviando  el proceso a los jueces del Circuito de Medellín  y,   

          2°-  Que,  subsidiariamente, “se ajuste la pena a los límites que  manda la justicia y la equidad” (fl. 44).   

         CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

         El  señor  Procurador Segundo Delegado en lo Penal advierte   primeramente  que,  como  en  este  caso  se  dictó  sentencia  anticipada, “la  impugnación  por parte de la defensa se encuentra limitada” (fl. 10 concepto) y  cita  en  apoyo  la  sentencia  de casación de marzo 8 de 1.996 (M.P. Dr. Jorge  Enrique   Córdoba   Poveda),   limitación   que   atañe   a  “discusiones  de  dosificación  de  la  pena, subrogado de la condena de ejecución condicional y  la extensión del dominio sobre bienes”.   

         Anota  que  en  la  demanda se discute inicialmente la nulidad por  falta  de competencia, discusión que “apareja” con consideraciones con respecto  a  la  calificación  delictual,  al sostener que el procesado García Gómez no  procedió  “con  ánimos  terroristas”  y  agrega que frente a esa alegación el  casacionista  “carece  de  legitimidad para recurrir, en tanto que sus reproches  se  ubicaron  en  la  discusión  relativa  de  aspectos de adecuación típica;  dialécticas  que  se  salen  de  los puntuales (sic) intereses para recurrir de  acuerdo  a  la norma referenciada”, artículo 37B-4 del Código de Procedimiento  Penal (fl. 13).   

         Dice  que,  no  obstante,  el  censor  en este primer cargo mezcla  alegaciones  que  corresponden a otras causales de nulidad del artículo 304 del  Código  de  Procedimiento  Penal, como la vulneración del debido proceso y del  derecho de defensa.   

         En su sentir, pues, el cargo no debe prosperar.   

         “Del  cargo  subsidiario” (fl. 14 id.).   

         Opina  que  como  el  casacionista  discute  la  aplicación de la  agravante  contenida  en  el artículo 66-5 del Código Penal, tiene legitimidad  para  recurrir (fl. 15.), pero “como quiera que el fallador no hace referencia a  una  normativa  particular,  esta  circunstancia  puede  tomarse  dentro  de los  criterios  generales  señalados  en  el  artículo  61 del Estatuto Penal, para  fijar  la  pena,  por  lo  que la censura del libelista queda fuera de contexto”  (fl. cit.).   

         En  cuanto  a  la no aplicación de la atenuante contemplada en el  artículo   64-4   del  Código  en  mención  (“la  influencia  de  apremiantes  circunstancias  personales o familiares en la ejecución del hecho”), por estar,  a  juicio  del  actor,  demostrado  que  el  procesado  era un drogadicto cuando  delinquió,  en  criterio  de  la Delegada esa pretensión no debe prosperar, ya  que   “no   se   puede   decir   que   la   necesidad  por  consumir  sustancias  farmacodependientes,  lleve  necesariamente  a  quitarle  la vida a un semejante  para  obtener  dinero  para este fin. Si bien es cierto que la dependencia en la  mayoría  de  los  casos  es inevitable, no por esto puede excusar o atenuar una  conducta  tan  grave  como  el  homicidio.  Diferente sería la situación si se  tratara  de  un  hurto simple, por ejemplo, pues hay que considerar también, la  proporcionalidad  de  los  intereses  o  bienes  jurídicos  que  intervienen, e  igualmente  se  debe  concluir que no se pueden equiparar desde ningún punto de  vista,  la  necesidad  por satisfacer un vicio, con el preciado bien de la vida”  (fl. 16).   

         Cree   que   la  interpretación  que  hizo  el  sentenciador  del  artículo  30 del decreto 180 de 1.988, es correcta, pues basta que se reconozca  la  existencia  de  una sola causal de agravación, para que se pueda imponer el  tope máximo de la respectiva pena.   

         Pide entonces a la Corte no casar el fallo.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Primer cargo    

         Es  evidente  en  la formulación de esta primera censura la falta  de  interés  del  casacionista para acusar el fallo de segundo grado, como bien  lo  estima  el Ministerio Público, pues de la revisión del texto pertinente de  la  demanda,  y  en  su  cotejación con el proceso, lo que de bulto asoma es la  voluntad  de controvertir ahora, sin lealtad para con la justicia, y so pretexto  de  una  nulidad  por  falta  de  competencia,  hechos  y valoraciones expresa y  libremente  admitidos  por  el  procesado  y  su  defensor  con  ocasión  de la  diligencia de aceptación de cargos para sentencia anticipada.   

