AP5869-2016(44283)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP5869-2016  

Radicación N° 44.283  

(Aprobado Acta Nº 274)  

Bogotá D.C., agosto treinta y uno (31) de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  RAMÓN  ALBERTO  HERRERA  RAMÍREZ, contra la  sentencia  del  9  de  mayo  de  2014,  proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Manizales.   

I. HECHOS  

              

          En  el  mes  de  mayo  de 2009, en el municipio de Samaná (Caldas),  RAMÓN  ALBERTO HERRERA RAMÍREZ, para la época Juez Promiscuo Municipal de esa  localidad,  entabló  contacto  frecuente  con EMQ, de 13 años de edad, a quien  conocía  desde  pequeña  por haber resuelto asuntos de violencia intrafamiliar  que  la  concernían  a  ella  y a sus padres. Como en la institución educativa  donde  estudiaba  la  menor les asignaban a los alumnos la tarea de leer textos,  aquél  le ofreció el préstamo de un libro. Con esa excusa y la de mostrarle a  la  joven  unas  fotos  de  su  padre  (fallecido),  el  juez  la  invitó  a su  apartamento  el  18 de mayo de esa anualidad, entre la 1:30 y las 2:00 p.m. Tras  hablarle  a  la  menor  de sus familiares, decirle que sabía de sus necesidades  económicas   e   insinuarle  que  si  “estaba  con  él”  le  iba  a  ir bien, impidió que se fuera, la  llevó  a  la  cama,  le subió la falda del uniforme y la accedió carnalmente.   

          Al  término  de  ello,  EMQ  salió  del  lugar  y, posteriormente,  compró  un  raticida  con  $50.000 que aquél le ofreció, pero que habiéndose  negado  ella  a recibirlos le dejó en la chaqueta. Aquélla intentó suicidarse  mediante  la  ingesta  del  veneno, sin que falleciera por la oportuna atención  médica.  Meses  después,  le  reveló lo sucedido a Ofelia Osorio Quinceno, su  madrina,  quien  puso  los  hechos  en conocimiento del Comisario de Familia del  municipio y, éste, a su vez, de la Fiscalía.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  los  referidos  hechos,  en  audiencia  del 9 de julio de 2010,  celebrada  ante  el Juzgado Promiscuo Municipal de Samaná, la Fiscalía imputó  a  RAMÓN  ALBERTO  HERRERA  RAMÍREZ, en calidad de autor, la posible comisión  del   delito   de   acceso   carnal   abusivo   con   menor   de  catorce  años  agravado1  (arts. 208 y 211-2 CP). Tras no haber aceptado los cargos, el juez  se   abstuvo  de  imponer  medida  de  aseguramiento  en  contra  del  imputado.   

          Radicado  el  respectivo  escrito ante el Juzgado Penal del Circuito  de  La  Dorada (Caldas), en audiencia del 27 de septiembre de 2010, la Fiscalía  formuló  acusación en contra del señor HERRERA RAMÍREZ por los cargos arriba  señalados,  con  adición de la circunstancia genérica de mayor punibilidad de  que     trata     el     art.     58-9     ídem2.   

          El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  correspondiente  sentencia  se  dictó  el 18 de agosto de 2011. Por encontrarlo  penalmente  responsable como autor del delito de acceso carnal abusivo con menor  de     catorce     años     -agravado-,  el  juez  condenó  a  RAMÓN  ALBERTO  HERRERA  RAMÍREZ  a  la  pena  principal  de 19 años y 6 meses de prisión, al  tiempo  que le impuso la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término. De otro lado, negó  tanto  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena de prisión como  la sustitución de ésta por reclusión domiciliaria.   

          En  respuesta  al  recurso de apelación interpuesto por el defensor  en  contra  del  fallo  de  primera  instancia,  la  Sala  Penal del Tribunal de  Manizales,  por  medio de la sentencia del 9 de mayo de 2014, lo modificó en el  sentido  de  suprimir  la  agravante  específica  del  art.  211-2  del  CP. En  consecuencia,   advirtiendo   que  subsiste  la  condena  con  la  circunstancia  genérica      de      agravación      del      art.      58-9     ídem, redosificó la sanción penal para  establecerla  en  14  años  de  prisión e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por idéntico lapso. En lo demás, confirmó la  decisión impugnada.   

          Dentro   del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          3.1                       Al  amparo  del art. 181-3 de la Ley 906 de 2004  (en    adelante    CPP),    el    censor    formula    un   cargo   principal  por manifiesto desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y apreciación de la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia.  Desde  esa perspectiva, enfatizando que con ese reclamo  pretende  la absolución del  acusado,    denuncia    la   infracción   indirecta   de   la   ley3 por errores de  hecho,   consistentes  en  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento.  En  concreto,  afirma,  el  Tribunal  soslayó  apartes  relevantes  de  la historia  clínica      -epicrisis      y      notas     de  evolución-4 de EMQ en la clínica San Juan de Dios de Manizales.   

