11129b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    DR. EGDAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado Acta No.21   

          Santafé  de  Bogotá  D.  C.  diecisiete  (17)  de  febrero de mil  novecientos noventa y nueve (1999).   

VISTOS  

          Se  decide  el  recurso extraordinario de casación interpuesto por  la  defensa  contra  la sentencia del 13 de marzo de 1995, del Tribunal Superior  de  Cartagena,  que  confirma,  con  modificaciones  la  condena impuesta por el  Juzgado   Quinto   Penal   del   Circuito   de   esa   ciudad   a   FREDDY  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDGAR  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDARIS  FLOREZ  ZURIQUE  y  ALFREDO  MARQUEZ GUERRERO, como autores de  los delitos de homicidio agravado y hurto calificado.   

HECHOS  

          Pasadas  las  nueve de la noche del primero de mayo de 1993, cuando  salía  de la casa de Maritza del Valle, ubicada en el barrio La Esperanza de la  ciudad  Cartagena,  ORLANDO  ORTIZ RAMOS fue agredido por varias personas que lo  despojaron  del  arma  de  fuego  que portaba y le dispararon dos veces sobre el  tórax  ocasionándole  la  muerte. Este hecho se atribuyó a los integrantes de  una banda denominada los “Lebranches”.   

SINTESIS PROCESAL  

          El  17  de mayo de 1993 al resolver la apertura de la instrucción,  la  Fiscalía  33 de la Unidad Previa y Permanente de Cartagena, dispuso oír en  indagatoria  a Edison Suárez y capturar a ALFREDO GUERRERO (a. El Alfre), DARIO  FLOREZ  ZURIQUE  (a.  El Daris), FREDDY LOPEZ CHIQUILLO (a. El Máquina), EFRAIN  LOPEZ  CHIQUILLO  (a. El Elkin), CARLOS ALBERTO (a. El Pelo de rata), ALEXIS (a.  El Alex) y ENRIQUE (a. Enriquito).   

          Al  iniciar la indagatoria del capturado ALEXMAR ALVAREZ BRAVO, con  una  copia  del registro civil de nacimiento se estableció que se trataba de un  menor  de  edad,  y por ello el instructor remitió al implicado con copia de la  actuación a la jurisdicción penal de menores.   

          También    fueron   capturados   y   escuchados   en   indagatoria  EDGAR  LOPEZ  CHIQUILLO  y  DARIO  FLOREZ  ZURIQUE,  diligencia  en  la cual se estableció que el nombre de  éste  último  era  el  de  EDARIS  FLOREZ  ZURIQUE.  Estos  dos  sindicados  fueron  sometidos a medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  los delitos de hurto y homicidio  agravado,  según consta en resolución que la Fiscalía 36 de la Unidad de Vida  Especializada profirió el 28 de julio de 1993.   

          En    igual   forma   fue   vinculado   al   proceso   FREDDY  LOPEZ  CHIQUILLO,  en  contra de  quien  se  ordenó  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva el 4 de  agosto   de   1993   por   los   delitos   de   hurto   calificado  y  homicidio  agravado.   

          La  fiscalía  instructora  dispuso  vincular  al proceso a ENRIQUE  LINARES  DAUT,  lo  escuchó  en  injurada  y el 19 de agosto de 1993 ordenó su  detención   preventiva,  por  los  delitos  de  hurto  calificado  y  homicidio  agravado.   

          ALFREDO  MARQUEZ  GUERRERO fue escuchado  en   indagatoria   e   inicialmente  dejado  en  libertad,  pero,  efectuado  un  reconocimiento  en  fila  de  personas,  el 30 de diciembre de 1993 se le impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva por los delitos de homicidio y  hurto.  En  el mismo pronunciamiento se ordenó compulsar copias para investigar  a ADALBIS SANMARTIN MORENO.   

          El  26  de  enero  de 1994, se declaró extinguida la acción penal  adelantada  contra ENRIQUE LINARES DAUT, por muerte, auto que también concedió  la     excarcelación     de     EDARIS     FLOREZ  ZURIQUE,  EDGAR  y  FREDDY  LOPEZ CHIQUILLO.   

          El  21  de  febrero  de  1994,  la  Fiscalía  Diez  de  la  Unidad  Especializada  de  Vida  dictó  Resolución  de  Acusación contra FREDDY  (Freddys)  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDGAR LOPEZ CHIQUILLO, EDARIS  (Darío)  FLOREZ  ZURIQUE  y  ALFREDO  MARQUEZ,  como  autores  de  los  delitos  de  Homicidio agravado y Hurto calificado. Así mismo  determinó  compulsar  copias  de  lo pertinente para investigar por separado la  posible  participación  delincuencial  de ADALBIS SANMARTIN MORENO y nuevamente  declaró  extinguida  la  acción  penal correspondiente a ENRIQUE LINARES DAUT,  revocando la libertad concedida a algunos sindicados.   

