AP5722-2015(46662)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5722-2015  

Radicación n° 46.662  

(Aprobado Acta No.  350)   

Bogotá D.C., treinta (30) de septiembre de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO    DE   LA  DECISIÓN   

Decide la Corte si es procedente admitir las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Daimler        Paul       Corrales       Figueroa       y     Carmen     Beatriz     Sandoval  Forero  contra  la sentencia de la Sala de Extinción  de  Dominio  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  del  2 de marzo de 2015, que  confirmó,  con  una adición, la proferida el 29 de mayo de 2014 por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado con funciones de conocimiento de la  misma  ciudad,  mediante  la cual los condenó, junto con Tae Yoon Kim, Sung Hee  Kim   W-O  Kim,  Julio  Alexander  García  Buitrago,  Felipe  Moisés  Corrales  Figueroa,  Arturo Hernando Martínez Peña y Hugo Antonio Sánchez Montenegro, a  título de autores, por el delito de lavado de activos.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE   

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juez plural en los siguientes términos:   

En los supuestos fácticos de la diligencia  de  formulación y aceptación de cargos para sentencia anticipada, la Fiscalía  consignó  que  el  17  de  junio de 2004, en el marco de la Operación Manatí,  quedó  al  descubierto  la  organización  delictiva  que lideraba Elías Cobos  Muñoz,  dedicada  al  tráfico  de  estupefacientes  a  través de las islas de  (sic)  caribe y utilizando  lanchas  rápidas; ello dio pie a la Operación Unión Caribe, con el propósito  de  identificar  y  perseguir  a  las personas que de manera directa o indirecta  habían   intervenido   en   el   blanqueo   de   capitales   provenientes   del  narcotráfico.   

En  esos  avatares  fueron  capturados  y  extraditados  a  Estados  Unidos  de  América,  entre otros, Uwe Wagener Silva,  Jorge  Humberto  González Callejas, Jesús Humberto Ricardo Rojas, Julio César  Ortiz Mateus y Ricardo Nieto Clavijo.   

Con  base en la documentación recaudada en  virtud  de  las diligencias de allanamiento y registro en las residencias de los  señores  Ortiz  Mateus  y  Ortiz  Jaimes, se conoció que DAIMLER PAUL CORRALES  FIGUEROA,  FELIPE  MOISÉS  CORRALES FIGUEROA, [ARTURO  HERNANDO]     MARTÍNEZ     PEÑA,    [CARMEN   BEATRIZ]   SANDOVAL   FORERO,  [JULIO  ALEXANDER] GARCÍA  BUITRAGO,  TAE  YOON  KIM,  [HUGO ANTONIO]  SÁNCHEZ  MONTENEGRO  Y  SUNG  HEE  KIM  W-O KIM, facilitaron sus  cuentas  bancarias  para  depurar el dinero que la organización obtenía con el  tráfico      de      estupefacientes.1   

2. El 10 de noviembre de 2006, por compulsa  de  copias  del  radicado  70736,  realizado el 31 de mayo del mismo año por la  Fiscalía   4ª   Seccional   de   la   Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de  Interdicción                Marítima2,  su  homóloga  24 profirió  resolución  de  apertura  de  investigación previa3.   

3.  Vinculados  a  través  de  indagatoria  Carmen    Beatriz    Sandoval    Forero,  Daimler Paul  y  Felipe  Moisés  Corrales  Figueroa,  Arturo  Hernando Martínez Peña, Julio  Alexander  García  Buitrago,  Tae Yoon Kim, Sung Hee Kim W-O Kim y Hugo Antonio  Sánchez  Montenegro  y definida su situación jurídica mediante proveídos del  7  de  octubre4   y   21   de   noviembre   de   20135   y   26   de   febrero   de  20146,  con medida de aseguramiento de detención preventiva, en calidad  de  presuntos  coautores  responsables  del  delito  de  lavado  de activos, los  procesados    manifestaron    su    intención    de    acogerse   a   sentencia  anticipada.   

4.  Suscritas  las  respectivas  actas  de  formulación  y  aceptación  de  cargos  por  Sandoval  Forero7,   los   hermanos  Corrales  Figueroa8,  Martínez Peña9,   García  Buitrago10,                  Kim11,  Kim  W-O  Kim12 y Sánchez  Montenegro13,  el  2  de  mayo  de  2014  el Juzgado Tercero Penal del Circuito  Especializado   de   Bogotá   avocó  el  conocimiento  del  asunto14.   

5. Tras la solicitud de libertad provisional  invocada  por  la  defensa  de Daimler Paul  y  Felipe  Moisés Corrales Figueroa, la juez del caso negó esta  pretensión  y  declaró  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir del acta de  aceptación  de  cargos  respecto  de  Felipe Moisés, y la ruptura de la unidad  procesal     respecto     de     dicho     sujeto15.   

6.  No obstante, como quiera que la defensa  interpuso  recurso  de  reposición  contra  la  mentada  decisión,  el juez de  conocimiento  la  repuso  en  lo  concerniente al decreto de nulidad, por cuanto  Felipe  Moisés  ratificó  su  intención  de  aceptar  cargos,  confirmando la  providencia        en        lo        demás16.   

7.  En  fallo  del  29  de mayo de 2014, la  juzgadora  condenó  a  Daimler Paul Corrales Figueroa,  Felipe  Moisés  Corrales  Figueroa,  Arturo Hernando  Martínez    Pena,    Hugo    Antonio    Sánchez    Montenegro,    Carmen  Beatriz  Sandoval  Forero,  Julio  Alexander  García  Buitrago,  Sung Hee Kim W-O Kim y Tae Yoon Kim por el delito  de  lavado  de  activos,  en  calidad de coautores, razón por la que a los tres  primeros  les  impuso  las  penas  principales  de  treinta y siete (37) meses y  quince  (15)  días  de  prisión  y  multa en cuantía de novecientos treinta y  siete  punto  cinco (937.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes y a los  restantes  treinta  y nueve (39) meses de prisión y mil seiscientos veinticinco  (1.625)  s.m.l.m.v., así como la accesoria, para todos, de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual término que la  sanción aflictiva de la libertad.   

Así  mismo,  les  negó  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria17.   

8.  Inconformes con el proveído de primera  instancia,  el  representante de la Fiscalía y los defensores de Carmen Beatriz  Sandoval   Forero,  Arturo  Hernando  Martínez  Peña,  Hugo  Antonio  Sánchez  Montenegro, Daimler Paul Corrales Figueroa,  Tae Yoon Kim  y  Sung  Hee  Kim  W-O  Kim  lo  apelaron,  y  el  2 de marzo de 2015 la Sala de  Extinción  de  Dominio  del  Tribunal  Superior de Bogotá lo confirmó, con la  única  adición consistente en ordenar la expulsión del territorio nacional de  los  dos  últimos  mencionados, una vez cumplan la pena de prisión18.   

9.  La  defensa  contractual de  Daimler  Paul Corrales Figueroa y Carmen  Beatriz     Sandoval     Forero     interpusieron19  y  sustentaron20  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LAS  DEMANDAS   

1.   A  favor  de  Daimler  Paul  Corrales  Figueroa   

Tras  identificar  las  partes, el defensor  aduce,  en  un acápite intitulado legitimación en la causa, que las sentencias  le  causaron  un  grave perjuicio a su representado, al ser condenado en calidad  de autor cuando debió serlo como cómplice.   

Enseguida, compendia la cuestión fáctica y  la  actuación procesal, particularmente, la diligencia de aceptación de cargos  y los fallos, y postula dos censuras.   

Primer cargo  

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de la Ley 600 de 2000, acusa la violación directa de la ley sustancial por  exclusión  evidente  del  artículo  30  de  la  Ley  599 de 2000 y aplicación  indebida    del    canon    29   ejusdem.   

En  desarrollo del reproche, reprueba a los  juzgadores  y  al  funcionario  investigador  por  dejar de analizar el grado de  participación de su asistido en el delito de lavado de activos.   

Luego  de aludir a algunos considerandos de  la  sentencia  impugnada acerca de la imposibilidad de cuestionar la presunción  de  inocencia, los medios de prueba, el grado de participación, las expresiones  de  culpabilidad,  las agravantes genéricas o específicas, cuando se ha optado  por  la sentencia anticipada, el censor critica que su prohijado fuera condenado  como  autor, «sin mayores análisis facticos (sic) ni  probatorios,   incluso   desestimando   la  propia  aceptación  de  cargos  del  procesado,   que   permitía  inferir  sin  mayores  elucubraciones  mentales  o  jurídicas,  que  lo que reconocía era el grado de participación en calidad de  cómplice»21.   

En  ese  orden,  es de la idea que tanto el  órgano  acusador como los sentenciadores incurrieron en un error de selección,  al  aplicar  el  precepto  29  del  Código  Penal, cuando han debido escoger el  inciso     2º     del     32    ibidem.   

En  criterio  del  letrado  el  Tribunal se  equivocó  al  considerar  que  quien lo precedió en el ejercicio de la defensa  tuvo  la  intención de sustraerse, en la alzada, de la aceptación de cargos de  su  cliente.  En  cambio, lo cuestionado, insiste, es la falta de «análisis  del  grado  de  participación,  de  acuerdo al material  probatorio    existente    y    a    la    propia   declaración   de   Corrales  Figueroa»22.   

Previa  cita  de  un  fragmento del acta de  aceptación  de  cargos, el defensor resalta que aquél admitió haber recibido,  en  su  cuenta  personal,  un  dinero  consignado  por  Oscar Pérez, pero no la  autoría   en   el   delito   de   lavado   de   activos   pues,  «con    su    propia   voz»23, aludió a  su  participación  como cómplice, aclarando que ese señor era un amigo que le  pidió  el  favor  de  recibir  una  plata  para  que se la guardara unos días,  cuestión  ésta respecto de la cual, ni la Fiscalía ni los juzgadores hicieron  alguna referencia.   

