AP6659-2016(45548)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP6659-2016  

Radicación N° 45.548  

(Aprobado Acta Nº 305  

Bogotá D.C., veintiocho (28) de septiembre de  dos mil dieciséis   

VISTOS  

          La  Corte  se  pronuncia  sobre  la  admisibilidad  de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ACI, contra la sentencia del 24 de  octubre  de 2014, proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Popayán.   

I. HECHOS  

              

            Entre  abril  de 2012 y el 30 de abril de 2013, ACI, pese a contar  con  capacidad  económica,  se  abstuvo  de  proporcionar  alimentos  de manera  suficiente       a       su      hija      KTCC1,  nacida el 4 de marzo de 2009  y  residente  en  Patía  (Cauca).  La forma y cuantía de los respectivos pagos  -$180.000  mensuales- fueron  reguladas  mediante  la  sentencia  del  14  de  marzo de 2012, proferida por el  Juzgado   Promiscuo   de   Familia  de  dicha  localidad.  Sin  embargo,  aquél  únicamente  suministró  alimentos  a  la  menor esporádicamente y en cuantía  irrisoria.    

II.      ANTECEDENTES     PROCESALES  PERTINENTES   

          Con  fundamento  en la querella formulada por NCM, madre de KTCC, en  audiencia  del  30  de  abril  de  2013, celebrada ante el Juzgado 2º Promiscuo  Municipal  con Función de Control de Garantías de Patía (Cauca), la Fiscalía  le  imputó  a  ACI el delito de inasistencia alimentaria (art. 233 inc. 2º del  CP), cargo que no fue aceptado por el imputado.   

         El   conocimiento  del  proceso  le  correspondió  al  Juzgado  2º  Promiscuo  Municipal  con  Función  de  Conocimiento  de  dicho  municipio.  En  audiencia  del  18  de  agosto  de  2013,  la Fiscalía acusó al señor CI como  probable autor de la referida conducta punible.   

         El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  sentencia  se  dictó  el  8  de  noviembre  de 2013. Por encontrarlo penalmente  responsable  del  delito  de  inasistencia alimentaria, el juez condenó a ACI a  las  penas  de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas  por  32  meses,  junto  a  la  de  multa en cuantía de 20  salarios  mínimos  legales mensuales. De otro lado, le concedió la suspensión  condicional de la ejecución de la pena privativa de la libertad.   

         En  respuesta  al recurso de apelación interpuesto por el defensor,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  de  Popayán,  por  medio de la sentencia atrás  referida, confirmó el fallo de primera instancia.    

         Dentro  del  término  legal,  la defensa del señor CI interpuso el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó la respectiva demanda, lo que  motiva el conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          3.1  Al  amparo  del  art.  181-1 de la Ley 906 de 2004 (en adelante  CPP),    el    censor    formula    un   cargo   por   violación   directa   de   la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  art.  233 del CP. En concreto, alega, los juzgadores  comprendieron    erróneamente    el    ingrediente    normativo    sin  justa causa, que debe acompañar a la  omisión  de  proporcionar alimentos para que la conducta sea punible. A la hora  de   establecer  si  existió  un  incumplimiento  parcial  en  el  pago  de  la  obligación,  resalta,  el  Tribunal  determinó  que  el  acusado, consciente y  voluntariamente,  se  sustrajo  de satisfacer su deber alimentario, lo que torna  injustificada  su  conducta.  Empero,  dice,  desconoció que aquél carecía de  recursos  económicos  para  ello, dándole un sentido y alcance equivocado a la  norma,   en   contravía   de   la   jurisprudencia   de   la   Sala2.   

          Aunado  a  lo  anterior,  subraya, se equivocaron los magistrados al  sostener  que  no  aparece  probada  ninguna circunstancia que imposibilitara el  pago  total  de  la  obligación,  afirmando,  por  el  contrario,  la capacidad  económica de AC.   

          En  tal virtud, de manera principal, solicita a la Corte que case la  sentencia  para  que, previa declaratoria de atipicidad de la conducta, absuelva  al acusado por el delito de inasistencia alimentaria.   