                  En efecto,  fácil  resulta  descubrir  que  la  causal  de nulidad invocada -incompetencia-  tendría  como supuesto una variación en la estructura misma del delito, porque  mientras  que  el  auto  de detención, el cargo, su aceptación y la sentencia,  parten  de  la  adecuación  del  hecho a la descripción típica prevista en el  artículo  29 del Decreto 180 de 1988, adoptado como legislación permanente por  el  Decreto 2266 de 1991, en su artículo 4o., el impugnante busca la variación  de   esa   calificación   a   la   del   artículo   323   y  324  del  Código  Penal.   

                  Como de la  disímil  adecuación  de  la  conducta  derivaría  el  cambio  de  competencia  pretendido,  no  ofrece  dificultad  alguna  identificar  los  verdaderos  fines  perseguidos   por  el  casacionista,  quien  al  dar  por  supuesto  lo  que  le  correspondería  probar  se  hallaría  incurso  en  una  verdadera petición de  principio.   

                   Por ello,  y  acorde  con  la crítica del Ministerio Público se observa cómo el esfuerzo  del  censor se aplica no a demostrar que de los hechos debieron conocer y juzgar  los  jueces  ordinarios  a  cambio  de  los  de orden público, sino ante todo a  objetar  los  medios  probatorios sobre los cuales reposa la calificación de la  conducta,  lo que devela el verdadero interés del casacionista por desconocer y  controvertir  aquello  que  junto  a  su  representado  había  reconocido en la  diligencia de aceptación de cargos.   

                  En efecto,  si  se  repasa  el  acta de aquella diligencia llevada al folio 211 y siguientes  del  expediente,  pronto  se  encuentra  que  frente a la ubicación del hecho y  redacción  de  los  cargos  bajo  la  descripción  legal  del artículo 29 del  Decreto  180  de  1988  “nominado  como  homicidio  con  fines  terroristas”, en  concurso  con  la  violación  al  Decreto  3664  de 1986, artículo primero, el  procesado  respondió “Si, los acepto, si acepto los cargos”, a lo que adicionó  su  defensor  “estimo  que  los  cargos  formulados  están  conformes al estado  probatorio  del  sumario  y  que  la aceptación de mi defendido ha sido libre y  voluntaria.”   

                      Luego  tratar  ahora,  so  pretexto  del planteamiento de una nulidad, ni más ni menos  que  de  rectificar  aquella  aceptación, la que por ministerio de la ley no se  admite  revocable,  resulta  un  acto  ajeno  a  las facultades e interés de la  defensa  tanto  en  el recurso de apelación como en el extraordinario que ahora  intenta,  por  lo que en ocasión que el Ministerio Público recuerda, ya había  advertido esta Sala de Casación  Penal que,   

                    “…la  consagración  normativa  que  se  hace en precedencia (artículo 37-B del C. de  P.P.,  numeral  4)  es  producto de una lógica interrelación de los principios  orientadores  referidos,  pues  no sería entendible y mucho menos razonable que  aceptada   libre   y   voluntariamente   la   responsabilidad   penal,  con  sus  consecuencias  jurídicas, posteriormente sobrevenga su propia negación, lo que  sin  discusión  no  sólo  contraría  el instituto referido, sino que al mismo  tiempo lo haría inoperante   

                   

                 Ahora bien  ello   no   descarta  que  el  desarrollo  de  este  abreviado  trámite  queden  eventualmente  expuestos  derechos  y  garantías  fundamentales  que  la  Carta  Política  contempla  por encima de cualquier actuación judicial, razón por la  cual  el  mismo instituto prevé la posibilidad de no dictar sentencia cuando el  juez   advierta   violación   de   garantías   fundamentales.   Si  ellas  son  desconocidas,  inmediatamente  surge el interés para recurrir. Por ejemplo: por  inasistencia   del   defensor   a  la  diligencia  de  formulación  de  cargos,  incompetencia  del  juez,  vicios  en  el  consentimiento  del procesado (error,  fuerza),  incongruencia entre la sentencia y los cargos admitidos, etc.”. (sent.  marzo 8 de 1996 M.P. Dr. Córdoba Poveda).   

Podrá  reconocerse e insistirse, entonces,  en  que  le asiste facultad e interés a la defensa para interponer en casación  y  bajo  la causal tercera un cargo de nulidad de la actuación, cuando ésta ha  culminado  bajo  la  aplicación  del  artículo 37 del Código de Procedimiento  Penal,  mas,  siempre y cuando que bajo el mismo no se pretenda apenas disimular  un  vedado  propósito de rectificar o recoger la aceptación libre y válida de  cargos,   bajo   la   cual   llegó   a   proferirse   el  fallo  anticipado  de  condena.   

                   El cargo,  por lo expresado, no prospera.   