A    juicio   del   libelista   resulta  contradictorio,  desde  el  punto  de  vista fáctico que, inicialmente, el ente  investigador  y  el  a  quo  refieran,  de  acuerdo a la contabilidad encontrada a Julio César Ortiz Mateus,  a  tan  solo  dos  consignaciones  por  valor de $8.000.000 cada una, pero luego  señalen   que   todos   los   depósitos   en   la   cuenta   de   Corrales  Figueroa, durante los años 2004  y  2005,  ascienden  a  $51.900.000,  aduciendo  que  tales movimientos resultan  inexplicables.   

En  este  punto,  se  pregunta cómo, si lo  dicho  carece  de  explicación, se estableció, en grado de certeza, de cara al  testimonio  de  Ortiz  Mateus, y tan solo con la identidad entre los depósitos,  los  destinatarios y las cuantías que la totalidad del dinero circulante por la  cuenta  de  su  asistido  provenía  del  lavado  de  activos y que éste tenía  conocimiento  de  la ilícita procedencia de ese capital y del elaborado montaje  en procura de su legalización.   

Reprueba  la  atribución  de la calidad de  coautor   a   su  representado,  habida  cuenta  que  no  es  posible  equiparar  «su  posición  antijurídica  con  una  persona que  acepto      (sic)      cargos      –julio  Cesar  Ortiz  Mateus-  con el asentimiento de movimientos de  miles    de    millones    de    pesos»24.   

Agrega que «[l]a  simple     regla     de     la     experiencia»25         -no  la  identifica-  ha  debido  indicarle al juzgador  «que  una  persona  que  mueve en el sistema financiero miles de  millones  de  pesos, no le va a contar, comentar o decir a alguien que le recibe  dos  consignaciones  por  ocho  millones  de  pesos, de todo el entramado de una  organización   dedicada   a   la   legalización  de  dineros  provenientes  de  actividades     del    narcotráfico.»26    Sin  embargo,  para  el  fallador, el procesado intervino en la realización del tipo  objetivo,   a   título   de  coautor,  por  la  identidad  y  cuantía  de  dos  depósitos.   

Según  el  recurrente, el encartado actuó  ingenuamente  al  no  cuestionarse sobre el origen de los recursos y creer en su  amigo.  Al  respecto,  resalta  que  no  es  posible  endilgarle  a Corrales  Figueroa  la  calidad de autor,  dada  su  escasa  experiencia  en  los  negocios  y  su condición de estudiante  universitario  que,  al  igual  que  muchas  personas  en  el país –amas  de casa, empleadas del servicio  o   profesionales-   «no  le  permitía  inferir  la  existencia  de todo el entramado de la organización delictiva que se dedicaba a  lavar     millones     de    dólares»27.   

A  manera de conclusión, acusa al Tribunal  por  no  «realizar un análisis de la inteligibilidad  y   la   literalidad  de  la  acepción»28    e  inobservar  la  actuación inocua del defensor, que, en criterio del demandante,  debió  conducir  a  la  nulidad  de  la aceptación de cargos, tal como se hizo  respecto de Felipe Moisés Corrales Figueroa.   

Solicita   casar  parcialmente  el  fallo  impugnado,  a  efecto  de  condenar  a  su  asistido, en calidad de cómplice, y  «recalcular  el quantum punitivo de acuerdo al grado  de   participación  reconocido,  teniendo  en  cuenta  que  la  aceptación  de  responsabilidad  se  dio  antes  de  la  etapa del juicio, y que la fecha de los  hechos    el    encartado    no    poseía   antecedentes   penales.»29   

Cargo segundo (subsidiario)  

Por  la  vía  de  la  causal  tercera  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, denuncia la ausencia de defensa técnica  adecuada,  que  le  permitiera,  durante  la  indagatoria  y  la  formulación y  aceptación  de  cargos,  «oponerse a la pretensión  punitiva  del  estado (sic), conforme a los presupuestos fácticos y probatorios  existentes         procesalmente»30.   

Reprueba, asimismo, al juez de primer nivel  por  no velar por que dicha asistencia no fuera simplemente formal sino material  y coadyuvar a que la defensa no cumpliera con su gestión.   

Previa reproducción de la manifestación de  aceptación  de  responsabilidad  por  parte  del  procesado  y  síntesis de la  intervención  de  su  abogado,  cataloga  de  desacertada su asesoría técnica  porque  en  relación  al  hermano  de  su  prohijado  -Felipe  Moisés Corrales  Figueroa-  el  juez  de  conocimiento  declaró  la nulidad de su aceptación de  cargos  por estimar que trató de justificar su conducta, lo que ha debido hacer  con  Daimler  Paul,  por  cuanto  su  admisión  de  responsabilidad  en  la que  expresó:   “que  en  mis  cuentas  fueron  platas  consignadas    por    medio    de    este    señor   Oscar   Pérez»31,     equivale    a    un  «[p]ronunciamiento   que  contenía  impresiones  o  vaguedades     respecto     de    la    responsabilidad    endilgada»32     y     «ponía  en  debate  el  tema  de la coautoría, la conciencia de la  ilicitud  y  el  conocimiento  del  dolo»33.   

En todo caso, precisa que aquella decisión  respecto  del  consanguíneo  de  su cliente fue revocada por el sentenciador, a  petición  de  la defensa, quien insistió en la intención de Felipe Moisés de  acogerse a sentencia anticipada.   

Añade  que,  la  defensa  se  limitó  a  solicitar    la    libertad    provisional    de   su   procurado   –con   fundamento   en   una   norma  inaplicable  al  caso-,  renunciando al recurso contra la decisión que definió  la situación jurídica.   

Así  las  cosas,  estima  vulnerados  los  derechos   al  debido  proceso  y  a  la  defensa  por  parte  del  a  quo y del defensor. El primero, porque  no  hizo  nada  para  amparar  esas  garantías y el segundo, como quiera que no  interpuso   recursos   ni  reclamó  «aclaración  o  determinación   de   la   calidad   en   que   se   le   imputaba   cargos   al  procesado»34,     pues,     en     su  manifestación,  el  procesado dejó «establecido que  esta  conducta  se  desplego  (sic)  por  conducto  de  otra  persona  y  que su  aceptación  solo  (sic)  se  refería  a unas platas, que esa persona le había  consignado,  en  concordancia  de  lo dicho en indagatoria, donde se estableció  que  era  un  favor  a  un  amigo,  sin  mayor  trascendencia  o conocimiento de  entramado   alguno   en   el   lavado   de   millones  de  dólares.»35   

Como corolario de lo anterior, advera que el  fallo  acusado  fue dictado en un juicio viciado de nulidad desde la resolución  que  definió  la  situación  jurídica,  por no contar con un defensor capaz e  interesado  en materializar el derecho a la defensa, situación que convalidaron  las  instancias  al  admitir  la  aceptación  de  cargos,  en  las  condiciones  anotadas, como base de la sentencia condenatoria.   

Pide  casar  el  fallo  de  segundo grado y  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  la  providencia  que  definió la  situación jurídica.   

2.  A  favor  de  Carmen  Beatriz  Sandoval  Forero   

Inicia por identificar a los procesados y la  sentencia  impugnada,  citar los hechos como fueron concebidos por el Tribunal y  compendiar  la  actuación  procesal,  particularmente,  los fallos de primera y  segunda  instancias  para, después, invocar la causal primera del artículo 207  de    la    Ley    600    de   2000,   con   ocasión   de   la   «violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  en  la  aplicación  indebida  de  la ley (sic) 1709/2014 Art. 29; Ley 906/2004 Art. 314  Numeral  4º;  parágrafo final del Art. 68A que establece “Lo dispuesto en el  presente  articulo  (sic) no se aplicara (sic) con respecto a la sustitución de  la  detención  preventiva  y  de la sustitución de la ejecución de la pena en  los  eventos  contemplados  en  los  Numerales 2, 3, 4 y 5 del Ar. 314 de la Ley  906/2004  ni  en  aquellos  eventos  en los cuales se  aplique  el  principio  de  oportunidad,  los  preacuerdos  y negociaciones y el  allanamiento  a  cargos»36.        (Subrayas no originales).   

Explica que el yerro denunciado es producto  de  errores  de hecho por falso juicio de identidad y falso juicio de existencia  por  omisión. Particularmente, asevera que al evaluar los medios de prueba, los  falladores   tergiversaron,   distorsionaron,   cercenaron   y  adicionaros  sus  contenidos adjetivos.   

Precisa que la aplicación indebida de las  normas  mencionadas  se produjo cuando al negar la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena, los falladores consideraron que la bancada de la defensa  estaba  pidiendo  la  aplicación  de  una tercera ley que está prohibida, pues  olvidaron  que  la Ley 1709 de 2004 excluyó el factor subjetivo, «he  (sic)  inclusive  plasmo  (sic) para la no concepción (sic) un  listado  de  prohibitivos  que  se  consagran en la ley anterior el cual no hace  parte     de     esa     prohibición»37.   

Resalta,   igualmente,   que   ningún  instrumento  internacional  proscribe el aludido subrogado a personas condenadas  por  delitos  relacionados  con  el  terrorismo, contra menores o por el que fue  condenada  su  prohijada.  Al  efecto,  se  apoya  en  los  cánones  15.1 de la  Convención  Interamericana contra el Terrorismo y 11.4 de la Convención de las  Naciones  Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional, que establecen,  en  su orden, que cualquier medida se llevará a cabo con respeto a los derechos  humanos  y  que  se debe tener en cuenta la gravedad del delito en la concesión  de dicho instituto.   