          3.2  Por  otra  parte,  en  sustento  de  idéntica  pretensión, el  libelista   formula   subsidiariamente  un  cargo  por  violación  indirecta  de la ley sustancial, derivado  de  error de hecho por falso raciocinio. Los falladores de instancia, expone, no  valoraron  en  conjunto las pruebas practicadas en el juicio oral, desconociendo  además las reglas de la lógica y de la experiencia.   

          En        su        criterio,        no        es       “lógico”         -ni,  dice,  la  experiencia  permite  así  afirmarlo-  que a partir de los testimonios practicados se hubiere establecido  la  capacidad  económica  del  procesado  para suministrar alimentos a su hija.  Pues,  destaca,  no  se  determinó  de  manera concreta ni precisa el monto del  salario  mensual  por  aquél  devengado.  Desde  esa  perspectiva,  censura  lo  expresado  en  el  juicio  por  la querellante, una amiga de ésta y el cálculo  presentado  por  el  investigador  del  CTI,  quien,  alega,  se  refirió  a la  inversión  hecha  por  el  acusado  en  bultos  de  harina,  sin siquiera haber  ingresado  al  lugar  de  trabajo  de aquél para constatar si había un horno y  materia  prima  para hacer pan. Mucho menos, subraya, el prenombrado funcionario  entrevistó a ACI.   

          Ello,  prosigue,  muestra  que  en  la  actuación se le negó valor  probatorio     al    “concepto”    emitido  por  el  acusado  en  torno  al  salario  mensual  por  él  devengado    -$350.000    a   $400.000-,   partiendo   de   cálculos  inciertos,  dudosos  y  carentes  de  fundamentos  fácticos  y  jurídicos,  lo  que  en su criterio hacía imposible  afirmar  la capacidad económica para pagar la cuota alimentaria. De esa manera,  añade,  el  Tribunal  desconoció  que  el procesado no es propietario de otros  negocios  distintos  al  de  la  panadería  ni posee bienes inmuebles o muebles  diferentes  a  la  motocicleta que usa para distribuir el pan. Y esas ganancias,  enfatiza,  en  todo caso deben ser compartidas con su compañera permanente para  el  pago  de  arrendamiento mensual y el sostenimiento tanto de su hijastro como  de una niña de tres años de edad de quien él es padre.   

          Todo  ello, puntualiza, lleva a una reflexión desde el “sentido  común,  la  lógica  y  la  experiencia”,  a   saber, que AC, como jefe de hogar, debe responder por la  subsistencia  de  su  compañera  permanente, su hijastro y su otra hija, razón  por  la  cual  está en incapacidad de pagar la cuota alimentaria en cuantía de  $180.000  mensuales.  Inclusive, afirma, se debieron examinar bajo las reglas de  la  sana  crítica  las  condiciones  de  la residencia del acusado con su nueva  familia,  que a su modo de ver son “infrahumanas”.   

          El  hecho  de  que  el procesado no hubiera apelado la sentencia por  cuyo  medio  se  fijó  la  cuota  alimentaria,  agrega, no significa que estaba  conforme  con  la  cuantía  fijada  ni  que  tuviera  recursos económicos para  sufragar  tal  cuota.  Además,  sostiene,  no  se  analizó,  bajo “la  lógica y la experiencia”, que el  señor  CI es un campesino sin preparación intelectual que está en incapacidad  de  interponer  recursos  en procesos judiciales y carece de recursos para pagar  los  honorarios  de  un  abogado,  habiendo  sido  representado en el proceso de  fijación    de    cuota    alimentaria,   “según  entiende”,  precariamente por un curador ad litem.   

          En  esos  términos,  finaliza,  los falladores incurrieron en falso  raciocino   al   creer   que   su   defendido  rebelde,  grosera,  caprichosa  y  arbitrariamente  se impuso una cuota alimentaria de $40.000 mensuales a favor de  su  hija  KTCC, pese a que judicialmente fue fijada en $180.000. Los juzgadores,  resalta,  no  tuvieron  en  cuenta  la  sinceridad  expresada  por el acusado al  afirmar  que  su  trabajo  no le permitía suministrarle alimentos a aquélla en  mayor cuantía.    

         IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de   sus   fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las garantías de los intervinientes, reparación de los  agravios inferidos a éstos y unificación de la jurisprudencia).   

