10096 (14-02-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    EMBARGO   Y  SECUESTRO  PREVENTIVO/  PERJUICIOS/     PARTE  CIVIL   

Es   disposición  legal  ordenar  “en  la  providencia   en   la   que   se   imponga   medida   de  aseguramiento,  o  con  posterioridad…  el  embargo  y secuestro preventivo de los bienes de propiedad  del  sindicado  …”(art.52  C.  de  P.P.),medida  natural  y  finalísticamente  dirigida  a  garantizar  el  eventual pago de los perjuicios que se hayan podido  ocasionar  con el hecho punible, del cual se “origina obligación de reparar los  daños  materiales y morales que de él provengan.” (arts. 250.1 C.N., 2341 C.C.  y 103 y Ss.C.P.).   

En   punto   de   la   determinación   e  identificación  de  los bienes, es también claro que “…la parte civil podrá  denunciarlos  en  cualquier  momento  y  el  funcionario decretará su embargo y  secuestro  en  la medida que considere necesaria, previa prestación de caución  …”(art.   52  C.  de  P.P:,  en  concordancia  con  los  artículos  44  y  48  ibídem).                  

Proceso No. 10096  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr.  NILSON  PINILLA  PINILLA      

                                                    Aprobado Acta No. 21   

Santafé  de  Bogotá, D.C., catorce (14) de  febrero de mil novecientos noventa y seis (1996).   

          V I S T O S   

El   Tribunal   Superior  de  Distrito  de  Montería,  luego  de  diversas  solicitudes  presentadas por la parte civil, se  abstuvo  de  decretar el embargo preventivo de bienes muebles no suficientemente  especificados  y  de la 5a. parte del salario devengado   por  el  doctor   OSCAR  PAEZ  CASTRO,  procesado,  quien  aparece  como  Juez  Promiscuo  Municipal  de  San  Antero.  Contra  esta  decisión  presentó  y  sustentó el  peticionario  recurso  de  apelación, que concedido en oportunidad generó esta  alzada,   la   cual   se   procede   a   resolver  previas  las  consideraciones  siguientes:   

          I.- LA ACTUACION PROCESAL:   

1.-  El  doctor  GUILLERMO  GERMAN  ESPINOSA  HAEKERMANN,  en  su  condición de abogado defensor de FILADELFO PEREZ y MARIANO  QUIÑONEZ,  inculpados  del  punible de hurto de ganado mayor, presentó escrito  de  recusación  contra  el  doctor  OSCAR GUILLERMO PAEZ CASTRO, por esa época  (1988,  1989)  Juez Promiscuo Municipal de Ayapel (Córdoba), alegando enemistad  entre  los  dos,  petición  que  en  primigenia  oportunidad fué desestimada y  mantenida por el superior (f. 7 cdno.1°).   

Sin embargo el abogado insistió ante el Juez  con  similar  pretensión,  que nuevamente  declaró infundada, sancionando  en  el  mismo  auto al abogado recusante con  equivalente al valor de   diez  salarios  mínimos  legales  mensuales,  hecho  que  le fué imputado como  conducta  prevaricadora  que  a  la sazón determinó la apertura de proceso, su  vinculación   injurada,  el  pronunciamiento  de  medida  de  aseguramiento  de  detención   preventiva   con   beneficio  de  excarcelación  caucionada  y  la  formulación  de cargos por la Fiscalía delegada ante el Tribunal de Montería,  a  título  de autor responsable de prevaricato por acción según los términos  previstos   por   el  art.  149  del  C.P.  (Fs.  156,  166,  184  y  217  cdno.  1°).   

Importante  anotar  en éste acápite, que a  nombre  del  doctor Espinosa Haekermann se depositó el 30 de septiembre de 1993  la  suma  de  $415.136  en  la  cuenta  corriente número 070020101-5 de la Caja  Agraria,   a   favor  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  (F.  51  cdno.  2°).   

2.- En trámite el juicio ante la Sala Penal  del  Tribunal  de  Montería,  la  parte  civil  debidamente  constituída en el  sumario   (F.175  cdno.  1°),  elevó  ante  el  magistrado  ponente  sucesivas  peticiones   (Fs.   29,   35,  38,  52,  69  y  72  cdno.  2°),  reclamando  el  pronunciamiento  de  medidas  cautelares  contra bienes muebles de propiedad del  juez  inculpado  y  la  5a.  parte del sueldo devengado por OSCAR GUILLERMO PAEZ  CASTRO,  como  Juez Promiscuo Municipal de San Antero, constituyéndose en causa  del  recurso  que nos ocupa la decisión de no acceder a lo solicitado, de fecha  octubre 18 de 1994 (Fs. 74 Ss., cdno. 2°).   

