SP14524-2016(46020)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

SP14524-2016  

Radicación n.° 46020  

(Aprobado   Acta  n.°  312)   

         

Bogotá D.C., cinco (5) de octubre de dos mil  dieciseis   

            

                     

ASUNTO  

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  la  defensora, contra la sentencia proferida el 21 de abril de  2015  por  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Distrito Judicial  de  Antioquia,  mediante  la  cual condenó a la doctora BLEIDER ASTRID CASTILLO  MERCADO,  por  hechos  ocurridos  cuando  se  desempeñó  como  Juez  Promiscuo  Municipal   de   Arboletes  (Antioquia),  como  autora  del  delito de prevaricato por acción.   

ANTECEDENTES  

    

1. fácticos                       

El  10  de  noviembre  de  20091,   la  Juez  Promiscuo  Municipal  de  Arboletes  (Antioquia),  para la época BLEIDER ASTRID  CASTILLO  MERCADO,  emitió  fallo de tutela dentro de la acción instaurada por  Hernando  Álvarez  Pardo  y  otros  33  ciudadanos,  quienes  a  través  de la  apoderada  judicial  Nereida  de  Jesús  Sáenz Bulla, reclamaban al Patrimonio  Autónomo  de  Remanentes  de  Telecom ‘PAR  TELECOM’,  sus   derechos   como   extrabajadores   sindicalizados   de   la   desaparecida  TELECOM.   

          En  la  sentencia,  la  juez procesada tuteló la protección de los  derechos    “al    debido    proceso,   igualdad,  administración   de  justicia,  convencionales  adquiridos,  seguridad  social,  dignidad   humana  y  derecho  de  asociación”  por  encontrarlos  conculcados  por el PAR TELECOM, entidad a la cual le concedió 48  horas  para  que  reconociera  y  pagara  los  salarios  y prestaciones sociales  dejados  de  cancelar  a  los  accionantes  durante  el tiempo que permanecieron  cesantes  en  razón  del  despido sin justa causa, toda vez que la accionada no  demostró  la  existencia de fallos de carácter laboral a través de los cuales  se  hubiera  dispuesto  el  levantamiento  del fuero sindical que ostentaban los  accionantes  por  ser  miembros  del sindicato USTC.  Dispuso igualmente su  reparación  integral  mediante  el  pago  de  una indemnización por el despido  injustificado,  debido  a la imposibilidad de reintegrar a los trabajadores a la  empresa TELECOM.   

          Apelada  la  decisión  por la entidad accionada, el 1 de febrero de  2010  el Juzgado Civil del Circuito de Turbo, la revocó por encontrar que a los  accionantes  sí se les levantó el fuero sindical antes de su despido, también  se  les  pagó el concepto correspondiente a las indemnizaciones, y, además, no  se  hallaron  reunidas  las  causales  generales de procedencia de la acción de  tutela (inmediatez y residualidad).   

    

1. procesales     

2.1.   Por   lo  anteriores  hechos,  el 18 de julio de 2013, la Fiscalía formuló imputación a  la  juez  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  MERCADO, ante el Juez 4 Penal Municipal con  Función  de  Control de Garantías de Montería, por considerar que el fallo de  tutela  por  ella  proferido  estructura  el  delito de prevaricato por acción,  concretado en que:   

2.1.1. Al tutelar los  derechos  invocados  por  los  demandantes,  la  juez  vulneró la Constitución  Política,  la  ley  y la jurisprudencia, por cuanto desconoció que TELECOM sí  adelantó  las  acciones  ante  la  justicia  ordinaria  para  levantar el fuero  sindical  que  amparaba  a  algunos  de  los  accionantes  en tutela2, mientras que  en    otros    eventos,    ellos    habían    iniciado    los   procesos   para  reintegro3.   Situación  que  conocía la funcionaria judicial, debido a  que  la  abogada,  así  lo hizo saber en la demanda4.   

2.1.2.    La  improcedencia  de  la  acción  de  tutela por la existencia de otros medios. La  mayoría  de  los  accionantes dejaron vencer el término legal para iniciar los  procesos  laborales  correspondientes.  Se concedió en forma definitiva a pesar  de  que  la  abogada  solicitó  se hiciera de manera transitoria para evitar un  perjuicio irremediable.   

2.1.3. Ausencia del  requisito   de   procedibilidad   de   la   acción   de   tutela   –inmediatez,    sin   mediar   alguna  circunstancia que explicara la inactividad de los accionantes.   

Los anteriores cargos no fueron aceptados por  la imputada.   

2.2.  Presentado el  escrito            de           acusación5,  el  28  de  mayo  de 2014 se  realizó  la  correspondiente  audiencia  en  la  que  la  Fiscalía  mantuvo la  situación fáctica y jurídica imputadas.   

2.3.  La  audiencia  preparatoria  se  evacuó  el  17  de  julio  de  ese año con el decreto de las  pruebas     solicitadas     por     la    defensa6,  toda  vez  que  la Fiscalía  manifestó  que  los hechos que requería probar en el juicio oral fueron objeto  de                   estipulación7.   

2.4.  El  10  de  noviembre  de  2014,  inició el juicio oral que continuo en sesiones llevadas a  cabo  los días 2, 3, 4 y 18 de marzo de 2015, fecha ésta en que se anunció el  sentido del fallo, siendo condenatorio.   

2.5. El 21 de abril  siguiente,  la  Sala  de  decisión  del  Tribunal  emitió  sentencia en la que  condena  a  la  acusada  como autora del delito de prevaricato por acción, a la  pena  privativa de la libertad de cincuenta (50) meses de prisión; ochenta y un  (81)  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  y  multa  de  setenta  y  dos  punto  veintiuno  (72.21)  s.m.l.m.v.,  concediéndole la prisión domiciliaria.   

Contra  la anterior decisión, la defensa de  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  MERCADO, interpuso y sustentó el presente recurso de  apelación que ocupa a la Sala.   

LA DECISIÓN APELADA  

Después   de   realizar   consideraciones  generales  acerca  del  delito  de  prevaricato  por  acción,  el  A  quo  sostuvo  que  el  fallo de tutela  fechado  el  10  de noviembre de 2009, proferido por la Juez Promiscuo Municipal  de  Arboletes  (Antioquia)  BLEIDER  ASTRID CASTILLO MERCADO, planteó de manera  correcta  los  problemas  jurídicos  a  decidir, para lo cual, se acompañó de  amplia  jurisprudencia  atinente a los principios generales de procedencia de la  acción       de      tutela      –inmediatez  y  subsidiariedad;  no  obstante,  la  decisión resulta  desarticulada  con  los  precedentes  transcritos,  evidenciándose  su  abierta  contradicción con la ley.   

Indica,  frente al tema de fondo que hubo de  resolverse  en  el  fallo  de  tutela  cuestionado, que la juez CASTILLO MERCADO  optó  por  desconocer  la  respuesta  que  oportunamente suministró la entidad  accionada  PAR  TELECOM,  en relación con el fuero sindical de los accionantes,  argumentando  que  no  se  allegó  ningún  soporte documental; sin embargo, se  apartó  de  su propio razonamiento cuando se trató de aspectos de la respuesta  que  favorecían  a  quienes  reclamaban el amparo constitucional, como ocurrió  con  el  caso  de  Nicolás Bedoya Henao, respecto de quien el PAR TELECOM dio a  conocer,  sin  allegar  el  soporte,  que  éste  ya  se  encontraba  gozando de  pensión, hecho que la juez de tutela acogió como cierto.   

Agrega  el Tribunal, que aún sin que el PAR  TELECOM  hubiera  allegado  los  anexos a la respuesta de la demanda de tutela y  sin  tener  en  cuenta  la documentación que se agregó durante el trámite del  recurso  de  apelación interpuesto contra el fallo del 10 de noviembre de 2009,  la  juez  ya  tenía  conocimiento  acerca  de  que a algunos de los accionantes  TELECOM  les  levantó  el  fuero  sindical  previo  a  dar  por  terminadas las  vinculaciones  laborales,  debido  a  que  en  la  demanda se daba a conocer esa  situación.   

De  la  misma  manera,  resalta  la  abierta  contradicción  del  fallo con la ley, en el tema de la inmediatez, pues la juez  también  desconoció que los reclamantes de derechos fundamentales habían sido  desvinculados  desde  hacía  algo  más  de  tres años cuando TELECOM dejó de  funcionar,  tiempo  durante el cual se vencieron los términos para que hubieran  iniciado los procesos laborales.   

Reprocha  el  A  quo,  que  la juez CASTILLO MERCADO hubiera reconocido  la  existencia  de  un  perjuicio  irremediable,  dando  como  cierta  la simple  afirmación  de  la  abogada  de  los  tutelantes, acerca de que muchos de ellos  ostentaban  la  condición  de  padre  y  madre  cabeza de familia, habían sido  estigmatizados  por  ser  trabajadores  sindicalizados  y  su  edad impedía que  alcanzaran un nuevo empleo.   

Añade,  en  el  ámbito  de  la  tipicidad  objetiva  de  la  conducta reprochada, que la funcionaria desconoció el mandato  del  artículo  86 de la Constitución Política, pero además, lo dispuesto por  el       Decreto       2591       de       19918,  en  cuanto  citó decisiones  judiciales  en las cuales se determina la necesidad de analizar los criterios de  perjuicio   irremediable,   inmediatez   y  subsidiariedad  para  determinar  la  procedencia  del  amparo  de  derechos  a  través de la tutela; sin embargo, la  sentencia  concluye  lo contrario a lo transcrito en la parte motiva de  la  decisión.      

Respecto de la antijuridicidad, resaltó que  con  su  comportamiento la acusada vulneró sin justa causa el bien jurídico de  la   administración   pública,   independientemente   de   las   consecuencias  económicas   y  detrimento  patrimonial  que  hubiera  podido  afectar  al  PAR  TELECOM.   

                          

Frente  a la arista de culpabilidad, señala  que  la  intención  de la juez BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO se evidenció en  el  hecho  de  que  no  obstante  su trayectoria en la Rama Judicial y como juez  conocía  de  las  causales  de  procedencia  de la acción de tutela, y así lo  dejó  ver  al  transcribir  abundante  cita  jurisprudencial,  su  decisión se  apartó  de  tales  criterios  generales  frente  a  los  cuales  no  ha  habido  discusión o posturas diversas.   

