10338 (06-05-98)

1998

Asistente Jurídico Inteligente

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    TERMINACION   ANTICIPADA   DEL   PROCESO/  HOMICIDIO-Ley 40 de 1993   

El  19  de  noviembre  de  1.993,  cuando  el  anterior  defensor  hizo  la  referida  petición de terminación anticipada del  proceso,  ya  se  encontraba en vigencia la Ley 81 del mismo año, modificatoria  en  sus  artículos  3o  y  4o. del 37 del Decreto 2.700 de 1.991 en cuanto a la  oportunidad  procesal  para  su  solicitud,  pues  mientras que con éste podía  presentarse   desde   que  se  profiriera  la  resolución  de  apertura  de  la  investigación  hasta  antes  de  fijarse  fecha  para  la  celebración  de  la  audiencia  pública,  en  la  Ley 81 no solo se crearon dos figuras al respecto,  esto  es,  la  sentencia  anticipada  y  la audiencia especial, sino que para la  primera  de  ellas,  se  limitó su oportunidad a la etapa instructiva, entre la  ejecutoria   de   la  resolución  que  define  la  situación  jurídica  y  el  cierre de la investigación y  en  el  juzgamiento, desde la ejecutoria de la acusación hasta antes de fijarse  fecha  para  el  debate  público, caso en el cual la diligencia versaría sobre  los cargos formulados en el pliego acusatorio.   

Lo  relacionado con la tesis del casacionista  en  el sentido de que la aplicación de la ley 40 de 1.993 solo procede para los  delito  de homicidio conexos con el de secuestro, es tema que ha debido plantear  al  amparo  de  la causal primera de casación, por motivo de violación directa  de  la ley en cuanto indebida aplicación de las normas pertinentes del estatuto  antisecuestro  y  falta  de  aplicación  de  las  disposiciones  originales del  Decreto  100  de  1.980, dicha discusión ya ha sido ampliamente superada por la  jurisprudencia  de  la Sala, en tanto que es claro que el mencionado estatuto no  generó  un  paralelismo  normativo  por  cuanto  fue  expreso  el legislador en  introducir  modificaciones  punitivas  a los artículos 323 y 324 del C.P., cuya  tipicidad  continúa  siendo autónoma, como se ha expuesto, entre otros, en los  fallos  de  noviembre  21 de 1.995, julio 25 y noviembre 5  de 1.996, junio  17,  julio  13,  septiembre 25, octubre 22, noviembre 5 y diciembre 9 de 1.997 y  últimamente en los de enero 21 y febrero 4 del presente año.   

PROCESO No. 10338  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

          Aprobado Acta No. 65   

Santafé  de  Bogotá D.C., seis de mayo de  mil novecientos noventa y ocho.   

         VISTOS:   

El 22 de julio de 1994, el Juzgado Penal del  Circuito  de  la Mesa (Cundinamarca) profirió sentencia anticipada en contra de  JOSE  ESTEBAN  CELIS  MORENO,  imponiéndole  la  pena principal de 252 meses de  prisión,  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  tiempo  y  al  pago  de  los perjuicios, como autor de los delitos de  homicidio y porte ilegal de armas para la defensa personal.   

Apelada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  del procesado, el Tribunal Superior de Cundinamarca, en el mismo fallo  del  6  de  octubre  de 1994, inadmitió el recurso respecto del delito de porte  ilegal  de armas por falta de interés al reclamar la atipicidad de la conducta,  no  obstante  tratarse  de  una  sentencia  anticipada, procediendo, a su vez, a  modificar  la  pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  en  el  sentido  de ajustarla al máximo legal de 10 años, confirmándola en lo  demás.   

         HECHOS:   

El  9  de  junio de 1.993, a las 9:30 de la  noche,  en  el  predio  denominado  el Jardín, vereda Guasimal del municipio de  Tena  (Cund.),  cuando JOSE ESTEBAN CELIS MORENO sostenía una discusión con su  esposa  María  Elisa  Tolosa Garzón, a quien también estaba golpeando, llegó  Evaristo  Garzón  Moya  quien  le  sugirió  al  procesado  que  cesara  en  su  agresión,  ante lo cual este reaccionó haciéndole un disparo con una escopeta  calibre 16, ocasionándole la muerte.   

         ACTUACION PROCESAL:   

Con base en el levantamiento del cadáver de  Evaristo  Garzón  Moya  y  otras  diligencias  practicadas  por  Inspección de  Policía  de  Tena  (Cund.),  la  Unidad  de  Fiscalía  de  la  Mesa  abrió la  investigación  el  13  de julio de 1.993 disponiendo la captura de JOSE ESTEBAN  CELIS  MORENO, quien posteriormente mediante memorial solicitó ser escuchado en  indagatoria,  diligencia  que  efectivamente se llevó a cabo el 27 de julio del  mismo año, materializándose en la misma fecha su captura.   