               Ese propósito no se consigue de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda de señalar la  causal  o  no desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco,  si se advierte la irrelevancia del fallo para cumplir los  propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          4.2                       Como  a  continuación  se expondrá, la demanda  bajo  estudio  no  satisface los requisitos legales y jurisprudenciales para ser  admitida:  la sustentación de las censuras incurre en múltiples incorrecciones  formales,  tanto  por desatender los principios de claridad y no contradicción,  como  por  no  desarrollar  los cargos con sujeción a las exigencias propias de  las  causales  invocadas.   Además,  de entrada, los reproches se muestran  carentes de aptitud sustancial.   

          4.2.1  De  acuerdo  con  el art. 181-1 del CPP, la casación procede  por  falta  de  aplicación,  interpretación errónea o aplicación indebida de  una  norma  del  bloque de constitucionalidad, constitucional o legal, llamada a  regular  el  caso.  Allí  se  estatuye la modalidad de infracción directa  o  inmediata  de  la  ley.  Ello  supone,  entonces,  que  el error denunciado ha de contraerse a una mera  oposición entre la sentencia y ley,  sin  que  tenga cabida la intermediación de aspectos  probatorios,  con  base  en los cuales el juez fija la  premisa fáctica del silogismo jurídico.   

         En  consecuencia,  al  escoger   esta   vía  de  impugnación,  el  recurrente  acepta  tanto  la  corrección  de  los  enunciados  fácticos  fijados  en  la  sentencia  como el  correspondiente  escrutinio  probatorio que los soporta, obligándose a dejar de  cuestionarlos,  so  pena  de  desbordar  la  unidad  lógica  del  reproche.  Al  respecto,  mediante  el  AP  25.04.2007,  rad.  26.9238,  la  Sala  puntualizó:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que  cuando el censor elige […] la violación directa de la ley se halla  en  el  deber de aceptar los hechos, las pruebas y la  valoración  que de ellas se hizo en las instancias, y  en  tales  circunstancias,  no le es factible discutir  cuestiones  de  facto, toda vez que la impugnación es  de  estricto  orden  jurídico  y recae sobre la ley sustancial por una de estas  razones:  falta  de  aplicación  o  exclusión evidente, aplicación indebida o  interpretación errónea.   

         Pues  bien,  contrastado  el  libelo  con tales premisas, salta a la  vista  que  la  censura  desbordó la unidad lógica del reproche por violación  directa    de   la   ley  sustancial,  vulnerando  los  principios  de  coherencia y no contradicción, lo  cual  también  implica  el  incumplimiento  de  las  exigencias  de  claridad y  precisión.  Esto,  por  cuanto,  habiendo invocado el demandante la infracción  directa  de  la  ley,  por  aplicación  indebida  del art. 233 del CP, no desarrolla ninguna argumentación  indicativa  de  que  el  ejercicio  de  selección  normativa o la hermenéutica  aplicada  por  los  falladores son equivocadas, como tampoco ofrece razones para  sustentar  que  su  criterio  es  más  adecuado  desde  el  plano  interpretativo.  Es  decir, la censura no  estriba  en  meros  aspectos  de  oposición entre la  sentencia  y  la  ley, aplicables a la construcción de  la  premisa  jurídica de la  decisión.   

          En  lugar de ello, el libelista estructura los reclamos a partir del  desconocimiento  de las premisas fácticas  fijadas en las decisiones confutadas. Ello es así, por cuanto, en  lugar  de  demostrar  por  qué  los  hechos  que los  juzgadores   declararon   probados   no  realizan  la  descripción  típica  del  delito  de  inasistencia alimentaria, en punto de la  causa  injustificada  para  proporcionar  alimentos,  sostiene  que aquéllos se  equivocaron al sostener que  no  aparece  probada ninguna  circunstancia  que  imposibilite  el pago total de la obligación, así como que  existe  prueba  de  que  el acusado tenía capacidad económica para suministrar  alimentos.  Por  consiguiente,  desde  la  perspectiva  técnico-formal,  existe  razón suficiente para inadmitir los reproches en cuestión.   

