10117 (01-03-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 10117  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA  DE  CASACION  PENAL             

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No. 029.   

Santa Fe de Bogotá D.C., primero de marzo de  mil novecientos noventa y cinco (1995)   

          V I S T O S:   

Por  segunda  vez  corresponde  a  la  Corte  dirimir  de  plano  el  conflicto  de  competencias  negativo suscitado entre un  Juzgado  Regional de Medellín y el 73 Penal del Circuito de Santafé de Bogotá  (antiguo   29  Superior  de  esta  ciudad),  dentro  de  las  causas  acumuladas  adelantadas  contra  varios  procesados, entre éllos Pablo Escobar Gaviria, por  los  homicidios  perpetrados  en  el  Honorable Magistrado de esta Corporación,  doctor   Hernando  Baquero  Borda  y  otros,  y  el  periodista  Guillermo  Cano  Isaza.   

          A N T E C E D E N T E S:   

1.- El 31 de julio de 1.986 murieron en forma  violenta  en  esta  ciudad capital el entonces Magistrado de la Corte Suprema de  Justicia,  doctor  Hernando Baquero Borda, su escolta Luis Evelio Arana Jaimes y  el  transeúnte  Humberto  Bolivar Bottia y resultó lesionada de consideración  la  señora  Susana  Sanpedro de Baquero. El 17 de diciembre del mismo año  se  produjo  otro  atentado criminal, esta vez contra el director del periódico  “El  Espectador”  Guillermo Cano Isaza, a consecuencia del cual falleció en las  dependencias  de  la  Caja  Nacional de Previsión Social; hechos por los cuales  se    adelantaron   las   correspondientes   investigaciónes,   en   forma  separada.   

2.-  Por  auto  del  30  de marzo de 1990 el  Juzgado  29  Superior  de Bogotá (hoy 73 Penal del Circuito), en forma oficiosa  ordenó   “UNIFICAR  a  la  causa  1977 que contra PABLO ENRIQUE ZAMORA RODRIGUEZ, MARIA OFELIA SALDARRIAGA,  CASTOR  EMILIO  MONTOYA  PELAEZ,  CARLOS  MARTINEZ HERNANDEZ, RAUL MEJIA y Otros  cursa    en    este    despacho     por    el    delito   de   homicidio  en  GUILLERMO  CANO ISAZA, la  causa  2135  que  por  el mismo hecho punible  se sigue contra PABLO EMILIO  ESCOBAR  GAVIRIA,  LUIS  CARLOS  MOLINA YEPES, JORGE ARGIRO TOBON OLARTE y DAVID  RICARDO  PRISCO LOPERA” (fl. 135, Cdno. Orig. # 8 bis); por razones de conexidad  procesal que aconsejaban dicha medida.   

3.-  Iniciada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado  29  Superior  de Bogotá, trabó colisión de competencias con el 95 de  Orden  Público  de  esta  misma ciudad, aduciendo incompetencia para conocer de  los   procesos   acumulados  porque   la  muerte  de  los  dos  mencionados  personajes  tuvo  fines claramente terroristas, motivo por el cual correspondía  conocer  de  ellos a los Jueces de Orden Público en virtud del decreto 2790 del  20  de  noviembre  de  1990 (Estatuto para la defensa de la justicia), que en el  parágrafo   único   del   artículo  9�,  asignó  a  dichos  funcionarios  el  conocimiento,  entre otros  procesos,  de  los  originados  en  delitos de terrorismo cualquiera que hubiese  sido  la  época  de  su  comisión; conflicto desatado por el entonces Tribunal  Disciplinario  mediante  providencia  de  24  de  abril de 1991 en el sentido de  fijar  la  competencia en la jurisdicción ordinaria representada por el Juzgado  colisionante  en  razón  a que no existía ley preexistente que tipificara esta  modalidad  de homicidio “con fines terroristas”, cuya competencia fue adscrita a  la jurisdicción de Orden Público.   

Argumentó    entonces    el    Tribunal  Disciplinario:   

          “Sea  lo  primero  precisar que aunque los procesos bajo estudio no  pueden  entenderse  carentes  del  ingrediente  terrorista  que,  como  elemento  constitutivo  del  tipo  penal que erigió  el artículo 29 del decreto 180  de  1.988,  se  agregó al del homicidio reprimido hasta  ese momento en el  Código  Penal para crear un tipo penal nuevo, debe admitirse que no obstante, a  la  fecha  de  consumación  de los que se  perpetraron en las personas del  periodista  Guillermo  Cano Isaza y del Magistrado de la Honorable Corte Suprema  de  Justicia,  doctor  Hernando Baquero Borda, no pre-existía ese tipo penal de  “homicidio   con   fines    terroristas”   que  describió   la  norma  citada.   

