AP394-2017(48802)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR   MAGISTRADA  PONENTE   

AP394-2017  

Radicación     No.:     48802   

Acta No. 17  

Bogotá       D.      C,  veinticinco  (25) de enero de dos mil  diecisiete (2017)   

VISTOS  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  revisión  propuesta  por  el  Procurador  153 Judicial II Penal de Popayán, en  favor del condenado JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA.   

HECHOS  

Según  la  sentencia  de  segunda instancia  dictada por el Tribunal Superior de Popayán:   

Tuvieron ocurrencia el 10 de abril de 2004,  a  la  una  de la tarde, aproximadamente, en la vía Panamericana que conduce de  Popayán  a  Cali,  exactamente en el kilómetro 12 más 100 metros, en el sitio  de  La  Venta  – Cajibío,  cuando  al  paso  de  un  grupo  conformado  por  10  miembros motorizados de la  Policía  Nacional  Popayán  fue  accionada  una  carga  de  explosivos  que se  encontraba  al lado de la vía, causándole la muerte al patrullero MARVIN RAÚL  CHAVES  FAJARDO  y  dejando heridos al subintendente OSCAR WILLIAM GIL ROJAS, al  patrullero  ERVIN  ANDRÉS ÁLVAREZ QUINTERO y al patrullero BONILLA MORENO JUAN  CARLOS.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Como  no se logró la comparecencia de JOSÉ  RODRIGO  LULIGO  MOSQUERA, la fiscalía lo declaró persona ausente.  El 17  de  febrero  de  2001  se profirió resolución en su contra por la comisión de  los     delitos     de     homicidio     agravado1  y  lesiones  personales  con  circunstancia         de         agravación2.    

Agotado  el rito  correspondiente,   el   Juzgado   2º   Penal  del Circuito Especializado Adjunto  de   Cali   dictó  sentencia,  el  23  de  abril de  2010,      condenándolo     a     las            penas         de         356  meses de  prisión     y     12     salarios    mínimos    de   multa,   como    autor    de    las   conductas  referidas.   Fijó en  20  años  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

La decisión de primer nivel fue apelada por  su  defensora,  pero  la Sala Penal del Tribunal Superior de Popayán, a través  del    fallo    dictado    el    18    de    enero   de   2012,   la   confirmó  integralmente.   

Contra  dicha determinación no se instauró  recurso  alguno,  por  lo  que  quedó  ejecutoriada  el  16  de  febrero de ese  año3.   

LA  DEMANDA  DE  REVISIÓN   

1.  En  primer  término,  el  Procurador  153 Judicial II Penal de Popayán hizo un recuento de  la  actuación  procesal y resaltó la vinculación en ausencia de JOSÉ RODRIGO  LULIGO  MOSQUERA,  que  se  hizo  «desconociendo los  parámetros     jurisprudenciales»    sobre    ese  aspecto.   

Expuso  además,  que ni la Fiscalía, ni el  Juzgado   de   conocimiento,  llevaron  a  cabo  «un  adecuado    análisis   de   los   hechos   y   de   las   pruebas».   Esa  situación  derivó en que fundaran la declaratoria de  responsabilidad   del  condenado,  esencialmente,  en  las  afirmaciones  de  un  testigo,  omitiendo  el  deber de investigación integral que les asistía en el  marco del proceso regulado en la Ley 600 de 2000.   

Explicó,  que  el  juzgamiento  en ausencia  impidió  que  LULIGO  MOSQUERA  pudiera  ejercer  en debida forma su derecho de  defensa  y  tampoco  permitió  que solicitara la práctica y evaluación de las  pruebas    que    ahora    presenta   y   que   considera   favorables   a   sus  intereses.   

En ese sentido, invocó la causal tercera de  revisión  contenida  en  el  artículo  220  de  la  Ley  600 de 2000.  En  sustento  de ella, aportó las declaraciones extrajuicio de la esposa y el padre  de  LULIGO  MOSQUERA,  así  como  las  de  dos  vecinos,  quienes, en términos  generales,  dicen  conocerlo  desde hace varios años y saben que ha residido en  la  vereda  El  Real.   Además,  refieren que se dedica a la agricultura y  tienen   conocimiento  de  que  está  privado  de  la  libertad  por  un  hecho  terrorista,  a  pesar  que  tienen  certeza  de  su inocencia y que tampoco pudo  participar  en  la  ejecución  del atentado, porque para la fecha de los hechos  estaba con ellos, en un lugar distinto al de la escena del delito.   

