AP6263-2015(45784)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP6263-2015  

Radicación n° 45784  

(Aprobado  Acta No. 380)   

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

  VISTOS  

Se   pronuncia   la   Corte   acerca  de  la  admisibilidad de la demanda de casación presentada  por   el   defensor   de  YANETH     MARÍA    JALAFF    SALGADO,  contra  la  sentencia del 27         de        agosto      de      2014,  a  través  de  la  cual el Tribunal  Superior   de   Cartagena  confirmó    la    proferida    el    19  de  noviembre  de   2013   por     el    Juzgado    3º   Penal   del   Circuito   de   la   misma   ciudad,     que    condenó    a               la          procesada     a  las   penas          principales         de        cuatro  años  de  prisión y 200 SMLMV de  multa,  así  como  a  la accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas   durante   cinco   años,   como  autora de  fraude procesal.   

HECHOS  

Los  fundamentos  fácticos  de  la presente  actuación  fueron  narrados de la siguiente forma en  los fallos de instancia:   

En  denuncia  presentada  por  la  señora  Mariela  del  Carmen  Paredes  de Delgado, quien manifiesta que la misma fungía  como  demandante  dentro  de  proceso  ejecutivo singular, el cual cursaba en el  Juzgado  Octavo  Civil  del  Circuito  de  Cartagena,  en  el cual figuraba como  demandada  la  señora  YANETH  MARÍA  JALAFF  SALGADO,  proceso  en el cual la  demandante  solicitó  el embargo y secuestro del remate del embargo que recaía  sobre  un  inmueble  identificado  con  el folio de matrícula No. 060-27210, de  propiedad  de la entonces demandada, el cual se encontraba afecto a otro embargo  del Juzgado Quinto Civil del Circuito.   

Los hechos motivo de denuncia, se retrotraen  a  que  se  desembargó  por parte del Juzgado Quinto Civil del Circuito el bien  inmueble   objeto   de   medida   en   ambos  procesos  judiciales,  librándose  comunicación  mediante  oficio tanto al Juzgado Octavo Civil del Circuito, como  a  la oficina de instrumentos públicos, sin embargo este último oficio solo se  limitó  a señalar que el bien quedaba desembargado, sin mencionar que el mismo  se  encontraba  aún  afecto  a la medida de embargo por parte del proceso de la  hoy  denunciante,  situación que aprovechó la entonces demandada para realizar  la  venta  del  inmueble  burlando  la  acción  de  la  justicia.  (La  Corte  reproduce  la  ortografía y  redacción original).   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con   base   en  dichos  acontecimientos,  el  5  de  abril  de  2005  se dispuso la apertura de  instrucción,   con   ocasión  de  la  cual  fueron  vinculadas  mediante  diligencia  de  indagatoria  Luz  Elena     Vergara    González    y    YANETH          MARÍA          JALAFF          SALGADO.   

Clausurada  la  investigación,  el  20  de  octubre   de   2008  fue  proferida  la  resolución  de  acusación  contra  las  prenombradas.  A  la  primera  se  le  endilgó  el  punible  de prevaricato por  omisión,  y  a  la  segunda el de fraude procesal. Al  resolver  la  alzada  contra  esta  decisión,  el  ad  quem   la   revocó   en   cuanto   a   Vergara  González, quien fue favorecida  con   preclusión   de  la  actuación;  y        la        confirmó        en        lo       restante.   

La  etapa  del juicio fue adelantada por el  Juzgado   2º  Penal  del  Circuito   de  Cartagena,  no  obstante,  en  cumplimiento  de  un acuerdo del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  el  19  de noviembre de 2013   el   despacho   No.   3   de   la   misma   categoría  y  sede dictó la sentencia de primer nivel, en los términos  previamente señalados.   

La   defensa   interpuso   y   sustentó  la impugnación vertical,  pero  la  sentencia  fue confirmada en segunda instancia, mediante proveído del  27   de   agosto      de     2014.   

Atendido  el  sentido  de  la  decisión,  el    representante   judicial   de   la   procesada  acudió  al  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El   libelista   inicia  su  sustentación  explicando  que  acude a la casación excepcional en atención a la necesidad de  que   la  Colegiatura  emita  un  pronunciamiento  a  través  del  cual  defina  «lo  que se debe entender como “medio fraudulento  que  induzca  en  error  a  un  servidor  público”,  con  miras a obtener una  decisión  contraria  a  la  ley,  resaltando  la  necesidad de la idoneidad del  medio».   

