16655(17-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16655  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                Magistrado  ponente   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado acta No. 104  

Bogotá D.C.,Septiembre diez y siete (17) de  dos mil tres (2003)   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por   el   defensor   del   procesado   ARLEY  DE JESÚS JIMÉNEZ MARÍN contra la  sentencia  del  13  de  julio  de  1999,  por medio de la cual la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Pereira, confirmó la proferida por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  esa capital, mediante la cual lo  condenó  a  la  pena  principal  de  307  meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el lapso de 10 años, como  coautor  responsable  del  concurso  de  delitos  de homicidio y porte ilegal de  armas de defensa personal.   

HECHOS  

En  las primeras horas de la noche del 31 de  julio  de  1998,  en  el  sector de la carrera 8ª entre calles 9ª y 10ª de la  ciudad  de  Pereira, agentes de la Policía trataron de practicar una requisa de  rutina  a  ARLEY DE JESÚS JIMÉNEZ MARÍN,  quien  al desobedecer el pedido de los uniformados, emprendió la  huida  disparando  su  arma  de  fuego haciendo blanco en el transeúnte GUSTAVO  MOLANO  MORALES a quien le causó heridas que originaron su traslado al hospital  San Jorge de esa ciudad, donde falleció el 9 de agosto de 1998.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  la  diligencias  practicadas  durante  el  periodo  de  indagación  preliminar,  el  1° de agosto de 1998 la  Fiscalía  21  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito con sede en  Pereira,  profirió  resolución  de  apertura de investigación, disponiendo la  indagatoria   de   quien  dijo  llamarse  CARLOS  AUGUSTO  GUILLÁN,  pero  que,  posteriormente,  en  el  curso de la diligencia se identificó como ARLEY  DE JESÚS JIMÉNEZ MARÍN (fl. 26 c  #  1), estableciéndose plenamente su identidad por parte del Cuerpo Técnico de  la  Fiscalía  General  de la Nación (fl. 125 c # 1) a quien se le resolvió la  situación  jurídicas  con medida de aseguramiento de detención preventiva por  el  concurso  de  delitos de homicidio preterintencional y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal (fl. 43 # 1).   

Por  reasignación, el expediente pasó a la  Fiscalía  34  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de Pereira, la  cual,  luego de llevar a cabo algunas diligencias clausuró la etapa instructiva  mediante  resolución del 15 de octubre de 1998, calificándose la actuación el  13  de  noviembre  del mismo año con resolución de acusación por el delito de  homicidio  simple,  dado que descartó la posibilidad de la comisión del delito  preterintencional  imputado  en  el momento de resolver la situación jurídica,  en  concurso con porte ilegal de armas de fuego de defensa personal (fl. 169 c #  1).   

El Juzgado 3° Penal del Circuito de Pereira,  imprimió  el  trámite inherente a la etapa de la causa, celebró la diligencia  de  audiencia pública y dictó sentencia el 28 de mayo de 1999 (fl. 252 c # 1),  por  medio  de  la  cual, en armonía con la acusación, condenó a ARLEY  DE  JESÚS  JIMÉNEZ  MARÍN  a 307  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de  10  años, así como al pago de los perjuicios  ocasionados con la infracción.   

Recurrida  por  el defensor del procesado la  sentencia  de  primera  instancia, fue confirmada por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Pereira, mediante providencia del 13 de julio  de 1999 que es objeto del recurso extraordinario.   

LA  DEMANDA   

El  defensor  del  procesado  ARLEY  DE JESÚS JIMÉNEZ MARÍN, acusa al  sentenciador  de incurrir en la causal primera, inciso primero del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal, vigente para la fecha de los hechos, por  violación  directa  de  la ley, por falta de aplicación de los artículos 38 y  325  del  Código  Penal  anterior,  sobre  el  homicidio  preterintencional que  imponen  la  obligación  de  observar  los  criterios  para  fijar  la  pena de  conformidad con el artículo 61 ibídem.   