Las declaraciones extrajuicio son relevantes  para  derruir la condena.  Además, reúnen las condiciones exigidas por la  jurisprudencia  para  ser valoradas en orden a acreditar la configuración de la  causal invocada.   

En  ese  sentido, señaló el Procurador que  tales  atestaciones  no  pudieron ser valoradas dentro del proceso por razón de  la   «forma  irregular  como  la  investigación  y  juzgamiento    se    llevó   en   contra   de   LULIGO   MOSQUERA».    No   obstante,  su  contenido  podría  haber  variado  el  resultado del trámite.   

Para   él,   no   podía  dársele  plena  credibilidad  al «testigo de excepción».   Tampoco  era  correcto  que con base en tal declaración se  construyeran,      «irregularmente»,  el proceso y  la  condena  derivados  de los indicios de «presencia  en  el lugar de los hechos… amenazas contra el testigo de cargo… oportunidad  material  y  móvil  para  la  comisión  del  delito…  y  de  manifestaciones  posteriores al delito».   

Agrega que, si bien los declarantes podrían  hacer    las    novedosas    afirmaciones    con    el   fin   de   «favorecer   a   su   congénere»  para  mostrarlo  inocente,  la  valoración  de sus dichos no puede desecharse por esa  circunstancia    porque   aceptar   dicha   postura   implicaría   «que  en  todo  proceso penal el pariente o el amigo del procesado  concurre      a      declarar      para      siempre     favorecer».   

Más  aún,  el  escenario  adecuado  para  adelantar  el  juicio  sobre  las  atestaciones  presentadas,  no es el auto que  admite  o  rechaza  la  demanda.   Esa  labor  debe  hacerse cuando el juez  verifique,  de  fondo, el contenido de la prueba recaudada; si ésta es mendaz o  no  y si tiene relación con los hechos del proceso y la participación o no del  condenado en el suceso delictivo.   

Por tal razón, refiere el representante del  Ministerio  Público,  las  pruebas  allegadas tienen la potencialidad, si no de  acreditar  que  se  condenó  a  un inocente, al menos de tornar discutibles las  afirmaciones     que     al    proceso    penal    vertió    el    «testigo  de excepción», quien ubicó a  LULIGO  MOSQUERA  en  lugar  cercano  al  de  la  ocurrencia  de  los hechos, en  actitudes sospechosas.   

Esa  situación  hace necesaria la admisión  del  libelo,  para  que se confronte bajo el rigor de la sana crítica, el dicho  del  «testigo  único» con  los   allegados   como  novedosos  elementos  de  convicción  y  así  colegir,  objetivamente,  cuáles  de  tales  pruebas admiten demostrar un hecho y cuáles  no,   frente   a   la   responsabilidad   penal   que   se  declaró  contra  el  sindicado.   

Finalmente,  solicita  a  la  Corte  que  se  declare  fundada  la causal de revisión invocada.  En consecuencia, que se  deje  sin efecto la condena emitida contra JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA por las  instancias y además, que se le conceda la libertad.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia es competente para conocer de  la  presente  demanda  de  revisión,  de  conformidad  con lo establecido en el  numeral   2o  del  artículo  75  de  la  Ley  600 de 2000, por cuanto se dirige  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Popayán.   

2.  De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 221 de la Ley 600  de  2000, la acción de revisión puede «ser  promovida  por cualquiera de los sujetos procesales que tengan  interés  jurídico  y hayan sido legalmente reconocidos dentro de la actuación  procesal».   