         Tal  precisión  resulta   de singular relevancia toda vez que  el  artículo 26 de la Constitución  Nacional, cuya aplicación prevalente  obliga  a  tenerla  como  fundamento  principal  de la presente decisión,   establece  que  “nadie  podrá  ser  juzgado   sino  conforme  a  las leyes  pre-existentes   al  acto  que  se  imputa,  ante  Tribunal  competente  y   observando la plenitud de las formas propias de cada juicio”.   

         Significa  lo  anterior que “la ley pre-existente prefiere a la ley  ex  post facto en materia penal”, y que “nadie podrá ser juzgado  o penado  sino  por  ley  que haya sido promulgada antes del hecho que da lugar al juicio.  Esta  regla  sólo  se  refiere  a  las  leyes  que definen y  castigan los  delitos,  pero  no  a aquéllas que establecen  los tribunales y determinan  el  procedimiento,  las cuales se aplicarán con arreglo al artículo  40″.  (artículo 43. Ley 153 de 1.887).”.   

4.-  El  Gobierno  Nacional,  en  uso de las  facultades  excepcionales  del Estado de Sitio, expidió el llamado “Estatuto de  sometimiento  a la justicia” (Decretos legislativos 2047 y 3030 de 1990 y 303 de  1991),  disponiendo que los procesos en curso contra personas que se acogiesen a  dicho  estatuto  debían  remitirse  en  el  estado  en  que  se  hallaren a los  correspondientes Jueces de Orden Público.   

En   desarrollo   de   esta  política  de  “sometimiento  a la justicia”, el 19 de junio de 1991 se produjo en la ciudad de  Medellín  la  “entrega”  voluntaria del procesado Pablo Emilio Escobar Gaviria;  hecho  que  originó la remisión del proceso a los Jueces de Orden Público por  competencia,  la  que  fue  radicada en cabeza del Juez de conocimiento de dicha  jurisdicción,  por  tratarse  de  una  actuación que se encontraba en etapa de  juicio .   

5.-  A  raíz  de  la  fuga de Pablo Escobar  Gaviria  de  la  “Cárcel  de  máxima seguridad” de Envigado, ocurrida el 21 de  julio  de 1992, el Juez Regional de Medellín a cuyo conocimiento se encontraban  los  procesos  acumulados, provocó colisión de competencia negativa al Juzgado  73  Penal  del  Circuito  de  Santafé  de  Bogotá (antiguo 29 Superior de esta  ciudad),  aduciendo  como argumento central que la fuga del recluso había hecho  desaparecer  el motivo tenido en cuenta para adjudicar la competencia del asunto  a  dicha  jurisdicción  especial, el que fue rechazado por el Juez colisionado,  trabándose  un conflicto que correspondió dirimir a esta corporación mediante  providencia  de 7 de octubre de 1993 (M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez), en el  sentido  de señalar  como competente para continuar conociendo del proceso  al Juzgado Regional de Medellín que propuso el incidente.   

Dijo en esa ocasión la Corte:  

          “El   legislador   de  excepción   sí  condicionó   la  aplicación   de   esa   legislación    especialmente   benigna  pero  exclusivamente   a  que  quien hubiese cometido alguno  de los delitos  allí  mencionados  se  presentase  voluntariamente ante la autoridad judicial a  confesar  el  hecho. Esta circunstancia fáctica determinaba automáticamente la  aplicación   de  esas  normas de  excepción que, como se sabe,   no  solamente  fijaron  rebajas  de  pena  para los delitos confesados, sino que  señalaron   competencias  y  procedimientos  especiales  para éstos y aun  para  los  no  confesados  y, al prever la fuga del sometido, como acertadamente  lo   puntualiza  el  Juez Penal del Circuito de la capital, se cuidó   dicha  normatividad  de expresar que con la fuga el procesado  perdería la  condición  de  sometido,  o desaparecería  la competencia  dada para  investigar   o  para  fallar  esos  asuntos,  afirmando   solamente  en  el  artículo  4�  del Decreto  2372  de  1990,  incorporado  como  legislación  permanente  por  el  artículo  2�  del  Decreto  2265  de  1991, que:   

