20161(21-01-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 20161  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

DR. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 05  

Bogotá  D.C.,  veintiuno (21)  de   enero    de    dos    mil    tres   (2003).     

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el conflicto negativo de  competencia  suscitado  entre  los Juzgados 1° Penal del Circuito Especializado  de Cundinamarca y 2° Penal del Circuito de Soacha (Cundinamarca)   

ANTECEDENTES:  

1.   Mediante  providencia  del 28 de diciembre de 2001 una Fiscal Delegada Especializada de la  Unidad  de  Terrorismo  de  Bogotá D.C., profirió resolución de acusación en  contra  de MARÍA DE LOS ÁNGELES ÍQUIRA COLLAZOS, OCTAVIANO BENAVÍDES RIVERA,  GIL  ROBERTO  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ, JOHN FREDY HENAO ORREGO, ÁLVARO CÁRDENAS y  ÉDGAR  GUERRERO  por  delitos de homicidio agravado en concurso, concierto para  delinquir y porte ilegal de armas de defensa personal.   

2.  Impugnada  esa  providencia,  se  declaró  desierto  el  recurso respecto de la acusada ÍQUIRA  COLLAZOS  y  se  concedió para los restantes sujetos procesales, resolviéndose  el  17  de abril de 2002 por la Fiscal 23 Delegada de la Unidad ante el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá D.C., que la confirmó respecto de  los  recurrentes  CÁRDENAS  y  GONZÁLEZ MARTÍNEZ, la revocó para precluir en  favor  de  HENAO ORREGO y declaró la nulidad desde el traslado del cierre de la  investigación en lo atinente a BENAVIDEZ RIVERA.   

3.  En  firme  la  acusación,   los   hechos   materia   de   la   acusación   quedaron   fijados  así:   

“El  día 17 de febrero del año anterior,  varias  personas  portando   armas  de  fuego ingresaron al establecimiento  denominado   ‘La   Gran  Esquina’    y   allí  procedieron  a  apartar  a  algunos  jóvenes, previa identificación, a quienes  sacaron del lugar y una vez en la calle fueron baleados.   

“El comentario general en el sector era que  se  trataba  de  la  mal  denominada  ‘limpieza       social’,   determinada   y   pagada   por   algunos   comerciantes   de  la  zona”.   

4.  La  fase  de  juzgamiento  le  correspondió  al  Juez 1° Penal del Circuito Especializado de  Cundinamarca  que se abstuvo de asumir el conocimiento por estimar la existencia  de  un  error  en  la  calificación  jurídica  provisional  de la conducta que  afectaba  su competencia, razón por la cual remitió las diligencias al Juzgado  Penal  del Circuito de Soacha (Cundinamarca), al tiempo que le propuso colisión  de  competencia,  todo  conforme  al  mandato  del  artículo 402 del Código de  Procedimiento Penal .   

EL CONFLICTO:  

1.  La  Posición  del  Juez  1°  Penal  del Circuito Especializado de  Cundinamarca.   

Para  él,  la  ilicitud  de  concierto para  delinquir  para  cometer  delitos  de  homicidio  y  para  financiar éste no es  aceptable  conforme  con  las pruebas que aparecen en la actuación. Acepta, sin  ninguna  duda,  la  llegada de varios encapuchados a un establecimiento público  de  donde  se  llevaron a varias personas que posteriormente asesinaron, pero de  allí,  afirma el Juez, “no se configura la conducta típica relacionada   con  un  concierto para cometer delitos de homicidio y la financiación de tales  agrupaciones”.   

En  contrario,  considera  que  las  pruebas  indican  la  presencia de bandas o pandillas de delincuencia común dedicadas al  robo   del   vecindario,   al  atraco  de  los  transeúntes  y  al  consumo  de  estupefacientes,   entre  ellas,  los  conocidos  como:  “Los  Aguapanelos”,  algunos  de  cuyos  miembros  fueron  asesinados  ese 17. Pero al día siguiente  aparecieron  otros  cuerpos  sin vida de personas supuestamente pertenecientes a  la  banda  de “Los Balcanes”, razón que hizo tejer la hipótesis de que los  homicidios    podrían    ser    el    resultado    de    una   venganza   entre  pandillas.   