Para  el caso, se advierte que el Procurador  153  Judicial II Penal accionante, no actuó dentro del proceso que se adelantó  contra  JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA.  Sin embargo, de manera pacífica ha  sostenido  esta  Corporación,  que en sede de revisión, la legitimidad deviene  de  las  facultades  constitucionales que se le asignan al Procurador General de  la   Nación  y  que  se  encuentran  contenidas  en  el  artículo  277  de  la  Constitución4,  las  cuales  fueron  encomendadas  al  demandante  mediante poder  especial  que  le  confirió  el  Procurador  General  de la Nación5  (en     ese     sentido,     cfr.    CSJ    SP16690    –   2015;  CSJ  SP13646  –  2014  y CSJ SP, 1º de noviembre de  2007, Rad. 26077).   

En   tales   condiciones,   el  procurador  accionante     está     legitimado    para    interponer    la    demanda    de  revisión.   

3.  La acción de  revisión  busca  derruir  la  intangibilidad  de la cosa juzgada.  Para su  admisión,   es   preciso  cumplir  los  requisitos  formales  reglados  en  los  artículos  220  y  subsiguientes  del Código de Procedimiento Penal, dentro de  los  que  se  cuentan,  la  determinación de la actuación procesal frente a la  cual  se  demanda  la  revisión;  «la causal que se  invoca   y   los  fundamentos  de  hecho  y  de  derecho  en  que  se  apoya  la  solicitud»;  las  evidencias  que  se  aportan  como  sustento   de   la   petición   y   copia   de   las   decisiones  «de   única,  primera  y  segunda  instancias  y  constancias  de  ejecutoria,  según  el  caso,  proferidas  en  la  actuación cuya revisión se  demanda».   

El  procurador  demandante  allegó  con  la  demanda  los elementos formales exigidos para calificarla.  Por tal razón,  procede  ahora  la Sala al estudio de los que fundamentan la causal de revisión  invocada en aras de establecer si es o no admisible.   

         4.  Sobre  la  causal  tercera invocada por el actor, consistente en el surgimiento de hechos o  pruebas  no conocidas al tiempo de los debates y que demuestran la inocencia del  condenado, ha precisado la Corte de manera pacífica lo siguiente:   

Por   hecho   nuevo   ha   entendido   la  Corte,   y   así   lo   ha  plasmado  en  numerosos  pronunciamientos,  todo acaecimiento o suceso fáctico  vinculado   al   hecho  punible  materia  del  proceso,  del  cual  no  se  tuvo  conocimiento  en  ninguna  de  las etapas de la actuación judicial y que por lo  tanto  no pudo ser controvertido.  El concepto de  prueba  nueva,  en  cambio, hace relación a un medio  probatorio  no  incorporado  al  proceso  sino  cuyo surgimiento tuvo ocurrencia  después  de  él,  que  da  cuenta  de  un hecho desconocido, o de una variante  sustancial  de  un  hecho  conocido  en  las  instancias procesales, cuyo aporte  conduce  a  concluir,  en  un  grado de certeza, que se condenó a un inocente o  como imputable a quien no lo era.   

La  idea  de  prueba nueva, entonces, no se  limita  a  la  circunstancia  de  que  el medio probatorio no figure aportado al  proceso  cuya  revisión  se  pretende o sea posterior a la sentencia. Se exige,  además,  que  la  evidencia  que  se  presenta  como  novedosa,  de  haber  sido  conocida  en  su  momento por el juzgador lo habría  llevado    con    seguridad   a   la   absolución   del   procesado.    Eso  es  precisamente  lo  que  le  otorga  carácter  de  novedoso.   

Así las cosas, la  prueba  nueva  a que se refiere la causal de revisión invocada, debe ser de tal  forma  contundente  que haga surgir de inmediato la idea de que se condenó a un  inocente     o     a     un    inimputable    como  imputable.  (CSJ AP, 27 de  marzo  de 2000, Rad. 15.822, entre muchos otros.  Negrillas fuera del texto  original).   

Entonces, para acreditar la configuración de  la  causal  3ª  de  revisión  con el objeto de que la demanda sea admitida, el  accionante  tiene  el deber de presentar un discurso jurídico coherente, con el  que  busque  demostrar  que  de  forma  posterior  a  la  sentencia  de condena,  surgieron  hechos  nuevos  o  evidencias que se desconocieron en el proceso, con  los  cuales se genere un grado significativo de persuasión y que, de haber sido  conocidos  o ingresado efectivamente al expediente, se podría determinar que el  condenado  puede  ser  inocente  o  actuó  en  condiciones  de  inimputabilidad  (En  este  sentido,  CSJ  AP, 9 de diciembre de 2009,  Rad. 32.653).   