Reconoce      que     «existe  abundante  jurisprudencia  sobre  el  tema  y  la conducta  típica   de   fraude   procesal   está  suficientemente  estudiada»,  pese a lo cual advera que «no puede  pretenderse  que  esto  sea  absoluto,  nunca  se  puede  decir  que  todo está  escrito»,  dado  que  «el  derecho es dinámico y cambiante».   

Rememora  que Luz  Elena  Vergara González a  quien  se  le  endilgaba  la elaboración    irregular    del    oficio    de    desembargo,   fue  favorecida  con  preclusión de la investigación.  Por lo tanto, asegura, dicho documento no puede considerarse un  medio fraudulento.   

Concluye este apartado indicando que si la  Corte    no   estudia   el   sub   lite,    se    le    impediría    a    la    acusada   «tratar  de  demostrar  que la Sala [del  Tribunal]   pudo   haberse   equivocado,  dado  que  podríamos   estar  en  presencia  de  una  conducta  atípica  y  se  violaría  [sic]   sus   derechos  fundamentales   entre   otros,   de   presunción   de  inocencia…».   

A   continuación  formula  dos      censuras     contra    la    sentencia    del    ad  quem,  al amparo de la causal 1ª del artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000: una principal por violación directa de la ley sustancial,  generada  en  su indebida aplicación; y otra subsidiaria, en la que denuncia la  violación  indirecta  de  la  norma,  originada  en  errores de hecho por falso  juicio de existencia por suposición probatoria.   

En     sustento    del    primer   cargo,   denuncia   la  indebida  utilización  del  artículo  453  del  Código Penal (que describe el delito de  fraude  procesal), con lo que -en su criterio- se desconoció que la conducta de  su patrocinada es atípica.   

Insiste en lo previamente reseñado sobre la  imposibilidad  de  considerar  el  oficio  de  desembargo  aludido como un medio  fraudulento,  dado  que  la Fiscalía precluyó la investigación surtida contra  la  persona  que  lo  elaboró. Agrega que como consecuencia de dicha decisión,  fue  acreditado  que  entre  ambas  procesadas  «no  existió   componenda  alguna»;  y  que  el  referido  documento  contiene  información  veraz,  por  lo cual no tenía la facultad de  inducir en error que le fue atribuida. En sus palabras,   

…          [T]enemos  entonces  que  no existiendo  delito  alguno  en  cabeza  de  quien emite el oficio de desembargo, dado que no  existió  dolo  en  su  actuar,  equivale  a  decir que el documento no es medio  fraudulento,  se  trataba de un oficio legalmente emitido, que hubo una omisión  y  ligereza,  que  no  debió  expedirse,  esto es cierto, pero reitero esa solo  [sic]  circunstancia  lo  convierte en fraudulento, consideramos con todo respeto que no…   

[…]  

Es claro que el oficio fue emitido en legal  forma,  quizás equivocado, es cierto, y de otro rasero no se puede decir que se  indujo    a    error   a   los   funcionarios   de   la   oficina   [sic]   de  Registro  de  Instrumentos  Públicos,  se inscribía un desembargo por haberse cancelado una deuda, esto no  es  falso,  y por tanto en donde está constituido el Fraude?, si recapitulando,  se  tiene  que  el documento no dice una falsedad, en el entendido que se había  producido  un  pago  y  por  tanto se desembarga, primera arista, segunda arista  siendo  que  no  es  un  medio  fraudulento,  será que el hecho de inscribir un  desembargo      perfectamente      válido      (me     refiero     [sic]   que   no   contiene  falsedad  alguna),  por si [sic] solo  [sic]  constituye Fraude,  consideramos  que  no,  y de otro lado, en la providencia en que le precluyen la  investigación  a  la  secretaria  del  Juzgado,  se estableció que no existió  componenda  alguna  entre  las investigadas en esa época, se tiene que concluir  indefectiblemente    en    que    [sic] se está en presencia de una conducta atípica.   

En   el  segundo  cargo,  de  manera  subsidiaria,  el censor postula la  configuración   de   un   error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  concretamente,   por   suposición   probatoria.  Manifiesta  que  el  organismo  instructor  no  acreditó  que  su prohijada «retiro  [sic]    oficio    de  desembargo»,   en   vez   lo   cual   «si   [sic]  aparece  probado  que  otorgó  poder  para  vender el inmueble, si [sic]  aparece  probado  que  instauro  [sic]  denuncia  penal  contra  la  señora  MARLENE, visible a folio 217, y recalco en fecha anterior a  la  denuncia  presentada  en  su  contra,  en donde pedía que el ente fiscal la  investigara  por  no  haber  cancelado  todas  las obligaciones a las que estaba  obligada».   