Concluye que fue dentro de esa dinámica que  se   presentaron  enfrentamientos  armados  que  culminaron  con  la  muerte  de  “varias  personas  civiles”, unas pertenecientes a la comunidad como Adonaí  Vargas   Ardila  y  Dalavier  Cubillos, y, otras, al mismo grupo, “ya por  enfrentamientos o rencillas entre las pandillas, pero,   

“(…)hasta donde se ha investigado ninguno  de  los  aquí convocados a juicio son integrantes de algunas de las bandas, por  el   contrario,   fueron  tildados  como  colaboradores  que  agobiados  por  el  desenfreno  presentado  en la zona prestaron alguna colaboración para ultimar a  los bándalos (sic)”.   

Conforme  con  lo expuesto estima que no hay  prueba  demostrativa  de  que  los  sindicados  se hayan concertado para cometer  delitos  de  homicidio  o  para  promover, financiar, organizar o dirigir grupos  armados  denominados comúnmente de justicia privada, aserto que refuerza en que  únicamente  el  procesado  ALVARO  CÁRDENAS  participó  materialmente  en los  homicidios,  mientras  que  MARÍA  DE  LOS  ÁNGELES  ÍQUIRA  fue acusada como  determinadora  y  GIL  ROBERTO GONZÁLEZ MARTÍNEZ por haber hecho los contactos  “y  por  ello  devino la sindicación de su participación como autor material  en el múltiple homicidio”.   

Califica  de  precario  el  aporte  de  los  sindicados  como  para  colegir  que  se  estaban  concertando  para organizar y  financiar  un  grupo  armado  al  margen de la ley, pues ésta última actividad  significa  “crear  y  fomentar  una  empresa  aportando el dinero necesario, o  sufragando  los  gastos  de  toda  una actividad organizada”, mientras que las  pruebas  dan  cuenta  que  uno de los aportes de los implicados era de cincuenta  mil  pesos  ($50.000.oo),  “dinero no suficiente para lo que se entiende en la  acepción  lingüística  de financiar y dentro del contexto mismo del delito de  concierto para delinquir”.   

Tampoco  encuentra  que  pueda  adecuarse el  verbo  “promover” que “quiere decir iniciar o activar algo, crear algo que  lleve   agitación,   en   el  caso  ventilado  mal  podría  decirse,  que  los  encartados   llevaron la iniciativa de fomentar toda una organización para  los    fines   antijurídicos   de   cercenar   la   vida   de   un   grupo   de  personas”.   

“En síntesis, eso fue lo que pudo suceder,  que  entre delincuencia común hubo un enfrentamiento por pelearse el terreno, y  si  bien  es  cierto  no  se  descarta  la mal llamada limpieza social, es aquí  precisamente  donde  los  sindicados pudieron suministrar promesa remuneratoria,  no   para  financiar  una  organización  sino  por  los  motivos  tantas  veces  mencionados  fútiles  o  abyectos, hágase remembranza que los occisos, tenían  azotada  la  población  con  la  comisión  de  delitos constantes, apareciendo  claramente la causa ya mencionada”.   

          Finalmente,  también  estima  que  se incurriría en violación del  principio  de  non  bis  in  ídem  al acusarse por organizar y financiar grupos  armados  al margen de la ley para cometer homicidios que a su vez se agravan por  haberse  cometido  por  precio  o  promesa  remuneratoria,  pues  no  puede  ser  doblemente  imputado  el  dinero  como  acto  de  financiación  y como pago del  homicidio,  razones  todas  que  lo  llevaron  a  declarar  su incompetencia y a  remitir  las  diligencias al Juzgado Penal del Circuito de Soacha advirtiéndole  que   de   no   aceptar   sus   argumentos  le  plantea  colisión  negativa  de  competencia.   