5.  Para el caso,  muestra  el  Procurador  153  Judicial  II  Penal  como  novedosos  elementos de  convicción,  las  declaraciones  ante notario que rindieron Marisabel Mosquera,  José  Hernán  Mosquera  Mosquera (esposa y padre del  condenado,   respectivamente),   José  Yovany  Vidal  Mosquera y Jarold Yamid Mosquera Hoyos.   

Los declarantes son consistentes en señalar  que  LULIGO  MOSQUERA no participó en el acto terrorista que se le reprochó en  las  sentencias.   Dicen que para el día de los hechos estaba en la vereda  El  Real del municipio de Cajibío, «en una actividad  comunitaria»  y  además, les consta que «él  no  pertenece  a  ningún  grupo  armado  al  margen  de  la  ley [y] siempre ha trabajado  como agricultor».   

Frente  a  ese aspecto, resulta evidente el  propósito  del  actor  en  promover  un  nuevo  debate probatorio con el fin de  demeritar  el  valor suasorio de la declaración vertida por el testigo de cargo  de  la  fiscalía,  quien afirmó haber visto a JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA en  actitudes   sospechosas   el  día  de  los  hechos.   La  pretensión  del  Procurador,  desde  luego,  escapa al cabal entendimiento de la causal invocada.   

Al  respecto,  cobra importancia reiterar lo  expuesto    por    la    Corte   en   providencias   CSJ   AP5325   –  2016  y  CSJ  AP,  23 Nov 2011, Rad.  34716, donde se indicó que:   

… la prueba que  se  presente  para  buscar  la  rescisión  del  fallo  debe  tener la capacidad  suficiente  de  abatir  el  juicio positivo de responsabilidad realizado por los  juzgadores    de    instancia,   pues   “La  Corte  ha  sido  insistente  en  sostener   que   la   prueba   ex  novo  que  se  aduce  para  probar  los  hechos básicos de la causal,  debe  enervar  ab  initio  el  juicio  positivo  de  responsabilidad  realizado  por  los  juzgadores de instancia, en grado tal, que  haga  nacer  de inmediato la idea de que se declaró penalmente responsable a un  inocente  o  que  se  condenó a un inimputable como  imputable”.   

No   se  trata  entonces  de  confrontar  las pruebas vertidas en las  oportunidades   legalmente   previstas   en   el   trámite   normal  del  proceso  con la que se presenta en  esta  instancia  excepcional  como  prueba, pues ello  equivaldría   a   reabrir   una   fase   ampliamente   superada.   (Negrillas fuera del texto original).   

Bajo  ese  orden  de  ideas,  las  pruebas  aportadas  en  el presente caso distan de reunir las condiciones necesarias para  su  admisión.   Si  bien el accionante pretende con ellas rebatir el dicho  del  testigo de cargo con el que se acreditó la participación del condenado en  los  hechos,  tales  declaraciones  extrajuicio carecen de la potencialidad para  enervar  el  juicio  de responsabilidad que en las instancias se declaró contra  LULIGO MOSQUERA.    

Para  los jueces, fue claro y convincente el  testimonio  de  cargo  que presentó la Fiscalía.  Esa persona, calificada  por  el demandante como «testigo único»,  expuso  que  conocía  de  vista  y  trato  a  LULIGO  MOSQUERA  porque el ahora condenado le  compraba  carne  en  Popayán.  Explicó, en su atestación que observó al  condenado,  en  la  fecha  de los hechos, cavando huecos con un barretón por la  misma  zona donde estalló la bomba.  Así resumió el juez de primer grado  tales encuentros:   

3.  El  testigo ÁLVAREZ PINZÓN observó a  RODRIGO  LULIGO  en  cuatro  oportunidades  cuando viajó hasta Piendamó (C.) a  saber:   

3.1.  El 6 de abril, sobre el kilómetro 12  cuando  RODRIGO  LULIGO estaba en compañía de 2 sujetos en la casa de los Hare  Cristmas  (sic) y había una  moto cuadrada.   