         “Los  procesados de acuerdo con los procedimientos  señalados  en  el decreto 2047 de 1990, y en este decreto, perderán  los derechos que  hubieren  podido  obtener  por  la  confesión  si   incurrieren  en fuga o  intentan  realizarla”  y en evidente concordancia con el artículo 2�   del  Decreto  303  igualmente   incorporado  a  la  legislación  permanente,  agregó:  “Los hechos o conductas  delictivas  imputables  a  procesado  que  por  desvirtuar   el régimen de  sometimiento  a  la  justicia previsto en los decretos  legislativos 2047 y  3030   de   1990,   hagan   perder  cualquiera  de  los   beneficios  allí  establecidos,  deberán  estar  probados  dentro del  proceso, y  si  se  trata  de  hecho punible, sólo operarán a partir de la  ejecutoria   de   la   sentencia   condenatoria   que  lo  declara.”   

6.- Diez meses después de ocurrida la muerte  del  procesado  Pablo  Escobar Gaviria (la tarde del 2 de diciembre de 1993), el  Juzgado  Regional  de  Medellín  al  momento  de  entrar  a  proferir  fallo de  instancia  provocó  nuevo  conflicto  de  competencias negativo al 73 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad  capital,  sobre  la base de que el fallecimiento del  único  “sometido  a la justicia” hacía desaparecer el factor determinante  de  la  competencia  asignada  a  la  jurisdicción  especial de Orden Público,  revirtiendo  la  facultad  juzgadora  al  Juez  natural, que lo es el que venía  conociendo de las causas acumuladas.   

Argumenta el Juez colisionante que “la muerte  del  implicado y único sometido despoja a la justicia regional del conocimiento  que  por  algún  tiempo  le  fuera  propio, pero que por motivos sobrevinientes  (incluso  soslayados  o  no  previstos  por  el  legislador  extraordinario)  la  facultad  juzgadora  revierte  en  los  despachos  que  por  antonomasia estaban  investidos  de  poder  para  dictar  el  condigno fallo, presentándose pues, se  repite,  la modificación de la competencia excepcional para que retorne al Juez  natural,  no  otro  que  el  Juez  73 Penal del Circuito de Santafé de Bogotá,  lugar  de  ocurrencia  de  las  occisiones  de  los  inmolados  GUILLERMO CANO Y  HERNANDO BAQUERO BORDA”.   

Cabe  observar  que  el  Juzgado Regional de  Medellín   dispuso,  en  efecto,  la  extinción  de  la acción penal por  muerte,   en  lo  referido  con  Pablo  Emilio  Escobar  Gaviria,  mediante  providencia   de   fecha   octubre  28  de  1994,  según  se  refrenda  con  la  reproducción  facsimilar recientemente recibida en esta Sala.   

7.- La Juez colisionada, esto es, la 73 Penal  del  Circuito de esta ciudad, rechazó las argumentaciones del colisionante y se  negó  a  conocer  del proceso exponiendo, en síntesis, que la razón de ser de  la  creación  y  puesta en marcha de la justicia regional es “el conocimiento y  fallo  de  los  delitos  en  los  que  el Sujeto Pasivo sea un Juez, Magistrado,  Periodista,  Etc.,  y  por  Política  Criminal  el  Gobierno Nacional expide el  Decreto  181/88 Art 2 el que fija la competencia de los llamados Jueces de Orden  Público  y  la establece a prevención en los delitos  de Homicidio que se  cometan  en  personas  con ciertas calidades; y atendiendo al carácter objetivo  de  ciertos   funcionarios  para combatir las situaciones que en una manera  especial afectan el Orden Público.   

Surgió con posterioridad el Decreto 2790/91  (sic)  modificado  por  el  Decreto  1676/91  que  recoge  la  competencia antes  señalada  y en su Art. 3�  (hoy  vigente)  recoge  las  conductas,  las tipifica y sanciona de los procesos  surgidos  con  anterioridad  y  posterioridad  al  año   1988, competencia  radicada  por  la  Ley 81/93 Art. 9,  en la Justicia Regional aunados a los  Decretos 3030 y 303 de 1991.”   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La  anterior reseña pone de manifiesto que  la  competencia  asignada  al Juez de Orden Público, hoy Regional de Medellín,  para  conocer  del  presente proceso, devino exclusivamente del hecho de que uno  de  los  enjuiciados  por  la  muerte  del  periodista  Guillermo Cano Isaza, el  procesado  Pablo  Escobar  Gaviria, se presentó voluntariamente para acogerse a  los     beneficios     consagrados     en    la    denominada    política    de  sometimiento.   

