SP16944-2016(31186)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

MAGISTRADA PONENTE  

SP16944-2016  

Radicación No.: 31186  

Acta No. 380  

Bogotá  D.C., _veintitrés (23) noviembre de  dos mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

Agotada  la  fase  probatoria y allegadas las  alegaciones  conclusivas, procede la Sala a emitir el fallo correspondiente a la  acción  de  revisión instaurada por el Fiscal 28 Especializado de la Unidad de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario, contra la resolución del  3  de  marzo de 2005, mediante la cual la Fiscalía 18 Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  precluyó  a  favor  de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  la  investigación  adelantada por el  delito de concierto para delinquir agravado.     

HECHOS  

Fueron resumidos por la fiscalía al momento  de dictar la resolución de preclusión de la siguiente manera:   

“Como resultado  de  las  labores  adelantadas  por la policía judicial, tendientes a establecer  qué  grupos  al margen de la ley y cuáles los integrantes pertenecientes a las  denominadas  ‘Autodefensas  Unidas   de   Colombia’  operaban  en  el  año  2001  en  la  zona  de  Cúcuta  y  sus  alrededores, se  estableció  la existencia de dos comandos, uno en el área de La Gabarra y otro  en  el  municipio  de Puerto Santander, en este último operaban los comandantes  de  menor jerarquía, llevando a cabo sus actividades delictivas en los barrios,  sectores    comerciales   y   terminal   de   transporte   de   la   ciudad   de  Cúcuta”.   

“Como  consecuencia  de  las  investigaciones  policiales,  se  tuvo  conocimiento  que  Ramiro  Suárez  Corzo, en  calidad  de  candidato  para  la  alcaldía de Cúcuta y en ejercicio del cargo,  sostuvo  relaciones  y  comunicaciones  telefónicas en reiteradas oportunidades  con   miembros   de   las   autodefensas,   a   los   que  ofreció  y  entregó  apoyo”.   

“En efecto, se  indicó  que  Suárez Corzo  se  reunió  y  comunicó  vía telefónica con Carlos Enrique Rojas Mora, alias  ‘el   gato’,  Carlos  Andrés  Palencia,  alias  ‘Andrés’  y Jorge Iván Laverde Zapata, alias  ‘la  iguana’         o        ‘Raúl’,  en  los  sitios curva ‘pele      el      ojo’,             ‘casa        bonita’  y  barrio  Galán  de  la ciudad de  Cúcuta,    Puerto   Santander   y   ‘Juan  Frío’  en  el  municipio  de  Villa  del  Rosario, donde, al parecer, se trataron temas  propios  de  la  campaña  electoral  y  se  decidió  la  comisión  de algunas  conductas   punitivas”1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Mediante   sendas   resoluciones  del  22  de  junio  de  2004,  las  Fiscalías  14,  25  y  28  de  la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario, dentro los procesos radicados con los números 1938,  1965    y    1827,    adelantados    por    los    delitos    de    homicidio       y       concierto   para   delinquir,  ordenaron  compulsar  copias  de  declaraciones e informes de policía judicial, con el fin  de  investigar la posible responsabilidad penal de RAMIRO SUÁREZ CORZO, alcalde  de  la  ciudad  de  Cúcuta (Norte de Santander), dada su probable relación con  grupos                 paramilitares2.   

En  virtud de lo anterior, el Fiscal General  de  la  Nación  a través de resolución del 23 de junio de la misma anualidad,  asignó  el  conocimiento de esa investigación, radicada con el número 1948, a  la  Fiscalía 14 Especializada de la referida Unidad3,  la  cual, en la misma fecha,  profirió  resolución  de  apertura de instrucción contra RAMIRO SUÁREZ CORZO  como  posible  autor  material del delito de concierto  para  delinquir  en las modalidades de conformación y  fomento  de  grupos armados al margen de la ley. Por consiguiente, ordenó   vincularlo  formalmente  al  instructivo a través de diligencia de indagatoria,  propósito  para  el cual se libró orden de captura4,  que se materializó el 24 de  junio                  subsiguiente5.   

Rendida la injurada por parte del imputado el  25        de        junio        de       20046, el 29 del mismo mes y año se  resolvió   situación  jurídica,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención    preventiva,    sin    beneficio    de   excarcelación7.   

El 9 de noviembre de 2004, el ente instructor  decretó    el   cierre   de   la   investigación8.  Acto  seguido, el 5 de enero  de  2005  calificó  el mérito del sumario con resolución de acusación contra  RAMIRO   SUÁREZ   CORZO,   como  probable  autor  del  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado  por  promover,  armar  o  financiar  grupos  armados  al margen de la ley9.   

Apelada  la anterior determinación por el  defensor  del investigado, la Fiscalía 18 Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá,  por  medio de la resolución del 3 de marzo de 2005, la revocó; en su  lugar,  precluyó  la investigación, ordenando la libertad inmediata de SUÁREZ  CORZO10.   

  LA   RESOLUCIÓN   DE  PRECLUSIÓN   

  Tras  afirmar  que  para  acusar  no  se  requiere plena prueba de la culpabilidad y que la duda existente  debe  resolverse  mediante la aplicación de las garantías de la presunción de  inocencia  e  in  dubio pro  reo11,  la Fiscalía 18 Delegada ante  el  Tribunal Superior de Bogotá, previa valoración de las pruebas practicadas,  concluyó  que,  frente  al caso particular de RAMIRO SUÁREZ CORZO, no existía  mérito para formular acusación en su contra.    

  En  este sentido, expuso  que  la  resolución  de  acusación  proferida  el  5  de  enero de 2005 por la  Fiscalía  14  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  se  fundó  en  que  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  como  candidato  a la  Alcaldía  de  Cúcuta  (Norte  de  Santander)  y posteriormente en ejercicio de  dicho  cargo,  sostuvo  reuniones  y  llamadas  telefónicas con miembros de las  Autodefensas  Unidas  de Colombia que operaban en la región –léase    Frente    Fronterizo    Bloque   Norte   de   las   AUC-,  “para tratar temas propios  de  la campaña electoral”,  decidir    sobre    la  “comisión  de  algunas  conductas    punibles”  y     “ofrecerles     y     entregarles    apoyo”.12   

  Para  arribar  a  tal  conclusión,   dijo,  el  a  quo  tuvo  como  sustento la  diligencia  de  inspección  judicial al expediente No. 1827 –a  cargo  de  la  Fiscalía  28  de  la  Unidad  de  DDHH  y  DIH-,  de  donde se trasladaron las  declaraciones   de   un  comandante  y  varios  miembros  del  mencionado  grupo  paramilitar.  En concreto, aludió a las atestaciones de Carlos Andrés Palencia  González,  Jonathan  Sepúlveda,  Giovanni Enrique Erazo Buelvas, Jimy Valdez y  Miguel  Ángel  Ortiz  Becerra,  quienes  estaban  siendo  investigados  por las  conductas       punibles      de      concierto   para   delinquir           y          homicidio,  con  ocasión  de  los  homicidios de Pedro Durán Blanco, Veedor de Cúcuta, Alfredo  Enrique  Flórez Ramírez, asesor jurídico de la Alcaldía en esa municipalidad  y  Tirzo Vélez, precandidato a la Gobernación de Santander.13    

  De igual forma, destacó,  también  se tuvo en cuenta la inspección practicada al expediente No. 1695, de  donde   se   trasladaron  las  grabaciones  de  conversaciones  entre  presuntos  paramilitares,   “que  se  refieren   a   RAMIRO   SUÁREZ  CORZO”.14   

  No  obstante,  para  el  ad  quem,  la  valoración  probatoria  aplicada  por  el  a  quo  fue incorrecta.   

  En   esa  dirección,  consideró    que   el  testimonio  de  Jonathan  Sepúlveda,  coautor  del  homicidio  de  Alfredo Enrique Flórez Ramírez, correspondía a una versión de  oídas,  nada creíble y caracterizada por “protuberantes contradicciones”15.  Lo  anterior, por cuanto subraya, el declarante no precisó quién  era  la  persona  a  la  que  se  le  hacía  un  favor  con  la muerte de dicho  funcionario,   narró   circunstancias   que  eran  hechos  notorios,  como  que  “SUÁREZ   CORZO   se  movilizaba  habitual  y regularmente en un automóvil Daewoo, acompañado de sus  escoltas”16  y,  finalmente, se retractó  de  todo  lo  dicho, confesando que había sido presionado por dos agentes de la  SIJIN  para  declarar  en contra del alcalde investigado. Por tanto, en criterio  del  Fiscal Delegado ante el Tribunal, lo anterior permitió “evidenciar  en  sumo  grado  el montaje de una historia preacordada  para   perjudicar  al  aquí  procesado”.17     

  Además,  basado  en esa  misma  declaración,  estimó  que  la  conducta atribuida a SUÁREZ CORZO no se  acompasa   con  las  “reglas  de  la  lógica”  pues,  en  su  criterio,  es  inadmisible  que  aquél se haya reunido de manera notoria y en presencia de las  autoridades,    con    integrantes    de    grupos    armados18.   

  De otra parte, tampoco le  otorgó  credibilidad  al  testimonio  de  Néstor Jesús Gélvez Vásquez. Dijo  que,   aun   cuando   éste   manifestó   que  SUÁREZ  CORZO  se  reunía  con  “siniestros  personajes”19,  lo cierto fue que el testigo  no  estuvo  en  tales  encuentros  y  los  lugares que refirió como sede de los  mismos  no  existían. Además, destacó, el prenombrado declarante se retractó  de  todas sus manifestaciones acusatorias, “al  serle insostenible el continuar pregonando el montaje urdido  por    los   enemigos   del   procesado   en   su   contra”20.   