En desarrollo de la demostración del cargo,  transcribe  apartes  de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  concluyendo que  “El  asunto  es  totalmente  claro.  El  procesado  dispara  a  los  policías  para eludir su acción y da muerte a un transeúnte.  Implícitamente  reconoce  el  Tribunal  en el fallo impugnado que la intención  del  procesado  era  la  de eludir la acción policial, en ningún momento la de  matar  al  señor  Gustavo Molano Morales, quien de casualidad transitaba por el  lugar”  en  estas  condiciones  debió  aplicar  los  artículos 38 y 325 del Código Penal.   

Sostiene  que el fallo reconoce expresamente  que  el  objetivo  del  procesado  era  evadir  la acción de la policía que lo  perseguía  por  rehusarse  a  una  requisa,  disparando para eludirlos, dijo el  Tribunal,  y  no  para matarlos, “pero su intención  inicial  fue  trascendida (sic) por el resultado no buscado, no querido, matar a  un     transeúnte,    una    persona    que    accidentalmente    pasaba    por  allí”.   

Debió,  entonces,  el  Tribunal  aplicar la  norma  pertinente  para  darle  al  homicidio  un  carácter  preterintencional,  debiendo  dosificar la pena en 150 meses por el homicidio preterintencional para  un  total  de  157  meses  por  el concurso con el porte ilegal de armas, por lo  tanto,  la  parte resolutiva debe reformarse imponiendo la pena referida, razón  por  la cual debe casarse parcialmente la sentencia para que se reforme el punto  primero en la forma indicada.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador Segundo Delegado en lo Penal,  al   abordar   el  estudio  de  la  demanda  advierte  que  el  censor  respetó  técnicamente  la  metodología  inherente  a  la  causal  primera,  por la vía  directa  invocada;  sin  embargo, afirma que, en definitiva, no está de acuerdo  con  el  reproche  señalado  por  el libelista al acusar la sentencia de violar  directamente  la  ley  sustancial, porque, supuestamente, el juzgador reconoció  “implícitamente”   que  la  modalidad  delictiva  que  procede  es  la  del  homicidio preterintencional.   

Precisa,  que  analizando el párrafo citado  por  el  casacionista,  se  llega  a la conclusión de que en ningún momento se  reconoce  la  comisión  del  delito a que se refiere, ni mucho menos se hace un  reconocimiento   de   los   elementos   que   estructuran  el  fenómeno  de  la  preterintención,  ni  siquiera  en  forma implícita como pretende demostrarlo,  sino  que,  se  realizó  una  afirmación  en  el  sentido  de que el procesado  reaccionó  en  la  forma  como  se  le cuestiona en el proceso con el objeto de  eludir  la  requisa  que  los policiales pretendían hacerle, pero ello, de modo  alguno    se    aviene    con    los    elementos    específicos   del   delito  preterintencional.   

Considera la Delegada que no basta con hacer  alusión  a  un  párrafo  de  manera  aislada, sin tener en cuenta el contenido  integral,  pues  para la procedencia de la causal es necesario que no quede duda  alguna  que  empañe el reconocimiento específico que se pretende, porque puede  suceder,    como    aquí   ocurre,   que   se   descontextualice   su   sentido  genuino.   

Para  el Ministerio Público es claro que el  resultado  que  se  produjo  fue ocasionado por una acción dolosa, a título de  dolo  eventual  y  así  enfáticamente  lo expresaron tanto el Tribunal como el  juzgado en los fallos de instancia.   

Finalmente, sostiene que no se presentan los  requisitos  básicos  del  delito preterintencional y menos que se pueda inferir  que  el  Tribunal  los  hubiera  reconocido  en  el aislado párrafo que cita el  actor,   razón   por  la  cual  sugiere  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Resulta evidente, según lo resaltado por el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal, que el actor carece de razón en el  cuestionamiento     que    realiza    contra    la    sentencia    de    segunda  instancia.   

