21173(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21173  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 58  

          Bogotá,   D.  C.,  treinta  (30)  de  junio  del  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia del 28 de septiembre  del  2001, el Juzgado 5°. Penal del Circuito de Bogotá declaró a los señores  Jhon    Rosemberth    Baeza    Guerrero    y   Luis   Eduardo   Jiménez   Baeza  penalmente responsables, como coautores, del delito de  enriquecimiento  ilícito  de particulares. Les impuso las sanciones principales  de   60  meses  de  prisión  y  multa  de  $  1.000.240.000,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por igual lapso, les negó la  condena condicional y les concedió la prisión domiciliaria.   

          A  Jiménez Baeza  lo absolvió del cargo de cohecho por dar u ofrecer.   

          El  fallo  fue apelado por la defensora y ratificado por el Tribunal  Superior de la misma ciudad el 24 de octubre del 2002.   

          La  misma  apoderada  propuso  casación, que fue concedida. La Sala  resuelve,  una vez recibido el concepto de la Procuradora Segunda Delegada en lo  Penal.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  8:10  horas de la noche del 6 de octubre de  1999,  agentes  de  la  Policía  Nacional, con el fin de practicar una requisa,  ordenaron  parar  la  marcha  al  taxi de placas SFQ-167 que, con Carlos Alfonso  Díaz  Garzón  como conductor, y Luis Eduardo Jiménez  Baeza y Jhon Rosemberth Baeza  Guerrero  en  calidad  de pasajeros, transitaba por la  transversal  17  con  calle 121 de Bogotá. En el interior de un maletín fueron  encontrados dos paquetes que contenían 500.000 dólares.   

          El   informe   policivo   señala   que   el   señor   Jiménez  Baeza  dijo que las divisas eran  de  la  empresa “Copofrut Limitada” y que iban a ser utilizadas para comprar  otra.  Posteriormente se afirmó que esta persona ofreció a los agentes la suma  de 40.000 dólares.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         

          Adelantada  la  correspondiente  investigación,  el 28 de enero del  2000 se calificó el mérito de la investigación, así:   

          1.   Díaz  Garzón  fue  favorecido  con  preclusión.   

          2.    Baeza   Guerrero   y   Jiménez  Baeza  fueron  acusados  por  el  delito  de  enriquecimiento ilícito de particulares. Al último se le adicionó  el de cohecho por dar u ofrecer.   

          Luego fueron proferidas las sentencias ya mencionadas.   

LA DEMANDA  

          La      defensora      formuló     un  cargo  con base en la causal  tercera,  nulidad,  porque  se incurrió en dos de las  hipótesis  previstas en el artículo 306 del Código de Procedimiento Penal. Lo  desarrolló así:   

          1.   El   juez  del  circuito  no  tenía  competencia para dictar el fallo.   

                   De conformidad  con  el  artículo 71 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el 5°. de la Ley  504   de   1999,   a   los   jueces  especializados  correspondía  conocer  del  enriquecimiento      ilícito      cuando      la      cuantía     –como en el presente caso- superara los  50  salarios  mínimos  legales  mensuales.  Como el juzgamiento lo adelantó un  juez  del  circuito,  se  incurrió  en  el  motivo  de invalidación, porque se  irrespetó  el  principio  del  juez natural que, dentro del concepto del debido  proceso, protege el artículo 29 de la Constitución.   

                     Solicitó se  anule  el  trámite desde el momento siguiente a la ejecutoria de la resolución  de acusación.   

                   2.  Se  faltó  al  debido  proceso, por ausencia de motivación de la  sentencia de segunda instancia.   

                             El  Ad  quem, estando obligado,  prácticamente  no  dio  respuesta  a  ninguno  de los argumentos que la defensa  propuso al impugnar la providencia del juez.   

          En  efecto,  no  contestó  los análisis sobre la ausencia de dolo,  sobre  los  principios  de legalidad y tipicidad, sobre el ingrediente normativo  -actividades  delictivas-  que  se  sustentó con una jurisprudencia de la Corte  Constitucional,   sobre   la   tenencia   del   dinero   y   sobre   los  hechos  notorios.   