  Con   relación   al  testimonio  de  Yovanni  Enrique Erazo Buelvas, señaló que era “de oídas”  porque  no  tuvo  percepción  directa  de  los hechos que narró, así como que  incurrió   en   “contradicciones”   ya   que,   destaca,   en  primera  oportunidad  aseveró  que  la  razón  que  determinó  el homicidio de Alberto  Enrique  Flórez  Ramírez  fue  su vinculación con la guerrilla, pero después  refirió  que se hizo “para  colaborarle   a  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO”21.   De igual forma, añade que el  testigo  manifestó  desconocer  a  la persona a quien estaba incriminando, a la  vez  que sus atestaciones aparecen motivadas por dádivas económicas y amenazas  en  su  contra.  Esta  última circunstancia, puntualiza, fue confirmada por los  señores  Sepúlveda  y  Gélvez,  autores  materiales  del  crimen del nombrado  asesor    jurídico    de    la    Alcaldía    de    Cúcuta22.     

         

Contrario a lo expuesto por los prenombrados  testigos,  la Fiscalía de segunda instancia consideró que al expediente fueron  allegados  diferentes  testimonios  de personas “muy  connotadas  en el ámbito social, político y cultural del departamento de Norte  de                    Santander”23,  quienes señalaron bajo la  gravedad  de juramento, de manera constante y uniforme, que el procesado SUÁREZ  CORZO no tenía vínculos con grupos al margen de la ley.   

  De otro lado, prosigue, de  las  diligencias  de  registros,  allanamientos  e inspecciones judiciales no se  obtuvo  información  relevante,  mientras la testigo Ana Milena Urbina refirió  que  no  era  cierto  que, con ocasión de su campaña política, RAMIRO SUÁREZ  CORZO  hubiera acudido a los lugares donde, se dice, se reunió con los ilegales  –sitios    “Curva  El  Ojo”  y  “Casa  Bonita”-24.  Además,   puso  de  presente  que,  del  “análisis             link             o            información  telefónica”,  si  bien se  probó  que SUÁREZ CORZO se comunicó con “PACHO,    CARLOS    ENRIQUE    ROJAS   y   posiblemente   YEISON  PÉREZ”,  esa  circunstancia,  de modo  cierto  y  absoluto,  no  demostraba  que  se  hubiere concertado con ellos para  cometer     delitos25.     

  Agregó que, en todo caso,  varios   de  los  análisis  de  información  telefónica  carecen  de  soporte  documental26  y  no  existe  evidencia  concluyente  en  el  sentido  de que RAMIRO SUÁREZ CORZO  hubiera  sido  el interlocutor de las llamadas telefónicas. La prueba, explica,  permite  establecer  que  su teléfono, como así suele suceder en las campañas  políticas,  no  era  de  uso  exclusivo  del  procesado,  sino que también era  empleado  por  otras  personas  de  su equipo y por terceros.27  Además,  dijo, las llamadas registradas fueron  de  tan  corta  duración,  que  no  fue posible inferir que “a  través de ellas se estuviera gestando una  organización  o  empresa para delinquir”28.      

  Por otra parte, consideró  que  tampoco  se supo con certeza quién fue el interlocutor de SUÁREZ CORZO en  dichas  comunicaciones  y  que  las conversaciones registradas fueron sostenidas  entre  miembros de las autodefensas y terceras personas. Por tanto, a su juicio,  de  ellas  no  se  podía  deducir la asociación entre aquél y el grupo armado  ilegal29.     

  Corolario de lo anterior,  el  Fiscal Delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá concluyó la existencia  de  duda  razonable  sobre  la responsabilidad del investigado. En consecuencia,  revocó   la   decisión  de  primer  grado  para,  en  su  lugar,  precluir  la  investigación    a    favor   de   RAMIRO   SUÁREZ   CORZO.30   

  LA    DEMANDA   DE  REVISIÓN   

Al amparo de la causal prevista en el numeral  3º  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, el Fiscal 28 Especializado de la  Unidad  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario reclama la  revisión  de  la  resolución  de preclusión del 3 de marzo de 2005, dictada a  favor   de   RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  dentro  de  la  investigación  penal  Nº  1948.   

          Refiere  como  primer  presupuesto  de  procedibilidad de la acción  que,  atendiendo  a  lo dispuesto en el artículo 221 de la Ley 600 de 2000, aun  cuando  no  fue  sujeto procesal dentro de la actuación referida, por virtud de  la  Resolución No. 07676 de 2008 proferida por el Fiscal General de la Nación,  fue   facultado   para   llevar   a   cabo   el  presente  trámite.31   

Ahora,  para  sustentar  la causal invocada,  asegura  que con posterioridad al fallo de preclusión en comento, sobrevinieron  “pruebas –declaraciones-”   que  desvirtúan  las  apreciaciones  elaboradas  por  su  homólogo  sobre  los testimonios de Yovanni  Enrique  Erazo  Buelvas  Alias  “Yerry”  y  Jonathan Sepúlveda -autores  materiales  del  homicidio del  asesor  de  la  Alcaldía  de  Cúcuta Alfredo Enrique  Flórez     Ramírez-.     Estos    testimonios  sobrevinientes,  sostiene,  permiten  inferir  que  dicho  crimen  no se hubiera  podido  cometer sin que existiera un vínculo entre el investigado SUÁREZ CORZO  y    las    Autodefensas   Unidas   de   Colombia.32   

Señala  que la prueba obrante en el proceso  Nº  1827,  adelantado  por la muerte del señor Flórez Ramírez, así como las  declaraciones   de   Jorge  Iván  Laverde  Zapata  y  Carlos  Andrés  Palencia  González,  acreditan  la  alianza  entre SUÁREZ CORZO y los miembros del grupo  armado  ilegal,  con  el fin de promover los intereses políticos de aquél para  alcanzar  la  Alcaldía  de  la  ciudad  de  Cúcuta,  a  cambio de “beneficios  como  lo  era la Secretaría de Tránsito (…) así  como  la creación del proyecto de seguridad METROSEGURIDAD que consistía en la  infiltración  de hombres de la organización paramilitar en las varias empresas  de  vigilancia  que  quedarían  a  cargo de la administración municipal de San  José   de   Cúcuta”.33   

Recuerda  que  en  dicha  actuación  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO dijo en su indagatoria que no conocía a los citados Sepúlveda y  Erazo  Buelvas,  así  como que todo se trataba de un montaje organizado por las  “Águilas  Negras” por haber perseguido a ese grupo paramilitar.34   Empero,  insiste  el  fiscal accionante, con base en las pruebas testimoniales referidas,  se  aprecia  sin  duda alguna el vínculo existente entre RAMIRO SUÁREZ CORZO y  las AUC. Al respecto, textualmente expuso:   

Adelantada la instrucción por el homicidio  de  marras, se advino al paginado un cúmulo de testimonios y confesiones que en  verdad  apuntan  a  señalar  la  responsabilidad  que  en  el  homicidio  aquí  instruido  le  asiste  al señor [SUÁREZ] CORZO y de contera su “estrecha  relación  con  la  organización paramilitar”  a pesar de que en el omega de la instrucción 1827, algunos de  los  declarantes  (integrantes  de  la  organización  paramilitar) pretendan de  nuevo  confundir a la judicatura con una nueva retractación, las que en nada se  compaginan   con   lo  decantado  ante  este  Despacho  en  los  albores  de  la  instrucción  1827 y ante otras Fiscalía, por otros procesos (…).35   

En  tal  propósito  esgrime que: (i) Carlos  Andrés  Palencia González al inicio de la investigación No. 1827,  aceptó pertenecer al movimiento ilegal,  pero  negó  su  participación  en  el hecho criminal investigado, afirmando no  tener   incidencia   en   las  decisiones  militares  de  las  AUC  – Bloque Fronterizo. Sin embargo, más  adelante,  en  declaración  del 3 de abril de 2007, reconoció la coautoría en  la  muerte  del  funcionario  de la Alcaldía de Cúcuta Alfredo Enrique Flórez  Ramírez,  la  cual  se  produjo por orden de alias “el Gato” y “para  prestar  apoyo  al  entonces  aspirante  a la alcaldía de  Cúcuta  señor  RAMÍRO  SUÁREZ CORZO, para que ascendiera al máximo cargo de  la ciudad”.36   

(ii) En el mismo sentido, manifiesta que los  detalles  de  la  muerte de Flórez Ramírez fueron corroborados por sus autores  materiales  Yovanni  Enrique Erazo Buelvas y Jonathan Sepúlveda, quienes en sus  primeras  manifestaciones al interior de la actuación citada, refirieron que el  crimen  ocurrió  “por un  favor  que  la  organización  paramilitar  le  hizo  a  SUÁREZ CORZO porque el  inmolado  se le había convertido en un problema, o piedra en el zapato para sus  aspiraciones   al  cargo  de  alcalde”.37   

Señala  que  los  señores  Erazo Buelvas y  Sepúlveda  se  retractaron de sus manifestaciones iniciales, aseverando que sus  incriminaciones   contra   SUÁREZ   CORZO  las  realizaron  por  presiones  del  “sargento  GÉLVEZ y Teniente ACOSTA”  de la DIJIN38.  Sin  embargo,  sobre  tal  situación,  aclara,  los  nombrados  testigos  nuevamente  se  apartaron de esa  última  retractación -el primero en declaración del  29  de  mayo de 2007 y el otro en declaraciones del 28 de mayo y 1º de junio de  2007,  dentro  de la radicación Nº 1827- y explicaron  que  el  primer  cambio  de  versión  ocurrió  por  razón de las amenazas que  recibieron  de  parte  de  PALENCIA  GONZÁLEZ,  cuando  los  tres  se  hallaban  recluidos     en    la    Cárcel    La    Picota39.   