2.             La    Posición   del  Juez  2°  Penal  del  Circuito de Soacha.   

Para  este  Funcionario  son suficientes las  declaraciones  de  Rigoberto Ávila Rueda y Jaime Herrera García para demostrar  que  ciertos  comerciantes  del sector de Altos de Cazucá, en jurisdicción del  municipio  de  Soacha, entre los que se encuentra MARÍA DE LOS ÁNGELES ÍQUIRA  COLLAZOS,  agobiados  por  la inseguridad del sector, se acordaron para realizar  una  “limpieza  social”  a  través  de  personas  que  dieran  muerte a las  personas  causantes  de  tal  situación.  Fue  así  como GIL ROBERTO GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  hace  el  contacto con un grupo que se encargaría de llevar a efecto  la  “limpieza”  que  todo indica comenzó el 17 de febrero de 2001 cuando se  cometieron  seis  homicidios y continuó el día siguiente con los asesinatos de  otras  tres  personas  que  habían sacado la noche anterior del establecimiento  “La Gran Esquina”.   

Las  pruebas demostraron, continúa el Juez,  que  uno  de  los  sicarios  sería  ÁLVARO  CÁRDENAS  y  que ÍQUIRA COLLAZOS  estaría  encargada  de  reunir el dinero para pagar entre cien y doscientos mil  pesos  por  cada  muerte  y  que  GIL  ROBERTO  recibió  de  ella cuatrocientos  cincuenta  mil pesos para entregarlos a uno de los contratados de nombre Segundo  Guerrero.    

De esa manera, e independientemente de que el  material  probatorio  conduzca  a la certeza – dice el Juez -, “debe deducirse  que   GIL   ROBERTO  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  y  MARÍA  DE  LOS  ÁNGELES  ÍQUIRA  COLLAZOS,   entre  otros, se pusieron de acuerdo para realizar ‘una    limpieza   social’  dando  muerte a quienes en el sector  ejercían  ciertas  delincuencias  o  conductas  que no eran de su agrado y para  ello contratan a un grupo con la capacidad de realizarla”, y:   

“La  naturaleza  de  una  limpieza  social  implica,   como   lo   expone   la   Fiscalía,   una   cierta   permanencia,  e  indeterminación  de  los  homicidios  que  debían  realizarse, más aún si se  cuenta  con  las  características de la zona donde ocurrieron los hechos.   La   permanencia,   porque   no   les  sería  posible  acabar  la  ‘limpieza’  con  una sola incursión, y también  por  la  forma  de  contratación, cien mil o doscientos mil por cada muerto, lo  que  nos  da  idea de que su acuerdo terminaría cuando acabaran la ‘limpieza’.   E  indeterminación  de  los  homicidios  porque  no se refería a unas personas debidamente individualizadas,  sino  a  todo un grupo que pertenecía a una banda o grupo de delincuencia o que  reunían  ciertas  condiciones para estar en la mira de los promotores, al punto  que  la  noche  de  los  hechos aquí investigados, según lo menciona Rigoberto  Ávila   Rueda,   escuchado   a   GIL   ROBERTO,   conocido   como  ‘carafea’,    resultaron   matando   a   tres  ‘chinos sanos’      hijos     de     los     que  pagaron”.     

En   conclusión,   los   comerciantes  se  concertaron  para  pagar  a  un  grupo  que  se  encargaba de cometer delitos de  homicidio  según  las  indicaciones  de  los  contratantes, con la finalidad de  hacer  una  “limpieza  social”  ,  y  con  el  carácter  de  permanencia  e  indeterminación,  conducta que corresponde a la descripción del artículo 340,  incisos  1  y  2  del  Código Penal, lo que radica la competencia en el Juzgado  Penal del Circuito Especializado.   

También le otorga competencia a ese Juez, el  hecho  de  que  ÁLVARO  CÁRDENAS, uno de los integrantes del grupo contratado,  que  con  buen  nivel  de  organización, con armas propias y otros elementos de  infraestructura,  están  dispuestos  a  ser  contratados  para  la comisión de  delitos  como  los  homicidios investigados, haciéndose ubicable su conducta en  el  inciso  2°  del  artículo  340  del  Código Penal. De esa manera traba el  conflicto y ordena su remisión a esta Corporación.   

