11481 (21-08-96)

1996

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA DE CASACION/  VIOLACION  DIRECTA DE LA LEY/ VIOLACION INDIRECTA DE LA  LEY   

Tesis:  

En  verdad,  el  actor  aduce como causal de  casación,   la   primera   consagrada  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pero no tiene en cuenta que dentro del numeral primero de  dicha  disposición se contamplan dos alternativas distintas de violación de la  ley: la directa y la indirecta.   

Tampoco  y  por el mismo motivo, advierte el  demandante  que, a su vez, la vía directa y la indirecta por corresponder a dos  disímiles    sentidos    de    quebranto    de    las    normas   sustanciales,  imprescindiblemente  deben  comprobarse  por  separado  bajo  unos  supuestos  y  fundamentos propios para cada una.   

PROCESO                              : 11481   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente Dr.:   

          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

          Aprobado Acta No.122   

       Santafé   de  Bogotá,D.C.,  veintiuno  (21)  de  agosto  de  milnovecientos  noventa  y  seis  (1.996).   

          VISTOS:   

     Contra la sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cúcuta  el  12  de  octubre  de 1995, que revocó la dictada por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de dicha ciudad, por medio de la cual absolvió a  MARTIN  EMILIO  BLANCO  IBARRA  por  los  delitos de homicidio y porte ilegal de  armas,  para  en  su  lugar condenarlo a la pena de nueve (9) años y cuatro (4)  meses   de   prisión,   el   defensor   del   procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación,  cuya  demanda  sustentatoria  procede la Corte a  examinar  a  fin de establecer si cumple con los requisitos que el artículo 225  del Código de Procedimiento Penal exige para su admisibilidad.   

         HECHOS:   

     Los hechos origen de  este  proceso  sucedieron  en  el  barrio Claret de la ciudad de Cúcuta, sector  “Motilones”  el  17  de mayo de 1.994, cuando en horas del medio día y después  de  haber  estado  ingiriendo  algunos  tragos, Jesús Emilio Pacheco abordó la  buseta  que  conducía  y al arrancar, arrolló causándole algunos daños a una  bicicleta  que  había  sido  dejada  delante  del  vehículo por Angel Giovanny  Blanco  Ibarra.  De manera cordial, llegaron al acuerdo de llevar el velocípedo  a  un  taller,  al que fueron acompañados por Gabriel Angarita Carrascal, quien  ya  en  dicho  lugar sostenía que nada tenía que pagar su amigo Pachecho, pues  aquél  había  sido  descuidado  en cuanto el lugar en donde dejó su cicla. De  este  inicial  comentario  se pasó a la discusión y a esgrimir sendas navajas.  Los  ánimos  se calmaron y todo habría quedado ahí, si no fuera porque MARTIN  EMILIO  BLANCO IBARRA llegó al lugar enterado del conflicto y con el propósito  de  defender  a  su  hermano  Angel  Giovanny  y  no  obstante que Gabriel ya se  encontraba  fuera  del  taller,  le  disparó  por  una  sóla vez en la región  pectoral izquierda, causándole la muerte.   

         DEMANDA:   

     En términos que se  impone   transcribir   por  la  propia  dificultad  que  presenta  la  inusitada  sustentación  del  recurso  como para ensayar su resumen, así se manifiesta el  defensor de MARTIN EMILIO BLANCO IBARRA:   

         “Me  permito  invocar  como  causal  de casación la primera de las  indicadas  en el Artículo 220 del Código de Procedimiento penal por considerar  la  sentencia  objeto  del  recurso  como  violatoria de los artículos 29 de la  Constitución  Nacional,  445  Código  de  Procedimiento  Penal  (sic),  21 del  Código  Penal  y  los  principios  universales  de  la duda de la favorabilidad  además  de  desconocer  el  Intimo  convencimiento  que  causó  el  Juzgado de  Distancia  (sic)  el  testimonio  recepcionado  y  ahora  calificado sin ningún  fundamento  como  falso  sin  que  se  haya  adelantado  proceso alguno para tal  conclusión desconociéndose el debido proceso.   

         La  violación de la norma sustancial proviene entonces de error en  la  apreciación  de  los  dos  testimonios recepcionados en la vista pública y  así lo alegó.   