La  situación  jurídica del vinculado fue  resuelta  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva por los delitos  de homicidio y porte ilegal de arma para la defensa personal.   

Perfeccionada    en   lo   posible   la  investigación,  el  23  de  octubre  de  1.993 se declaró cerrada, habiéndose  resuelto  negativamente  el  recurso de reposición y declarado “desierto” el de  apelación  interpuestos  contra  dicha decisión por el defensor del procesado,  quien  durante  el  traslado  precalificatorio  corrido  para  que  los  sujetos  procesales  presentaran  sus  respectivas alegaciones, solicitó como “petición  especial”,  la  aplicación del artículo 37 del C.de P.P., “pero el establecido  en  el  Decreto  2.700  de  1.992  (sic), aclaro que es Decreto Ley, lo anterior  basado  en  el principio de favorabilidad establecido en el art. 10 del C.P.P.”,  no  obstante  que  posteriormente  en memorial firmado también por CELIS MORENO  desistió  de  dicha  petición, al tiempo que solicitó la libertad provisional  con fundamento en el numeral 4o. del artículo 415 del C. de P.P..   

El  1o.  de  diciembre  del  mismo año, se  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución acusatoria en  contra  del  procesado por los mismos delitos imputados en la resolución que le  definió  la  situación  jurídica y por separado, en auto de la misma fecha se  le negó la libertad impetrada.   

Contra   las  anteriores  decisiones,  el  defensor   del  procesado  interpuso  recursos  de  reposición  que  le  fueron  resueltos  desfavorablemente  y  al  desatarse  el subsidiario de apelación, la  Fiscalía  de segunda instancia declaró desierto el interpuesto en contra de la  resolución  calificatoria  y  confirmó  el correspondiente a la negativa de la  libertad provisional.   

En la etapa del juicio, mientras se cumplía  la  práctica  de  las  pruebas  solicitadas por las partes y otras ordenadas de  oficio,  CELIS MORENO coadyuvado por su nuevo defensor pidió la aplicación del  artículo  37  “en  concordancia  con  el  artículo 37A de la Ley 81 y para tal  efecto  solicito  se  fije  día  y  hora  para la celebración de una AUDIENCIA  ESPECIAL  en busca de la terminación anticipada del proceso”, diligencia que se  llevó  a  cabo  el 6 de julio de 1.994, de conformidad con lo dispuesto para la  sentencia  anticipada,  habiendo  aceptado el procesado, sin reparos, los cargos  formulados en la acusación.   

Así,  se  profirió  el  fallo  de primera  instancia,  que  al  ser  apelado  por  la  defensa,  recibió confirmación del  Tribunal con las modificaciones precedentemente expuestas.   

         LA DEMANDA:   

Sin   mencionar   la  causal  en  que  se  apoya,   en  el acápite que denomina “EFECTOS ANTIJURIDICOS DE LOS HECHOS”  plantea  el  casacionista una nulidad por violación al derecho de defensa, pues  en  su  criterio,  el  abogado  que  asistió  al  procesado  durante  la  etapa  instructiva   en   una  equivocada  asesoría  -que  no  puede  entenderse  como  estrategia  defensiva-  lo  llevó  a desistir de la sentencia anticipada que el  mismo  profesional  había  solicitado  durante  el  término  precalificatorio,  haciéndole  perder  una rebaja de pena de aproximadamente 10 años de prisión,  “sin   contar   los   demás   descuentos   que   han   sido   negados   en   la  sentencia”.   

En  lo  expuesto  bajo  el título “PRIMERA  NULIDAD,  VIOLACION  DEL  ARTICULO  29  DE  LA  CARTA POLITICA DE 1.991”, parece  complementar  la  fundamentación  del reproche anterior aduciendo que tanto los  funcionarios  públicos  como  los  particulares  en  general,  “pero  de manera  principal  a   los  profesionales del derecho que en cualquier momento dado  contribuyen  al  juzgamiento  de  sus  ciudadanos”,  deben  respetar  las normas  constitucionales.   

Por ello, considera que el juzgador no puede  permitir  que  una  persona  soporte  una  pena  injusta  debido a una sentencia  “inadecuada”  y  “solamente  por  errores en lo que se ha denominado táctica de  defensa”  y  por  tal  motivo  considera  que  la proferida en este asunto “debe  dejarse  sin  valor”,  pues  de lo contrario el ejercicio del derecho de defensa  resultaría contrario a lo que debe ser.   