3.2.  Al  día  siguiente,  el  7  de abril  volvió  a  ver  nuevamente  a RODRIGO LULIGO con los mismos dos (2) sujetos del  día  anterior pero iban a pie, no solo se quedó en el saludo sino que paró la  moto  y  le  habló,  requiriéndole  sobre  si  sabía  de  algo  para la venta  (refiriéndose a carne).   

3.3.  El  día sábado 10 de abril antes de  las  8  am,  nuevamente lo vuelve a encontrar a RODRIGO LULIGO a 70 o 100 metros  más  arriba  de  hare  Critsmas  (sic)  y  además  observa  que  tenía  un elemento en su mano “como un  barretón”,  además  de  ello  estaba  cavando  o  abriendo un hueco, y cerca  había  un  maletín  negro  pero  no  vio  su  contenido,  es  tan  cierta  esa  aseveración  que  ÁLVAREZ  PINZÓN  incluso  se  acerca y le pregunta si busca  lombrices para pescar o busca una guaca.   

3.4.  Cuando  ÁLVAREZ  PINZÓN  regresa  a  Popayán  nuevamente  encuentra a RODRIGO LULIGO, y los hechos criminosos ya han  ocurrido,  y  advierte  que  en  esta  oportunidad  LULIGO tenía una actitud de  asustado,  requiriéndole  para  que lo sacara del sitio, incluso le dice que le  pagaba lo que fuera pero él no lo llevó.   

3.5.  Pasados  aproximadamente  veinte (20)  días  lo  volvió  a  ver  en  su  sitio de trabajo, esto es en la carnicería,  inclusive  le reclama por no haberlo traído, le dice “me dejó morir”, pero  igualmente le dice que allá no pasó nada.   

3.6.  ÁLVAREZ  PINZÓN ha señalado que la  explosión  ocurrió  justo  donde  RODRIGO  LULIGO  estuvo cavando cerca a Hare  Critsmas  (sic).  Es de  aclarar   que   el  sitio  de  explosión  dista  a  30  metros  del  mencionado  lugar6.   

La declaración mostró al juez a     quo    que    el    «testigo  de excepción» era creíble en  su  relato.  Dijo al respecto en la sentencia que su dicho era «claro,  coherente,  directo  en  dar  a  conocer  las actividades  desplegadas    por    RODRIGO   LULIGO   MOSQUERA7, y deja entrever su finalidad  de     esclarecer    los    acontecimientos».    

Además,  los falladores tuvieron en cuenta  para  emitir  la  decisión  un  informe  post-explosión,  en  el que un perito  forense  indicó que para la bomba se habían usado minas de fabricación casera  que  fueron  activadas  de  forma  directa  mediante cables, desde una distancia  aproximada    de    200    metros    y   además   contando   con   «visibilidad     del    objetivo»8.   

Agregó  el  juez  de  primer grado, que el  testigo  de  cargo  hizo  un  retrato hablado de JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA y  éste  se  cotejó  con  una fotografía que reposaba en los archivos del centro  carcelario   San   Isidro,   donde   el   condenado  estuvo  recluido  por  otro  proceso.   Concluyó  el  funcionario  que  la  descripción  hecha  por el  deponente   «coincide  con  la  fisonomía  dada  a  conocer»  en  la fotografía que se le tomó a LULIGO  MOSQUERA   cuando   fue   privado  de  la  libertad9.   