En efecto, adviértase, en primer lugar, que,  el  demandante  equivocadamente  acudió  a  la  causal  primera, para ubicar el  ataque  contra  la  sentencia  por  violación  directa  de  la  ley sustancial,  acusándola  de incurrir en exclusión manifiesta de los artículos 38 y 325 del  Código  Penal  vigente  para  la  época  de los hechos, atinentes al homicidio  preterintencional.   

Sin embargo, nótese que en las sentencias de  instancia  que  integran una unidad inescindible, los juzgadores, arribaron a la  conclusión  que de las pruebas acopiadas se establecía plenamente que la forma  de  culpabilidad  de  la  conducta  desplegada  por  el  procesado  ARLEY   DE   JESÚS  JIMÉNEZ  MARÍN  no  podría  ubicarse sino en las previsiones del dolo, conforme al artículo 36 del  C.P.  anterior,  pues  saltaba de bulto que el procesado debió representarse el  resultado  y  preverlo  como  posible, atendiendo el arma que portaba y el lugar  por  donde  transitaba,  además,  la  hipótesis de la preterintencional no fue  expuesta  ni  en  el  debate  ,  ni  en  la  sustentación de la apelación  interpuesta contra la sentencia de primera instancia.   

                               Empero,  adviértase  que sin que lo hubiera mencionado en la demanda presentada  por  el  casacionista,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Pereira, al  estudiar   la   forma   de  culpabilidad  imputable  al  procesado  JIMÉNEZ  MARÍN conforme al código penal  anterior  de manera clara y  precisa  consideró  la  procedencia  del  dolo,  expresándose  de la siguiente  manera:   

“Así  las  cosas, el material probatorio  analizado  permitirá inferir como concomitante, el hecho de que el sindicado al  disparar  en  contra  de sus persecutores, pretendía detenerlos, y en atención  al   arma   que  para  ello  utilizara,  le  asistía  el  conocimiento  de  sus  devastadores   efectos   en   detrimento  de  la  vida  e  integridad  personal.  Lastimosamente,   fuese  el  transeúnte  que  por  allí  se  desplazaba  quien  recibiera  el  mortal  herimiento,  pero  la  acción en sí, desplegada de esta  manera,  en palabras sencillas se podrá describir como a riesgo del resultado a  obtenerse.   

En este caso, fuese la muerte por lo que en  verdad  se  comparte  el  fundamentado  planteamiento realizado por la Fiscalía  cuando  de  manera  pormenorizada,  descartó  la  concurrencia de una culpa con  representación   o  de  un  actuar  culposo,  enmarcando  la  conducta  en  los  lineamientos   de   la   intencionalidad.  Sin  que  se  requiere  lucubraciones  complicadas,   baste   acudir   al   tenor   del   artículo   36  del  Estatuto  Represor1.   

En  segundo  lugar,  la transcripción de la  sentencia  de  segunda instancia que hace el actor para fundamentar el cargo, no  reviste  la  trascendencia  que  le  atribuye, que permita admitir siquiera, por  vía  de  discusión,  que  el  Tribunal  dejó  entrever  la  posibilidad de la  preterintención  como  forma  de  culpabilidad  atribuible al procesado, por el  contrario,  reivindicó  el  análisis expuesto por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito   de   Pereira   impartiendo   la   confirmación   de   la   sentencia  impugnada.   

Está  visto,  entonces, que el ad    quem    analizó   los   aspectos  antecedentes  y  concomitantes  del  hecho,  para  inferir  de  su  análisis  y  valoración   que   compartía  la  imputación  jurídica  efectuada  desde  la  calificación  del  proceso  por  el  delito de homicidio simple, lo que pone de  manifiesto  que  la Corporación con ese entendimiento compartió la tesis de la  comisión del delito de homicidio en forma dolosa.   

Ahora bien y como tercer aspecto a resaltar,  el  libelista  tampoco  demostró  el  desacierto  en  que  hubiera incurrido el  Tribunal,  pues, el cuestionamiento que realiza sobre el que soporta la falta de  aplicación  de  los  preceptos contenidos en los artículo 38 y 325 del Código  Penal  anterior,  rompe el sentido argumentativo de la sentencia impugnada, para  acomodar   a   su   personal   e   interesado  criterio  la  posibilidad  de  la  estructuración  del  delito de homicidio preterintencional, cuando literalmente  lo  que  el  Tribunal  expresa  es la consolidación de la hipótesis dolosa del  actuar  de ARLEY DE JESÚS JIMÉNEZ MARÍN   de   acuerdo   con   el   anterior   artículo   36  del  Código  Penal.   

Es  evidente  que  el recurrente confunde el  dolo,   como   elemento   del   tipo  subjetivo,  con  los  móviles  o  motivos  determinantes  de  la  conducta.  En  efecto,  el  sujeto  activo puede tener el  propósito  de  matar o puede representarse un resultado de muerte, en virtud de  la  conducta  que  desea  ejecutar  por  una  razón  específica,  de cualquier  índole,  que  de  ninguna manera se identifica con ese propósito (dar muerte),  así  por  ejemplo,  puede animar su propósito un móvil de carácter afectivo,  económico  o  político.  En  tal  caso,  es  factible que la ley le otorgue un  significado  específico  que  se traduzca en el incremento de la pena o, en una  atenuación  punitiva,  por  ejemplo,  el ánimo de lucro, o el motivo abyecto o  fútil  que agravan el homicidio o, la finalidad de evitar intensos sufrimientos  a  la víctima, que lo atenúa en la modalidad del homicidio. En otras ocasiones  la  ley  en  la  descripción  típica,  no  le otorga a ese motivo determinante  ninguna  repercusión  punitiva  y  ello no significa que el propósito de matar  esté  desvirtuado.  En  este  caso  concreto,  el  propósito del sindicado era  eludir  la  actividad  de  la  policía, pero disparando su arma idónea, de tal  manera  que  podía  impactar  el  cuerpo de los agentes del orden. El ánimo de  evasión,  no es incompatible aquí con el propósito de matar  si, como lo  dijo  el  fallador  le  era posible representarse el resultado muerte. Entonces,  como  tratándose de violación directa de la ley sustancial, no se discuten por  el  casacionista  los  hechos  como  los  asumió  el  sentenciador  y  no puede  disentir,  como  así  lo hizo en la demanda, del análisis probatorio efectuado  en  las  instancias,  sobre  la  forma  de  culpabilidad  imputada  al procesado  JIMÉNEZ  MARÍN  desde  el  pliego  de  cargos,  máxime  cuando  los  juzgadores  ni  siquiera estimaron la  posibilidad  de  la  configuración de la preterintencionalidad, ni del contexto  de  la  sentencia  se  evidencia  la  falta de aplicación de los preceptos cuya  aplicación  reclama  el censor, por consiguiente, debió acudir a la violación  indirecta  para  demostrar,  si  lo había, un error de hecho o de derecho en la  apreciación probatoria. No lo hizo.   

En    consecuencia,    el    cargo    no  prospera.   

Como quiera que la Sala pierde competencia a  partir  de  la  presente  decisión, no puede ocuparse de asuntos atinentes a la  redosificación  de  la  pena  por  la eventual favorabilidad respecto del nuevo  C.P.,  que  si  fuera procedente, debe ser considerada por el Juez de Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad (artículo 79-7 Ley 600 de 2000).   

Esta  decisión queda en firme en el momento  de  suscribirse  por  los  Magistrados  que  integran  la  Sala y contra ella no  procede recurso alguno.   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando Justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia   impugnada,   de  fecha,  origen  y  contenido  consignados  en  esta  providencia.   

Devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

CÓPIESE,      NOTIFÍQUESE      Y  CÚMPLASE     

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                                CARLOS                                 A.                                GÁLVEZ  ARGOTE                                  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                                   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                            MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                                     

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  JUZGADO   3°   PENAL   DEL  CIRCUITO.  SENTENCIA  1ª  INSTANCIA,  mayo  28  de  1999     

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