LA CORTE CONSIDERA:   

1. El proceso penal  colombiano  diseñado  desde  la  reforma constitucional de 1991 se estructura –  con  la  excepción  de  los procesos de única instancia en la Corte Suprema de  Justicia  –  sobre las fases de instrucción y juzgamiento, claramente definidas  y  con  controles  de  la  una  sobre otra.  La instrucción está asignada  exclusivamente  a  la Fiscalía General de la Nación y su control, anticipado o  en  fase  de  juzgamiento,  le  corresponde a los Jueces de la República.    

Ha querido el legislador que una y otra etapa  avance  de  manera independiente y bajo competencias diferentes, ordenación que  convierte  al Fiscal General o a su delegado en sujeto procesal durante la etapa  del  juicio,  con  exactamente  los  mismos  derechos que los demás, aunque con  mayores  deberes  por  su  condición  de  Servidor Público en ejercicio de una  función reglada.   

2.   La   sola  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación da inicio a la etapa del juicio y  otorga  competencia  a los Jueces encargados del Juzgamiento, tal como lo define  el  artículo  400  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  De  allí, surge la  pregunta:  ¿Cuáles  son  los  Jueces  encargados  del  juzgamiento?.   La  respuesta,    aunque    obvia,    no    deja    de   ser   compleja:    Los  competentes.   

Pero  la  redacción  del  artículo 400 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y la subsecuente obviedad de la respuesta que  puede  darse  al  interrogante que implícitamente se plantea allí, surge de un  estado  ideal  de cosas que permita avanzar progresivamente en el debido proceso  del  juzgamiento  penal,  hasta obtener la culminación definitiva del mismo con  una sentencia ejecutoriada, formal y materialmente.   

3. Ese estado ideal  de  cosas  es  uno donde la resolución de acusación que ha obtenido ejecutoria  se  haya  formulado  ante un Juez que sea competente, tanto por la naturaleza de  los  hechos, como por su lugar de ocurrencia, así como por la calidad del autor  y   por   la  corrección  de  la  calificación  jurídica  provisional  de  la  conducta.   

La  ley  presume  tal escenario, pues ordena  (inciso   2°   del   artículo   400   del   Código  de  Procedimiento  Penal)  que:   

“al  día siguiente de recibido el proceso  por  secretaría  se pasaran las copias del expediente al despacho y el original  quedará  a  disposición  común  de  los sujetos procesales por el término de  quince  (15)  días  hábiles,  para  preparar  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  solicitar las nulidades originadas en la etapa de la investigación y  las pruebas que sean procedentes”.   

El   automatismo  de  ese  traslado  y  su  obligación  en  cabeza  de la Secretaría y no del Funcionario Judicial, tienen  adosado  necesariamente el principio implícito de la corrección aparente de la  Resolución de Acusación.   

4. La redacción de  la  norma  siguiente (artículo 401) dispone que para efectos de la realización  de  la  audiencia  preparatoria  todos  los  Jueces  de  la misma jerarquía son  competentes.   Ello  por  cuanto  la  norma  ordena  que  “finalizado  el  término   del   traslado  y una vez se  haya  constatado  que  la competencia no corresponde a una autoridad judicial de  mayor  jerarquía,  el  juez  citará  a  los  sujetos  procesales  para  la realización de una audiencia dentro de los cinco (5) días  siguientes (…)”.   

Sin  embargo  tal  entendimiento solo sería  posible  dentro  del  escenario  ideal  a que se ha hecho mención atrás.   Esto  es:  una resolución de acusación cuya perfección sea tal que fáctica y  jurídicamente se corresponda objetivamente.   

Pero dada la naturaleza del derecho – ciencia  inexacta  –   y  la actividad que marca la resolución de acusación –  juzgamiento  de  una  persona  -,  la  mayor  de las veces se generan posiciones  divergentes  de  los  sujetos  procesales  o  del  Juez,   que son menester  dilucidar  para  que el juicio pueda partir sobre un principio de acuerdo acerca  de  la  corrección  de  la  pieza  procesal que determina su iniciación.    