A renglón seguido, critica la construcción  de   dos   indicios   por   parte  de  los  falladores  con  fundamento  en  las  manifestaciones de su agenciada durante la indagatoria, así:   

Siendo   que  [sic]  la no existencia de  estos  indicios, obsérvese que todos giran en torno a una escritura que ella no  suscribió,  recuérdese  que  otorgó  poder  a  una  persona de nombre MARLENE  OLAVE,  a  la  cual  entre  otras cosas denunció, si estos indicios nos surgen,  desde  luego, la consecuencia es la inexistencia de materialidad de la conducta,  y   por   supuesto   ello  conllevaría  una  sentencia  absolutoria.   

Por  último,  el  opugnador  depreca que la  Corte  case  los  fallos  de  instancia  y  emita  uno  de sustitución, lo cual  considera  necesario  para  que «se haga efectivo el  derecho  material,  se  restablezcan  las  garantías  debidas  y  se  repare el  agravio,  mediante  una  sentencia  de  reemplazo,  en  la  que se absuelva a la  señora YANETH MARÍA JALAFF SALGADO».   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

El  apoderado  de  la  parte  civil presenta  escrito  a  través  del  cual  se  opone a los fundamentos y pretensiones de la  demanda.   

En   primer   término,   refiere  algunas  disposiciones  del estatuto procesal y los criterios jurisprudenciales relativos  al  recurso  extraordinario,  los  requisitos  de  procedencia  de la acción de  tutela  contra  providencias  judiciales,  y  un  artículo  académico sobre la  casación  excepcional  en  la  República  del  Perú. Con base en lo anterior,  advierte  incumplidas  las  exigencias para acceder a la solicitud elevada, dado  que  el  libelista no desvirtuó los argumentos del fallo de segundo nivel, sino  que se limitó a exponer su subjetiva visión sobre éste.   

Reprodujo parcialmente las consideraciones de  la   resolución   de  acusación,  lo  cual,  en  su  criterio,  «demuestra   que   la  sentencia  impugnada  no  solo  [sic]   se   estructuro  [sic]  sobre  sólidos  indicios  sino  también   con   el  testimonio  de  la  persona  más  autorizado  [sic]  para  ello,  la  secretaria del  Juzgado     Quinto    Civil    del    Circuito    de    Cartagena…».   

Finalmente, solicita que, independientemente  de   la  decisión  que  adopte  la  Corporación,  se  mantenga  «inmodificable   la  orden  de  desembargo  del  inmueble  que  fue  embargado  por  la Fiscalía», dado que «sería  ilógico  que  […]  la  procesada  esté  indemnizando a la ofendida con un bien que  jurídicamente  no es de su propiedad, sino propiedad de la víctima».   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Tal como ha venido exponiendo reiteradamente  la  Sala, en vigencia de la Ley 600 de 2000 existen dos opciones para interponer  el recurso extraordinario de casación:   

i)             La  forma  tradicional  o  normal,  que  procede   respecto  de  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  o el Tribunal Penal Militar, por  delitos  que  prevean una pena máxima superior a 8 años de prisión (Art. 205,  Inc.         1º,         ibídem).   

ii)          La modalidad discrecional o excepcional,  viable  en  caso  de  incumplirse  alguna  de  las  condiciones que se acaban de  mencionar     -jerarquía    del    juzgador    ad  quem  o  quantum  punitivo máximo-. En tal evento, la  Corte  tiene la facultad de admitir la demanda si lo considera necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre    y    cuando,   además,   ésta   cumpla   con   los   «demás  requisitos exigidos por la ley».  (Art.    205,    Inc.    3º,   ejusdem).   

Por  tratarse  de  dos  vías  diversas, con  presupuestos   disímiles,  resulta  inadmisible  su  proposición  simultánea.  Entonces,  es  necesario  que del contexto de la demanda aflore sin vacilación,  la selección de una de éstas.   

En  caso  de escoger la segunda alternativa,  además  de  colmar  los  presupuestos inherentes a este medio extraordinario de  impugnación,  compete  al censor expresar con claridad y precisión los motivos  por   los   cuales   debe   intervenir  la  Corporación,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o  en procura de proteger las garantías fundamentales de las partes o  intervinientes procesales.   