          En  desarrollo  del cargo resalta que, en las historias clínicas de  EMQ,  levantadas  en  el Hospital San José de Samaná y en la Clínica San Juan  de   Dios   de   Manizales,   se   advierte  que  aquélla  intentó  suicidarse  “antes  del  18  de mayo de 2009 y después de esta  fecha”.  Con  base en dichos documentos, destaca que  en  el  episodio  suicida  del  18  de mayo, mediante ingesta de un raticida, la  menor  refirió  a la médica Adriana Molina que quería quitarse la vida porque  estaba  aburrida,  pues  su  mamá  se  fue  a vivir a La Dorada y no la llevó.  Empero,  prosigue,  hay una segunda versión ofrecida por aquélla, en relación  con   los   motivos   por   los   cuales  intentó  envenenarse  “por  segunda  vez”, a saber, el supuesto  abuso  sexual  que  atribuyó  al  acusado  ante  su madrina, la sicóloga de la  Comisaría  de  Familia  de  Samaná  y  el  siquiatra  forense del Instituto de  Medicina Legal, con ratificación en el juicio oral.   

          De  otro  lado,  subraya,  consultada  la  historia  Clínica  en la  institución  San  Juan  de  Dios,  surge  una  tercera explicación ofrecida al  respecto  por  la  menor  a  la  médica María del Pilar Vásquez, esto es, que  quiso  matarse  debido  a que tuvo una discusión con su tía, porque a ésta no  le  gustaba  que  tuviera novio y si le contaba al director del hogar juvenil la  “mandarían            lejos”.   

          No  obstante,  alega,  pese  a  la existencia de esas tres versiones  “antagónicas”  de  la  menor  en  relación  con  los motivos que la llevaron a atentar contra su vida,  los  falladores  de  instancia  le  otorgaron plena credibilidad a su testimonio  incriminatorio,  admitiendo que la razón por la cual intentó suicidarse fue el  supuesto  abuso  sexual  imputado  a  RAMÓN  HERRERA.  De  un  lado, porque los  juzgadores  descartaron  que  la inculpación estuviese soportada en móviles de  resentimiento  o venganza; de otro, debido a que, para los jueces, el testimonio  presentó  coherencia interna y externa. Además, por cuanto la denuncia tardía  de  los  hechos no puede ser la base de un indicio de engaño y no se probó que  EMQ  padeciera algún trastorno mental como esquizofrenia, sicosis o bipolaridad  que la llevaran a alucinar.   

          En     ese     contexto,     realiza     algunas     “precisiones” probatorias que antepone a  la  valoración  de  los medios de conocimiento efectuada por los falladores. En  primer  lugar,  señala,  para mayo de 2009 EMQ no vivía junto a su madre, sino  en  el  Hogar  Infantil  Campesino  de Samaná -según  certificaciones     del     representante    legal    y    director    de    esa  institución-;  en  segundo  término, destaca, en esa  época  la  menor  era  novia  de  Diego Fernando Montoya Molano, un joven de 15  años  con  quien  sostenía  una  relación  estable  y llevaba una vida sexual  activa;  en  tercer  orden,  indica, la joven afirmó que el intento de suicidio  fue  un  acto  impulsivo,  no  premeditado;  en cuarto lugar, dice, aquélla fue  encontrada  el  11  de  junio de 2009 besándose con otro paciente en una de las  habitaciones  de  la clínica; como quinto aspecto, puntualiza, el 16 de octubre  de  ese  mismo  año,  mientras  mantenía  su  relación con Diego Montoya, EMQ  intentó  suicidarse  de  nuevo, ingiriendo un desinfectante porque le dio mucha  rabia  y  con  ello  pretendía  que  la  dejaran  ir a vivir con su madrina; y,  finalmente,  pone  de  manifiesto que la menor, al ser atendida por este último  episodio,  reiteró  que  cuando tomó un raticida -en  mayo  de  2009-  lo hizo porque estaba triste por vivir  separada  de  su  mamá,  sin  mencionar  episodios  de  abuso sexual durante su  estancia en la clínica.   

          De  ahí  que,  a su modo de ver, es dable afirmar que la razón por  la  cual EMQ “pudo” haber  atentado  contra  su  vida  fue  el  temor  que le produjo la posibilidad de ser  separada  de  su  novio.  Pues,  reitera, a la tía de aquélla le disgustaba el  noviazgo  que  la  menor  tenía con Diego Montoya, mientras que, en medio de la  discusión,  su  pariente  la  amenazó con contarle al director del hogar, para  que  la “mandaran lejos”.  Además,  añade,  se  infiere  que  la  joven  EMQ  tiene  una  “enorme  capacidad  de manipulación”, ya  que  fue  capaz  de  simular  un  intento  de  suicidio con el fin de asustar al  personal  del  Hogar de Bienestar Familiar para que la dejaran ir a vivir con su  madrina.  Esa  capacidad manipuladora, enfatiza, “la  pudo  llevar a extremos con  tal  de  obtener sus propósitos”, los cuales en todo  caso  consiguió,  como quiera que la señora Ofelia Osorio Quinceno, madrina de  EMQ,   asumió   la   custodia  de  ésta.  Por  ello,  agrega,  “nada  extraño hubiera sido” que, con el  intento  de  suicidio del 18 de mayo de 2009, lo procurado por la menor también  hubiera sido acercarse a su madrina.   

          Sin  embargo,  prosigue, al apreciar los juzgadores de instancia las  historias  clínicas del Hospital San José de Samaná y de la Clínica San Juan  de  Dios  de Manizales, se limitaron a los conceptos periciales en siquiatría y  sicología   forense   -ofrecidos  por  los  doctores  Ricardo   Sarmiento,   Luis   Fernando   Herrera  y  Jairo  Franco-,        sin        reparar        en       las       “antinómicas”  explicaciones  ofrecidas  por  EMQ,  en  relación  con  “las  razones que la  llevaron  a  intentar  quitarse  la  vida  el  18 de mayo de 2009”.             Esas             versiones             “antagónicas”, concluye, necesariamente  generaban  serias  dudas  sobre  la  incriminación  en contra de RAMÓN ALBERTO  HERRERA MARTÍNEZ.   

