19154(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19154  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  106  

         

Bogotá,   D.  C.,  veintitrés  (23)  de  septiembre de dos mil tres (2003).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de CARLOS  ALBERTO  TORRES  GÓMEZ contra la  sentencia  proferida,  el  24  de  febrero  de 1997, por el Tribunal Superior de  Medellín,  en  la que al confirmar la del Juzgado Primero Penal del Circuito de  la  misma  ciudad,  fechada  el  25  de  noviembre  de 1996, lo condenó por los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal.   

  H   E   C   H   O  S   

El juzgador de segunda instancia los narró  de la siguiente manera:   

“Pasadas   las    seis    y   treinta   de   la   tarde   del   16   de   agosto   de 1995,  al  sitio   conocido       como      ‘El              Hoyo’   del      barrio      Caycedo     de    esta     ciudad   (Medellín),      llegó     en     motocicleta     el   agente   de  la Policía Nacional Luis Osley  Marín  Castaño,  con la finalidad de reclamar donde  Fabio    Esteban    Córdoba    Rivera,  un  mecánico amigo, otro velomotor de propiedad de un familiar.  De  improviso  fue  atacado  con  arma de fuego y recibió lesionamientos que en  contados  segundos  acabaron  con  su  existencia,  no empece haberse llevado en  busca  de  recursos  médicos  a  la  Unidad Inmediata de Salud de Buenos Aires.  Allí,  en  el  mismo  sitio  del  atentado, le despojaron de un revólver marca  Llama,  calibre  .38  largo  IMI1755M,  con  salvoconducto,  que portaba para su  defensa  personal.  Desde  el  comienzo  y  muy  recién  escuchados los letales  disparos,  se  dijo por el sector que el autor de la violenta muerte había sido  el      individuo      apodado     ‘Beto’  y en  tal       sentido       se       enrutó      la      investigación”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Luego  de  sintetizar  los  hechos  y  la  actuación  procesal, con fundamento en la causal 1ª consagrada en el artículo  220   del   Código  de   Procedimiento   Penal,   pretende   el   actor   la   revisión   de   la  sentencia,   toda   vez   que,   en  su  criterio, los cargos hechos  en      contra     de      su      procurado      “nacieron   de   un   simple   rumor”,    además    de    que  no   estuvo   presente   en   el  lugar  donde  se  causó   la   muerte   a  Luis Osley Marín Castaño, pudiéndose concluir  que no actuó en el homicidio.   

Asevera  que en la inspección judicial que  se  practicó  en  el  sito  de los hechos, la fiscalía dejó constancia que se  hallaban  presentes  el  padre  y  una hermana del occiso, Mery Marín Castaño,  quienes  indicaron  que  no  existía  ninguna  información sobre el autor y el  móvil  del  homicidio.  Sin  embargo,  transcurridos  quince  días, Luz Marina  Castaño  de Marín, madre del fallecido, informó a la fiscal que los homicidas  de      su      hijo      “eran     ‘Beto’, entre otros, ya que éste lo tenía  amenazado  de muerte, no solo a él, sino también a su yerno PINO GONZÁLEZ y a  toda   la  familia”.  Agregó  que  “una  menor  llamada  SANDRA vio que la COLUDA mató y robó el arma  de  dotación  de  OSLEY,  y  que  la  menor  le había dado cuenta de esto a la  policía”.   

Dice que la anterior información riñe con  lo  que se había predicado en un inicio, es decir, que cometido el homicidio ya  se  conocían  a  sus  autores,  lo que no es cierto, pues de lo contrario no se  habría  dejado  aquella  constancia  en  la  diligencia  del  levantamiento del  cadáver ni la señora Luz Marina hubiese acudido a la fiscalía.   

Sostiene que tenían el testimonio de Fabio  Esteban     Córdoba     Rivera,     alias    “El  Mellizo”,  persona  que había recibido la moto que  Luis  Osley reclamaba al momento de ser atacado y quien no se dio cuenta de nada  por  cuanto  salió  en huida al escuchar los disparos, así como la versión de  la  menor  Sandra  Milena  Duque  Pabón,  quien  comentó  que  observó cuando  “BETO,  LA COLUDA Y CAMILO disparaban contra Osley.  Que  cuando  la  Coluda  la  vio  dirigió  el  arma  contra  ella pero que ella  corrió…”.   