En  criterio del demandante, las normas de  derecho  interno  que  limitan el reconocimiento del subrogado no son aplicables  conforme  al  bloque  de constitucionalidad y el principio de integración. Para  el  efecto,  acude  a  los  preceptos  10.3  y  60.2  del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  a una síntesis de la opinión del Comité de  Derechos  Humanos, a las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas sobre Medidas no  Privativas    de    la   Libertad   o   “Reglas   de   Tokio”   –reglas    1.5   y   2.4-,   a   las  Recomendaciones  de  Cooperación  Internacional para Reducir el Hacinamiento en  las   Cárceles   y   Promover   la   Aplicación  de  Condena  Sustitutiva  del  Encarcelamiento,  al  canon  110.3  del  Estatuto  de  Roma,  a  las  Reglas  de  Procedimiento     y     Pruebas     –números  223 y 224-, al artículo 38.1.D. del Estatuto de la Corte  Internacional     de    Justicia    –sobre  aplicación  del  precedente  como fuente formal del derecho  internacional-.   

Sobre la prohibición de penas inhumanas y  degradantes,  el  defensor  acude  a  la  interpretación de la Corte Europea de  Derechos  Humanos  como  a  los  preceptos  5º  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos,  7º  del  Pacto Internacional de Derechos Humanos, 5.2 de la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos, 16 de la Convención contra la  Tortura  y  otro  Trato  o  Penas  Crueles, Inhumanos o Degradantes, 6 y 7 de la  Convención  para  Prevenir  y Sancionar la Tortura y a la Declaración sobre la  Protección  de  Todas  las  Personas  contra  la Tortura y otros Tratos o Penas  Crueles, Inhumanos o Degradantes.   

Luego  de  señalar  que  según  la Corte  Europea  de  Derechos  Humanos,  «el equilibrio entre  las  justificaciones  de  la  privación  de  la  libertad  no es necesariamente  estático   y   pueden   (sic)  variar  en  el  curso  del  cumplimiento  de  la  pena»38,  el  libelista asegura que  la  condena  de  ejecución  condicional,  tras  purgar  el sentenciado las tres  quintas  de  la pena en el domicilio es un derecho humano e integra el bloque de  constitucionalidad,  pese  a  las prohibiciones domésticas. Es este, advera, el  espíritu  de  la  Ley 1709 de 2014, la cual, «derogo  (sic)  tácitamente  los  regímenes especiales que prohibían su concepción en  razón      de      la      naturaleza     de     la     infracción»39.   

Tras apoyarse en un segmento de la ponencia  al  proyecto  que  dio  lugar a la Ley 1709 de 2014, reflexiona indicando que su  intención   fue   «conjugar   (sic)   inmediata  y  urgentemente  el hacinamiento carcelario»40 y procurar  la resocialización en la ejecución de la pena.   

Según  el  letrado,  la  pretensión  del  legislador  era  que no existiera prohibición alguna respecto de ningún delito  para  el  reconocimiento del instituto, «y así quedo  (sic)    en   el   texto   que   hoy   es   aplicado   por   el   principio   de  favorabilidad.»41   

De  esta  manera, estima que la norma más  benigna  a la procesada es el artículo 29 de la Ley 1709 de 2014, que modificó  el 63 de la Ley 599 de 2000.   

A continuación, en un acápite que nomina  «VALORACIÓN  DE  LA  CONDUCTA  PUNIBLE»42,  cita  otro  aparte de los  antecedentes  legislativos de la referida disposición acerca de la eliminación  del  factor  subjetivo,  reseña  que  a  su procurada le fue negada la prisión  domiciliaria  por  enfermedad  grave,  de  acuerdo  con  el dictamen del médico  legista  que  consideró que su padecimiento no era incompatible con el régimen  carcelario  y  asegura  que acreditó la trascendencia del reparo, pues si no se  hubiera   incurrido  en  los  errores  denunciados,  los  fallos  habrían  sido  diversos.   

Agrega  que  no  violó el principio de no  contradicción  porque «estas modalidades de error de  hecho  y de derecho respectivamente no solo corresponden al ámbito de la causal  primera  de  casación, cuerpo segundo, sino que además es claro que cada uno e  (sic)  esto  (sic)  yerros  se  plantean  frente a los ejercicios de evaluación  desplegados  por el fallador de segunda instancia en torno de pruebas diversas e  independientes  y,  por  sobre  todo, delimitadas e individualizadas para dichos  efectos.»43   

Enseguida,    bajo   el   título   de  «DEMOSTRACION  DE LOS ERRORES DE DERECHO»44   se  dispone,  según  lo  anuncia,  a  glosar  los  fallos  en  punto  de  la pena de prisión de 39 meses  –la    cual   supera  «los    36    meses    a   la   que   en   derecho  correspondía»45-  y  de  la negación de la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  de  la  prisión  domiciliaria,  aunque,  solamente,  alude  a la gravedad del delito de lavado de  activos  como  un  injusto  que  pone  en  peligro  la economía nacional y a la  imposibilidad  de  tasar  la  pena dentro del primer cuarto y de conceder algún  sustituto penal.   

Para  cerrar,  sostiene que los errores de  derecho  son  trascendentes,  porque  de  no haber incurrido en ellos se habría  concedido   «la   suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  de  que  trata el Art. 29 de la Ley 1709 de 2014, que  modifica  el  Art.  63  de  la  ley  600  del  2000, este ultimo (sic) Artículo  también  hubiese sido procedente y lo es si dicha pena se hubiese ubicado en 36  meses  de  prisión  pues  al no existir circunstancias de mayor punibilidad, el  fallador   tanto  de  primera  y  segunda  instancia  debieron  colegir  que  la  aplicación  debía  ubicarse  en  el  mínimo  del  primer  cuarto.»46   

Finalmente,  de  acuerdo  con el canon 314  –no  señala  de  qué  Estatuto-  11  y  12  Superiores,  5.2  de  la Convención Americana de Derechos  Humanos  y  10.1  del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos,  relieva  que  la  existencia de una enfermedad grave repudia la privación de la  libertad  en  un  centro  carcelario,  máxime  cuando  en  este caso, el centro  carcelario  manifestó  que  no  cuenta  con especialistas en medicina interna y  cardiología,  ni tiene los medios para afrontar una complicación del estado de  salud generado por una urgencia.   

Solicita  casar  la sentencia confutada, a  efecto  de  que  se  emita  fallo  de  reemplazo  que  reconozca  la  condena de  ejecución  condicional  a  la  procesada  e  imponga  una  pena  de 36 meses de  prisión. Subsidiariamente, depreca la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES   

De  conformidad  con  el artículo 213 del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  los  presupuestos ni cumple con las exigencias mínimas previstas en  el artículo 212 del mismo Estatuto.   

En orden a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000.   

En  ese  sentido,  la  demanda  debe  ser  íntegra  en  su  formulación,  suficiente  en  su  desarrollo  y  eficaz en la  pretensión,  de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que rigen  este  mecanismo  de  impugnación,  en  especial,  los  de claridad, precisión,  fundamentación,  prioridad,  no  contradicción, corrección material, crítica  vinculante  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a la manera de un  alegato  de  instancia.   La  proposición  de  los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.1.  A  favor  de  Daimler  Paúl Corrales  Figueroa   

2.1.1. Primer cargo  

Además que el censor vulnera el principio  de   prioridad   porque  antepone  a  su  pretensión  de  nulidad  –segunda  censura-  la  de emisión de  fallo  de reemplazo parcial, en punto del grado de participación atribuido a su  mandante,  carece  de  todo  interés jurídico para reclamar esto último, como  quiera  que,  al aceptar responsabilidad en la comisión del delito de lavado de  activos,  su  asistido  renunció voluntariamente a toda controversia probatoria  acerca  de  la  materialidad  de la conducta punible y la responsabilidad que le  cabe  en la misma y, en tal sentido, por este solo hecho, procede la inadmisión  del reproche.   

En  efecto, el artículo 213 de la Ley 600  de   2000   prevé,   expresamente,   que  «[s]i  el  demandante  carece  de interés o la demanda no reúne  los     requisitos    se    inadmitirá   y   se   devolverá   el   expediente  al  despacho  de  origen.  (…)».  (Subrayas  fuera  del texto original).   

Cuando se opta por terminar anticipadamente  el  proceso,  la  opción  de  censura para la defensa queda reducida a discutir  asuntos  estrictamente  relacionados  con  la  dosificación  de  la  pena,  los  mecanismos  sustitutivos de la sanción privativa de libertad, la violación del  principio  de  congruencia,  o la transgresión de las garantías fundamentales.   

En el caso de la especie, el jurista estaba  impedido  para  postular  cualquier  desacuerdo  contra  el  juicio  de reproche  enervado por los juzgadores respecto del reato admitido.   

En  verdad, producida la manifestación de  allanamiento  a  la  imputación jurídica realizada por el persecutor penal, el  juzgador  está  obligado  a  dictar  sentencia  «de  acuerdo  a  los  hechos  y  circunstancias aceptadas, siempre que no haya habido  violación  de  garantías  fundamentales»,  en  los  términos     del     inciso     3º     del     artículo    40    ejusdem.    

Recábese que, por razón de tal asunción  con  vocación  de  sentencia  anticipada, a la que se sometió el enjuiciado de  manera   libre   e   informada,   éste  renunció  al  axioma  superior  de  no  autoincriminación  y,  por  ende,  a  gozar  de un juicio público y rodeado de  garantías  tales  como  la  de  contradicción,  en  el  que  pudiera ejercer a  plenitud  el  derecho  de  defensa,  conducta  procesal  por la que optó con el  propósito de hacerse a un descuento punitivo.   