En  lo  que denomina “SEGUNDA NULIDAD” hace  algunas  referencias  a  los  artículos  29,  228  y  230  de  la Constitución  Política,  reproduciendo  a  continuación  un aparte de jurisprudencia de esta  Sala  sobre  las llamadas nulidades constitucionales, procediendo, acto seguido,  a  afirmar  la  indebida  aplicación  de la ley 40 de 1.993, porque, “solamente  puede  aplicarse  a  delitos  de homicidio que se encuentren relacionados con el  delito  de  secuestro  exclusivamente y no para casos como el de marras, el cual  debe  atender  a las disposiciones de carácter general y que contemplan el tema  de  manera  específica, sin condicionarlo a especialidad delictual alguna de la  que pueda derivarse o tener relación de causalidad”.   

Y  como corolario de lo anterior arguye que  “la  falta  de  defensa  adecuada, la indebida aplicación de las normas al caso  específico  y  la  negación  de beneficios que tienen que ver con descuento de  pena,  con  ocasión  de  la  comparecencia voluntaria ante las autoridades y la  confesión  de  la  conducta  penal,  lo  mismo  que  la rebaja por terminación  anticipada  encajan  en  los  parámetros  establecidos por el legislador en los  numerales 2 y 3 del artículo 304 del C.P.P.”.   

Solicita   se   declare   la  nulidad  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 304.2.3. del C.P.P.   

         CONCEPTO DEL PROCURADOR DELEGADO EN LO PENAL:   

El procurador Tercero Delegado en lo Penal,  solicita  no  casar  la  sentencia  impugnada, habida cuenta que no le asiste la  razón al casacionista en ninguna de las nulidades propuestas.   

Así,  después  de  hacer  una  serie  de  precisiones  sobre  el  contenido y alcance de las nulidades, dice el Ministerio  Público,  en  lo  que  tiene  que  ver con la primera nulidad propuesta, que el  argumento  del  defensor  se cae por su propio peso, pues el mismo acepta que el  desistimiento de   

la  sentencia  anticipada  se  debió  al  interés  de solicitar la libertad por vencimiento de términos, no obstante que  en  la  etapa del juicio nuevamente fue solicitada y practicada, obteniendo así  el procesado una rebaja de pena por este concepto.   

    

Igualmente destaca que el defensor designado  por  el  procesado participó activiamente en el proceso solicitando pruebas, la  libertad   provisional,  interponiendo  recursos,  presentando  alegatos,  etc.,  razón  por la cual, la exposición del censor “obedece a una intrépida postura  en  la  que  degrada  la  actuación  de  su  colega,  pero sin que su dicho sea  demostrativo de vulneración a derecho alguno del sindicado”.   

Y  en  relación  con  la  “segunda nulidad  propuesta”,  en  criterio  del Delegado, todo se reduce a “proponer una variedad  de  situaciones”  respecto  de  las  cuales  el  demandante  no  aporta  ningún  argumento  serio, considerando por tanto inidónea la censura por carecer de los  presupuestos  de  precisión,  claridad  y  técnica  que  exige  el  recurso de  casación.   

        CONSIDERACIONES:   

1o. Una vez más debe reiterar la Sala que  la  dialéctica  del  recurso extraordinario de casación, como rogativo que es,  impone  al  demandante  la  sujeción  a  unas  exigencias de orden técnico que  exigen  la  proposición  clara,  precisa  y  ordenada  de los reproches con los  cuales  se  aspira  a  quebrar el fallo demandando, debiendo exponerse de manera  lógica  y  de  acuerdo  con esa metodología los yerros del juzgador, de manera  tal  que  a  cada  una  de  sus  afirmaciones  acusatorias  la prosiga su debida  demostración.   

2o.  En  el  caso  concreto es evidente el  abandono  del  censor de estas fundamentales exigencias, aún a partir de lo que  debería  ser  el  resumen de los hechos al entremezclarlos con cuestionamientos  valorativos  al  fallo  impugnado, continuando con una argumentación similar en  lo  que  inusitadamente  denomina  “EFECTOS  ANTIJURIDICOS  DE LOS HECHOS”, para  pasar  de  inmediato  a  exponer  los pretendidos cargos, sin siquiera mencionar  qué  causal de casación es la que le sirve de sustento, aunque de la propuesta  de  nulidad,  habría,  en  principio,  de  colegirse  que se trata de la causal  tercera del artículo 220 del C. de P.P.   