Refiere que a los folios 172 y 200 aparecen  unos  oficios  de la Registraduría Nacional del Estado Civil que dejan entrever  la  existencia  de  una homonimia en lo que respecta al nombre de Carlos Alberto  Torres    Gómez,    aspecto    que   debe   ser   objeto   de   “descarte”, conforme a lo reglado en el  artículo 274 del Código de Procedimiento Penal.   

Acota  que  Mery  y Gloria Marín Castaño,  hermanas  del  occiso,  manifestaron  que  la  menor  Sandra  les  informó  que  “Beto”              “Camilo”  y  “La  Coluda”  habían  matado  a Osley, versión que si bien coincide con la  corta  declaración  que  Sandra  rindió en la fiscalía, de todos modos, en su  criterio,  riñe  con  la  constancia dejada por la funcionaria que practicó el  levantamiento,  según la cual, el padre y la hermana del occiso desconocían al  autor  y  el  móvil  del  homicidio.  De  ser  cierto que Sandra comunicó a la  familia    lo    sucedido,    así    lo    habrían    manifestado   en   dicha  diligencia.   

Dice que tampoco se ajusta a la realidad lo  afirmado  por  la  madre de Luis Osley, quien se contradice con lo expresado por  su hija y por la menor Sandra.   

De  otro  lado,  refiere  que  el  14  de  septiembre  de  1995  se  capturó  a Camilo Gobardo Montes Valencia portando un  arma  de  fuego que, según la familia de Luis Osley, era la de dotación que le  fue  hurtada  el  día de su muerte. Sin embargo, advierte que no existe ninguna  prueba que corrobore que se trataba del mismo revólver.   

Comenta que la madre del occiso, Luz Marina  Castaño  Castaño,  siempre  ha  estado  atenta  de  que se haga justicia en la  persona   de   “BETO”,  quien  para  ella  es  el principal responsable del homicidio de su hijo, por lo  que  se  ha  hecho  presente  en  la fiscalía en varias oportunidades imputando  dicho  cargo  en  su  contra.  Además,  asevera  que  esta  señora ha dicho lo  siguiente:   

    

1. Al  folio  7  y siguientes, que Beto tenía amenazado a su hijo y a  su  yerno Pino, quien también es policía, dato que conoce porque, según ella,  su  propio  hijo  Luis Osley se lo comentó. Sabe que el culpable es Beto porque  una niña Sandra vio los hechos.     

    

1. Al  folio  16  y siguientes, que capturaron a Camilo Gobardo con el  arma  de dotación que le había sido hurtada a su hijo el día de su muerte. No  obstante,  dice  el  demandante,  no  existe prueba que indique que se trate del  mismo     revólver,     ni     de     la    idoneidad    del    “artefacto”,  ni  sus características.  “De  ahí  que  se  hace  no  solo  imposible  sino  también  temerario imputarle a mi patrocinado el delito de PORTE ILEGAL DE ARMA  DE     FUEGO     sin     tener     peritación    en    los    autos”.     

    

1. Al  folio  69 y siguientes, insistió en las amenazas que Beto hizo  a  su  familia,  en  particular  a  su  menor  hija  Esmeralda,  “porque  es  la  que  da más papaya”, y  desconoce   quienes  son  los  transmisores  de  tales  amenazas.  Sin  embargo,  considera  el  memorialista que en esta declaración cambia su versión respecto  al  motivo que tuvo Beto para cometer el delito. “Ya  no  fue  la  envidia,  la bronca, sino que ya es la remuneración que según DON  DANIEL  (del que no se sabe quién es, ni los apellidos, ni donde vive) le pagó  DON  OSCAR,  a  quien dizque llaman CALIMBO (de quien tampoco se sabe apellidos,  dirección  ni  quién  es),  porque su hijo LUIS OSLEY estaba involucrado en el  asesinato      del      hermano      del      tal      DON     OSCAR”.     

Sostiene que no existe en el proceso ninguna  constancia  o  declaración  que  respalde  la  versión de la señora madre del  occiso,  máxime  cuando  la testigo Sandra manifestó que sólo vio en el lugar  de  los  hechos  a Beto y a Coluda, respecto de quienes nunca dio a entender que  estuvieran  armados,  o que hayan disparado contra Luis Osley, o que lo hubieran  atacado o despojado de sus pertenencias.   

Si  no  existe  siquiera  un  indicio  del  supuesto  hurto,  se  pregunta,  “cómo se le puede  endilgar  y  acusar por tal punible a mi defendido?. Qué persona ha manifestado  en  esta  investigación  que  vio  a CARLOS ALBERTO o a alguno de sus socios de  empresa     apoderándose     del     revólver,    anillo    y    dinero    del  interfecto?”.   

Estima  de gran importancia la declaración  rendida  por  María Victoria Gallego Díaz, quien vive a menos de 20 metros del  lugar  de  los  hechos y observó lo sucedido, persona que conoce al condenado y  “asegura  que  no  fue  él  quien  ocasionó  los  disparos  porque,  entre  otras  cosas, CARLOS ALBERTO TORRES es bastante alto y  corpulento”.   

En fin, considera que conforme a lo dicho se  puede  concluir  que  en  este  caso resultó condenada una persona que no tomó  parte en el homicidio.   

Reconoce que la causal de revisión invocada  refiere  a que se haya condenado a dos o más personas por un delito que no pudo  ser  cometido sino por una. Sin embargo, dice que este instituto lo que busca es  que  no  se  condene  a un inocente como producto de un error judicial. En otras  palabra,  asevera  que la causal primera “solo opera  en  los  eventos  en que estén demostradas las condiciones que permitan afirmar  que  el  delito  fue  cometido  por  una sola persona. Tal sería el caso en que  probatoriamente  se  establece  que  en  el  sitio  de  los acontecimientos solo  estaban  el  agresor y la víctima, como puede verse, especialmente a través de  la  última  declaración  citada  no  fue  justamente  el señor CARLOS ALBERTO  TORRES  el  que ocasionó el homicidio en el cual resultó condenado”.   

Por  último,  sostiene  que en el término  probatorio     de     este     asunto,    solicitará    las    que    considere  pertinentes.   

Allegó  al  presente escrito el respectivo  poder,    copias    de    las    sentencias    y   la   certificación   de   su  ejecutoria.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  desestime   el   fallo   y,   en   consecuencia,   dicte   el   que  en  derecho  corresponda.    

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Una  vez más debe reiterar la Corte que la  remoción  de  la cosa juzgada sólo es posible cuando frente a la demostración  de  algunas de las causales taxativamente señaladas en la ley, se evidencia que  se cometió una injusticia.   

En    consecuencia,    la   demanda   deberá   ser   confeccionada  con sujeción   a     los     parámetros     legales    y    con   respeto    a   la  causal   en   que  se   apoya,   pues,   en   caso   contrario,   el  escrito   se   torna   en   un  alegato  de  instancia,  lo  que   constituye   un   desafuero   que   desnaturaliza   los  fines  de  la  revisión.   

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  de  la  sola  lectura  de  la demanda se colige que el libelista no sólo  desconoce  los  soportes  filosóficos  y  doctrinales  en  que  se  ampara este  instituto,   sino   que   ignora  que  el  proceso  ya  terminó  con  sentencia  ejecutoriada  que  ha  hecho tránsito a cosa juzgada y que, por lo mismo, no se  trata  de  una  instancia  más  en la que se puedan reexaminar los elementos de  juicio  que  sirvieron  de  fundamento a una decisión que tiene el carácter de  definitiva   e   inmutable,  o  debatir  aspectos  jurídicos  cumplidos  en  el  diligenciamiento.   