Por ende, asegura el demandante, lo dicho por  aquellos  en  sus  primeras versiones “fue la verdad  verdadera”40  y resulta digno de toda credibilidad. Lo anterior, máxime si esas  incriminaciones  realizadas  sobre  la  conducta  ilícita  atribuida  a  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  también  encuentran respaldo en los testimonios de Jorge Iván  Laverde  Zapata,  rendidos el 29 de mayo y 27 de junio de 2007, y José Bernardo  Lozada  Artuz,  Jhon Mario Salazar Sánchez y José Gilberto García Masson; los  dos  primeros  en  declaraciones  del  17  de  mayo  de  2007  y  27 de julio de  2008   -obrantes en el radicado 1827, adelantado  por  la  muerte  del  asesor  FLÓREZ  RODRÍGUEZ- y el  último,  dentro  del  proceso  Nº 1900, adelantado por el homicidio del veedor  Pedro   Durán   y   que   también   hace  parte  del  Nº  1827,  como  prueba  trasladada41.   

De igual forma, prosigue, obra el testimonio  de  Yimy Valdez, quien asegura haber realizado proselitismo a favor del entonces  candidato a la Alcaldía de Cúcuta RAMIRO SUÁREZ CORZO.   

Así  las  cosas,  con  base en lo anterior,  asevera  la  Fiscalía que no cabe duda de la participación de SUÁREZ CORZO en  el  homicidio del funcionario de la Alcaldía de Cúcuta y de su vínculo con el  grupo  de  autodefensas.  Enfatiza  en  ese sentido, que de las declaraciones de  Palencia  González Y Erazo Buelvas, así como de los demás elementos de juicio  reseñados,  se  desprende  un señalamiento objetivo en contra de SUÁREZ CORZO  como  la  persona  que  determinó  el crimen del asesor Alfredo Enrique Flórez  Ramírez,  lo que no hubiera sido posible de no existir el vínculo entre aquél  y  el grupo ilegal, el cual fue determinante para que el candidato llegara a ser  alcalde,  como  se  infiere  del  hecho que el aspirante hubiera tenido la mayor  cantidad de votos en los barrios marginados de la ciudad.   

Además, expresa el delegado fiscal que, aun  cuando  es  cierto que SUÁREZ CORZO no tuvo contacto con los autores materiales  del  delito  en  mención,  también  lo  es  que éstos lo vieron conversar con  Palencia   González   y   alias  “Gato”  el  día  del  crimen,  en  el lugar conocido como Casa Bonita,  cerca  de  la  Curva  Pele  El  Ojo  -lugar en donde,  además,  les  suministró  a  los  sicarios  los  datos  del  vehículo  de  la  víctima-.  Por  tanto,  esta situación, aunada a las  indagatorias  y  declaraciones  mencionadas,  que revisten toda credibilidad, en  criterio  de  la  fiscalía demandante configura más que un indicio que permite  la      revisión      de     la     preclusión42.   

De acuerdo con lo anterior, el fiscal retoma  el  tema  de  las  retractaciones de Sepúlveda y Erazo.  Afirma que no son  creíbles   por   cuanto   fueron   privados   de   la  libertad  en  diferentes  circunstancias  de  tiempo,  esto  es, con dos meses de diferencia, “resultando  entonces  imposible  que en fechas distintas de esas  capturas  el tal sargento Gelves (sic) y teniente Acosta los hubieran presionado  de  la  manera que enseñan, cuando lo verdadero y por reglas de la experiencia,  de  acuerdo  al  principio  de  la  sana  crítica,  se develan que tales dichos  ‘idénticos’  de  retractación  inculpando a dos  uniformados,  fue  un  ardid o urdimbre tejido cuando las cuatro personas tantas  veces   referenciadas,   efectivamente   pasaron   por   la   Penitenciaría  La  Picota”43.   

Así  mismo, asegura que carece de veracidad  la  ajenidad  a  los  hechos  que  pregona  SUÁREZ  CORZO, pues los autores del  homicidio  de  Flórez  Ramírez, en su inicial indagatoria,  refirieron el  compromiso  del  alcalde  con  los  mismos,  al  tiempo  que  Laverde Zapata, en  declaración  del  18  de julio de 2007, se retractó de su versión inicial que  apoyaba  la  del entonces candidato y, en contraste, se refirió al vínculo del  ex   mandatario   local   con   las   autodefensas44.   

Por  otra  parte, como prueba sobreviniente,  agrega  el  fiscal  que Jorge Aurelio Noguera Cotes, Director del D.A.S. para la  época,  en  declaración  del  26  de  julio de 2007 negó que hubiera ejercido  presiones  sobre  funcionario  alguno para perjudicar la situación jurídica de  RAMIRO            SUÁREZ            CORZO45.    

Lo  anterior,  prosigue,  al  igual  que  el  testimonio  del  fiscal  delegado  ante  el  D.A.S  Jorge Humberto Vaca Méndez,  rendido  el  14  de  agosto de 2007, desestima la exculpación de SUÁREZ CORZO,  quien  dijo  ser  víctima de los organismos del Estado, para lo cual mostró un  oficio  dirigido al Fiscal General de la Nación, a través del cual el Director  Seccional  del DAS – Norte  de  Santander,  denunciaba que había investigado al candidato por las presiones  recibidas   de   parte   del  director  general  de  dicha  entidad.46 Sin embargo,  el  fiscal  accionante  plantea  que esto último no puede ser cierto, ya que el  aludido  oficio nunca llegó al despacho del Fiscal General de la Nación, ni se  demostró  la  enemistad  entre  SUÁREZ  CORZO y el fiscal Díaz Sánchez, este  último  -según  afirma  el accionante- “hoy    día    fallecido    al    parecer    por    los   mismos  paramilitares”47.   

Sostiene  que no es cierta la afirmación de  Palencia  González  en  el  sentido  que  no sostuvo una entrevista con SUÁREZ  CORZO  en  la  cárcel  La  Picota,  pues  la  inspección  practicada al centro  penitenciario  demuestra  que  los  dos  coincidieron  allí  por  espacio de 11  días48.  Además, afirma que el declarante, en diligencia del 28 de agosto  de  2007,  se  retractó de dicha negativa, lo que, a su modo de ver, revela que  el  encuentro  referido  sí  pudo  tener  lugar  y  que  allí se determinó la  retractación  de los autores materiales del crimen de Flórez Ramírez, a favor  de             SUÁREZ             CORZO49.   

En   consecuencia,   puntualiza,   existen  divergencias  entre  los  testimonios  de  cargo.  Sin  embargo, aun así, en su  entender  queda  claro  que  el entonces candidato a la Alcaldía de Cúcuta sí  asistió  al lugar denominado “Casa Bonita” y “Curva Pele el Ojo”, donde  planeó  el  homicidio  del  funcionario  de  la alcaldía, como un favor que le  haría      el     grupo     de     autodefensas50.   

Aunado  a  lo anterior, subraya, se sabe que  RAMIRO    SUÁREZ   CORZO   tenía   “honda  injerencia  en  el manejo de la administración municipal de  Cúcuta”51,   como  quiera  que  trabajó  con  el  entonces  alcalde Manuel Jaramillo Mora en la oficina de generación de empleos,  donde   se  relacionó  con  Carlos  Andrés Palencia González y con alias  “el   Gato”,   quienes   eran   sus  contactos  con  el  grupo  paramilitar.   

Además, explica, la muerte del veedor Pedro  Durán  ocurrió  porque éste pretendía denunciar a SUÁREZ CORZO y al alcalde  Jaramillo  Mora por actos de corrupción, tal y como lo declaró la esposa de la  víctima  en  diligencia  del  13 de octubre de 200552.   

Agrega que aun cuando es cierto que a través  de    un    testimonio    de    oídas   se   conoció   que   el   “viernes  anterior  a  la  muerte  del  Dr. FLOREZ”,  éste  tuvo una discusión con SUÁREZ  CORZO,  por  la  presunta  falsificación  de  un  concepto  o  firma que aquél  emitiera,  “ello  no  es  óbice  para descartar esta situación, más cuando se prueba que RAMIRO SUÁREZ  CORZO,   en   tiempo  de  proselitismo  político  (…)  necesitaba  el  camino  libre”   y  “suceden  las  muertes  violentas  de  manos  de  sicarios de las  Autodefensas  Bloque  Fronterizo   de  Norte  de  Santander”.53   

De  otro  lado,  en  lo  que  atañe  a  las  últimas    retractaciones  de  Jorge  Iván  Laverde  Zapata  (declaraciones  del  18  de  junio  de  2007,  26 de febrero y 8 de  octubre  de  2008),  Carlos Andrés Palencia González  (diligencias  del  27 de febrero de 2008 y 4 de junio  de  2007) y Yovanni Enrique Erazo Buelvas -todas  ellas  dentro  de  la  radicación  Nº  1827  -,  subraya,  el  primero  señaló  que  fue  el  comandante  de las  autodefensas  alias  “Gato”  quien  le  aseguró  que  la muerte violenta de  Alfredo  Enrique  Flórez  Ramírez  fue  un favor al entonces candidato SUÁREZ  CORZO54;   sobre   el  segundo  -cuya  verdadera  identidad   es  Manuel  Palencia  González,  aclara  el  fiscal-,  alega  que  éste  declaró  haber  incriminado  a SUÁREZ CORZO por  presiones  de  las  autodefensas, lo cual, a su juicio, no desmiente el vínculo  entre  aquél y el grupo armado ilegal, al tiempo que precisa que en el radicado  Nº  1827  obra  retractación de esta retractación55.   

Por último, dice que a través de un escrito  de  fecha  17  de abril de 2008, Jonathan Sepúlveda adujo nuevas presiones para  declarar  en  contra  de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  como  artificio  de una nueva  retractación  que  pretende  hacer  valer en etapa de juicio dentro del proceso  radicado  con  el No. 1827. Así mismo, expone, ante la Unidad de Justicia y Paz  el  mismo  testigo  señaló  que todo lo dicho en contra del ex Alcalde Cúcuta  fue        producto        de        presiones56.   

ACTUACIÓN SURTIDA EN LA CORTE  

         Mediante  auto  del  16  de  febrero  de  2009,  la Sala admitió la  demanda  de  revisión  formulada por el Fiscal 28 Especializado de la Unidad de  Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario, en contra de la aludida  resolución          de          preclusión57.    

Acto seguido, a través de proveído del 31  de  marzo de 2009, se ordenó correr traslado a las partes por el término de 15  días  para  que  solicitaran  las pruebas que estimaran pertinentes58.  En  tal  sentido,  se  pronunciaron el Ministerio Público, la Fiscalía y el defensor de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO,  por  lo  que esta Corporación, en providencia del 4 de  noviembre  de  2009, decretó la práctica de algunas de las pruebas solicitadas  por    los    intervinientes    y   negó   otras.59  Decisión  que  se  mantuvo  incólume   en   auto   interlocutorio  del  26  de  enero  de  201160.   

Practicadas las pruebas ordenadas, la Corte  corrió  el  traslado para la presentación de alegatos de conclusión, del cual  hicieron  uso  el defensor de SUÁREZ CORZO y el fiscal accionante, mientras que  el Ministerio Público guardó silencio.     

El  conocimiento de la acción de revisión  correspondió  por  reparto  al  Despacho  del H. Magistrado JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO,  quien en compañía de sus homólogos JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ,  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO,  EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER,  MARÍA DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ,  GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ y LUIS GUILLERMO  SALAZAR  OTERO,  según  auto  del 22 de julio de 2014, manifestaron impedimento  para  conocer del presente asunto, toda vez que, como Magistrados integrantes de  la  Sala  de Casación Penal de esta Corporación, suscribieron la sentencia del  4  de  diciembre  de  2013,  Rad.  37.957, mediante la cual la Corte no casó la  sentencia  del  11  de  agosto  de  2011,  emitida  por  el Tribunal Superior de  Bogotá,  por  cuyo  medio condenó a RAMIRO SUÁREZ CORZO como determinador del  delito       de       homicidio       agravado61.   

          Así  las cosas, el diligenciamiento fue remitido al Despacho del H.  Magistrado  EYDER  PATIÑO  CABRERA,  quien  a su turno, y por idéntico motivo,  manifestó  impedimento  para conocer del trámite de la referencia, en auto del  27        de       octubre       de       201462.   

          Por  lo  anterior,  asignada al Despacho de la Magistrada Ponente la  presente  actuación  el  31  de  octubre de 2014, de cara a integrar el quórum  para  resolver el caso, se agotó el segmento procesal correspondiente al sorteo  y  posesión  de los Conjueces, y se aceptaron los impedimentos manifestados por  los Magistrados en cita.   

Es  necesario  aclarar  que,  frente  a  la  actuación  seguida contra RAMIRO SUÁREZ CORZO por la muerte de Alfredo Enrique  Flórez  Ramírez,  mediante  sentencia  del  11  de  agosto de 2011 el Tribunal  Superior  de  Bogotá revocó el fallo absolutorio dictado el 2 de abril de 2009  por  el Juzgado Octavo Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad, para  en  su lugar condenar al procesado, a la pena principal de 324 meses de prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso de 20 años, como determinador del delito de homicidio  agravado.  Además,  incoado  recurso  de casación contra dicha determinación,  esta  Corporación,  mediante  fallo  del  4  de diciembre de 2013, resolvió no  casar        la       sentencia       referida63.   

ALEGATOS DE LAS PARTES  

    

1. La Defensa.     

El   defensor  de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO  solicitó  a la Corte declarar infundada la causal de revisión, por las razones  que pasan a expresarse:   

En  primer  lugar,  indicó  que la demanda  carece  de  los requisitos de procedibilidad establecidos en el artículo 221 de  la  Ley  600  de  2000,  toda  vez  que  la Fiscalía carece de legitimidad para  interponer  la  acción  por no haber sido sujeto procesal y porque la decisión  cuestionada  fue adoptada de manera “institucional”. Además, manifestó que  el  Ministerio  Público, ante la petición del fiscal accionante de promover la  presente  acción  de  revisión,  conceptúo  de manera negativa aseverando que  “los   argumentos   y   pruebas   aducidos   como  sobrevinientes  no  constituyen  elemento  de juicio suficiente para iniciar [el  trámite]”64.     

En segundo lugar, alega que la demanda está  sustentada  en  la  causal  3ª  del  artículo  220  ibídem,  la cual por vía  jurisprudencial  se  entiende  aplicable, de manera condicionada, a los casos de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  y  sentencia  absolutoria.  Sin embargo, destaca que, para su procedencia, se requiere en todo  caso,  que  el  accionante  acredite los hechos o pruebas nuevas no conocidos al  tiempo  de los debates y que éstos, posean aptitud suficiente para modificar el  fallo                    demandado65.   

Así, en lo que respecta al caso particular,  dice  el  defensor  que  las pruebas presentadas por la Fiscalía no son nuevas,  toda  vez  que  las  declaraciones de Jorge Iván Laverde Zapata, Carlos Andrés  Palencia  González,  Yovanni  Enrique  Erazo  Buelvas  y  Jonathan  Sepúlveda,  desmovilizados  de  las autodefensas que operaron en el departamento de Norte de  Santander,  entre  los  años  2002 y 2004, fueron practicadas y valoradas en el  proceso.   

Además,  asegura  que,  a  través  de sus  numerosas   exposiciones,   los   mencionados  testigos  han  plasmado  verdades  distintas  y  distorsionadas.  Las  iniciales  incriminaciones formuladas contra  SUÁREZ   CORZO   fueron   objeto  de  retractación;  y,  más  adelante,  esta  retractación  fue  desmentida a través de una versión incriminatoria, la  cual,   a   su   vez,   volvió   a   ser  objeto  de  retractación66.   

Por   tanto,   enfatiza  que  las  nuevas  declaraciones  rendidas  en  procesos  de  Justicia y Paz no tienen aptitud para  restarle  validez  a  la  resolución  de  preclusión  impartida  a favor de su  prohijado.  Pues,  alega,  no  traen  hechos  nuevos  o  desconocidos dentro del  proceso,  sino  un  arrepentimiento  de  lo dicho, que no brinda ninguna certeza  sobre  cuándo  los  testigos  dijeron la verdad. Contrario a ello, a juicio del  memorialista,  lo  que  la  prueba  demuestra es el compromiso de los directores  seccionales   del   D.A.S   y  de  la  Fiscalía,  quienes,  dice,  sí  estaban  “orquestados  con el grupo ilegal para cometer toda  clase            de            delitos”67.   

Añade que los declarantes antes mencionados  y,  además  Salvatore  Mancuso,  dijeron  en  audiencias  de Justicia y Paz que  SUÁREZ  CORZO no participó en los homicidios que se le atribuyen y, por tanto,  tampoco     conformó    ninguna    asociación    para    delinquir68.    

Ahora,  subraya, si en gracia de discusión  esos       testimonios       pudieran       tenerse       como      “prueba      nueva”,  precisa  el  libelista,  “merecen  total  reserva y cuidado”69 ya que, la mayoría de ellos  son  de  oídas  y  “su  grado  de certeza no puede  derivarse           porque           sí”70.   

En tercer lugar, indica que, de conformidad  con  los  parámetros  establecidos  en  la  Sentencia  C-004  de  2003,  en  el  sub   examine  no  existe  pronunciamiento  interno  o  de  una  instancia  internacional  que  constate la  existencia  de  prueba  nueva. Empero, si de decisiones internas se trata, deben  tenerse  en  cuenta  la  revocatoria  de  la  medida de aseguramiento a favor de  SUÁREZ  CORZO  por  el  homicidio  de Pedro Durán Franco; la no imposición de  medida  de  aseguramiento  por  la  muerte  de  Agustín  Uribe Guatibonza, y la  sentencia  absolutoria  de primera instancia, proferida a favor de aquél por el  crimen   de   Alfredo   Enrique   Flórez  Ramírez71.   