          El  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito de Cartagena adelantó el  encausamiento,  durante  su  trámite  el  juicio  recaudó  las ampliaciones de  indagatoria  de  varios  de  los  procesados  y  otros elementos de convicción.  Luego,  el  6 de octubre de 1994 dictó la sentencia de primer grado, condenando  a  FREDDY  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDGAR  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDARIS  FLOREZ ZURIQUE y  ALFREDO  MARQUEZ GUERRERO como responsables de los delitos de Homicidio agravado  y  Hurto  calificado  y  agravado,  a  la pena principal de cuarenta y tres (43)  años  de  prisión para cada uno, a las accesorias de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  diez  (10)  años,  y les impuso la  obligación   de   indemnizar   los   perjuicios   ocasionados   con   el  hecho  punible.   

          El  13  de  marzo de 1995 el Tribunal Superior de Cartagena desató  la   apelación   interpuesta   contra   la   sentencia  de  primera  instancia,  modificándola  en  el  sentido de condenar a los procesados a la pena principal  de  CUARENTA  Y  DOS (42) AÑOS DE PRISION, pues eliminó la agravación para el  delito de hurto calificado.   

          El  defensor  público  de  FREDDY  LOPEZ  CHIQUILLO,  EDGAR  LOPEZ  CHIQUILLO  y  EDARIS FLOREZ ZURIQUE interpuso entonces el recurso extraordinario  de  casación,  en  tiempo presentó la respectiva demanda y, posteriormente, en  el  término  del  traslado  a  los  no  recurrentes  introdujo  otro escrito de  sustentación, de contenido similar al del libelo.   

LA DEMANDA  

          Primer Cargo.   

          Se  formula  de  conformidad con la causal de casación contemplada  en  el  artículo  220.1  del  Código  de  Procedimiento Penal, por infracción  directa  de  los  artículos  323  y  324  del  Código Penal, al condenar a los  procesados  en  los  términos  de  los  artículos  29  y  30  de  la Ley 40 de  1993.   

          En  sentir  del  actor,  la  violación  a la ley se concreta en la  indebida  aplicación de la pena establecida en la Ley 40 de 1993 que reglamenta  el  secuestro  y todos los delitos cometidos con ocasión del mismo cuando en el  acervo  probatorio  no existe duda de que el propósito del homicidio fue hurtar  el  arma  que  llevaba  el occiso, sin la más remota relación con un delito de  secuestro.  Por  tanto,  han  debido aplicarse las normas generales que sobre el  homicidio trae el Código Penal.   

         En  consecuencia, el recurrente solicita a la Corte que revoque la  sentencia  y en su lugar imponga a los acusados una pena que oscile entre los 16  y los 30 años de prisión.   

         Segundo Cargo.   

         Acusa  la  sentencia  de  haberse  dictado en un juicio viciado de  nulidad,  conforme  a  las causales tercera de casación y segunda del artículo  304  C.P.P., por cuanto se incurrió en irregularidades sustanciales que afectan  el  debido  proceso,  con  violación  de  los artículos 136, 352, 356 y 88 del  Código    de   Procedimiento   Penal   y   28   (sic)   de   la   Constitución  Política.   

         El  actor  puntualiza que desde los comienzos de la investigación  y  de  acuerdo con los informes de las autoridades y la declaración del testigo  Ramón  Ruiz  López,  se  sindicó  a CARLOS ALBERTO, alias “pelo de rata”, con  cargos  concretos,  como  uno  de  los  autores  del homicidio y el hurto, y sin  embargo  no se procuró averiguar sobre su existencia, su identificación, ni se  le  vinculó  al  proceso  como  lo  ordenan  los  artículos 136, 352 y 356 del  Código  de  Procedimiento  Penal;  condiciones  en  las  cuales se calificó el  sumario,  con  lo  cual  se  produjo  la  vulneración de los artículos 1o. del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29 de la Carta, sobre la observancia de la  plenitud de las formas propias de cada juicio.   