Adicionalmente, indica el Tribunal, la ahora  investigada  conoció  oportunamente  fallos  de  tutela que le daban luces para  decidir  las  pretensiones,  toda  vez  que  la  entidad  accionada  referenció  decisiones  de  la  Corte  Constitucional,  en  las  que  se  fallaron  casos de  trabajadores    de    la    empresa   estatal   en   liquidación   –TELECOM-.   

Resalta  el  hecho  de  que  ninguno  de los  accionantes  fuera  residente del municipio de Arboletes (Antioquia), situación  que  impedía  que  la  Juez  de la localidad asumiera el conocimiento sin tener  competencia territorial para ello.   

Por  tales  motivos,  condenó  a la doctora  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  MERCADO,  como  autora  del delito de prevaricato por  acción,  a  las  penas  principales  de  50  meses  de prisión, multa de 72,21  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por el término de 81 meses.  Le concedió  el sustituto de la prisión domiciliaria.   

SUSTENTACIÓN DEL RECURSO  

La  defensora  impugnó  la  sentencia  del  Tribunal en los siguientes aspectos:   

Sostiene que la Fiscalía no logró probar la  materialidad  de  la  conducta,  razón  por  la  cual,  el  fallo  condenatorio  constituye  un agravio a la garantía sustancial de in  dubio   pro   reo,  correspondiendo,  por  tanto,  el  reconocimiento   de   la   presunción   de   inocencia   que   reviste   a   la  acusada.   

Como  soporte  de  su  argumento, transcribe  apartes  de  decisiones judiciales de esta Corporación, a través de las cuales  se     ha    insistido    acerca    del    elemento    normativo    ‘manifiestamente  contrario  a  la  le  ley’,   necesario  para  predicar  la  tipicidad  del  delito  de  prevaricato por acción, sin que en el  juicio  se  haya  probado  que  la  decisión  proferida  por  la  entonces Juez  Promiscuo Municipal de Arboletes reúne tal exigencia.   

Plantea  que el fallo de tutela suscrito por  la  doctora  CASTILLO MERCADO, refleja un ejercicio de autonomía judicial en el  que  la  funcionaria  interpretó razonablemente las pruebas arrimadas, a partir  de  las  cuales  arribó  a  la  conclusión  de  tutelar  los  derechos  de los  extrabajadores  de  TELECOM,  sin que ese contexto permita el cuestionamiento en  el ámbito penal.   

Agrega que la complejidad del tema decidido,  aunado  a  la  gran  cantidad  de providencias judiciales con criterios que para  entonces  no  se  hallaban unificados, descarta la estructuración del delito de  prevaricato   por  acción,  por  cuanto  el  análisis  que  corresponde  a  la  judicatura   debe   realizarse   atendiendo   las   circunstancias  ex   ante,   sin  tener  en  cuenta  las  decisiones de unificación emitidas años después.   

Las circunstancias que conoció la juez antes  de  decidir  las  demandas  de  la  tutela,  se  limitan a las expuestas por los  accionantes  en  el  libelo, más las aducidas por la entidad accionada, sin que  se  hubieran  allegado  los anexos anunciados, los cuales sólo se radicaron por  el  PAR  TELECOM  cuando  la  actuación  se  hallaba  en  curso  del recurso de  apelación   interpuesto   y  fueron  tenidos  en  cuenta  por  el  Ad  quem para revocar el fallo confutado.   

Seguidamente analiza algunos de los criterios  generales   de   procedencia   de  la  acción  de  tutela,  como  el  perjuicio  irremediable  y  su uso como mecanismo transitorio cuando existen otros recursos  o  medios de defensa judiciales, para concluir que el Tribunal yerra al estudiar  de  manera  descontextualizada  y  sin línea jurisprudencial, las sentencias de  tutela proferidas para la época y que resolvían temas cercanos.   

De  cara  a la culpabilidad, sostiene que la  juez  acusada  desconocía  su actuar indebido y la Fiscalía no demostró en el  juicio  que  ella se «representó finalísimamente la  mutación   del  mundo  fenomenológico  consistente  en  prevaricar,  esto  es,  proferir  una  sentencia manifiestamente contraria a la ley. Todo se queda en el  mundo  de  las  especulaciones,  de  los indicios, el cual no es suficiente para  proferir sentencia condenatoria…»   

          Arguye,  que  la  atipicidad  del injusto de prevaricato por acción  debe  reconocerse, en cuanto la acusada declaró en el juicio que actuó bajo el  convencimiento   de   que   su   decisión   se   ajustaba  a  los  lineamientos  constitucionales  y  legales,  lo cual supone un error de tipo debido a que ella  no  se  representó  el  elemento normativo del artículo 413 del Código Penal:  ‘manifiestamente  contrario       a      la      ley’.   

          De   esa   manera,   demandó   la   revocatoria   de  la  sentencia  condenatoria.   

          Sin  haber  interpuesto  oportunamente  el  recurso  de  alzada,  la  acusada           lo          ‘sustentó’ a  través  de  un  escrito  en  el  que, en esencia, coadyuva los argumentos de la  defensa  técnica;  sin  embargo,  ante la eventual confirmación de la condena,  solicita  tener  en  cuenta  sus especiales condiciones familiares que la ubican  como  madre  cabeza  de  familia, siendo ella la única proveedora económica de  sus  4  hijos,  dos  de  ellos  menores  de  edad  y uno que padece ‘síndrome   de  asperger’,     también     conocido    como  autismo.    

ALEGACIONES DE LOS NO RECURRENTES  

La   Fiscalía  solicita  confirmar  el  fallo recurrido, para lo cual, reitera argumentos de la  sentencia.   

Enfatiza  en que a la doctora BLEIDER ASTRID  CASTILLO  MERCADO,  le  hubiera  bastado sujetarse a los precedentes citados por  ella  misma  en el fallo de tutela para determinar su improcedencia por ausencia  de los requisitos de inmediatez y subsidiariedad.   

Frente al dolo, considera que la apelante no  controvirtió  las  razones  que  tuvo  en  cuenta el Tribunal para arribar a la  conclusión   de   la  responsabilidad  penal  de  la  acusada  en  la  conducta  prevaricadora.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  el  numeral  3º  del  artículo  32  de  la  Ley  906 de 2004, la Corte es competente para resolver el  recurso  de apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia de primera  instancia  dictada  en  este  proceso  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial de Antioquia.   

Como  las  alegaciones  de  la recurrente se  dirigen  a  cuestionar  los  elementos  objetivo  y  subjetivo  del  tipo  penal  imputado,  en orden a abordar el análisis del tema, se parte de señalar que el  delito  de  prevaricato por acción se encuentra definido en la Ley 599 de 2000,  así:   

«Artículo 413.  Prevaricato  por  acción.  El  servidor público que  profiera  resolución,  dictamen  o concepto manifiestamente contrario a la ley,  incurrirá  en prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro (144)  meses,  multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a trescientos (300)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta  y cuatro (144) meses.»   

El  tipo objetivo contiene un sujeto activo  calificado     («servidor    público»),         un         verbo         rector        («proferir»)    y    dos   ingredientes  normativos:      «dictamen,     resolución     o  concepto»,   por   un   lado,   y   «manifiestamente  contrario  a  la  ley»,  por el otro.   

En este asunto no es objeto de discusión la  calidad  de  servidora pública que ostentaba BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO en  la  fecha  en  que  profirió  la  decisión  cuestionada,  época  para la cual  desempeñaba  el  cargo  de  Juez  Promiscuo Municipal de Arboletes (Antioquia),  hecho   que   se   halla   debidamente  probado  con  la  estipulación  número  2.   

Tampoco se ha controvertido que la decisión  del  10  de noviembre de 2009 fuera emitida por CASTILLO MERCADO en ejercicio de  sus funciones como Juez Promiscuo del municipio de Arboletes.   

Frente   al   alcance  de  la  expresión  ‘manifiestamente  contrario  a  la  ley’, la  Sala  ha  considerado que su configuración no sólo contempla la valoración de  los  fundamentos  jurídicos  o procesales que el servidor público expone en el  acto  judicial  o  administrativo cuestionado (o la ausencia de aquéllos), sino  también  el  análisis  de  las  circunstancias  concretas  bajo  las cuales lo  adoptó,  así como de los elementos de juicio con los que contaba al momento de  proferirlo.   

Precisamente  sobre  tales  circunstancias  contextuales,  la  recurrente  centra  uno de los principales reproches al fallo  condenatorio,   en  cuanto  considera  que  el  Tribunal  tuvo  en  cuenta  para  determinar  la  existencia  del  elemento objetivo del tipo, la totalidad de las  pruebas  que  conoció  el  Juez  Civil del Circuito de Turbo (Antioquia) cuando  resolvió  el  recurso  de apelación interpuesto por el PAR TELECOM, pese a que  esa  documentación no fue entregada al despacho judicial que resolvió en   primera  instancia  la  demanda  de  tutela,  es decir, el que regentaba la juez  ahora acusada, CASTILLO MERCADO.   

La  respuesta  a  tal reproche dimana de la  lectura  del  fallo  recurrido,  en  el que la Sala de conocimiento del Tribunal  deja  claro  que el análisis se centró exclusivamente en las pruebas allegadas  durante   el  trámite  de  primera  instancia,  por  tanto,  conocidas  por  la  funcionaria investigada al emitir la sentencia de tutela.   

Más  aún,  ni  siquiera  se cuestionó la  inactividad  de la juez BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO para disponer, de manera  oficiosa,  la  práctica  de  pruebas  que  le aportaran mejor información para  decidir  los asuntos planteados en los que extrabajadores de TELECOM alegaban la  conculcación de derechos fundamentales.   

A  cambio,  se  censura  que la funcionaria  judicial,   a   pesar   de   conocer  –porque  los  citó-  precedentes  jurisprudenciales  sobre el daño  irremediable,   la   inmediatez   y  el  carácter  subsidiario  de  la  acción  constitucional    de    amparo,   se   apartara   de   ellos   sin   motivación  alguna.   