Si de lo primero se trata, deberá demostrar  la  necesidad  de  proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien sea para unificar posturas conceptuales  encontradas,  actualizar  la doctrina o abordar un tópico aún no desarrollado.  Ello  impone el deber de indicar de qué manera la decisión solicitada tiene la  utilidad  de brindar solución al asunto concreto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

De  otra  parte,  si  el objetivo trazado es  asegurar  la  indemnidad  de  garantías fundamentales, existe la obligación de  demostrar  su  violación, e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho  invocado  y  su  desconocimiento  en el fallo recurrido; circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la sola referencia  descriptiva hecha en la sustentación.   

En primer lugar, resulta acertada la postura  del  demandante  en  cuanto  acude  a  la casación discrecional, pues aunque la  sentencia  de  segunda  instancia  fue  proferida  por  el  Tribunal Superior de  Cartagena,  la  pena  máxima  prevista  para  el  delito  por el que se procede  (fraude  procesal)  no  excede  los  8  años  de prisión. Así lo disponía el  artículo  453  del  Código Penal en su redacción original, esto es, sin tomar  en  cuenta  el incremento establecido por el canon 11 de la Ley 890 de 2004, que  no   había   entrado   en   vigencia   al   momento   de   los  acontecimientos  investigados.   

El   memorialista   asegura   que  resulta  imperativa  la  emisión  de  un  pronunciamiento  de  la Corte que determine el  alcance   de   uno   de  los  elementos  del  tipo  penal  de  fraude  procesal,  concretamente,   «lo  que  se  debe  entender  como  “medio  fraudulento  que induzca en error a un servidor público”, con miras  a  obtener  una  decisión  contraria  a  la  ley, resaltando la necesidad de la  idoneidad  del  medio».  No  obstante, posteriormente  transcribe  el  siguiente  apartado  de  la  sentencia CSJ SP, 19 May 2004, Rad.  18367:   

Ahora,  en lo atinente al tema cuestionado  por  el censor, recuérdese que el verbo rector de la conducta punible de fraude  procesal,  esto es, inducir, significa conducir, determinar, instigar o provocar  el  error mediante actos fraudulentos idóneos con el fin de presentar una falsa  realidad  de  los  hechos  objeto de la decisión (sentencia, resolución o acto  administrativo).   

En  consecuencia,  los medios fraudulentos  idóneos  están  referidos  a  los  elementos  de juicio que se pretenden hacer  valer  en  un determinado diligenciamiento como instrumento inductor del error y  a  la  trascendencia  valorativa  que  el servidor público otorgue a los mismos  para  acceder  o  negar  las  pretensiones  que se discuten, dentro del régimen  probatorio  correspondiente.  O,  dicho  de  otra  manera, debe tener la aptitud  procesal  (presupuesto  de  idoneidad)  para  provocar  la  equivocación  en el  servidor público.   

Entonces, de manera contradictoria, el censor  admite  que  «existe abundante jurisprudencia sobre  el  tema  y  la  conducta  típica  de  fraude  procesal  está  suficientemente  estudiada»,   al   tiempo   que   reclama  un  nuevo  pronunciamiento  sobre  el  particular.  Acto  seguido, aduce que «no  puede  pretenderse que esto sea absoluto, nunca se puede decir  que  todo  está  escrito», por cuanto «el  derecho  es  dinámico y cambiante».   

Empero,  no  explica  en  qué  consiste  la  transformación  o  mutación  que  podría  eventualmente  justificar una nueva  intervención  de  la Colegiatura a fin de renovar la doctrina; ni la razón por  la  que  una  providencia  en  tal  sentido, además de resolver el sub  lite, se erigiría como una pauta de  seguimiento para los operadores jurídicos.   

Además,   la   actualización  conceptual  deprecada   por   el   casacioncita   es  innecesaria,  dado  que  en  recientes  oportunidades  (CSJ  SP,  10  Dic  2014,  Rad.  41360; CSJ AP, 25 Mar 2015, Rad.  44887,  entre  otros),  la Sala de Casación Penal ha clarificado el concepto de  la   idoneidad  del  medio  fraudulento  al  que  se  refiere el artículo 453 del estatuto sustantivo; por  demás,  en  términos  similares  a como lo había hecho en la sentencia citada  por el demandante.   