         Segundo cargo   

         Este  reproche  subsidiario se hace al amparo del artículo 220-1,  cuerpo  1°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pero  si  bien se aduce la  violación  directa de la  ley,  y  en  un comienzo las consideraciones sobe la pena y su graduación dejan  entrever    que   argumenta   una   interpretación  errónea  de  los  artículos  61  y  ss.  y 324 del  Código  Penal,  abruptamente  se  desvía  hacia la  crítica  probatoria,  esto  es  hacia la violación  indirecta  de la ley, ya  que  cuando  se  refiere  a  los  2 años que inicialmente aumentó el juzgador”  porque  tomó  a  la  víctima  sorpresivamente, sin posibilidad de defenderse”,  dice  que  con tal consideración la sentencia “no se ajusta a los postulados de  la  sana  crítica,  sino que incurre en un falso juicio de existencia, en tanto  predica  ese  estado  especial de sorpresa del agente PEDRAZA, sin prueba alguna  que  lo  respalde”  (fl.  41 cdno. Tribunal) y a continuación se dedica a hacer  apreciaciones  probatorias  subjetivas  para  concluir  diciendo  que se aplicó  indebidamente  el  artículo  66-5  del  Código  Penal  por “error de hecho que  impregna  la  decisión del ad  quem” (fl. 42 supra), lo cual se ciñe a lo  dispuesto  en  el  “cuerpo segundo de la causal primera del art. 220 del C.P.P.”  (id).   

         Como  se  ve,  en  un  mismo  cargo  o  capítulo  mezcla  dos  motivos diversos y excluyentes de casación,  ya  que  -es  de sobra sabido por lo insistentes que han sido la  doctrina  y jurisprudencia al respecto- la violación directa de la ley, como su  nombre   lo   indica,   entraña   un   error  sobre  ella  misma,  sin  que  medie en ese proceso equivocado referencia crítica a la  estimación  de  la  prueba, pues cuando esto último  ocurre,  la  violación  es indirecta o mediata, porque (el medio para arribar a  la    violación    de    la    ley   sustancial   sería   aquí   los   medios  probatorios.   

         Luego  el  discurso  continúa  (fl. 42) sobre la dicha violación  indirecta,  sosteniendo  que  no  se  tuvo  en  la cuenta el peritaje que rindió Medicina Legal sobre el  acusado,  dejándole  de reconocer al mismo la atenuante genérica del artículo  64-4  del  Código  Penal,  sin  reparar  en  que  el  sentenciador sí    consideró    expresamente    dicho    dictamen  que  concluyó  la  imputabilidad  del  acusado  (fl.  234 cdno.  N°.1).   

         En   este  mismo  reproche  vuelve  el  censor  a pasar a la violación directa del artículo  30   del  decreto  180  de  1.988  (homicidio  agravado  por  precio  o  promesa  remuneratoria)   y   señala   que   “censuramos  la  interpretación  que  se  le  dio a la disposición”  (fl. 43 se subraya).   

         Sin  perjuicio  de  las  fallas  “de  técnica” anotadas, no sobra  decir  que  lo  que el casacionista no comparte es que el sentenciador, con base  en  esa  sola  agravante  (literal  e,  art.  30  cit)  haya  aumentado  la pena hasta su tope máximo, es  decir,  en  una  quinta  parte,  aspecto  sobre  el cual el ad-quem argumentó a  folios 13 y 14 del fallo impugnado:   

        “Así  tenemos que en el caso de autos el A-quo, podía agravar la  pena  con  base en cualquiera de las causales, una o varias, hasta en una quinta  parte  de  la  pena.  De  otra parte, la Corporación estima sano el criterio de  dosificación  hecho  por  el Juez ya que la circunstancia del “precio o promesa  remuneratoria”  en  el homicidio denota un grado supremo de insensibilidad en el  delincuente  que  justifica  especial reproche. El asesinar no puede convertirse  en  un  lucrativo  negocio  y la vida no puede depender de uno o varios billetes  que  cualquier  asesino deposite en manos de un individuo en quién pudo más la  torpe  necesidad  del  vicio,  que  el  respeto  a  la vida de un servidor de la  patria”.   

                    Mas, sin  que  la  simple discrepancia de criterio del impugnante con el fallador se halle  constituida  en  causal de casación, con la improsperidad de este cargo deviene  el  fracaso  de  la  demanda,  por lo que la sentencia recurrida, no se casará.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,   de   acuerdo   con   el   Ministerio   Público  y  adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

         NO  CASAR el fallo impugnado. En firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

Cópiese    y    cúmplase.   

           JORGE  CORDOBA  POVEDA           

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL                                     

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                           JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                         CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                            

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON     PINILLA     PINILLA                                           

         NO   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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