Obsérvese   cómo   el   actor,  en  los  fundamentos  de  derecho, no hace otra cosa que señalar que el procesado no fue  la  persona  que  cometió el delito de homicidio en Luis Osley Marín Castaño,  para  lo  cual  dedica su esfuerzo a poner en tela de juicio la credibilidad que  los  juzgadores  le  otorgaron  a  las declaraciones que rindieron Luz Marina de  Marín,  Mery  Marín  Castaño,  Gloria Marín Castaño, Fabio Esteban Córdoba  Rivera  y María Victoria Gallego, olvidando que no solo fueron dichos medios de  convicción  sino  otros  y  una  serie  de  indicios  que sirvieron de apoyo al  sentenciador  para  concluir  en  la  autoría  y  la  responsabilidad de Carlos  Alberto  Torres  Gómez,  argumentación  que  así  expuesta  no  hace más que  procurar  reabrir  un  debate probatorio finiquitado en las instancias a través  de  una  sentencia  que  ha  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada y contrariar los  lineamientos legales del instituto de la revisión.   

Así,  entonces,  resulta  claro  que  el  accionante  no  sujetó  la  demanda  a los lineamientos de la causal primera de  revisión.   

Al respecto ha sostenido la Sala:  

“Si   la   acción   se   apoya  en  la  causal  primera de las previstas en el artículo 220  del  Código  de procedimiento penal, esto es, cuando el juzgador ha condenado o  impuesto  medida  de  seguridad  a  un  número  mayor  de  personas  de las que  materialmente  pudieron  haber  tomado parte en la ejecución del hecho punible,  atendiendo  la  naturaleza  de éste, sus características, y la verdad fáctica  acreditada  en  el proceso, compete al demandante demostrar que entre los hechos  acreditados  en  el  proceso  (verdad formal), y los declarados probados por los  juzgadores  en  las sentencia de primera y segunda instancia (verdad declarada),  se  presenta  una discrepancia en torno al número de personas que tomaron parte  en  la  realización  de  la  conducta  típica,  bien porque ella no podía ser  realizada  sino  por  una sola persona y fueron más las condenadas, o porque se  condenó  a  un  número  mayor  de  las  que  participaron  en ella, y que esta  disconformidad    condujo    a    la   condenación   de   por   lo   menos   un  inocente.   

“Es de reiterar  que  esta  causal  no  cobija  casos  en  los  cuales  el actor, a partir de una  particular  valoración  de  las normas y de los hechos, en contraposición a lo  resuelto  en  el  fallo  objeto  de  acción, considera que el sentenciado no es  coautor  o  partícipe de una determinada conducta ilícita, ya que este tipo de  discrepancias  sólo resulta predicable de las instancias, o la casación, no de  la  revisión  en  cuya  sede  no es plausible revivir controversias fácticas o  jurídicas      ya      definidas”.1   

Como puede observarse, el actor no ciñó el  libelo  a los citados presupuestos, desviando su discurso a personales puntos de  vista  frente  a  la  forma  como el sentenciador valoró los medios de prueba y  olvidando,  además,  que  en  este  caso  sólo  fue su poderdante el declarado  responsable  del  delito  de  homicidio  por  el que fue juzgado, sin que por el  mismo hecho haya sido condenado otro u otros.   

En  esas  condiciones,  no  se admitirá la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer al doctor León Enrique Ochoa  Carvajal  como  apoderado del condenado CARLOS ALBERTO  TORRES GÓMEZ.   

2.   INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  24  de  febrero de 1997, por el Tribunal Superior de Medellín, mediante el cual  se     condenó    a    CARLOS    ALBERTO    TORRES  GÓMEZ  por los delitos de homicidio agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                  MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Rad.  19252,  auto  del  11  de  marzo  de  2003,  M.P.  Dr. Fernando Arboleda Ripoll.  Además,  ver,  entre  otras,  autos  del  27  de mayo de 2003, M.P. Dra. Marina  Pulido  de  Barón,  del  5  de diciembre de 2002, M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego,  del 24 de julio de 2001, M.P. Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote, y del  27 de septiembre de 2000, M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.     

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