         

          Aunado  a  lo  anterior,  desde  la  óptica  sustancial,  fácil se  advierte  que  la supuesta incomprensión del ingrediente normativo sin  justa  causa, previsto en el art. 233  del  CP,  es  del  todo  infundada.  Pues tal condicionamiento de la omisión de  proporcionar  alimentos  no  se  estimó  satisfecha  a  partir  de  la realidad  presentada  por el demandante -cifrada en una supuesta  confusión  entre  la tipicidad subjetiva y los ingredientes normativos del tipo  penal-,   sino   a   partir   de   una   premisa    fáctica   diversa,   fijada  expresamente       por       el       Tribunal3,  a  saber: que el acusado, en  razón  de  los  recursos  obtenidos  de  su  trabajo  como panadero, sí tenía  capacidad económica para pagar la cuota alimentaria.   

         

          4.2.2  Por otra parte, de acuerdo con el  art.  181-3  del  CPP,  el  recurso extraordinario de casación también procede  cuando  se afecten garantías fundamentales por el manifiesto desconocimiento de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia  de  segunda instancia. La norma consagra la modalidad de  infracción   indirecta  o  mediada  de  la ley sustancial, por yerros -de hecho o  de   derecho-  en  la  construcción  de  la  premisa  fáctica   del  silogismo  jurídico.   

          Los  errores  de hecho implican el desconocimiento de una situación  fáctica,  producto  de  la  incursión  en  falsos  juicios  de  existencia, de  identidad  o falso raciocinio. Esta última modalidad de error, que fue invocada  subsidiariamente  por  el  demandante,  se  configura  cuando  el  Tribunal  observa  la  prueba  en  su  integridad, pero al  valorarla desconoce los postulados de  la   sana   crítica,  es  decir,  una  concreta  ley  científica,    un    principio    lógico    o    una    máxima    de   la  experiencia.   

          La  Sala  tiene dicho que quien pretenda acreditar su configuración  ha   de   señalar  la  prueba  o  inferencia  en  la  cual  recayó  el  error.  Posteriormente,   debe   identificar   el   principio  lógico,  la  máxima  de  experiencia  o  el  postulado  científico  que  el  juzgador  desconoció en el  proceso  de  valoración  probatoria,  con  indicación  clara  y precisa de las  razones  por  las  cuales su aplicación resultaba necesaria para la corrección  de la conclusión cuestionada en el caso concreto.   

          Adicionalmente,    cualquiera    de   estos   errores   debe   ser   trascendente  desde  el  punto de vista jurídico, esto  es,   que   frente   a  la  valoración  conjunta  de  la  prueba realizada por el  Tribunal,  su  exclusión  debería  conducir a adoptar una decisión   sustancialmente  diversa a la recurrida.   

          En  tanto  referente  de  valoración  probatoria,  las reglas de la  experiencia  no  pueden  formularse de cualquier manera. La construcción de una  máxima  fundada  en  el  ordinario devenir de los acontecimientos de la vida en  sociedad  requiere  de una estructura general y abstracta, definida por la Corte  en        los       siguientes       términos4:   

[L]a  experiencia  forma conocimiento y los  enunciados     basados     en     ésta     conllevan    a    la    generalización,   lo   cual  debe  ser  expresado    en   términos   racionales   para   fijar   ciertas   reglas  con pretensión de universalidad,  por  cuanto  comunican determinado grado de validez y facticidad, en un contexto  socio histórico específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una   premisa  elaborada  a  partir  de  un  dato  o  regla  de  la  experiencia  ha   de   ser   expuesta,   a   modo   de   operador  lógico,  así:  siempre  o  casi  siempre  se  da A,  entonces sucede B.   

          Bien  se  ve,  por  lo  tanto,  que  el punto de partida formal para  analizar  la  incursión  en  falso  raciocinio,  por  desconocimiento  de  las máximas de la experiencia, es  la  formulación  de  una  proposición  con  estructura de regla, apta para ser  aplicada  en términos generales y abstractos, con pretensión de universalidad.  Sólo  a  partir  de  tal  referente  de  valoración  es dable verificar si, al  analizar  el mérito de las pruebas, el razonamiento del juzgador deviene falso.   

