AP4061-2016(47364)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP4061-2016  

Radicación     n°     47364   

(Aprobado Acta No.  194)   

         Bogotá,  D.C.,  junio  veintinueve  (29) de dos mil dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

         Decide  la  Sala  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado Martin Fredy Aldana Arias, Mayor (r)  del  Ejército  Nacional, contra la sentencia dictada el 7 de septiembre de 2015  por  el  Tribunal Superior Militar, por cuyo medio confirmó en su integridad la  proferida  por  el  Juzgado Quinto Penal Militar de Brigada que lo condenó como  autor   del  delito  de  fraude  procesal.   

HECHOS  

         En  el  fallo  de segundo grado fueron sintetizados de la siguiente  manera:   

El  CT.  [Capitán]  MAURICIO POVEDA ROJAS,  mediante  informe  fechado  el  24  de enero de 20031,  denunció  que  su folio de  vida,  correspondiente  al  lapso  evaluable  2001-2002,  había sido adulterado  tanto  en  [las]  anotaciones  como  en  su  firma.  El proceso de evaluación y  clasificación  le  correspondía  adelantarlo  al  MY. [Mayor] (r) MARTIN FREDY  ALDANA   ARIAS  como  Ejecutivo  y  Segundo  Comandante  del  Batallón  No.  28  “Colombia”,  con  sede  en  Tolemaida-Cundinamarca. Situación de la que [el  Capitán  POVEDA ROJAS] se percató al momento en que le fuera notificado por la  Junta  Clasificadora  del  Comando  del  Ejército  Nacional,  que  había  sido  clasificado  en  “Lista  4”,  alteración  que le causaba perjuicio en tanto  determinaba un nivel regular de desempeño.    

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1. Por razón de  los  anteriores  hechos,  el  28  de  enero  de 20092,    el    Juzgado   83   de  Instrucción  Penal  Militar  dispuso la apertura de investigación respecto del  Mayor  (r) del Ejército Nacional Martin Fredy Aldana  Arias,  a  quien vinculó mediante indagatoria por los  delitos   de   prevaricato  por  acción  y  falsedad  material  en  documento  público, cumplido lo cual le  resolvió  situación jurídica mediante proveído del 27 de septiembre de 2010,  imponiéndole  medida  de aseguramiento consistente en detención preventiva sin  beneficio          de         excarcelación3.   

         Impugnada  esa  decisión  por la defensa, a través de providencia  adiada  18  de  marzo  de  2011  el  Tribunal  Superior Militar la revocó en su  integridad  y  modificó la calificación jurídica realizada por el funcionario  instructor,   señalando   que  la  conducta  del  incriminado  configuraba  los  ilícitos   de   falsedad   material   en  documento  público,  prevaricato por  omisión    y    fraude  procesal4.   

2.  Asumida  la  actuación  por la Fiscalía 26 Penal Militar y clausurado el ciclo instructivo,  hallándose  la  actuación  corriendo  traslado  para  presentar  alegatos,  el  titular  de  dicho  despacho  revocó  el  auto  de cierre y dispuso devolver el  proceso  al  juzgado  instructor  para que vinculara al encartado de conformidad  con  la nueva tipificación y le definiera su situación jurídica, que esta vez  le  fue  resuelta  absteniéndose  de afectarlo con medida de aseguramiento y se  declaró   la   prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del  delito  de  prevaricato  por omisión5.   

Cumplido  lo  anterior, la Fiscalía cerró  nuevamente   la   investigación   mediante   auto   del   10   de   octubre  de  20126,  y  el  9  de  enero  de  2013  calificó  el mérito del sumario  profiriendo  acusación en contra del procesado Martin  Fredy  Aldana  Arias  por  el  concurso de delitos de  falsedad  material  en  documento  público  y fraude  procesal7.   

Recurrida tal decisión por el defensor del  acusado,   en   proveído   del   28   de  junio  de  2013 la Fiscalía Segunda ante el Tribunal Militar la  confirmó   parcialmente   en   relación   con   el   delito   de  fraude  procesal,  mientras que respecto  del   ilícito  de  falsedad  material  en  documento  público, declaró prescrita la acción penal y cesó  procedimiento    por    dicha   conducta   punible8;   fecha   en   que   cobró  ejecutoria.   

         3.   Asumido   el  conocimiento  de  la  actuación  por  el  Juzgado  Quinto Penal Militar de  Brigada  y  celebrada  la  Corte  Marcial,  el  21 de  noviembre  de  2014  se  profirió  sentencia en la que se condenó al procesado  Martin  Fredy  Aldana  Arias como autor del delito de  fraude     procesal,  imponiéndole  las  penas  principales  de  seis (6) años de prisión, multa de  doscientos  (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas  por  cinco  (5)  años9.   

         Así  mismo, le negó al sentenciado el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y, por tanto, ordenó su captura para  el  cumplimiento  de  la  sanción,  la  que se materializó el 10 de febrero de  201510.   

         La  defensa  del  condenado Aldana Arias impetró acción de tutela  con  la pretensión de enervar la ejecutoria de la sentencia de primer nivel por  indebida  notificación  y  obtener la libertad del citado, la que le fue negada  en   primera   instancia   por   el  Tribunal  Superior  de  Ibagué11, decisión  que  impugnada  por  la  parte  interesada, fue revocada por la Corte Suprema de  Justicia  en  fallo  calendado  12  de  mayo  de 2015, que entre otros aspectos,  dispuso  reponer  la  notificación  del  fallo  proferido  por  el juez a quo y  ordenó     la     libertad    del    sentenciado12.   

         4.  Cumplido lo dispuesto por el juez de  tutela,  el  apoderado del acusado impugnó el fallo de primer grado, por lo que  en  sentencia  del  7  de  septiembre  de  2015, el Tribunal Superior Militar al  resolver la apelación, lo confirmó en su integridad.   

         5.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado    que    representa    los   intereses   del   procesado   Martin  Fredy  Aldana  Arias  interpuso y  sustentó  el  recurso  de casación, siendo el estudio del libelo respectivo el  objeto del presente pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         El  demandante  postula  un cargo contra la sentencia del Tribunal,  con   fundamento   en  la  «causal  primera,  cuerpo  segundo,   del   artículo   181…   de   la   Ley   906   de  2004»,  en la modalidad de violación directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  del  artículo  11 de la Ley 890 de 2004 y la correlativa  falta  de  aplicación  del artículo 29 de la Carta Política, 6º de las Leyes  522  de  1999  y 600 de 2000, entre otras normas del orden interno, así como de  tratados  internacionales  que  integran  el  bloque  de constitucionalidad, las  cuales  consagran  la garantía del debido proceso y los principios de legalidad  e irretroactividad de la ley penal.     

         Tales  postulados,  señala, se desconocen si para resolver un caso  concreto  se aplican normas posteriores al hecho juzgado que derogan o modifican  aquellas  vigentes  al  momento  de su comisión, salvo que sean más favorables  que las primeras.   

         Luego   de   mostrar  conformidad  con  los  hechos  jurídicamente  relevantes  declarados  por  los  juzgadores  de  instancia,  relativos a que el  militar  acusado  «le  asignó al [oficial] ofendido  una  calificación  menor  a la que legalmente le correspondía… [y], además,  falsificó  la  firma  del denunciante con el fin de dar por cumplido el acto de  notificación   y   la  presunta  falta  de  recursos  del  interesado  para  la  corrección  correspondiente, todo lo cual incidía en el impedimento (sic) para  el  ascenso  de la carrera militar de dicho oficial»,  el  censor  destaca  que  tal  conducta se realizó el 30 de septiembre de 2002,  fecha  en  la  cual  estaba vigente la Ley 599 de 2000, de donde concluye que la  sanción  aplicable  a  su  representado  es  la  prevista  en  el artículo 453  original   ibídem   para   el   delito   de   fraude  procesal,  ya  que la falsedad en que aquel incurrió  estaba  encaminada  a «inducir a error a la autoridad  que   debía   otorgarle   al   denunciante   el   ascenso   que   por   ley  le  correspondía».           

         En  esa  medida,  considera que el yerro del ad quem estriba en que  en  vez  de  atender  a  la  pena  prevista  en  el  canon  citado  ut  supra,  dio aplicación al artículo  11  de  la  Ley 890 de 2004 que modificó su punibilidad, incrementándola, bajo  el  argumento de que «para el momento de la decisión  esta  era  la norma que se encontraba vigente» y como  el    delito    de    fraude   procesal  es  de  aquellos  denominados  de  ejecución  permanente,  cuyos  efectos   no  se  demostró  que  hubieran  cesado  para  cuando  se  cerró  la  investigación,    era   aquel   precepto   el   llamado   a   regir   el   caso  concreto.      