En ese orden, como lo destacó el Tribunal,  una  vez  perfeccionada  la  expresión voluntaria de culpabilidad, el encartado  declinó  a  cualquier  otra  oportunidad para debatir los hechos y los soportes  probatorios   que   pudieran   servir   de   base   a  la  acusación  del  ente  investigador.   

No  podía,  por consiguiente, el defensor  desatender,  a  la  manera de una retractación, la clara situación procesal de  su  prohijado,  para  insistir ante la Corte en un aspecto superado desde cuando  aquél  aceptó  la  autoría  del  injusto de lavado de activos que le fuera endilgado, ello bajo el peregrino  argumento   de  que  lo  que  su  cliente  expresó  durante  la  diligencia  de  aceptación  de  cargos,  es  que  su  intervención fue a título de cómplice,  sobre  todo  porque,  vulnera  el  principio lógico de corrección material, al  aseverar  que  del  texto  de  la  manifestación  de  autoincriminación  de su  procurado  se  desprende  que  lo reconocido, con su propia voz, fue el referido  grado  de  participación  y  no  el  de  autor,  pues tanto de la verificación  preliminar  del  expediente  como  de  la transcripción que, el demandante hace  sobre  el  particular,  se  desprende  con,  absoluta  claridad, que el grado de  participación  que  el  funcionario acusador le endilgó y el procesado aceptó  fue el de autor.   

Así se lee en el siguiente aparte del acta  de formulación y aceptación de cargos:   

Preguntado  DAIMLER PAUL CORRALES FIGUEROA  si  es su deseo manifestar en forma expresa, clara, libre y voluntaria si acepta  los  cargos y la responsabilidad que en esta diligencia le formula la Fiscalía,  como    autor    del    delito    de    lavado   de  activos,  contestó:  Si acepto, si claro, que en mis  cuentas  fueron  platas  consignadas  por  medio  de este señor OSCAR PEREZ. Si  acepto.47 (Subrayas no originales).   

A  lo  anterior,  es indispensable agregar  que,  incluso  si  el jurista hubiera tenido interés para denunciar el presunto  yerro,  la  ruta  de  ataque escogida por el demandante deviene equivocada, toda  vez  que  cuando  se  acude  a  la  senda  de  la  infracción directa de la ley  sustancial,  el  casacionista  tiene  el  imperativo  insoslayable de aceptar la  prueba  y  la  cuestión  fáctica,  tal  cual  se  produjo  en el proceso y fue  valorada  por  el  Tribunal.  No obstante, en el asunto examinado, el recurrente  cuestiona  abiertamente  la  valoración probatoria, postura que ubica el reparo  en el ámbito de la infracción indirecta.   

En este punto, resulta conveniente precisar  que  si  lo pretendido por el profesional del derecho era poner en evidencia una  presunta  contradicción,  derivada  de tener por probada la existencia de sólo  dos  consignaciones  por $8.000.000, cada una, para después señalar que fueron  varios  los  depósitos  en la cuenta de ahorros del procesado durante los años  2004  y  2005, en cuantía de $51.900.000, debía postular un error de hecho por  falso raciocinio.   

De  cualquier  modo,  tal reproche habría  estado  abocado  al  fracaso  porque, verificados los fallos, se constata que no  hay  ninguna  inconsistencia,  si se advierte que, aunque son dos los recibos de  consignación,  por  valor  de $8.000.000, encontrados en la casa de Julio Cesar  Ortiz  Mateus,  durante  la  diligencia de inspección judicial practicada a ese  inmueble,  otra  prueba,  esto  es, los extractos bancarios mostraron que fueron  más    los    depósitos    realizados    en   la   cuenta   de   ahorros   del  procesado.   

Para  mayor  claridad,  bien está traer a  colación  las  estimaciones  del  a  quo al respecto:   

Se  encuentra  conectado  con la actividad  ilícita  de  lavado  de  activos,  por  evidencia recaudada en la residencia de  JULIO  CÉSAR  ORTIZ  MATÉUS,  de  donde  se  sustrae  que los días 21 y 29 de  noviembre   de   2004,   en   la   cuenta  bancaria  de  DAIMLER  PAUL,  número  4871452130948,  entraron  dos  consignaciones,  cada  una  por $8.000.000. Otros  documentos           del          paginario49,    corroboran   que   el  procesado  era el titular de esta cuenta de ahorros en Bancolombia, por medio de  un  contrato  que  el  mismo  Banco  decidió finalizar unilateralmente el 08 de  abril de 2005.   

Con los extractos y movimientos financieros  allegados,  la Fiscalía destacó que el monto general del dinero proveniente de  la  actividad  de  narcotráfico que el procesado pasó por la mencionada cuenta  de  ahorros,  analizado  el  periodo  del  31 de marzo de 2004 al 31 de marzo de  2005,  ascendió a $51.900.000, distribuidos en siete consignaciones, incluyendo  las  que  arriba se describieron; una de $3.800.000 el 04 de mayo de 2004; en el  año  2005,  el  04  de febrero, otra por $24.000.000, y el 16 del mismo mes por  $6.500.000.   

La Fiscalía encontró que los comprobantes  de  depósito  visibles  a  folios 26, 28 y 29 a 31, corresponden con las cifras  anotadas  en  la contabilidad rudimentaria de ORTIZ MATÉUS: “de los extractos  que  posee,  se observa que al ser hecha la primera consignación cuestionada la  cuenta  estaba  en  ceros (…) y los retiros de esa primera ocasión fueron por  cajero  automático  en  distintos  días y varios el mismo día; (…) además,  DAIMLER  recibía  ordinariamente  ingresos  por “pago nómina”, de ahí que  las    consignaciones    por    varios    millones    resultaban    y   resultan  inexplicables50.51   

De  la  misma  manera, por decir lo menos,  deviene  completamente descontextualizado el análisis del defensor acerca de la  aseveración  de la Fiscalía, que consta en el acta de formulación de cargos e  indica  que  los  movimientos  de  la  cuenta  de ahorros del procesado resultan  inexplicables,  pues  no  es  como  lo  sugiere el defensor que ello implica una  falta   de   soporte   probatorio   frente   al  proceder  antijurídico  de  su  representado.   

En   realidad,  el  letrado,  de  manera  conveniente,  omite  un  segmento  que  complementa  dicha  afirmación del ente  acusador,  citado  por  el  juez  de  primer  nivel,  en  el  sentido  que tales  consignaciones  no  están  justificadas, precisamente, debido a que los únicos  ingresos    adicionales    que    reporta    Daimler  Paúl son por concepto de nómina.   

Igualmente,   falta   a   la  verdad  el  memorialista  cuando asegura que su asistido, en la diligencia de aceptación de  responsabilidad,  explicó  que  su  participación  en  el  reato, se limitó a  hacerle  un favor a un amigo, consistente en guardar una plata en su cuenta, por  unos   días,   pues  dicha  exposición  no  obra  en  parte  alguna  del  acta  correspondiente.   

Así  las  cosas,  para  la  Sala  no  hay  evidencia  de  que los juzgadores erraran al aplicar el artículo 29 del Código  Penal    y   excluir   el   30   ejusdem,   máxime   si  se  tiene  en  cuenta  que  la  descripción  del  comportamiento   desplegado   por   el  inculpado,  consignada  en  el  acta  de  aceptación   de  cargos,  que  hace  las  veces  de  acusación,  suscrita  por  Daimler   Paúl,  con  la  asistencia  de  su  abogado  de  confianza,  en  señal  de aprobación, indica,  expresamente  que  al  lavar  el  dinero  que  le fue depositado en su cuenta de  ahorros,  el  procesado  actuó «con voluntad propia,  no  bajo  coacción  o  por error, ni era menor o inimputable para el momento de  los  hechos  y  conocía  las  circunstancias  constitutivas  de  la infracción  penal»52,   así  como  que  tenía  estudios,  que  no  cabe  ninguna consideración de ignorancia pues es frecuente  que  los  medios de comunicación alerten a la comunidad para que no presten las  cuentas,  y  que  los bancos tienen similar obligación informativa frente a sus  cuentahabientes.   

En ese orden, la violación de una presunta  regla  de  la  experiencia,  que no denuncia a través del falso raciocinio y ni  siquiera  identifica  pero  que, según el censor, llevaría a establecer que el  sentenciado  no  conocía  de  la ilicitud del dinero consignado en su cuenta de  ahorros,  porque  quien  lo depositó, siendo un delincuente a gran escala no le  habría  contado  el  origen  del  mismo,  no  encuentra  ningún  soporte en la  asunción  de  responsabilidad  a  título  de  dolo  que,  en uso de sus plenas  facultades  suscribió,  con  la  asistencia  de  su  defensor,  para acogerse a  sentencia anticipada.   

De  otra parte, completamente insustancial  parece  ser  el  reproche  del censor que indica que no era posible equiparar la  conducta  antijurídica  desarrollada  por  su  asistido  con la de Julio César  Ortiz  Matéus,  quien  aceptó cargos por blanquear miles de millones de pesos,  pues  es claro que el tipo penal de lavado de activos no distingue, para efectos  de  la  imputación  jurídica del resultado, conforme a la cuantía, razón por  la  que,  para  hacerse acreedor a la sanción penal descrita en la norma, basta  que   el   sujeto  activo  de  la  infracción  adquiera,  resguarde,  invierta,  transporte,  transforme,  custodie  o  administre  bienes  que  tengan su origen  mediato  o inmediato en actividades de tráfico de migrantes, trata de personas,  extorsión,  enriquecimiento  ilícito, secuestro extorsivo, rebelión, tráfico  de  armas,  delitos contra el sistema financiero, la administración pública, o  vinculados  con  el  producto  de  los  delitos  objeto  de  un  concierto  para  delinquir,  relacionada  con  el  tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o  sustancias  sicotrópicas,  o  les  de  a  los  bienes  provenientes  de  dichos  actividades  apariencia  de  legalidad  o  los  legalice,  oculte  o  encubra la  verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación, destino, movimiento o derecho sobre  tales  bienes  o  realice  cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen  ilícito, incurrirá por esa sola conducto.   