          De  otro lado, como lo ha destacado la Sala (CSJ AP 25.03.2015, rad.  45.235),  el  punto central de la lógica es la corrección del proceso completo  del  pensamiento. Tal disciplina comprende, entonces, el estudio de los métodos  y  principios  que  se usan para distinguir el razonamiento bueno (correcto) del  malo                   (incorrecto)5.  Los errores de razonamiento,  en  términos  de lógica formal, se denominan falacias o silogismos aparentes o  sofísticos,  los cuales no implican cualquier yerro en el raciocinio o una idea  falsa,    sino    errores   típicos   en    las    relaciones   lógicas   entre   las   premisas   y   la  conclusión6.   

          Analizada,  entonces,  la  sustentación  del  cargo a la luz de los  anteriores  criterios,  es claro que de la argumentación expuesta por el censor  no  se extrae la formulación, en concreto,   de   ninguna  regla  de  la  experiencia  ni  principio  lógico  supuestamente  quebrantado  por  los  juzgadores,  sino  la  simple referencia a  apreciaciones  subjetivas  sobre  la  valoración  probatoria  efectuada  en las  instancias.   

          En  efecto,  en  el  intento por quebrar la presunción de acierto y  legalidad  que  cobija  a las sentencias confutadas, en punto de la fijación de  los  enunciados fácticos, el censor no desarrolla ningún criterio pertinente y  admisible  para  acreditar,  por la vía del falso raciocinio, que el escrutinio  probatorio  aplicado  fue  arbitrario.  En  lugar  de ello, presenta una lectura  alternativa,  basada  en  su  propia  comprensión  de lo que dicen las pruebas,  desconociendo  además  la  estructura  probatoria  que  sustenta  la  decisión  condenatoria.   

          La  censura,  como  si  se  tratara  de  un  alegato  de  instancia,  anteponiendo  la  vacua  etiqueta  de  que  la  valoración  de  las pruebas fue  ilógica  y  contraria a la experiencia, simplemente descalifica los testimonios  alusivos  a la capacidad económica del acusado, sobre la base de que los jueces  no  le  confirieron  crédito probatorio a las explicaciones dadas por aquél en  lo  concerniente  a los gastos de sostenimiento de su hogar y el salario por él  devengado  mensualmente.  Insinúa, apenas, que los testigos no podían explicar  idóneamente  cuál  era  el  monto  aproximado  de  ingresos  devengados por el  procesado  mensualmente.  Y  ello,  además  de  ser  del todo insuficiente para  provocar  el  estudio  de fondo del cargo por la vía del falso raciocinio, como  más  adelante  se  expondrá,  también  es  carente de fundamento.     

         De   acuerdo   con   la   jurisprudencia  de  la  Sala  (cfr.,  entre otras, CSJ AP 24.02.2016, rad. 43.017; AP 25.05.2016,  rad.  45.660  y  AP  29.06.2016,  rad. 44.42), desde el  punto  de  vista  sustancial,  tratándose  de  censuras  por  violación indirecta, al demandante le asiste el  deber  de  desarrollar un ejercicio de deconstrucción  de  los  fundamentos  probatorios de las sentencias de  instancia,  que  conforman  una  unidad  decisoria.  Esto presupone comprender  debidamente  la  estructura probatoria y la motivación  expuesta    en    los   fallos   cuestionados,   así   como   reseñarlos   con  fidelidad;  de  lo contrario, si el censor denuncia un  yerro      derivado     de     un     escrutinio     probatorio     diverso  al  aplicado por los juzgadores,  la  refutación  se  tornaría  totalmente  ineficaz por inatinencia. Pues no se  puede  derrumbar  una  estructura  argumentativa si se atacan bases diferentes  a  las que la sustentan, como  tampoco si éstas no se refutan con suficiencia.   

          Sobre  este  particular, se advierte que el demandante presenta a la  Corte  asertos infundados que tergiversan las razones aducidas por los jueces de  instancia  para  condenar,  como  quiera  que  oculta la razón del dicho de los  testigos  e  inferencias  probatorias  efectuadas  por los falladores, en lo que  atañe a la determinación de la capacidad económica del acusado.   