         El  impugnante  también  censura  que  la  Fiscalía  no  hubiera  escuchado  en  indagatoria  a  ADALBIS  SANMARTIN  MORENO,  contra quien obraban  cargos  en  este  proceso  y  estaba  detenido por cuenta de otro despacho y fue  reconocido  por  el testigo Ramón Ruiz, y que hubiera ordenado que sobre copias  se  adelantara  por  separado  la averiguación sobre este implicado, porque con  ello  se rompió la unidad procesal y se vulneró el artículo 88 del Código de  Procedimiento  Penal, configurándose una irregularidad procesal y la violación  de  los  artículos  1o.  del  Código  de  Procedimiento Penal y 29 de la Carta  Política,  a  pesar  de lo cual, el Tribunal Superior de Cartagena confirmó la  sentencia  de primera instancia con modificaciones, pero sin decretar la nulidad  existente.   

         Para  terminar,  el  censor  pide a la Corte que case la sentencia  del  13  de  marzo  de  1995  declarándola  nula  a  partir  del  cierre  de la  investigación,  por  haber sido proferida en proceso viciado de nulidad , o que  se  case  la  sentencia revocando su parte resolutiva y se dicte la de reemplazo  en   donde   se   imponga   a   los   condenados   la   pena   que   en  derecho  corresponda.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR TERCERO  

DELEGADO EN LO PENAL  

         Primer Cargo.   

         El  representante  de  la  sociedad  resalta  que el actor no hace  esfuerzo  alguno por demostrar por qué considera subsistentes las disposiciones  del  decreto  100  de 1980, enfrentándose a lo establecido por la propia Ley 40  de   1993,  a  su  exequibilidad  y  a  las  posiciones  jurisprudenciales  más  recientes.   Por   ello   no   encuentra   vocación   de  prosperidad  para  el  planteamiento.   

         El  Delegado  reitera  su  opinión sobre el punto en debate, esto  es,  que  la  Ley 40 de 1993 derogó los artículos 323 y 324 del Decreto 100 de  1980,  y en ella, se modernizaron los instrumentos de lucha contra el secuestro,  adecuándolos  a un nuevo sistema jurídico penal que incrementó las penas para  los  delitos que afectan bienes jurídicos de más relevancia social y política  que el de la libertad personal.   

         En   opinión   del  Procurador  es  equivocado  sostener  que  la  modificación  del  estatuto  penal solo abarca los ilícitos contra la vida que  tienen  relación  con  el  secuestro,  porque  los  aumentos punitivos para los  delitos  diferentes  al  secuestro,  fueron  necesarios  para adecuar el sistema  penal  a  la  protección  de  los  bienes jurídicos, como lo declaró la Corte  Constitucional   al   examinar   la   Constitucionalidad   de   la   Ley  40  de  1993.   

         Después  de   citar  un aparte de la sentencia que esta Sala  emitió  el  21 de noviembre de 1995, en donde actuó como Ponente el Magistrado  Carlos  Gálvez  Argote,  el  agente del Ministerio Público considera que no le  asiste  razón al libelista al pretender que no se diera aplicación a la Ley 40  de  1993  a la situación de los procesados, puesto que los artículos 323 y 324  del   decreto   100   de   1980   quedaron  derogados,  salvo  para  efectos  de  favorabilidad.  Su  conclusión  es que el cargo resulta improcedente y debe ser  desechado.   

         Segundo Cargo.   

         Recuerda  las  exigencias  que se deben cumplir en la postulación  de  un  cargo de nulidad. En seguida, refiriéndose a la omisión de vincular al  proceso  a  Carlos  Alberto,  alias  “pelo  de  rata”,  mediante  indagatoria  o  declaratoria  de  ausente,  sostiene  el  conceptuante  que esa irregularidad no  tiene  entidad  para  alcanzar los márgenes de nulidad, por cuanto el principio  de   la  unidad  procesal  puede  romperse  sin  detrimento  de  las  garantías  procesales,  cuando  son  insuficientes  los datos que permiten vincular a uno o  varios  sindicados,  evitando  la  dilación injustificada de los procedimientos  que  afectan  a  otros  implicados  conocidos, además de que la responsabilidad  penal  es  personal.  Y  en  este caso, si Carlos Alberto colaboró en el suceso  delictivo,  esa  participación  no  desvirtúa  la  intervención de los demás  procesados y no incide en la sentencia impugnada.   

         Por  otra parte, la no vinculación procesal de ADALBIS SANMARTIN,  para  investigarlo  por  separado,  es  un procedimiento que el Delegado observa  acertado,  porque  ante  el  cierre  de la investigación y el descuido sobre la  identificación  y vinculación procesal del sindicado, esa era la única salida  procedimental  válida,  para establecer la responsabilidad del indiciado, quien  no  podía  verse  afectado por la calificación sumarial, porque no había sido  enterado  de  los  cargos  ni  se  había  defendido  de  ellos;  e  intentar la  vinculación   habría  retrasado  el  trámite  correspondiente  a  los  demás  incriminados.   