Así mismo, la impropiedad de la censura se  hace  más  palmaria  cuando  se  observa que el demandante denuncia la falta de  aplicación  del  inciso 2º del artículo 32 del Código Penal, que condensa la  causal   de   ausencia   de   responsabilidad   consistente  en  actuar  con  el  consentimiento  válidamente  emitido  por parte del titular del bien jurídico,  en  los  casos  en  que  se  puede  disponer  del mismo, supuesto del cual no se  comprende  cuál  es  su  incidencia,  porque  ni  el libelista lo explica ni se  ajusta a alguna circunstancia fáctica relacionada con el injusto.   

Finalmente, es claro que el alegato, acerca  de  la necesidad de declarar la nulidad de la aceptación de cargos con ocasión  de  la  inocua  defensa  técnica  que habría tenido el procesado durante dicho  acto  procesal,  vulnera  el  postulado  de  autonomía  de las causales pues no  podía  ser  intentado  al amparo de la causal primera sino de la tercera, tal y  como lo hace en el reproche que a continuación se examina.   

2.1.2 Segundo cargo (subsidiario)  

Son   dos  los  motivos  que  llevan  al  demandante  a  reclamar  la  invalidación  de la actuación. De un lado, estima  equivocado  que el juzgador de primer nivel no haya procedido de la misma manera  que  con  el  hermano  del  procesado  –Felipe  Moisés-,  es  decir, a anular su aceptación de cargos por  encontrarla  contraria  a  una renuncia voluntaria e inequívoca al derecho a la  controversia  probatoria  y  de  otro,  considera  que  su cliente no contó con  defensa técnica adecuada.   

Sobre el primer aspecto, es palmario que el  procesado  no  está  en  idénticas  condiciones a las de su hermano, como para  pensar  en  la  aplicación  por  el a quo de igual consecuencia jurídica.   

En  efecto,  es  el mismo recurrente quien  precisa  que  al  aceptar  su responsabilidad en el delito de lavado de activos,  Felipe  Moisés  aclaró  que no sabía que los dineros depositados en su cuenta  provenían  del  narcotráfico,  mientras  que  Daimler  Paúl no hizo tal salvedad, limitándose a admitir su  calidad  de  autor  en  el  delito  de  lavado de activos y a confirmar que a su  cuenta ingresaron dineros consignados por Oscar Pérez.   

En  ese orden, el juzgador, tratándose de  Daimler  Paúl,  no  tenía  otra  alternativa que darle curso a la sentencia anticipada, al constatar que la  manifestación      autoincriminadora      era      libre,      voluntaria     y  determinada.   

En cuanto al segundo tópico, es  primordial recordar que la  demostración de deficiencias en la defensa técnica, como vicio  capaz   de  quebrantar  las  garantías  esenciales  del  individuo  sometido  a  juzgamiento,        requiere       probar  que la actitud procesal asumida por el defensor obedeció a  la  decisión  negligente  de agenciar sus derechos sin apego a los lineamientos  que    el    ejercicio    de    la    profesión    de    abogado   –con especial énfasis en el área del  derecho  penal- le demandan, reseñar la omisión o la actuación desplegada que  se  tacha  de inapropiada y, mostrar por consecuencia, la actividad objetiva que  debió  desarrollar,  para  finalmente  precisar  su  incidencia  de  cara a las  conclusiones del fallo cuestionado.   

No basta que el casacionista oponga su sola  inconformidad  con  la  estrategia  planteada  por  quienes le precedieron en la  representación  judicial  de  los  intereses  de  su  prohijado,  o repudiar en  términos  genéricos la actividad o pasividad procesal que rigió su desempeño  para   condenar   su   gestión   y   atribuirle  la  responsabilidad  de  haber  desencadenado  un  fallo  adverso,  pues, en veces, determinada actitud procesal  del  letrado  o  su  aparente inercia responden a una estrategia preconcebida en  favor de los intereses de su cliente.   

Así   lo   tiene   decantado   la  Sala  (CSJ  SP,  20  may.  2003.  Rad.  28.013):   

Es  claro  que  en  el  ejercicio  de  esa  asistencia  técnica,  el  profesional cuenta con total libertad para establecer  la  estrategia que en su criterio sea la idónea para beneficiar a su protegido.  Solamente  el  defensor,  nadie  más,  puede  determinar  cuál  es la táctica  apropiada,  para  determinar  la  cual  (sic)  tiene  como únicas limitantes el  ordenamiento  jurídico aplicable, lo actuado dentro del proceso y su compromiso  ético    para   con   su   cliente,   que   juró   cumplir   al   acceder   al  título.   

En    ese    contexto,    el  juicio  que corresponde hacer, cuando de cuestionar la gestión  defensiva  se  trata,  no puede partir de los resultados a que finalmente llegó  el  trámite,  ni puede hacerse desde una valoración posterior, según el mejor  modo  de  pensar  de  quien  sucedió  al profesional inicial. La estimación se  impone  realizarla  desde  una  posición  ex  ante, esto es, que quien pretende  hacer  la  censura  debe  realizar el ejercicio mental de situarse en el momento  previo  a  aquel  tachado de negligente y objetivamente razonar y concluir si en  idénticas  circunstancias una persona (abogado) promedio con mediana diligencia  hubiese      actuado      de      igual     o     diversa     manera.   

Dentro  de  esa  perspectiva, la  inactividad  del  defensor, por sí misma, no puede ser tachada  de  negligente,  como que solamente la consideración  de  los  lineamientos  reseñados  permitirá  inferir si de conformidad con las  circunstancias  específicas  de  tiempo, modo y lugar que enfrentaba el abogado  una  omisión  concreta  pudo  obedecer  a  una  estrategia o fue producto de la  desidia.   

No  debe  dejarse de lado que el defensor,  por  serlo,  no  pierde  la  condición  de abogado, que comporta, más allá de  buscar   el   mejor  estar  de  su  asistido,  el  respeto  irrestricto  por  el  ordenamiento  jurídico,  esto  es,  que  debe  ser  leal en la búsqueda de una  cumplida  administración  de  justicia, que no es cosa diferente a coadyuvar en  la aplicación de la Constitución y la ley.   

En  esas  condiciones, al abogado-defensor  debe   complementar   todos  esos  deberes  en  el  ejercicio  de  su  función,  consecuencia  de  lo  cual  es  que no se le puede exigir que, a pretexto de ser  calificado  como  diligente,  recurra  todos los pronunciamientos judiciales, ni  que  pase  infinidad  de escritos haciendo toda clase de postulaciones, en tanto  impugnaciones  o peticiones inoficiosas puede tornarse en dilatorias, desleales,  toda   vez   que   solamente   apuntarían   a   entorpecer  el  desarrollo  del  juicio. (Subrayas fuera del  texto original).   

Y más recientemente, en el mismo sentido,  la   Corte  precisó  (CSJ  AP.  9  mar.  2011.  rad.  35.364):   

(…)  cabe  reiterar  que  en  materia  del ejercicio de la defensa técnica, la Corte se ha  orientado  por sostener que el defensor, sea de confianza, de oficio o vinculado  al  servicio  de defensoría pública, en ejercicio de la función de asistencia  profesional  goza  de  total  iniciativa, pudiendo presentar las solicitudes que  considere  acordes  con  la  gestión  encomendada,  o  interponer  los recursos  pertinentes,  o incluso a pesar de tener una actitud vigilante del desarrollo de  la  actuación,  asumir  una  pasiva  por  estimar  que  esa  puede ser la mejor  alternativa  de defensa, y no por estar en desacuerdo con la estrategia asumida,  o  haber  sido  adversos  los resultados del juicio, hay lugar a sostener que el  derecho  de  defensa  ha  sido violado por ausencia de defensor idóneo, pues la  ley  no  le  impone  al  abogado derroteros en torno a la estrategia, contenido,  forma  o  alcance  de  sus  propuestas,  ni  la  aptitud  de  estas gestiones se  establece    por   los   resultados   del   debate53.   

En  el  caso  de  la  especie,  las  fases  demostrativas  del  reproche  no  fueron debidamente abordadas por el impugnante  porque  acusó  a su predecesor de inadvertir que la manifestación de asunción  de  responsabilidad  de  su  representado  no era precisa, pero dejó de lado la  ineludible  tarea de justificar apropiadamente cuál hubiera sido el aporte real  y  específico  de  la intervención del defensor, si se considera que, tal como  se  viene  sosteniendo, la expresión de culpabilidad realizada por Daimler  Paúl,  distinto  a la efectuada  por  su hermano, no permite inferir cosa diferente a la intención explícita de  aceptar su participación, como autor, del punible endilgado.   