5.   Como   la  competencia  plena  –  naturaleza del asunto y factor territorial – del Juez que  va  a  realizar  el  juzgamiento  del  sujeto  o  sujetos  de  la resolución de  acusación  es  uno  de  los  presupuestos  de  la  legalidad  de  tal actividad  procesal,  debe  entonces  existir una oportunidad procesal para que él discuta  ese  tema  mediante  la demostración de errores contenidos en la resolución de  acusación.   Esa  fase es la que contempla el artículo 402 del Código de  Procedimiento  Penal  y  justamente  para  ello  es  que  simultáneamente  a la  iniciación  del  traslado para las partes, se pasan las copias del expediente a  su  Despacho,  para  que  como  director  de la actuación procesal la asuma sin  objeción  alguna,  pero  que  si  las tiene y ellas afectan su competencia, las  haga explícitas al inicio del juicio.   

Como  el  tema  puede  ser  polémico,  se  consagró  allí  mismo  un incidente de colisión de competencia, que resuelto,  las  únicas  discusiones  aceptables  sobre  ese tema, serán las que surjan de  prueba  sobreviniente,  siempre  y cuando no pueda habilitarse la competencia en  la  forma  y  términos del artículo 405 del Código de Procedimiento Penal. De  esa  manera  se  impide  que al final del juzgamiento el Juez pueda sorprender a  las  partes  con una declaratoria de incompetencia, afectando de manera grave la  garantía    constitucional    de    un    proceso   público   sin   dilaciones  injustificadas.    

6.  En  este  caso  concreto,   el  Juez  1°  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  manifestó  su  incompetencia  en  la oportunidad procesal del artículo 402 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  alegando  la  existencia  de  un error en la  calificación  jurídica  provisional  de  la  conducta  que  consistiría en la  inexistencia  de los delitos de concierto para cometer delitos de homicidio y de  promover o financiar ese acuerdo.   

7. Como se trata de  una  resolución  de  acusación ejecutoriada, los hechos que tal pieza procesal  contiene  y  la  calificación  jurídica  de  los mismos, constituyen el objeto  procesal  sobre  el  cual  debe,  en  principio,  versar  el  Juzgamiento.   Unicamente   alrededor   del   contenido   de  correspondencia  objetiva  de  la  calificación  jurídica  provisional  de  los  hechos  reconstruidos  o  de  su  valoración   jurídica   puede   proponerse   el   incidente  de  colisión  de  competencias.   

Al  efecto,  en  reciente pronunciamiento la  Corte señaló:   

“4.  Es  necesario  puntualizar  que  los  errores  en  la  calificación jurídica provisional efectuada en la resolución  de  acusación,  pueden corregirse, en la etapa de juzgamiento, a través de dos  mecanismos:   

“Variando  la  calificación,  en la forma  antes  expuesta; o a través del incidente de colisión de competencias, como se  analiza a continuación.   

“Si  el  juez,   antes de celebrar la  audiencia  preparatoria,  al  constatar  su competencia, encuentra que ha habido  error   en   la  calificación  jurídica  de  la  conducta  y  ello  afecta  su  competencia,   la   que   corresponde   a   un  funcionario  judicial  de  igual  jerarquía   (por  ejemplo,  juez  penal del circuito común frente al juez  penal  del  circuito  especializado)  o  de  mayor jerarquía (por ejemplo, juez  penal  municipal  frente  al juez penal del circuito) no es procedente modificar  la  calificación,  sino  que  se  debe plantear colisión de competencia, en la  forma prevista en los artículos 401 y 402 del C. de P. Penal.   

“Por  ejemplo,  el  hecho  se  imputa como  estafa  en  cuantía  que no pasa de 50 salarios mínimos legales mensuales que,  al  tenor  del  artículo  78.1  del  C.  de P. P., corresponderá al juez penal  municipal,  pero  que,  en  la  etapa  de  juzgamiento,  se  considera  que debe  imputarse    como    peculado    por    apropiación    de    competencia    del  circuito”.1   

8.  Dentro  del  esquema  procesal  que actualmente rige en el país la resolución de acusación  hace  parte  del acto jurídico complejo de la acusación, caracterización que,  entre  otras cosas, implica su mutabilidad dentro de la fase de juzgamiento. Tal  naturaleza  es necesaria dentro de un sistema procesal diseñado como acusatorio  y  que  intenta  priorizar  la fase oral de juzgamiento otorgando al Juez plenos  poderes  de  control  sobre la acusación en aras de obtener la realización del  principio  constitucional  de  prevalencia  del  derecho  sustancial como única  manera   de  que  un  Estado  definido  como  social  de  derecho  garantice  la  convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo.   