3o.  Sin  embargo,  sobre  esta pretendida  nulidad,  razón  le  asiste al Delegado cuando afirma que con la argumentación  presentada   por  el  casacionista  no  se  evidencia  ninguna  vulneración  de  garantías  fundamentales  del  procesado,  ni mucho menos el desconocimiento de  las  bases  fundamentales  de la investigación o del juzgamiento, reduciéndose  en  un  todo  el  escrito  a  una  escueta  e  irresponsable crítica a la labor  defensiva  desplegada  por  el profesional que para la etapa instructiva fungía  como  defensor,  a  lo  cual  subyace  una  solicitud  de revisión oficiosa del  proceso  que  desconoce  que  en  esta  sede,  la  obligación  del demandate es  precisamente  confrontar la supuesta actuación irregular con los resultados del  proceso a fin de poner de presente su trascendencia en el fallo.   

4o.  En efecto, desconoce el censor que el  yerro  in  procedendo  que  aduce  como  violación a la defensa lo hace radicar  precisamente  en  un  acto  propio del ejercicio de este derecho, tanto desde un  punto   de  vista  técnico  como  material,  pues  la  solicitud  de  sentencia  anticipada  presentada  por  el  defensor  del  procesado  durante  el  término  precalificatorio,   como   “petición   especial”  dentro  de  los  alegatos  de  conclusión,  fue  desistida de manera voluntaria, clara y expresa por el propio  CELIS  MORENO,  antes  de que se calificara el sumario, en memorial suscrito por  él  y  su abogado, manifestándole al Fiscal que “siga adelante el proceso como  tal”,  reduciéndose  así  el  reproche  a una simple discrepancia de criterios  entre  el  personal  parecer del demandante y el de su antecesor, respecto de la  dinámica  defensiva empleada por éste y la que él habría asumido en punto de  la  conveniencia  de  tal proceder, como si efectivamente en dicho momento CELIS  MORENO  tuviese  ese  derecho,  dejando  de lado el análisis normativo sobre la  sucesión  de  leyes  y la propia herméneutica de las disposiciones a aplicar ,  que  le  demostrarían  si  la  actividad redunda efectivamente en beneficio del  procesado,  evidenciándose  así lo sofístico de su argumentación y lo que es  más  trascedental , lo inane de la censura por falta de interés para recurrir.   

Así,  el 19 de noviembre de 1.993, cuando  el  anterior  defensor hizo la referida petición de terminación anticipada del  proceso,  ya  se  encontraba en vigencia la Ley 81 del mismo año, modificatoria  en  sus  artículos  3o  y  4o. del 37 del Decreto 2.700 de 1.991 en cuanto a la  oportunidad  procesal  para  su  solicitud,  pues  mientras que con éste podía  presentarse   desde   que  se  profiriera  la  resolución  de  apertura  de  la  investigación  hasta  antes  de  fijarse  fecha  para  la  celebración  de  la  audiencia  pública,  en  la  Ley 81 no solo se crearon dos figuras al respecto,  esto  es,  la  sentencia  anticipada  y  la audiencia especial, sino que para la  primera  de  ellas,  se  limitó su oportunidad a la etapa instructiva, entre la  ejecutoria   de   la  resolución  que  define  la  situación  jurídica  y  el  cierre     de    la    investigación  y  en el juzgamiento, desde la ejecutoria de la acusación hasta  antes  de  fijarse  fecha para el debate público, caso en el cual la diligencia  versaría sobre los cargos formulados en el pliego acusatorio.   

6o.  Esto  explica  por qué el abogado de  entonces  hizo  énfasis  en  que  solicitaba  la  aplicación  del artículo 37  original,  pues  frente  a  la  ley vigente tal petición resultaba improcedente  para  ese  momento,  si  se tiene en cuenta, como ya se dijo, fue elevada en los  alegatos  de  conclusión,  lo  que  por  supuesto presupone la ejecutoria de la  resolución  de cierre de investigación y por ende, su extemporaneidad en dicha  etapa  procesal,  como en reciente oportunidad lo precisó la Sala, en decisión  mayoritaria, al afirmar:   