          Y  en  este  último  aspecto, subraya, se advierte el alcance de la  prueba   distorsionada.   Pues,  dice,  contraponiendo  las  tres  explicaciones  totalmente  distintas de EMQ, inadvertidas por una apreciación incompleta de la  historia  clínica,  es absolutamente imposible resolver la pregunta sobre cuál  fue  la  verdadera  razón  del intento de suicidio de la menor el 18 de mayo de  2009.  Así,  puntualiza,  el Tribunal dejó de ver otras hipótesis plausibles,  diversas  a la “oficial”.   

          Adicionalmente,    destaca,   los   juzgadores   inobservaron   otra  situación      “muy     especial”,  a  saber, que si el 11 de junio de 2009 EMQ se estaba besando con  otro  paciente  de la clínica es descartable que aquélla haya sido víctima de  un  atropello  sexual.  Pues  si  así  hubiera  sido, sostiene, “por  esos  días  todavía debería estar bastante traumatizada por  causa  de  ese  desagradable  episodio,  y  muy  poco  propensa  a  incurrir  en  actividades     libidinosas,     [como]  involucrarse  en  una  aventura  que implicaba una traición a su  novio  Diego  Fernando  Montoya  Molano”. Si la joven  estaba    en    “escarceos   erótico-sexuales”,  afirma,  era  porque  no se  encontraba  muy  afectada  emocionalmente por  los  sucesos  de los cuales dijo haber sido víctima por parte  de RAMÓN HERRERA”.   

          En  ese  orden  de  ideas,  cuestiona,  los  falladores de instancia  estaban  en  el  deber  de  explicar por qué las diferencias entre la primera y  segunda  versión  de  EMQ  no afectan la credibilidad de su testimonio. Empero,  sostiene,  por  no  haber  explicado  por  qué  esos  fragmentos de la historia  clínica  carecían  de  relevancia  en  la  definición  del  caso -debido  a  su inobservancia-, incurrieron  en  el denunciado yerro de contemplación probatoria, que los llevó a inaplicar  el in dubio pro reo.   

          En  esta  dirección,  enfatiza,  se  advierte  la trascendencia del  yerro,  como  quiera que la hipótesis delictiva no se acreditó con un grado de  conocimiento  más allá de toda duda, como lo exigen los arts. 7 y 381 del CPP.  El  sentido  de  la  decisión,  resalta,  habría tenido que ser distinto si se  hubieran  apreciado las otras  explicaciones  ofrecidas  por  EMQ, junto a las “muy  especiales  situaciones”  anteriormente mencionadas,  en  tanto  ello  genera  dudas  sobre  la  credibilidad de la incriminación. De  suerte  que,  concluye,  se  aplicó  indebidamente el art. 208 del CP, aserto a  partir  del  cual  solicita que se case la sentencia y, en su lugar, se absuelva  al acusado por los cargos formulados en su contra.   

          3.2                       En   subsidio   al  anterior  reclamo,  por  la  vía  de  los  arts. 181-2 y 457 del CPP, el censor  denuncia  la  ilegalidad  de la actuación por afectación sustancial del debido  proceso   en   su  estructura,  así  como  por  vulneración  de  la  garantía  fundamental  de  imparcialidad,  supuestos  a  partir  de  los cuales demanda la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  audiencia de formulación de acusación,  inclusive.   

          En  sustento  de  su pretensión, alega, el juez de conocimiento que  adelantó  el  juicio  y  dictó la sentencia ejerció la función de control de  garantías  (art.  39  CPP)  al  resolver, en segunda instancia, la solicitud de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  elevada  por la Fiscalía, que fuere  negada  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Samaná. Sin embargo, resalta,  aquél no se declaró impedido para juzgar el asunto de fondo.   

          Con  ello,  afirma,  se  quebrantó la estructura del debido proceso  (art.  29  de  la Constitución)  en los componentes del juez natural (art.  19  CPP)  y  la  separación  de  las  funciones de acusación y juzgamiento, al  tiempo  que  se  vulneró  la  garantía  de  imparcialidad  judicial. No sólo,  expone,  porque  el  art.  250-1  de  la  Constitución,  en  consonancia con el  art.   56-13  del  CPP,  prevé  que el juez de garantías no podrá ser en  ningún  caso  el  juez  de  conocimiento  en  asuntos donde haya ejercido dicha  función,  sino  también  porque  el  Juez  Penal del Circuito de La Dorada, al  fungir  como  juez de garantías en segunda instancia, hizo pronunciamientos que  denotan  un  conocimiento  amortiguado  de  los elementos probatorios, evidencia  física  e  información  legalmente  obtenida  para  afirmar  la  inferencia de  autoría  de  cara  a  la  solicitud  de  medida de aseguramiento, al tiempo que  exteriorizó  juicios  de  valor  en  torno  al  eventual juicio de reproche que  podría  recaer  sobre  el  acusado  por  haberse  desempeñado  como juez de la  República.   Tales   consideraciones,  puntualiza,  viciaron  sensiblemente  su  objetividad e imparcialidad como juez de conocimiento.   

