17351(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17351  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 25  

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  OSCAR ENRIQUE VALLEJO SILVA.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   Los  hechos  se  sintetizan en los  siguientes.   

El  día  diecinueve  (19)  de  abril  de mil  novecientos  noventa y siete (1997), en el barrio Egipto, sobre la calle 9ª Sur  con  Avenida  Circunvalar,  el señor LUIS ALEJANDRO HERRERA MONROY fue agredido  por  tres individuos, entre ellos el señor OSCAR ENRIQUE VALLEJO SILVA, quienes  lo  hirieron con una botella en el rostro y dispararon sobre él, ocasionándole  múltiples  lesiones  que  determinaron  su fallecimiento, poco tiempo después,  cuando fue trasladado a la Clínica San Pedro Claver.   

2.-  El Juzgado 11 Penal del Circuito de  Bogotá,  mediante  sentencia  del 24 de agosto de 1999, condenó a OSCAR  ENRIQUE  VALLEJO  SILVA  a  la pena  principal  de  25  años  y  6 meses de prisión y a la accesoria de rigor, como  autor  de  los  delitos de homicidio y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

3.-    Inconforme   con   la  anterior  decisión,  el defensor interpuso recurso de apelación, el cual al ser desatado  por  el  Tribunal Superior de Bogotá, el 14 de febrero de 2000, la confirmó en  su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos  y comentar la decisión del sentenciador de segundo grado, en el  capítulo  que llamó “DE LA  CAUSAL  INVOCADA”, asevera  que  en  aquélla  se  incurrió en error de derecho, pues se apreció de manera  errónea  la declaración de Leonardo Cifuentes Quiroga, al darle un alcance que  no  tiene,  en la medida que éste manifestó que el procesado ocasionó heridas  en  el rostro del occiso con una botella, pero que fueron otras personas las que  dispararon y finalmente determinaron la muerte.   

Frente  a esta prueba, concluye: “el  sentenciador  de  segundo  grado se  excedió  al  tener  el  dicho  del  testimoniante como suficiente para condenar  …”.   

También,  señala el libelista, se incurrió  en    error    de    derecho,    al   “valorar    en    conjunto”   la  anterior  declaración  con  la  de  Sandro  Paul  Amézquita  Navarrete,  otorgándole  crédito  suficiente  como  prueba  para  condenar por  homicidio,  cuando esas versiones sólo “dan  constancia  de  los  golpes y heridas que le proporcionó en el  rostro”, motivo por el cual  al       darles       alcance      “suficiente    para    condenar   como   coautor   del   punible   de  homicidio”,  el  Tribunal  obró    “contrario   a  derecho”.   

Agrega  que en el fallo también se incurrió  en  errores  de  hecho, al omitir la declaración del agente de policía Antonio  José  Rave,  quien  no  obstante  explicar  los  motivos  por  los que no dejó  constancia  en  el “libro de  población”  acerca  de la  retención  temporal  de  un  joven  que  se  asemeja a las características del  procesado,  no  se  tuvo  en  cuenta eso en su favor, sino que solamente se hace  referencia        parcial,        “haciendo  énfasis  en  que  los  descargos  de Vallejo Silva no son  creíbles  por  no  registrar  su  nombre  en  el  citado libro, pero callan las  explicaciones  dadas  por  el  policial  en  relación con ese hecho”.   

Finalmente,   advierte   que  la  sentencia  “optó  por  las  vías de  hecho”,  al  suponer  la  existencia  de la prueba para apoyar el fallo, cuando arguye que el procesado se  concertó  con  los otros partícipes y que actuó de manera consciente y libre,  desconociendo  que  obra   prueba  suficiente de que el fatal desenlace fue  causado  en  riña,  bajo los efectos del alcohol y debido a la provocación que  ejercía   el   occiso,   hecho   relatado   por   los   testigos   “de           cargo”,  quienes  señalaron  cuales personas  portaban armas de fuego y dispararon contra la víctima.   

Por   lo  tanto,  asevera  que  al  haberse  confirmado  el  fallo  de  primera  instancia  se  da  paso a la responsabilidad  objetiva,   “omitiendo  la  prueba   científica   tan   importante  como  es  la  NECROPSIA  que  determina  diáfanamente   cual   fue   la   causa   de   la  muerte  violenta  de  Herrera  Monroy.”.   

Termina aseverando que los artículos 329 del  C.  P. y 1° del Decreto 3664/86, adoptado como legislación permanente mediante  el  Decreto  2266/91,  y  el artículo 247 del C. de P. P., fueron indebidamente  aplicados  y  que se dejaron de aplicar los artículos 5° del C. P. y 246 y 354  del C. de P. P.   

De  ahí  que  solicite  casar la sentencia y  absolver  al  procesado,  demandando,  a  su  vez, que si al revisar el fallo se  encuentra  viable  la aplicación del artículo 228 del C. de P.P., se proceda a  los correctivos de rigor.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuía  el  numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, subrogado  por el 8° de la ley 553 de 2000, vigente para la época.   

Entre   sus   desatinos,  se  destacan  los  siguientes:   

1° No distingue entre preceptos sustanciales  y  procesales,  pues  en  la  enunciación  de los que considera vulnerados, los  entremezcla.   

2° Aunque denuncia que el Tribunal incurrió  en  error de derecho en la apreciación de los testimonios de Leonardo Cifuentes  Quiroga  y  Sandro  Paul Amézquita Navarrete, no dice cuál fue el falso juicio  que   

lo   determinó,   si  de  legalidad  o  de  convicción.   

En el desarrollo de la censura, y apartándose  del  enunciado,  parece  referirse  al  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  cuando asegura que a las citadas declaraciones se les dio un alcance  que  no tenían, pero de todos modos, tampoco lo desarrolla, pues no muestra que  su  contenido  fáctico  haya  sido  tergiversado, en forma que no hay identidad  entre   lo   que   su   texto   reza   y  lo  que  el  Tribunal  manifestó  que  contenía.   

3° Vulnera el principio de no contradicción,  como  quiera  que  al  interior  del  mismo  cargo  pretende  que  el acusado no  intervino      en      los      hechos,     por     encontrarse     “retenido    temporalmente”,   como   se  infiere,  dice,  de  la  declaración  del  agente  de  Policía Antonio José Rave, y que sí intervino,  pero  que  no  fue coautor de la muerte de Herrera, pues se limitó a lesionarlo  con una botella en el rostro.   

4° Por otra parte, si acepta que el procesado  lesionó a la víctima, no explica porqué solicita su absolución.   

5°  En  lo atinente al reproche que hace con  respecto  al  testimonio  del  agente  de  Policía  Antonio José Rave, tampoco  demuestra   que  haya  sido  parcialmente  ignorado, como lo denuncia,  sino  que,  simplemente,  se  opone  a  la  credibilidad  que  se  le  negó sin  percatarse  que  la  simple  discrepancia entre el fallador y el censor sobre el  mérito  de  elementos de convicción no sometidos en cuanto a su valoración al  método  de  la  tarifa  legal  sino  de la sana crítica, no configura desatino  demandable  en casación, prevaleciendo el criterio del sentenciador, por llegar  la  sentencia  a  esta  sede  amparada  por  la  doble  presunción de acierto y  legalidad.   

6°  Finalmente,  en  cuanto a la censura que  hace  por  falso  juicio  de  existencia,  por  suposición,  el  discurso   argumentativo  lo reduce a oponerse a las conclusiones probatorias del fallador,  pretendiendo  que  el procesado no fue coautor de la muerte de Alejandro Herrera  Monroy.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone  su  inadmisión,  de  acuerdo  con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700 de 1991, subrogado por el 9° de la ley  553 de 2000, pues la  Corte,    en    acatamiento    al    principio    de   limitación,   no   puede  corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado OSCAR  ENRIQUE  VALLEJO  SILVA.  En  consecuencia, se declara  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P., (Decreto 2700 de 1991, aplicable  a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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