Por  último,  el  defensor se refiere a la  “inexistencia    del  concierto”.  Recuerda  que  los procesos adelantados  separadamente  por   las  muertes  de Alfredo Flórez, Pedro Durán Franco,  José  Agustín  Uribe  Guatibonza,  Carlos  Eduardo  Caicedo  Ramírez  y Tirzo  Vélez,  dieron  lugar a la compulsa de copias para que se indagara la relación  de  RAMIRO  SUÁREZ  CORZO  con las autodefensas, actuación que culminó con la  decisión de preclusión.  Sin embargo, afirma:   

(…)   como   la   Fiscalía   siguió  investigando   los   hechos  primigenios  (homicidios),  quiere  ahora  como  un  mecanismo  distractor, reabrir la investigación por el delito de concierto para  delinquir,  sobre  pruebas que ya fueron valoradas en su momento y que no llevan  a  establecer  responsabilidad  alguna,  como  lo  han  declarado  ya  distintas  autoridades    judiciales    o    en    suma    permiten    fundar    una   duda  razonable.72   

Finalmente,  asegura  que,  en el marco del  proceso  penal seguido por la muerte de Alfredo Enrique Flórez Ramírez, los ex  paramilitares  Carlos  Andrés Palencia González, Yovanni Enrique Erazo Buelvas  y  Jonathan  Sepúlveda, concurrieron al juicio a explicar de qué manera fueron  compelidos  para  declarar  y que, sus incriminaciones contra SUÁREZ CORZO eran  mentirosas.73    

    

1. La Fiscalía.     

El  accionante  solicita que se declare sin  validez  la  resolución  de preclusión dictada a favor de RAMIRO SUÁREZ CORZO  el  3  de  marzo  de  2005  y,  en  su  lugar,  se ordene la continuación de la  investigación,  toda  vez  que, como adujo en la demanda y ahora reitera en los  alegatos  conclusivos, existen pruebas nuevas que inexorablemente dan cuenta del  vínculo de aquél con las Autodefensas Unidas de Colombia.   

Solicita que se tengan en cuenta las pruebas  solicitadas  y  las  allegadas por fuera de la fase probatoria, en particular el  “CD  que  contiene  la  declaración  que  el  señor JORGE IVAN LAVERDE ZAPATA (alias EL IGUANO o PEDRO  FRONTERAS)  rindió ante esa misma Sala Penal el día 28 de julio de 2009 dentro  del  proceso  que  esa  Alta  Colegiatura  siguiera en contra del señor Ricardo  Elcure  Chacón, en el que evidentemente confirmó los vínculos y relación que  sostuvo  SUÁREZ CORZO con la organización paramilitar en aras de ascender a la  primera  magistratura  del  municipio  de  San  José de Cúcuta”.74   

En  último término, alega que la conducta  que  se  le  atribuye  a  RAMIRO SUÁREZ CORZO es de lesa humanidad, como, dice,  así  lo ha calificado la jurisprudencia de esta Colegiatura, al referirse a los  crímenes cometidos por las AUC.   

CONSIDERACIONES  

1. Competencia  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  numeral  2°  del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, la Sala de Casación Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia es competente para conocer la presente acción  de  revisión,  dirigida contra la resolución del 3 de marzo de 2005, por medio  de  la  cual  la  Fiscalía  18  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá  revocó  la decisión impartida en primera instancia y, en su lugar, precluyó a  favor  de RAMIRO SUÁREZ CORZO  la   investigación  adelantada  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado.   

2. Legitimación de la Fiscalía   

Le corresponde a la Sala, en primer lugar,  esclarecer   si  la  Fiscalía  está  legitimada  para  interponer  acción  de  revisión        contra        decisiones        definitivas        –preclusiones-  adoptadas en la fase  instructiva,  toda  vez  que desde la óptica de la defensa de SUÁREZ CORZO, al  no  haber adquirido la calidad de sujeto procesal por no haberse surtido la fase  del    juicio,    el    representante    del   ente   investigador   carece   de  interés.   

Al  respecto, es verdad que, de conformidad  con  el artículo 221 de la Ley 600 de 2000, la titularidad para el ejercicio de  esta  acción radica en los sujetos procesales con interés jurídico, siempre y  cuando  hayan  sido  reconocidos en el proceso penal75.   

No obstante, es  criterio  consolidado  de  esta  Corporación  que la  legitimidad  del demandante en revisión no deriva de las funciones específicas  que  como  sujeto  procesal le asignan las Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004, sino  de     las     facultades     generales    previstas    en    la    Constitución,  de manera que si en su  artículo  250  (modificado por el artículo 2º del  Acto   Legislativo   003   de   2002)   dispone  que  “[l]a Fiscalía General  de  la  Nación  está  obligada  a adelantar el ejercicio de la acción penal y  realizar  la  investigación  de los hechos que revistan las características de  un      delito      que      lleguen      a      su     conocimiento”,      y      en   desarrollo   de   tales   facultades  puede                  procurar        “la   comparecencia   de   los   imputados  al  proceso  penal,  la  conservación  de  la  prueba  y la protección de la comunidad, en especial, de  las    víctimas”,  así   como  solicitar  “las medidas judiciales  necesarias  para  la  asistencia  a  las  víctimas,  lo  mismo  que disponer el  restablecimiento  del  derecho y la reparación integral de los afectados con el  delito”,  es  evidente  que  le  asiste  legitimidad  para  accionar  en  revisión con el propósito de  asumir,  entre  otros,  los  referidos  cometidos  constitucionales.  (CSJ. SP, nov. 1 de 2007, Rad. 26077;  SP,  nov.  24  de 2010, Rad. 30380; AP, may. 25 de 2015, Rad. 45149; AP, jul. 27  de 2016, Rad. 74305; entre otros).   

Es  que,  valga  enfatizar,  cuando   la   norma  habla  de  “sujeto  procesal”,  lo  hace  en abstracto respecto de quien  fue  o  tuvo  potencialidad de serlo, pues, si la Fiscalía en general se estima  parte  dentro  del  proceso  penal,  no  hay  duda alguna que por ostentar dicha  calidad,  le  asiste  legitimidad  para  acudir  en  esta  sede  y  ejercer  las  facultades  generales  que la Constitución Política le asignó como titular de  la acción penal.   

Así,  de  acuerdo  con  los   artículos   116   y   249   de  la  Constitución     Política,     la     Fiscalía  General de la        Nación hace     parte     de la    Rama    Judicial y  administra justicia. Además, al  tenor   de   las   disposiciones   contenidas   en   los  artículos     250    superior    -con  las  modificaciones introducidas por el Acto Legislativo Nª  3  de  2002-  y 114 de la  Ley  600  de  2000, a dicha entidad se le atribuye la  obligación  de  adelantar  el  ejercicio  de  la  acción  penal  y realizar la  investigación   de   los   hechos  que  revistan  las  características  de  un  delito.  Labor  de  la  cual  es  viable predicar su  interés  en  asuntos  como  el  de  la  referencia, ya que, como titular de las  funciones   de   investigar   y   acusar,   la   Fiscalía   debe   observar   los  fines  esenciales  del  Estado,  garantizar la efectividad de los principios,  derechos   y  deberes  consagrados  en la      Constitución,  asegurar  la  vigencia  de  un orden  justo     y,    en  particular, evitar la impunidad.   

   

       Por  tanto,  si  el Fiscal 28 Especializado de la Unidad de Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional Humanitario presentó la acción de revisión  que  dio  lugar  a este trámite, actuando para ello con base en la designación   especial  otorgada  por  el  Fiscal  General  de  la  Nación mediante Resolución No. 07676 de 2008, cuenta  con  legitimidad  para promover la acción de revisión que concita la atención  de la Sala.   

    

1. De la acción de revisión.     

Teleológicamente,  la acción de revisión  fue  concebida  por  el legislador como un mecanismo a través del cual se busca  rescindir  una sentencia que, a pesar de alcanzar ejecutoria material y por ende  haber  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada,  entraña  un contenido de injusticia  material.   

En  tal  sentido,  de  manera  pacífica  y  reiterada,   la   jurisprudencia   de   esta   Corporación  ha  señalado  que:   

La  acción  de  revisión es un mecanismo  adjetivo   de  control  que  se  concreta  a  través  de  un  proceso  judicial  independiente,  el  cual,  excepciona por voluntad del legislador los efectos de  cosa  juzgada  y  la  presunción  de  legalidad de una decisión jurisdiccional  ejecutoriada  acusada  de  ser injusta, nítidamente alejada de la verdad real e  histórica  que  contraviene los fines de una recta administración de justicia,  para,  en  su  lugar,  emitir  una  nueva  y  conseguir  la  justicia en el caso  particular76.   

De esta manera, la invalidez de la decisión  recurrida  puede tener lugar porque la verdad procesal declarada es bien diversa  a  la  verdad histórica del acontecer objeto de juzgamiento o investigación, o  cuando  la  acción  penal no podía iniciarse o proseguirse por prescripción o  ante  la presencia de cualquier otra causal de extinción de la acción penal, o  porque  después del fallo aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas no conocidas  al  tiempo  de  los  debates que acrediten la inocencia o la inimputabilidad del  condenado,  o  se  demuestre con sentencia en firme que el fallo fue determinado  por  conducta  típica del  juez o de un tercero o se basó en prueba falsa  y  también  cuando  la Corte haya cambiado favorablemente el criterio jurídico  que  sirvió de sustento a la sentencia condenatoria, demostración que sólo es  posible   jurídicamente   dentro   del   marco   que   delimitan  las  causales  taxativamente     señaladas     en     la    ley77.   