          De  otro  lado, de la mano de jurisprudencia de la Sala en relación  con    impedimentos    por   la   aludida   causal5,  destaca que: i) el principio  de  imparcialidad integra el principio acusatorio por materializar la máxima de  separación  funcional; ii) el ejercicio de la función de control de garantías  entraña  un  conocimiento  diferido  de  los  medios  de  conocimiento; iii) la  voluntad  del  legislador  fue la de apartar al juez de control de garantías de  la  etapa  del  juicio,  sin  que  sean  dables interpretaciones “extensivas” que exceptúen tal mandato;  iv)  el juez de control de garantías acompaña la actividad investigativa de la  Fiscalía;   v)   esta   función  de  acompañamiento  vicia  sensiblemente  su  imparcialidad  y  objetividad  como  juez  de  conocimiento;  vi)  el  motivo de  impedimento  del art. 56-13 es completamente objetivo, así como propende por un  debido  proceso  con  todas las garantías y vii) la teleología de dicha causal  se  identifica con las garantías de imparcialidad e independencia judicial, por  lo que obligan al juez en quien concurran.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  reiterando que el Juez Penal del  Circuito  de  La  Dorada, José del Carmen Villanueva Espinosa, actuó como juez  de  control  de  garantías  en segunda instancia y, pese a ello, no se declaró  impedido  y  juzgó al acusado, solicita la declaratoria de nulidad del proceso,  advirtiendo  que, en su sentir, no hay ninguna posibilidad de convalidación del  yerro,  en  tanto  el principio de separación funcional hace parte de las bases  esenciales del sistema acusatorio.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda de señalar la  causal  o  no  desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco, si  se  advierte la irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          4.2                       Como  a  continuación  se expondrá, la demanda  bajo  estudio  incumple  con las aludidas exigencias. Frente al primer reproche,  por  carecer  de idoneidad sustancial en vista de su manifiesta intrascendencia;  en  relación  con  la  alegación por nulidad, debido al desconocimiento de los  principios que rigen su invocación y declaratoria.   

          4.2.1                       El  adecuado planteamiento del falso juicio de  identidad  impone  la carga de señalar, en concreto, cuál fue la prueba que se  distorsionó  o cercenó. Así mismo, indicar lo que ella decía y demostrar que  el  entendimiento que del medio de conocimiento obtuvo el juzgador fue distinto.  Se  trata,  entonces,  de un ejercicio de confrontación que, a la manera de una  doble  columna,  reproduce en la primera lo que textualmente dijo la prueba y en  la  segunda lo que se le hizo decir, para destacar luego la incidencia del yerro  en  la  decisión, de forma que si no se hubiera cometido el error, el   sentido   del   fallo   habría   sido   otro  sustancialmente  diferente   (Cfr.  CSJ  AP  03.08.05, rad. 23.77).   

          Por  lo  tanto,  quien aduce un dislate de esa estirpe, además de cotejar el tenor literal de la  prueba  concernida  con  la  aprehensión que de su contenido se consignó en la  sentencia,   impone   el   deber   de   enseñar  su  trascendencia.   Ello   supone   demostrar  cómo  la  contemplación  del  exacto  tenor  de  aquélla,  en  conjunto  con  los demás  elementos    de   convicción   que   sustentan   la   sentencia,   llevaría   a   una   conclusión   jurídica   diversa   y   favorable  a  los  intereses  del  impugnante.   

          A    la    luz    de    los   anteriores   criterios,  salta a la vista la inadmisibilidad del  reproche   por   falso   juicio   de   identidad,  en  razón  de  la ausencia de  acreditación   de   la   trascendencia.     Como  seguidamente  la  Sala  pasa  a exponer, los  planteamientos  del  libelista están  en   imposibilidad   manifiesta  de  provocar  una  conclusión jurídica  diversa a  la   adoptada  en  las  instancias,  en  punto   de  la  construcción   de   la   premisa   fáctica de la decisión.   

          De   acuerdo   con   la   jurisprudencia  de  la  Sala  (cfr.,  entre otras, CSJ AP 24.02.2016, rad. 43.017; AP 25.05.2016,  rad.  45.660  y  AP  29.06.2016,  rad. 44.42), desde el  punto  de  vista sustancial, tratándose de censuras por violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  errores  de hecho, al demandante le asiste el deber de  desarrollar    un   ejercicio   de   deconstrucción  de  los  fundamentos  probatorios de las sentencias de  instancia,  que  conforman  una  unidad  decisoria.  Esto  presupone  comprender  debidamente  la  estructura  probatoria  y la motivación expuesta en los fallos  cuestionados,  así  como  reseñarlos  con  fidelidad;  de  lo contrario, si el  censor  denuncia  un  yerro  derivado  de  un escrutinio probatorio diverso  al  aplicado por los juzgadores,  la  refutación  se  tornaría  totalmente  ineficaz por inatinencia. Pues no se  puede  derrumbar  una  estructura  argumentativa si se atacan bases diferentes  a  las que la sustentan, como  tampoco si éstas no se refutan con suficiencia.   

          Bajo  esa  óptica,  la  Sala  advierte que la censura se ofrece del  todo  inidónea  para  provocar  una  decisión  sustancialmente  diversa  a  la  consignada  en  las  sentencias  impugnadas,  en la medida en que la refutación  planteada,  por  la  vía  del  falso  juicio  de  identidad,  es insuficiente y  desatinada  para  remover las bases probatorias que determinaron la declaratoria  de responsabilidad penal.   