La  aplicación  de  esta  especialísima y  controvertida  legislación  de excepción, se condicionó a la circunstancia de  que  quien  hubiese  cometido  alguno  de los delitos enumerados en el artículo  1�  del  Decreto 3030 de  1990  se  presentase  voluntariamente  ante  la  autoridad  a confesar el hecho;  atribuyéndosele  al  Juez de Orden Público que hubiese asumido el conocimiento  de  los  delitos  confesados, competencia para conocer de todos los procesos que  se  adelantasen  contra  el procesado, así alguno de los delitos no fuera de su  competencia,  o  alguno de los coautores o copartícipes no se encontrara en las  condiciones     señaladas     en    dicho    precepto    (Art.    7�  del  citado Estatuto, convertido en  legislación permanente por el Decreto 2265 de 1991).   

Nada  dijo el legislador extraordinario que  concibió  esta  excepcional  jurisdicción,  respecto al hecho de la muerte del  “sometido”,  como  sí  lo hizo para referirse a la fuga o intento de fuga, como  factor   determinante  de  la  pérdida  de  los  beneficios  obtenidos  con  la  confesión   (Art.   4�  D.2372  de 1990, incorporado como legislación permanente por el Decreto 2265 de  1991);  por  lo  cual en esta materia habrá que acudirse a las normas generales  de  los  Códigos  Penal  y  de Procedimiento Penal, de acuerdo a jurisprudencia  sentada  por  esta  Corporación  en tal sentido (auto de 22 de octubre de 1992,  M.P. Dr. Dídimo Páez Velandia).   

EL artículo 76 del Código Penal recogiendo  el  aforismo  latino  “mors omnia solvit”,  la  muerte  todo  lo  deshace,  establece  que  la  muerte  del  sindicado  extingue  la  acción  penal,  la  del  condenado  la  pena  y la del  inimputable  la  medida de seguridad, y el 36 del Código de Procedimiento Penal  prevé  la  extinción  de  la  acción  penal  cuando  la  actuación  no puede  proseguir,  lo  cual  da  lugar  a  la cesación de procedimiento si se verifica  dentro del juicio.   

De modo que la muerte del procesado, que es  una  de  las  causas naturales de extinción de la acción penal, hace imposible  la  prosecución  del trámite procedimental, por sustracción del sujeto pasivo  de tal acción.   

La extinción de la acción penal por muerte  antes  referida produjo la ruptura del nexo especial de conexidad, predicable de  su  condición  de  único  “sometido a la justicia” entre los aquí procesados,  dando  lugar  a  que los procesos que por esa razón llegaron a conocimiento del  Juez  Regional  de  esa  ciudad,  recobren  su autonomía y vuelvan a los Jueces  competentes.   

Razón  asiste  al  Juzgado colisionante al  afirmar  que  dicho  fenómeno  incidente  en  la  acción  penal,  despoja a la  justicia  regional  de  la  competencia  para  seguir conociendo de los procesos  acumulados  y la radica de nuevo en la jurisdicción ordinaria, representada por  el  Juzgado  73 Penal del Circuito de Santafé de Bogotá, por haber sobrevenido  una     circunstancia     modificadora     de      la    competencia   excepcional  asignada,   

argumento  cardinal  al  cual no aludió la  funcionaria colisionada.   

La  jurisdicción  especial  diseñada para  juzgar  a quienes voluntariamente se sometan a la justicia, caracterizada por la  presencia  de un Juez único y el adelantamiento de un procedimiento exclusivo y  excluyente,  pierde  vigencia cuando se extingue la acción penal por muerte del  único  “sometido”  a esa competencia especial, por lo cual resultaría ilógico  que  el  Juez  Regional  de Medellín continuara conociendo de causas acumuladas  seguidas  contra  procesados  que  nada  tienen  que  ver  con  la  política de  “sometimiento  a  la  justicia”,  por  hechos  que tuvieron ocurrencia en ciudad  distinta.   

El   argumento   esgrimido  por  la  Juez  colisionada   para  negarse  a  conocer del proceso, consistente en que los  Jueces  de  Orden  Público, hoy Regionales, fueron creados por el legislador de  excepción  para  la investigación y juzgamiento de los llamados delitos contra  funcionarios  públicos  o  en  sujeto  pasivo calificado, merece los siguientes  reparos:   

El Decreto 1631 de 1987 asignó por primera  vez  a  los  Jueces  de  Orden Público el conocimiento de los delitos cometidos  contra  los funcionarios y dignidades enumerados en los artículos 102 ordinales  1�,    2�        y        4�   y  115,  ordinales  2�        y        3�  de  la  anterior  carta  política,  defiriendo  su aplicación a las infracciones cometidas a partir de su vigencia,  que lo fue el   

27 de agosto de 1987.  