         Los  testimonios  de  acuerdo  a  la libre valoración de la prueba  efectuada  de  la  Juez  causaron íntimo convencimiento (sic), delantando en el  fallo  absolutorio  (sic), convencieron y no dejaron dudas, y todo fué producto  de  lo  observado  en  la  audiencia  pública,  donde  no acudió el Ministerio  Público,  privándose  entonces de un análisis imparcial y desapacimado (sic).  Si  El  hubiera  estado  presente  hubiera  compartido  el fallo como lo hizo la  Fiscalía General de la Nación”.   

           Y  agrega:   

         “El  artículo  29  de  la  carta  consagrada  que  (sic) el debido  proceso    se    aplicará    a    toda   clase   de   actuación   Judicial   y  administrativa.   

         El  artículo  445  del  Código de Procedimiento Penal consagra la  presunción de inocencia.   

         El   artículo   21  del  Código  Penal  se  refiera  (sic)  a  la  causalidad.   

         En este orden de fundamentos tenemos:   

         Para  tachar  como  falso  o acomodado un testimonio se requiere un  debate,  además: que as personas que declararon son personas ante todo honestas  y  dignas  de  credibilidad  y  aun  sin  sus testimonios no existía prueba que  ameritara  condena por existir múltiples dudas que respaldaban la posición del  procesado,  si  bien  es cierto se solicitó esa prueba, ella no era presupuesto  para el fallo proferido.   

         Cualquier  duda  que  exista  y  que aún existe, ruego evacuarla a  favor  de  una persona que se vió comprometida en un lamentable accidente y que  aceptó desde un comienzo su autoría.   

         No  es  producto  de  su  acción  o  de  su omisión, la posición  adoptada  por  los  testimoniantes.  Ellos son independientes para declarar y su  declaración   es  responsabilidad  de  ellos  y  no  tiene  porque  afectar  la  situación  del rematado. Si ellos faltaron a la verdad, que se les juzgue, o es  que  obligatoriamente,  como lo piesa el Ministerio Público, un testigo siempre  que declare debe es perjudicar al sentenciado”.   

     A consecuencia de lo  anterior,  solicita  a  la Corte que case el fallo de segunda instancia, para en  su lugar “confirmar” la sentencia absolutoria de primer grado.   

        CONSIDERACIONES:   

        Los   fines  primordiales  que  jusifican  la posibilidad de impugnar extraordinariamente una  sentencia  de  segunda instancia proferida por un Tribunal de Distrito Judicial,  los  remite  el artículo 219 del Código de Procedimiento Penal, al logro de la  efectividad  del  derecho  material  y  las  garantías  debidas  a  los sujetos  procesales,    la    reparación    de    los   agravios   y   la   unificación  jurisprudencial.   

     Y, para actualizar  en  un caso concreto estos objetivos, la ley ha previsto los requisitos formales  mínimos  que  debe  contener  el  escrito de demanda de casación a través del  cual aspira el censor a materializar dicha teleología.   

     Así, en términos  generales  y  de  acuerdo  con el artículo 225 del Estatuto procesal, el libelo  debe   reunir   como  requisitos  formales  para  que  pueda  ser  admitida,  la  identificación  de  los  sujetos  procesales  y  de la sentencia impugnada; una  síntesis  de  los hechos materia de juzgamiento y de la actuación procesal; la  causal  que  se  aduzca para intentar la revocación  del   fallo,   indicando   en   forma   clara   y  precisa  los  fundamentos  de  ella,  y  finalmente,  la  cita de las normas que el  recurrente estime infringidas.   

      Bajo  este marco,  sin  mayores  esfuerzos puede afirmarse que la demanda que el defensor de MARTIN  EMILIO  BLANCO IBARRA ha presentado contra la sentencia del Tribunal Superior de  Cúcuta,  no  reune  dichos requisitos formales y en particular los relativos al  deber  de  identificar  la  causal específica escogida para impugnar el fallo y  mucho menos con el de precisión y claridad en su demostración.   

     En verdad, el actor  aduce  como  causal  de casación, la primera consagrada en el artículo 220 del  Código  de  Procedimiento Penal, pero no tiene en cuenta que dentro del numeral  primero  de  dicha  disposición  se  contamplan  dos  alternativas distintas de  violación de la ley: la directa y la indirecta.   