Pero   la  naturaleza  compleja  del  acto  jurídico  de  acusación,  que  es  la que da cabida a su mutabilidad, no puede  pasar  por  alto  dos  aspectos  esenciales  del  sistema:  que  la  función de  investigar  y  acusar es exclusiva de la Fiscalía General de la Nación; y, que  es necesaria una oportunidad en que la acusación sea definitiva.   

Esta  última característica tiene a su vez  dos  extremos:  el  inicio  de  la acusación, marcado por la resolución de tal  categoría  expedida  por  la  Fiscalía  General; y, la consolidación del acto  jurídico  complejo  de  la   acusación, determinado por la variación que  haya  tenido  conforme  lo  dispone  la  ley.  Esa  fijeza,  inicial y final, es  absolutamente  necesaria  para  que  la  fase de juzgamiento transite purgada de  vicios  y  pueda  adoptarse un fallo que merezca las presunciones de legalidad y  acierto de que se le dota.   

9.   En  este  orden  de  ideas,  no  debe  perderse  de  vista  que  lo  único variable de la  acusación  es  la calificación jurídica provisional de la conducta, de manera  que  la  manifestación  de  incompetencia  que  el  Juez  realice  antes  de la  tramitación  del  juicio con fundamento en las potestades del artículo 402 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  no  puede  hacerla  desde  otra  perspectiva  diferente  que  de  la  reconstrucción  fáctica contenida en la resolución de  acusación.   

Esa  es la única interpretación que deja a  salvo  el  sistema  del proceso penal colombiano e impide que por la vía de los  presuntos  errores  en  la  calificación jurídica provisional, termine el Juez  asumiendo  tareas  ajenas a su función e impediente de su carácter de juzgador  independiente.   

10.  Con  tales  premisas  resulta  claro  que  en este caso concreto le asiste razón al Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  de  Soacha al negarse a asumir la competencia para el  juzgamiento  de  los acusados ÁLVARO CÁRDENAS, GIL ROBERTO GONZÁLEZ MARTÍNEZ  y  MARÍA  DE  LOS  ÁNGELES  ÍQUIRA  COLLAZOS,  pues en efecto, la imputación  fáctica  de  la  que  son  sujetos de acusación por la Fiscalía General de la  Nación,  constituye  conductas  delictivas de competencia del Juzgado 1° Penal  del Circuito Especializado de Cundinamarca.   

11. La resolución  de  acusación  emitida  por  la  Delegada de la Fiscalía General de la Nación  hace  mención a un grupo de personas que se organizó para perpetrar homicidios  y  que  tal  banda  criminal  se  conformó  a  partir  de  la propuesta de unos  comerciantes  del sector de pagar determinada suma de dinero para que eliminaran  a quienes delinquían en la zona.   

Esa reconstrucción fáctica, así de escueta  no  puede  ser  objeto  de  variación  por  el  Juez  1°  Penal  del  Circuito  Especializado   de   Cundinamarca,   para   convertirla   en  un  acontecimiento  absolutamente  diferente  consistente en un supuesto enfrentamiento entre bandas  de  delincuentes  (“Los  Aguapanelos”  Vs.  “Los Balcanes”) a las que en  todo  caso  no  pertenecería  ninguno de los acusados, en conclusión expresada  así:   

“En síntesis, eso fue lo que pudo suceder,  que  entre  delincuencia  común hubo enfrentamientos por pelearse el terreno, y  si  bien  es  cierto  no  se  descarta  la mal llamada limpieza social, es aquí  precisamente  donde  los  sindicados pudieron suministrar promesa remuneratoria,  no   para  financiar  una  organización  sino  por  los  motivos  tantas  veces  mencionados   fútiles  o  abyecto,  hágase  remembranza  que  los occisos  tenían   azotada   la  población  con  la  comisión  de  delitos  constantes,  apareciendo claramente la causa ya mencionada”.   