Posteriormente  el  Decreto  181  de  1988  asignó  competencia  a  los  mencionados  funcionarios para la investigación y  juzgamiento  de  los  hechos  punibles  descritos  en el Decreto 180 de la misma  anualidad  (entre  los  cuales, el homicidio con fines terroristas del artículo  29),  así  como  el homicidio perpetrado en Juez, Magistrado, Periodista, etc.;  reiterada    en    el    artículo   2�  del  Decreto  474 de 1988, convertido en legislación permanente  por  el  Decreto  2271  de  1991,  circunscrita  su  aplicación  “a los delitos  cometidos después de su vigencia”.   

Claramente se advierte que tales Decretos no  podían  variar  la competencia para conocer de los homicidios perpetrados en el  Honorable  Magistrado  Doctor  Hernando  Baquero Borda y otros, y el distinguido  periodista  Guillermo  Cano  Isaza, el 31 de julio y el 17 de diciembre de 1986,  respectivamente,  radicada  entonces  en  la  jurisdicción penal ordinaria, por  haber  sido  cometidos  con  antelación  a  la  vigencia de dichos dispositivos  legales.   

Con  la expedición de los Decretos 2790 de  1990  y  099  de 1991, se asignó una vez más competencia a los Jueces de Orden  Público,  hoy  Regionales,  para  la  investigación y juzgamiento, entre otros  delitos,  del  homicidio cometido en sujeto calificado  por  razón de  su     investidura     (numeral     3�,      artículo     9�  del  Decreto  2790)  y  del  perpetrado  con  fines  terroristas  (numeral   4�  ibídem);  pero  aquí  el  legislador  de  excepción  cambió  radicalmente  de  criterio  respecto   a   la  aplicabilidad  de  las  normas  alusivas  a  la  competencia,  estableciendo     en     el     Parágrafo     del    artículo    9�  del  Decreto  2790  su  aplicación  inmediata  a  los  hechos  punibles atribuídos a dichos Jueces, “cualquiera que  sea la época en que hayan sido cometidos”.   

Sin   embargo,   el  extinguido  Tribunal  Disciplinario,  investido  de  autoridad  legal  para  dirimir  el  conflicto de  competencias  suscitado  entre  los  antiguos Juzgados 29 Superior y 95 de Orden  Público  de  esta  ciudad  capital,  por  alegarse que se trataba de homicidios  perpetrados con fines terroristas, expresó en lo pertinente:   

         “Así  las  cosas,  resulta forzoso admitir que no habiendo tenido  existencia  jurídica,  antes  de los homicidios perpetrados en 1.986, el delito  que,  definido con sus caracteres especiales, por el decreto 180 de 1.988,   se  sujetó  a  la  competencia  de  la  Jurisdicción  Especial, no se vé  razón   valedera  alguna  para  que,  por  virtud  de  la semejanza de las  características  de los hechos punibles que ocurrieron en 1.986, con las que se  establecieron  en  el  decreto  en mención para  identificar el “homicidio  con  fines terroristas”, habiéndose reiterado como delito de conocimiento de la  jurisdicción   de  Orden  Público  en los decretos 2790 de 1.990 y 099 de  1.991,  se  pretenda aducir que la Jurisdicción que ha venido conociendo de los  homicidios  recaídos  en  los  doctores Hernando Baquero Borda y Guillermo Cano  Isaza  ha  resultado   privada  del  conocimiento  en  razón  de que en el  Parágrafo  del  artículo  primero del decreto 2790 de 1.990 se dispuso que “la  competencia   de   los   Jueces   de  Orden  Público  comprenderá  además  el  conocimiento  de  las   actuaciones  y  procesos  en  curso  por los hechos  punibles  atribuídos  a  ellos  en  este artículo”, como son, entre otros, los  constitutivos  del   “homicidio con fines terroristas”, “cualquiera que sea  la   época  en  que   hayan  sido  cometidos…”   esos  delitos  (de  homicidio   con   fines   terroristas  y  los  demás  que  se  adscribieron  al  conocimiento de la  Jurisdicción Especial).   

        Y  no se considera acertada la tesis de la pérdida de competencia  de  la  Jurisdicción ordinaria porque, conforme a la imposición constitucional  (artículo  26)  y  legal  (artículo  43,  ley 153 de 1.887), como se vió, las  normas  que  señalan  los delitos materia de juzgamiento, deben preexistir  a  los  actos  que se imputen como tales para que resulte jurídicamente posible  su  juzgamiento  y  penalización  por  el  competente,  de  tal  manera  que la  expresión:  “cualquiera  que  sea  la  época en que se haya cometido…”, debe  entenderse  referida  a  la   subsiguiente a la creación del tipo penal de  que  se  trate;  para  el  caso,  el  de “homicidio con fines terroristas”. Ello  resulta  evidente  puesto que mal pudo haberse incurrido, en época distinta, en  un  delito  no creado por la ley (como homicidio con fines terroristas). Al  efecto  reitera  este  Tribunal  que  conforme   emana del artículo 26 del  Código  Superior,  sólo  podrá  haber  juzgamiento con fundamento en ley que,  señalando  el  delito  que  dé  lugar al mismo, sea anterior (preexistente) al  hecho  que  lo constituya lo cual, sin que pueda remitirse a duda, no se cumple,  en  cuanto  al  delito  de homicidio con fines terroristas que  describe el  articulo  29  del decreto 180 de 1.988, modificado por el 261 del mismo año, en  el    caso    de   los   homicidios   que   se   investigan   en   la   presente  oportunidad.”.   

Este  mismo  criterio fue ratificado por el  Tribunal  Disciplinario  en  providencia  de  24  de julio de 1991 al dirimir un  conflicto  de  competencias  de  similares  características, surgido dentro del  proceso  por  la  muerte  violenta  del Ministro de Justicia doctor Rodrigo Lara  Bonilla, ocurrida el 30 de abril de 1984.   

Puede     recordarse     que    esta  corporación     ha    expresado   que   “…Convertida   en   ley   de  proceso  la  asignación  de  competencia    en     un    conflicto    de   jurisdicción,   todos  los jueces que con posterioridad  a     ella     intervengan     en    él,    deben  respetarla,   sujetándose   a  ella,  salvo  que  surjan  nuevos  hechos  que la modifiquen.  Es  el presupuesto  de orden y de seriedad que garantiza el  Estado  a  sus asociados,  y la pauta de la organización jerárquica de la  autoridad  jurisdiccional que marca el mantenimiento en su prevalencia…” (M.P.  Jaime Giraldo Angel, Sent. noviembre 22 de 1988).   

Consecuente con los planteamientos esbozados  por  la  autoridad  competente  para  definir con fuerza vinculante el conflicto  desatado,  estima  la  Sala  que no existiendo ley pre-existente que definiera o  tipificara  la figura del homicidio perpetrado en sujeto pasivo calificado y por  razón  de  su  investidura, cuya competencia fue asignada a los Jueces de Orden  Público,  la jurisdicción penal ordinaria representada por el Juzgado 73 Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad  es  la  llamada a conocer del presente proceso,  apreciación   que   no  constituye  variación  del  criterio  plasmado  en  la  providencia  que  definió la controversia trabada, sino lógica consecuencia de  la misma, convertida en ley del proceso.   

Además, no es del caso dar aplicación a lo  dispuesto    por  el  artículo  5�   transitorio   del   C.   de   P.P.,   que  permite  retener  la  competencia   del  Regional, por cuanto la razón  que la asignó, que  fue  el  “sometimiento”  de  uno  de  los  procesados, desapareció  con la  extinción  de la acción penal  a raíz de su muerte.   

De   otra   parte   se  observa  que  las  resoluciones  de  acusación  fueron  proferidas, en un caso  (agosto 3/87)  por  los  delitos   de homicidio (“Libro II, T. XIII, C.I, C.P.”), lesiones  personales,  daño  en  bien ajeno y favorecimiento, y en el otro (agosto 23/88)  por   homicidio,   sin  incluir  referencia  alguna  a  fines  terroristas  o  a  circunstancias  calificadoras  por  la calidad de los sujetos pasivos, que no se  encontraban  para  entonces  previstas  y  que  serían  las  que  eventualmente  habrían sustentado la competencia del Juez Regional.   

Las  anteriores  consideraciones conducen a  dirimir  el conflicto de competencias planteado en favor del Juzgado Regional de  Medellín,  por lo cual el conocimiento de los procesos acumulados retornará al  Juzgado  73  Penal  del  Circuito  de  Bogotá (antiguo 29 Superior), a donde se  remitirá  el  expediente inmediatamente, informando de ello al Juzgado Regional  de Medellín.   