         Critica  la  tesis  en cita, que dice conllevó a que se incurriera  en  el  desatino  de  inaplicar el artículo 453 original del Estatuto Punitivo,  siendo     que,    de    una    parte,    esta    norma    era    «preexistente  a  la  comisión del ilícito [de fraude procesal]…  mientras  que  la  Ley  890  de  2004 tenía la condición (sic) de posterior al  punible»;   y   de  otro  lado,  la  «primera  de  éstas  tenía… mayor favorabilidad en el quantum…  de  la  pena  de  prisión»,  que  la segunda.    

         El  recurrente  cita  los  preceptos en cuestión, que seguidamente  confronta   en   orden  a  evidenciar  que  el  último  de  ellos  –art.  11  Ley 890 de 2004–, modificatorio del artículo 453 del  Código  Penal,  aumentó la sanción original de 4 a 8 años, a 6 a 12 años de  prisión,  y  después de elucubrar en torno al debido proceso y al principio de  legalidad,  insiste  en  que  ni  cuando  su  defendido  realizó  la anotación  fraudulenta  en  el folio de vida del oficial Mauricio Poveda Rojas, esto es, el  30  de  septiembre  de  2002,  lo  que  a  su  vez  indujo  en  error a la Junta  Calificadora  del  Comando  del  Ejército Nacional que, por ende, clasificó al  supranombrado     en     «nivel     4»;  ni  para  la  fecha  en que el afectado formuló la respectiva  denuncia,  es  decir,  el  24  de enero de 2003, la disposición que contiene el  delito  de  fraude procesal  había    sido    modificada    por    la   norma   que   afirma   indebidamente  aplicada.                                             

         Agrega  que  al  proceder  de la manera indicada, el juez colegiado  incurrió     en     un     «falso    juicio    de  legalidad», pues no obstante la naturaleza de delito  de     ejecución     permanente     del     fraude  procesal y la ausencia de evidencia acerca de que sus  efectos  cesaron  antes  de  la  ejecutoria del auto que dispuso el cierre de la  investigación,  ello  en  manera alguna habilitaba la aplicación del artículo  11   de  la  Ley  890  de  2004,  «por  las  razones  temporales    y    de    quantum    en    la   dosificación   penal».        

         De  otra  parte,  el  libelista  menciona  que  en  el trámite del  proceso  se  incurrió  en  irregularidades  sustanciales, originadas en que los  términos  legales  previstos  para  adelantar  la  indagación  preliminar y la  instrucción  en  la  Ley 522 de 1999, no fueron observados por los funcionarios  judiciales,  habiendo  transcurrido  en la primera etapa cerca de «5  años  y  9  meses»,  cuando  debió  agotarse  en  un  lapso  no  superior a 2 meses; mientras que la segunda fase se  cumplió  en  un  periodo  de  «4  años»,  siendo  que  la  norma  procesal  fija un plazo de tan solo 60  días.          

         En  consecuencia,  solicita  a  la  Corte  casar el fallo recurrido  para,    en    su    lugar,   «absolver»   al   acusado   Martín   Fredy  Aldana  Arias  del  delito  de  fraude              procesal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1. Procedibilidad del recurso   

         Cabe  precisar  que  de  acuerdo  con la fecha de ocurrencia de los  hechos  constitutivos  del  ilícito  juzgado,  esto  es, septiembre de 2002, la  norma  procesal  aplicable  para  este caso resulta ser la Ley 522 de 1999, toda  vez  que  la  Ley  1407 de 2010, según su artículo 628 y la sentencia C-444 de  2011  de  la  Corte  Constitucional,  sólo  rige para los sucesos acontecidos a  partir  del  17  de agosto de 2010, por manera que la procedencia del recurso de  casación  para  el  presente  asunto,  corresponde  ser analizada acorde con lo  normado   en   los   artículos   368  y  siguientes  de  la  primera  normativa  mencionada.   

         En   esa  medida,  indica  el  precepto  en  cita  que  el  recurso  extraordinario  de casación procede contra sentencias de segunda instancia, por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o  exceda de 6 años.   

         Ahora,    el    delito    de    fraude  procesal  descrito  en el artículo 453 de la Ley 599  de  2000,  modificado  por el artículo 11 de la Ley 890 de 2004, contempla como  pena  máxima  privativa  de la libertad 12 años de prisión, motivo por el que  es   clara   la  procedencia  del  recurso  de  casación  contra  la  sentencia  condenatoria  proferida  por  el  Tribunal Superior Militar en contra de Martín  Fredy  Aldana  Arias  como autor de dicho comportamiento, sin que para ello deba  acudirse a la casación excepcional.   