Ahora, las circunstancias concretas bajo las  cuales  la  juez BLEIDER ASTRID CASTILLO decidió las pretensiones de la tutela,  incluyen  el  examen ex ante  del  caso,  como  acertadamente  lo  requiere  la abogada defensora, y como, del  mismo modo, lo resolvió el A quo.   

Lo   anterior   de   cara  a  la  alegada  ‘confusión’  que  para la época existía acerca  de  la  situación  de  los  trabajadores  de  la  empresa estatal TELECOM, cuya  liquidación  se  encontraba  bajo  el  control  del PAR TELECOM y que abría la  posibilidad a interpretaciones contrapuestas.   

Sobre  este  aspecto observa la Sala que la  recurrente  involucra  el  desacierto en la resolución de la tutela, con lo que  realmente   fue   objeto   de  discusión  en  el  juicio  oral,  en        cuanto        lo   controvertido   se   restringió              al  desconocimiento    de   las   decisiones  judiciales  que  militaban  sobre  las  causales   generales   de  procedibilidad  de  la  acción de tutela y la T-538 de  2009   acerca   de   las  garantías  que derivan del  fuero  sindical,  que  por  ajustarse al caso que estudiaba la juez promiscuo de  Arboletes,  se  puso de presente por el PAR TELECOM en el traslado de la demanda  de tutela.    

Se  descarta, entonces, que el A  quo hubiera acudido a pronunciamientos  judiciales   emitidos   varios   años  después  del  proferimiento  del  fallo  cuestionado,  pretendiendo  que éste se ajustara a una única postura unificada  que  surgió  en la Corte Constitucional en el año 2014 con la SU-377.  En  conclusión,   el   análisis  de  la  conducta  se  sujetó  a  los  reiterados  pronunciamientos  de  la  Sala, a partir de los cuales  (CSJ   SP.   27  jun.  2012.  Radicado  37733):    

[E]l análisis de  la  contradicción de lo decidido con la ley se debe hacer mediante un juicio ex  ante,  al  ubicarse el operador jurídico al momento en que el servidor público  emitió  la  resolución,  el  dictamen o el concepto, examinando el conjunto de  circunstancias  por él conocidas, siendo por lo mismo improcedente un juicio de  verificación ex post con nuevos elementos y conocimientos.   

(…)  

“De   igual  manera,  la  adecuación  típica  del  delito  de prevaricato debe surgir de un  cotejo  simple  del  contenido  de la resolución o dictamen y el de la ley, sin  necesidad  de  acudir  a  complejas  elucubraciones  o  a elocuentes y refinadas  interpretaciones,  pues  un  proceso de esta índole escaparía a una expresión  auténtica       de       lo      ‘manifiestamente       contrario      a      la      ley’.  Así entonces, para la evaluación  de  esta  clase  de  conductas delictivas se adopta una actitud más descriptiva  que  prescriptiva,  es  decir,  sujeta a lo que realmente hizo el imputado en la  respectiva  actuación,  asistido de sus propios medios y conocimientos, no a lo  que  debió  hacer desde la perspectiva jurídica y con base en los recursos del  analista  de  ahora  (juicio  ex  ante y no a posteriori). Desde luego que si el  objeto  de  examen  es  una  decisión  ostensiblemente  contraria  a la ley, el  juzgador     no     puede     abstenerse    de    señalar    el    ‘deber         ser’  legal  que  el  infractor soslayó  maliciosamente,   pero   como   un   ‘deber         ser’  que  éste  conocía  (no  aquél)  y  que  obviamente estaba al  alcance      de      sus      posibilidades”9.   

Establecido  lo  anterior, asume la Sala la  labor  compleja de efectuar el juicio de tipicidad de la conducta que se predica  prevaricadora,  el  cual requiere, además de la constatación objetiva entre lo  que  la  ley  manda  o  prohíbe  y  lo  que  con  base  en ella se decidió, el  adelantamiento  del  juicio  de  valor  con  miras a establecer si la ilegalidad  denunciada  resiste  el  calificativo  de  ostensible,  pues    el    elemento    normativo    ‘manifiestamente   contrario   a   la  ley’, impone un análisis  de  la concurrencia del ánimo consciente y voluntario de transgredir la ley por  parte del funcionario judicial.   

Precisa   la   Sala,   que   la  evidente  contrariedad  no  se  circunscribe  a  la  ley  en su amplia acepción, sino que  abarca  la  jurisprudencia  y  el material probatorio con que contaba la juez al  adoptar  la  decisión.  Por  tanto,  de cara a determinar si el fallo de tutela  fechado  el  10  de  noviembre  de  2009,  contiene alguna manifestación que se  identifique  con  el  citado  elemento  normativo,  resulta  necesario  traer  a  colación  los  problemas  jurídicos  que  resolvió  la  juez  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO:   

1. Cumplimiento de los requisitos generales  de  procedencia  de  la acción de tutela: inmediatez; subsidiariedad; perjuicio  irremediable y protección como mecanismo permanente o transitorio.   

2.  Violación a los derechos fundamentales  de  los 34 accionantes extrabajadores de la empresa TELECOM en liquidación, por  desvinculación   laboral   a   pesar   de   estar   amparados   por   el  fuero  sindical.   

La  demanda de tutela presentada el 27 de  octubre  de  2009  por  la abogada de Hernán Álvarez Pardo y 33 personas más,  conservaba  como  elemento  común  la  pretensión  de  la  protección  de los  derechos  al  debido proceso, acceso a la administración de justicia, igualdad,  seguridad  social,  dignidad humana y derecho de asociación, conculcados por la  desvinculación  laboral  ocurrida  a  partir  del  31  de enero de 2006, cuando  desapareció la empresa TELECOM en liquidación.   

Aspiraban  los  ciudadanos  accionantes,  obtener   a   través  de  este  trámite  especial,  el  pago  de  “los  salarios,  prestaciones  sociales y convencionales dejados  de  cancelar  desde  la  ocurrencia  del  despido (31 de enero de 2006) hasta la  fecha   que   se   estipula   en  la  liquidación  que  se  anexo  (sic);  por  ocasión  a la violación  del  debido  proceso.  Que cese la vulneración de los derechos fundamentales de  mi  mandante,  (sic)  por  parte  de (sic) PATRIMONIO  AUTÓNOMO  DE  REMANENTE  (P.A.R.).  Que se prevenga a la entidad accionada para  que    situaciones    como    la    que    nos    ocupa    no    se    presenten  nuevamente.”10.   

Indiscutible   resulta  que  a  pesar  de  que  la  Juez Promiscuo  Municipal     de     Arboletes     –aquí  acusada-, manifestó haber sido  ‘juiciosa’  en la investigación y consulta a  expertos  en  los  temas  propuestos  en  la  demanda  de  tutela,  en  el  fallo  fechado  el  10  de  noviembre  de  2009 se dejaran  plasmadas  algunas  contradicciones  con la ley, la jurisprudencia y las pruebas  obrantes  en  el trámite, las que deben ser analizadas en orden a determinar si  pueden  ser  calificadas  como  groseras  o  se  trata  de  la  posición  de la  funcionaria  judicial  frente a temas controversiales, sobre los cuales existía  disparidad  de  criterios, evento que como lo esgrimió el Tribunal, descarta la  tipicidad del delito de prevaricato.   

Como  pasará  a  verse,  en  general  la  sentencia proferida por  la   funcionaria   acusada   evidencia  manifiestas  contradicciones     con     las     leyes    y    jurisprudencia    referenciadas     en    la    misma  decisión,  de  tal forma que a través de las citas  jurisprudenciales  se refleja la pacífica postura de la Corte Constitucional en  torno  a  los requisitos de procedencia de la tutela consagrados en el artículo  86  de  la  Constitución  Política  y  Decreto  2591  de  1991, que de haberse  atendido,  hubieran  terminado  en  un  fallo  opuesto  debido  a la ausencia de  presupuestos   básicos  de  procedibilidad  de  la  acción de tutela.   

Del  factor  territorial  de  competencia   

El    punto    de    la    falta   de  competencia  territorial  de   la   funcionaria   judicial   para   asumir  el  conocimiento  de  la  demanda  de  tutela  interpuesta por los 34 extrabajadores  sindicalizados  de  TELECOM  en  liquidación,  no se  prestaba   a   diversas  interpretaciones  debido  a  la  claridad  del  mandato  legal  y  el  auto 340 de  2006, citados por la juez en el fallo.   

Así, el artículo 37 del Decreto 2591 de  1991, dispone:   

Primera     instancia.  Son  competentes para conocer de la  acción   de  tutela,  a  prevención,  los  jueces  o  tribunales  con  jurisdicción  en  el lugar donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivaren la presentación de la  solicitud.   

Si bien es cierto el Decreto 1382 de 2000  fijó  reglas  de reparto para la acción de tutela, ninguna de ellas reguló la  competencia  territorial que desde siempre ha estado  soportada  en  el  lugar  donde  se presente la amenaza o violación del derecho  fundamental,   tal   como   lo  reiteró  el  artículo  1,  inciso  1  de  este  decreto:   

Para los efectos previstos en el artículo  37  del Decreto 2591 de 1991, conocerán de la acción de tutela, a prevención,  los  jueces  con  jurisdicción  donde  ocurriere la violación o la amenaza que  motivare  la  presentación  de  la solicitud o donde se produjeren sus efectos,  conforme a las siguientes reglas:    

         De  la  misma manera, si bien es cierto  que  en  el  auto de la Corte Constitucional n.º 340  de 2006, señaló esa Corporación que:   

[E]l Decreto reglamentario 1382 de 2000 no  faculta  a ningún juez de tutela para declararse incompetente de conocer de una  solicitud  de  amparo  constitucional,  puesto  que como ya se ha indicado dicho  acto  administrativo  no  establece reglas de competencia dado que éstas, en el  sistema   jurídico   colombiano,   sólo   pueden   ser   establecidas  por  el  Constituyente  (art.  86  Superior)  o por el legislador estatutario conforme lo  ordena  el  artículo  152  literal  “a” ídem, las cuales en la actualidad  están   contenidas   en  el  artículo  37  del  Decreto  estatutario  2591  de  1991.   