          Pidió   se   anule  el  fallo  y  se  devuelva  el  proceso  a  esa  Corporación para que lo emita en forma motivada.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

          El  Fiscal  Delegado,  para solicitar se desestimen las pretensiones  de la demanda, expuso:   

          1. En la primera censura, indebidamente se  mezclaron    reparos    propios    de    la    causal    primera    –la forma como se aplicó el tipo penal  del     enriquecimiento    ilícito-    y    de    la    tercera    –nulidad               por  incompetencia-.   

          2.   La  defensora  se  equivocó  en  el  análisis  del delito, porque no es cierto que la “actividad delictiva” deba  estar  declarada  mediante  sentencia.  Esa conducta puede ser cualquiera y  debe ser probada al interior del proceso.   

          3.  La demandante entendió erradamente un  fallo  de  la  Corte  Constitucional  –C-319  de  1996-,  pues  en esta decisión ese Tribunal corrigió un  argumento  previo  suyo que interpretaba la necesidad de sentencia que declarara  la  “actividad delictiva”, para concluir que esa exigencia no existía y que  el  comportamiento  debía  ser  demostrado por el juez con los medios de prueba  legales.   

          4.  Cuando  se  profirió  la sentencia de  primera  instancia,  el  juzgado  del circuito tenía competencia de conformidad  con  los artículos 77, 81 y 5°. transitorio del Código de Procedimiento Penal  vigente  –del 2000-, y no  el   citado   por   la  casacionista  –de  1991-. Aquellas normas adjudicaban ese conocimiento a los jueces  especializados  si se cumplían dos exigencias: a) que el incremento patrimonial  fuera  superior  a 50 salarios mínimos mensuales, y, b) que su fuente fuese una  de las actividades allí descritas.   

          Como  la  última  circunstancia no se probó, el conocimiento pasó  al funcionario del circuito.   

          5.  En  la  segunda censura, igualmente se  juntaron  reproches  relativos  a  la  nulidad  por  ausencia de motivación del  fallo,  a  la  violación  directa  de las normas que definen el enriquecimiento  ilícito y la tenencia, y al proceso de valoración probatoria.   

          6.  Las  dos sentencias, que conforman una  unidad,   presentaron   en   forma   razonada  los  hechos,  las  pruebas  y  la  responsabilidad,   es   decir,   constituyen   respuestas   a   los   argumentos  defensivos.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          La  Señora  Procuradora  Segunda  Delegada  recomendó  no casar la  sentencia, con base en los siguientes argumentos:   

          1.  Los  artículos  71  del  Código  de  Procedimiento  Penal  derogado,  modificado  por el 5° de la Ley 504 de 1999, y  5.14   transitorio   del   vigente   –Ley   600   del   2000-   exigen   dos   condiciones   para  que  el  enriquecimiento  ilícito  sea conocido por los jueces especializados: a) que la  cuantía  exceda  de  50  salarios  mínimos mensuales; y, b), que el incremento  tenga  su  origen  en  una  de  las  actividades  delictivas  allí  señaladas.   

          Como  el  último  presupuesto no concurre en evento, la competencia  se desplaza al juez del circuito.   

          Los  antecedentes  de las disposiciones muestran que el interés del  legislador  fue  el de asignar a los funcionarios especializados el conocimiento  del  delito  de enriquecimiento ilícito, tanto en atención a la cuantía, como  en  atención  a  la  derivación de ese injusto de determinados comportamientos  injurídicos.   

          2.  Los  argumentos  de las dos sentencias  brindaron respuesta suficiente a las disquisiciones de la defensa.   

          En  algunos  supuestos, lo formulado por la demandante como “falta  de  motivación” no es más que su ánimo de hacer oposición a las razones de  los jueces.   

          La  impugnante  transcribió  parte  de un fallo emanado de la Corte  Constitucional,   pero   lo   malentendió,  porque  allí  se  explica  que  la  “actividad  delictiva”  que  exige  el  enriquecimiento  ilícito  debe  ser  probada  por medio de elementos de convicción traídos y estimados por el juez,  y no con base en una sentencia previa que así lo declare.   

          La  apoderada  se  circunscribió  a colocar su particular análisis  del  asunto  de  frente  al  realizado  por  el  Tribunal.  Y,  además, la vía  casacional para hacerlo no era la nulidad, sino la causal primera.   

CONSIDERACIONES  

         

          La  Sala  no  casará  la sentencia, porque la Señora demandante no  tiene la razón. Véase:   

Sobre la competencia.  

         1.  El  Juez  5°  Penal  del  Circuito de  Bogotá  profirió  el  fallo  de  primera  instancia  el  28  de septiembre del  2001.   

         Para  ese entonces estaba en vigor el Código de Procedimiento Penal  del  año  2000  –Ley 600-.  El  numeral  14 de su artículo 5° transitorio asignó a los jueces penales del  circuito especializado el conocimiento de los delitos de   

         “Lavado  de  activos  (C.  P., arts. 323 y 324) y enriquecimiento  ilícito  de  particulares (C. P., art. 326) cuando el incremento patrimonial no  justificado  se  derive  en  una  u otra forma de las  actividades  delictivas  a  que  se  refiere  el  presente artículo,    cuya  cuantía  exceda  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales”  (Resalta la Sala).   

         2. Adviértase: si bien la casacionista se  equivocó  al  citar  como  norma  aplicable  el  artículo  71  del  Código de  Procedimiento  Penal  de  1991 -modificado por el artículo 5° de la Ley 504 de  1991-  porque  para  la fecha de la sentencia regía el nuevo estatuto procesal,  lo  cierto  es que esa disposición estaba redactada de la misma forma en que lo  está  su equivalente en la actualidad. Por consiguiente, las consecuencias para  el tema propuesto, en uno y otro caso, son idénticas.   

         3.  El texto de la disposición, como bien  lo  han  analizado  el fiscal no recurrente y el Ministerio Público, no permite  el  alcance que le otorga la demandante. En punto del denominado enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  la  norma supedita su conocimiento por parte de los  jueces  especializados  al cumplimiento de las dos exigencias, y no de una sola:  que  la  cuantía  del aumento patrimonial exceda el tope indicado. Pero   también,  que  la  fuente  de  la  riqueza   indebida   sea   una   de   las  actividades  delictivas  definidas  y  seleccionadas en los números 1 a 14 del artículo 5° transitorio.   

         Cuando  se  proceda  por una conducta que no cumpla alguna o las dos  exigencias,  se  aplica la regla general exceptiva del número 1-b del artículo  77  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es,  que compete a los jueces  penales del circuito conocer   

         “De  los  delitos  cuyo  juzgamiento  no  esté  atribuido a otra  autoridad”.   

         En  el  caso  examinado se demostró el enriquecimiento sin causa, e  igualmente  que  no  se  había  originado  en  uno o varios de los específicos  comportamientos  detallados  en el artículo 5° temporal mencionado. Por tanto,  los  funcionarios  y  las  partes  debían  ajustar  sus labores a aquella regla  genérica.  Consecuencia de ello, la competencia correspondía al juez penal del  circuito,  no  al  especializado,  con  independencia  del  monto  del numerario  poseído injustamente.   

         Con  este alcance, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  en  auto  del  2  de  julio  del  2002  (M. P. Jorge Córdoba Poveda,  radicado 19.362), concluyó:   

         “De  conformidad  con el numeral 14 del artículo 5º transitorio  del   código   de   procedimiento   penal,  los  jueces  penales  del  circuito  especializados  conocen  en  primera  instancia  de  los  delitos de ´Lavado de  activos  (C.  P, arts. 323 y 324) y enriquecimiento ilícito de particulares (C.  P.,  art. 326), cuando el incremento patrimonial no justificado se derive en una  u  otra  forma  de  las  actividades  delictivas  a  que  se refiere el presente  artículo,  cuya  cuantía  sea  o  exceda  de  cincuenta (50) salarios mínimos  mensuales legales´”.   

“Además  de  la  cuantía  del  delito,  factor  que  no  ponen  en  duda  los  jueces trabados en conflicto, la anterior  preceptiva  distribuye  la competencia del delito de enriquecimiento ilícito de  particulares  entre  los jueces penales del circuito especializados y ordinarios  atendiendo  al  origen  del  incremento patrimonial. Si éste se deriva de una u  otra  forma  de  las  actividades  delictivas contempladas en el mismo artículo  (secuestro  extorsivo,  fabricación  y  tráfico  de  municiones  o explosivos,  tráfico  de  estupefacientes,  etc.), la competencia radica en los primeros; de  lo  contrario,  si  proviene  de  cualquier  otra  actividad  delictiva, son los  segundos los llamados a asumir el conocimiento del proceso”.   

Sobre la ausencia de motivación  

de la sentencia.  

         1.   Las  determinaciones  de  primera  y  segunda  instancias  –se ha  dicho  ya-  conforman  una unidad inescindible en aquellos temas resueltos en el  mismo sentido y en puntos no controvertidos.   

         Con  base  en  tal  presupuesto,  es  fácil  entender  el yerro del  reproche   sustentado  en  la  ausencia  de  respuesta  a  los  estudios  de  la  defensa.   

         2.    En    relación   con   el   dolo,  nótese:   

         a)  El  artículo  21  del  Código  de  Penal,  bajo  el título de  “Modalidades de la conducta punible”, dice:   

         “La  conducta  es dolosa, culposa o preterintencional. La culpa y  la  preterintención sólo son punibles en los casos expresamente señalados por  la ley”.   

         Como   el   delito   de   enriquecimiento   ilícito   cometido  por  particulares   no   acepta  las  modalidades  culposa  y  preterintencional,  es  evidente,  entonces,  que  sólo  admite el comportamiento doloso. Dentro de ese  contexto,  si  los  autores  de  la  acusación  y  de los fallos arribaron a la  certeza       de      la      tipicidad      y      de      la      responsabilidad  de  los  procesados,  es  obvio  que  lo hicieron bajo el entendido de que habían obrado con conciencia y  voluntad.   

         b)  Específicamente,  la providencia de primera instancia acudió a  un  capítulo  –“DE  LA  RESPONSABILIDAD  DE  LOS  VINCULADOS”-  que  de  manera expresa y detallada se  pronunció  sobre  la  culpabilidad. Que no se citara gramaticalmente la palabra  “dolo”  resulta  intrascendente, como que los análisis construidos conducen  a su estructuración.   

         Varias   de   las   conclusiones   judiciales   despejan   cualquier  incertidumbre  sobre  el  punto. Por ejemplo: que Baeza  Guerrero  “debió  advertir”  el  transporte  del  maletín;  que  su  “intención” era reunirse con su primo; que mintió a la  justicia  “con  el  único  objetivo  de  desviar  la  investigación”  y de  “encubrir   el   verdadero   objeto  de  su  viaje”,  que  era  el   de  “adelantar  gestiones  ilegales,  con el objeto de colocar los dólares en los  Estados   Unidos”;  y  que  “es  indudable  que  esconde  una  realidad,  el  enriquecimiento  ilícito  que como particular conllevaba el tener en su poder y  el de su primo los USD$500.000”.   

         Otro    tanto    sucede    con   la   situación   de   Jiménez   Baeza,  pues  respecto  de  su  comportamiento  el juez A quo  se  pronunció  sobre  el  transporte  de  las  divisas  “en  condiciones  tan  soterradas,  tan  camufladas y escondidas”; sobre su propósito de desviar las  pesquisas  judiciales;  y  sobre  que  “la  posesión  del  dinero, reporta su  responsabilidad y compromiso delictivo”.   

         Si  “compromiso”  significa  convenio,  pacto,  acuerdo, ajuste,  transacción,  es  elemental  entender  que  también  equivale  a  intención y  voluntad, es decir, a dolo.   

         c)  El Tribunal tuvo en cuenta la premisa defensiva de la apelación  que   cuestionó  la  responsabilidad,  y  concluyó  que  esta  surgía  de  la  considerable  cantidad  de  dólares  que los procesados portaban en condiciones  tan  inseguras,  que el simple sentido común rechazaba. Y consideró este hecho  “de  suma  gravedad  y  precisamente  a  partir  de  él la responsabilidad de  los   capturados  se  fue  empeorando”,  como  sucedió  con  “la forma  evasiva  para  informar el origen y destino” del dinero, y con la posición de  Jiménez  Baeza de eludir el  interrogatorio de la indagatoria.   

         3.  No  es  cierto  que  el  Ad  quem  omitiera  el tema propuesto con  base  en  la  definición  que del tenedor hace el Código Civil.   

         La  Corporación  realizó  el  estudio  en detalle y estimó que la  propuesta  constituía un sofisma impulsado por el ánimo de “probar” que el  dinero no había ingresado al patrimonio de los procesados.   

         Para   contestar,   a   partir   de   la   definición   penal   del  enriquecimiento  injustificado, el juez colegiado dedujo que si el incremento se  podía  lograr  “para sí mismo” o “para un tercero”, era intrascendente  si  se tenía, se poseía o se ejercía dominio sobre los dólares. No obstante,  aún así, afirmó con certeza la “posesión” del bien.   

         Todo  lo  anterior  niega  la  razón a la dama demandante, pues, en  contra  de  su  queja,  el  Tribunal  sí  se  detuvo a espacio en el tema. Cosa  diferente    –que   no  constituye   error   judicial-   es   que   los   señores  jueces  –para   parafrasear   al   fiscal   no  recurrente-  no  se  hubieran ocupado, renglón por renglón, de cada uno de sus  argumentos.   

         4.  El  estudio  defensivo  centrado en la  negación  de  la  legalidad y de la tipicidad con fundamento en que el elemento  “actividad  delictiva”  exige  la  declaración  judicial previa  de la  ilicitud que da lugar al enriquecimiento, es errado.   

         En     primer     término,  la  sentencia  demandada  sí examinó el fenómeno jurídico. El  Ad quem dijo:   

         “Es   necesario   recordar   cómo   conforme   a   la   doctrina  jurisprudencial,   para   la   estructuración  de  esta  figura  delictual,  es  suficiente  demostrar el origen delictual sin que sea necesaria una sentencia de  condena por algún delito en particular”.   

         En  segundo lugar, la señora apoderada, a  pesar  de  transcribir textualmente una decisión de la Corte Constitucional, no  captó   exactamente   su   contenido.   Esa  sentencia  no  afirmó  que  fuera  imprescindible  un fallo en firme sobre la “actividad delictiva” presupuesto  del  enriquecimiento  ilícito.  Al  contrario, la Corte Constitucional recogió  una   frase   que   anteriormente  había  utilizado  en  otra  decisión,  para  establecer,   de   modo  definitivo  y  con  fuerza  de  cosa  juzgada,  que  la  “actividad  delictiva”  podía ser probada dentro del proceso adelantado por  el delito de enriquecimiento ilícito.   

         En  ese fallo, del 18 de julio de 1996 (C-319, M. P.  Vladimiro  Naranjo Mesa), expresó:   

         “Respecto    de    la    expresión  ´actividades delictivas´,  es  importante  anotar  que ésta corresponde a un ingrediente especial del tipo  de orden normativo…”.   

“Pero  además, el ingrediente normativo  que  contiene  el  enriquecimiento  ilícito  de particulares, según el cual el  incremento  patrimonial debe ser ´derivado, en una u otra forma, de actividades  delictivas´,  en  manera  alguna  debe  interpretarse en el sentido de que deba  provenir  de  un  sujeto  condenado previamente por el delito de narcotráfico o  cualquier  otro  delito.  No  fue  eso  lo pretendido por el legislador; si ello  hubiese  sido  así,  lo  hubiera  estipulado expresamente. Lo que pretendió el  legislador  fue  respetar el ámbito de competencia del juez, para que fuera él  quien  estableciera,  de  conformidad  con  los medios de prueba y frente a cada  caso  concreto, la ilicitud de la actividad y el grado de compromiso que tuviese  con la ley el sujeto activo del delito…”.   

“En  relación  con  el  enriquecimiento  ilícito  frente  a  particulares, en providencia de 14 de  junio de 1996-,  sostuvo    la    Sala    de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia:”   

“´El ingrediente normativo que contiene  el  tipo,  según  el  cual  el  incremento  patrimonial  debe  ser ‘derivado      de      actividades  delictivas’…  no puede  interpretarse  en  el  sentido de que debe provenir de una persona condenada por  ese  delito,  pues el legislador hizo la distinción refiriéndose únicamente a  la  ‘actividad’,  y dejando en manos del juzgador la  valoración  sobre  si  es  delictiva  o  no,  independientemente de que por ese  comportamiento   resulte   alguien   condenado.´(negrillas   fuera   de  texto)  (Resolución  acusatoria  aprobada  mediante  acta  No.  89 de junio 12 de 1996,  Magistrado Ponente, doctor Ricardo Calvete Rangel)´”.    

“Pero además, si en gracia de discusión  las     ´actividades     delictivas´  a  las  que se refiere la norma impugnada necesariamente debieran  estar  judicialmente  probadas  en  el  proceso penal, mediante la existencia de  condena…  proferida  en  sentencia  judicial  en  firme, se llegaría -como se  señaló  en  la providencia antes citada- al absurdo de considerar legítimo el  incremento  patrimonial injustificado de una persona, por haber tenido origen en  la  actividad delictiva de otra en cuyo favor se hubiere declarado la extinción  de  la  acción penal por muerte, o por prescripción, o por haberse probado una  causal  de  inculpabilidad.  De  esta  manera  sólo  se  podría  procesar  por  enriquecimiento  ilícito  a  quien  recibiera  dinero  después  de  la condena  ejecutoriada,  perdiendo  también eficacia jurídica figuras como la confesión  o   la   captura  en  flagrancia,  e  impidiendo  siquiera  iniciar  una  simple  investigación penal por enriquecimiento ilícito…”.   

“Por  ello, el delito de enriquecimiento  es  un delito especial y autónomo, pues describe un modelo de comportamiento al  que  puede  adecuarse  en  forma  directa o inmediata la conducta del actor, sin  necesidad  de  recurrir  a  otro  tipo penal ni a otro ordenamiento jurídico, y  menos  esperar  un  fallo  previo  de  otro  sujeto  por  otro delito. El objeto  jurídico  tutelado  en  el  enriquecimiento ilícito es de orden constitucional  -la  moral  pública-  y en manera alguna puede condicionarse su independencia a  la  ocurrencia  de  otro  comportamiento  delictivo  que  difiere  en  el objeto  jurídico  tutelado, como lo es, por ejemplo, el narcotráfico, donde otro es el  sujeto  activo. La ilicitud del comportamiento en el enriquecimiento ilícito de  particulares,  proviene pues de la conducta misma del sindicado de este delito y  no  de  la  condena  concreta que por otro delito se le haya impuesto a terceras  personas…”.   

        “Por  todas  las  anteriores  razones, la Corte se ve precisada a  reconsiderar  el planteamiento hecho en la parte motiva de la Sentencia C-127 de  1993,     en    el    sentido    de    que    ´la    expresión    ‘de   una  u  otra  forma’,    debe   entenderse    como  incremento  patrimonial  no  justificado, derivado de actividades delictivas, en  cualquier  forma que se presenten éstas. Las actividades delictivas deben estar  judicialmente  declaradas,  para no violar el debido proceso, y el artículo 248  de   la  Constitución  Política,  según  el  cual  únicamente  las  condenas  proferidas  en  sentencias  judiciales  en forma definitiva tienen la calidad de  antecedentes    penales    y    contravencionales    en   todos   los   órdenes  legales´”.   