En  otro  acápite del libelo, el recurrente  argumenta  que  resulta imperativo el estudio del sub  examine,  pues  de  lo  contrario  se  coartaría a la  procesada    la   posibilidad   de   «tratar  de  demostrar  que la Sala [del  Tribunal]   pudo   haberse   equivocado,  dado  que  podríamos   estar  en  presencia  de  una  conducta  atípica  y  se  violaría  [sic]   sus   derechos  fundamentales   entre   otros,   de   presunción   de  inocencia…».   

Es     claro     que    este     postulado,    eminentemente  especulativo, carente del  más     mínimo     desarrollo,     y       al       parecer       encaminado      a      denunciar  un  supuesto  quebranto  de  garantías  superiores  que  debiera ser corregido a  través   de   la  casación  excepcional;  también  incumple  las  antedichas  exigencias  a  las  que  debe  ajustarse quien pretenda acudir por tal vía al  recurso extraordinario.   

Por lo tanto, se concluye que el opugnador no  demostró  la  necesidad  de  la  intervención  discrecional  por  parte  de la  Corporación.   

Adicionalmente, la demanda tampoco satisface  los   presupuestos   de   adecuada   fundamentación   previstos  en  la  ley  y  desarrollados  por  la jurisprudencia de la Corte, los cuales deben colmarse aun  en  los casos de la casación excepcional, tal como lo dispone el inciso 3º del  artículo 205 del Código de Procedimiento Penal.   

Entre  esos  requisitos  se  encuentra el de  enunciar  la causal y formular los cargos, con expresión clara y precisa de sus  fundamentos  y  de las normas que se estiman infringidas, según lo determina el  numeral  3º  del  artículo  212 ibídem,  para  cuya  satisfacción se requiere, además, seguir las pautas  de  sustentación  que la Sala ha fijado cuando se trata de elaborar una demanda  de casación.   

Además, en la postulación de los reproches  al  actor  le  es  imperioso  respetar  el  principio  de  corrección material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos  y  contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con  la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 02 May 2012,  Rad. 26846).   

En    efecto,    en    el   primer   reparo,   propuesto   de  manera  principal,  se  le  atribuye  al  Tribunal  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por aplicación indebida del artículo 453 del Código Penal, con lo  que,  advera  el  memorialista,  desconoció que la conducta de su defendida era  atípica.   

La  Sala  tiene  sentado que al invocarse la  violación  directa  de  la  norma  sustancial  como  motivo casacional, debe el  recurrente  sujetarse  a los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión  impugnada,  como  quiera que el error se contrae a un debate puramente jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se selecciona la norma llamada a  regular  el caso), de su aplicación indebida (se escoge para solucionar el caso  una  preceptiva  que  no es atinente) o de su interpretación errónea (en donde  si   bien   se   selecciona   la  normativa  correctamente,  se  le  otorga  una  hermenéutica equivocada).   

De modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta de la ley sustancial.   

Precisamente  por  la disímil esencia entre  las  dos  causales  aludidas  se colige también que son excluyentes, y por ende  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración  de  principios regentes de la materia casacional, como son los  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

Haciendo   caso   omiso  de  las  premisas  anteriores,  en  el  reproche  objeto de estudio se incurre en dicha falencia al  anunciar  que  tiene  sustento en la supuesta aplicación indebida del artículo  453  del  estatuto  sustantivo;  y  acto  seguido  apartarse de los presupuestos  fácticos  y probatorios del fallo, para discrepar en punto del valor otorgado a  las pruebas que sustentaron la condena impuesta a la procesada.   

Ciertamente, lo único que se encuentra en la  argumentación  del  libelista  es  su  simple desacuerdo con lo razonado por el  juzgador:  el  demandante  asegura  que  el  oficio de desembargo emitido por el  Juzgado   5º   Civil  del  Circuito  de  Cartagena  no  puede  considerarse  un  medio  fraudulento porque,  i)  contiene  información  veraz  (el levantamiento de una medida cautelar como  consecuencia  del  pago  de  la  obligación)  y  en  consecuencia  no  tiene la  virtualidad  de  inducir  a error, ii) la persona que lo elaboró fue favorecida  con  preclusión  de  la  investigación,  y  iii)  se  demostró que entre esta  última  y  la  enjuiciada  «no existió componenda  alguna».   