Además, auscultada el acta de formulación  y  aceptación de constata que el defensor reclamó para su cliente y su hermano  lo siguiente:   

Con  fundamento en los artículos 38 y 38B  del  C.P., adicionado por la Ley 1709 de 2014, artículo 68ª, adicionado por el  artículo  32  de  la  Ley  1142 de 2007, y artículo 28 de la Ley 1453 de 2011,  modificado  por  el artículo 13 de la Ley 1454 (sic) de 2011, quiero aclarar al  señor  Juez,  que  al  momento de proferir sentencia por el delito de lavado de  activo  (sic)  tenga en cuenta que la Ley 1126 de 2007 fue la norma que excluyó  los  beneficios  por  esta  clase  de delitos, teniendo en cuenta que los hechos  ocurrieron  para  los  años  2004  y  2005, por ello le solicito que como lo ha  dicho  la  Fiscalía,  para  la  imposición deberá moverse dentro lo9oss (sic)  cuartos  mínimos  y  como quiera que mi (sic) asistidos desde su primer momento  de  la indagatoria, aceptaron dde (sic) alguna manera los hechos, para que en el  momento   de   la   valoración   probatoria   tenga  en  cuenta  lo  mencionado  anteriormente.   Siendo   las  cosas  por  principio  de  favorabilidad  deberá  aplicársele  la Ley 1709 de 201º4 (sic), en su artículo 32 por lo tanto se le  debe  conceder  subrogados de condena de ejecución condicional, toda vez que la  pena  a imponer no sobrepasaría los 48 meses, si partimos del mínimo sería de  36  meses  pena imponible por el delito de lavado de activos, teniendo en cuenta  que  los  señores  CORRALES  FIGUEROA  carecen de antecedentes penales y por lo  tanto  están  cobijados pio (sic) rete (sic) beneficio de condena de ejecución  condicional.54   

En  verdad,  se  observa  que el  demandante  sobrepuso,  de  manera  subjetiva,  su percepción  jurídica sobre la      de      los     profesionales  del        derecho        que       asistieron  a  su  prohijado  en  la  fase instructiva, lo cual no es  motivo  suficiente  para  tener por acreditada la falencia alegada de violación  al  derecho  de  defensa,  y  menos  para asegurar, como lo hace, que si hubiera  realizado  su  tarea  de  la manera que lo concibe, la  diligencia  de  aceptación  de  cargos  habría sido  anulada.   

Además,  no se puede perder de vista que,  contrario  a  lo  aseverado en la demanda, la labor de la defensa técnica no se  limitó  a  solicitar  la  libertad provisional del encartado, pues como bien lo  destaca  el  Tribunal fueron varias las actividades desplegadas por los juristas  que  asumieron  el  mandato.  Así lo compendió el ad  quem:   

La   evidencia  procesal  demuestra  que  CORRALES  FIGUEROA ha contado con la asistencia de una adecuada defensa técnica  a  lo  largo  de  toda  la  actuación. Además, el togado anterior, de quien se  queja  la  defensa: i) presentó alegatos previa la calificación del sumario el  13        de       octubre       de       201355;  en ese estadio pretendía  persuadir  a la Fiscalía de que la conducta del indagado se ajustaba a un error  de  tipo.  ii)  Con posterioridad allegó un memorial demandando la sustitución  de     la     medida     de     aseguramiento    intramuros    por    detención  domiciliaria56,  solicitud que no prosperó, según resolución del 22 de octubre  de    201357,  iii)  insistió,  interponiendo  los  recursos  legales el 19 de  noviembre             de             201358,   iv)  luego,  el  13  de  octubre  de  2013,  solicitó la práctica de pruebas al Ente Fiscal59,  y le fue  resulta  (sic) en contrario  el       28      de      octubre      siguiente60;   también  atacó  dicha  respuesta           en           apelación61, v) el 24 de enero de 2014,  un  nuevo  apoderado adicionó la sustentación de los recursos interpuestos por  su  homólogo, que le fueron resueltos de manera favorable por el director de la  acción  penal,  vi)  después  que  el  indagado  se acogió al (sic) sentencia  anticipada,  la  defensa  volvió  sobre  la  libertad  provisional  de CORRALES  FIGUEROA  ante  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Bogotá,  el  cual  decretó  la  nulidad de (sic) acta de aceptación de cargos de FELIPE  MOISÉS  y  negó la pretensión liberatoria, vii) interpuestos los recursos por  el   togado,   el   Despacho   cambió   su  postura  únicamente  frente  a  la  nulidad.   

Dentro  de una interpretación lógica, es  notorio  que  el  procesado  contó  con  una  defensa  técnica tangible, real,  material    y    permanente   durante   la   fase   instructiva   y   hasta   la  sentencia.   

No  resulta cierto que la defensa anterior  apenas  intentó  la  libertad  del  procesado  y  la obtención de la sentencia  anticipada,  cuando  el  recuento  de  la  actividad procesal se resume a que el  togado   hizo   uso   frecuente   de   los   mecanismos  legales  en  diferentes  oportunidades,   elevó   solicitudes   probatorias,   impugnó  las  decisiones  desfavorables  a los intereses de su protegido e incluso, por los mismos medios,  planteó  una justificación exculpatoria queriendo demeritar la contundencia de  los  medios  de  prueba  con  que  contaba  la Fiscalía. Lo propio acaeció aun  cuando  su  patrocinado  se  acogiera  a  sentencia anticipada, en la medida que  invocó  por  segunda  vez la sustitución de medida de detención preventiva en  el   domicilio   del   (sic)   CORRALES   FIGUEROA.62   

Por  último,  se  insiste,  no  podría  requerirse  del profesional que llevó la representación judicial del procesado  durante  la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos que pidiera  aclaración  del  grado  de  participación  atribuido  a su mandante ya que, no  había  ninguna  ambigüedad  que  ameritara tal pedimento, habida cuenta que la  imputación  fue  expresa sobre el particular, al endilgarle la calidad de autor  del delito de lavado de activos.   

En   ese   orden,   la   demanda   será  inadmitida.   

2.2.  A  favor  de  Carmen Beatriz Sandoval  Forero   

De entrada, es manifiesta la falta de rigor  argumentativo  del  libelo,  pues,  aunque  denuncia la incursión en errores de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  por cercenamiento, tergiversación y  adición  y  falsos  juicios  de  existencia  por omisión, así como errores de  derecho  –sin especificar  la  modalidad  de los mismos (falsos juicios de convicción o de legalidad)-, de  modo  alguno  concreta  cuáles  fueron las pruebas excluidas o distorsionadas y  mucho  menos  identifica  los  razonamientos  de  los  juzgadores  en  que tales  defectos  serían  perceptibles,  además que vulnera el principio de autonomía  al   fundir   en   una  sola  censura  modalidades  de  ataque  diversas  en  su  demostración.   

A lo anterior se suma que, verdaderamente,  la  censura no se estructura en el ámbito de la infracción indirecta de la ley  sustancial,  en  tanto,  como  se  acaba  de  reseñar, no reprueba el ejercicio  valorativo  de  los  medios  de  convicción, sino que se dedica a cuestionar el  proceso  de  selección  normativo  efectuado por los juzgadores, en punto de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  así  como en forma  precaria,  respecto  de  la prisión domiciliaria por enfermedad grave y la pena  de  prisión  impuesta,  cuestión que sitúa, por ende, la censura en la esfera  de la violación directa de la ley sustancial.   

Ahora,  respecto  del  primer  punto  en  disputa,  es  clara  la  insustancialidad  del  reproche  porque,  así  como no  identifica  razón  jurídica  alguna  –legal  o  constitucional-  por  la  cual  las  normas  de carácter  interno  en  materia  del  mentado subrogado no son aplicables al caso concreto,  tampoco  acredita  que  ninguno  de  los  instrumentos internacionales en que se  apoya   prohíban   la   ejecución   de  la  pena  de  prisión  en  centro  de  establecimiento carcelario.   

En  efecto, las disposiciones a las que se  refiere  el  recurrente,  de carácter supranacional63,   como  bien  se  trae  a  colación  en  la demanda, aluden al respeto de los derechos fundamentales, a la  valoración  de  la  gravedad  de  la  conducta punible, ante la eventualidad de  conceder  la  libertad  anticipada  o la libertad condicional, a la necesidad de  que  los Estados implementen medidas sancionatorias no privativas de la libertad  y  a  la  prohibición de aplicar penas, crueles, inhumanas y degradantes, pero,  de  ninguna  forma, obligan a conceder, siempre y en todo caso, tales beneficios  a  los  condenados,  como  para  tornar  nugatoria  la  finalidad  de  las penas  restrictivas  de  la  libertad,  sobre  todo,  tratándose de delitos de marcada  relevancia social y trasnacional.   

En  ese  orden,  vulnera  el  censor  el  principio  de  razón  suficiente  al  procurar  la limitación de los preceptos  nacionales  que  prohíben  la  concesión  del subrogado respecto del delito de  lavado  de  activos  (artículos  63 y 68A del Código Penal, modificados, en su  orden,  por  los cánones 29 y 32 de la Ley 1709 de 1014), cuando no hay ninguna  norma  del  bloque  de  constitucionalidad  que demande, categóricamente, la no  ejecución de la pena de prisión intramural.   

En  este  punto,  bien  está  destacar la  violación,  por parte del defensor, del principio de no contradicción, pues al  tiempo  que  se  queja  de  la  aplicación  de  los  preceptos  que  impiden el  reconocimiento  de  la  condena  de  ejecución  condicional frente al delito de  lavado  de  activos, asevera, contrariando la verdad, que el texto normativo que  hoy  es  aplicado  por  favorabilidad,  no consagra ninguna prohibición para su  concesión,  independientemente  del  delito  por  el  que  se  emita  juicio de  reproche.   

De similar manera, resulta un contrasentido  censurar  la  aplicación indebida del canon 29 de la Ley 1709 de 2014 y aducir,  también,   que   la   norma   más   benigna   a   su   asistida  es  la  misma  norma.   

Tampoco el letrado demuestra la incidencia  en  el  caso de la especie, de la eliminación del factor subjetivo con ocasión  de  la Ley 1709, si se advierte que, en todo caso, el artículo 68A proscribe el  subrogado  a  los condenados por el punible por el que fue declarada responsable  la procesada.   