Actualmente,  de acuerdo con la sentencia  C-004  de  2003  de  la  Corte  Constitucional,  también  procede la acción de  revisión  en  los  casos  de  preclusión  de  la  investigación, cesación de  procedimiento  o  sentencia  absolutoria,  cuando  se  trate  de  violaciones de  derechos  humanos  o  infracciones  graves al Derecho  Internacional  Humanitario,  siempre  que se den las  específicas circunstancias allí señaladas.   

Al   respecto,   en   dicha   decisión,  textualmente expuso la Corte Constitucional:   

(..)  en  tratándose de violaciones a los  derechos  humanos y de infracciones graves al derecho internacional humanitario,  dichas  restricciones  se  tornan  inconstitucionales,  y  por  ello  debe  entenderse que frente a esos comportamientos, la acción de  revisión  por  la  aparición  de un hecho nuevo o de una prueba no conocida al  tiempo  de  los  debates,  procede  también  en  los casos de preclusión de la  investigación,   cesación   de   procedimiento   y  sentencia   absolutoria,   con   el   fin   de   evitar  la  impunidad  de  esos  comportamientos  atroces  y poder esclarecer la verdadera responsabilidad de los  procesados.  Con el fin de amparar la seguridad jurídica y el non bis in ídem,  debe  existir  un  pronunciamiento  judicial  interno,  o  una  decisión de una  instancia  internacional de supervisión y control de derechos humanos, aceptada  formalmente  por nuestro país, que constaten la existencia de ese hecho nuevo o  de   esa   prueba   no   conocida   al   tiempo  de  los  debates.  (Destaca la Sala).   

4.  La  causal  de  revisión  invocada:  existencia de prueba o hecho nuevo.   

4.1  Sobre la  causal  tercera invocada por el actor, consistente en el surgimiento de hechos o  pruebas  nuevas  con  posterioridad  a la sentencia, que demuestran la inocencia  del condenado, la Corte ha precisado:   

   

   

El  hecho nuevo, como lo ha sostenido la  Sala,  “…es  aquel  acaecimiento fáctico vinculado al delito que fue objeto  de  la investigación procesal, pero que no se conoció en ninguna de las etapas  de  la actuación judicial de manera que no pudo ser controvertido; no se trata,  pues,  de  algo que haya ocurrido después de la sentencia, pero ni siquiera con  posterioridad  al  delito  que  se  le  imputó al procesado y por el cual se le  condenó,  sino  de  suceso ligado al hecho punible materia de la investigación  del  que,  sin  embargo,  no  tuvo conocimiento el juzgador en el desarrollo del  itinerario procesal porque no penetró al expediente.    

   

Prueba   nueva  es,  en  cambio,  aquel  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial,  testimonial)  que  por cualquier  causa  no se incorporó al proceso, pero cuyo aporte ex novo tiene tal valor que  podría  modificar  sustancialmente  el juicio positivo de responsabilidad penal  que  se  concretó  en la condena del procesado. Dicha prueba puede versar sobre  evento  hasta  entonces  desconocido  (se  demuestra  que  fue otro el autor del  delito)  o  sobre hecho conocido ya en el proceso (muerte de la víctima, cuando  la  prueba  ex  novo  demuestra  que el agente actuó en legítima defensa), por  manera  que  puede  haber prueba nueva sobre hecho nuevo o respecto de variantes  sustanciales  de  un  hecho procesalmente conocido que conduzca a la inocencia o  irresponsabilidad del procesado.   

   

No  se dará, desde luego, esta causal de  revisión,  cuando  el  demandante  se limita a enfocar de otra manera hechos ya  debatidos  en  el  juicio  o pruebas ya aportadas y examinadas en su oportunidad  por   el   juzgador,   pues   en  tales  casos  lo  nuevo  no  es  ni  el  hecho  naturalísticamente  considerado,  ni la prueba en su estructura jurídica, sino  tal  vez el criterio con que ahora los examina el demandante, y no es eso lo que  la    ley    ha   elevado   a   la   categoría   excepcional   de   causal   de  revisión”.78   

Bajo  tal  derrotero  jurisprudencial, es  claro   que,   el  término  “nuevo”  de  la  causal  en  comento, sea en el entendido de “hecho”     o    “prueba”,  no  significa que su acaecimiento sea posterior a la  conducta  juzgada;  el  carácter novedoso se refiere al conocimiento actual que  de  ellas  se  tiene  dentro  de  la  acción  de revisión, pero que estuvieron  presentes  en  el momento, lugar y circunstancias en que ocurrió el delito, sin  que  se hayan podido debatir en el proceso tramitado en pretérita ocasión, por  diversas razones.   

Así,  cuando  la acción de revisión se  fundamenta  en  la  causal  tercera  en  cita,  no  es posible realizar un nuevo  examen,  crítica  o  controversia  a  la  actuación procesal o a los supuestos  fácticos,  jurídicos  y probatorios que sustentaron la decisión impugnada, en  tanto  su  cuestionamiento  debe  soportarse en el aporte de nuevos elementos de  juicio, no conocidos durante el debate de las instancias.   

Además,  en  orden a demostrar la causal  invocada,  no  basta  con  que  el  libelista  presente un catálogo de hechos o  pruebas  nuevas,  no conocidos durante el proceso, sino que es indispensable que  tengan  suficiente  aptitud para derruir las conclusiones del fallo, bien porque  conducen  fundadamente  a  demostrar  que  se  condenó  a  un  inocente,  a  un  inimputable      como     imputable,     o     porque,     como     –según  el demandante- sucede  en  este  caso, se absolvió o cesó procedimiento a favor  de quien era responsable.   

4.2  Ahora  bien, en el presente caso se trata de la causal  tercera  prevista  en  el  artículo  220  de  la  Ley 600 de 2000, pero bajo el  alcance  fijado  por  la  Corte  Constitucional  en  la sentencia C-004 de 2003,  -cuya  hipótesis,  por  demás,  fue  incluida en el  numeral  4º  del artículo 192 de la Ley 906 de 2004-,  esto  es,  cuando  después  de  la  providencia  judicial se establece mediante  decisión  de  una instancia internacional de supervisión y control de derechos  humanos,  respecto  de  la  cual el Estado colombiano ha aceptado formalmente la  competencia,  un   incumplimiento  protuberante  del deber internacional de  persecución   penal,   basado   en   su   obligación  de  investigar  seria  e  imparcialmente  violaciones de derechos humanos o infracciones graves al Derecho  Internacional Humanitario.   

       De  esta  manera,  ha dicho la jurisprudencia de la Sala que, para  declarar  fundada la acción de revisión incoada bajo el amparo de la causal en  estudio, es deber del accionante acreditar:   

         

       (i) Que se trate de un fallo  en el cual las conductas investigadas  constituyan  infracciones a los derechos humanos o al  Derechos       Internacional       Humanitario.   

       Y     (ii)     que     una      decisión     judicial  interna,  o  una  decisión  de  instancia  internacional     de    supervisión  y    control   de   derechos   humanos,  aceptada  formalmente   por   Colombia,  constaten    el   incumplimiento   protuberante  de  las  obligaciones  del   Estado   Colombiano   de  investigar,  en  forma  seria  e  imparcial,  las  conductas  lesivas  de  derechos  humanos y del  Derecho       Internacional       Humanitario.   

Así  mismo,  la Corporación ha definido  los  deberes  de  argumentación exigibles al accionante que invoca esta causal,  los  cuales  se contraen a demostrar: (i)  que  la  providencia  cuya  cosa  juzgada  se busca remover haya  precluido,  cesado  el  procedimiento  o  absuelto  al  implicado;  (ii)   que  los  hechos  investigados  tengan  relación  con  violaciones de derechos humanos o infracciones graves al  Derecho         Internacional         Humanitario         y         (iii)   la   constatación   mediante  decisión   judicial  interna  o  de  instancia  internacional  de  supervisión  internacional  aceptada  por  Colombia,  del  incumplimiento protuberante de las  obligaciones   a   cargo   del   Estado   colombiano,   de  investigar  seria  e  imparcialmente  las  violaciones  de  derechos  humanos o infracciones graves al  DIH.   (CSJ   AP,   18   de   diciembre   de  2013,  Rad.42625).   

En consecuencia, atendiendo a los anteriores  lineamientos,   y   otros   que  a  continuación  se  desarrollarán,  la  Sala  desestimará  la  demanda  de revisión formulada por el Fiscal 28 Especializado  de  la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, contra la  resolución  de  preclusión  del 3 de marzo de 2005, proferida por el Fiscal 18  Delegado   ante   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá.  Las  razones  de  tal  determinación son las siguientes:   

5.  No  configuración  de  la  causal  de  revisión alegada   

Sin  necesidad de entrar a verificar si los  elementos  de  juicio  que  el  Fiscal accionante presentó como prueba nueva en  verdad  tienen  esa naturaleza y son idóneos para los fines que aquél propone,  como  pasará  a  explicarse,  en  el asunto bajo examen resulta evidente que no  concurre  una  de  las  exigencias  objetivas  que  demanda la causal tercera de  revisión, prevista en el artículo 220 de la Ley 600 de 2000.   

En  acápite  anterior se precisó que, con  fundamento  en  el  fallo  de constitucionalidad C-004 de 2003, proferido por la  Corte  Constitucional,  la  acción  de  revisión es procedente no solamente en  contra   de  las  sentencias  condenatorias,  sino  también  en  los  casos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  o  sentencia  absolutoria,  cuando  se trate de violaciones de derechos humanos o infracciones  graves   al   derecho   internacional   humanitario,  siempre  que  se  den  las  específicas circunstancias allí mismo señaladas.   