          En  efecto,  según  se  extracta  de  las sentencias confutadas, la  condena  del  acusado se soporta, esencialmente, en el testimonio incriminatorio  de  EMQ. Como se destaca en el fallo de primer grado6,   la  menor  manifestó  que  entabló  contacto  con  el  juez HERRERA RAMÍREZ porque éste le hablaba de su  papá,  al  tiempo que le prestaba libros para hacer las tareas que le asignaban  en  el  colegio.  En  mayo  de 2009, aquél la convidó a su apartamento, con el  pretexto  de  enseñarle  unas  fotos  de  su  padre.  Empero, sin que jamás le  enseñara  las imágenes, empezó a actuar con malicia y, tras manosearla en sus  partes   íntimas,  la  accedió  carnalmente.  Dice  igualmente  la  sentencia,  parafraseando  a  la  menor,  que en ese momento ella no supo cómo reaccionar y  que,  al  término  del  acto,  el  procesado  le manifestó que “la   podía   ayudar”,   dejándole  un  billete  de  $50.000  en  la  chaqueta.  Horas  después  ingirió  un raticida.   

          También,   puso   de   manifiesto  el  a  quo7,  EMQ  declaró  que  no  recuerda  exactamente  cuándo reveló lo  sucedido,  pero que, en todo caso, fue cuando ya estaba viviendo con su madrina.  Esa  tardía  manifestación,  se  resalta en la sentencia, se debió a que, por  una  parte,  le  daba  pena con su novio Diego y sus familiares; por otra, a que  sentía   miedo  de  que  el  asunto  “fuera  a  un  juzgado”,  donde  “no se  podría  hacer  nada” porque RAMÓN era juez. Para el  Tribunal8,  tal  explicación  de  la  joven  es  digna de credibilidad, como  quiera   que,   en  el  contexto  en  que  sucedieron  los  hechos,  se  ofrecen  trascendentes  tanto la investidura del abusador como los resquemores propios de  una  niña  de  13 años, valorados a la luz del temor  reverencial  que,  en  un  pueblo,  puede  generar  un  personaje    con    poder    -el   juez-,  máxime  que  se  trataba de la exposición de aspectos pudorosos  relacionados con la intimidad de EMQ, que podrían avergonzarla.   

          Y    esa    revelación,    acorde   con   el   fallo   de   primera  instancia9,  no  fue  espontánea,  sino provocada por Ofelia Orozco Quinceno,  madrina  de  la menor, quien en una ocasión, al verla agachada en un rincón de  la  casa,  deprimida  y  desesperada, la inquirió para que le contara lo que la  afectaba.  En  ese  momento  le  contó  “lo  de la  violación”,  pero se demoraron en denunciar porque,  además  de  que  la  joven  se  sentía  sola,  tuvo que darle confianza porque  pensaba  que nadie le iba a creer, pues era su palabra  contra la de un juez.   

          Para  los  falladores,  destaca la Sala, la versión ofrecida por la  menor  en  el  juicio  es  creíble,  no  sólo  por su coincidencia, armonía y  uniformidad  con las declaraciones previas integradas al testimonio -entrevistas  rendidas  por aquélla ante los peritos en sicología  y  siquiatría  forense-,  sino debido a las siguientes  razones  que  integran  la  valoración  en  conjunto de la prueba:                      

         

          En  primer  lugar, porque los dictámenes periciales practicados por  solicitud  de  la  Fiscalía,  basados en las entrevistas forenses y  en el examen de las historias clínicas,  descartaron  en  la  menor el padecimiento de cualquier patología mental que la  llevara  a  alucinar.  Si bien EMQ presenta trastornos afectivos, los falladores  afirmaron  que  los  peritos  la  catalogan  como  una niña normal, no como una  esquizofrénica    paranoide,   según   lo   sugirió   el   defensor   en   el  juicio10.   

          En  segundo  término,  dado  que  en  las  instancias  no   se   acreditó  ningún  motivo  de  animadversión  que  hubiera  llevado  a EMQ a sindicar falsamente al procesado.  Sobre  el  particular,  destacó  el  juez  de  primera  instancia,  el  acusado  atribuyó  la  incriminación  a una supuesta retaliación de aquélla por haber  él  dictado,  en  1998, una sentencia de arresto por treinta días en contra de  Julio  César  Orozco  Buitrago,  progenitor  de  la  menor, por haberlo hallado  responsable  de conductas constitutivas de violencia intrafamiliar. Empero, para  el  a quo ello no se probó,  pues  las  copias de dicha actuación, incorporadas al proceso, no dan cuenta de  la             mentada            condena11.    

          Además,     para     el     Tribunal12,  esa supuesta hipótesis de  retaliación   es  inverosímil,  como  quiera  que  las  decisiones  judiciales  proferidas  en  contra  del  padre  de  la menor datan de 1998, época en la que  aquélla  apenas tenía 3 años de edad. Esta situación, en su criterio, reduce  la  contingencia  de  que  once  años  después,  EMQ decidiera someterse a las  incomodidades  derivadas  de  una denuncia, como los exámenes sexológicos y la  vergüenza  derivada  de  contar,  en  un pequeño pueblo, que fue objeto de una  agresión  sexual.  Menos  cuando  se  trataba  de  una  autoridad que en algún  momento  le  ofreció su amistad e, inclusive, le brindó medidas de protección  frente  al  maltrato  que le daba su padre. Y en esa misma línea de raciocinio,  el  ad  quem  descartó que  personas  ajenas  al  acusado,  como  Ofelia  Osorio  y  Diego Fernando Montoya,  madrina  y novio de la joven víctima, se hubieran prestado para perjudicar a un  funcionario judicial sin ningún motivo.   

