11668 (02-07-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    ACCION DE REVISION  

Tesis:  

La  demanda  impugnativa  de revisión, lo ha  precisado  la  jurisprudencia  en  múltiples  ocasiones,  solamente procede por  específicas  y taxativas causales señaladas en la ley, a través de las cuales  se  pretende  remover  las  sentencias  pasadas  por  autoridad de cosa juzgada,  resultando  imperativo  en desarrollo de esta pretensión el cumplimiento de los  requisitos  de  técnica  que  la  gobiernan,  toda  vez  que no puede cualquier  escrito  recurrente  o  alegato  informal,  aspirar  a  confrontar los  valores  de  seguridad  jurídica,  propios  de un fallo ejecutoriado, con el de  justicia, que en esta acción siempre están en contraste.   

Precisamente  por cuanto mediante la acción  de  revisión  se tiende a atacar la intangibilidad de la cosa juzgada, sobre la  cual   se   funda   la   solidez   del   orden  jurídico  que  deviene  de  los  pronunciamientos  judiciales,  reiteradamente  se  ha  dicho que las causales de  revisión  que  consagra  la  ley,  suponen  la  necesidad de su concreción por  circunstancias   al   margen   del  proceso  que  dió  origen  a  la  decisión  cuestionada.   

Lo anterior significa, entre otras cosas, que  no  se  puede  fundar la pretensión enervante de una sentencia para escindir la  cosa  juzgada,  en  un  nuevo análisis de los fundamentos de hecho o de derecho  con   base   en   los   cuales   ha   tomado   forma   el   pronunciamiento  del  fallo.   

PROCESO                              : 11668   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente Dr.:   

          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

          Aprobado Acta No.95 (25 de junio)   

       Santafé   de  Bogotá,D.C.,   dos   (2)   de   julio   de   mil  novecientos  noventa  y  seis  (1.996).   

          VISTOS:   

      Procede la Corte a  decidir  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de revisión presentada por la  apoderada  de los hermanos MAURICIO, JULIO CESAR y GLADYS ORTIZ OLAVE, contra la  decisión  proferida  el 12 de octubre de 1995 por la Fiscalía 20 Delegada ante  los  Tribunales de Santafé de Bogotá y Cundinamarca, mediante la cual revocara  la  resolución  acusatoria  dictada  por la Fiscalía 250 contra Blanca Cecilia  Salgado  de  Aguilera  por  el  delito  de  fraude  procesal,  para  en su lugar  precluir  la investigación  como   consecuencia   de   haber   operado   el   fenómeno   jurídico   de  la  prescripción.   

         ANTECEDENTES:   

     Por intermedio de su  apoderado  judicial,  los  señores  Mauricio, Julio César y Gladys Ortiz Olave  formularon  denuncia  penal  por  el  delito  de  fraude  procesal contra Blanca  Cecilia  Salgado  de  Aguilera,  sindicándola  de haber promovido un proceso de  pertenencia  en  el  Juzgado  32  Civil  del  Circuito el 12 de octubre de 1989,  contra  Aureliano  Ortiz  Osorio,  no  obstante  que  el  inmueble pretendido en  prescripción  ya  era  de  propiedad  de  esta  misma persona, como también el  aducir   ignorar   su   localización,  pese  a  estar  enterada  del  lugar  de  residencia.     

       Adelantada   la  investigación  por  estos  hechos,  mediante  resolución  del 14 de febrero de  1995,   la  Fiscalía  250  Seccional  de  esta  ciudad,  calificó  su  mérito  profiriendo  resolución  de  acusación en contra de la sindicada, por el hecho  punible que le fuera atribuido en la denuncia.   

       Impugnado   el  calificatorio  por  el defensor de la acusada, la Fiscalía 20 Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de  Santafé  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  revocó  la  decisión  objeto del recurso, para en su lugar precluir la investigación, como  consecuencia    de    establecer    que    la    acción    penal   se   hallaba  prescrita.   

         LA DEMANDA:   

      Bajo  el  título  “CAUSALES  INVOCADAS”, que  precisa  en  la  afirmación  según  la  cual  acude  a  los  “Artículos 232 y  siguientes  del  C.  de  P.P.”,  de  manera  confusa  y  recurrente,  extensa  y  desordenada  por  lo demás, la apoderada de los hermanos Mauricio, Julio César  y  Gladys  Ortiz  Olave, sintetiza a renglón seguido y en cuatro acápites, los  motivos  que  la  llevan  a  solicitar la revisión de la decisión cuestionada,  así:   

      Con  el subtítulo  “PRIMERA CAUSAL” asegura la  libelista  que  el  titular  de  la Fiscalía 20 Delegada ante los Tribunales de  Bogotá  y  Cundinamarca,  para declarar la prescripción del proceso que por el  delito  de  fraude procesal se adelantara en contra de Blanca Cecilia Salgado de  Aguilera,  no  tuvo  en  cuenta  “la actuación del Fiscal 250 de esta ciudad” y  así  “olompicamente  (sic)  dictó preclusión de la investigación”, pese a la  encomiable  intervención  “de la suscrita” y sin considerar “que la morosidad y  lentitud  de  la  Justicia, no es culpa de la actora, y de su apoderada sino del  personal que compone la rama Jurisdiccional”.   