         2. Del recurso extraordinario de casación   

2.1  Conviene  recordar  que  dado  el  carácter  extraordinario  del recurso de casación, al  impugnante   compete   elaborar   la  demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados   en   la   ley   y   decantados   por   la  jurisprudencia  de  la  Corte.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que se  cometió    un    error   in   iudicando     o    in    procedendo,  pues debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente al contenido del fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual se  revisa  la  legalidad  de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las  formalidades  estatuidas  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, normativa  que  resulta  aplicable a los procesos tramitados ante la Justicia Penal Militar  por  expresa remisión del respectivo código, principalmente enunciar la causal  y  formular  el  cargo  con  el  cual  se  pretende  la  infirmación del fallo,  señalando  de  manera clara y precisa sus fundamentos y las normas infringidas,  igualmente,   evidenciando   cómo   el   vicio   in  iudicando     o    in  procedendo  conduce  a  resquebrajar  la  providencia  impugnada.   

Ahora bien, sin desconocer la facultad legal  de  la  Corte  para  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  transgrede   las   garantías   fundamentales   de   las   partes   –art.   216   de   la   Ley   600  de  2000–,  la  impugnación  extraordinaria  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

Por  ende, el recurso de casación no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para debatir aspectos que ya fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición; por  el  contrario,  dado  el  carácter  extraordinario  y rogado del recurso, está  ligado  a  causales  taxativas que tienen contenidos propios, referidas a vicios  sustanciales o procesales.   

Además, en el desarrollo de cada uno de los  reparos  formulados  se  deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos de lógica y  adecuada  fundamentación,  cuyo desconocimiento conlleva a la inadmisión de la  demanda,  como  lo establece el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

Así,  no  resulta  atinado  limitarse  a  denunciar  la  presencia  del  error  que se invoca, sino que al casacionista le  incumbe  demostrar  su  existencia  y  cómo  el  mismo  tiene  la trascendencia  suficiente  para romper la doble presunción de acierto y legalidad que cobija a  la  sentencia  de  segundo  grado  y, por lo mismo, la necesidad de que la Corte  intervenga  como  Tribunal  de Casación en procura de hacer efectivo el derecho  material  y las garantías debidas a quienes intervienen en la actuación penal,  reparar  los  agravios  ocasionados  a  las  partes con la decisión confutada o  unificar la jurisprudencia.   

2.2 Atendiendo a  los  anteriores  parámetros, la Corte anuncia desde ya que el libelo presentado  en  nombre del acusado Martín Fredy Aldana Arias se inadmitirá, pues en él se  advierten   graves  desatinos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  en  la  formulación  del  cargo  postulado contra la sentencia de segundo grado, como a  continuación se explica.   

         Manifiesta   el   demandante   que  el  Tribunal  incurrió  en  la  violación  directa  de  la  norma  sustancial,  en  la modalidad de aplicación  indebida,   dado  que  para  resolver  el  caso  examinado  tuvo  en  cuenta  la  descripción  típica  prevista  en el artículo 453 del Código Penal, pero con  la  modificación  introducida  por  el canon 11 de la Ley 890 del 7 de julio de  2004,  que  aumentó  la pena establecida en la norma original, pasando de 4 a 8  años  a  6  a  12  años  de  prisión,  lo  que  en  su criterio desconoce los  principios  de  legalidad  e irretroactividad de la ley penal consagrados, entre  otros,  en  los preceptos 29 Constitucional y 6º de las Leyes 522 de 1999 y 600  de  2000,  que afirma excluidos, por cuanto el canon que considera indebidamente  aplicado  no  estaba  vigente  para cuando se cometió el delito de fraude  procesal, esto es, septiembre de  2002.   

         Previo  a  abordar  el  caso  concreto,  conviene  recordar  que la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  dicho  que cuando se acude a la senda de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el censor debe aceptar los hechos  declarados  en  el  fallo  recurrido  y  abstenerse de cuestionar la valoración  probatoria  realizada por los sentenciadores de instancia, por lo cual el debate  se  circunscribe  a  la  aplicación del derecho, sin que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los  elementos de juicio o el acontecer  fáctico13.   

         

         En  esa  medida,  la labor de demostración del vicio deberá estar  orientada  a  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó una norma que no era la  llamada   a   gobernar   el   asunto  –aplicación    indebida–,  omitió  otra  que  sí  resolvía  los extremos de la relación  jurídico  procesal –falta  de  aplicación  o  exclusión evidente–   o,   habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un  alcance  interpretativo  que  no  se  deriva  del  texto de la ley, es  decir,   le   atribuyó   un   sentido   jurídico  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos  contrarios  a  su   real        contenido       –interpretación  errónea–.   