Por  último, por el aplazamiento que en el  trámite  del  presente  asunto  se  ha  suscitado  y  frente a las dificultades  generadas  a  la  credibilidad  en  las  instituciones,  a los familiares de los  inmolados,  a  la  sociedad y a los mismos procesados, como ponen de presente la  defensora  de  Víctor Miguel Vásquez Pérez y Pablo Enrique Zamora Rodriguez y  los  allegados  al  procesado  Jorge Argiro Tobón, en escritos dirigidos a esta  corporación,  la  Corte se permite recomendar que lo que resta del proceso siga  siendo desarrollado con acuciosidad, impavidez y buen juicio.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

        R E S U E L V E:   

DIRIMIR  la  colisión  negativa  de  competencias  planteada,  en  el  sentido de asignar el  conocimiento  de  este  proceso (causas acumuladas por homicidio de los doctores  Hernando  Baquero Borda y otros, y Guillermo Cano Isaza) al Juzgado 73 Penal del  Circuito  de  Santa  Fe  de  Bogotá,  a  donde  se  remitirá  de  inmediato el  expediente  para  propiciar  su  pronto fallo, informando de lo decidido al Juez  Regional de Medellín que provocó el incidente.   

        Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

NILSON    PINILLA   PINILLA                                        RICARDO CALVETE RANGEL   

GUILLERMO    DUQUE    RUIZ                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

                                                                             Salvamento de Voto   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        EDGAR SAAVEDRA ROJAS   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA             JORGE  ENRIQUE VALENCIA M.   

        CARLOS A. GORDILLO LOMBANA   

        Secretario   

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Proceso   No.   10117   Salvamento   de  Voto   

        SALVAMENTO DE VOTO   

                   Propuse a  la  Sala,  pero  no  encontré  finalmente  eco  en ello, que éste conflicto se  resolviera  atribuyendo  la  competencia a los Jueces Regionales de Bogotá, con  fundamento  en  lo  dispuesto  por el artículo 9o. de la Ley 81 de 1993 pues no  hay   duda   de   que  se  trata  de  homicidios  cometidos  con  propósito  de  desestabilizar  el  orden  público creando zozobra (ánimo terrorista) y en las  personas  de  un  Magistrado  y  un  Periodista, situaciones éstas contempladas  tanto  en  las  figuras previstas por el Decreto 2266 de 1991 como en el numeral  8o.  del artículo 324 del C. Penal, tal como quedó modificado por la ley 40 de  1993.   

                     Tampoco  hay  duda de que la mayor parte de las disposiciones que sirvieron de fundamento  al   Tribunal   Disciplinario,   para  en  estado  procesal  anterior  fijar  la  competencia  en cabeza de un Juzgado Superior, en éste momento no existen. Y de  que  tanto  las  normas  que  fijaron  la  competencia  de los Jueces Regionales  durante  el  viejo  Estado  de  Sitio,  como  las  que  se incorporaron al orden  jurídico  como  legislación  permanente  por  no  haber sido improbadas por la  Comisión  Especial Legislativa, como también las que ahora en la misma materia  distribuyeron  el  conocimiento  de los asuntos entre las distintas autoridades,  pese  a su vocación para entrar a regir inmediatamente y aplicarse a cuestiones  o  hechos  sucedidos aún antes de su expedición, fueron objeto de declaratoria  de  inconstitucionalidad  o  de declaratoria de aplicación condicionada. Que el  punto  fué claro para la autoridad encargada del control de constitucionalidad,  lo  ponen  de  presente  tanto  la  sentencia que declaró exequible en su mayor  parte  el  decreto  2790  de  1990  como  los múltiples salvamentos de voto que  protestaron  contra  el  contenido  del  artículo  9o.  de dicho estatuto, cuyo  artículo 9o. señalaba en su parágrafo:   

        “La  competencia  de  los  jueces  de  orden público comprenderá  además  el  conocimiento  de las actuaciones y procesos en curso por los hechos  punibles  atribuídos a ellos en este artículo, cualquiera que sea la época en  que  hayan  sido  cometidos  y  a  sus delitos conexos, conservándose la unidad  procesal  en el evento de que se extienda a otras jurisdicciones, con excepción  de  la  de menores, así como de los casos de fuero constitucional. En todo caso  la  ley  sustancial favorable, o la procesal de efectos sustanciales de la misma  índole, tendrá prelación sobre la desfavorable”.   