         Ese  aspecto,  idéntico  al  anterior,  no  incide  en  el  fallo  impugnado  ni  genera  nulidad,  por  ello,  el  representante  de  la  sociedad  considera que el cargo no procede.   

         Antes  de terminar su concepto sugiriéndole a la Sala que no case  la  sentencia  impugnada,  el  Delegado llama la atención sobre el descuido que  campeó  durante  la  instrucción, hasta el punto de inexistir de algunas actas  de  diligencias  por  falta  de  firma del fiscal investigador, para resaltar el  peligro  en  que  son  puestas tanto las garantías ciudadanas como el éxito de  las investigaciones.   

LA SALA CONSIDERA  

         Ante  la  eventualidad de que la postulación de la causal tercera  de   casación  pudiera  resultar  exitosa  y  que  en  esas  circunstancias  la  actuación  procesal  llegara  a  regresar a etapas anteriores, dejando sin piso  las  acusaciones formuladas, la Sala dará respuesta a la demanda comenzando por  el  cargo de invalidez, cuya prosperidad está atada al cumplimiento del proceso  lógico  demostrativo  propio  del  recurso  extraordinario  que se inicia en la  individualización  de  la  anomalía  procesal,  sigue con la comprobación del  deterioro  que  produjo en las garantías fundamentales del procesado, y culmina  con  la demostración de la forma como la irregularidad afectó la esencia de la  sentencia de condena.   

         Segundo Cargo.   

         El  actor  plantea la causal tercera de casación, denunciando que  en  este  proceso  se  cometieron irregularidades sustanciales que significan la  transgresión  a las disposiciones de los artículos 1o., 88, 136, 352 y 356 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29  de la Constitución Política, por las  decisiones  que  se  adoptaron  respecto  de  los señores CARLOS ALBERTO, alias  “pelo  de  rata”, y ADALBIS SANMARTIN MORENO, por cuanto existiendo contra ellos  cargos  que  los  vinculan  a  la  comisión  del  hecho  investigado, no fueron  vinculados   directa  ni  indirectamente  a  esta  actuación.  Respecto  de  la  situación  del  primero,  critica que no se hubiera gestionado la comprobación  de  su  existencia  e  identificación y con respecto al segundo, censura que se  hubiera  dispuesto  separar  la  investigación sobre su conducta, porque de esa  manera  se  rompió  la  unidad  procesal  establecida  por  el artículo 88 del  estatuto procedimental.   

         La  primera  observación  para  formular  a  este  reproche es el  desconocimiento  de  la  incidencia  que  la  separación de las investigaciones  correspondientes  a  otros  sindicados  pudo  haber  tenido  en  la sentencia de  condena,  puesto  que  el  libelista  solo  está facultado para demandar que se  subsanen  aquellas  irregularidades  que afecten las garantías fundamentales de  sus  representados,  aspecto  sobre  el  cual  no  alega,  pero  que  tampoco se  vislumbra  por  parte  alguna,  en  razón  de que cumplida o no la vinculación  procesal  de CARLOS ALBERTO y ALBENIS SANMARTIN, la situación de los procesados  impugnantes  frente  a  la comisión del hecho y a su responsabilidad no muestra  padecer alteración alguna.   

         De  otra  parte,  las  determinaciones  judiciales  demandadas  no  están  afectadas  por el vicio que se les endilga, pues si bien la legislación  ha  establecido la unidad procesal, principio en virtud del cual, por cada hecho  punible  se  debe  adelantar  una  sola  actuación sea cual fuere el número de  autores  o  partícipes,  la  propia  normatividad  admite  la proliferación de  actuaciones  cuando  excluye  la  posibilidad  de  que  con  ellos  se produzcan  nulidades,  dejando  sí  a salvo la afectación de garantías constitucionales.  Lo  que  no  podía ser de otra manera, puesto que en los casos de pluralidad de  agentes  del delito, la definición de la situación procesal de un sindicado no  podría   convertirse  en  inconveniente  dilación  del  procedimiento  que  se  adelanta  contra  los  demás, pues ello no solamente prolongaría la condición  sub  judice  de  algunos  de los implicados, sino que aún eventualmente podría  constituirse en un factor que lleve a la impunidad.   