Ahora, en torno a la prisión domiciliaria  por  enfermedad  grave,  es  manifiesta  la  inconsistencia  del  demandante  al  reprobar  que  los  juzgadores  le  negaran  ese  sustituto  a su representada y  denunciar,  simultáneamente,  la aplicación indebida de la disposición que lo  consagra  en  el régimen de enjuiciamiento penal con tendencia acusatoria de la  Ley   906   de   2004   (artículo   314.4),  que,  por  demás,  no  rige  este  asunto.   

De   cualquier  modo,  es  indispensable  destacar  que  si  bien el jurista exhibe su inconformidad frente a la decisión  de  los  falladores  de  negarle  a  su  prohijada  la  prisión  en el lugar de  residencia,  bajo  la  prédica  que  en el centro penitenciario en el que está  recluida  no  cuentan  con servicio de especialista en cardiología o internista  ni  los  medios  para  atender  una  urgencia de esa naturaleza, no confronta su  parecer  con  los  precisos  razonamientos  de  los juzgadores, que descartan la  concesión  del  sustituto, aún en las circunstancias descritas por la defensa,  teniendo  en cuenta que no sólo el padecimiento de la procesada, según pericia  médica,  no es incompatible con la vida en reclusión, sino que la atención en  salud  respectiva  está a cargo del Instituto Nacional Penitenciario, a través  del Régimen Subsidiado de Seguridad Social.   

Así,  se  pronunció el Tribunal frente a  idéntico  reclamo,  tras  examinar el contenido normativo de los artículos 4 y  68  del  Código  Penal -en relación con la función de la pena y la ejecución  de  la  sanción  de  prisión  de  manera  hospitalaria  o en la residencia del  condenado-:   

Al  caso  concreto,  tal presupuesto no se  encuentra  acreditado  en  la  foliatura, porque el concepto del médico legista  especializado  acerca  del  estado  de salud de SANDOVAL FORERO, concluye que no  hay  ninguna  incompatibilidad  entre  las condiciones de reclusión formal y la  salud  de  la  procesada,  como quiera que la patología que la aqueja admite un  manejo   ambulatorio,  conforme  la  determinación  del  médico  tratante;  no  obstante,  recomienda  una  nueva  valoración  en  cardiología  a  efectos  de  precisar el nivel de riesgo cardiovascular.   

(…)  

Por otro lado, en atención de la queja por  las  eventuales  falencias  en  el  servicio  de salud, efectivamente, el Estado  tiene  el  deber  de  asegurar  el goce efectivo de los derechos que no han sido  objeto  de  limitación,  dada  la  especial  situación  de  indefensión  o de  debilidad  manifiesta  en  la  que  se  encuentran  los  internos.  Lo anterior,  teniendo  en cuenta que ellos cuentan con las mismas garantías constitucionales  de cualquier ciudadano.   

Esto   se   refleja  en  los  diferentes  instrumentos  legales,  creados con el fin de preservar los derecho (sic) a la salud en condiciones dignas a  todas  las personas privadas de la libertad, en esa especial orbita (sic)  de  sujeción con el Estado, como  es el caso de la sentenciada SANDOVAL FORERO.   

Por  ejemplo,  la  Ley  1122 de 2007 en su  artículo  14,  literal  m) “por la cual se hacen algunas modificaciones en el  Sistema   General   de   Seguridad   Social   en   Salud   y   se  dictan  otras  disposiciones”,  dice que la población reclusa debe estar afiliada al Sistema  General    de    Seguridad    Social    en   Salud   y   que   el   (sic)  Gobierno  Nacional le corresponde  buscar  los  mecanismos  necesarios  para  que  este  grupo  de  personas reciba  adecuadamente los servicios de salud.   

También,  de  conformidad  con el Decreto  1141   de   2009,   en   desarrollo   de  los  artículos  48  y  4964   de  la  Constitución  Política,  la  afiliación  de  la población reclusa al Sistema  General  de  Seguridad  Social  en  Salud  es  obligatoria  y  está a cargo del  Instituto  Nacional  Penitenciario  y Carcelario, INPEC, quien tiene la potestad  de  suscribir “un contrato de aseguramiento con una entidad promotora de salud  del  régimen  subsidiado  de  naturaleza  pública del orden nacional…”, la  cual  tendrá  el  deber de organizar la prestación de los servicios de salud y  “garantizar  prestación  de  servicios  de  salud  en  función  del  plan de  beneficios,  teniendo  en  cuenta  las  condiciones  de seguridad requeridas por  dicha   población,  para  lo  cual  deberá  coordinar  lo  pertinente  con  el  Instituto”,  cuya  inspección,  vigilancia  y  control  le  corresponde  a la  Superintendencia Nacional de Salud.   

En este sentido, las autoridades del centro  penitenciario,    es   decir,   el   –INPEC-  Establecimiento  Penitenciario El Bosque de Barranquilla, y  la  EPS  contratada,  son  las  llamadas  a asistir a la interna SANDOVAL FORERO  cuando  quiera  que  ella  presente  algún padecimiento que afecte su estado de  salud,  en  el  momento  que necesite los controles y el manejo de la enfermedad  que  en  la actualidad la aqueja, y aun cuando se trate de una patología que no  comprometa de manera directa su existencia.   

Por  todo  lo  anterior,  la  opinión del  profesional   universitario   José  García  Hoyer,  en  punto  que  el  centro  carcelario  adolece de los servicios de ambulancia permanente, atención médica  las  24  horas  en  el sitio de reclusión y de enfermería, en el evento que la  paciente    –SANDOVAL  FORERO,  requiera con urgencia el traslado a una institución de cuarto nivel de  atención                   básica65,  no  puede constituirse en  el    soporte    para    conceder    o   no   la   medida   que   se   pide   en  impugnación.   

Lo  aportado  en  el  expediente  la (sic)  permite  a  la Sala inferir con solidez que el estado de salud de la sentenciada  y  la  enfermedad  que  presenta,  no tiene la condición de “muy grave”, ni  resulta  incompatible  con  la reclusión regular, requisitos inmediatos para el  estudio  de  la  medida  sustitutiva.  Así mismo, no se puede desconocer que la  población  reclusa  está cobijada en esta obligación ineludible del Estado de  preservar  el  derecho  a  la salud, dentro de un marco legal que posibilita los  principios  universales  de  equidad  y  contempla  el acceso a los servicios de  salud  en términos de calidad, incluyendo actividades de promoción de la salud  y   prevención   de  enfermedad;  a  su  vez  el  diagnóstico,  tratamiento  y  rehabilitación   para   todas   las   patologías.66   

Sobre  el  último  aspecto  materia  de  disenso,  es decir, el relacionado con la tasación de la pena de prisión en un  monto  de 39 meses, es suficiente decir que, el defensor vulnera el principio de  corrección  material  al  sugerir la infracción del principio de legalidad por  no  haberse  situado  en  el  primer  cuarto  de  movilidad,  pues verificada la  sentencia  de primer nivel se constata que la sanción aflictiva de la libertad,  equivalente  a  78  meses, sí fue impuesta dentro de ese primer rango, esto es,  entre  72 y 180 meses, cantidad aquella que sometida al descuento de la mitad de  la  pena,  por razón de la aceptación de cargos y la aplicación favorable del  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004,  quedó fijada, en definitiva, en 39  meses.   

Ahora,  si la inconformidad versa sobre la  no  imposición  del mínimo punitivo previsto en la ley, es indiscutible que el  memorialista  no  expresó cuál es el motivo por el que los juzgadores habrían  equivocado  su  juicio  al  imponer una sanción ligeramente superior al extremo  inferior  de  la  infracción  y  la  Corte  no puede suponerlo sin violentar el  postulado  de  limitación,  máxime  cuando  las  razones  esgrimidas  por  los  falladores  para  proceder  en  el sentido anotado no sugieren ningún ejercicio  arbitrario de la jurisdicción.   

Nótese,  al  respecto,  cómo  el  juez  unipersonal,  al  tasar  la pena de que se viene hablando, motivó adecuadamente  el   incremento   punitivo   dentro   del   primer   cuarto   de   la  siguiente  manera:   

En general, todos los procesados ajustaron  su  labor  para  privilegiar  una  organización criminal, recibiendo dineros en  diferentes  cuantías;  desde  $15.000.000  hasta  valores que superaron los mil  millones  de  pesos;  por ende, no cabe duda de la gravedad de la conducta y que  la  misma  causó  un daño a la economía. Se observó que todos los implicados  permitieron   no   uno   sino  reiterados  movimientos  de  activos  durante  un  considerable  periodo  de tiempo, lo cual denota una mayor intensidad en el dolo  y   permite   entrever   que   su  comportamiento  no  resulta  en  lo  absoluto  insignificante;  aunado  a  lo  anterior,  esas  transacciones  legales sólo en  apariencia,  desconocieron  las  directrices  del  Estado  sobre la colocación,  administración  y  uso  del  sistema  financiero,  con  lo cual, en ese ámbito  generaron  un  deterioro, porque el éxito del lavado de activos, en definitiva,  promocionaba  el crecimiento del delito de tráfico de estupefacientes, tal como  se  extrae  de  los  supuestos  fácticos  que  soportaron los cargos finalmente  aceptados.   

Por  esas  consideraciones,  no tendrá en  cuenta  el  Juzgado  la  (sic) peticiones elevadas por la Fiscalía y la bancada  defensiva,  de  fijar  las  penas  en el límite menor del primer cuarto, siendo  claro  que  de  conformidad  con  el inciso tercero del artículo 61 del Código  Penal,  los  sentenciados  ejecutaron una conducta grave, pervirtiendo en cierto  grado  el  sistema  financiero, y con dolo superlativo, relacionado por la forma  habitual  en  que  fueran usadas las cuentas bancarias, en últimas, a favor del  narcotráfico.   