Así, la causal tercera del artículo 220 de  la  Ley  600  de  2000  fue  declarada  exequible por la Corte Constitucional en el entendido que79:   

(…)   la   acción  de  revisión  por  esta   causal  también  procede  en  los  casos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  y  sentencia  absolutoria, siempre y cuando se trate de violaciones  de  derechos humanos o infracciones graves al derecho internacional humanitario,  y  un  pronunciamiento  judicial   interno,  o  una  decisión de una instancia  internacional   de   supervisión   y  control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por  nuestro país, haya constatado la existencia del hecho nuevo o  de  la  prueba no conocida al tiempo de los debates. Igualmente(…), procede la  acción  de revisión  contra la preclusión de la investigación, la cesación  de  procedimiento  y  la  sentencia  absolutoria, en procesos por violaciones de  derechos  humanos  o  infracciones  graves al derecho internacional humanitario,  incluso  si  no  existe un hecho nuevo o una prueba no conocida al tiempo de los  debates,  siempre y cuando una decisión judicial interna o una decisión de una  instancia  internacional de supervisión y control de derechos humanos, aceptada  formalmente  por  nuestro país, constaten un incumplimiento protuberante de las  obligaciones  del Estado colombiano de investigar en forma seria e imparcial las  mencionadas violaciones (Negrillas agregadas).   

Sobre  esta  interpretación,  la  Sala, en  providencia CSJ SP, 11 de marzo de 2009, Rad. 30510, indicó:   

5.3.  (…)  la  acción  de  revisión,  al  amparo de la causal tercera del artículo 220 de la  ley  600  de  2000, también procede cuando una autoridad judicial interna o una  instancia  internacional  de  supervisión de derechos humanos, ha constatado la  existencia  de  hechos  nuevos  o  pruebas  nuevas no conocidas al tiempo de los  debates,  o el incumplimiento protuberante de las obligaciones de investigación  por  parte  del  Estado,  en  procesos  por  violaciones  de  derechos humanos o  infracciones  graves al derecho internacional humanitario, que han terminado con  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  o  sentencia  absolutoria.   

5.4.  En  estas  condiciones,  ninguna  necesidad  habría de acudir a la aplicación retroactiva  de  la  ley  906 de 2004, porque los presupuestos que se establecen en la causal  cuarta  del  referido estatuto para la procedencia de la revisión, vienen a ser  sustancialmente  los  mismos que se exigen para la remoción de la cosa juzgada,  cuando  una  decisión  judicial  deja  en la impunidad un hecho constitutivo de  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos  o  de  infracciones  al  derecho  internacional  humanitario,  conforme a la ampliación que de su alcance hizo la  Corte Constitucional en la sentencia C-004 de 2003.     

Lo  anterior  significa  que, sólo ante la  emisión  de  una  decisión  de  un  organismo  judicial interno o un organismo  internacional  de  supervisión  y  control  de  la  debida  protección  de los  derechos   humanos,   cuya   competencia   haya   sido  aceptada  por  Colombia,  existiendo  o  no  hecho  o  prueba nueva,  es  posible  quebrantar  la presunción de cosa juzgada que recae  sobre    las    determinaciones   de   preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento y  sentencia  absolutoria,  que  han  resuelto  un  caso  de grave violación a los  derechos humanos o al Derecho Internacional Humanitario.   

Contrario  a  ello,  si  no se ha proferido  ninguna       de       esas       providencias      judiciales      –con  o  sin hecho o medio probatorio  nuevo-,   en   la   que  se  constate  el  manifiesto  incumplimiento   de   las  obligaciones  del  Estado  colombiano  de  investigar  completa,  imparcial  y  eficazmente dichas infracciones, la jurisdicción penal  no  puede,  mutuo  proprio,  desconocer  el  alcance de la cosa juzgada que reviste esa clase de decisiones y  del  principio  del  non  bis  in ídem. (CSJ. SP, mar. 18 de 2015, Rad. 36828).   

Y esa exigencia objetiva no se cumple en el  presente  caso.  El  demandante  no  acreditó  la  existencia  de una decisión  judicial  interna  ni de un organismo internacional de supervisión y control de  derechos  humanos, cuya competencia haya sido aceptada por el Estado colombiano,  mediante  la  cual  se  constate  el  incumplimiento  del deber internacional de  persecución  penal  por parte de las autoridades judiciales internas, basado en  investigar,  de  manera  seria, genuina e imparcial las graves violaciones a los  Derechos  Humanos y al Derecho Internacional Humanitario. Esto constituye razón  suficiente  para  enervar  la pretensión del accionante, como quiera que, al no  cumplirse  con tal carga procesal, se desconoce la razón fundamental del motivo  estipulado    en    la    norma   jurídica   en   cita   para   viabilizar   la  revisión.   

Cierto  es  que el derecho internacional de  los  derechos  humanos  y el DIH, en tanto sustrato de la existencia de un deber  internacional  de  investigar,  juzgar  y  sancionar  efectivamente  las  graves  violaciones,  como  materialización del rechazo internacional a la impunidad de  las  conductas  más  graves  que  afectan  a  la  comunidad internacional en su  conjunto,  es un referente de supervisión a la persecución intraestatal de los  crímenes  de  relevancia  internacional.  Empero,  tal  sistema  se basa en dos  pilares  fundamentales,  a  saber:  el respeto de la soberanía estatal, por una  parte,  y  la garantía de los derechos humanos de quien es procesado, por otra.   

A  partir  de  la  soberanía  estatal, las  instancias  internacionales  de  control no deben suplir al Estado concernido ni  intervenir  en  la  resolución  de sus asuntos jurisdiccionales internos, salvo  que  existan  motivos  suficientes  para acreditar la inactividad de la justicia  nacional  o  que  si  bien  la  justicia operó, lo hizo de manera fraudulenta o  parcializada.  Un  ejemplo  paradigmático al respecto lo ofrece el principio de  complementariedad  que  gobierna  la actividad de la Corte Penal Internacional o  la  competencia  subsidiaria  de  la  Corte  Interamericana de Derechos Humanos.   

Mientras  que,  desde  la  perspectiva  del  respeto  de  los derechos humanos del procesado, no debe pasarse por alto que el  ordenamiento   internacional   también   impone   límites   al  ejercicio  del  ius   puniendi,  otorgando  garantías  mínimas a quien es perseguido penalmente. Una de esas garantías es  la  prerrogativa  de  no ser investigado, juzgado ni sancionado dos veces por lo  mismo80.   

Tales  son  las  razones  que justifican la  imperiosa  necesidad  de  supeditar  la procedencia de la causal invocada por el  accionante  a la existencia de un pronunciamiento de una instancia internacional  competente  para  declarar  el incumplimiento del deber de persecución penal de  crímenes     internacionales     –por   constituir   graves   violaciones   de   los   DDHH   o   del  DIH-    por  parte  de  Colombia.  Pues,  de  lo  contrario,   se   quebrantaría   la  garantía  universalmente  reconocida  del  non  bis  in  ídem  y  su  corolario  de  cosa  juzgada.  Ésta ciertamente puede ser levantada, pero en lo  formal  requiere  de  un pronunciamiento internacional que acredite la inacción  total  de  la  jurisdicción  interna  o  que  la  res  iudicata   fue  producida  fraudulentamente.  Así  se  extracta  de  los  arts.  17-1  lit.  c  y 20-3 del Estatuto de Roma, referentes  interpretativos    del    todo    apropiados   para   el   asunto   sub  exámine,  como lo ha puntualizado la  Sala.  (CSJ  SP 05 nov. 2008, Rad. 29053 y SP 31 oct.  2012, Rad. 34494).   

Así,   ante   la   inexistencia   de  un  pronunciamiento  internacional indicativo de que Colombia incumplió su deber de  persecución  penal por inactividad jurisdiccional o actividad de investigación  fraudulenta,  mal  podría  la  Corte  quebrar  el  efecto  de cosa juzgada para  facultar  la reapertura de investigación en contra del señor SUÁREZ CORZO por  los hechos que motivaron la preclusión aquí cuestionada.    

Por  otra  parte,  en el asunto bajo examen  tampoco  se  acreditó  la  existencia  de  alguna  decisión  judicial  que  se  pronuncie  en  ese  sentido.  La Sala no desconoce que algunas eventualidades de  concierto  para delinquir cuando tiene por objeto la promoción de los grupos de  autodefensas  puede  constituir  un  crimen  de  lesa  humanidad,  si  se  cumplen los requisitos pertinentes  para  su  configuración  (CSJ SP, sentencia de única  instancia  del  3  de  diciembre  de  2009, Rad. 32672, entre otras).   Empero,  yerra  el  accionante  al  afirmar que el fallo de  casación  del  4  de  diciembre  de  2013, Rad. 37957, mediante el cual la Sala  confirmó  la sentencia que condenó a SUÁREZ CORZO por el homicidio del asesor  jurídico   de  la  Alcaldía  de  Cúcuta  Alfredo  Enrique  Flórez  Ramírez,  constituye  pronunciamiento  interno  que demuestra el incumplimiento del Estado  colombiano  de  investigar  de  manera seria e imparcial una grave violación de  derechos humanos.   

Dicha  determinación  no  se  pronuncia en  relación  con  los  elementos  contextuales  necesarios,  desde la doctrina del  derecho  penal  internacional, para configurar un crimen de lesa humanidad (art.  7-1  Estatuto  de  Roma).  El  objeto de juzgamiento nada dice en torno a que la  conducta  imputada a RAMIRO SUÁREZ – el homicidio del  asesor  Flórez Ramírez-  haya sido cometida como  parte  de  un  ataque  generalizado  o  sistemático contra la población civil.   

Además, una conclusión semejante carece de  fundamento  pues, para que una particular conducta -en  este  caso, el homicidio del asesor Flórez Ramírez y de allí, por una especie  de   razonamiento  deductivo,  también  el  concierto  para  delinquir  al  que  supuestamente  obedecería  dicho  delito-  constituya  crimen  de lesa humanidad y de contera una grave violación de derechos humanos,  se  requiere de un móvil compatible con motivos universalmente reconocidos como  inaceptables  con  arreglo  al  derecho internacional, así como el carácter de  generalidad  y  sistematicidad  del  ataque  en  contra de una víctima plural o  colectiva81,  presupuestos  que,  al margen de la conmoción que hubiera podido  generar  el homicidio del asesor de la alcaldía de Cúcuta, no surgen de manera  nítida  y  concluyente  a  partir del fallo de casación proferido en contra de  SUÁREZ  CORZO  por  el crimen reseñado. Y sin una declaración judicial en ese  sentido,  mal  podría facultarse el quebrantamiento de la cosa juzgada con base  en     circunstancias     de     trascendencia     internacional    –por  violación grave a los derechos  humanos   o  al  DIH-,  por  afectar  a  la  comunidad  internacional en su conjunto.   

En  este sentido, es preciso recordar cómo  la                   jurisprudencia82 de la Sala ha subrayado que:   

(…)  de  acuerdo  con la definición que  ofrece  el  Estatuto  de  Roma,  los  comportamientos ilícitos enumerados en su  artículo  7°  ,  por  sí  mismos, no constituyen crímenes de lesa humanidad,  pues  con  independencia  del  horror,  la  atrocidad  o  el  impacto que puedan  generar,  por  ejemplo,  el  asesinato de una persona (destacada o anónima), la  tortura  que se realice sobre un ser humano, el hecho de desaparecerlo de manera  forzada,   o  de  ejercer  en  él  actos  discriminatorios,  no  determinan  la  existencia    automática   del   delito   internacional   indicado.   

De  otra parte, en gracia de discusión que  la  pretensión  de prueba nueva que alega el fiscal accionante, se fundamentara  en  que,  con  la sentencia de casación referida se demuestra la pertenencia de  SUÁREZ  CORZO  al grupo organizado al margen de la ley, debe decirse que en tal  pronunciamiento  la  Corte  sólo  indicó que el citado procesado se sirvió de  sicarios  de las AUC para darle muerte al aludido servidor de la administración  municipal  de  Cúcuta,  sin  que  entonces,  fuera  relevante  que dicho crimen  tuviera  un  móvil  político,  o  que  a través de él, el entonces procesado  pretendiera   la   promoción,  financiación  o  armamento  del  grupo  armado,  finalidad  que,  en todo caso -se insiste-,      se      tuvo      como     no     demostrada     –en el fallo de casación-.   

Así  lo indicó la Corte en la providencia  que   se  comenta:  “el  móvil  del  homicidio  no  constituye  un  elemento  de la tipicidad de esa conducta punible, de manera que  así   el   mismo   no   aparezca   demostrado,   ello  no  impide  predicar  la  estructuración  del  delito  y, por consiguiente, proferir sentencia de condena  si  hay  lugar  a  ello.  Así  lo  tiene  señalado esta Corporación de manera  pacífica”.   

En consecuencia, concluye la Sala, no existe  un  pronunciamiento  interno  o  internacional de un organismo supervisor de los  Derechos  Humanos  o el Derecho Internacional Humanitario, que acredite el hecho  nuevo  que  alega el fiscal accionante. Razón que permite afirmar que la causal  alegada resulta infundada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO:  DECLARAR  INFUNDADA  la  acción de revisión formulada por el Fiscal 28 Especializado de  la  Unidad  de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario, contra la  resolución  del  preclusión del 3 de marzo de 2005, proferida por la Fiscalía  18 Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá.   

SEGUNDO: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado  

LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ  

Conjuez  

ALFONSO DAZA GONZÁLEZ  

Conjuez  

MAURICIO LUNA VISBAL  

Conjuez  

RAMIRO ALONSO MARÍN VÁSQUEZ  

Conjuez  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Conjuez  

JUAN CARLOS PRÍAS BERNAL  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

   

    

1  Cuaderno Corte No. 1. Folios 37 – 38.   

2  Cuaderno  Original  01.  Fiscalía  UNDH.  Rad. 1948.  Folios 1, 39 y 109.   

3  Ibíd. Folio 145.   

4  Ibíd.       Folios       146       – 152.   

5  Ibíd. Folios 191- 192.   

6  Ibíd.       Folios       226       – 247.   

7  Cuaderno  Original  02.  Fiscalía  UNDH.  Rad. 1948.  Folios     110     –  133.   

8  Cuaderno  Original  06.  Fiscalía  UNDH.  Rad. 1948.  Folio 278.   

9  Cuaderno  Original  08.  Fiscalía  UNDH.  Rad. 1948.  Folios    1    –   60.   

10  Cuaderno   Corte   No.  1.  Folios  37  – 70.   

11  Ibíd. Folio  125.   

12  Ibíd. Folios 126 y 129.   

13  Ibíd.   Folios   127  –  128.   

14  Ibíd. Folio 127.   

15  Ibíd. Folio 131.   

16  Ibíd. Folio 132.   

17Ibíd. Folio 131.   

18  Ibíd. Folio 132.   

19  Ibíd. Folio 134.   

20  Ibíd. Folio 134.   

21  Ibíd. Folio 135.   

22  Ibíd.   Folios   134  –  136.   

23  Ibíd. Folio 137.   

24  Ibíd. Folio 137.   

25  Ibíd.  Folios  137  –  138.   

26  Ibíd. Folio 138   

27  Ibíd. Folio 139.   

28  Ibíd. Folio 140.   

29  Ibíd.  Folios  143  –  144.   

30  Ibíd. Folio 145.   

31  Ibíd.     Folios    2    y    76    – 77.   

32  Ibíd. Folio 13.   

33  Ibíd. Folio 13.   

34  Ibíd. Folio 17.   

35  Ibíd.   Folios  18  –  19.   

36  Ibíd. Folios 19 y 24.   

37  Ibíd. Folio 23.   

38  Ibíd. Folio 23.   

39  Ibíd. Folio 24.   

40  Ibíd. Folio 24.   

41  Ibíd.   Folios  25  –  33.   

42  Ibíd. Folios 30 y 38.   

43  Ibíd. Folio 51.   

44          Ibíd.         Folios        55        – 56.   

45  Ibíd. Folio 57.   

46  Ibíd.   Folios  58  –  60.   

47  Ibíd. Folio 61.   

48  Sobre este aspecto, aclara el fiscal accionante, que  esta  diligencia,  también  reviste  la  calidad  de  prueba sobreviniente, fue  adelantada  por  él,  con  posterioridad al fallo de preclusión, en compañía  del  defensor contractual del investigado y del Ministerio Público.  Folio  61.   

49  Ibíd. Folio 63.   

50  Ibíd. Folio 64.   

51  Ibíd. Folio 65.   

52  Ibíd. Folio 65.   

53  Ibíd. Folio 66.   

54  Ibíd. Folios 67 -70.   

55  Ibíd. Folio  71.   

56  Ibíd.   Folios  73  –  74.   

57  Cuaderno Corte No. 2. Folio 66.   

58  Ibíd. Folio 88.   

59  Cuaderno   Corte   No.  3.  Folios  2  – 19.   

60  Ibíd.       Folios       1       – 9.   

61  Cuaderno  Corte  No.  4.  Folios  174  – 176.   

62  Ibíd. Folios 180 y  181.   

63  CSJ SP, 4 de diciembre de 2013, Rad. 37.957.   

64  Ibíd. Folio 21.   

65  Ibíd. Folio 25.   

66  Ibíd.       Folios       27       – 28.   

67  Ibíd. Folio 29.   

68  Ibíd. Folio 32.   

69  Ibíd. Folio 34.   

70  Ibíd. Folio 34.   

71  Ibíd.       Folios       36       – 37.   

72  Ibíd. Folio 39.   

73  Ibíd. Folio 42.   

74  Ibíd.   Folios  75  –  76.   

75  ARTICULO  221.  TITULARIDAD.  La  acción  de revisión podrá ser promovida por  cualquiera  de los sujetos procesales que tengan interés jurídico y hayan sido  legalmente reconocidos dentro de la actuación procesal.   

76  CSJ SP, 31 de octubre de 2012, Proceso No. 28476.   

77  Sentencia  de  4  de  agosto  de 2004, radicado 18453, y auto de 6 de febrero de  2007, radicado 23839, entre otros.   

78  CSJ  AP,  25  de  abril  de  2012,  Radicación  No.  34646.   

79  Corte Constitucional, sentencia C-004/03.   

80  Cfr. art. 14 inc. 7 PIDCP y art. 8 inc. 4 CADH.   

81  Ibíd. Rad. 37.734.   

82  CSJ SP, 10 de octubre de 2012, Rad. 37.734.     

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