         Efectivamente,  la  sentencia de segunda  instancia7   expone   con   suficiencia   las   razones   por  las  cuales  la  determinación  de los ingresos aproximados del procesado, elaborada a partir de  los  testimonios  de  NCM,  Piedad Ximena Sandoval Velasco y el investigador del  CTI  Edwin  Muñoz  son  confiables: en primer lugar, la señora Caicedo Velasco  es  panadera  en la región  donde   el   acusado  vende  pan,  con  30  años  de  experiencia,   por  lo  que  está  en  capacidad  de  establecer,  a  partir  de la cantidad de bultos de harina por él utilizados en  la  producción, las ganancias que reporta la venta del producto en las veredas;  en  segundo lugar, a la señora Sandoval Velasco, auxiliar de Neiler Caicedo, le  consta  que  AC  transporta  en  una  moto  dos canastillas de pan, cantidad que  duplica  la producción y venta de aquéllas y, en tercer orden, el investigador  Muñoz  estimó los ingresos de AC en $600.000 mensuales, a partir de labores de  vecindario en los lugares de distribución del pan.    

          Adicionalmente,  en  los  fallos  se ponen de presente otras razones  que  concurren  con  las  anteriores  para  soportar  la  conclusión  sobre  la  capacidad   económica   del  acusado  para  pagar  en  su  totalidad  la  cuota  alimentaria  a  favor  de  su  hija  KTCC. Por una parte, como lo expresó CACI,  hermano  del  procesado,  éste  compró la moto con el producto de sus ahorros,  hecho  indicador  a  partir  del  cual  el Tribunal infirió la rentabilidad del  negocio   de   panadería;  por  otra,  según  destacó  el  juez  a                  quo8,  si  bien  el señor CI tiene  otro  hogar,  no  le  asiste  el deber legal de responder económicamente por el  hijo  de  su  compañera permanente (hijastro), mientras que su otra hija nació  el  18  de  junio  de  2013,  esto  es,  con  posterioridad a la formulación de  imputación,  sin  que  la  existencia  de  esta  otra  menor pudiera afectar la  posibilidad  de  suministrar  alimentos  a  KTCC  en el período relevante en el  presente proceso.    

          De  suerte  que,  como  lo concluyó el ad  quem,  aun  admitiendo que el procesado hubiera tenido  que  pagar  arrendamiento por su vivienda y la utilización del horno para hacer  pan,  por valor de $50.000, sus ingresos le alcanzaban para cumplir con el monto  de obligación alimentaria fijada judicialmente.   

          Además,  si bien en la sentencia de primera instancia se alude a la  no  impugnación  de  la sentencia civil que fijó la cuota alimentaria, ello no  se  hizo  con  el  propósito  de afirmar la capacidad económica del procesado,  como  lo  sostiene el demandante, sino a fin de establecer su conocimiento sobre  la existencia de la obligación.   

          Bajo  esa  óptica,  es  claro  que  la  censura  se ofrece del todo  inidónea  para  provocar  una decisión sustancialmente diversa a la consignada  en  las  sentencias  impugnadas.  Ello,  por cuanto las premisas de refutación,  además  de  incumplir  las  exigencias  de técnica casacional pertinentes, son  inconsultas  con  la  estructura  probatoria  y  la  motivación expuesta en los  fallos de instancia.   

          4.3                       En  consecuencia,  no habiéndose presentado los  cargos  en  casación con respeto de los estándares mínimos para su estudio de  fondo,   es  innegable  su  indebida  fundamentación.  Ello  constituye  razón  suficiente para inadmitir la demanda.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre  de  ACI.                 

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

         

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Quien  actualmente  tiene  siete  años  de  edad  y cuyo nombre completo se omite para  preservar  su  derecho  a la intimidad (arts. 15 y 44 de la Const. y art. 33 del  Código de Infancia y Adolescencia).   

             2   Invoca   la  SP  04.12.2008, rad. 28.813.    

             3   Cfr.   fl.   18  sentencia de segunda instancia.   

4 CSJ SP  07.12.2011, rad. N° 37.667.   

5 COPI  M.,   Irving   y  COHEN,  Carl.  Introducción  a  la  lógica,  8ª  edición,  México,  Limusa,  1997, pp.  17-19.   

6  Al  respecto,  cfr.,  entre  otros,  ídem, pp. 125-126 y KLUG, Ulrich. Lógica   Jurídica,   Bogotá:   Temis,  1990.   

             7  Cfr.  fls.  18-20.   

             8  Cfr.  fl.  82  C.  4.      

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