      Como “CAUSAL  SEGUNDA”, sostiene que el delito  no  ha  prescrito,  pues  si  se contabiliza el tiempo transcurrido desde que se  dió  inicio  al  proceso,  hasta  cuando  se profirió la “sentencia de segunda  instancia”,  por parte de la Fiscalía del Tribunal, esto da un lapso de 4 años  y 6 meses y no los cinco en que prescribiría la acción penal.   

     Ahora afirma dentro  de  la “TERCERA CAUSAL”, que  la  última  actuación por medio de la cual se intentó engañar a la justicia,  dentro  del  proceso  de  pertenencia  que sin razón ni fundamento legal alguno  iniciara  la  señora  Salgado  de  Aguilera,  fué al pretender se designara un  curador  ad  litem  para  el  señor  Aureliano  Ortíz  Osorio  de  quien  dijo  desconocer  su  domicilio,  pese  a saber, como quedó demostrado, que ya había  fallecido.  Como  se  resolvió  hasta  el día 12 de junio de 1991, el término  prescriptivo no estaría aún consolidado.   

      Siguiendo  en  su  orden    esta    clase    de    argumentaciones   señala   como   “CUARTA  CAUSAL”,  que  “la  mora  en  el  avance  del  sumario  1432 no es culpa de la parte actora, sino de la Justicia y  de  la  parte  sindicada”,  lo  que  intenta  demostrar  a través de un índice  cronológico   del   referido   proceso,   a   lo   largo   de   más  de  siete  páginas.   

     Inmediatamente, bajo  el    rótulo    “DECLARACION   INVOCADA”,  pide  que  se  invalide “la SENTENCIA revisada y se mantenga la  resolución  acusatoria”,  “se inscriba la sentencia…en la oficina pertinente”  y  “se  condene,  en  consecuencia  a  la  sindicada  BLANCA  CECILIA SALGADO DE  AGUILERA,   a   los   perjuicios  ocasionados  y  a  las  costas  y  gastos  del  proceso”.   

       Relaciona   a  continuación   una   reseña   minuciosa   de   los  hechos  que  motivaron  el  adelantamiento  del  proceso  de  fraude procesal con el propósito, asevera, de  que  sirvan  “para  sustentar  en  mejor  forma  las  causales invocadas en esta  demanda de revisión”.   

      Luego,  bajo  el  título  “DERECHO”,  cita  como  preceptos  en  que  fundamenta  su demanda “los  artículos  232  númerales  (sic)  4 e inciso único 233 y S.S. del C. de P.C.;  Arts.  26, 27, 28, 62, 79, 80, 84, 182, 227, 228 y 368 del C.P. y en cuanto a la  causal en que se apoya, aduce:   

         “…es  la que dispone el Inciso único del Artículo 232 del C. de  P.C.,  como  es,  que  se  debe dar aplicación a los númerales (sic) 4 y 5 del  Art.   232  del  C.  de  P.P.,  en  razón  a  que  se  presentó  cesación  de  procedimiento,   con   base  en  el  decreto  de  prescripción  de  la  acción  penal.   

         Dentro  de  este  proceso, materia del recurso de revisión, no hay  prescripción,  lo  único  que  hay, es un mal conteo del tiempo, por parte del  Magistrado ponente.   

        Desafortunadamente,  la causal aplicable al caso, que nos ocupa es  la  ya  rela cionada (sic) y si esta actuación determina un hecho delictivo por  parte  del  Fiscal ponente, desde ya solicito, sea decretado este hecho como tal  y  por  ende  que  responda  en  su totalidad por su actuación equivocada y que  conlleva innumerables perjuicios para la parte civil”.   

      Ocupa  enseguida  algunos  renglones  a  la  tarea  de  demostrar  cómo  “la  sindicada”  habría  incurrido  en  los  delitos de fraude procesal, falsedad personal, falsedad para  obtener  prueba  de  hecho  verdadero  y  perturbación  de  la  posesión sobre  inmueble.   

      Insiste  en  la  afirmación  según  la  cual el delito de fraude procesal no habría prescrito,  habida  cuenta  de que el último acto de la sindicada tendiente a engañar a la  justicia,  se  produjo  el  12 de junio de 1991, por lo que el sólo 4 años y 5  meses  se  completaban  para  la  fecha  en  que  se  profirió  la  resolución  preclusiva.    