La atestación mencionada, aunada al informe  de  explosivos, al retrato hablado y a las amenazas que recibió, permitieron al  juez de conocimiento construir los siguientes indicios:   

i.  Indicio grave  de  oportunidad  material  o  real,  el  que, según la sentencia, se configuró  porque  LULIGO  MOSQUERA  estuvo «días antes y justo  el   día   del  insuceso  en  el  lugar  donde  fueron  instaladas  las  cargas  explosivas».   

ii.   Indicio  derivado  de  las  amenazas  que  recibió  el  testigo  de  cargo  «el  24  de  agosto  de  2004,  cuando a su lugar de trabajo va un  sujeto,  en  primer  término  le  pregunta  si  ha visto a RODRIGO (se  refiere  a  RODRIGO  LULIGO), el que  había  visto  en la carretera, que “no me pusiera a  hablar  maricadas  que  me  habían  mandado a decir que cuidadito con soltar la  lengua”»10.   

iii.          Indicio grave de  manifestaciones posteriores al delito, que se configuró:   

a) Del reclamo que  le  hizo  LULIGO  MOSQUERA «… a ALVAREZ PINZÓN por  no  haberlo  sacado  del  lugar  después  de  ocurrida  la  explosión donde se  vislumbró  una  actitud  de compromiso porque quería salir de ese lugar a como  diera lugar ya que estaba la policía».   

b)    Por  «enviar  a  un tercero a propinar amenazas en contra  de  ALVARO JAVIER ÁLVAREZ PINZÓN y el haberse dado a la fuga con posterioridad  a   los   sucesos   criminales,   al   punto   que   hasta  la  fecha  permanece  oculto…».   

Tales  aspectos,  aunados  a  las  pruebas  señaladas  en precedencia, cimentaron la declaración de condena que ahora pesa  en  contra  de  LULIGO  MOSQUERA,  conclusión a la que llegó el juez de primer  grado luego de afirmar que:   

…  los  hechos  que  se infieren guardan  absoluta   armonía  entre  sí,  son  igualmente  convergentes,  es  decir  que  realizando  la  ponderación en conjunto de tales indicios nos conlleva sin duda  alguna  a  la siguiente conclusión: JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA participó en  el  atentado  criminal  que  acabó  con  la  vida  de un joven uniformado de la  policía  nacional  e  hirió  a  dos  más; que él fue el encargado de colocar  estratégicamente  los  artefactos explosivos, abrió los huecos, los enterró y  posteriormente fueron activados.   

9.  Así  las cosas, no fue por cuestiones  del  azar o fortuitas que… [el testigo] visualizó  a  JOSÉ  RODRIGO  LULIGO MOSQUERA y otros dos sujetos,  cuando  con  un  elemento  (barretón) estaba haciendo unos huecos, al punto que  él  le preguntó si buscaba lombrices o una guaca, resultando por ello diciente  y  notorio  su  afán  de ofrecerle a la justicia la verdad acaecida11.   

Ahora,  era  tarea   del   demandante   exponer  de  manera  razonada  de  qué  forma  la prueba aportada ex   novo  tiene  la  virtualidad  de  derruir   el   juicio   de  responsabilidad  al  que  llegaron  las  instancias,  sin    desconocer    los    demás    medios    de  prueba   aportados   en   los  estadios  procesales  anteriores,   pues   de   lo  que  se  trata  es  de  demostrar     que    la    prueba    novedosa     arrimada     a    esta  sede      establece     la     inocencia     del  condenado.   

Pero   no   cumplió   a   cabalidad  esa  labor.   Las  declaraciones  extraprocesales  presentadas  con  la  demanda  pretenden  mostrar que LULIGO MOSQUERA no estaba en el lugar de los hechos, sino  «sembrando   café»12;         «en     un     campeonato    de    futbol…    practicando    ese  deporte»13;     o     «en     una     actividad  comunitaria»14  y  además,  que  no hacía  parte de ningún grupo armado al margen de la ley.   

Tales  elementos  de  convicción  resultan  contradictorios    en    señalar    la    actividad  precisa  que  estaba  desarrollando LULIGO MOSQUERA el  día  de  los  hechos.   Con  ellos  no  se  logra  enervar  el  juicio  de  responsabilidad  que  declararon  los falladores en torno a la participación de  LULIGO  MOSQUERA  en  los hechos criminales.  Tampoco logran desvirtuar las  pruebas   que  fundamentaron  la  condena,  ni  muestran  de  forma  diáfana  y  suficiente  que el penado sea inocente de los hechos que se le endilgaron en las  sentencias controvertidas.    