          II.-        LA        DECISION       DEL       TRIBUNAL:   

Bajo  la consideración de que no se produjo  daño  al  acervo  patrimonial  del  abogado  afectado con la decisión del juez  acusado  formalmente por el punible de prevaricato por acción, en virtud de que  el  monto  total  de  la  multa que se dice fue irregularmente impuesta, no fué  pagado  por  aquél  sino al parecer por el propio doctor Oscar Páez Castro (f.  28,  59, 75 y Ss. cdno. 2°), la mayoría  de la Sala de decisión rechazó  el decreto de la medida impetrada por la parte civil.   

Y en relación con el daño moral o afectivo  que  también  constituyó  fundamento  de  la  petición de embargo, cimenta la  negación de la manera siguiente:   

         “…  No basta pues, para efectos de darlos por acreditados, que se  haya  proferido  la  providencia a través de la cual presuntamente el procesado  PAEZ  CASTRO  quedó incurso en el delito de Prevaricato. Es necesario el aporte  de  pruebas  demostrativas  de  la congoja sentimental, la aflicción y el dolor  interno  que  hubiere padecido la víctima a consecuencia del comportamiento del  procesado   para   que   se   pueda   considerar  la  existencia  de  perjuicios  morales.”  (F.77 cdno. 2°).   

Decisión mayoritaria de la cual disiente uno  de  los  magistrados  (conjuez), advirtiendo que la declaración de existencia o  no   del   daño  civil  corresponde  tomarla  en  la  sentencia,  y  no  en  el  momento    procesal  en  que  se  hizo,  cuando  solamente   competía  pronunciarse  sobre  la  medida  cautelar  encaminada  al  aseguramiento  de  un  hipotético  perjuicio  derivado  del  delito,  que  para  el caso señaló como  supuestamente  moral  objetivado, en virtud de que afectaba la buena reputación  del   abogado.   Señala   además  que  un  pronunciamiento  de  tal  magnitud,  determinaría  la  exclusión  de  la parte civil, por supresión de su interés  jurídico procesal.   

         III.    ARGUMENTOS    DE    LOS    SUJETOS   PROCESALES:   

1.- Quien figura como agraviado, constituído  en  parte  civil, sustenta el recurso en el criterio general de que “todo delito  hipotéticamente”  produce  daño y que afirmar en el estado que se encuentra el  proceso,   que   tal   daño   no   existió,   es   “absolver   antes   de   la  sentencia”.   

2.- El abogado defensor del juez PAEZ CASTRO,  en  el  traslado  a  los  no recurrentes, presentó escrito reclamando que no se  conceda    la    apelación    por   “falta   de   sustentación   frontal”   y,  subsidiariamente,   que  la medida impetrada se “difiera para el momento de  dictar  sentencia”, aduciendo en apoyo lo dispuesto por el art. 454 del C. de P.  P.,   por  no  tratarse  de situaciones relacionadas “con la libertad,  detención del procesado ni mucho menos con práctica de pruebas”.   

        IV.- CONSIDERACIONES DE LA CORTE:   

En  primer orden, dígase que el escrito de  interposición   del  recurso de apelación, aun cuando breve, contiene los  supuestos   teóricos  fundamentales    de  la  inconformidad  con  el  interlocutorio  impugnado,  pues  son precisamente esos breves razonamientos, el  punto  basilar  de  oposición  entre  lo  dispuesto por la sala mayoritaria del  tribunal  a-quo  y  el  sujeto procesal que pugna contra la misma, sin que pueda  inferirse   el   desamparo   o  la  orfandad  de  argumentos  predicado  por  su  contradictor, para edificar la deserción.   

En  lo  segundo,  que  hace relación a las  “Decisiones  diferidas”  frente  a “peticiones hechas por las partes en el curso  del  juicio”,  según  lo  previsto por el artículo 454 del C. de P. P., con la  salvedad  de  la  libertad, la detención o la práctica de pruebas, conveniente  resulta  decir  que no solamente tales excepciones, por las mismas connotaciones  y  sus  efectos  procesales,  imponen decisiones con la celeridad que reclame su  surgimiento,  sino  además, todas aquéllas que a criterio del juez (“…podrá  diferir  …”,  dice  la  norma)  no deben posponerse “para el momento de dictar  sentencia”.   

Lo  general  es  la facultad potestativa de  diferir  algunas  actuaciones para tomarlas al momento de la sentencia; pero las  excepciones  mencionadas  imperativamente  no  son  las únicas viables, pues el  juez  “podrá”  tomar  otras cuando su buen criterio lo estime pertinente, entre  las  cuales  es  obvio tener en cuenta la petición  de  medidas   cautelares  presentada  en  oportunidad  -desde  que  se  profiera  la medida de  aseguramiento  (art.  52  C.  de P. P.)-  por la parte civil, careciendo de  prudencia  y  sentido aplazar una decisión cautelar o preventiva para cuando se  tenga  la  plena  demostración  de los perjuicios irrogados, pues al alcanzarse  ese  nivel probatorio, exigible únicamente para la sentencia, ya los bienes que  servirían    de    garantía    a    la    indemnización    podrían   haberse  esfumado.   