          En   tercer   orden,   para   los  jueces  de  instancia13,   no  es  creíble  lo  declarado  por los ex empleados del juez HERRERA RAMÍREZ, quienes  refirieron  que  la menor sí frecuentaba a éste dos o tres veces al día, pero  en  noviembre  y  diciembre  de  2009  -cuando EMQ ya  tenía  14 años-. A esa conclusión no sólo arribaron  en  razón  del  interés  de  los testigos en proteger a su jefe, sino debido a  que,  habiendo aquéllos y el acusado aceptado que éste le prestaba libros a la  menor    para    tareas   del   colegio,  en  dicha  época aquélla ya no se encontraba estudiando, según  lo  informó Gabriela López Cardona, docente del plantel educativo donde estuvo  matriculada  la joven. De ahí que, como lo destacó el Tribunal, las frecuentes  visitas  tuvieron  lugar  en  mayo  de  2009,  época  en  la  cual EMQ ubica la  agresión                   sexual14.   

          Además,    de   acuerdo   con   el   ad  quem,  otra  razón concurre a afirmar la credibilidad  de  la  versión  ofrecida  por la víctima, a saber, que ésta sí estuvo en el  apartamento  del  procesado. Tal aserto lo deriva de la concordancia evidenciada  entre  la  descripción  del inmueble ofrecida por la menor con la presentada en  el  juicio  por  José Manuel Zuluaga Clavijo, propietario del apartamento donde  el    acusado    residía    en    arrendamiento.15    

          Sin  embargo,  dichas  premisas  fácticas  no  son refutadas por el  censor,  sino otros supuestos  a  partir  de  los  cuales  presenta  una valoración probatoria diversa, lo que  torna  desatinados sus reclamos de cara al propósito de derrumbar la estructura  argumentativa     que,    efectivamente, soporta la declaratoria de responsabilidad penal.   

          En  efecto,  la premisa fundamental del ataque se cifra en que, para  el  libelista,  no existe certeza sobre cuál fue la razón por la cual la menor  intentó suicidarse el 18 de  mayo  de  2009.  Ello,  debido  a  que  exteriorizó  a  los médicos múltiples  versiones  en  sentido  distinto.  Mas  tal  aserto  es del todo inatinente para  refutar  los  enunciados  fáticos  que,  de  cara al  juicio  de  adecuación  típica,  permitieron  a  los  juzgadores  afirmar en el acusado la realización de la conducta constitutiva de  acceso   carnal   abusivo   con  menor  de  14  años.  El  objeto  central  de  la  controversia fáctica no  giró  en  torno  a  determinar cuáles fueron las razones que pudo haber tenido  EMQ  para  intentar suicidarse, sino en establecer si el acusado tuvo relaciones  sexuales con ella cuando tenía 13 años de edad.    

          Desde         luego,         un         aspecto         accesorio   en   la   apreciación   del  testimonio  de  la  menor lo es que, según ésta, quiso quitarse la vida porque  RAMÓN  HERRERA  abusó  sexualmente  de  ella.  Es  a  partir  de  allí que el  demandante,  destacando  la  existencia de varias explicaciones  diversas a  agresiones  sexuales, insinúa que los hechos investigados no sucedieron, porque  la  menor  no  los  refirió  durante  su estancia en los centros hospitalarios.  Empero,  pasa  por  alto  el  censor  que en las instancias se fijó una premisa  fáctica  que  explica  suficiente y plausiblemente tal situación, esto es, que  EMQ  ocultó  la  verdad  por  un  tiempo por miedo y  vergüenza.   

          Y   a  este  enunciado  fáctico  se  le  dio  credibilidad  en  las  instancias,  sin  que  la  censura  siquiera  lo refute, explicando por qué tal  raciocinio  se  ofrece  apartado  de las reglas de la sana crítica. En lugar de  ello,  prevalido  de  su  propia  comprensión  fáctica  del caso, el libelista  presenta  a  la  Corte  un  escrutinio  probatorio  diverso, permeado por varias  conjeturas  -capacidad  de manipulación de la joven,  intenciones  de  irse  a vivir con su madrina, tristeza por su separación de la  mamá  y la existencia de situaciones “muy especiales” con fundamento en las  cuales  cuestiona  la  condición  moral de la menor- a  partir  de  las  cuales  pretende  minar  el  crédito  probatorio otorgado a su  testimonio,  con  desatención  de  las  razones  que  efectivamente soportan el  mérito   suasorio   dado  a  esa  prueba,  reitérase:  i)  la  consistencia  y  uniformidad  en  la declaración, en punto de la incriminación; ii) la ausencia  de  motivos  de  animadversión  para  un  falso  señalamiento; iii) la sanidad  mental  de  la  menor;  iv)  las  frecuentes visitas de ésta al procesado en el  juzgado  en  mayo  de  2009  y  v)  la  presencia  de  EMQ en el apartamento del  procesado.   