Como  contraposición,  la  lectura  de  las  sentencias  de primera y segunda instancia, (especialmente esta última), revela  que  los  falladores  encontraron suficientemente demostrado que i) el oficio de  desembargo   «a  pesar  de  contener  una  falsedad  ideológica  en  la medida que callaba parcialmente la verdad, fue registrado en  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de Cartagena»,  ii)  lo  anterior fue aprovechado por la acusada para registrar  una  venta posterior sin que se conociera el embargo de remanentes aún vigente,  y  finalmente,  iii)  «se indujo en consecuencia en  error  a  la Registradora de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de  Cartagena      con      la      radicación      del     oficio     […]   con  el  cual  se  logró  que  desembargara    el   inmueble   […]   sin  anotar el embargo de remanente que existía, y que registrara  una  escritura  pública  de  compraventa  que  no  podía  ser  inscrita por la  existencia de un embargo de remanente».   

Tal   como   se   indicó,  frente  a  las  conclusiones  a  las  que  arribó  la  judicatura  tras  valorar las evidencias  contenidas  en  el  plenario,  el  libelista se limita a exponer abiertamente su  criterio  personal  en  punto  de  la  apreciación  de  las  probanzas,  en los  términos  previamente  sintetizados;  lo  cual,  según reiteradamente lo tiene  dicho  la  Sala, no configura vulneración de garantías fundamentales salvo que  desemboque  en  defectos  graves  de motivación (Cfr. CSJ SP, 09 Feb 2006, Rad.  26493), punto sobre el cual nada se dice en la demanda   

Por  tanto,  resulta  evidente  que  no  fue  demostrado  el  error  planteado  y,  además,  que el reproche atenta contra la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso de casación -en cuanto se concentra en  la  producción  de  errores  que  afectan la constitucionalidad o legalidad del  fallo  y  no  constituye  una  tercera  instancia-  sin  lograr derruir la doble  presunción  de acierto y legalidad que lo gobierna -en cuya virtud prevalece el  juicio     del     sentenciador     sobre     la    opinión    subjetiva    del  impugnante-.   

En  tales  condiciones,  el  primero de los  reparos expuestos no tiene vocación de admisibilidad.   

Por  otra  parte,  el segundo, propuesto de  manera  subsidiaria, se fundamenta en la supuesta violación indirecta de la ley  sustancial,  en  la  modalidad de error de hecho por falso juicio de existencia,  concretamente por suposición probatoria.   

La  Colegiatura  ha explicado en reiteradas  oportunidades  que  cuando  el  casacionista alega la violación indirecta de la  norma  sustancial,  está  obligado  a  demostrar  que  el fallador incurrió en  errores  de  hecho  o  de  derecho;  los  primeros producto de falsos juicios de  existencia,  de  identidad o raciocinio y, los segundos, por los llamados falsos  juicios  de  legalidad  o  de convicción, que a su vez generan violación de la  ley  sustancial, bien porque el precepto aplicado no debió serlo o en cuanto se  dejó de aplicar el llamado a regular el caso.   

Efectivamente,   el   falso   juicio   de  existencia,  que es el aquí invocado, puede producirse por omisión (si se deja  de  apreciar  una  prueba  legal  y  debidamente  incorporada al plenario) o por  suposición   (si   se   valora   una   que   no  fue  debidamente  allegada  al  diligenciamiento).   

El recurrente optó por la segunda de estas  alternativas,  y  al sustentar la censura, adveró que la Fiscalía no demostró  que    su    prohijada    «retiro    [sic]  oficio de desembargo»;  y reprochó la forma en que el Tribunal construyó dos indicios  a  partir  de  la declaración rendida por dicha ciudadana durante la diligencia  indagatoria  (aseguró  que  era  evidente  «la  no  existencia  de  estos  indicios», pues se basan en un  hecho  indicador  que  no fue probado -la suscripción de una escritura pública  por parte de la procesada-).   

Ante  tal  panorama, resulta evidente que el  libelista   incumplió,   también  en  este  punto,  las  exigencias  técnicas  inherentes  al  recurso extraordinario, pues no demostró que la judicatura haya  tenido  en  cuenta  un  medio cognoscitivo que no podía considerar (es más, ni  siquiera  enunció cuál elemento de persuasión ajeno al proceso fue valorado);  en  vez  de  lo  cual,  nuevamente,  expuso  su  particular  opinión  sobre los  razonamientos  efectuados  en  las  sentencias  confutadas,  en  ejercicio de la  apreciación de las evidencias.   

Atendidas las falencias advertidas, la Sala  inadmitirá  la  demanda objeto de examen, dado que además, no concurre ninguna  circunstancia  vulneratoria  de garantías fundamentales que imponga superar los  desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  YANETH    MARÍA    JALAFF    SALGADO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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