        CONSIDERACIONES:   

       1.   La  demanda  impugnativa  de revisión, lo ha precisado la  jurisprudencia  en  múltiples  ocasiones,  solamente procede por específicas y  taxativas  causales  señaladas  en  la ley, a través de las cuales se pretende  remover  las  sentencias  pasadas  por  autoridad  de  cosa  juzgada, resultando  imperativo  en  desarrollo de esta pretensión el cumplimiento de los requisitos  de  técnica  que  la  gobiernan,  toda  vez  que  no  puede  cualquier  escrito  recurrente  o  alegato informal, aspirar  a  confrontar los valores de  seguridad  jurídica,  propios de un fallo ejecutoriado, con el de justicia, que  en esta acción siempre están en contraste.   

       2.   Precisamente  por  cuanto mediante la acción de revisión  se  tiende a atacar la intangibilidad de la cosa juzgada, sobre la cual se funda  la  solidez  del orden jurídico que deviene de los pronunciamientos judiciales,  reiteradamente  se  ha  dicho que las causales de revisión que consagra la ley,  suponen  la necesidad de su concreción por circunstancias al margen del proceso  que dió origen a la decisión cuestionada.   

       Lo   anterior  significa,  entre  otras  cosas, que no se puede fundar la pretensión enervante  de  una  sentencia  para  escindir la cosa juzgada, en un nuevo análisis de los  fundamentos  de  hecho  o  de  derecho con base en los cuales ha tomado forma el  pronunciamiento del fallo.   

       3.    En  el  presente  caso,  la  apoderada  de  los  señores  MAURICIO,  JULIO  CESAR  y  GLADYS ORTIZ OLAVE, en extenso, confuso, impreciso y  farragoso  escrito,  que  por  sus características lejos está de conformar una  demanda  de  revisión,  pretende sin concretamente especificar la causal en que  se  apoya,  que  a  través  de él se remueva la decisión del 12 de octubre de  1995,  por  medio  de  la  cual  la Fiscalía 20 Delegada ante los Tribunales de  Bogotá  y  Cundinamarca,  declaró  prescrita  la  acción penal, dentro de las  diligencias  adelantadas contra Blanca Cecilia Salgado de Aguilera por el delito  de fraude procesal.   

       4.   Lo  primero  que  cabe advertir, es que tratándose de una  decisión  por  medio  de la cual se precluyó la investigación y aun cuando en  principio  no  se precise este hecho como le correspondía, la libelista acude a  la  posibilidad  que el legislador consagró en la parte final del artículo 232  del  Código  de  Procedimiento Penal, para que no sólo la acción de revisión  procediera   contra   las   sentencias  ejecutoriadas,  conforme  venía  siendo  tradicional  en  nuestros  ordenamientos  procesales sobre la materia por varias  décadas,  sino  que  también  se  posibilitara  acudir  a  este extraordinario  mecanismo  de impugnación, demandándolo frente a pronunciamientos ambivalentes  o  equivalentes  en cuanto a sus efectos determinantes de la cosa juzgada, tales  como   “los   casos   de   cesación   de  procedimiento  y  preclusión  de  la  investigación”,  pero  exclusivamente  en  éstas  hipótesis  referido  a  las  causales  señaladas  en  los  ordinales 4 y 5 del mencionado precepto, esto es,  frente  decisiones  en  firme  por  medio  de  las  cuales  se  demuestre que el  proveído  cuestionado se produjo “determinado por un hecho delictivo del juez o  de  un  tercero” o “que el fallo objeto de pedimento de revisión se fundamentó  en prueba falsa”.    

       5.   De  lo  anterior se colige que la extensión que la propia  ley  hizo  a  fín  de  que  la  acción  de  revisión  cobijara a este tipo de  decisiones,  dentro de los específicos límites señalados, condiciona el deber  que  tiene  el  memorialista de precisar, acorde con el artículo 234.3 ibídem,  “la  causal  que  invoca y los fundamentos de hecho y de derecho en que se apoya  la  solicitud”,  esto  es,  frente  a  cuál  de las dos causales mencionadas se  está, o si acaso las dos concurren.   

       6.   Si  se cotejan estos básicos e imprescindibles supuestos,  con   el  escrito  que  la  actora  ha  presentado  como  libelo  de  revisión,  fácilmente   se   advierte  que  ellos  han  sido  decididamente  omitidos,  no  sujetándose,  en  consecuencia,  a  los  mínimos  parámetros  formales que en  cuanto   a   la  claridad,  lógica  y  debida  demostración  de  las  causales  esgrimidas, exige la ley.   

      Repárese  en  el  hecho  de que la intitulación que emplea la demandante referida presuntamente a  las  cuatro  causales  esgrimidas,  nada  tiene  que  ver  con  las “CAUSALES  INVOCADAS”   que  como  título  les  antecediera,  toda  vez  que  en  la  primera de ellas, como si se  tratase  de  un  alegato instancial, asegura que la preclusión investigativa de  segundo   grado   no   tuvo  en  cuenta  la  actuación  del  Fiscal  250,  para  descalificarla  por haberse adoptado “olompicamente (sic)”, cuando la “morosidad  y  lentitud” en la administración de justicia “no es culpa de la actora”; en la  segunda,  simplemente  sostiene desde su personal criterio, que la acción no ha  prescrito  y  aduce  una  fecha  futura  en que tal fenómeno acontecería; como  tercera  causal,  que  no  es  cosa  distinta que una prolongación del anterior  arbitrario  y  particular  argumento,  precisa  ahora  cuál fue el último acto  dirigido  a  engañar a la justicia y que descarta por su fecha, la precripción  de  la acción penal, y, finalmente, la arguida como cuarta causal, no es más a  su  turno  que  una  nueva  reiteración  en relación con el hecho de que si la  acción prescribió “la culpa” sería “de la Justicia”.   

       Es,  entonces,  meridianamente  claro  que  el  alejamiento  en  cuanto al deber de concretar la  causal que se invoca y sus fundamentos, es total.   

     Al fín y al cabo,  el  desconocimiento  que  evidencia  sobre el tipo de acción que ha propuesto y  los  requisitos  mínimos que debe cumplir para que una demanda de revisión sea  admitida,  resulta  manifiesto  en la solicitud que hace sobre las declaraciones  que  pretende,  en donde no encuentra ningún reparo en solicitar que se condene  a  la señora Blanca Cecilia Salgado de Aguilera “a los perjuicios ocasionados y  a  las  costas  y  gastos  del  proceso”, cuando este tipo de determinaciones no  correspondería  adoptar  a  la Corte  frente  al auto cuestionado y a  la   negativa   de  la  prescripción  como  decisión  inmersa  en  el  alegato  presentado.   

       También   es  ostensible  este  absoluto desapego y falta de dominio de las características y  teleología  propias de la acción extraordinaria propuesta, la circunstancia de  que  líneas  adelante  se  dedique  un  considerable espacio para tipificar los  hechos   atribuídos   a  Blanca  Cecilia  Salgado  de  Aguilera,  en  donde  el  cuestionamiento  a  la resolución preclusiva de la investigación por el delito  de  fraude  procesal  ya  ni  siquiera  resulta relevante, toda vez que ahora se  estima  que  su  conducta sería típica de un concurso de hechos punibles entre  falsedad   personal,   falsedad   para   obtener   prueba  de  hecho  verdadero,  perturbación     a     la     posesión     sobre     inmueble     y     fraude  procesal.      

       7.   Ahora,  que si bien en el acápite que intitula “DERECHO”,  dice  acudir  a las causales dispuestas en los numerales 4 y 5 del artículo 232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esta  mención  sólo corrobora la más  absoluta  falta  de  ilustración sobre la naturaleza, contenido y alcance de la  acción  intentada,  como  que entiende, lo que verdaderamente sorprende que “si  esta  actuación  determina  un  hecho  delictivo  por parte del Fiscal ponente,  desde  ya solicito, sea decretado este hecho como tal y por ende que responda en  su  totalidad por su actuación equivocada y que conlleva inumerables perjuicios  para la parte civil”.   

       8.  Finalmente,  si  fuera  cierto  que el apoyo de su ininteligible  alegación,  se soporta en las causales 4 y 5 del citado artículo 232, es obvio  que  carecería el escrito de los respectivos soportes probatorios, a través de  los  cuales  se  estableciera  que  mediante  decisión  en  firme,  se  hubiera  demostrado  que  la decisión cuestionada fue determinada por un hecho delictivo  del juez o de un tercero, o que tuvo fundamento en prueba falsa.   

      Por  las anotadas  falencias,    la    demanda    de    revisión    deberá   ser   rechazada   in  límine.   

      En  mérito de lo  anteriormente  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación  Penal,   

        RESUELVE:   

       1o.  Reconocer  a  la  Doctora  Gloria  Cecilia  Muñoz  González  como  apoderada  de  los señores Gladys, Mauricio y  Julio  César  Ortiz  Olave,  de acuerdo con el poder que le fuera conferido por  éstos.   

       2o.  Rechazar in límine la demanda de  revisión    presentada    a   nombre   de   los   citados   hermanos   por   su  representante.   

        Cópiese,  Notifíquese y Cúmplase.   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CORDOBA  POVEDA    CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR    DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA           JUAN   MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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