Es  disposición  legal ordenar “en la  providencia   en   la   que   se   imponga   medida   de  aseguramiento,  o  con  posterioridad…  el  embargo  y secuestro preventivo de los bienes de propiedad  del  sindicado…  ”  (art.  52  C.de  P.P.), medida natural y finalísticamente  dirigida  a  garantizar  el  eventual pago de los perjuicios que se hayan podido  ocasionar  con el hecho punible, del cual se “origina obligación de reparar los  daños  materiales y morales que de él provengan.” (arts. 250.1 C.N., 2341 C.C.  y 103 y Ss. C.P.).   

En   punto   de   la   determinación   e  identificación  de  los bienes, es también claro que “…la parte civil podrá  denunciarlos  en  cualquier  momento  y  el  funcionario decretará su embargo y  secuestro   en   la  medida  que  considere  necesaria,  previa  prestación  de  caución…”  (art.  52  C.  de  P.  P.,  en  concordancia con los arts. 44 y 48  ibídem).   

Resultaba  entonces  imperativo  para  el  Tribunal  resolver  la  pretensión de la parte civil, porque así lo dispone el  mandato  legal  que  no  hace distinción ni exclusión alguna sobre la clase de  delito,  siempre  que  sea  fuente  generadora  de  perjuicios  y,  por ende, de  obligaciones   civiles,   ni   autoriza  hacerla  al  funcionario  por  vía  de  interpretación,  sin  que  resulte  válido señalar que, al momento de decidir  acerca  de  las medidas cautelares, se carezca de certeza sobre la realidad y el  monto  de  los  posibles  perjuicios, la existencia misma del hecho punible y la  responsabilidad  del  sindicado, pues ésto sí ha de resolverse en la sentencia  y  para  decretar  aquéllos  es  suficiente  con  haberse  proferido  medida de  aseguramiento y que ésta se halle vigente.   

Son por esencia, tal como se les denomina en  el  procedimiento  civil,  de  donde  surge su naturaleza, “medidas cautelares”,  solamente  encaminadas  al  aseguramiento  del  pago  eventual  que  resulte del  hipotético  pronunciamiento  de  una  sentencia  de  condena,  que por supuesto  quedarán  sin  vigor  en  caso de absolución, garantizados con la caución los  perjuicios que pudieren causarse.   

De  otro  lado, se observa por la Corte que  para  decretar  las  medidas  cautelares  solicitadas  por  la  parte  civil, es  requisito  exigido  por  la  ley  la  prestación  previa  de  una caución para  garantizar  los  perjuicios  que  tales  medidas precautorias pudiesen ocasionar  (art.  52,  inc.  3o.  C.P.P.), requisito éste que no aparece satisfecho por el  peticionario,  aunque  exprese  “estoy  anexando  la  caución  de  ley” y luego  “anexo:  caución referenciada” (f. 29 c.o.2), pero no se encuentra tal anexo ni  constancia  de  su  recibo;  como tampoco podría cumplirse por él, como quiera  que  el  Tribunal  no  ha señalado  el  monto, ni la naturaleza de la  caución  aludida,  ni  fijado  el  plazo  en  que  debe  constituirse (art. 678  C.P.C.),  para  calificar luego su suficiencia y aceptarla o rechazarla conforme  a  lo  preceptuado  por  el  artículo  679  del Código de Procedimiento Civil,  decisiones  todas  éstas  susceptibles  del  recurso  de  apelación, según lo  dispuesto  por  el  artículo  680  del  mismo  Código, instancia que se haría  nugatoria si esta corporación hiciese la fijación.   

Así las cosas, la providencia impugnada, en  cuanto  denegó  el  decreto  de las medidas cautelares solicitadas por la parte  civil  en  este  proceso,  habrá  de  revocarse.  En su lugar se ordenará que,  previamente  a  la decisión de decretarlas, se dé cumplimiento por el Tribunal  a  lo  dispuesto por los artículos 52 del Código de Procedimiento Penal, 678 y  679 del Código de Procedimiento Civil.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

         

        R E S U E L V E   

Primero:  REVOCAR el auto objeto de  la  apelación,  proferido  por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Montería.   

Segundo:         Ordénase  al  Tribunal  mencionado dar trámite a la solicitud de  medidas  cautelares  solicitadas  por  la parte civil en este proceso, previo el  cumplimiento  de lo dispuesto por los artículos 52 del Código de Procedimiento  Penal, 678 y 679 del Código de Procedimiento Civil.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL        RICARDO  CALVETE  RANGEL                        

JORGE           CORDOBA  POVEDA             CARLOS   AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                    DIDIMO             PAEZ  VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *