20710(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20710  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 58  

         

Bogotá D. C., junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  GERARDO   HUMBERTO   RAMÍREZ   MOSQUERA,  contra  la sentencia del Tribunal Superior de Medellín, de fecha  octubre  25  de 2002, por cuyo medio modificó la pena de veinticinco (25) años  de  prisión  que  le  había  impuesto  el  Juzgado  1º  Penal del Circuito de  Itagüí,  por  su  responsabilidad  penal  en  el  delito  de  homicidio de que  resultó   víctima   Luis   Albeiro   Ospina  Ríos,  para  dejarla  en  un  total  de trece (13) años y en  igual  proporción la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   hechos   que  originaron  la  presente  investigación  fueron  declarados por el Tribunal de la siguiente manera:   

“Se extracta de la  foliatura  que  el  07  de  octubre  del  año  inmediatamente  anterior, siendo  aproximadamente  las  dos y media de la mañana, en el sector aledaño al parque  de  la ‘Locería’,     concretamente     frente    al  establecimiento      público      (sic)      conocido     como     ‘Ricuras   de   la   Abuela’,    comprensión   territorial   del  municipio  de  Caldas,  perdió  la  vida el señor Luis Albeiro Ospina Ríos, a  manos  de  un  desconocido,  que  posteriormente  fue  capturado  gracias  a  la  información  que  suministrara  el  joven  Juan  David  Tangarife  Restrepo, un  indigente  del  sector,  quien  señaló  al agresor como un individuo de camisa  amarilla,  quien  a  la  postre resultó ser el señor Gerardo Humberto Ramírez  Mosquera,  agente de la policía nacional, a quien le fue incautado un revólver  marca  Llama,  modelo  Martial,  calibre  32  Especial;  arma que conforme a los  experticios  (sic)  técnicos  efectuados  por  el  laboratorio  forense  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación, Seccional Medellín fue la que disparó los  proyectiles     que     causaron     el     deceso     del     señor     Ospina  Ríos”.                     

          La  Fiscalía  Seccional del municipio de Caldas declaró abierta la  investigación,  en  cuyo  marco,  el  16  de  octubre de 2001, dictó medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad provisional  contra  GERARDO HUMBERTO RAMÍREZ MOSQUERA,   como   presunto  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio agravado, por la indefensión de la víctima.   

Clausurada  la instrucción, el 6 de febrero  del  2002,  profirió  resolución  de acusación en contra del sindicado, en su  condición   de   presunto   autor   del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento,  la  cual  modificó  posteriormente  un  Fiscal Delegado ante el  Tribunal  Superior  de Antioquia, mediante resolución del 24 de abril del mismo  año, para calificar el hecho como un homicidio simple.   

La   etapa  de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  1º  Penal  del Circuito de Itagüí, que al encontrar  responsable  al procesado del delito objeto de acusación, lo condenó a la pena  ya  señalada,  esto  es,  a  la  de  veinticinco (25) años de prisión, que el  Tribunal  Superior  de Medellín al desatar el recurso de apelación interpuesto  por   la   defensa,   modificó   en  la  forma  señalada  en  el  exordio de esta providencia.   

El fallo del ad quem  fue  objeto del recurso de casación que concedido dio  lugar  a  que  se  incorporara  al  proceso la demanda cuya admisibilidad formal  ahora se estudia.   

LA DEMANDA  

          Dos  cargos  formula el defensor técnico del procesado GERARDO  HUMBNERTO  RAMIREZ  MENDOZA contra  el  fallo  de  segundo  grado,  los  cuales enuncia y fundamenta de la siguiente  manera:   

          Primer    Cargo:    Causal    Tercera.    Violación   del   debido  proceso.   

Para  el  demandante  en  el presente asunto  se   incurrió  en  violación al derecho de defensa con repercusión en el  debido  proceso,  porque  se  desconocido  el artículo 20 del estatuto procesal  penal,  porque  en  cuanto  a su procurado sólo se investigó lo desfavorable a  sus  intereses,   omitiéndose  la  investigación  de  las  circunstancias  indicativas  de  un  actuar  en  legítima  defensa.  Si se hubieran decretado y  practicado  las  pruebas  que  a  continuación  relaciona,  bien  de oficio o a  petición  de  parte,  “la  orientación del proceso  hubiera sido diferente”.   

A  continuación  incluye  una  relación de  hechos  y  circunstancias  en  los  cuales  sustenta  el  inicial  planteamiento  anulatorio, así:   

Se  infringió el artículo 288 del estatuto  procesal   penal,   en   tanto   que   los   elementos  que  portaba  el  occiso  (salvoconducto,     teléfono     celular     y     carnet    de    Confama),  les  fueron  entregados ya a la  familia  del  occiso  ora a sus titulares María Yolita  Osorio  Ramírez  y Eduardo Aldana, sin tener en cuenta  la    “cadena    de    custodia”,   ni  que  por  su utilización podía estarse incurriendo en falsedad  personal,  lo  cual  sería demostrativo de que el día de los hechos pretendía  “atacar”  a su procurado  en  colaboración  y  connivencia  con  el  único  testigo  de  cargo, esto es,  Juan    David   Tangarife   Restrepo.   Por  eso  debe  procurarse  el  allegamiento de tales elementos y la  declaración de los titulares de algunos de ellos.   

La  omisión  en  establecer  si  el  occiso  “era   o   no   una   persona   que   carecía   de  antecedentes”   o,  por  el  contrario  “podía    tratarse    de    un    delincuente”,    que  impidió  demostrar  su  “verdadera  conducta  delictiva”,  agregando que de haberlo sido  encontraría  respaldo  la afirmación del procesado de que en el momento de los  hechos     consideró     que    iba    a    ser    atacado    y    “seguramente    los    resultados    del   fallo   hubieren   sido  diferentes”.   

Como  la inspección realizada, de una parte  no   reúne  “en  lo  más  mínimo”  las  exigencias  legales y de otra se practicó sin la presencia del  sindicado,   cuya   versión   es   diferente  a  la  del  testigo  Tangarife,  en  su  sentir debe decretarse  una  ampliación  para corregir tales falencias “para  demostrar  la  veracidad  de los hechos” y garantizar  el principio de contradicción.   

La  omisión  del  instructor  en  correr el  traslado  de  los  dictámenes  periciales  para  los  efectos  previstos  en el  artículo  254  del  estatuto  procesal  penal,  la cual se debe ahora subsanar,  “impidió  ejercer el contradictorio” y    solicitar    al   forense   explicación   sobre   “el  MORETON O HEMATOMA” que presentaba  el  occiso  en  la  región  mamaria lado izquierdo, lo que sería indicativo de  que,   como   lo   afirma   el   procesado,   hubo   forcejeo   y   “quedaría  establecida  su versión en el sentido de que ACTUO EN  LEGITIMA DEFENSA”.   

En  cuanto  al único testigo de cargo, esto  es,   Juan  David  Tangarife  Restrepo,  considera  que  el  hecho de no haber firmado la inspección pero si  otras  diligencias procesales, “le resta CREDIBILIDAD  a  su  testimonio”,  al  igual  que su condición de  “adicto consumidor habitual de sacol” como  el  mismo  lo  reconoció,  por  lo  cual  debe  ordenarse  un  reconocimiento  médico  para  establecer  su “estado  mental”     y    “de  drogadicción”     así     como     “su confiabilidad para testimoniar”.   

En  atención  a que su procurado manifestó  que  el occiso se encontraba armado y ello no fue objeto de investigación, para  el  demandante  por ello ahora se requiere el decreto y practica de “todas   las   diligencias  que  fueren  necesarias  tendientes  a  demostrar   si   efectivamente   el   difunto   portaba   arma  de  fuego  y  su  procedencia”,   porque   tal   omisión  impide  la  demostración de un actuar en legítima defensa.   

Finaliza este cargo haciendo referencia a una  circunstancia  relacionada  con  la  situación  de libertad de su procurado que  bien  podría viciar de nulidad parte de la acción, a la cual se refieren así:  el  traslado  a  los  sujetos  procesales  para  la  presentación  de  alegatos  precalificatorios  vencía el 5 de febrero de 2002.  El día anterior, esto  es,  el 4 de los mismos mes y año se ordenó de manera oficiosa su libertad por  vencimiento  de  términos. La notificación de esta decisión se logró el 5 de  febrero,  corriendo  términos  de  ejecutoria  durante  los  días  6,  7  y  8  siguientes,    habiéndose    interpuesto    contra    la   misma   recurso   de  apelación.   

          El  6  de  febrero del citado año, cuando corrían los términos de  ejecutoria  de  la resolución que decretó la libertad, se calificó el mérito  del  sumario  con  acusación,  formándose  así “un  galimatías”,  que  dio  lugar  a  que  el fiscal de  segundo  grado  se  abstuviera  de  desatar el recurso primeramente interpuesto,  luego  de  considerar que no resultaba “apropiado que  los  términos  de  ejecutoria  de  ambas  decisiones  susceptibles  de recursos  distintos, puedan tramitarse conjuntamente”.   

Si  a lo anterior se agrega que la decisión  liberatoria  contiene  una  motivación  contradictoria  y  si  además  para la  materialización  de  la  libertad  se  señaló  una  caución desproporcionada  ($20’000.000),   ello  demuestra,  de  una  parte  que  “lo  que siempre se  buscó  y  obtuvo”  fue  que permaneciera privado de  libertad  y,  de  otra,  que la investigación “NUNCA  FUE INTEGRAL”.   

Segundo  Cargo:  Causal  segunda.  Falta de  consonancia  entre  la  sentencia  y  los cargos formulados en la resolución de  acusación.   

En  esta  oportunidad el demandante comienza  por  señalar  que  en  contra  del  procesado se profirió en primera instancia  medida   de   aseguramiento   y   resolución  de  acusación  por  su  presunta  responsabilidad  en  el  delito  de  homicidio  en Luis  Albeiro  Ospina  Ríos, agravado por la indefensión de  la víctima.   

Pero  que,  la  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal   Superior   de   Antioquia,  al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  resolución  acusatoria,  excluyó  de la acusación la  circunstancia  agravante  para  dejar,  entonces, precisado que se trataba de un  homicidio simple.   

No  obstante lo anterior, agrega, durante la  audiencia  pública,  el  fiscal  acusador  no  varió la calificación hacia un  homicidio  agravado,  como  se  lo  permitía  el  numeral 1° del artículo 404  del   estatuto  procesal  penal,  lo  que conllevó a que no se corriera el  traslado  de  esa  variación  a  la  defensa,  con evidente desconocimiento del  debido  proceso  y  del  derecho de defensa, en  relación con lo cual nada  dijo el Ministerio Público presente en dicho debate.   

Pero  aún  así, el juzgado de conocimiento  apartándose  de la “verdad procesal”, precisó  que  la resolución acusatoria de primera instancia había  sido  refrendada  por el superior funcional, quedando entonces la acusación por  homicidio  agravado  y  procediendo,  en  consecuencia,  a  condenar  por  dicho  delito.   

La defensa técnica, interpuso el recurso de  apelación  invocando  nulidad  por  falta  de congruencia entre los cargos y el  fallo,  recurso  decidido por el Tribunal Superior de Antioquia, que no obstante  haber  reconocido  tal  situación  de  por  sí  gravosa  para el procesado, no  adoptó  los  mecanismos  legales  para subsanarla, con evidente afectación del  debido  proceso,  que  sólo puede ser corregida casando la sentencia impugnada.   

Por  ello,  con  referencia  a  lo que en su  sentir  constituye  el  alcance  del  principio  de  congruencia  y  los efectos  anulatorios  de  su  desconocimiento  solicita de la Corte que case la sentencia  recurrida    y    se   concedan   “las   peticiones  formuladas”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  atención a que el primero de los cargos  de   la   demanda   presentada   por  el  defensor  del  procesado  GERARDO  HUMBERTO RAMIREZ MOSQUERA  no  reúne  los  requisitos  formales  exigidos  por  el  artículo 212 del estatuto  procesal  penal,  y  a que en cuanto al segundo es evidente la falta de interés  jurídico  para  acudir al recurso de casación, se procederá a su inadmisión,  en  tanto  que  esta  es  la  consecuencia  procesal  prevista  para  una y otra  eventualidades        por        el       artículo       213       ejusdem.   

A  la anterior conclusión se llega con base  en los siguientes argumentos:   

Primer Cargo: Causal tercera. Violación del  debido proceso.   

Tiene precisado la Sala que el demandante, en  una  propuesta  de  nulidad,  debe  identificar  la  actuación  que contiene la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales o  aquella  que transgreda las bases de la instrucción o el juzgamiento, indicando  el  momento  a  partir  del cual se hace necesario retrotraer la actuación para  que   sea  posible  restablecer  la  legalidad  del  proceso.  Además,  que  le  corresponde  determinar  cuál  es  la  trascendencia  directa  que  el yerro de  actividad  refleja  en  el  fallo  y  por qué, de no haber mediado el mismo, el  desarrollo  de  la  actuación  sería otro y por consiguiente otra la decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad denunciada  sólo  puede  remediarse  acudiendo  a  la  extrema  solución  procesal  de  la  declaratoria de nulidad.   

En  el asunto que concita la atención de la  Sala,  lo que en principio se presentó como un sólo cargo, terminó convertido  en  tres  pues  el  recurrente,  inicialmente,  invocó la violación del debido  proceso  por  violación  del  principio  de investigación integral, para luego  entremezclar  indistintamente  cargos  por  violación  al derecho de defensa, y  terminar  advirtiendo  irregularidades durante la ejecutoria de las resoluciones  por  medio  de las cuales se concedió la libertad del sindicado por vencimiento  de   términos   y   se  calificó  el  mérito  del  sumario,  respectivamente,  desconociendo  con  ello  de manera ostensible el principio de autonomía de los  mismos.   

Ahora  bien,  desde la perspectiva planteada  por  el  recurrente,  en  relación con el cargo por violación del principio de  investigación  integral,  de  tiempo  atrás  ha  precisado la Sala1  que en punto  de  esta circunstancia resulta insuficiente relacionar las pruebas supuestamente  omitidas,  dado  que  es  preciso señalar su fuente, conducencia, pertinencia y  utilidad,  amén de su incidencia favorable a los intereses del procesado frente  a  las  conclusiones  del  fallo,  habida  cuenta que la omisión de diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas,  carece  de  virtud  para  menoscabar el derecho de defensa del procesado.   

          Además,  es  necesario  que  el  censor  demuestre  que las pruebas  echadas  de  menos,  al  ser  cotejadas  con el acervo probatorio, trastocan las  conclusiones  de  los  falladores,  así  como  el  sentido  del  fallo, lo cual  tornaría  imprescindible  la  invalidación  de  la actuación para permitir su  allegamiento y posterior ponderación.   

          A  partir  del  anterior  marco   conceptual  y  jurídico,  es  evidente  que  en  la fundamentación del reproche, según la cual los medios de  prueba  que dejaron de practicarse eran importantes, porque estarían orientados  a  demostrar  que  el procesado actuó dentro de un estado de legítima defensa,  frente  a  la  agresión del occiso que al parecer pretendía atacarlo, el actor  parte  de  enunciados meramente especulativos, como cuando asegura que con tales  pruebas  muy  seguramente  luego  de  un  segundo  cierre  de la investigación,  podría   solicitar   la   preclusión   de   la   investigación   “por    ausencia   de   mérito   para   declarar   responsable”  a su procurado.   

          Y  si ello es así, la conclusión a la que sin dificultad se arriba  es  a  la  de que la demanda incumple con el requisito exigido en el numeral 3°  del  artículo  212  del  estatuto  procesal  penal,  esto  es, el referido a la  precisión  y  claridad  de los fundamentos del cargo, básicamente en cuanto al  tema  de  la trascendencia del vicio denunciado, en tanto que omite acreditar la  efectiva  conculcación  de  la  garantía  que  dice violada y, desde luego, su  incidencia  en  el  sentido  del fallo, falencias que imponen la inadmisión del  cargo  como  así  lo  tiene  previsto  la  legislación procesal penal vigente,  máxime  cuando  lo  que  surge  del  contenido material del libelo que ahora se  analiza  es  que  el  demandante,  pretende  la revisión de un fallo de segundo  grado  que  llega  a  la  Corte  amparado  de  la doble presunción de acierto y  legalidad   a   partir   de   lo   que,  sin  duda,  constituye  un  alegato  de  instancia.   

En esa misma censura, como ya se indicó, el  actor  entremezcló  cargos  por  violación al derecho de defensa, pero tampoco  desarrolló  la  censura  con  adecuada  técnica,  porque aun cuando la nulidad  puede  originarse  tanto  en  desconocimiento  del  debido  proceso  como  en la  vulneración  del  derecho  de  defensa,  es lo cierto que una y otra situación  exhibe  naturaleza  distinta,  como  que  el  primero  responde  a  un  vicio de  estructura  y  el  segundo  a  un  vicio  de  garantía, lo que trasciende en su  alcance,  postulación,  desarrollo  y demostración autónoma, presupuestos que  se deben observar al examinar la impugnación.   

En  este  punto,  encuentra la Sala que aún  cuando  el  demandante  también  alega que no se atendió la exigencia legal de  correr  traslado  de  los  dictámenes  existentes  en  el proceso a los sujetos  procesales,  o  que  tampoco se atendió la obligación de respetar la cadena de  custodia,   frente  a  dichas  censuras  omite,  igualmente,  señalar  su  real  trascendencia  y  el  momento  procesal  hasta  el  cual  tendría  que por ello  retrotraerse  la  actuación,  con  lo  cual  deja  la  propuesta inconclusa, en  postura  que  no  puede  aceptarse  en tratándose del recurso extraordinario de  casación,  dado  su  carácter rogado y dispositivo, así se trate de la causal  tercera  respecto  de  la  cual  se ha dado en aceptar cierta flexibilidad en su  planteamiento,  pues  a  voces  del  artículo  ninguna  de  las previstas en el  artículo  207  del  estatuto  procesal  penal  puede  escapar  a las exigencias  técnicas      previstas      en      el      artículo     212     ejusdem.   

Finalmente se tiene que, en relación con el  cuestionamiento  referido  a  la  concesión  de  libertad  a  su  procurado por  vencimiento  de  términos en la etapa instructiva, de la que no pudo disfrutar,  de  una  parte, por la excesiva caución que para su materialización se señalo  y,  de  otra,  porque  mientras  surtía  la  ejecutoria  la  resolución que la  concedió  se procedió a la calificación sumarial con acusación, lo cierto es  que  el  demandante no demostró por parte alguna, ni con argumento así hubiera  sido  mínimo,  por qué una tal situación tiene virtud para afectar de nulidad  el  trámite cumplido desde entonces, dejando nuevamente inconclusa la propuesta  casacional.   

No  obstante  lo  anterior que de suyo atrae  para  la  misma  la  consecuencia  de  inadmisión,  bien está precisar que, en  relación  con  el  posible desconocimiento del derecho del sindicado a gozar de  libertad   provisional   en  la  etapa  de  instrucción  la  Sala  tiene  dicho  “que  esta situación no tiene ninguna incidencia en  la  actuación  por  tratarse  de  una  decisión netamente temporal que si bien  puede  llegar a materializarse, el supuesto de hecho que la contempla desaparece  inmediatamente  se  supera esa etapa procesal, de suerte que cuando ya se cuenta  con  la sentencia respectiva, no existe ninguna razón para que se insista en la  existencia   de   una   irregularidad   que   ha   sido  superada”2.   

Ahora que, en cuanto el recurrente alude a la  existencia         de         “irregularidades  injustificables”  en  el  trámite  del  recurso  de  apelación  instaurado  por  la  defensa  contra  la  providencia  que  negó al  procesado  la  libertad  provisional  y  de  la alzada interpuesta por ese mismo  sujeto  procesal  contra  la  resolución de acusación, observa la Corte que la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal limitó su pronunciamiento a señalar el  orden  en  que  debía ser atendida en primera instancia la ejecutoria de dichas  providencias,  con  lo  cual  subsanó las meras irregularidades anotadas por la  defensora de entonces.   

En  ese  orden  de ideas, dio prioridad a la  necesidad   realizar  adecuadamente  la  notificación  de  la  resolución  que  decretó  la  libertad provisional del procesado y por ello devolvió el proceso  a  primera  instancia, para luego conocer del recurso de apelación formulada en  contra de la resolución acusatoria.   

Lo   dicho   en  precedencia  constituye,  entonces,  razón  suficiente  para  concluir  que  la  demanda en cuanto a este  primer  cargo  no logra satisfacer las exigencias de claridad y precisión en su  fundamentación  y  tampoco  la referida a la determinación de la trascendencia  de    las    irregularidades    en    las   que   se   sustenta   la   petición  anulatoria.   

Y,  como  tales  falencias  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Corte,  por razón del principio de limitación que rige el  trámite  casacional,  se  impone  su  inadmisión,  que  esa es la consecuencia  procesal  prevista  por  el artículo 213 del estatuto procesal penal para estos  eventos.   

Segundo  Cargo:  Causal  segunda. Falta de  consonancia  entre  la  sentencia  y  los cargos formulados en la resolución de  acusación.   

          A  través  de este segundo cargo pone de presente, como motivo para  que  la  Sala  case  el  fallo de segundo grado la falta de consonancia entre el  fallo  adverso  y  la  resolución  acusatoria,  que, según su criterio, causó  agravio  a  su  procurado  en  tanto  que  no  obstante  haber sido acusado como  presunto  autor responsable de un delito de homicidio simple, terminó condenado  como  responsable de un homicidio agravado por indefensión de la víctima.   

Y  que  no  obstante  haber  interpuesto la  defensa  técnica  apelación invocando nulidad por esa falta de congruencia, el  Tribunal  no  obstante  reconocer  el yerro, omitió adoptar los correctivos del  caso, con afectación del debido proceso.   

         Pues    bien,    tiene    dicho    la    Corte   que   “Para  la  procedencia  de  los recursos, tanto de los ordinarios  como  del  extraordinario de casación, son menester dos requisitos: el primero,  que  se  trate  de  un  sujeto  procesal al que la ley faculta para impugnar; el  segundo,  que  exista interés en el recurrente, que se concreta en el perjuicio  o  agravio  que  la  providencia  atacada  le  causa3”.   

          A  partir  de  la  anterior  precisión,  lo  que  sin dificultad se  advierte  es  que  el  demandante  en  cuanto  a  este  segundo cargo carece por  completo  de  interés  para  recurrir  en casación, en tanto que revisados los  fallos  adversos de instancia, irrumpe con fuerza incontrastable que lo que hizo  el  ad  quem  al  desatar el  recurso  de  apelación interpuesto contra el proferido por el Juzgado 1° Penal  del  Circuito  que,  ciertamente, había condenado al procesado por un delito de  homicidio  agravado  por  la  indefensión  de  la  víctima,  fue  precisamente  corregir  el  error  para  ajustar  la  condena  a  la acusación que en segunda  instancia se varió de homicidio agravado a homicidio simple.   

          El  siguiente  aparte  de  la decisión de segunda instancia no deja  duda  en  cuanto  que  en tal oportunidad procesal se corrigió la irregularidad  que  en desmedro del procesado se produjo por parte del juez de conocimiento. En  efecto, allí se concluyó:   

“Por lo expuesto, se convalidará el fallo  pero  por lo ya razonado el juicio de reproche lo será por homicidio simple, al  descartar  sin  fundamento  la  agravante  de  la  indefensión el señor Fiscal  Delegado  ante  el Tribunal, porque desconoció olímpicamente lo más elemental  de  la  lógica  y  de  la  experiencia  acerca de la indefensión, pero hay que  acatar  el  cargo  formulado  en  definitiva,  el  cual  fue pro (pro) homicidio  simple,  lo  que  implica  una modificación de la punibilidad así, teniendo en  cuenta  que el Juez de instancia no abandonó los topes mínimos establecidos en  la  Ley,  para  el  homicidio  agravado,  esto  es,  veinticinco  (25)  años de  prisión,  respetando  su  criterio  la  sanción  a imponer será de trece (13)  años  de  prisión,  que es el mínimo establecido para el Homicidio Simple, en  igual  proporción disminuirá entonces la sanción accesoria de inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas;  lo  demás  guarismos  permanecerán inmodificables”.   

                  

                Así  las  cosas,  si  para  la  adecuada  demostración  de  un  cargo  por  la  vía  de  la  causal segunda de  casación,  es  del  resorte del demandante confrontar la resolución acusatoria  con  el  fallo  que  pone  fin a la instancia, la omisión de tal presupuesto ha  dejado  la propuesta casacional ayuna de demostración, la cual incide de manera  directa  en  el  interés  jurídico que del actor pudiera reconocerse, a fin de  proseguir  en  el  análisis  de  las exigencias técnicas de la demanda en este  punto.   

         Lo  anterior,  por  la sencilla razón de que si el Tribunal cuando  resolvió  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  el fallo de primera  instancia  que, se repite, si había condenado por homicidio agravado, corrigió  tal  irregularidad,  es claro que por este aspecto ningún agravio demandable en  casación  ha  sufrido el procesado y, por ello y en razón de ello, su defensor  carece  de  interés  jurídico  para demandar la casación del fallo adverso de  segundo grado.   

Si  dentro  de  los  fines de la casación  está  el  de  la  efectividad  del derecho material y  además  la  reparación de los agravios inferidos a las partes con la sentencia  demandada  y  cada uno de ellos fue garantizado en el  fallo  que  concita  la  censura, es claro, que el recurrente no logra acreditar  adecuadamente  el  interés  que le asiste para demandar la casación del fallo.   

Por  tanto,  sin que se ofrezcan necesarias  razones  adicionales,  se  inadmitirá  la  demanda por carencia de interés del  demandante  para  recurrir  en  casación, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

        INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   GERARDO  HUMBERTO  RAMÍREZ  MOSQUERA, por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

         Notifíquese y cúmplase,   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                            

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                             JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS       

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del  12  de  marzo  de  2001.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego, entre  otras.   

2Radicación  No.  13752,  sentencia del 25 de febrero de 2004, M.P.  Doctor. Yesid Ramírez Bastidas.   

3  Radicación 19158, auto del 20 de enero de 1999, M.P.  Doctor Jorge E. Córdoba Poveda.     

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