         Así  las  cosas,  que  no  se  haya  investigado conjuntamente la  conducta  de  todos  los  participantes  del hecho en que se privó de la vida a  ORLANDO  ORTIZ  RAMOS, no es una actitud que signifique la violación del debido  proceso,  como  no  lo  es  el  hecho de no haberse dispuesto la vinculación de  CARLOS  ALBERTO alias “pelo de rata”, pues una decisión de esa naturaleza está  condicionada  a  que  el  instructor  tenga suficientes elementos de convicción  sobre  la  identidad del indiciado; ni el disponer que en actuación separada se  investigue,  de  la conducta de ALBENIS SANMARTIN MORENO. De ahí que la censura  resulte impróspera.   

         Primer Cargo.   

         El  recurrente formula otro cargo contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Cartagena,  a  la  luz  de  la causal primera de casación, por la  violación   directa  de  la  ley  sustancial  y  específicamente  por  haberse  dosificado  la  pena  correspondiente  al  delito  de  Homicidio con base en los  artículos  29  y  30  de  la  Ley  40  de  1993  y  no  con  fundamento  en las  disposiciones  de  los  artículos 323 y 324 del Decreto 100 de 1980, siendo que  ese hecho no tuvo relación alguna con un delito de secuestro.   

         La  primera  objeción  que  se  puede  predicar  con  respecto al  anterior  postulado es el equívoco que acompaña al casacionista cuando pregona  la  inaplicación  de  los artículos 323 y 324 del Decreto 100 de 1980, como si  tales  disposiciones  estuvieran  vigentes, con lo cual desconoce el texto de la  ley   40   de   1993   y   el  pronunciamiento  de  exequibilidad  de  la  Corte  Constitucional.   

         Precisamente  con  fundamento  en  esas  dos fuentes, esta Sala ha  entendido  que la denominada Ley Antisecuestro contiene disposiciones en materia  penal  que  regulan  aspectos  que se extienden más allá del reducido tema del  secuestro,  puesto que su finalidad involucra una política criminal destinada a  la  protección  de  los bienes jurídicos de la vida, la libertad, la dignidad,  la  familia  y la paz, cuya concretización se reflejó en una modificación del  esquema  básico  del Código Penal, referido a diversos tópicos, como sucedió  con  los  topes  máximos  de  la  pena  de  prisión en general y al incremento  específico  para  las  penas asignadas a los delitos de homicidio, extorsión y  secuestro,  de  tal  manera  que  el  legislador  expresamente modificó, en sus  consecuencias punitivas, los tipos penales referidos.   

         Por  lo  demás,  cuando  la  Ley  40 de 1993 cita cada uno de los  artículos  323  y  324  del Código Penal, para sentenciar que “quedará así”,  utiliza  una  locución  que implica la desaparición del contenido que conforme  al  Decreto  100  de  1980  traían,  y  su  sustitución  por el texto que ella  introduce.  En  este  sentido se ha pronunciado la Corte en decisiones del 21 de  noviembre  de 1995, el 25 de julio de 1996 y el 5 de noviembre de 1996 (M.P. Dr.  Carlos    Galvez,    Dr.    Juan    Manuel   Torres   y   Dr.   Carlos   Galvez,  repectivamente).   

         En  las  anteriores  condiciones no hay lugar para afirmar que las   

disposiciones  del  Decreto  100  de  1980,  relacionadas  con  el  homicidio  y el secuestro, mantenga su vigencia, en forma  paralela   a  delitos  de  igual  naturaleza  sancionados  por  la  llamada  Ley  Antisecuestro;  y  que  para  su aplicación se requiera de una interdependencia  fáctica  con  el  delito de secuestro, puesto que se trata de tipos delictuales  autónomos, para cada uno   

de   los   cuales   fue  incrementada  la  sanción.   

         Estas  son  las  razones que conducen a declarar sin fundamento el  cargo  que por infracción directa de la ley sustancial puso a consideración de  la Sala el aquí demandante.   

         Para  terminar, se advierte que efectivamente y como lo observa el  señor  representante  del  Ministerio Público, la instrucción de este proceso  revela    descuidos    y    deficiencias    que   podrían   configurar   hechos  disciplinariamente  perseguibles,  por  lo  que  se  ordenará  solicitar  a  la  Procuraduría   Regional   de   Cartagena,   de   haber   mérito,  adelante  la  averiguación correspondiente.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de  Casación  Penal,  administrando  Justicia  en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

         1.     NO     CASAR     el    fallo  impugnado.   

         

         Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                       CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                            

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                              CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                               NILSON  ELIAS  PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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