      Tampoco  y por el  mismo  motivo,  advierte  el  demandante  que,  a  su  vez, la vía directa y la  indirecta  por corresponder a dos disímiles sentidos de quebranto de las normas  sustanciales,  imprescindiblemente  deben  comprobarse  por  separado  bajo unos  supuestos y fundamentos propios para cada una.   

      Así, mientras en  la  directa  se  controvierte  el  contenido  y  alcance  de la norma sustancial  originado  en  la  falta  de aplicación, en la interpretación errónea o en la  aplicación  indebida de un precepto de esta naturaleza, sin cuestionamientos de  ninguna  índole sobre la base fáctica y probatoria del fallo, en la indirecta,  precisamente  el objeto que le es propio resulta de los criterios divergentes en  torno  a  la apreciación probatoria, surgidos por errores de hecho o de derecho  que,  así mismo, comprenden una distinta fisonomía. En este aspecto la escueta  y  simple  alusión  que se hace a que la violación de la ley provino “de error  en  la  apreciación de los dos testimonios recepcionados en la vista pública”,  no  mejora la situación, puesto que siendo la única referencia que en concreto  se  hace a las pruebas y en estos términos vagos e imprecisos, no puede saberse  en  definitiva  cual  es  el  sentido de la alegación.Y es que si a la falta de  precisión  en  cuanto  a  la  específica  vía y el correspondiente sentido de  quebranto,  de  suyo impiden la comprensión del ataque, la curiosa relación de  las   disposiciones   presuntamente   quebrantadas   aumenta   la  confusión  e  indefinición del escrito.     

      En  efecto, aduce  equivocadamente  como  tales,  los  artículos 29 de la Constitución Política,  445 del Código de Procedimiento Penal y 21 del Código Penal.   

      

      La mención de la  primera  norma la justifica el censor, sobre la base de que “el testimonio”, que  no  precisa  a  cual  se  refiere,  fue  “calificado sin ningún fundamento como  falso”,  lo  que  habría  dado  lugar  a la violación del debido proceso y que  además  de  evidenciar  una  imprecisión  de contenido conceptual, traslada el  ataque  hacia  la  causal  tercera  de  casación,  la  cual  ni  fue  objeto de  formulación  y  muchísimo  menos  de  desarrollo,  es  decir, que no encuentra  explicación  distinta  que  en  la  absoluta falta de conocimiento del actor en  materia de este recurso extraordinario.   

      

     Tampoco la cita del  artículo   445   referido   puede   comprenderse   dentro   de   esta  precaria  fundamentación,  toda  vez que si, entonces, de lo que se trata es de alegar el  desconocimiento  del  principio del in dubio pro reo como factor determinante en  la  imposibilidad  de  lograr  certeza  sobre la responsabilidad penal de MARTIN  EMILIO  BLANCO  IBARRA,  así  ha  debido y en forma concreta acusarse el fallo,  bien  por  la  vía directa o indirecta que, como se vió no fue clarificada por  el  actor,  pues  todo lo trata de solucionar con el expreso desconocimiento del  principio  de  limitación  que  rige  el  recurso,  al  sugerir  a la Corte que  “Cualquier  duda  que  exista  y que aún existe, ruego evacuarla a favor de una  persona  que se vió comprometida en un lamentable accidente y que aceptó desde  un comienzo su autoría”.   

      Impera  concluir,  por  lo  razón  de  lo  anotado,  que  el  libelo  examinado  no  satisface los  requisitos  formales  mínimos  exigidos por la ley procesal, razón por la cual  la  Sala  rechazará  la  demanda  y  se  declarará en consecuencia desierto el  recurso,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 226 del Código de  procedimiento Penal.   

      En  mérito de lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        RESUELVE:   

       1.-   RECHAZAR   IN  LIMINE  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del procesado MARTIN  EMILIO  BLANCO IBARRA, contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Cúcuta el 12 de octubre de 1995.   

       2.-  DECLARAR,  como consecuencia DESIERTO el recurso extraordinario  de   casación   interpuesto   contra   el   fallo   referido   en   el  numeral  anterior.   

        Cópiese,  notifíquese,   devuélvase   el   expediente   al   Tribunal   de   orígen   y  cúmplase.   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL     RICARDO CALVETE RANGEL   

                        NO  FIRMO   

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA      CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE        A.        GOMEZ  GALLEGO         CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR    

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA              NILSON     PINILLA  PINILLA   

                                                             NO FIRMO   

        JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria    

   

    

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