11439 (20-08-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    DELITO POLITICO  

Tesis:  

De La Aplicabilidad de la Ley:  

El texto de la Ley 104 de 1993 se prestaba a  variadas  interpretaciones  acerca  de  la  aplicabilidad  o  no  de  sus normas  referentes  a  las causales de extinción de la acción y de la pena en casos de  delitos  políticos,  contenidas  en  el  Título  III de la Primera Parte de la  mencionada  Ley,  artículos  48  y  siguientes,  a los miembros de las llamadas  “Milicias Populares”.   

Los  artículos  48  a  60C de la Ley 104 de  1993,  modificada  y  adicionada por la Ley 241 de 1995, señalan la procedencia  de  la  concesión,  para  el  asunto  concreto  que  hoy ocupa a la Sala, de la  cesación  de  procedimiento,  siempre  y  cuando  el  petente  se  ajuste a las  siguientes condiciones:   

a.-   Que  confiese,  haya  sido  o  fuere  denunciado  o  esté  siendo  procesado  por hechos constitutivos de los delitos  políticos  de  rebelión,  sedición,  asonada, conspiración o los conexos con  éstos.   

b.- Que no haya sido aún condenado mediante  sentencia ejecutoriada.   

c.-  Que  le  haya  sido  expedida  por  el  Ministerio  de  Justicia  y del Derecho la correspondiente certificación y haya  sido  remitida  por  esa  dependencia gubernamental a la autoridad judicial ante  quien se deba adelantar el trámite, y   

d.-  Que  no  se  trate  de delitos atroces,  genocidios,  homicidios  cometidos  fuera de combate o con sevicia o colocando a  la  víctima  en  estado  de  indefensión,  secuestro  o a actos de ferocidad o  barbarie.   

PROCESO                              : 11439   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

                                                                  Aprobado Acta No. 101 (10-07-96)   

Santa  Fe  de  Bogotá  D.C., veinte (20) de  agosto de mil novecientos noventa y seis (1996).   

V   I   S   T   O   S    

Decide la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  la  impugnación presentada por el defensor del procesado  ANDRES  EMILIO BEDOYA QUINTERO, contra la decisión del 15 de diciembre de 1994,  por  medio de la cual el Tribunal Nacional negó la aplicación de la Ley 104 de  1993 en favor del procesado.   

HECHOS  

El 10 de septiembre de 1992, el agente de la  Policía  Nacional  Carlos Mario Zapata Tamayo abordó a las 4:55 de la tarde en  zona  céntrica  de  Medellín  (  Antioquia  ),  un  taxi-colectivo de servicio  público  para  que lo transportara a él y a su esposa, María Magnolia Tórres  Cárdenas,  hasta  el  barrio  llamado Popular 1.  En el mismo colectivo se  subió  una  pareja  y  un infante, apeándose del automotor al llegar al puente  conocido  como “ los balsos ” la mujer y el niño, sitio en el que el hombre  que  acompañaba  a  aquellos  y  que  se había quedado en el colectivo sentado  junto  a Zapata Tamayo, le puso a éste un revólver en la cintura al tiempo que  le  preguntaba  si  se  trataba  de  “un  raya” obligándolo a identificarse  mediante   la   exhibición   de   su   carnét   de   miembro  de  la  Policía  Nacional.   

El viaje continuo, con el conductor al mando  del  colectivo,  Zapata  Tamayo  encañonado  y su esposa, de la que el agresor,  identificado  posteriormente como ANDRES EMILIO BEDOYA QUINTERO,  no sabía  el  vínculo  con  Zapata,  como  testigo, advirtiéndole el portador del arma a  Zapata  que  los   “Policías eran unos sapos, que eran muy pocos los que  querían  a  las  milicias”   al  tiempo  que  le  impedía descender del  vehículo  al  llegar  a su destino para obligarlo a seguir hasta el paradero de  la  ruta,  donde  lo  hizo  bajar  con  las  manos  puestas  en  la cabeza, para  descerrajarle  dos  tiros,  con  el  revólver pegado a la cabeza, en la región  auricular  izquierda,  justo  cuando  el  agente  Zapata  ponía  el  pie  en el  piso,    rematándolo  con  dos  disparos  más  en  la  región  occipital  izquierda.   

Consumado el crimen, el asesino se dirigió a  Maria   Magnolia  para  averiguarle  por  su  relación  con  el  ahora  occiso,  compeliéndola  a  irse en el mismo colectivo, sin averiguar nada, al tiempo que  se  expresaba  en  términos denigrantes de aquel al que había acabado de segar  la vida.   

A  N  T  E  C  E  D  E  N  T E S   

Por  los  anteriores  hechos  se  inició la  correspondiente  investigación  por  parte  de  la Fiscalía 3ª Delegada de la  Unidad  1ª  de  Investigación  Previa  de  Medellín, la que adelantó algunas  diligencias  y  puso  las  mismas  a  disposición  de la Dirección Regional de  Fiscalías  de la misma ciudad, la que finalmente llevó la investigación hasta  proferir  resolución  de  acusación en contra de ANDRES EMILIO BEDOYA QUINTERO  por  los  delitos  de homicidio agravado con fines terroristas y porte ilegal de  armas.   

Ejecutoriada  la acusación, y adelantada la  correspondiente  audiencia  pública, un Juzgado Regional de Medellíno condenó  a  BEDOYA  QUINTERO  a  16  años  y  3  meses  de prisión como responsable del  homicidio  agravado  con  fines  terroristas  del agente de la Policía Nacional  Carlos  Mario  Zapata Tamayo, en concurso con porte ilegal de armas, providencia  contra   la   cual  interpusieron  recurso  de  apelación  el  procesado  y  su  defensora.   

Concedido el recurso de apelación el asunto  fué  al  Tribunal  Nacional,  a donde el 22 de noviembre de 1994 se hizo llegar  desde  el  Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho  el  poder conferido por el  procesado   BEDOYA   QUINTERO,   el  escrito  de  su  apoderado  solicitando  la  aplicación  en  favor  de aquel de la Ley 104 de 1993, por cuanto “los hechos  por  los  que  se  encuentra  condenado  o  sindicado  fueron  motivados  por su  condición  de  rebelde, razón por la cual procede su conexidad con los delitos  políticos”  y fotocopia del acta No. 55 del 21 de septiembre de 1994 suscrita  por  los  señores  Ministro  y  Viceministro  de  Gobierno, en la que figura el  peticionario   como   miembro   de   las   “Milicias  del  Pueblo  y  para  el  Pueblo”.   

Mediante  fallo del 15 de diciembre de 1994,  una  Sala  de  Decisión  del Tribunal Nacional despachó simultáneamente en la  misma  providencia  la  solicitud  de  aplicación  de  la  Ley 104 de 1993 y la  apelación   de   la  sentencia  condenatoria  que  había  sido  motivo  de  la  alzada.   

En lo atinente a la negativa de aplicabilidad  de la Ley 104 de 1993, el Tribunal Nacional se expresó así:   

Consideró  que  a  los integrantes de   “milicias  populares  rurales o urbanas”  le son aplicables únicamente  los  beneficios  de  los  artículos  369A  y  369B del Código de Procedimiento  Penal,  pues  los demás beneficios que consagra la misma Ley están dirigidos a  los grupos guerrilleros, no a las milicias populares.   

El Tribunal interpreta el artículo 14 de la  Ley  104 de 1993, indicando que la facultad del Gobierno Nacional con respecto a  las  “milicias  populares  con  carácter  político”  es  únicamente la de  propiciar  los  diálogos  a  efectos  de convenir su desmovilización y entrega  para  la  concesión de los beneficios de los artículos 369A y 369B del Código  de  Procedimiento Penal.  Apoya su tésis en el análisis de los artículos  17  y  19  a  partir del cual asimila las milicias populares rurales o urbanas a  los  llamados grupos paramilitares, para continuar con la cita de los artículos  48,  53  y   55  a  60 de la misma Ley, desde los cuales sigue abundando en  razones  sobre  la  exclusividad  de  los  beneficios  de  indulto, cesación de  procedimiento,  preclusión  de  instrucción y resolución inhibitoria para los  grupos   guerrilleros,   excluyendo   de   ellos  expresamente  a  las  milicias  populares.   

Finaliza la parte del fallo, pertinente a la  aplicación  de  la  Ley  104  de  1993,  señalando  que además de las razones  anteriores,  esa  norma  no  cobija a BEDOYA QUINTERO por cuanto el hecho por el  que  se  le condenó es un “homicidio con fines terroristas, cuya pena mínima  excede  de  8 años de prisión, cometido fuera de combate y aprovechándose del  estado de indefensión de la víctima”.   

L A       I M P  U G N A C I O N   

De  la  sentencia  del Tribunal Nacional, el  apoderado  de BEDOYA QUINTERO solicitó la nulidad por violación del parágrafo  del  artículo  56  de  la  Ley  104  de 1993, pues la sentencia, que dice está  contenida  en  el  auto interlocutorio del 15 de diciembre de 1994, no ha debido  producirse   por  cuanto  para  todos  los  efectos,  excepto  los  expresamente  señalados  por  la  misma  norma,  la  actuación ha debido suspenderse una vez  presentada la solicitud de aplicación de la Ley 104.   

Adicionalmente   interpuso   recurso   de  apelación  contra  “el  mismo auto”, en cuanto se refiere a la parte que le  niega  el reconocimiento como sujeto de la Ley 104 de 1993 a su procurado BEDOYA  QUINTERO.   

Sustenta  el  recurso a partir del análisis  sociológico  del orígen de las llamadas milicias populares y de la teleología  de  la  Ley  104 de 1993, de donde concluye la aplicabilidad de la misma a tales  organizaciones,   pues   los  delitos  que  cometen  deben  ser  calificados  de  naturaleza  política,  como,  dice,  ya  lo  ha reconocido el mismo Tribunal en  otras oportunidades, entre las cuales cita las causas 6674 y 6749.   

Concluye  su alegato solicitando a la Corte,  de  una  parte,  “que declare la nulidad del auto interlocutorio proferido por  el  Tribunal  Nacional en Sala de Decisión el 15 de diciembre de 1994 en lo que  se  refiere  a  la  confirmación de la sentencia condenatoria” por no haberse  tenido  en  cuenta  el  parágrafo del artículo 56 de la Ley 104 de 1993; y, de  otra,  que se revoque “dicho interlocutorio” en cuanto negó la cesación de  procedimiento y en su lugar se ordene.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Antes de asumir el estudio en concreto de la  decisión  materia  de  alzada,  aclárase  que  la  petición  de nulidad de la  sentencia  que de alguna manera informa el recurso presentado por el impugnante,  no  será  objeto  de  decisión  en  esta oportunidad, pues la Sala únicamente  puede  asumir  el  estudio del acápite de tal acto procesal que se refiere a la  procedencia  o  no  de  la  cesación de procedimiento en favor de ANDRES EMILIO  BEDOYA   QUINTERO,   decisión  interlocutoria  contenida  en  el  texto  de  la  sentencia.   

La  decisión  recurrida,  será  objeto  de  confirmación   por   parte  de  ésta  Corporación,  por  las  razones  que  a  continuación se exponen:   

1.- De La Aplicabilidad de la Ley:  

El texto de la Ley 104 de 1993 se prestaba a  variadas  interpretaciones  acerca  de  la  aplicabilidad  o  no  de  sus normas  referentes  a  las causales de extinción de la acción y de la pena en casos de  delitos  políticos,  contenidas  en  el  Título  III de la Primera Parte de la  mencionada  Ley,  artículos  48  y  siguientes,  a los miembros de las llamadas  “Milicias Populares”.   

Las  diversas  posiciones hermenéuticas, se  originaban  en  la confusa redacción del aludido Título en contraposición con  la  del  Capítulo  I  del Título I, donde se establecía que “tratándose de  personas  vinculadas  a  grupos  subversivos,  de justicia privada o denominados  “milicias  populares  rurales  o  urbanas”  (  …  ) tendrán derecho a los  beneficios  señalados  en  los  artículos  369  A  y  369  B  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  siempre y cuando se cumpla con los requisitos y criterios  allí                  previstos”1, a lo que además contribuía  todo  el  resto  del  texto  legal en el que el legislador establece diferencias  entre  “grupos  guerrilleros”   y  “grupos  subversivos  de  justicia  privada  o  denominados milicias populares rurales o urbanas”, por lo que eran  perfectamente  atendibles tésis como las esgrimidas por el Tribunal Nacional en  la  providencia  que  se  revisa,  en la que concluyó que a los miembros de las  “milicias  populares” únicamente podrían reconocérseles los beneficios de  los artículos 369 A y 369 B del Código de Procedimiento Penal.   

Sin  embargo,  el  legislador, probablemente  consciente  de  la  confusión generada por la redacción de la Ley 104 de 1993,  aclaró  tales  vacios  en la  Ley 241 de 1995 2,  ”por  la cual se prorroga  la vigencia, se modifica y adiciona la Ley 104 de 1993”, así:   

A  través  del  artículo  7,  en  el  que  manifestó  que  “las  normas  del  presente  Capítulo (se refiere al III del  Título  I  de  la  primera  parte  de la Ley 104) son aplicables a las milicias  populares    a    quienes    el    Gobierno    Nacional    reconozca   carácter  político”;   y  por medio del artículo 30 mediante el cual introdujo un  artículo   nuevo,   el   60  B,  señalando  que  “las  normas  del  presente  título3  son  aplicables  a las Milicias Populares con carácter político  con   las  cuales  el  Gobierno  Nacional  firme  o  haya  firmado  Acuerdos  de  Paz”.   

Habida cuenta de la claridad de la nueva Ley  que  consagra  instrumentos  para la búsqueda de la convivencia pacífica, debe  concluirse  que  los  integrantes  de  las llamadas Milicias Populares que hayan  logrado  acuerdos  de  paz  con  el Gobierno Nacional, pueden ser sujetos de los  beneficios  de  cesación  de  procedimiento,  resolución  de preclusión de la  instrucción  o  resolución  inhibitoria,  según sea el estadio procesal en el  que se presente la solicitud.   

2.- Del Caso En Concreto:  

Los  artículos  48  a  60C de la Ley 104 de  1993,  modificada  y  adicionada por la Ley 241 de 1995, señalan la procedencia  de  la  concesión,  para  el  asunto  concreto  que  hoy ocupa a la Sala, de la  cesación  de  procedimiento,  siempre  y  cuando  el  petente  se  ajuste a las  siguientes condiciones:   

a.-   Que  confiese,  haya  sido  o  fuere  denunciado  o  esté  siendo  procesado  por hechos constitutivos de los delitos  políticos  de  rebelión,  sedición,  asonada, conspiración o los conexos con  éstos.   

b.- Que no haya sido aún condenado mediante  sentencia ejecutoriada.   

c.-  Que  le  haya  sido  expedida  por  el  Ministerio  de  Justicia  y del Derecho la correspondiente certificación y haya  sido  remitida  por  esa  dependencia gubernamental a la autoridad judicial ante  quien se deba adelantar el trámite, y   

d.-  Que  no  se  trate  de delitos atroces,  genocidios,  homicidios  cometidos  fuera de combate o con sevicia o colocando a  la  víctima  en  estado  de  indefensión,  secuestro  o a actos de ferocidad o  barbarie.   

Respecto  del  señor  ANDRES  EMILIO BEDOYA  QUINTERO  se hayan perfectamente acreditados los literales “b y c”, pues hay  constancias  procesales  de  que  aún  no  ha sido condenado mediante sentencia  ejecutoriada  (folio  56  cuaderno  del  Tribunal  Nacional)  y el Ministerio de  Justicia  y  del  Derecho ha remitido las certificaciones sobre su condición de  integrante  de  las  llamadas  “Milicias  del  Pueblo  y Para el Pueblo” que  llegaron  a  un  acuerdo  político final con el Gobierno Nacional en la forma y  términos   de   la   otrora   Ley   104  de  1993  (folios  6  a  11,  cuaderno  citado).   

Sin embargo de lo anterior, en lo que hace a  los  literales  “a  y  d “, no se encuentran acreditados tales requisitos de  las  Leyes  104  de 1993 (artículo 48) y 241 de 1995 (artículo 2°, parágrafo  2°)    pues    su   procesamiento   no   obedece   a   delito   político  alguno,  sino  a  uno  de la más pura estirpe  común,  cometido  además  fuera de combate y colocando a la víctima en estado  de indefensión.   

En  efecto,  como  ya  tuvo  oportunidad  de  recordarlo  la  Sala en providencia del 25 de noviembre de 1994, con ponencia de  quien   hoy   desempeña  similar  labor,  ha  sido  pacífica  y  reiterada  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación sobre la definición del delito político  en los siguientes términos:   

          “Haciendo   un  parangón  entre  el  delito  común  y  el  delito  político,  por  su  aspecto  subjetivo, se ha dicho que en el primero el agente  realiza  el  hecho casi siempre  por motivos innobles, o bajo el influjo de  pasiones  desbordadas,  con  perversidad,  o  con  fines  de  venganza.  Por  el  contrario  en el segundo, los móviles son casi siempre políticos o de interés  común;   la   aspiración   a   lograr   un   replanteamiento  de                  las  condiciones  económicas,  políticas  y  sociales de una colectividad son – por  regla    general    –    los   factores   determinantes   de   esta   clase   de  delincuentes.   

          “Si  estas  son  las notas características de este tipo de delito,  cabe precisar:   

         1.  Que  envuelve siempre un ataque a la  organización política e institucional del Estado.   

         2. Que se ejecuta buscando el máximo de  trascendencia social y de impacto político.   

         3.   Que   se   efectúa  en  nombre  y  representación real o aparente de un grupo social o político.   

         4.   Que  se  inspira en principios  filosóficos, políticos y sociales determinables.   

         5.  Que  se  comete  con  fines reales o  presuntos de reivindicación socio-política.   

         “A  simple  vista  el  delito político tiene un objetivo jurídico  concreto  sobre  el  cual recae o va dirigida su acción; el Estado como persona  política  o  como  institución política. Algunos   

         consideran  de  tal  naturaleza  los  llamados  delitos  contra  la  Existencia   y   Seguridad   del   Estado  y  los  delitos  contra  el  Régimen  constitucional.   

         “Con  idéntica claridad el delito político tiene un modo especial  de  ejecución  o  modo  de  ser ajeno a su peculiar tipicidad, pero en estrecha  conexión  con  ella:  la repercusión, la representación, la inspiración y la  motivación  que  siempre  lo  acompañan  con absoluta fidelidad. Rasgos que se  plasman  en  buscar  el  ámbito  de su mayor difusión, en obrar a nombre de un  segmento  social  o  político y en hacerlo bajo la égida de una dialéctica de  masas para lograr una concreta reivindicación socio-política.   

         “Se  puede  afirmar,  por consiguiente, que además de la tipicidad  que  le  corresponde  a  la  acción,            el  delito  político  tiene  un objeto  específico     y                      un    modo    de    ejecución    propio    e  inconfundible”4   

.  

Deviene   de  lo  anterior,  la  necesaria  conclusión  de  que el homicidio de un servidor público, desarmado e indefenso  no  puede considerarse como delito político.  Se pregunta la Corte de qué  manera  sirve  para  mutar  las  instituciones  del  país,  en la búsqueda del  establecimiento  de un orden más igualitario y justo, el asesinato de un agente  de  la  Policía  Nacional  que se desplaza en un medio de transporte colectivo,  desarmado,  sin  uniforme y solo en compañía de su también indefensa esposa?,  de ninguna manera, se responde la Corporación.   

Evidentemente,  la  muerte causada al agente  Carlos  Mario  Zapata  Tamayo,  lejos  de  contribuír  de  alguna  manera  a la  solución  de  los  problemas  sociales  del  país,  de  la ciudad de Medellín  (Antioquia),  o  del  sector de las llamadas comunas populares del nororiente de  esa  capital,  crea un nuevo factor de desequilibrio social, pues al quitarle la  vida  a  quien era cabeza de familia, su viuda y huérfana, quedan en el natural  desamparo  que las acerca más a la marginalidad social que a la prosperidad que  la    presencia,    salario    y    prestaciones    de   su   esposo   y   padre  garantizaban.   

La  inútilidad  desde  el  punto  de  vista  político,  en  el  sentido revolucionario que supuestamente justifica esa clase  de  violencia,  niega de plano cualquier reconocimiento del homicidio del Agente  de  la  Policía  Nacional  Zapata Tamayo como acto de lucha insurgente, pues no  aparece   por  ninguna  parte  la  esencia  altruista,  propagandística,  o  de  transformación   de   las   estructuras  sociales  que  caracteriza  los  actos  revolucionarios,  al  punto  que  son  objeto  de  reivindicación  de quien los  realiza,  reconocimiento  que  no  sólo  se  explica  en  la necesidad de hacer  conocer  sus  actos  delictivos, sino en la convicción filosófica de que tales  hechos,  aunque  violentos,  se  justifican  dentro de la dialéctica del cambio  social que así se busca.   

En  efecto, nótese como el propio sindicado  nunca  reconoció la autoría del hecho y como las “Milicias del Pueblo y Para  el   Pueblo”   jamás   reivindicaron   el  suceso,  lo  que  encuentra  obvia  explicación  en  su nulo contenido político que naturalmente no les generaría  reconocimiento social sino rechazo.   

Pero  no  es solo la argumentación sobre la  inexistencia  de un delito político o conexo con él, lo que inspira a la Corte  a  confirmar  la parte interlocutoria de la sentencia apelada, sino que también  refuerza  la posición de esta Corporación, la evidencia procesal que conduce a  la  doble  conclusión  de  que  el homicidio del Agente de la Policía Nacional  Carlos  Mario Zapata Tamayo, ocurrió fuera de combate y colocando a la víctima  en situación de indefensión.   

Evidentemente el encañonamiento de un hombre  desarmado,  su  traslado  en  tal condición, con el arma pegada al cuerpo, y su  ejecución  cuando  estaba  casi  hincado,  no puede entenderse en manera alguna  como  un  combate, la cobardía de este acto no deja asomo a la menor brizna del  valor  que  caracteriza  los  enfrentamientos,  el  nulo  riesgo  asumido por el  victimario,  no  puede  ser  objeto  de  ningún  reconocimiento  y no puede tal  acción  equipararse,  ni de lejos siquiera, por ejemplo, con una emboscada o un  ataque  sorpresivo,  de los muchos que caracterizan la guerra irregular, ninguna  virtud  hay  en tal acción, al contrario, aflora en grado sumo todo aquello que  no debe ser la lucha insurgente.   

Y que decir del estado de indefensión en que  se  colocó  a  la víctima.  Obsérvese que la norma habla de colocar a la  víctima  en tal estado, no de aprovecharse de él, y eso precisamente es lo que  las  piezas  procesales  demuestran;  que  BEDOYA  QUINTERO  encañonó  por  el  estómago,  cuando  estaba sentado junto a él, al agente Zapata Tamayo, que sin  despegarle  el revólver de su humanidad le impidió bajarse del colectivo en el  que  se  movilizaba,  y  que sin separarle el arma de la cabeza, le propinó dos  impactos  en  la región auricular izquierda (folio 15, cuaderno original No. 1)  cuando  el occiso apenas ponía un píe en el piso para apearse del automotor en  el  que  viajó  con  su  victimario  (folio  16 vuelto), para rematarlo con dos  disparos más en la región occipital.   

Ninguna duda cabe sobre la indefensión de la  víctima,  y  demostrativa  plena  de  tal situación es el acta de la necropsia  (folios  14  y  15,  cuaderno  original  No.,  1),  en la que el médico legista  registró  que  los  disparos en la región auricular izquierda dejaron tatuaje,  señal  inequívoca  de  la proximidad de la boca de fuego del arma a la piel de  la  víctima;  tampoco deja duda al respecto, la sectorización de los restantes  disparos,  alojados  en  la  parte  posterior  del craneo de Zapata Tamayo y que  denotan  la  sevicia  del  victimario,  en  claro ejemplo de lo señalado por la  jurisprudencia   atrás   citada  acerca  de  que  algunos  delitos  comunes  se  caracterizan,  como  este,  por “motivos innobles, o  bajo  el  influjo  de  pasiones  desbordadas,  con  perversidad,  o con fines de  venganza”.   

En  conclusión de lo expuesto, impónese la  confirmación  de  la  providencia  objeto  del  recurso  de apelación, pues el  delito  por  el  que  está  siendo procesado el peticionario de la gracia no es  político,  ni  conexo con uno de tal naturaleza, es un homicidio cometido fuera  de    combate    y    colocando    a    la    víctima    en    situación    de  indefensión..   

En  mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1°.-    CONFIRMAR  la  parte  de  la  decisión    del   15   de   diciembre  de  1994,  proferida  por   el   Tribunal   Nacional  en cuanto negó la cesación  de  procedimiento en favor de ANDRES EMILIO BEDOYA QUINTERO con fundamento en la  Ley 104 de 1993, modificada por la Ley 241 de 1995.   

NOTIFIQUESE    y    CUMPLASE           

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           

RICARDO        CALVETE  RANGEL                       JORGE CORDOBA  POVEDA                   

          NO FIRMO   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                      JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS         E.        MEJIA  ESCOBAR                 DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA                        JUAN M. TORRES FRESNEDA   

          NO FIRMO   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

     

1.- Ley  104 de 1993, artículo 9°.   

2.-  Diario oficial No. 42.719, febrero 14 de 1996.   

3.- Se  refiere  al  Título III, de la Primera Parte de la Ley 104 de 1993: “Causales  de   Extinción   de   la   Acción   y   de   la   Pena   en  Caso  de  Delitos  Políticos”.   

4.-  (Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  Mayo 26 de 1982, M.P. Dr. Fabio Calderón Botero).     

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