         Lo    anterior   ocurrió  en medio de una controversia presentada, no en razón del factor  territorial  de  competencia, que, como se ha venido  sosteniendo,    siempre    ha    estado    claramente    determinado  por  el artículo 37 del Decreto       Estatutario       2591      de      1991,   sino   por   la   naturaleza  de  la  entidad  accionada,  que  en el presente      evento,      no     ha     sido     disputada.   

En  ese  orden,  es  indiscutible  que la  funcionaria  judicial tuvo claro que: (i)   en   el   trámite   avocado   «la  competencia   emana  de  la  ley»,  y  (ii)  esa  materia  se  regula  por el  «artículo  37 del decreto 2591 de 1991, modificado  por   la  ley  1382  de  2002».   Ello  se  deduce  del  siguiente  aparte  del  contenido del fallo  dictado    dentro    de    la    acción    de    tutela    aquí   cuestionado:   

Este   Juzgado   es   competente   para  conocer       de       la      presente  acción  de  tutela  en virtud de lo dispuesto en el  inciso  tercero  del numeral primero del artículo 1 del Decreto 1382 de 2000 en  concordancia  con  lo  dispuesto  por  la Honorable Corte Constitucional en auto  número  340(…)  .Además  ha de tenerse en cuenta las reglas señaladas en el  Decreto  1382  de 2002 que en su artículo 1 reza: “Para los efectos previstos  en  el  artículo  37  del  Decreto  2591  de  1991, conocerán de la acción de  tutela,   a  prevención,  los  jueces  con  jurisdicción  donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza que motivare la presentación de la solicitud o donde  se produjeren sus efectos…”   

         

Tales reglas de competencia señaladas en  el  Decreto  2591  de 1991, siendo conocidas por la juez BLEIDER ASTRID CASTILLO  MERCADO,  fueron  omitidas cuando avocó y decidió la demanda de tutela a pesar  de  que ninguno de los 34 accionantes –de    acuerdo    a    la   información   del   libelo-  residía  en  Arboletes (Antioquia),  ni    de   su   texto  surgía   que   hubieran  prestado  los  servicios  laborales  en  ese  lugar  durante   la   vinculación  a  TELECOM.   La  siguiente  es  la  información con la que contaba la  funcionaria   al   emitir   el   fallo:   

NOMBRE    DEL  ACCIONANTE             

FECHA TERMINACIÓN DEL  CONTRATO             

MUNICIPIO   DONDE  PRESTABA SUS SERVICIOS COMO TRABAJADOR DE TELECOM  

Mireya Astrid Pardo  Reyes             

30-01-2006             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Carlos  Vicente  Solano Vega             

30-01-2006             

Arauca  (Arauca)  

Julián Arlex Granda  Pérez             

30-01-2006             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

José  Agustín  Cative Sáenz             

Se  desconoce             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Iván Oliver Torrado  Franco             

25-07-2003             

Arauca  (Arauca)  

Nicolás  Bedoya  Henao             

30-01-2006             

Pereira  (Risaralda)  

Hernán  Álvarez  Pardo             

30-01-2006             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Julio   Orlando  Patiño Cutiva             

30-01-2006             

La    Dorada  (Caldas)  

Edgar  Guillermo  Vallejo Jojoa             

30-01-2006             

Bogotá  (Cundinamarca)  

Edith   María  González R.             

30-01-2006             

Puerto   Salgar  (Cund.)  

Carlos  Alberto  Torres B.             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

Egidio  Arboleda  Riascos             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

Gabriel  Córdoba  Manyoma             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

María  Victoria  Latorre S.             

30-01-2006             

Manizales  (Caldas)  

Luz  del  Carmen  Aramburo N.             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

Carlos  Alberto  Burbano M.             

30-01-2006             

Pereira  (Risaralda)  

Jairo  Villegas  Arango             

30-01-2006             

Manizales  (Caldas)  

Robert   Angulo  Olave             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

Liliana  Bonilla  Torres             

30-01-2006             

Buenaventura (valle  del C.)  

Gilberto  Córdoba  Suárez             

15-05-2005             

Sogamoso  (Boyacá)  

Cesar   Gustavo  Pinzón C.             

16-05-2005             

Paipa  (Boyacá)  

José  Polidoro  Bernal Torres             

30-01-2006             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Henry  Álvarez  Muñoz             

30-01-2006             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Jaime   Yesid  Martínez M.             

Se  desconoce             

Fusagasugá  (Cundinamarca)  

Humberto  González             

Se  desconoce             

La    Dorada  (Caldas)  

José Daniel Puertas  Vanegas             

30-01-2006             

Victoria  (Caldas)  

Juan  Carlos Posas  Hoyos             

30-01-2006             

La    Dorada  (Caldas)  

Patricia Sarmiento  Acosta             

05-03-2005             

Girardot  (C/marca)  

Miguel  Contreras  Chávez             

05-03-2005             

Girardot  (C/marca)  

Carlos  Alfonso  Bayona T.             

05-03-2005             

Girardot  (C/marca)  

Nestor A. Rodríguez  P.             

05-03-2005             

Girardot  (C/marca)  

Andrés   Rozo  Poveda             

31-01-2006             

Tocancipá  (Cundinamarca)  

Carlos  Alfonso  Restrepo L.             

31-01-2006             

La    Dorada  (Caldas)  

Kemer Elías Rincón  O.             

31-01-2006             

La    Dorada  (Caldas)  

De  acuerdo con lo anterior, constituye  una  evidente  contradicción  con la ley citada  por la juez ahora investigada, el decidir las pretensiones  de  la  demanda  de  tutela,  sin  tener  en cuenta que en Arboletes  (Antioquia)  no se había presentado  ni    se   estaba   presentando   vulneración   de  los      derechos  de   los   accionantes,  además,  sin  plasmar  alguna  razón a partir de la  cual  se  explicara  su  apartamiento  con  la ley y  reiteradas  decisiones de la Corte Constitucional en las que se tenía dicho que  (CC. Auto 124 25-03-2009):   

[L]as únicas normas   que  determinan  la competencia en  materia  de tutela son el artículo 86 de la Constitución,  que  señala  que  ésta  se  puede  interponer ante cualquier juez,  y  el  artículo  37  de  Decreto 2591 de 1991, que establece la  competencia  territorial  y  la  de  las  acciones de  tutela,  que se dirijan contra los medios de comunicación, la cual asigna a los  jueces del circuito.   

Se   observa,   entonces,  que  la  Corte  Constitucional  emitió el citado auto para reiterar11  que el Decreto 1382 de 2000  sólo  contiene  reglas  de reparto, por tanto, los conflictos que se generan en  razón        de        sus        disposiciones,        son        “aparentes”  toda  vez que la únicas  normas  de  competencia se encuentran dadas por el artículo 37 del Decreto 2591  de 1991.  Así se reiteró en la citada decisión:   

11.- Visto todo lo anterior, la Sala Plena  considera  de  fundamental  importancia  dejar  claras  las consecuencias que se  deducen  de  la  jurisprudencia constitucional que ha sido reiterada y precisada  mediante el presente auto.   

   

Se  tiene entonces que, de acuerdo con la  jurisprudencia  constitucional  que  ha sido reiterada, las únicas normas que  determinan  la competencia en  materia  de  tutela  son  el artículo 86 de la  Constitución,  que señala que ésta se puede interponer ante cualquier juez, y  el  artículo  37  del  Decreto  2591  de  1991,  que  establece  la competencia  territorial y  la de las acciones de tutela que se dirijan contra los medios de  comunicación.  Mientras  que  el  decreto  reglamentario  1382 de 2000 contiene  reglas     de     simple reparto.    (El resaltado lo hace la Sala).   

Por  tal  razón,  no  se requería acudir,  pasando  por  alto  la  regla de competencia establecida en la ley, recuérdese,  «los  jueces  o  tribunales con jurisdicción en el  lugar  donde ocurriere la violación o la amenaza que motivaren la presentación  de   la   solicitud»  a  un  decreto  que  regula  el  reparto  de las acciones de  tutela,  “con el fin de racionalizar y desconcentrar  el conocimiento de las mismas”.   

La inmediatez  y  la  subsidiariedad  como  requisitos de procedencia de la acción de tutela   

En relación con el principio de inmediatez,  la  Corte ha señalado que a pesar de que la acción de tutela no tiene término  de  caducidad,  esto no constituye razón para que no deba instaurarse dentro de  un  término  razonable  y proporcionado, de tal manera que no lesione derechos,  bienes  o  intereses  de  terceros  o  se  desnaturalice la acción.12   

Sobre este tema, para el año 2009 cuando la  juez  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  conoció  de la acción de tutela contra el PAR  TELECOM,   la   Corte   Constitucional   se   había   pronunciado  en  diversas  oportunidades,  incluso  a  través de la sentencia de unificación 961 de 1999,  por  medio  de  la  cual reiteró que con miras a determinar la existencia de un  término  razonable  para  interponer  la acción de tutela, corresponde al juez  constitucional  evaluar  las circunstancias específicas de cada caso, exigencia  normativa  y  jurisprudencial  acerca de la cual también tenía ilustración la  acusada, en tanto que en el fallo confutado transcribió:   

Sin  embargo,  igualmente ha sostenido la  Corte  que  el  juez de tutela debe evaluar las razones que pudo haber tenido la  parte  actora que puedan justificar su demora en instaurar la acción de tutela,  las  cuales  pueden  ser  atendibles  cuando  se  refieren,  por  ejemplo,  a la  existencia  de  sucesos  de  fuerza  mayor  o  caso fortuito, a la imposibilidad  absoluta  de  la  parte  afectada  de  ejercer sus propios derechos –por  ejemplo,  por  tratarse de una  persona  mentalmente  discapacitada  y  en situación de indigencia –  o  con  la ocurrencia de un hecho  nuevo  que justifique la acción o, finalmente, con la urgencia de satisfacer de  inmediato  las  necesidades  vitales  mínimas  de  la  parte  actora amenazadas  directamente  por  un fallo judicial evidentemente injusto y arbitrario, razones  que  podrían,  según la Corte, justificar la interposición de la tutela fuera  de  un  plazo  razonable.  (T-331          de         2007).   

Luego  de  reproducir apartes del referente  jurisprudencial,  que  según  señaló  la  funcionaria  en el juicio, examinó  “juiciosamente”,  se  esperaba  que  a continuación entrara al análisis de  cada  una  de las 34 situaciones puestas bajo su estudio, con miras a determinar  si   cumplían   o  no  con  este  requisito  de  procedibilidad;  no  obstante,  caprichosamente  concluyó  que  la  demanda había sido presentada dentro de un  término razonable.   

De esa manera, ni la demanda, menos el fallo  de  tutela,  ofrecen  razones  a partir de las cuales evaluar si existía alguna  justificación  para que la parte actora hubiera tardado tres años y seis meses  para  invocar  la  protección  de  sus derechos a la igualdad, dignidad humana,  acceso  a  la administración de justicia, asociación y seguridad social.    

   

La   incongruente   conclusión  ignoró,  además,  que  la  entidad  accionada  en el traslado para responder la demanda,  puso  en  conocimiento  de  la  Juez  la  improcedencia  del  amparo por la vía  constitucional  de  la  tutela ante la ausencia de inmediatez debido a que no se  informó  la  existencia  de  algún  suceso de fuerza mayor, caso fortuito o la  ocurrencia de un nuevo hecho que justificara la acción.   

Aunque  el abogado del PAR TELECOM, indicó  la  existencia  de  un  fallo  de  tutela  de la Corte Constitucional (T-1062 de  2007),     al     cual,     por     similitud     de     partes     (extrabajadores   de   TELECOM  accionando  contra  el  Patrimonio  Autónomo  de  Remanentes  de  esa  empresa); hechos y  pretensiones   análogos,  era  procedente  remitirse  debido  a  que  en  dicho  pronunciamiento,   el   máximo   organismo   constitucional   reiteró  que  la  protección  «a  un  derecho fundamental que se cree  vulnerado  cuatro  años  después  de  que sucedieron los hechos, a todas luces  incumple  el  principio de inmediatez», la funcionaria  judicial,  ante  la  claridad del postulado, guardó silencio, así como lo hizo  frente   a  las  también  citadas:  SU-961  de  1999;  T-100  y  580  de  2006.   

Similar  situación  se  presenta  con  el  requisito  de  subsidiariedad  íntimamente  ligado  a  la  inmediatez, del cual  estaba  al  corriente  la  juez  CASTILLO  MERCADO,  en  tanto  que  en el fallo  catalogado de prevaricador, señaló:   

«De otra parte la Corte Constitucional ha  sido  reiterativa  en  cuanto  a  la  improcedencia de la acción de tutela para  reclamar pretensiones de índole laboral, así ha dicho:   

“Esta Corte en  innumerables  pronunciamientos  ha  recordado  que la Constitución Política al  instituir  la  acción de tutela para que se pudiera reclamar ante los jueces la  defensa  de  derechos fundamentales, fijó como condición de procedibilidad del  mecanismo  que  el  afectado  no disponga de otro medio de defensa judicial para  obtener  la  protección del derecho, o que teniéndolo, éste se encuentre ante  la   inminencia   de   sufrir   un   perjuicio   irremediable  en  sus  derechos  fundamentales,  caso  en  que  podrá  dársele  por  esta  vía una protección  transitoria  para  conjurarlo  o  evitarlo.  Es  decir,  que esta acción no fue  instituida  para  suplir los procedimientos ordinarios de reclamación y defensa  establecidos  en  la ley según la especialidad de las distintas jurisdicciones,  ni  tiene  el  carácter  alternativo  de  opción frente a ellos para ejercer o  reclamar derechos”.   

Pero igualmente acerca de la violación de  los  derechos  fundamentales  y  concretamente  sobre  este tema en esta última  sentencia ha dicho:   

“Ha   de   reafirmar   la   Corte   su  jurisprudencia   en  el  sentido  de  que,  salvo  en  los  casos  de  perjuicio  irremediable,  o  en  los que no exista medio judicial idóneo para defender los  derechos  fundamentales  de la persona afectada -como cuando están de por medio  el  mínimo vital o necesidades básicas inaplazables de personas pertenecientes  a  la  tercera  edad-,  no procede la acción de tutela para resolver conflictos  entre  patronos  y  trabajadores.  En cuanto a tales asuntos existen normalmente  vías   judiciales  aptas  para  la  protección  de  los  derechos  violados  o  amenazados,  lo  cual  implica  que  es  la  jurisdicción  ordinaria laboral la  encargada  de  proferir  fallo  de mérito sobre el particular.”»13   

De lo anterior se colige, que la acción de  tutela  no fue diseñada para desplazar a los jueces ordinarios del ejercicio de  sus  atribuciones  funcionales, ni para ser utilizada como mecanismo alternativo  a  los otros medios jurisdiccionales existentes.  En todo caso, corresponde  al  juez  de tutela evaluar las circunstancias especiales de cada proceso con el  fin  de determinar si aun existiendo otros medios de defensa judicial procede el  amparo  como  mecanismo  transitorio para evitar un perjuicio irremediable. Así  lo  ha  señalado  la  Corte  Constitucional  de  tiempo  atrás  (CC  T-384  de  1998):          

«Sin embargo, la existencia de otro medio  judicial  no  hace  de por sí improcedente la intervención del juez de tutela,  pues  deben  tenerse  en  cuenta dos circunstancias especiales a saber; primero,  que  los  medios  alternos  con  que cuente el interesado deben ser  idóneos,  esto  es,  aptos  para obtener la protección requerida, con la urgencia que sea  del  caso y;  segundo,  que a pesar de la existencia de otros medios de defensa  judicial,  será  procedente  la  acción  de  tutela  cuando se  utilice  como  mecanismo   transitorio   para   evitar   un   perjuicio   irremediable.»    

   

            Así,  el  cumplimiento del principio de  subsidiariedad   exige   que  la  puesta  a  consideración  de  los  conflictos  jurídicos   ya  sea  por  vía  administrativa  o  jurisdiccional  se  efectúe  diligentemente,  puesto que la desidia, incuria o negligencia en la utilización  de  los  mecanismos que el sistema judicial ofrece para buscar la protección de  los  derechos  fundamentales, no puede convertirse en un pretexto para hacer uso  de  la acción de tutela, pues sería tanto como vaciar las competencias propias  del juez natural.   

En   este   contexto,   la   inoperancia  injustificada  de  los accionantes, devenía en la declaratoria de improcedencia  del  amparo  solicitado,  con  mayor  razón cuando la demanda le estaba dando a  conocer  a  la  juez  que  a  “algunos”  de  los  accionantes  se les había  levantado  el fuero sindical, mientras que el abogado del PAR informó que todos  habían    intentado   la   acción   de   reintegro   ante   la   jurisdicción  laboral.   

   

Entonces, no estaba la funcionaria judicial  frente  a  un  tema  que  admitiera diversas interpretaciones o sobre el cual se  alegara  incomprensión,  puesto que el contenido de la decisión muestra que la  juez   conocía  que  ante  la  existencia  de  mecanismos  ordinarios  para  la  protección  de  algún  derecho,  era  improcedente resolver la controversia en  sede  de  tutela; no obstante, desatendió en forma evidente lo dispuesto por la  Constitución  Política,  la  ley  y la jurisprudencia que para el año 2009 se  hallaban vigentes.   

La  utilización  de la acción de tutela  como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable   

La apoderada de los accionantes, solicitó  la  protección  de  los derechos al debido proceso, acceso a la administración  de  justicia,  seguridad social, dignidad humana y asociación conculcados a los  34  extrabajadores de TELECOM representados por ella, aclarando que acudía a la  tutela  como  ‘mecanismo  transitorio’.   

Quiere   decir   lo  anterior,  que  la  demandante  sabía  de  la  existencia  de otro medio judicial ordinario idóneo  para  que los 34 extrabajadores de TELECOM reclamaran las acreencias laborales a  las  cuales  consideraban  tenían  derecho,  sólo que, entendió que éstos se  hallaban en peligro.   

Acorde  con  lo expuesto en los acápites  precedentes,  es  obligación  del juez que estudia la  procedencia  de  la  acción  de  tutela  tener  en  cuenta que ésta es (i) un  mecanismo  sumario  y preferente (ii) creado para la protección de los derechos  fundamentales,  (iii)  que  se  caracteriza  por  tener  un carácter residual o  supletorio,  (iv)  obedeciendo  a  la  necesidad  de  preservar las competencias  atribuidas  por  el  legislador a las diferentes autoridades judiciales a partir  de  los  procedimientos ordinarios o especiales, en los que también se protegen  derechos  de  naturaleza  constitucional. Por lo anterior, la acción de amparo  no  puede  convertirse  en  un  mecanismo  alternativo,  sustitutivo, paralelo o  complementario  de  los  diversos  procedimientos  judiciales,  salvo que dichas  vías  sean  ineficaces,  inexistentes o se configure un perjuicio irremediable.   

En  relación  con  este  último, la Corte  Constitucional  ha  determinado  que  se configura con la concurrencia de cuatro  elementos, a saber:   

«La  inminencia,        que      exige      medidas  inmediatas, la         urgencia que  tiene  el  sujeto  de  derecho  por  salir  de  ese perjuicio  inminente,  y la  gravedad de los hechos,      que     hace     evidente la  impostergabilidad de   la  tutela  como  mecanismo  necesario  para  la  protección  inmediata  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales.  La  concurrencia de los elementos mencionados pone de relieve la  necesidad  de  considerar  la  situación  fáctica  que  legitima la acción de  tutela,  como mecanismo transitorio y como medida precautelativa para garantizar  la  protección  de  los  derechos  fundamentales  que  se  lesionan  o  que  se  encuentran               amenazados.»14   

De  tal  forma  que  para  establecer  la  existencia  de  un  perjuicio  irremediable,  correspondía  a la juez el examen  particular  de  las  34 situaciones que rodeaban a los accionantes, pues de otra  manera  no era posible arribar a la conclusión de la existencia de un perjuicio  con  la  connotación  de  urgencia  que  hiciera  impostergable  la  acción de  tutela.   

Este  presupuesto también era conocido por  la  funcionaria  judicial  ahora  acusada,  en  tanto  así  lo consignó en las  consideraciones     del     fallo    de    tutela15;    sin    embargo,    la  subsiguiente  conclusión soportada en escuetas frases carentes de contenido, se  aparta    en   forma   grosera   de   lo   establecido   por   la   ley   y   la  jurisprudencia.   

Así, la doctora CASTILLO MERCADO reconoció  como  necesario el análisis de los requisitos a partir de los cuales se llegaba  a  establecer  si se presentaba un perjuicio irremediable que hiciera procedente  la   tutela;  no  obstante,  no  realizó  ninguna  consideración  tendiente  a  verificar  tales  presupuestos,  limitándose  a discurrir sobre la necesidad de  respetar  el  fuero sindical, tema que jamás estuvo en discusión por ser ajeno  a la acción constitucional.   

Adicionalmente,  encuentra  la  Sala que en  este  punto  las manifestaciones de la funcionaria judicial no sólo se oponen a  la  ley  y  a la jurisprudencia, sino que no corresponden al material probatorio  que  tenía a disposición, pues afirmó, en pos del perjuicio irremediable, que  «los  accionantes  han  demostrado  las  condiciones  económicas  por  las  que  atraviesa (sic)  muchas  (sic)  son  madres  y  padres  cabeza  de  familia,  su  condición  de ex sindicalista  (sic) los ha estigmatizado y  más  grave aún en algunos la edad ha sido el impedimento para acceder a algún  cargo  o  empleo, ello entonces, son argumentos graves, inminentes, necesarios y  urgentes…»,              aserción  que  se  aparta  de  la  realidad  y  que  ni siquiera coinciden con los hechos de la  demanda de tutela.   

Al   respecto,   la   entidad   accionada  oportunamente  hizo  ver  a la juez BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO, que ninguno  de  los  accionantes  acreditó  la  existencia  de un perjuicio irremediable, a  cambio,  ocultaron  información  relevante  como  aquella  relacionada  con  el  agotamiento  de  la  vía  ordinaria.  Más aún, también le informó a la  funcionaria  que  realizada  la  consulta  en  el  sistema del FOSYGA, registran  aportes  a seguridad social con posterioridad a la terminación del contrato con  la empresa TELECOM.   

Sin contar con ningún sustento, ni siquiera  en  los  hechos  de  la  demanda,  la  juez  acusada concluyó que muchos de los  accionantes  son  madres  y padres cabeza de familia sólo porque 20 -de los 34-  acreditaron  tener  hijos  menores  de  edad,  lo  que no equivale a afirmar que  ostenten  esta  condición que ni siquiera fue alegada por la abogada demandante  y  acerca  de  la  cual  ningún análisis efectuó con miras a determinar si se  reunían  los presupuestos para reconocerla, tal como desde esa época lo tenía  señalado  la  Corte  Constitucional en la Sentencia de Unificación 389 de 2005  en la que precisó:   

Los  requisitos  que  debe reunir un padre  (varón)  para  adquirir el status de padre cabeza de familia en orden a acceder  a  la  titularidad  del derecho a la estabilidad laboral reforzada en un proceso  de   reestructuración   administrativa,   enunciándolos   en   los  siguientes  términos:   

“El  hombre que reclame tal status, a la  luz  de  los  criterios  sostenidos  para  las  mujeres  cabeza de familia, debe  demostrar  ante  las  autoridades competentes, algunas de las situaciones que se  enuncian,  las  cuales obviamente  no  son  todas  ni las únicas, pues deberá  siempre  tenerse  en  cuenta  la  proyección  de  tal  condición  a  los hijos  como    destinatarios    principales    de    tal  beneficio.   

     

i. Que  sus  hijos propios, menores o mayores discapacitados, estén a  su  cuidado,  que vivan con él, dependan económicamente de él y que realmente  sea  una  persona  que  les brinda el cuidado y el amor que los niños requieran  para  un  adecuado  desarrollo  y  crecimiento;  que  sus obligaciones de apoyo,  cuidado  y  manutención  sean  efectivamente  asumidas  y  cumplidas,  pues  se  descarta  todo  tipo  de  procesos judiciales y demandas que se sigan contra los  trabajadores por inasistencia de tales compromisos.   

ii. Que  no tenga alternativa económica, es decir, que se trate de una  persona  que tiene el cuidado y la manutención exclusiva de los niños y que en  el  evento  de vivir con su esposa o compañera, ésta se encuentre incapacitada  física,  mentalmente  o  moralmente,  sea  de  la  tercera edad, o su presencia  resulte  totalmente  indispensable  en  la  atención de hijos menores enfermos,  discapacitados    o    que   médicamente   requieran   la   presencia   de   la  madre.   

iii. Lo  anterior,  sin  perjuicio  de  la  obligación que le asiste de  acreditar  los  mismos  requisitos formales que la Ley 82 de 1993 le impone a la  madre cabeza de familia para demostrar tal condición.”     

   

Surge de lo anterior, que la juez procesada  reconoció  la condición de padre cabeza de familia a 34 personas, sin tenerla,  o  por  lo  menos, sin contar con la información a partir de la cual establecer  esa  noción  que  ha  sido  interpretada  de  manera  uniforme,  tanto por esta  Corporación  como  por  la  Corte  Constitucional, tornándose en una decisión  antojadiza y opuesta a los pronunciamientos conocidos por ella.   

Agréguese  a  lo  anterior,  que  la  juez  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO, sin contar con ninguna prueba, tampoco manifestación  de   la   demandante,   afirmó   que   los  extrabajadores  eran  víctimas  de  estigmatización  en  razón  de  estar  sindicalizados  y  su avanzada edad les  dificultaba  la  obtención  de  otra  vinculación  laboral, afirmación que se  aparta  en  forma  grosera  del  material probatorio que tuvo a su disposición,  puesto  que,  en  algunos  casos  ni  siquiera  se  mencionó  la  edad  de  los  accionantes   y   de   los   pocos  que  se  conoce16,  ninguno  superaba  los  46  años.    

De la misma manera, resultaba inconsecuente  concluir  que  los  accionados  tenían  afectado  el mínimo vital porque desde  hacía  tres  años  no se les pagaba los salarios dejados de percibir.  No  sólo  por lo ilógico del razonamiento, -concebir que  una  entidad  que  desapareció  el  31  de enero de 2006 les adeudara salarios,  prestaciones   sociales   e   indemnizaciones   causadas   a   partir   de   esa  fecha-,  sino  porque ninguna prueba se allegó de tal  situación  y  la funcionaria sabía que sólo en casos excepcionales es posible  presumir  tal  afectación.   Así  lo  consignó  en  el  fallo  del 10 de  noviembre de 2009:   

«Cuando  lo  que  se alega como perjuicio  irremediable  es  la afectación del mínimo vital, la Corte ha señalado que si  bien  en  casos  excepcionales  es  posible  presumir su afectación, en general  quien  alega  una  vulneración de este derecho como consecuencia de la falta de  pago  de alguna acreencia laboral o pensional, debe acompañar su afirmación de  alguna  prueba,  al  menos sumaria, pues la informalidad de la acción de tutela  no  exonera  al actor de probar, aunque sea de manera sumaria, los hechos en los  que basa sus pretensiones. (Sentencia T-702/08).»   

Entonces, tratándose del amparo al mínimo  vital,   inevitablemente   le  correspondía  a  la  juez  realizar  una  exigua  indagación  con  miras  a  determinar  la  conculcación  de  este  derecho; no  obstante,  sin  consideración  alguna  y  apartándose  caprichosamente  de  la  información  que  el  representante del PAR TELECOM le dio a conocer dentro del  traslado  de  la  demanda,  escogió determinar que se trataba de 34 accionantes  cuyas  necesidades  básicas  no estaban cubiertas, lo cual dedujo con la única  manifestación  que  sobre  el  tema  se  consignó  en ella, consistente en que  estaban  pasando “a fungias  (sic)            económicas”.   

Y  ya  frente al asunto del fuero sindical,  acerca  del cual sostiene la defensora no era pacífico para el año 2009, ha de  resaltar  la  Sala,  que como bien lo sostuvo el Tribunal, no se reprocha que la  juez  hubiera  concluido  que  el  empleador  debe tramitar el levantamiento del  fuero  previo a terminar los contratos laborales, sino que omitiera estudiar las  situaciones  particulares del caso, en cuanto la misma demandante informó que a  “algunos”  la entidad les había levantado el fuero, aportando la constancia  de    ello17,  razón por la cual, frente a situaciones disímiles conocidas por  la  funcionaria  no  procedía  idéntica  resolución  del  caso para todos los  accionantes.   

Al  respecto, no sólo la entidad accionada  aceptó  que  los 34 extrabajadores se hallaban amparados por el fuero sindical,  sino  que  aclaró  que estuvieron vinculados a TELECOM hasta el último día de  existencia  de  la  empresa  -31  de  enero  de  2006-,  pagándoseles todos los  conceptos  correspondientes  a  salarios  y  prestaciones  sociales,  luego, sin  necesidad  de haber efectuado un “juicioso” estudio sobre el fuero sindical,  era  simple  saber  que  el  problema  jurídico  no  consistía en reconocer la  garantía del fuero sindical.   

Si a lo anterior se agrega que el apoderado  del  PAR  informó  oportunamente que a todos los trabajadores sindicalizados se  les   levantó  el  fuero  antes  de  ser  despedidos,  le  correspondía  a  la  funcionaria  realizar  una  labor  mínima  de  verificación así los anexos no  hubieran  alcanzado  a  llegar  al despacho judicial. Con mayor razón, si en la  demanda  de  tutela  la  apoderada  de los accionantes reconoció que TELECOM en  liquidación  si  efectuó  los trámites judiciales para levantar el fuero, y a  pesar  de la autorización, todos estuvieron vinculados hasta el último día de  existencia de la entidad.   

          En  síntesis, el fallo de tutela datado el 10 de noviembre de 2009,  contiene  decisiones  que  se  muestran  manifiestamente contrarias a la ley, la  jurisprudencia  y  el  material  probatorio con el que contaba la Juez Promiscuo  Municipal  de  Arboletes, BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO al momento de resolver  la  demanda  de  tutela  instaurada  por Hernán Álvarez Pardo y 33 accionantes  más, a través de apoderada judicial.   

Establecida  la  tipicidad  objetiva  del  comportamiento,  evidente  resulta también la imputación del tipo subjetivo en  la  modalidad  dolosa  dado que se trató de un actuar voluntario, precedido del  conocimiento de los hechos constitutivos de la infracción penal.   

El recuento de las circunstancias y época  en  la cual la funcionaria judicial ahora acusada emitió el fallo de tutela, no  dejan  duda  acerca  de  su actuar voluntario y consciente de que con él estaba  transgrediendo  las  normas  y la jurisprudencia, lo cual se deduce a partir del  mismo  momento en que obvia el factor de competencia territorial para avocar una  acción  de  amparo  cuyos  hechos  evidenciaban que  ninguna  vulneración  se  estaba  presentando  en  la comprensión judicial del  despacho promiscuo municipal de Arboletes (Antioquia).   

La  intención de la funcionaria judicial  no  era  otra  que decidir a toda costa la acción de tutela, al punto que en la  demanda   la   abogada   cita  el  Decreto  1382  de  2000  para  determinar  la  competencia  de  la  Juez  Promiscuo  Municipal    porque    «“corresponde  a  los  jueces  del  Circuito”  conocer  de  las  demandas   de   tutela   que   se   interpongan   contra   cualquier   autoridad  particular       que       preste      servicio  público», sin que fuera  cierto  que la Juez a quien se estaba presentando el  libelo   ostentara  la  categoría    de    circuito,   o   que   el   decreto   citado   contenga   esa  afirmación.   

Pese  a lo indiscutible de la ausencia de  competencia  territorial,  la  funcionaria  avocó y decidió la demanda, con el  fin     de     resolver     favorablemente    las  pretensiones    de   los   accionantes,  ánimo que se tornó innegable cuando plasmó consideraciones y  conclusiones  totalmente  apartadas de las que como precedente judicial, habían  sido  consideradas  y  que  conocía ampliamente, no  sólo   porque   en   el   juicio   señaló  su  preocupación  y  la  juiciosa  investigación  que  hizo previo a emitir el fallo, sino porque las consignó en  la sentencia de primera instancia.   

En    efecto,    la    investigada    declaró    en    el  juicio  que  realizó  “actos  de verificación”  para  determinar  si  ella era competente para resolver la demanda de tutela, lo  cual      cumplió      “mirando”    los   autos   de   la   Corte   Constitucional,   que,    como    lo    señaló    en  precedencia      la      Sala,      ningún      conflicto  generaban  en torno a que la competencia en materia de tutela no  sólo  está  circunscrita  a la naturaleza de la persona accionada, sino que el  factor  territorial  prevalece  y  está dado por el  lugar  donde  ocurre  la violación o la amenaza que  motiva la presentación de la solicitud.   

La   intención   de  apartarse  de  la  jurisprudencia,  se  revela  con la transcripción que la juez de Arboletes hizo  de  múltiples  sentencias  de  tutela  de la Corte Constitucional; no obstante,  varios  párrafos  después  consignó  frases  y  órdenes alejadas de ellas, o  simplemente,  guardó  silencio  ante la claridad de  los fallos que quiso desconocer.    

Más  aún,  cuando  el apoderado del PAR  TELECOM  le  puso  de  presente  la  existencia de la  sentencia  de tutela (T-538) del 6 de agosto de 2009,  en    la        que        la       Corte  Constitucional  había  resuelto un caso similar por  tratarse           de          extrabajadores  de  TELECOM  que accionaban contra el PAR   alegando  vulneración  de  los  mismos  derechos  que  en esta se invocaban, en forma incongruente optó la juez  por   concluir   que   en   la  primera   se   resolvió   un  caso  concreto  con  efectos  inter      partes,     olvidando         que        los  precedentes  citados  por  ella  eran  de  la  misma  naturaleza    (T   001   de   1992;   T   326   de  1999;  T-249,  T-702, T  085,   T  892,   T  367,   T   747,  T  889  de  2008  etc.;  T-080  de  2009,  entre  otras.),  pero  además, la situación  fáctica difería ampliamente de la estudiada.   

Al   mismo  tiempo,  el  apoderado  del  accionado  PAR  TELECOM,  oportunamente   informó   que   los   trabajadores  interpusieron  las  accionantes de reintegro ante los  jueces  laborales,  funcionarios competentes para resolver sobre el conflicto   que   se  presentó  tres  años atrás,   cuando   por   la  terminación   de   la  empresa  TELECOM  finalizaron los contratos  laborales  con  los  empleados que tenían fuero sindical, los cuales estuvieron  vigentes   hasta   el   último   día   de  existencia  de  la  entidad,          luego,          ninguna           explicación     se    ofrece  plausible  ante  el  silencio  que la funcionaria judicial  guardó en el fallo.   

Igualmente   respondió   el  abogado,  que  la empresa TELECOM si inició los trámites para  levantar  el fuero de los  trabajadores,   y   al  margen  de  que  los  anexos  no hubieren alcanzado a llegar a Arboletes antes del  10  de noviembre de 2009 (fecha del fallo de tutela), lo inequívoco es que a la  funcionaria  judicial  le correspondía verificar los  temas  objeto  de  debate,  con  mayor razón si esta  afirmación  coincidía  parcialmente con la de la apoderada de los demandantes,  quien   sostuvo   que   para   la   desvinculación  de   “algunos”   de  ellos,           sin           mencionar      nombres,     se     obtuvieron las autorizaciones correspondientes.   

Bajo ese contexto, se queda sin soporte la  explicación  de  la  acusada,  en  torno  a que el juzgado de segunda instancia  decidió  con  documentación que ella no conoció, pues suficiente resultaba la  información  de  la  demanda  y  sus  anexos,  así  como  la  que obtuvo en la  contestación,   para   haber   resuelto,    si   no   acertadamente,   indudablemente   ajustada   a   la  legalidad.   

De    otra    parte,    la  particular  lectura  que  la  doctora  BLEIDER ASTRID CASTILLO  MERCADO,  hace  del  artículo  20  del  Decreto  2591  de 1991, en cuanto deben  tenerse  como  ciertos  los  hechos  de  la demanda de tutela, tampoco aplica al  caso,  dado que la citada  norma  no  exime  al  juez de realizar averiguaciones previas a la adopción del  fallo;  tampoco  autoriza  para  que  a  través  de  este trámite se ordene la  protección  de  derechos  fundamentales  sin la verificación de los requisitos  generales de procedencia de la acción de tutela.   

Tan decidido resultó el propósito de la  juez  CASTILLO  MERCADO,  que  aseguró  que  el artículo 20 de la normatividad en cita le autorizaba dar  por   ciertos   los   hechos   de   la   demanda;   no   obstante,  olvida  la  acusada  que  en ninguno de  ellos  obran las afirmaciones que adoptó como ciertas.  A modo de ejemplo,  resáltese  que  el  libelo  no  asevera  que  a  los  accionantes  no  se les  hubiera  levantado  el  fuero  sindical,  mientras  que  la  juez determinó que  TELECOM   no   realizó   tal  gestión  frente  a  ninguno  de  ellos;  tampoco  se   cita  que  se  trate de personas discriminadas en razón de haber sido  integrantes  de  un sindicato; sin embargo, la doctora CASTILLO MERCADO se ideó  que   el   PAR  TELECOM  los  estaba  discriminando.  Asimismo,  sin contar con ningún soporte, consideró que los accionantes “han  demostrado  sus condiciones económicas”, pese a que en ninguno de los apartes  del   escrito   de   tutela,   ni   en  los  anexos,  figuran  tales  pruebas.  Por último, concluyó que  los  demandantes “han estado cesantes en razón del  despido  sin  justa  causa”,  cuando  de  los  hechos refulge que estuvieron vinculados hasta el último  día de existencia de la empresa TELECOM.   

Muestra  lo  anterior,  que  en  el  fallo  del 10 de noviembre de 2009 no aparece ninguna prueba  que  acredite  el  perjuicio,  la  amenaza  o  la  vulneración  de los derechos  fundamentales  invocados,  y  tampoco  se preocupó la demandante en acreditar o  examinar  la  amenaza o violación respecto de ellas. En otras palabras, ningún  estudio  realizó  la juez sobre los casos concretos puestos en su conocimiento,  condición  sin  la  cual  no  era  posible  concluir la afectación de derechos  fundamentales  tales  como “la igualdad, el acceso a  la  administración  de  justicia, derechos adquiridos convencionales, seguridad  social, dignidad humana y derecho de asociación”   

         

Más aún, la abogada demandante menciona en  el  hecho  3 del escrito de tutela, que uno de sus poderdantes era dirigente del  sindicato,  de  tal  forma  que  sólo  frente  a  él  eventualmente se hubiera  presentado  la vulneración al fuero sindical, situación acerca de la cual nada  expuso  la  funcionaria  judicial,  a quien tan sólo le asistía el interés de  reconocer  por  ese  medio constitucional unas prestaciones sociales surgidas de  una  relación  laboral  que se había extinguido desde el mes de enero del año  2006.   

Como  viene de verse, las consideraciones  realizadas  por  la  doctora  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  MERCADO  en el fallo de  tutela,  no corresponden a  la   interpretación  de  posturas  jurídicas que para ese momento (año 2009)  se  presentaban  acerca  de  la  situación  de  los  extrabajadores  de  TELECOM;  tampoco obedecen a las  pruebas  con  las  cuales tuvo que fallar; menos, a la jurisprudencia y a la ley  vigentes   sobre   la   procedencia   de   la  acción  de  tutela,  sino  a  la  materialización  de  un  actuar  consciente, caprichoso, antojadizo y frente al  cual  no  se  vislumbra  la  existencia  de  ninguna  circunstancia que exima su responsabilidad.   

           

Las anteriores razones muestran que no le  asiste  razón  a  la  recurrente  cuando  afirma  que  la  Fiscalía  no logró  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia  que  cobija a la procesada, pues las  pruebas    practicadas    en    el   juicio   oral,  esencialmente    la  sentencia  de tutela proferida por la doctora BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO el  10  de  noviembre  del  2009,  determinan  sin lugar a duda, que se trata de una  decisión  apartada  de la ley y dictada por la funcionaria siendo consciente de  que  su  actuar deliberado  infringía  el  ordenamiento  jurídico.   

Y   aunque   la  recurrente  reprocha que el tribunal   A  quo  hubiera  utilizado  simples especulaciones e indicios  para  determinar  la intencionalidad dolosa del actuar de la juez, claramente la  prueba  del  dolo  no se encontrará físicamente como lo pretende la defensora,  pues  el  propósito  de  la  actora no queda plasmado en la providencia pero se  evidencia  observando  las  circunstancias  que  rodearon el proferimiento de la  decisión   y   las   consideraciones  que  se  oponen  al  marco  normativo  y  jurisprudencial por ella  considerado en la misma decisión.   

En este aspecto  subjetivo de la conducta,  conviene  resaltar  la experiencia de la funcionaria,  quien  para  el  año 2009 ya contaba con más de 14  años  de  experiencia  como  servidora  pública  al  servicio  de la Fiscalía  General  de la Nación y los juzgados.  Adicionalmente, informó la doctora  CASTILLO  MERCADO,  que  una  vez aprobó  el  examen  del  concurso  para juez, en el año 2006 inició el  curso  de  formación  judicial  que  dentro  de sus módulos contaba con uno de  constitucional y tutela.   

Súmese    a    ello,    que  la  Juez  Promiscuo  Municipal de  Arboletes  una  vez  recibió  la demanda de tutela,  emprendió    un    “juicioso”   estudio   del  tema laboral planteado   en   la  demanda  de  tutela  y  concretamente  de  la  jurisprudencia  existente  sobre  inmediatez  y  subsidiariedad  por  haber sido  materias  controvertidas  por  el accionado, examen que efectivamente se refleja  en  la  gran  cantidad  de  citas y transcripción de  fallos   de   tutela    y  autos  de   la   Corte   Constitucional,  en  los  que  de manera clara, comprensible,  indiscutible  y  obvia  se  trata los  puntos;  precisamente  por tal razón, no queda duda  de  que  la  juez  emitió  el  fallo  de  tutela  con  el conocimiento de estar  adoptando una decisión contraria a derecho.   

La  antijuridicidad de la conducta también  emerge  clara,  se  lesionó  de  manera  grave el bien jurídico tutelado de la  administración  pública,  al  afectarse  principios reguladores de la función  pública  como  los de legalidad, igualdad, moralidad, transparencia, eficacia e  imparcialidad  con  la  que  corresponde actuar a los jueces de la república en  quienes  la  Rama judicial y la sociedad fincan su confianza bajo la perspectiva  de  que  las  decisiones  judiciales  se  hallan  libres de intereses externos y  sujetas a los lineamientos legales y probatorios.   

En  este  orden de ideas y dado que en el  comportamiento  típico  de  la  acusada  no  medió  circunstancia  o  precepto  permisivo  que  justifique o devengue en lícita la conducta, aunado a que   BLEIDER  ASTRID  CASTILLO  MERCADO  es una persona imputable, esto es, que en el  momento  de vulnerar el bien jurídico tuvo capacidad para comprender la licitud  de  su  acto  y  determinarse de acuerdo con esa comprensión, la Corte, por las  razones  expuestas,  confirmará  el  fallo de condena emitido por la Sala Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia.   

La  Sala no se ocupará de la pretensión  de  la  procesada,  relacionada  con la concesión de  permiso   para   trabajar,  dado  que  se  trata  de  un  planteamiento  que se realiza en forma directa a  la  segunda  instancia  y  del  cual  no  hubo  pronunciamiento  en la sentencia  recurrida  por  su  defensora.  Por tanto, la postulación deberá agotarse  ante el juez a quien le corresponda la ejecución de la sentencia.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

1.  CONFIRMAR  el  fallo  fechado  el  21  de abril de 2015, emitido por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Antioquia en contra de BLEIDER ASTRID CASTILLO MERCADO,    exjuez  Promiscuo  Municipal  de  Arboletes  (Antioquia),  mediante  el cual la declaró  autora  responsable  del  delito  de  prevaricato  por  acción,  por los hechos  expuestos en la parte motiva de esta decisión.   

Contra  esta  providencia,  no  procede  recurso alguno.   

Devuélvase   al  Tribunal  de  origen.   

Notifíquese y cúmplase  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAÑA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Erradamente  la  sentencia  recurrida  relaciona  como  fecha de la decisión de  tutela  emitida  por  la  juez  acusada, el 10 de abril de 2009; sin embargo, la  data  correcta corresponde al 10 de noviembre del mismo año. (véase el fallo a  folios  281  y siguientes del cuaderno ‘ANEXO        No.003’.    

2  Julián  Arlex  Granda,  Mireya  Astrid Pardo y Henry Álvarez Muñoz, Juzgado 1  Civil  del  Circuito  de  Fusagasugá;  Carlos Alberto Burbano y Nicolás Bedoya  Henao  en  el  Juzgado  2 Laboral del Circuito de Pereira; Cesar Gustavo Pinzón  Camargo  y  Gilberto Córdoba Suárez ante el Tribunal Superior de Santa Rosa de  Viterbo;  María  Victoria Latorre en el Tribunal de Manizales; Gabriel Córdoba  Manyoma,  Egidio  Arboleda,  Rober  Angulo Olave, Carlos Alberto Torres, Luz del  Carmen  Aramburo  y  Liliana  Bonilla  en  el  Juzgado  Laboral  del Circuito de  Buenaventura  y  Andrés  Rozo  Poveda  en  el  Juzgado  Laboral del Circuito de  Girardot.  Igualmente  iniciaron el trámite respecto de Hernán Álvarez, José  Agustín   Cative,  Jaime  Yesid  Martínez,  José  Polidoro  Bernal,  Humberto  González,  Edith  María  González,  Juan  Carlos  Rojas  Hoyos,  Kemer Elías  Rincón    Ortiz,    Alfonso   Restrepo   Lozano   y   Julio   Orlando   Patiño  Cutiva.   

3 José  Daniel  Puerta,  Humberto  González,  María González, Juan Carlos Rozo, Kemer  Elías Rincón, Alfonso Restrepo y Julio Orlando Patiño.   

4  Numeral  7  de  la  demanda.  Ver  en  el  cuaderno  n.º  1  de  estipulaciones  probatorias.   

5 12 de  septiembre de 2013.   

6  Declaraciones  de Nereida de Jesús Sáenz; Domingo Enrique de Jesús Ramírez y  la acusada Bleider Astrid Castillo Mercado.   

7 “1.  Identificación  e  individualización  de  la  acusada  doctora  BLEIDER ASTRID  CASTILLO  MERCADO. 2. Acreditación de la calidad de Juez Promiscuo Municipal de  Arboletes  (Antioquia),  para  la  época de la ocurrencia de los hechos por los  que  fue  acusada,  es  decir,  para  el  año 2009. 3. Ausencia de antecedentes  penales  y  disciplinarios de la acusada, para la época de los hechos acusados.  4.  Existencia  del  proceso  de  tutela  2009-00246  tramitado  por  el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de Arboletes. 5. Experiencia y capacitación de la doctora  BLEIDER  ASTRID  CASTILLO.  6.  Decisiones  de archivo proferidas por el Consejo  Seccional   de  la  Judicatura  dentro  de  las  investigaciones  disciplinarias  2010-187;  2011-2282  y 2011-3567, seguidas en contra de la acusada.    

8  Erradamente  el  fallo  revisado  a  través del recurso vertical de apelación,  cita  el  decreto ‘2351 de  1991’, inexistente en la  legislación   nacional.   Sin  embargo,  la  cita  seguida  del  contenido  del  articulado no deja duda que se trata del Decreto 2591 de 1991.   

9 Cfr.  CSJ SP 26 may.1998, radicado: 13628.   

10 Ver  folio 33 de la demanda.   

11  Auto    009A    de   2004.   Reiterado   por   los  autos A.  230/06, A.  237/06, A.  260/06, A.  312/06, A.  145/06, A.  146/06, A.  157/06, A.  268/06, A.  004/07, A.  008/07, A.  029/07, A.  039/07, A.  059/07, A.  064/07, A.  073/07, A.  084/07, A.  211/07, A.  280/07, A.  123/07, A.  223/07,    A,    257/07, A.  260/07, A.  058/08, A.  033/08, A.  037/08 y A.  031/08, entre otros.   

12  Al respecto Cfr. T-315 de 2005, T-01 de 1992, SU-961  de  1999,  T-  461  de  2001, T-105 2002, T-173 de 2002, T-728 de 2003, T-728 de  2003, T-764 de 2003 y T-802 de 2004, entre otras.   

13  Folio 8 del fallo fechado el 10 de noviembre de 2009.   

14  Ver  Sentencias  CC.  T-225 de 1993; SU-544 de 2001;  SU- 1070 de 2003; T-143 de 2003; T-373 de 2007. Entre otras.   

15 Ver  folios 9 y 10 del fallo de tutela cuestionado.   

16  Egidio  Arboleda Riascos: 43 años; Gabriel Córdoba Manyoma: 42; Luz del Carmen  Aramburo  N:  31;  Carlos  Alberto  Burbano  M.:  46; Jairo Villegas Arango: 44;  Robert  Angulo Olave: 41; Liliana Bonilla Torres: 40; Gilberto Córdoba Suárez:  46; Cesar Gustavo Pinzón C.: 43.   

17  Mireya  Astrid Pardo Reyes (fol. 41 del cdno. 1 que contiene el hecho estipulado  n.º  4);  Iván  Oliver  Torrado Franco; Julián Andrés Granda Pérez (fol. 46  ídem);  Carlos  Alberto Torres B. (fol. 172 idem); Robert Angulo Olave; Liliana  Bonilla  Torres;  Cesar  Gustavo  Pinzón  C.;  Henry  Álvarez Muñoz; Patricia  Sarmiento   Acosta  (fol.  49  cdno.  ‘ANEXO   3’;  Miguel  Contreras  Chávez;  Carlos  Alfonso  Bayona  T.  y Nestor A. Rodríguez  P.     

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