        “Se   concluye   parcialmente   que   ese   -antes-  escrutado  no                    se  agota  con  la  mera  declaración  de  cierre de                                   investigación,   sino  que  se  proyecta  hasta  la           ejecutoria  de  la  respectiva  providencia.  Aunque  se               pensara,   en   gracia   de  discusión,  que  el  genuino  querer             de  los  redactores  de  la  ley  se  orientaba   a   sellar  la              oportunidad  con  el  solo proferimiento de la                                                                      resolución,  lo  cierto  es  que  no  fue  eso  lo  que            expresaron  claramente  en  el  texto  normativo,    y   por                  ello  se impone esta suerte de interpretación                    contextual   o   sistemática   que,   frente   a   la  ambiguedad                    de  la  ley,  es  el  único  método  que suministra seguridad                jurídica,  uno de  los  valores fundamentales del derecho           -aunque no el único-, en el sentido de  que    fijar    como                   punto   de   llegada  la  ejecutoria  de  las  resoluciones    es                    algo   que,   no   solo   por   su   sentido  jurídico-sistemático                 sino  también  por  su  ambientación  en  la  práctica                                                        judicial   para  otras  instituciones,  resulta  más  fácil             de preveer a los destinatarios  de  la  norma”.  (Casación             No.  10.397  de  abril  16  de 1.998, M.P. Dr.  Jorge    Aníbal                      Gómez Gallego).   

    

7o. Es estas condiciones, entonces, bajo  el  criterio  del  casacionista de conformidad con el cual, lo procedente era no  haber  desistido  de  la  petición  de  terminación  anticipada del proceso, y  habida  cuenta  de  que  la solicitud se hizo en el alegato precalificatorio del  sumario,  es  claro  que  los efectos punitivos en forma alguna beneficiarian el  incriminado,  pues  al  encontrarse  ejecutoriada la resolución de cierre de la  investigación,  además  de  que  de  conformidad  con  la ley vigente para ese  momento,  la  81 de 1.993, había precluído la oportunidad para hacerlo durante  la  instrucción,  siendo  viable  únicamente  para  el  juicio,  aún  con  la  cuestionable  aplicación  del  original artículo 37 del Decreto 2.700 de 1.991  que  reclama  el  censor,  ya  que  no  estaba  vigente  para la fecha en que se  presentó  la  petición,  la  disminución  de  pena hubiese sido la misma, una  sexta  parte  que  resulta  idéntica  a  la  que  finalmente le fue deducida al  procesado  de  conformidad  con el inciso 6o. del artículo 3o. de la citada Ley  81;   demostrándose   así   la  falta  de  interés  del  recurrente  para  la  formulación de este cargo.     

   

8o.  Ahora,  en  cuanto a lo que el censor  denomina  segunda nulidad, con acierto comenta el Delegado, que en realidad ello  solo  comporta  una  serie  de  afirmaciones  carentes de seriedad y sin ningún  fundamento,  pues  lo relacionado con la tesis del casacionista en el sentido de  que  la  aplicación  de  la  ley  40  de  1.993 solo procede para los delito de  homicidio  conexos con el de secuestro, es tema que ha debido plantear al amparo  de  la  causal  primera de casación, por motivo de violación directa de la ley  en   cuanto   indebida  aplicación  de  las  normas  pertinentes  del  estatuto  antisecuestro  y  falta de aplicación de las dispociones originales del Decreto  100  de  1.980,  dicha  discusión  ya  ha  sido  ampliamente  superada  por  la  jurisprudencia  de  la Sala, en tanto que es claro que el mencionado estatuto no  generó  un  paralelismo  normativo  por  cuanto  fue  expreso  el legislador en  introducir  modificaciones  punitivas  a los artículos 323 y 324 del C.P., cuya  tipicidad  continúa  siendo autónoma, como se ha expuesto, entre otros, en los  fallos  de  noviembre  21 de 1.995, julio 25 y noviembre 5  de 1.996, junio  17,  julio  13,  septiembre 25, octubre 22, noviembre 5 y diciembre 9 de 1.997 y  últimamente en los de enero 21 y febrero 4 del presente año.   

9o.  Finalmente, en lo relacionado con “la  falta  de  defensa  adecuada y la negación de beneficios que tienen que ver con  el  descuento  de  pena,  con  ocasión  de la comparecencia voluntaria ante las  autoridades  y  la  confesión  de  la  conducta  penal”,  desconoce la Sala las  razones  por  las cuales el casacionista las aduce como motivos de nulidad, pues  se   trata   de   simples,   genéricas  y  aisladas  afirmaciones  carentes  de  argumentación, lo cual de suyo releva a la Corte de su estudio.   

      Los  cargos  no  prosperan.   

      En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, administrando  justicia, en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE:   

          No  casar el fallo impugnado.   

       Cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

        JORGE ENRIQUE CORDOBA POVEDA   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL              RICARDO CALVETE RANGEL      

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE    JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS       EDUARDO       MEJIA  ESCOBAR     DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

       

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