         En  tratándose  de  la  aplicación indebida de un precepto, vicio  alegado  por  el recurrente, ésta se origina cuando el sentenciador se equivoca  al  calificar  jurídicamente  los hechos o habiendo acertado en su adecuación,  desatina  al  elegir  la  norma  correspondiente  a  la  calificación jurídica  impartida,   es   pues,   un  error  de  selección14.   

         Ahora,  a  fin  de  evidenciar el mencionado yerro en relación con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  orientarse a constatar la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado, respecto de la hipótesis  contemplada    en    el    respectivo    precepto15   

.  

         Sobre  el  motivo  casacional  al  que acude el censor, en reciente  decisión la Sala reiteró que:   

El sentido de violación relacionado por el  casacionista,  esto  es, la aplicación indebida de la  norma,  surge  del  proceso  de  adecuación  típica,  esto  es,  cuando de los  argumentos  jurídicos del fallo se tiene por demostrada una situación fáctica  concreta  a  la  que  corresponde  una  específica  institución  normativa, no  obstante  lo cual el Tribunal incurre en un error de diagnóstico porque al caso  juzgado  se  le  aplica  una  norma  que,  aunque  tiene  existencia  y  validez  jurídica,    no    es    la    que    correspondía    por    no   coincidir  con  los supuestos contenidos en esa disposición y, por  ello,   termina   resolviendo   el   caso  con  una  preceptiva  inaplicable  al  mismo.   

El   error  debe  emerger  de  la  simple  exposición  de  los  fundamentos  del  fallo, asumiendo los hechos establecidos  probatoriamente  y exponiendo que se adecuan a una norma diferente a la aplicada  por  el  juzgador,  mostrando,  a la par, la disposición que regula el asunto y  que  se  dejó de aplicar. (CSJ SP, 30 sep. 2015, rad.  42241)   

         Retornado  al  asunto  de  la  especie,  se advierte que si bien el  recurrente  acierta  en la escogencia del reproche, pues anuncia que el Tribunal  erró  en  la  selección  de  la  norma  que  aplicó a los hechos que declaró  probados  en  la  actuación, ya que tuvo en cuenta el artículo 453 del Código  Penal   que   tipifica   el   ilícito   de   fraude  procesal, pero con el incremento punitivo previsto en  el  artículo  11 de la Ley 890 de 2004, siendo que esta última norma no estaba  vigente  para la fecha de comisión de la conducta punible en mención; se queda  corto  en  su  demostración, ya que no ofrece razones plausibles por las cuales  deba  desecharse  la  tesis  del juez colegiado, sustentada en jurisprudencia de  esta   Sala,   y   acogerse  la  que  plantea  en  el  libelo.      

         En  efecto,  en orden a determinar el precepto sustantivo llamado a  gobernar  el  asunto  examinado, el ad quem partió de los hechos jurídicamente  relevantes  consignados  en  la  acusación,  que  consideró  demostrados en la  actuación,  relativos  a que el procesado Martín Fredy Aldana Arias, Mayor (r)  del  Ejército  Nacional, en su condición de Ejecutivo y Segundo Comandante del  Batallón     No.     28     «Colombia»,  con  sede en Tolemaida (Cundinamarca), alteró las anotaciones  sobre  el  desempeño  del Capitán (r) Mauricio Poveda Rojas, consignadas en el  folio  de  vida  del prenombrado, así como su firma, lo cual ocurrió en el mes  de   septiembre   de   2002,   cuando   el  implicado  realizó  la  evaluación  correspondiente  al  mentado  oficial para el periodo 2001-2002; la que a su vez  remitió  a  la  Junta  Clasificadora  del  Comando  del Ejército Nacional que,  fundada  en  ella, catalogó a este último en «Lista  4», es decir, un nivel de desempeño deficiente, que  ponía    en    riesgo    su    permanencia    dentro    de    la   institución  castrense.     

         En  esa  medida,  tras  considerar  que con la acción antes descrita el acusado  Aldana  Arias  actualizó  la  hipótesis delictiva prevista en el artículo 453  del  Código  Penal  bajo  la  denominación de fraude  procesal,  punto  que  no  discute  el  libelista, el  juzgador  de  segundo  grado  advirtió que resultaba aplicable la modificación  punitiva  incorporada  por  el  artículo  11 de la Ley 890 del 7 de julio 2004,  pues  si  bien  tal  ilicitud  se  realizó a finales del año 2002, antes de la  vigencia  de  la  precitada normativa, por ser aquella de ejecución permanente,  continuó  consumándose  en el tiempo hasta cuando el error en que fue inducido  el  servidor  público  dejó  de  surtir  sus  efectos,  pero como no se logró  establecer  en  el  proceso  cuándo  cesaron éstos16, tal circunstancia obliga a  tener  como  límite  temporal de la conducta la ejecutoria del auto que dispuso  el  cierre  de  la  investigación  y,  por ende, el precepto llamado a regir el  asunto  es aquel que para ese momento estaba vigente; aserciones que soportó en  decantado    criterio    de    autoridad    de   esta   Corporación17.       

         Vale    la    pena   citar   lo   que   al   respecto   expuso   el  Tribunal:   

Los hechos objeto de reparo penal, por otra  parte,  fueron  conocidos  por  la  víctima  el 18 de enero de 2003. La defensa  entonces  concluye  que la conducta punible antecedió a la norma, por lo que la  Ley   890   de   2004   resulta   inaplicable   en   virtud   del  principio  de  legalidad.   

Posición que olvida considerar al delito de  fraude  procesal  como  tipo  penal  de ejecución permanente, asimilándolo [en  cambio]  a uno de ejecución instantánea. El artículo 22 de la Ley 522 de 1999  y  el  artículo 26 de la Ley 599 de 2000, establecen que la conducta punible se  entiende  realizada  en  el  momento o tiempo de la ejecución de la acción. El  fraude  procesal,  como  delito  permanente,  no  se agota cuando la víctima ha  tenido  conocimiento  de  los hechos, en tanto continúa consumándose de manera  indefinida  en  el  tiempo hasta que el acto contrario a la ley deje de producir  efectos, posición que adoptó la Corte Suprema de Justicia (…).   

… El ilustre recurrente olvida nuevamente  que  por  tratarse de un delito de ejecución permanente, éste solo se agota en  tanto  el  acto administrativo, es decir, la clasificación errónea otorgada al  evaluado  [CT.  Mauricio  Poveda  Rojas] por la Junta Clasificadora [del Comando  del Ejército Nacional] deje de producir efectos.   

Con fundamento en lo anterior y contrario a  lo  señalado  por  el  apelante,  la  Sala  considera  que  la conducta punible  trascendió   hasta   el   día  en  que  fue  declarado  el  cierre  del  ciclo  investigativo,  en  la medida que no se determinó el momento de cesación de la  afectación  a  la  administración de justicia, situación que tuvo lugar el 18  de  octubre  de  2012, fecha para la cual ya se encontraba vigente la Ley 890 de  2004.   

Norma  esta  que resulta entonces aplicable  pese  a  criterios de favorabilidad, puesto que la conducta [de fraude procesal]  se  agotó  o  consumó  materialmente  en  vigencia de la nueva ley, así ésta  resulte  más  gravosa. Así lo estableció la Corte Suprema de Justicia, cuando  precisó frente al tema:   

(…)      

‘De conformidad  con  lo  expuesto,  concluye  la  Sala  en  primer lugar, que cuando se trata de  delitos  permanentes  iniciados  en  vigencia  de  una  ley  benévola  pero que  continúa  cometiéndose  bajo  la  égida de una ley posterior más gravosa, es  esta   última  la  normativa  aplicable,  pues  en  tal  caso  no  se  dan  los  presupuestos  para acoger el principio de favorabilidad, sino que opera la regla  general,  esto  es,  la  ley  rige para los hechos cometidos durante su vigencia  (…).’18    

         Frente  a  los anteriores razonamientos, el impugnante se limitó a  exponer  su desacuerdo fundado en «razones temporales  y  de  quantum  [punitivo]»  porque,  de  una parte,  cuando  su  defendido  cometió  el  delito  de fraude  procesal  no  estaba  vigente  la  norma  que  afirma  indebidamente       aplicada      –art.     11     de     la     Ley     890    de    2004–;   y  de  otro  lado,  no  obstante  tratarse  de  una  conducta  punible  de  ejecución  permanente, resultaba más  beneficiosa  para  el  procesado la pena fijada en el artículo 453 original del  Código  Penal,  que  la  señalada  en  la  ley  posterior,  luego era éste el  precepto  llamado  a ser aplicado al asunto examinado en razón del principio de  favorabilidad.        

         Empero    tal    discurso    resulta   insuficiente,   además   de  contradictorio,  en  orden a acreditar el reparo intentado, habida cuenta que el  casacionista  no explica por qué la tesis del ad quem es equivocada, soslayando  no   solo  que  se  sustenta  en  reiterado  criterio  jurisprudencial  de  esta  Corporación,  sino  también  porque  aun  cuando  reconoce que el fraude   procesal   es   un  delito  de  ejecución   permanente   que,   contrario   a   las   conductas  de  ejecución  instantánea,  no se agota en una sola acción, sino que continúa consumándose  en  el tiempo mientras duren los efectos generados por la inducción en error al  servidor  público,  concluye  que  a pesar de las anotadas particularidades que  caracterizan  el ilícito juzgado, la aplicación del artículo 11 de la Ley 890  de  2004 vulnera los postulados de legalidad e irretroactividad de la ley penal,  pero  no  expone la razón de tal aserto, dejando sin demostración el yerro que  denuncia.   

         Por  el  contrario, los argumentos del ad quem citados ut  supra,  a  los  que  se  suma que la  modificación  incorporada al artículo 453 del Código Penal por el canon 11 de  la  Ley  890  de  2004, entró a regir desde su promulgación, esto es, a partir  del  7  de  julio de 2004, y no quedó restringida a los asuntos tramitados bajo  la  égida  de  la  Ley  906  de  2004,  a  diferencia de la inflación punitiva  prevista  en  el  artículo  14  de  la  primera de las normativas en cita, como  acertadamente  lo  consideró  el  Tribunal  apoyado  en  jurisprudencia  de  la  Sala19,  refuerzan  la  conclusión de que la disertación del demandante  solo  busca  entronizar su parcializado discernimiento sobre la aplicabilidad de  la  pluricitada  norma  frente  al  delito  de  fraude  procesal,  lo  cual resulta inane en sede del recurso  extraordinario  y  revela  las falencias de lógica y debida fundamentación del  cargo propuesto.   

         Con  todo,  en  el  libelo  se  incurre  en  el  desatino de omitir  indicar,  por  obvio  que  parezca,  cuál  es  la  trascendencia de la supuesta  trasgresión  directa  de la norma sustancial, como consecuencia de haber tenido  en  cuenta  los  juzgadores de instancia el precepto que se afirma indebidamente  aplicado,  valga  decir,  cómo ello incidió desfavorablemente en la situación  jurídica   del   acusado   declarada   en   el  fallo  recurrido,  verbi  gracia,  si  con  tal proceder se  terminó  por imponer una sanción mayor a la que legalmente correspondía, o si  ello  amplió  indebidamente  el  término  prescriptivo  de  la  acción  penal  respecto  del  delito  contra  la  eficaz  y  recta  impartición  de  justicia;  deficiencias  que  la Corte no puede entrar a suplir en razón de los principios  de   limitación  y  sustentación  suficiente  que  gobiernan  la  impugnación  extraordinaria.   

         En  cambio,  no obstante reconocer el compromiso de responsabilidad  del  acusado Martín Fredy Aldana Arias en el delito juzgado, el censor solicita  casar   la   sentencia   de   segundo   grado   para   que   se   «absuelva»  de  tal  conducta punible al  prenombrado,   con   lo  cual  desconoce  los  postulados  de  coherencia  y  no  contradicción  que  se  deben  observar  en  la  elaboración  del  recurso  de  casación,  puesto  que la evidente formulación de propuestas excluyentes, como  las  antes  indicadas,  antes  que  de  darle  claridad a su discurso, lo tornan  confuso e inconexo.   

         De  otra  parte,  en  desmedro  de  los  principios de autonomía y  crítica  vinculante,  dentro  del  mismo  reproche  el  recurrente  noticia  la  existencia  de irregularidades sustanciales que en su opinión afectan el debido  proceso,  cifradas  en que tanto en la fase de indagación preliminar como en la  etapa  instructiva  los  funcionarios  judiciales  no  observaron  los términos  legales  para  su  adelantamiento,  pero hasta ahí llega su alegato, pues omite  señalar  si  se trata de un vicio de estructura o de garantía, tampoco expresa  la  razón  del  quebranto  de  los  preceptos que afirma conculcados y, lo más  importante,  no  dice cuál es la trascendencia de la irregularidad que denuncia  frente  a  la estructura del proceso o las garantías fundamentales del acusado,  es  decir,  de  qué manera aquella se afectó o cómo estas últimas resultaron  vulneradas20,  amén  que  la  glosa  en  cuestión  debió proponerla en cargo  separado.   

         Agréguese  que  en  relación  con el vencimiento de los términos  para  adelantar  las  etapas de indagación e investigación en el procedimiento  reglado  por  la  Ley  600  de 2000, similar al que rigió el presente trámite,  esta   Corporación   tiene   dicho   que   su  quebranto  no  es,  per   se,   motivo  invalidante  de  la  actuación,   salvo  que  de  conformidad  con  los  principios  que  rigen  las  nulidades,  en  particular  el  de  trascendencia,  se acredite de manera real y  cierta  que  se socavaron las bases fundamentales del proceso o se afectaron las  garantías  de  los  sujetos  procesales  o intervinientes; situación que ni el  impugnante acredita, ni la Sala advierte.   

         Al   respecto,   en   CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  40889,  esta  Corporación señaló:         

En  todo caso, debe señalarse que la Corte  ha  dejado  por  sentado,  que en virtud de la garantía consagrada en el inciso  4º  del  artículo  29  de la Carta Política, la pretermisión del término de  instrucción  establecido  en el citado artículo 329 del estatuto instrumental,  no  es  generadora  de  nulidad  procesal,  salvo  que se demuestre un verdadero  menoscabo  a  la  estructura misma del proceso penal en aspecto sustancial, pues  de  lo  contrario  constituye solamente un motivo de impedimento del funcionario  judicial,  conforme  se  encuentra preceptuado el artículo 99, numeral 7, de la  Ley           600          de          200021.   

         En  síntesis,  las  protuberantes  falencias de lógica y adecuada  fundamentación  advertidas en la demanda presentada por el defensor del acusado  Martín Fredy Aldana Arias, conducen a su inadmisión.   

         3.  Resta  señalar  que no se vislumbra  vulneración  de  garantías  que  imponga  superar  los  defectos de la demanda  presentada  a nombre de los procesados, en orden a intervenir oficiosamente para  asegurar  su  protección,  conforme lo prevé el artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del Mayor (r) del Ejército  Nacional Martín Fredy Aldana Arias.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Notifíquese  y  cúmplase  y devuélvase el proceso al Tribunal de  origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  «Cuaderno   original   1,   folios  3-4».   

2 Folio  133 C.O. 1.   

3  Folios 274 a 289 C.O. 1.   

4  Folios 28 a 45 C.O. 2.   

5  Folios 94 a 107 ídem.   

6 Folio  119 ídem.   

7  Folios 147 a 168 ídem.   

8  Folios 224 a 238 C.O. 2.   

9  Folios 278 a 293 ídem.   

10  Folio 311 C.O. 3.   

11  Folios 377 a 387 C.O. 3.   

12  Folios 394 a 413 ídem.   

13 CSJ  AP,  9  may.  2012,  rad. 37987; CSJ AP, 10 jul. 2013, rad. 41411; y, CSJ AP, 11  dic. 2013, rad 42737; entre otras.   

14 CSJ  AP, 26 feb. 2014, rad. 42902.   

15 CSJ  AP, 13 nov. 2013, rad. 41683.   

16 Aun  cuando  el  Tribunal  no  lo  dice,  en  el proceso obra comunicación del Mayor  General  Gabriel  Eduardo  Contreras Ochoa, Presidente de la Junta Clasificadora  del  Ejército  Nacional,  dirigida  al  Capitán  (r)  Mauricio  Poveda  Rojas,  mediante   la   cual   responde   a  su  solicitud  de  reconsideración  de  la  clasificación     en     «lista    4»,  donde  le  indica  que  dicha  Corporación  solo procederá a  modificar  o ratificar su clasificación «una vez sea  fallada  la  investigación  [penal]» adelantada por  los  actos  fraudulentos  en  los que presuntamente incurrió su evaluador, esto  es, el Mayor (r) Martín Fredy Aldana Arias. (Fl. 146 C.O. 1)   

17 CSJ  SP, 28 nov. 2012, rad. 39997.   

18  «Corte Suprema de Justicia, sentencia 31407 de 25 de  agosto   de   2010,   M.P.   María  del  Rosario  González  Muñoz»   

19 CSJ  SP, 12 mar. 2014, rad. 36106.   

20 CSJ  AP, 17 jun. 2015, rad. 45544.   

21  «Así,  CSJ SP, 7 abr. 2010, rad. 25504. En el mismo  sentido,  CSJ AP, 13 abr. 2011, rad. 35964; CSJ SP, 19 ago. 2012, rad. 2975; CSJ  SP1458-2014, 12 feb. 2014, rad. 42000».     

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