                   Aunque el  fallo  de  constitucionalidad que acá se invoca lleva fecha de abril 11 de 1991  y  la  decisión  del  Tribunal  Disciplinario  es brevemente posterior (data de  abril  24),  tanto  por  el  contenido  de ésta última como por la cantidad de  salvamentos  de  voto  que  separadamente se hicieron al primero, es de presumir  que  su  texto  no fué  conocido por dicho Tribunal y que desde la óptica  del  contenido  material  de ambas decisiones ellas resultan contradictorias. La  una  apoya  la  atribución  de  competencia  al Juzgado Superior so pretexto de  garantizar  la  incolumidad  de  una norma Constitucional que la otra predica no  haber  sido  violada.  Y  si  por  esa  vía  eran incompatibles, necesariamente  habría  de  privar,  en  su  aplicación, la decisión de la Corte Suprema como  Juez   de   Constitucionalidad.   (Cfr.  Gaceta  Tomo  CCIX  No.  2448  ps  7  y  ss).   

                   De manera  que  ahora,  con  el  argumento  de que la colisión ya había sido resuelta, la  Sala  Penal  de  la  Corte  hace prevalecer una “ley del proceso” sustentada por  interpretaciones  que la Corporación en pleno desestimó y por un entendimiento  de  la  Carta  que  ella  misma,  la  Corte en pleno, consideró equivocado. Eso  tampoco me parece lógico, jurídico o correcto.   

                         La  Jurisprudencia  que  de  esta Sala se cita en la decisión de la cual me aparto,  es  decir,  la  de Noviembre 22 de 1988, expresamente deja a salvo los evento en  que  surjan  nuevos  hechos que modifiquen la asignación de competencias que en  una  colisión  haga la autoridad llamada a resolverla. La pregunta es si no son  nuevos   hechos   los   siguientes:   el   proferimiento  de  una  sentencia  de  constitucionalidad  que declara compatible con la Carta el texto de la norma que  una   autoridad  se  resiste  a  aplicar  so  pretexto  de  inexequibilidad;  el  advenimiento  de  una  nueva  Constitución;  el  reemplazo total del Código de  Procedimiento   vigente   para   ese  entonces;  la  incorporación  de  aquella  jurisdicción  especial  (y  no  ad hoc) a la ordinaria; y la redistribución de  competencias  en  toda  la  administración  de  justicia. Si esos no son hechos  nuevos,   entonces   cuáles  son  las  circunstancias  que  pueden  generar  el  cambio?.   

                     Por lo  demás,  sabido  es  que  los  conflictos  de competencia (o colisiones como las  llama  el  C.P.P.)  se están resolviendo por la Sala, a diario, con base en las  normas  actualmente  vigentes, y que ésta se resolvió finalmente, con apoyo en  disposiciones  distintas.  Ello multiplicará los conflictos, las nulidades y la  incertidumbre,  pues  que  en  últimas, en las instancias, nadie sabrá cuáles  son  las  reglas  de competencia finalmente aplicables, cuándo una decisión se  convierte  en  “ley del proceso” y cuando sobrevienen hechos nuevos que podrían  llevar a considerar modificadas algunas decisiones sobre el tema.   

                     Para el  suscrito,  en  consecuencia,  estos  procesos eran de competencia de la Justicia  Regional.  Lo  eran  y  lo  son porque se trataba de la clase de procesos que el  legislador  quiso  sustraer  de  la  justicia  ordinaria en un principio y de la  justicia  no  Regional  después.  Lo  son  porque así lo prescribe la norma de  competencia   del  actual  Código  de  Procedimiento  y  porque  no  estuvieron  sometidos  a  régimen de tránsito en materia de competencias. Lo son porque la  ley  dispone  que ella entrará inmediatamente en vigencia y ni lo que tiene que  ver  con  la competencia, ni lo que tiene que ver con el rito propiamente dicho,  se  aplica  ultractivamente  a no ser que la propia ley así lo prevea. Y lo son  porque,  independientemente  de  que  al  aplicar la ley sustancial se tenga que  considerar  que  el elemento terrorista o la calidad de las víctimas no generan  agravantes  específicas,  ni  conducen  a  variar el tipo penal vigente para la  época  de  los  hechos,  nadie  puede  poner  en duda que en estos dos procesos  unificados  se  juzga la muerte de un Magistrado de la Corte Suprema de Justicia  y  de un Periodista con el incontrovertible propósito de crear zozobra y terror  en  la  población  y  de  cobrar  con  sus  vidas  el  limpio  ejercicio de sus  funciones.   

Con el debido repeto,  

        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

     

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