Tales  circunstancias  impiden  admitir las  declaraciones que soportan la causal de revisión invocada.   

Es que, como se explicó atrás, la calidad  de  prueba  nueva  no se limita a la circunstancia de que el medio probatorio no  figure  aportado al proceso cuya revisión se pretende o que éste sea posterior  a   la   sentencia,  sino  que  de  él  pudiere  haber  derivado,  con              seguridad,   para   las  instancias,  la  absolución  del  procesado  (En ese sentido, cfr. CSJ  AP5417       –  2015).    

Pero   no  es  posible  deducir  que  las  declaraciones  aportadas  en sustento de la demanda lleven a tal conclusión, lo  que impone su inadmisión.   

6.  Cuando  el  Procurador  hace  alusión a que se vulneraron las garantías del debido proceso  y  defensa  de  JOSÉ  RODRIGO LULIGO MOSQUERA dentro del trámite penal, lo que  busca   es   controvertir   la  legalidad  de  las decisiones de instancias, pero ese debate debía iniciarse  por  la  vía que señala la ley para el recurso extraordinario de casación, no  a través de la acción de revisión.   

Es  que,  esta acción extraordinaria tiene  finalidad  diferente  a  la  de  los mecanismos para controvertir las decisiones  judiciales  que  contempla  la  legislación procedimental penal.  No es un  mecanismo  para  subsanar  yerros  del proceso porque esa es la finalidad de los  recursos   de  instancia.   «La  revisión,  en  cambio,  pretende  la reparación de injusticias a partir de la demostración de  una   realidad   histórica   diferente   a   la   del  proceso  y  únicamente   dentro   del   marco   de  invocación  precisado  por  las  causales  establecidas en la ley»  (CSJ  AP,  16 de octubre de 2013, Rad.  41.229).   

De  ahí  que, el instituto de la revisión  busque  remediar  una  injusticia  partiendo de que las pruebas nuevas aportadas  con  la  demanda permitan mostrar una realidad diferente a la verificada por los  jueces  en las sentencias, bajo las condiciones decantadas por la jurisprudencia  de  esta  Corporación.   No  es  su  finalidad  corregir presuntos errores  judiciales   que   debieron   ser   alegados   al  interior  del  proceso.    

7.   Por   lo  señalado  líneas  atrás,  las  «pruebas  nuevas»  presentadas  con  la  demanda  no  tienen la capacidad  demostrativa  que  la  acción  de  revisión exige, razón por la cual, ante la  defectuosa  postulación  del  libelo,  la  decisión que se impone no puede ser  otra distinta a la de inadmitir la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda de revisión presentada a favor  de JOSÉ RODRIGO LULIGO MOSQUERA.   

2.  Contra  esta  decisión procede el recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

    

1 Por  las  causales  8ª  (que  se  cometa  con  fines  terroristas o en desarrollo de  actividades  terroristas)  y  10ª  (Si se comete en persona que sea o haya sido  servidor  público…)  del  artículo 104 del Código  Penal.   

2 Por  generarse  incapacidad  para  trabajar  o  enfermedad  superior  a  30  días  sin  exceder  de 90 (art. 112  ejusdem).   

3 Folio  156 del cuaderno de copias No. 1.   

4  Artículo  277:  El  Procurador General de la Nación  ejercerá directamente las siguientes funciones:   

(…)  

2. Proteger los derechos humanos y asegurar  su efectividad, con el auxilio del Defensor del Pueblo.   

5 Folio  16 del cuaderno de la Corte.   

6  Folios 24 y 25 de la sentencia de primer grado.   

7  Los  días  previos y la fecha en que sucedieron los  hechos.   

8  Ver   folio   14   de   la   sentencia  de  primera  instancia.   

9  Folio 25 ìdem.   

10  Folios 25 y 26 ibídem.   

11  Ídem.   

12  Según   lo   dicho   por   su   esposa     (fl.     55    del    cdno.    de    la    Corte).   

13  Según lo declarado por José Yovany Vidal (ídem).   

14  Conforme lo expusieron el  padre   del   condenado   y  Jarold  Yamid  Mosquera  Hoyos    (fl.    57  ibídem).     

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