         Agréguese:  la  jurisprudencia  de la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia ha sido uniforme, en el mismo sentido. Tanto, que la  sentencia  de la Corte Constitucional, para alcanzar la precisión advertida, se  fundamentó en una decisión de esta Corporación.   

         5.  La  actora  imputa  al  Tribunal  que  hubiera  cimentado  su  sentencia  en  la  teoría  del “hecho notorio”, con  fundamento  en  que  los  procesados  escogieran la carretera más peligrosa del  país  (vía Medellín-Bogotá) para transportar semejante cantidad de dólares,  y camuflados en la llanta de repuesto del vehículo.   

         Dígase:   

         Uno.  Si en verdad el Tribunal se hubiera  sustentado  en  la  teoría  del  hecho  notorio,  la  casacionista  no  habría  demostrado  que no se tratara de un hecho notorio. Y esta necesidad en casación  no  podía  ser  suplida con la transcripción que hiciera de sus “alegatos”  presentados en las instancias.   

         Dos. No es cierto que el Tribunal hubiera  soportado  su  fallo  en  tal  teoría.  Sí se refirió al tema pero desde otro  ángulo  y  en  otros  términos, como emana de sus propias palabras. Fíjese la  atención en estas afirmaciones:   

         “En  lógica  no  es  explicable  que  una persona transporte tal  cantidad  de  dinero  en  una  maleta,  por  la  calle  y  sin las más mínimas  seguridades.  En  consecuencia, este solo hecho se constituye en un indicio  de suma gravedad y precisamente  a    partir   de   él   la   responsabilidad   de   los   capturados   se   fue  empeorando” (destaca la Corte).   

         “Ya  se dijo cómo las explicaciones rendidas por los enjuiciados  carecen  hasta de simple sentido común, si se tiene en cuenta la suma de dinero  tan  grande  que  transportaban,  y  la  forma evasiva para informar el origen y  destino  de  la  misma.  Pretender  que  se  crea  que  una persona recibe de un  desconocido  mil  millones  de  pesos  en  efectivo, para que los traslade de un  lugar  a  otro  de  la  ciudad  y  sin  mínimas  seguridades; no solo carece de  sentido,   sino  que  es  suponer  que  los  funcionarios  adolecen  de  sanidad  mental”.   

         “Inadmisible  igualmente resulta la forma de traslado del dinero:  de  Medellín  a  Bogotá  en una llanta de repuesto de un antiguo vehículo; es  decir  por  la carretera más peligrosa del país (es un hecho notorio), y luego  en   Bogotá,   de  un  sitio  para  el  otro  tomando  taxis,  bajo  todas  las  contingencias   que   ello   implica   y   literalmente   ´con  una  maleta  de  dólares´”.   

        El  Tribunal,  entonces,  no  apoyó  su decisión en la teoría del  “hecho  notorio”.  No. Entre otras cosas, concibió las explicaciones de los  procesados  y  las  circunstancias  demostradas como inaceptables, como fuera de  toda  lógica, como lejanas del sentido común. Y de allí desprendió indicios.  Sí      habló      del      “hecho      notorio”     pero     exclusivamente    para   reafirmar   la  ilogicidad    del    hecho    de   trasladarse   por   una   vía   –Medellín a Bogotá- que en su momento  evidentemente  era  sumamente  riesgosa  y,  más, portando una gran cantidad de  dinero.   

         Tres.   Y   dígase  finalmente  que  el  Ad  quem  no  inventó  ni  supuso  las  circunstancias que recuerda. Basta mirar el expediente para roborar  que en efecto existieron.   

         En  resumen,  no se puede estructurar un cargo en casación con base  en  algo  que  no  ha existido en la pluma del juzgador. Dicho de otra forma: la  casacionista  parte  de  algo  que  no  obra en la decisión judicial, es decir,  optó   por   paralogizar   o  de  persuadir  con  frases  y  razones  solamente  aparentes.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         No       casar      la      sentencia  impugnada.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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