          Bien  se ve, entonces, que el ataque no sólo es desatinado frente a  dichas  premisas  fácticas,  sino  que  además es insuficiente para derruir la  estructura  probatoria  que  soporta  la  decisión  condenatoria, por lo que se  torna  intrascendente y carente de aptitud sustancial. En lugar de partir de las  razones  probatorias  que,  efectivamente,  fueron  aducidas  por  los jueces a quo  y   ad  quem  para  darle  credibilidad  al  testimonio  de  EMQ  y,  sobre    esa   base,   deconstruir   los  fundamentos  argumentativos  en  los  que  reposa una tal conclusión, el censor  parte    de   presupuestos   equivocados   que,   de  inicio,  dan al traste con su pretensión. Yerra al no  exponer  fielmente  la  estructura  probatoria de las sentencias y oponerle a la  verdad  procesal  en  ellas  construida    su   propia   comprensión  de los motivos por los cuales se declaró la responsabilidad penal  del acusado, invitando a la Corte a que acoja esta última.   

          Sin  embargo,  como  lo  tiene  establecido  la Sala, no hay lugar a  predicar  la  configuración de un error de hecho cuando simplemente se presenta  una  apreciación probatoria que no se comparte. La mera disparidad de criterios  en  ese  aspecto  no  habilita  para acudir al recurso de casación (CSJ  AP  03.12.09,  rad.  27.264).  En la  misma   dirección,  la  Sala  ha  puntualizado  que  la  simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas  contra el escrutinio probatorio efectuado por el juez  o  la postulación de críticas a la actividad contemplativa o valorativa de las  pruebas,  formuladas  con  la amplitud propia del ejercicio de contradicción de  las  instancias,  sin el debido planteamiento técnico, conduce a la inadmisión  del recurso de casación (CSJ AP 16.06.2010, rad. 33.697).   

          4.2.2                                    Por  otra parte, el adecuado planteamiento de la censura por la vía  de  los  arts.  181-2  y  457 inc. 1º del CPP supone cumplir con las exigencias  legales  y  jurisprudenciales  pertinentes.  En  esa  dirección,  la  Corte  ha  clarificado  que  la  alegación  de  nulidades ha de ajustarse a los principios  concurrentes de taxatividad,  acreditación,  protección,  convalidación,  instrumentalidad, trascendencia y  residualidad  (cfr.,  entre otros, CSJ AP 09.03.2011,  rad.   32.370   y   AP   30.11.2011,   rad.   37.298).   

          En   el  asunto  bajo  examen,  la  Sala  advierte  que  la  nulidad  solicitada  por  el  censor  no  acredita el cumplimiento de la totalidad de los  antedichos   criterios   rectores.   Desde   la   óptica   de  la  protección,   la  anulación  no  puede  implorarla  quien con su conducta procesal ha dado lugar a la configuración del  motivo  invalidatorio,  salvo  el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica. En  estrecha        conexión,        el        criterio       de       convalidación  enseña  que,  aunque  se  presente  una  irregularidad, ésta puede sanearse con el consentimiento expreso  o  tácito del sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las garantías  fundamentales.   

          En  esos términos, el examen de la actuación revela que la defensa  -tanto  material  como  técnica-,  por  una  parte contribuyó a que el acusado  fuera  juzgado por un juez que con anterioridad había conocido el asunto, en su  función  de  control  de  garantías;  por  otra,  se  abstuvo  de  activar los  mecanismos   procesales   pertinentes,   a   fin  de  lograr  la  remoción  del  funcionario, de cara al trámite del juicio.   

          En  efecto,  ni  el  acusado  -de quien se  puede  predicar un conocimiento especializado por su condición de ex juez de la  República- ni su defensor, habiendo participado en la  audiencia  de argumentación oral del 2 de agosto de 2010 ante el Juez Penal del  Circuito  de  La  Dorada  -en  función de control de  garantías   de   segunda  instancia-  (fl.  18  C.1),  plantearon  causales  de  impedimento, como tampoco recusaron a este funcionario  en  el  marco de la audiencia de formulación de acusación llevada a cabo el 27  de       septiembre       subsiguiente       (fls.       47-49      ídem).  De esta manera, dejaron pasar la  oportunidad  procesal  prevista  para  provocar  la  remoción del juez en quien  concurría  una  causal  impeditiva  (art.  339  inc.  1º  CPP). Y sin ser esto  suficiente,  permitieron que se adelantara la audiencia preparatoria y el juicio  oral   sin   llamar  la  atención  sobre  ese  particular.  Es  más,  habiendo  interpuesto  el  recurso de apelación contra la sentencia de primera instancia,  el defensor se abstuvo de solicitar la nulidad del proceso.   

          Bien  se  ve,  entonces,  que con la pretermisión de la oportunidad  procesal  pertinente  para ponerle de presente al juez que en él concurría una  causal  de  impedimento (art.56-13 CPP) y, en el evento en que el funcionario no  se   declarara   impedido,   recusarlo  (art.  60  inc.  1º   ídem),    la    defensa   contribuyó  a  la  materialización  del  yerro   que   ahora   cuestiona   por   la   vía   del   recurso   extraordinario de casación (protección). Además, habiendo permitido  que  se  adelantara el juicio en esas circunstancias, para la Corte es claro que  la    defensa    consintió    tácitamente   la   irregularidad   (convalidación),   tanto  más  cuánto,  pudiendo  atacarla  por vía de impugnación contra el fallo de primer grado, no  se  quejó  de  ninguna manera ante el Tribunal por quebranto del debido proceso  ni por violación de garantías fundamentales.   

          Sobre  este  último  aspecto,  cabe  destacar,  la  declaratoria de  nulidad    en   casación  también    presupone    la    observancia    del   criterio   de   residualidad, esto es, que no existe otro  remedio   procesal,   menos  traumático,  para  corregir el yerro. En el presente caso, sí existía, y era  la  invocación de la nulidad en segunda instancia, pero los interesados dejaron  de  plantearle  ese  asunto  al  ad  quem.   