Al obrar de esa manera, el Juez 1° Penal del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  no  está  demostrando un error en la  calificación  jurídica  provisional,  sino  uno sobre la imputación fáctica,  para   lo   cual  es  menester  una  reelaboración  del  análisis  probatorio,  destacando  como  hechos  jurídicamente  relevantes  unos que la resolución de  acusación  no  menciona  –  la  presencia  de  pandillas  delincuenciales  -, o  descartando  otros,  a  los  que  allí  se  alude – el aporte económico – , en  actividad   que   desborda  sus  funciones  de  control  de  la  resolución  de  acusación, al convertirlo en instancia de la misma.   

Las  pruebas  a  que alude la resolución de  acusación,  dan  cuenta  de  una  organización  criminal que se organizó para  cumplir  una  tarea  que  por  su  naturaleza  era  indeterminada  y permanente,  comoquiera  que se trataba de eliminar físicamente a personas que aparentemente  se   dedicaban   a   delinquir   en  el  sector.   Semejante  tarea  tenía  necesariamente   que   prolongarse   en   el   tiempo   y  hacía  necesaria  la  estructuración  de cierta logística, como aquella de que se hizo gala el 17 de  febrero    de    2001    en    el    establecimiento    comercial   “La   Gran  Esquina”.   

El  uso de armas de fuego, la pluralidad de  integrantes  de la banda que cometió los asesinatos – entre 7 y 9 -, el modo de  individualizar  a  sus víctimas – por el nombre -, el modo de operar – unos que  entran  a  la  taberna  y  otros  que aseguran el lugar prestando  guardia  en  el  perímetro  –  ,  demuestran la existencia de una organización  dedicada  a  la  comisión de esos delitos y que seguiría con sus “labores”  de no haber sido desarticulada.   

12. Tampoco puede  pasarse  por  alto,  conforme  lo  indica  la  resolución  de  acusación,  que  comerciantes  del sector reunieron dinero y ofrecieron pagar por la comisión de  los  homicidios,  tasando un precio por cada muerto y que, siguiendo el texto de  la  resolución,  de esa manera se “promovió” la creación del grupo armado  atrás  aludido,  incurriéndose de tal manera en el concierto para delinquir en  la  modalidad  señalada  por  la  pieza  jurídica  de  la  Fiscalía que es de  competencia  de  los  Jueces  Penales  del  Circuito Especializados, tal como lo  dispone  el  numeral  17  del  artículo  1°  del  Decreto  2001 de 2002.    

13.  No  pasa por  alto  la  Corte que la resolución de acusación puede tener errores en cuanto a  la   imputación   de  algunas  circunstancias  como  agravantes  de  un  delito  (homicidio)  y  simultáneamente  como  estructurante  de  otro  (concierto para  delinquir),   pero   tal  situación  no  es  del  resorte  de  este  juicio  de  competencia,  en  la  medida en que no la afecta y que puede ser resuelta por el  Juez, conforme a sus facultades dentro de la fase de juzgamiento.   

Ni puede olvidarse tampoco que finalmente se  trata  de  hechos  que están imputados de manera diversa a diferentes acusados,  de  manera que siendo competente para conocer del concierto para delinquir en la  modalidad  imputada,   si   su   criterio  fuere finalmente el de  absolver  por  esos ilícitos y condenar por los otros – homicidios agravados -,  no se afectaría su competencia para adoptar semejantes decisiones.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1.    DECLARAR    que    la    competencia    para   conocer   del  presente   

proceso  que se adelanta en contra de ÁLVARO  CÁRDENAS,  GIL  ROBERTO  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ  y MARÍA DE LOS ÁNGELES ÍQUIRA  COLLAZOS   es   del   Juzgado   1°   Penal   del   Circuito   Especializado  de  Cundinamarca.   

2.     Comuníquesele    lo   aquí   decidido   al   Juzgado   2°  Penal  del  Circuito  de  Soacha.   

CÚMPLASE   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                          

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                                            JORGE                                  A.                                 GÓMEZ  GALLEGO                                  

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO      O.     PÉREZ     PINZÓN                                    

MARINA PULIDO DE BARÓN  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1.-                      CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Auto de colisión de  competencias  del  14  de febrero de 2002. Radicación No. 18.457. M.P: Jorge E.  Córdoba Poveda.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *