AP4762-2016(47490)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP4762-2016  

Radicación n° 47490  

(Aprobado Acta No. 224)  

Bogotá, D.C., julio veintisiete (27) de dos  mil dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Yuber  Erney  Medina  Galvis  contra  la  sentencia proferida el 4 de  noviembre  de  2015  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Antioquia, que  confirmó  en  su integridad la dictada el 29 de julio de la misma anualidad por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Conocimiento de La Ceja (Antioquia), que lo  condenó   como   autor   del   delito  de  homicidio  simple.   

HECHOS  

         Fueron    sintetizados   por   el   a   quo   en   los   siguientes  términos:   

[L]a noche del 13 de octubre del año 2013,  cuando  se  llevaban  a cabo las “Fiestas del toldo y de las flores” en este  municipio  de  La  Ceja, se realizó un show musical en el parque principal… y  entre  sus  asistentes  se  encontraban  los  señores  Juan  Carlos Hernández,  Ricardo  Parra,  Federico Henao y el joven Santiago Ríos López. Sucedió que a  eso  de  las 21:10 horas, en medio de los tragos, el mencionado Federico [Henao]  se  tropezó  y  cayó al suelo, empujando accidentalmente al señor YUBER ERNEY  MEDINA  GALVIS  que  también  observaba el espectáculo con un grupo de amigos,  quien  reaccionó dándole puntapiés, por lo que los compañeros de parranda de  Federico  [Henao] intervinieron para defenderlo, y se formó una riña en la que  el  mencionado  MEDINA GALVIS sacó a relucir un cuchillo de gran tamaño con el  que  le  hizo  varios  lances  a  sus oponentes alcanzando a lesionar a Federico  Bedoya  (sic) y a Santiago Ríos [López], y el último falleció en la clínica  de  la  localidad  como consecuencia de una profunda herida de arma de blanca en  el pecho.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Por los hechos  antes  relacionados, el 28 de febrero de 2014, ante el Juzgado Segundo Promiscuo  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  La Ceja, la Fiscalía  formuló  imputación  a  Yuber  Erney  Medina  Galvis  como  autor del      delito      de     homicidio  agravado    (arts.    103    y    104-71  C.P.); quien rechazó el cargo.   

         En  la  misma  oportunidad,  a  instancia  del  ente  acusador,  el  supranombrado  fue afectado con medida de aseguramiento privativa de la libertad  en establecimiento de reclusión.   

   

         2.  El  23 de abril de 2014, el delegado  de  la  Fiscalía radicó escrito de acusación y, el 9 de junio siguiente, ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  La Ceja, se cumplió la  audiencia   respectiva   en   la  que  reiteró  los  cargos  atribuidos  en  la  formulación   de  imputación,  adicionándole  a  la  calificación  jurídica  inicial,  la circunstancia de agravación del homicidio prevista en el artículo  104,  numeral  42,  del Estatuto Punitivo; asimismo, en dicha ocasión se reconoció  como  víctimas a Luz Miriam López y a Luis Antonio Ríos Acevedo, progenitores  del  obitado,  así  como  personería  jurídica al abogado que los representa.   

         3.  Realizadas la audiencia preparatoria  y  el juicio oral, el 29 de julio de 2015, se dictó sentencia por cuyo medio se  condenó  a  Yuber  Erney  Medina Galvis como autor del ilícito de homicidio  simple, imponiéndole la pena  principal  de  208  meses  de prisión y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción privativa de la libertad.    

         Asimismo,  se  le  negó el subrogado de la suspensión condicional  de    la   ejecución   de   la   pena   y   el   sustituto   de   la   prisión  domiciliaria.   

4.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  del  procesado,  en  fallo  adiado  4 de  noviembre  de  2015,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Antioquia la  confirmó en su integridad.    

         

         5. Contra la sentencia de segundo grado,  el  abogado que representa los intereses del procesado Yuber Erney Medina Galvis  interpuso  recurso  de  casación,  cuya admisibilidad es el objeto del presente  pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Sin  referirse a los fines que persigue con  el  recurso de casación, el demandante formula dos reproches contra el fallo de  segundo  grado  al  amparo  de  las  causales  tercera  y  segunda, en su orden,  previstas  en  el  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, que se resumen de la  siguiente manera:   

         En    el    primer   cargo,  expresa  que  el  Tribunal incurrió en error de hecho por falso  juicio  de identidad por distorsión o tergiversación de la prueba testimonial,  concretamente  de  las  atestaciones  de  Yeison  Ríos  López, Ricardo Parra y  Alejandra Mejía Castro.   

         Luego   de   referirse  a  las  exigencias  de  forma  y  contenido  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  de la Sala en orden a demostrar el yerro  denunciado,  el censor señala que los medios de convicción sobre los que éste  recayó,  en  concreto expresan que «una vez resbaló  Federico  Henao,  uno de los acompañantes de la víctima Santiago Ríos López,  y  cayó sobre la persona del acusado, éste lo tomó a patadas sobre el cráneo  y  la  espalada».         

         Por  su  parte,  anota,  el  juez  colegiado  consideró  de  tales  testimonios  que  quien  había  sido  agredido  a  golpes  y  puntapiés por el  procesado  Medina  Galvis  era  el  obitado  Santiago  Ríos  López, cuando los  deponentes  refirieron  tal  ataque  pero  en  contra  de Federico Henao, lo que  denota   la   tergiversación   de  su  contenido  material,  que  lo  llevó  a  «otorgar   plena   credibilidad   a   los  testigos  acusadores»,    con    lo    cual   «descarnadamente   (sic)   lastimó   el   principio   de   la  sana  crítica».         

         Además,  tal distorsión de la prueba testimonial de cargo condujo  a  que  se  le  diera  particular  relevancia  a dos indicios de responsabilidad  deducidos  en contra de su representado, concretamente, a los de presencia en el  lugar  del  suceso  y  oportunidad,  este  último  por  el  hecho  de portar un  cuchillo,  según  lo  dijeron  los  testigos  de  la  Fiscalía, siendo que los  declarantes  traídos  por  la  defensa  manifestaron  que había «muchas  personas  que  en  el  parque se hallaban en cercanías del  occiso  y  a  varios  se les observó armas blancas»,  amén  que  el  juzgador de segundo grado omitió considerar que unos y otros se  hallaban en estado de ebriedad cuando se presentó la reyerta.   

         Aduce  que  el ad quem también incurrió en desatinos en relación  con  la  prueba  indiciaria,  dado  que  «no  fue…  debidamente  analizada,  en  tanto  se  le  dio  el carácter de grave que no le  corresponde  y  en  tanto  se  le  tuvo  como  tal  a  [hechos]  indicadores sin  comprobación      suficiente».      

         En  consecuencia,  solicita a la Corte casar la sentencia impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  al  incriminado  del  delito objeto de acusación.             

         Como     segundo    cargo,  el  recurrente  plantea  la vulneración del debido proceso como  consecuencia  de  irregularidades  sustanciales que afectan las garantías de su  prohijado,  concretamente  el  derecho  de defensa, que en su opinión vician de  nulidad la actuación.   

         Después  de  referirse  al  concepto y alcance del debido proceso,  expresa  que su desconocimiento en el caso particular se configura por cuanto en  las  audiencias  de  formulación  de  imputación  y  acusación,  la Fiscalía  «infló»   de   manera  indebida  la  calificación  jurídica  de  los  hechos  juzgados, puesto que le  enrostró  a  su  defendido  el  delito  de  homicidio  agravado según los numerales 4 y 7 del artículo 104  del  Código  Penal,  siendo que dadas las circunstancias fácticas en que éste  sucedió,  consideradas  por  el  ente  acusador,  no  procedía  aplicar dichas  agravantes,   sino  que  se  trata  de  un  homicidio  simple,  tal  como  en  últimas  lo  concluyeron los  juzgadores de instancia.   

         Añade  que la muerte de Santiago Ríos López ocurrió en medio de  una  riña  que  se  presentó entre varias personas, circunstancias modales que  «de  suyo  [son]  incompatibles  con  un  homicidio  agravado  por… motivo abyecto o fútil y aprovechándose de las condiciones de  indefensión               de               la              víctima».        

         En   ese   orden,   como   en   su   opinión  hubo  «una  inadecuada  imputación  y  acusación  en cuanto al juicio de  tipicidad   se   refiere»,  ya  que  «se      magnificó     la     imputación     jurídica»,  ello  condujo  a  que  se privara al acusado de «la   facultad  de  allanarse  o  preacordar…  a  fin  de  obtener  sustancial   rebaja  de  pena»,  en  detrimento  del  derecho de defensa de su representado.     

         Por  tanto,  pide  a  la Corte declarar la nulidad de la actuación  desde la formulación de la imputación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el demandante (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y  finalmente,  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el  artículo 180 ibídem, vaga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

         2.  De conformidad con lo dicho, la Sala  anuncia  que  la  demanda  se  inadmitirá  debido  a los evidentes desatinos de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  se  advierten  en  la postulación y  desarrollo de los cargos propuestos.   

         Empero,  previo a abordar su estudio, se advierte que el recurrente  formula  dos  reproches  contra  la  sentencia  de segundo grado, el primero por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  el  segundo  por nulidad, sin  explicar por qué los presenta en el orden anotado.   

         En  esa  medida,  de  conformidad con el principio de prioridad que  rige  el  recurso  extraordinario,  según  el  cual,  en caso de ser varias las  censuras,  su  formulación  y  demostración debe hacerse de acuerdo a su mayor  trascendencia  procesal,  se emprenderá su análisis comenzando por el cargo de  nulidad,  pues  de  la  invalidación   de  la  actuación  haría inane el  pronunciamiento  de la Corte sobre otras causales de casación postuladas por el  demandante;  de modo que el cargo de nulidad debió ser propuesto como principal  y previo al reparo por violación indirecta.   

         2.1 El segundo  cargo,   el   libelista  lo  hace  consistir  en  la  afectación  del derecho de defensa de su representado, como consecuencia de que  la  Fiscalía,  tanto  en  la formulación de imputación como en la acusación,  «infló»   de   manera  indebida  la calificación jurídica de los hechos juzgados, atribuyéndole a su  defendido  el delito de homicidio agravado  –arts. 103  y  104-4-7  C.P.–, cuando  en  su  opinión,  no se configuraban las circunstancias agravantes relativas al  motivo  abyecto  o  fútil  y  al estado de indefensión de la víctima, como en  últimas  lo  concluyeron  los juzgadores de instancia; situación que, destaca,  condujo   a   que   se  privara  al  acusado  Medina  Galvis  de  «la   facultad  de  allanarse  o  preacordar…  a  fin  de  obtener  sustancial rebaja de pena».   

         Sobre  la  censura  formulada,  resulta  oportuno  recordar  que la  jurisprudencia  de  la Sala ha considerado que aun cuando la nulidad no requiere  cumplir  elevadas  exigencias  argumentativas  en  orden  a su acreditación, es  carga  de  quien  la  alega  proceder con precisión y claridad a identificar la  clase  de  irregularidad  sustancial que determina la invalidación; señalar si  se  trata  de  un  vicio  de  estructura  o  garantía; plantear sus fundamentos  fácticos;  indicar  los preceptos que considera conculcados; expresar la razón  de  su  quebranto; y especificar el momento de la actuación a partir de la cual  se produjo el vicio.   

         Asimismo,  compete  al  impugnante  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia   contenida    en    el    fallo    impugnado   –principio     de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

         Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual  debe  quedar claro que: i) se  trate  de  uno  de  los  motivos expresamente contemplados en la ley              –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

         Sobre  la  manera  de acreditar el reproche por nulidad, en CSJ AP,  17 jun. 2015, rad. 45544, esta Corporación expresó:   

Inicialmente  cabe  recordar, que cuando se  invoca  la  causal segunda de casación consagrada en el artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  como  ocurre  en  este  caso,  se  asume  que la aspiración del  libelista  es  poner  al  descubierto la presencia de un yerro in procedendo, ya  con  motivo de la violación del debido proceso por la afectación sustancial de  su  estructura,  o  por  el  desconocimiento  de las garantías fundamentales de  cualquiera  de  las partes o intervinientes, por tanto, si bien la Corte, con el  propósito  de asegurar la vigencia de aquel y de éstas, tradicionalmente viene  atemperando   las   exigencias   para   su   formulación,  dado  el  compromiso  constitucional  de  salvaguardarlas,  en  todo  caso, en razón de la naturaleza  extraordinaria  del  recurso  y  debido  a  que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas,  ha  señalado que su denuncia impone al demandante una presentación  clara, precisa y debidamente argumentada.   

Adicionalmente,   ha   dicho   que   es  indispensable  que  se  identifique  la  clase de irregularidad que determina la  invalidación  alegada,  se  planteen  los  fundamentos fácticos necesarios, se  indiquen  las disposiciones que se consideren conculcadas y se ponga de presente  el  sustento  del quebranto, amén de que le corresponde al actor especificar el  límite  de la actuación a partir del cual se produce el vicio y, por igual, es  de su resorte fijar la cobertura de la nulidad.   

Ahora,  al  libelista  también  le compete  evidenciar  que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  que reponiendo la actuación y, lo más importante, debe comprobar que  la  irregularidad  denunciada se proyectó de manera decisiva en la declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado,  atendiendo  al  principio de  trascendencia,  pues el recurso extraordinario no está consagrado para intentar  especulaciones,  hacer  conjeturas o lanzar afirmaciones imposibles de constatar  o ajenas a la realidad procesal.   

         Retornando  al  caso  examinado,  se  advierte  que  el  impugnante  incumple  las  exigencias  de forma y contenido necesarias a fin de acreditar la  existencia  de  irregularidad  sustancial  que  vicie  de  nulidad  la  presente  actuación,  en  este evento por afectación al derecho de defensa, pues si bien  refiere  el  supuesto  fáctico que en su opinión la configura, esto es, que la  Fiscalía  realizó  «una  inadecuada  imputación y  acusación   en   cuanto   al   juicio   de   tipicidad  se  refiere»,  no  explica  razonadamente  cómo  la  supuesta «inflación»     indebida    de    la  calificación   jurídica,  truncó  la  posibilidad  de  que  su  defendido  se  allanara   cargos  en  la  audiencia  de formulación de imputación, o con  posterioridad  a dicha oportunidad procesal concretara un preacuerdo con el ente  acusador              sobre             los             términos             de  aquella.              

         En   efecto,  en  la  audiencia  preliminar  respectiva3,  donde  la  Fiscalía  le  endilgó  al  incriminado Medina Galvis el delito de homicidio     agravado    –arts.  103  y  104.7 C.P.–,  el defensor del mencionado ninguna  observación  hizo  a  tal  acto  de  comunicación,  amén  de que informado el  supranombrado  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes,  así  como  de  sus  derechos   y   de   la   posibilidad  de  allanarse  a  la  imputación,  previo  asesoramiento  de su abogado, rechazó el cargo, cuando tenía la oportunidad de  aceptarlo,  luego  no  puede  pretender  ahora  trasladar  a  la  Fiscalía  las  consecuencias  de  su decisión que, por ende, le privó de acceder al descuento  punitivo que esa figura jurídica conlleva.   

         En  el  mismo  sentido,  cabe anotar que de haber sido en verdad la  voluntad  del  procesado  optar  por la terminación abreviada de la actuación,  ninguna  limitación  se  advierte  en  orden  a  que  con  posterioridad  a  la  formulación  de  la  imputación,  procurara llevar a cabo un preacuerdo con la  Fiscalía,  el  que  también  le habría reportado un beneficio en la sanción,  bien  en  razón de aplicar la respectiva rebaja de pena, o como consecuencia de  tipificar  la conducta, sin que se modificara su núcleo fáctico, de una manera  que  implique  disminución  en  la  sanción  o  eliminando de la imputación o  acusación  alguna  circunstancia  de  agravación  punitiva;  pero  no lo hizo.   

         Ahora,  si bien el juez de primer grado consideró que en el asunto  de  la  especie  no  concurrían las circunstancias de agravación del delito de  homicidio  que  incluyó la Fiscalía en la acusación, decisión confirmada por  el  ad  quem, ello de ninguna manera significa que el delegado del ente acusador  «infló»   de   manera  indebida  la calificación jurídica que corresponde a la conducta juzgada, sino  que  de  acuerdo  con  el principio de progresividad del proceso penal, donde la  verdad  se  construye gradualmente, en cada una de sus etapas se exigen diversos  grados  de  conocimiento,  pues  mientras  que  para  los actos de imputación y  acusación   se   demanda   del   fiscal  inferencia  razonable  de  autoría  o  participación  –art. 288  C.P.P.– y probabilidad de  verdad    –art.   336  ibídem–,  respectivamente,  en  la sentencia se exige conocimiento más allá de toda duda  –art.      381  ejusdem–.   

         En  esa  medida, la calificación jurídica que la Fiscalía fija a  la  conducta investigada en la formulación de imputación y en la acusación es  meramente  provisional,  por tanto ésta puede ser acogida o no en la sentencia,  donde  sí  tendrá  carácter definitivo, bien porque a juicio del fallador los  hechos  juzgados  correspondan  a otra descripción típica, ora debido a que la  prueba   así   lo   determine,   siempre   que   se  respete  el  principio  de  congruencia.   

         Frente  al  caso  particular,  se  tiene  que las circunstancias de  agravación   del  delito  de  homicidio  atribuidas  por  la  Fiscalía  en  la  formulación  de  imputación  y  en  la  acusación, fueron desestimadas por el  juzgador  de  primer  de nivel, tras considerar que respecto al motivo abyecto o  fútil   se   advertía   «ausencia   de  prueba  y  argumentación»   y   en   cuanto   al   estado  de  indefensión      de      la     víctima     tampoco     fue     «acreditada»  por  el  delegado del ente  acusador.   

         Entonces,   encuentra   la   Sala  que  la  alegada  «inflación» punitiva de la que se duele  el  casacionista no es tal, y que la Fiscalía como titular de la acción penal,  de  acuerdo  con  los elementos de convicción con los que contaba al momento de  formular  imputación  y  acusación,  estimó  que  se  cumplía  el  grado  de  conocimiento  que  cada  uno  de tales actos exige, luego procedía atribuir las  circunstancias  previstas  en el artículo 104-4-7 del Código Penal que agravan  el  homicidio;  situación  bien  distinta es que no lograra probar en el juicio  oral  el factum en que se sustentan aquellas, por lo que bien hizo el juez a quo  en    desestimarlas   y   condenar   por   homicidio  simple         al        acusado        Medina  Galvis.             

         Por   lo   demás,  el  discurso  del  demandante  es  abiertamente  especulativo,  pues  parte  del  supuesto  de  que en el evento que la Fiscalía  hubiese    endilgado    a    su    prohijado    el    delito   de   homicidio   simple,  éste  se  habría  allanado   a   la   imputación,   lo  cual  no  pasa  de  ser  una  afirmación  indemostrable,  dado  que  aun  en  ese caso, nada descarta que la decisión del  procesado    de   rechazar   el   cargo   se   hubiera   mantenido   por   otras  razones.                    

         Por tanto, se inadmitirá el reparo.   

         2.1    En   cuanto   al   primer  cargo, sostiene el impugnante que  el  Tribunal incurrió en la violación indirecta de la ley sustancial por error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, como consecuencia de tergiversar los  testimonios  de  Yeison  Ríos  López,  Ricardo Parra y Alejandra Mejía Castro  practicados  en  el  juicio  oral  a  instancia  de  la Fiscalía, por cuanto no  obstante  que  éstos afirmaron que la noche del suceso el acusado Medina Galvis  la  emprendió  a puños y patadas contra Federico Henao, quien acompañaba a la  víctima,  en razón de que aquel accidentalmente se cayó encima del primero en  cita;  el  juez  colegiado  consideró que tales declarantes manifestaron que la  persona  agredida  por  el  implicado  había  sido  el  obitado  Santiago Ríos  López.      

         Yerro    que,    dice,    condujo    a    que   se   «otorgar[a]      plena      credibilidad      a     los     testigos  acusadores»  y  se diera particular relevancia a los  indicios  de responsabilidad deducidos en contra de su prohijado, valga decir, a  los de presencia en el lugar y oportunidad.    

         Antes  de  abordar el estudio del cargo, cabe reiterar lo dicho por  la  Sala  en el sentido de que el vicio de contemplación objetiva denunciado se  presenta  cuando  al  apreciar  un  medio  probatorio  el  juzgador  tergiversa,  adiciona o mutila su contenido material.   

         En  punto de la distorsión de la prueba, lo que acontece es que el  fallador  «trastoca su contenido, valga decir, da una  interpretación  errónea a lo expresado por el testigo, otorgándole un alcance  equivocado    a    lo    que   la   prueba   objetivamente   muestra»4,   mientras  que  cuando  el  contenido  material  de  aquella  se  desfigura  porque  el  juzgador suprime apartes o hace agregados trascendentes a  lo  que el medio probatorio realmente dice, asignándole un alcance objetivo que  no  tiene,  también  se  configura  el  falso  juicio  de  identidad,  pero por  mutilación o adición, en su orden.   

         En  esa  medida,  corresponde  al  casacionista  la  carga  de  (i)  identificar  el  medio  de  convicción  sobre el cual recae; (ii) señalar qué  dice  objetivamente  el  mismo;  (iii)  qué consideró de él el juzgador; (iv)  cómo  se  alteró  su contenido material, para lo cual debe indicar los apartes  tergiversados,  cercenados  o adicionados y confrontarlos con lo que el fallador  expuso  de  ellos  en  orden a evidenciar que éste los puso a decir algo que no  expresan  o  menos  de  lo  que encierran; y, finalmente, (v) acreditar cómo el  yerro   trascendió  el  fallo  impugnado,  análisis  que  debe  involucrar  la  totalidad  de  la  prueba  practicada  en  el juicio5.     

         Descendiendo  al  caso  particular, si bien el libelista identifica  los  medios  probatorios  sobre  los  que  dice  recae  el  error,  esto es, los  testimonios  de  cargo  presentados  por la Fiscalía, hasta ahí llega su labor  argumentativa,  puesto  que  no  señala  cuál  es su contenido material, valga  decir,  qué  dicen  objetivamente,  limitándose  a  mencionar escuetamente que  Yeison  Ríos  López,  Ricardo Parra y Alejandra Mejía Castro expresaron haber  visto  que  el implicado Medina Galvis agredió a golpes y puntapiés a Federico  Henao,  pero  no  manifestaron que el obitado Santiago Ríos López fuera objeto  de una acción semejante, como lo entendió el Tribunal.   

         La  omisión  en  que  incurre  el  impugnante,  determina  que  no  obstante  citar  algunos  apartes  de  la  sentencia  de segundo grado, donde se  concluye      que      de      las      lesiones     corporales     –equimosis y escoriaciones–  que  presentaba  el occiso Santiago  Ríos  López  se  infiere  que  intervino en la riña en la que fue mortalmente  herido  con arma blanca, ello resulta insuficiente para acreditar que se alteró  el  tenor literal de los testimonios de cargo, para lo cual era necesario que se  realizara  la  elemental  labor  de  confrontación entre lo que los declarantes  afirmaron  en  relación  con  dicho  aspecto  y lo que de ellos entendió el ad  quem,  labor  que  no  se  asume  en  el  libelo,  dejando  el reparo carente de  sustento.           

         Ahora,  advierte  la  Corte  que  si  bien  los  testimonios que el  impugnante  afirma  tergiversados,  señalan  que  del  grupo  de  personas  que  acompañaban  al  occiso Santiago Ríos López la noche en que ocurrió el hecho  juzgado,    solo    dos    de    ellas,   Yeison   Ríos   López   –hermano  de  la  víctima–y  Ricardo  Parra López –primo del último en cita–  intervinieron  en  la  reyerta  que  surgió  entre aquellos, por un lado, y el procesado Yuber Erney Medina Galvis y  sus  acompañantes,  de  otro,  a pesar de lo cual el juez colegiado, en orden a  concluir  que el obitado también participó en la confrontación donde resultó  gravemente   herido,   indicó   que  tales  testigos  habían  manifestado  que  «a  Santiago le dieron varias patadas y puños en la  espalda,     tórax     y     cabeza»6,  lo cual no  corresponde  al  contenido objetivo de esas atestaciones, incurriéndose por tal  razón  en  un  falso  juicio  de identidad por adición, es lo cierto que dicho  desatino deviene intrascendente.   

         En  efecto, al ser interrogados en el juicio oral por el desarrollo  del luctuoso suceso, los testigos de la Fiscalía afirmaron:   

         Yeison Ríos López:   

Estábamos  Ricardo,  estaba  Juan  Carlos,  estaba  Federico,  estaba  mi  hermano [Santiago], estaba yo y estaba Alejandra,  estábamos  escuchando lo de Alberto Posada… pues íbamos todos y Federico iba  adelante,  entonces…  eso  íbamos  por ahí y él [Federico] se resbaló y se  cayó  encima  de él… encima de Yuber… se resbaló y él [Yuber] se paró y  le  metió  una  patada  [a Federico] en la cabeza y ahí fue cuando nos metimos  nosotros…  se  comenzó la pelea y todo eso y ya fue cuando él [Yuber] cogió  el  cuchillo  y  ya  cuando yo miré él [Yuber] estaba agrediendo a mi primo, a  Ricardo,  y  él  era  encima  de  Ricardo  con el cuchillo y ya mi primo con la  garrafa  le  dio  a él [Yuber]… yo me di unos puños con un man (sic) ahí…  era  una  de  las  personas  que  estaba  con  él  [Yuber]…  yo  a mi hermano  [Santiago]  no  lo volví a ver, yo a mi hermano pues, estábamos ahí con él y  de  un  momento  a  otro  no  lo  volví  a  ver,  y  ya  fue cuando Juan Carlos  [Hernández]  me  llamó  a  mí  [a  decirme]  que  lo  habían herido a él [a  Santiago]  y  a  Federico…  Yuber  era  el  que tenía el cuchillo… no lo vi  [herir  a  mi hermano], pero él era el que tenía el cuchillo y a mi hermano lo  mataron  con una herida grande… esa herida tuvo que haber sido con un cuchillo  (…)7.   

         Ricardo Parra López:   

Estábamos   en   el   parque  principal,  estábamos  reunidos viendo cantar… a Luis Alberto Posada, y ya nos dirigimos,  porque  ya  había  mucha  gente,  nos dirigimos a retirarnos… ya nosotros nos  fuimos  por el lado de la pila porque estaba muy lleno el parque, mi compañero,  un  amigo  de  nosotros, Federico, se sentó en unas banquitas de esas, y se fue  de  lado  y  le cayó en los pies a ellos… a los que estaban con Yuber… y la  primer  reacción  que  él  [Yuber]  tuvo  fue darle una patada en la cabeza [a  Federico]…  entonces  ya  nosotros nos metimos a defender a nuestro amigo y ya  él  [Yuber] sacó el cuchillo y empezó a agredirnos a todos… él [Yuber] nos  agredió  a todos y ya después se me vino contra mí, lo que a mí me salvó la  vida  fue  que  yo tenía una garrafa y con esa me defendí… él [Yuber] se me  venía  a  mí  con  el  cuchillo  y  yo  lo devolvía con la garrafa, y hubo un  momento  en  que  yo  se la pegué aquí en la cabeza… cuando empezó la pelea  que  Federico  quedó  inconsciente  y se lo llevaron a él y a Santiago, en ese  momento  yo no pude ver que hicieron con ellos… [después] me llamaron… Juan  Carlos  [Hernández]  me  dijo  que  habían  herido  a Santiago y a Federico…  [quien  lo hizo fue] Yuber… porque la herida fue grande y fue con un chuchillo  y   el   único   que   tenía   cuchillo   era  él  [Yuber]  (…)8.   

         Alejandra Mejía Castro:   

El  13  de  octubre  de  2013… fueron las  fiestas  de las flores, me encontré con mi esposo y con los amigos de él… mi  esposo  se  llama Ricardo Parra, nos fuimos al parque pues a la celebración del  día  del  toldo  y de las flores, a las 7 de la noche más o menos… estuvimos  en  el  centro  escuchando  los  artistas, a las 11 de la noche más o menos nos  íbamos  a  ir  ya  para  la  casa… [estábamos] Federico, Juan Carlos, Yeison  Ríos  López,  Ricardo  Parra,  Sebastián  Natagira…  Luisa Fernanda Mejía,  Santiago  Ríos y yo… ellos estaban consumiendo licor… todos, yo no me tomé  ni  un  solo  trago, a las once de la noche ya nos dirigimos para la casa y como  en  el  centro  del parque estaba tan lleno, preferimos pasar por la pila… nos  encontramos  una  compañera  que se llama Mónica Castañeda y mi hermana Luisa  paró  a  hablar  con  ella,  esperamos  pues todos ahí… entonces Federico se  sentó  en  uno  de  los  banquitos  que  había….  y  él  como que no tenía  estabilidad  de lo ebrio que estaba y cayó a los pies de ese joven… de Yuber,  entonces  Yuber  reaccionó agresivamente dándole una patada [a Federico]… ya  los  compañeros  con  los  que  yo  estaba  obviamente vieron que a su amigo le  dieron  una  patada  y  ellos reaccionaron a defenderlo, Yuber sacó un cuchillo  inmenso,  grande, parecía de carnicería, no era un cuchillo ni una navaja, era  algo  muy horrible, reaccionó agresivamente, empezando a dar como cuchillazos a  los  muchachos,  los  únicos que reaccionaron fue Ricardo Parra y Yeison Ríos,  los  otros  no  los  vi  en  ningún  momento,  Ricardo  tenía  una  garrafa de  aguardiente,  fue  con  la  única arma pienso yo, pues si se puede llamar arma,  con  la  que  ellos  se defendieron, Ricardo le daba a Yuber con la botella… a  Santiago  Ríos  no  lo  vi  en  el momento, [pero] estaba al lado con los otros  muchachos…  de  un  momento a otro yo cogí a Ricardo y me lo llevé, en medio  de  la  revolución…  escuchamos  la  ambulancia…  Federico estaba por allá  sentado  con  puñaladas…  Santiago ya lo estaban llevando para la clínica…  sería  yo  chismosa si digo que lo vi [a Yuber] al dar la puñalada a Santiago,  no  lo  vi, pero a la única persona que sí vi con el cuchillo fue a él, no vi  a          nadie          más         (…)9.   

         Y  aun  cuando  es  evidente  que  el  Tribunal  puso a decir a los  testigos  Yeison  Ríos López, Ricardo Parra y Alejandra Mejía Castro algo que  en  verdad no expresaron, valga decir, que los mencionados percibieron cuando el  interfecto  Santiago  Ríos  López  fue  agredido  a  patadas  y  puños por el  incriminado  Yuber  Erney Medida Galvis, siendo que tal aseveración la hicieron  pero  indicando que la víctima de la golpiza había sido Federico Henao, lo que  por  demás  fue  el  detonante  de  la gresca; con todo, la alteración de esos  testimonios  no  sirvió  de  fundamento  a  la  conclusión  del Tribunal en el  sentido  de  que  el obitado estuvo presente en la reyerta y que fue allí donde  resultó  gravemente  herido  de  una  cuchillada  en  el tórax, sino que a tal  deducción  llegó  luego  de  apreciar  la  prueba  pericial  del  protocolo de  necropsia,  por  lo  que  esa  Colegiatura  consideró  que  el  relato  de  los  declarantes en cita era verosímil.        

         Para  evidenciar  lo  dicho, conviene trascribir lo que al respecto  expuso el ad quem:   

Igualmente no es cierto como lo menciona la  defensa  que  sea falsa la versión de los testigos de cargo, porque estos digan  que  a  Santiago  le  dieron  varias  patadas  y  puños en la espalda, tórax y  cabeza,  y  no exista ningún rastro de violencia en dicha región anatómica en  la  diligencia  de necropsia, pues tal y como consta en la misma, en el acápite  de  “principales  hallazgos  de  necropsia”,  en la parte final se consigna:  “también  presenta equimosis rosadas en número de tres en región lumbar”;  además,  en  el  acápite  de  “examen exterior” se consigna en el apartado  “piel  y  faneras”:  “equimosis  rosadas  en  área  lumbar”, y en el de  “extremidades   superiores”   se   indica:   “excoriación   lineal  de  3  centímetros  de  longitud  en antebrazo posterior izquierdo”… aprecia aquí  la  Sala  con  precisión  las señales en el cuerpo de la víctima que permiten  deducir  las patadas y puños que recibió, y que concuerdan entonces con lo que  los  testigos  de  cargo  señalan  recibió  el  hoy  fallecido  Santiago Ríos  [López].    

         En  esa medida, como la afirmación del juez colegiado acerca de la  intervención  del  obitado Santiago Ríos López en la riña suscitada la noche  del  hecho  juzgado,  se  sustenta  en las conclusiones de la prueba pericial de  necropsia,  el  error de hecho por falso juicio de identidad por adición de los  testimonios    de    cargo,    no    obstante   haberse   configurado,   deviene  intrascendente.   

         Además,  la  credibilidad  que  el  fallador  de  segundo grado le  otorgó  a  las  atestaciones  de quienes acompañaban al obitado la noche de su  muerte  violenta,  no  se  centra  exclusivamente  en  el  hecho  de  que éstos  concordaran  en  sostener  que  presenciaron  cuando  Santiago  Ríos López fue  objeto   de   una   golpiza  propinada  por  el  acusado  Medina  Galvis  y  sus  acompañantes,  lo  que en verdad tales declarantes no expresaron, según quedó  visto, sino tras considerar que:   

[Al]   revisar   con   detenimiento   las  intervenciones  de  Juan  Carlos  Hernández,  Yeison  Ríos  [López] y Ricardo  Parra,  testigos de la Fiscalía y que acompañaban a Santiago Ríos [López] al  momento  de  los  hechos,  y  confrontarlas con las que (sic) de Juan Sebastián  Espinosa,  Javier Antonio Valencia y Diego Alexander Ocampo, aprecia la Sala que  la  de  los  primeros resultan más coherentes, claras y precisas en relación a  lo  ocurrido,  que  las  de  la  contraparte,  observándose  además  que estos  testigos  [de cargo] no indican que vieron el momento en que supuestamente YUBER  lesionó  a  Santiago  con  arma  blanca,  sino que precisan que lo infieren del  hecho  de  ver  a  YUBER  portando  un  cuchillo de gran tamaño y ser la única  persona  que  portaba  arma  blanca  en  ese  momento  [de  la  riña],  y causa  curiosidad  que,  por  el  contrario,  los  testigos de la defensa enfaticen que  ellos  sí  vieron  a quien causó las lesiones [a Santiago], pero señalen a un  tercero,  Cristian  Patiño,  como  el autor de las mismas, sin que esta persona  tan  siquiera  sea  mencionada  como presente en el lugar de los acontecimientos  por  los  testigos  de  la Fiscalía, y sin que aparezca en la actuación razón  alguna,  distinta  a  la  de buscar favorecer al procesado, que permita entender  porque  (sic)  esa  persona [Cristian Patiño] no existe para los testigos de la  Fiscalía y, por el contrario, sí para los de la defensa.   

De otra parte, Cristian Patiño solo sale a  la  luz  pública cuando el procesado es privado de la libertad y su progenitora  concurre  a  presentar  denuncia  escrita,  donde  señala que tal persona es la  autora  del homicidio del que se sindica a su hijo, siendo cuestionable, como lo  señala  la juez de primera instancia, que tanto la madre del procesado como sus  amigos  que  luego  declaran  en el juicio, si sabían quién era el autor de la  muerte  de  Santiago,  guardaran silencio al respecto durante casi cuatro meses,  [y]  no  denunciaran  como  lo  hace  cualquier  persona de bien, lo que saben y  presenciaron,  y simplemente esperaran a la captura de su allegado para entonces  sí      convertirse      en     buenos     ciudadanos     y     comentar     lo  ocurrido.              

         Frente  a  los  anteriores razonamientos el censor guarda silencio,  dejando  ausente de demostración la trascendencia del yerro que alega, toda vez  que  le  correspondía  la carga de acreditar que de haberse apreciado por el ad  quem  la  prueba  alterada  en  su  exacta  dimensión  material,  y valorada en  conjunto  con  los  demás  medios  de  convicción practicados en el juicio, la  declaración  de justicia contenida en el fallo recurrido habría sido favorable  al acusado Medina Galvis.   

         Por    el    contrario,   de   la   cita   realizada   ut  supra  surge  claro  que  no  fue la  alteración  del  contenido material de los testimonios de cargo, lo que condujo  al  Tribunal  a  reconocerles  capacidad  de  persuasión,  que  es de lo que en  últimas  se  duele el defensor del incriminado Medina Galvis, sino que ello fue  el   resultado   de   valorarlos   a  la  luz  de  los  postulados  de  la  sana  crítica.   

         Por  otra  parte,  en cuanto tiene que ver con los cuestionamientos  que  el  demandante formula a los indicios de responsabilidad que los juzgadores  de  instancia  dedujeron  en  contra  del  acusado, con fundamento en que, de un  lado,  éste  participó  desde  un  principio  en  la  reyerta  en que resultó  mortalmente  herida  con arma blanca la víctima y, de otro, debido a que fue la  única  persona  que  en la confrontación esgrimió un cuchillo con el que hizo  lances   en  contra  de  sus  oponentes,  la  misma  no  cumple  las  exigencias  argumentativas  que  en  sede  de casación se deben observar cuando se trata de  denunciar yerros en la construcción de la prueba indirecta.   

         Oportuno  es  recordar  la  decantada  jurisprudencia  de la Corte,  respecto  de  las  exigencias  de lógica y adecuada fundamentación que demanda  esta                             particular                             censura,  así:             

Ahora  bien,  cuando  de  atacar en sede de  casación  la  prueba  indiciaria  se trata, es obvio que un ejercicio semejante  solo  puede acometerse por  los  cauces  de  la violación indirecta y en tal medida al actor le corresponde  precisar  cuál  de  las  partes  integrantes  del  indicio  es  el objeto de su  censura,  es decir, si el vicio se predica del hecho indicador, de la inferencia  lógica  o  de  la  manera como los indicios se articulan entre sí, atendida su  convergencia  y  concordancia,  o  de  la  fuerza de convicción que emana de su  análisis conjunto.   

Cuando el vicio recae en el hecho indicador,  como  el  mismo  debe  estar  acreditado  con  otro  medio de prueba, los yerros  susceptibles de plantear son tanto de derecho, como de hecho.   

De  derecho  porque  el juzgador pudo haber  admitido  y  valorado como prueba fundante del hecho indicador alguna ilícita o  irregularmente  aportada  al  proceso  y  por lo tanto inválida; ahora, como en  ningún  caso  la  prueba  indiciaria  está dentro del proceso penal sometida a  tarifa  legal,  naturalmente  frente  a  ella  la  modalidad de error de derecho  conocida   como   falso   juicio   de  convicción  no  es  susceptible  de  ser  propuesta.   

También  son admisibles como hipótesis de  ataque  del  citado  elemento del indicio las diferentes modalidades de error de  hecho,  dado  que  la prueba de la circunstancia conocida pudo suponerse; o bien  porque  dejó de valorarse otro medio demostrativo que la neutraliza o disuelve;  o  porque  se  tergiversó  su  contenido material haciéndole decir algo que no  expresa.   

Y  cuando  el  error  se  predica  de  la  inferencia  lógica,  o  del  análisis de la convergencia o concordancia de los  indicios,  o  del grado de convicción que arroja su apreciación conjunta, como  todo  ello  es el resultado de un proceso intelectual valorativo, la única vía  posible  de  cuestionamiento  es  bajo  la modalidad de error de hecho por falso  raciocinio,  es  decir,  por  la  ostensible  transgresión  de  alguno  de  los  postulados  que  informan  la  sana  crítica (reglas de la lógica, leyes de la  ciencia,  o  máximas  de  la  experiencia),  luego,  para  que  el  cargo quede  correctamente  formulado, es imprescindible concretar el error y demostrar cómo  ha  sido  transgredida  o  desconocida  una  ley científica, un principio de la  lógica  o  una  regla constante de la experiencia, debiendo entenderse por esta  última  una  práctica  aceptada  en  medios  especializados en una determinada  materia.   

Finalmente,  no  está  demás precisar que  cuando  el  ataque  apunta  a  derruir  la  inferencia lógica o los sucedáneos  elementos  del  indicio,  ello supone como condición lógica del cargo, aceptar  la  validez  de  la  prueba  del  hecho  indicador, ya que si ésta es discutida  sería  un contrasentido plantear al tiempo algún defecto del juicio valorativo  en  el  marco  del  mismo  ataque, y sólo por excepción cabe la posibilidad de  refutar  el indicio tanto en la prueba del hecho indicador como en la inferencia  lógica,  a  condición  de  que  los  cuestionamientos  se  propongan en cargos  distintos  y  de  manera  subsidiaria.  (CSJ  SP,  19  mar.  2014,  rad. 38793)   

         En  el  asunto  de la especie, al criticar los indicios construidos  por  el Tribunal, el casacionista no asume la tarea de indicar si la glosa recae  sobre  la  prueba del hecho indicador, la inferencia lógica o el poder suasorio  que  se  les  atribuyó  en razón de su valoración conjunta, luego su discurso  contiene  meras  apreciaciones  personales,  que  por  insustanciales  no logran  derruir       los      razonamientos      consignados      en      el      fallo  impugnado.        

         Adviértase  que  a  pesar  de que tácitamente cuestiona la prueba  del  hecho  indicador,  concretamente la que sustenta la circunstancia de que el  procesado  Medina  Galvis fue el único de los rijosos que esgrimió un cuchillo  con  el  cual  hizo  lances a sus oponentes, el recurrente no señala el tipo de  error  que en su opinión se configura, si de hecho o de derecho, mucho menos la  modalidad  del  mismo,  esto  es, si de existencia, identidad o raciocinio en el  primer  caso,  o  de legalidad en el segundo, ya que en tratándose de la prueba  indiciaria,   según   la   jurisprudencia   de   la  Sala  citada  ut   supra,    no   es  procedente  proponer         un        yerro        por        falso        juicio        de  convicción.          

         Por  el contrario, el defensor se limita a exponer que los testigos  de  cargo,  según  quienes  en  la reyerta el acusado Medina Galvis blandió un  cuchillo  en  contra de sus contrincantes, no merecen credibilidad, dado que los  deponentes  traídos por la defensa los refutan, en tanto estos últimos afirman  que  había  «muchas  personas  que  en el parque se  hallaban   en   cercanías   del  occiso  y  a  varios  se  les  observó  armas  blancas»,  amén  que  el  estado de ebriedad de los  primeros les impedía percibir tal circunstancia.   

         Tal  glosa  frente  a  la  prueba  del hecho indicador –portar  el  implicado un cuchillo con  el   que   atacó   a  sus  contrarios–,  en gracia de discusión debió proponerla por error de hecho por  falso  raciocinio,  empero,  no  asume  esa  labor,  que le imponía la carga de  exponer  cuál  fue  el  postulado  de la sana crítica, esto es, la regla de la  experiencia,  el  principio  lógico  o  la ley de la ciencia quebrantado por el  juzgador  de  segundo  grado  al  reconocerle  poder  suasorio a los declarantes  traídos  por  la  Fiscalía  al  juicio  oral  y,  en cambio, restárselo a los  presentados  por  la  defensa,  quienes señalaron a un tercero como autor de la  herida que causó la muerte a Santiago Ríos López.   

         Por  tal  razón, su disertación no pasa de ser un mero alegato de  instancia,  inane  en  orden  a  demostrar  un vicio trascendente de valoración  probatoria,  de  aquellos  pasibles  de  ser  corregidos  en sede del recurso de  casación,        y        que       la       Corte       tampoco       advierte  configurado.        

         En ese orden, se inadmitirá el reproche.   

         3. Así las cosas, como el recurrente no  demuestra   la  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que  afecten  las  garantías  del  procesado,  ni  acredita  la  trascendencia del falso juicio de  identidad  que  denuncia  y,  en  cambio,  incurre  en  graves  desatinos  en la  postulación  y  desarrollo  de  las  censuras,  se  inadmitirá  la  demanda de  casación   presentada   en   nombre   del   incriminado   Yuber   Erney  Medina  Galvis.   

         4.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Yuber Erney Medina  Galvis.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,        notifíquese y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  «Aprovechándose  del  estado  de indefensión de la  víctima».   

2  «Por    motivo    abyecto   o   fútil».   

3  Minuto 40:00 en adelante.   

4 CSJ  SP, 24 Sep. 2014, rad. 42606.   

5 CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  45937; CSJ AP, 27 feb. 2013, rad. 40469 y CSJ AP, 17  oct. 2012, rad. 36187; entre otros.   

6 Folio  8 de la sentencia de segunda instancia.   

7  Sesión  del  juicio  oral  del  25  de  noviembre de 2015, registro No. 4001_1,  minuto 56:38 en adelante.   

8  Sesión  del  juicio  oral  del  25  de  noviembre de 2015, registro No. 4001_1,  minuto 1:38:36 en adelante.   

9  Sesión  del  juicio  oral  del 13 de marzo de 2015, registro No. 100121, minuto  1:07:08 en adelante.     

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