          Además,  en  punto  de la acreditación y la trascendencia, la Sala  debe  precisarle  al impugnante que si bien la jurisprudencia ha clarificado que  la  causal  de  impedimento  consagrada en el art. 56-13 del CPP es de carácter  objetivo,  tal  característica tiene relevancia en el marco de pronunciamientos  sobre    manifestaciones    de    impedimento   o   recusaciones   oportunamente  planteadas16   

.  En el ámbito de la casación, una nulidad  por  tales razones no se configura automáticamente; pues la naturaleza objetiva  del  aludido motivo de impedimento no releva al demandante de acreditar, en cada  caso  en concreto, el cumplimiento de los principios que rigen la invocación de  nulidades,   donde   especial   importancia   tiene   la   demostración  de  la  trascendencia,  poniendo  de  manifiesto  cómo  la  irregularidad podría tener  incidencia   en  el  fallo  confutado  (cfr.  CSJ  SP  10.12.14, rad. 44.843).   

          A  ese respecto, cifrándose la trascendencia en un nexo específico  entre  el pronunciamiento emitido por el juez, en función de garantías, con el  juicio  de  fondo que aquél emitió en la función de conocimiento, mal podría  afirmarse  el quebranto de la imparcialidad cuando en la audiencia preliminar el  debate  únicamente  se  centró en la procedencia de la medida de aseguramiento  de  cara  a  su  adecuación  o  idoneidad,  determinada  a  partir de los fines  establecidos  en  el  art.  308  del  CPP. De otro lado, pese a que el libelista  alude  genéricamente  a que  el         funcionario         judicial         examinó         “amortiguadamente”  elementos materiales  probatorios  y  evidencia  física,  al tiempo que manifestó algunos juicios de  valor,       no       emprendió       ningún       análisis      individualizado  para  acreditar  que  el  examen   de   determinados  medios  de  conocimiento,  en  la  fase de control de garantías, pudo incidir en  el  escrutinio  probatorio  emprendido  en  el juicio oral respecto al análisis  sobre la responsabilidad penal.   

          Bajo  tales premisas, dada la inobservancia de varios principios que  rigen  la  invocación  de nulidades -cuya observancia  es  concurrente,  no  alternativa-  salta a la vista la  insuficiencia   formal   y   sustancial   del  cargo  subsidiario  por  nulidad.   

                    4.3                       En   consecuencia,  no  habiéndose  presentado  ninguno  de los cargos en casación con respeto de los estándares mínimos para  su  estudio  de fondo, es innegable su indebida fundamentación. Ello constituye  razón suficiente para inadmitir la demanda.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   en   nombre   de  RAMÓN  ALBERTO  HERRERA  RAMÍREZ.                                            

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1   Por  tener  el  responsable  cualquier  carácter,  posición  o  cargo  que  le  dé particular  autoridad  sobre  la  víctima  o  la  impulse  a depositar en él su confianza.   

            2   La   posición  distinguida  que  el  sentenciado  ocupe en la sociedad, por su cargo, posición  económica, ilustración, poder, oficio o ministerio.   

            3    Falta    de  aplicación  tanto  del art. 29 de la Constitución como de los arts. 7º, 238 y  381 del CPP, así como aplicación indebida del art. 208 del CP.   

            4 Reseña fragmentos  de  las  notas  de ingreso y evolución médica del 20 y 28 de mayo, 1º, 6 y 11  de junio y 16 y 18 de octubre de 2009.     

            5  CSJ  AP 17.09.08,  rad.  30.508;  AP  10.12.2008,  rad.  30.930;  AP  02.06.2009,  rad. 31.906 y AP  05.06.2013, rad. 41.441.   

            6 Cfr. fls. 7-8 sent.  1ª instancia.    

            7   Cfr.   fl.   9  ídem.    

            8  Cfr. fl. 29 sent.  2ª instancia.   

            9    Cfr. fl. 10 sent. 1ª instancia.    

            10  Cfr. fl. 13  sent. 1ª instancia y fls. 22-25 sent. 2ª instancia.   

            11   A  fls.  215-221  reposa  una medida provisional dictada, el 1º de  junio  de 1998, por el acusado como Juez Promiscuo Municipal a favor de EMQ y de  María  Elsy  Montoya  Quintero,  consistente  en  una  orden  de abstención de  ejecutar  conductas  constitutivas  de  maltrato  verbal, físico o sicológico.  Mientras  que la sentencia por violencia intrafamiliar en contra de Julio César  Orozco  Buitrago  fue  proferida,  el  11  de  septiembre  de 1998, por  un  juez  distinto  al  procesado, a  saber,   Jorge   Eliécer   Aguirre   Rotavista   (cfr.   fls.  225-240             ídem).   

            12   Cfr. fls. 26-27 sent. 2ª instancia.   

            13  Cfr.  fls. 15-16  sent. 1ª instancia y fls. 32-33 sent. 2ª instancia.   

            14 Cfr. fl. 33 sent.  2ª instancia.   

            15  Cfr.  fls. 38-40  sent. 2ª instancia.   

            16   Cfr.  CSJ  AP  17.09.2008,  rad.  30.508;  AP  10.12.2008,  rad.  30.930;  AP  02.06.2009, rad.  31.906;   AP   03.06.2009,  rad.  31.855;  AP  008.10.2013,  rad.  42.358  y  AP  05.06.2013, rad. 41.441.     

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