(…)  

Para  HUGO  ANTONIO  SÁNCHEZ  MONTENEGRO,  CARMEN  BEATRIZ  SANDOVAL FORERO, JULIO ALEXANDER GARCÍA BUITRAGO, SUNG HEE KIM  W-O  KIM  y  KIM  TAE  YOON,  en  vista  que  ejecutaron  la  conducta con mayor  intensidad  y  permitieron la circulación y lavado de las cifras más altas, lo  que  se  traduce  en  una  mayor  colaboración  para  la  actividad  delictiva,  recibirán  un (sic) pena de  setenta  y  ocho  (78) meses de prisión y tres mil doscientos cincuenta (3.250)  SMLMV  de  multa,  como autores responsables de la conducta punible de lavado de  activos.67   

Y,     el     fallador     colegiado  adveró:   

En  el  evento  bajo examen, el Juzgado se  abstuvo  de  partir  de  la pena mínima de 72 meses para el delito de lavado de  activos,  pues  advirtió que los procesados, en sentido genérico, con el mismo  ardid,  permitieron  una  y otra vez clarificar cientos de millones de pesos que  le  pertenecían a una establecida banda de narcotraficantes. La magnitud de las  transacciones  desplegadas  le  reportó  un  daño  a la economía y socavó la  dinámica   del  capital  en  el  sistema  financiero;  asimismo,  permitió  la  perpetuación    y    la   prosperidad   de   la   conducta   de   tráfico   de  estupefacientes.   

Axiomas   que  reflejan  los  medios  de  convencimiento  del  expediente,  de  donde, en primer lugar, se advierte que la  señora  CARMEN  BEATRIZ SANDOVAL FORERO purgó 130 millones de pesos con el uso  frecuente  de  productos  financieros que compartía con Óscar Alfonso Sandoval  Caicedo,  Myriam Forero de Sandoval y Marcos José Maestre Orozco. Inclusive, en  las  consideraciones,  el  fallo contempló la reflexión del Ente Fiscal acerca  de  ese  hecho  particular:  “lo  cual parece indicar que la familia estaba de  acuerdo  en recibir los dineros para depositarlos en sus respectivas cuentas, lo  cual  encuentra  corroboración  en  la precaria contabilidad en la que aparecen  relacionados  nombre  y  valores  de  consignación  a  MYRIAM  FORERO  y ÓSCAR  SANDOVAL”. (…)   

Al  fijar las sanciones el Juzgado evaluó  de  manera  diferenciada  las  circunstancias  especiales para SANDOVAL FORERO Y  SÁNCHEZ  MONTENEGRO;  apreció  que su comportamiento denotaba mayor compromiso  al  momento  de  la  comisión  de la conducta, de manera alguna representado en  unas  cifras  superiores,  en  comparación con las alcanzadas por otros autores  del  reato, que en últimas se traducía en una mayor afabilidad de ellos con la  empresa  criminal;  entonces  fueron acreedores de una pena de 78 meses, 6 meses  por encima del mínimo legal.   

(…)  

Lo  que marcó la diferencia fue el juicio  de  gravedad de la conducta como parámetro decisivo en la cuantificación de la  pena  dentro del primer cuarto. Ahí el Juzgado guardó identidad con lo que los  medios   de   prueba   le  ofrecían,  respondiendo  con  diferentes  soluciones  punitivas, de acuerdo con el compromiso de cada procesado.   

Mal  podría  llegar  a  pensarse  que los  reproches  del  Juzgado  carecen  de  mérito  o no son producto de una adecuada  reflexión,  cuando  lo  que  se  advierte  es que la sentencia se ajustó a las  previsiones  legales  del  artículo  61,  inciso  tercero  del  Código  Penal,  sabiamente  elaborado  por  el legislador para que el funcionario judicial tenga  amplios  criterios  de  ponderación cuando sea menester imponer una sanción de  mayor  intensidad  y  valorar  en  un  plano  de  igualdad  diferenciada  a cada  infractor       de      la      ley      penal.68   

Si   la   pena   se  impuso,  atendiendo  parámetros  de  graduación  que  atienden  un criterio de mayor severidad para  quienes  lesionaron  el  bien  jurídico  tutelado  de  forma  más intensa y el  defensor  no  lograr  acreditar  que  ello  comporte  conculcación  alguna  del  principio   de   legalidad   de   la   pena,   es   claro   lo   infundado   del  reproche.   

En   consecuencia,   la   demanda  será  inadmitida.   

3.          Finalmente, es  necesario  destacar  que  no  se  observan  flagrantes  violaciones  de derechos  fundamentales,  causales  de nulidad, ni motivos que conduzcan a la necesidad de  un  pronunciamiento  profundo  frente al expediente en razón de las finalidades  de la casación, distinta a la que se mencionará adelante.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Daimler       Paúl       Corrales       Figueroa       y   Carmen   Beatriz   Sandoval   Forero  contra  la  sentencia proferida el 2 de marzo de 2015  por   la   Sala   de   Extinción   de   Dominio   del   Tribunal   Superior  de  Bogotá.   

Segundo.  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  122-123  del  cuaderno original 102.   

2  Cfr. folio 43 del cuaderno  original 1.   

3  Cfr.    folios   46-47  ibidem.   

4  Cfr.  folios  77-126  del  cuaderno original 29.   

5  Cfr.  folios  114-212  del  cuaderno original 38.   

6  Cfr.  folios  147-233  del  cuaderno original 44.   

7 El 14  de  febrero  de  2014.  Cfr.  folios 69-91 del cuaderno original 41.   

8 El 28  de  febrero  de  2014.  Cfr.  folios 1-22 del cuaderno original 43.   

9 El 14  de  febrero  de  2014.  Cfr.  folios 46-65 del cuaderno original 41.   

10 El  21  de febrero de 2014. Cfr.  folios        227-254        ibidem.   

11 El  28  de  marzo  de 2014. Cfr.  folios 14-40 del cuaderno original 45.   

12 El  3  de  abril  de  2014. Cfr.  folios        204-226        ibidem.   

13 El  28  de  marzo  de 2014. Cfr.  folios         41-62         ibidem.   

14  Cfr.  folio 9 del cuaderno  original 46.   

15  Cfr.    folios   28-38  ibidem.   

16  Cfr.   folios   98-105  ibidem.   

17  Cfr.   folios   122-156  ibidem.   

18  Cfr.  folios  65-103  del  cuaderno original 102.   

19  Cfr.  folios 143-145 y 149  ibidem.   

20  Cfr.   folios   215-238  ibidem  y 9-26 del cuaderno  original 103.   

21  Cfr. folio 17 del cuaderno  original 103.   

22  Ibidem.   

23  Cfr. folio 18 ibidem.   

24  Cfr. folio 18 ibidem.   

25  Cfr. folio 19 ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Cfr.    folios   19-20  ibidem.   

28  Cfr. folio 21 ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Cfr. folio 22 ibidem.   

31  Cfr. folio 24 ibidem.   

32  Ibidem.   

33  Ibidem.   

34  Cfr. folio 25 ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr. folio 225 del cuaderno  original 102.   

37  Cfr. folio 228 ibidem.   

38  Cfr. folio 231 ibidem.   

39  Cfr. folio 232 ibidem.   

40  Cfr. folio 233 ibidem.   

41  Ibidem.   

42  Cfr. folio 234 ibidem.   

43  Cfr.   folios   235-236  ibidem.   

44  Cfr. folio 236 ibidem.   

45  Ibidem.   

46  Cfr. folio 237 ibidem.   

47  Cfr. folio 20 del cuaderno  original 43.   

48  Folio  11,  cuaderno 2, informe del 14 de diciembre de 2005, de la investigadora  comisionada MARÍA MARGARITA OLAYA FLÓREZ.   

49  Cuaderno anexo 8-7.   

50  Folio 105, cuaderno 23.   

51  Cfr. folio 133 del cuaderno  original 46.   

52  Cfr. folio 20 del cuaderno  original 43.   

53  Casación de junio 13 de 2002. Rad. 11324.   

54  Cfr. folio 21 del cuaderno  original 43.   

55  Cuaderno 28, 82, folios 263 y ss.   

56  Cuaderno 30 84, folio 141 a 181.   

57  Cuaderno 31, 85, folios 40 y ss.   

58  Cuaderno 34, 88, folios 1 a 16.   

59  Cuaderno 31, 85 folios 113 a 117.   

60  Cuaderno 31, 85, folios 151 a 153.   

61  Cuaderno 31, 86 folios 264 y ss.   

62  Cfr.  folios  77-78  del  cuaderno original 102.   

63 El  letrado  enuncia  los  cánones  15.1 de la Convención Interamericana contra el  Terrorismo,   11.4   de   la  Convención  de  las  Naciones  Unidas  contra  la  Delincuencia   Organizada   Trasnacional   preceptos   10.3  y  60.2  del  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos, a una síntesis de la opinión  del  Comité  de  Derechos Humanos, a las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas  sobre  Medidas no Privativas de la Libertad o “Reglas de Tokio” –reglas    1.5   y   2.4-,   a   las  Recomendaciones  de  Cooperación  Internacional para Reducir el Hacinamiento en  las   Cárceles   y   Promover   la   Aplicación  de  Condena  Sustitutiva  del  Encarcelamiento,  al  canon  110.3  del  Estatuto  de  Roma,  a  las  Reglas  de  Procedimiento     y     Pruebas     –números  223 y 224-, al artículo 38.1.D. del Estatuto de la Corte  Internacional     de    Justicia    –sobre  aplicación  del  precedente  como fuente formal del derecho  internacional-.   

64 El  artículo  49  de  la  Constitución Política dispone que “La atención de la  salud  y el saneamiento ambiental son servicios públicos a cargo del Estado. Se  garantiza  a  todas  las  personas  el  acceso  a  los  servicios de promoción,  protección  y  recuperación  de  la salud./// Corresponde al Estado organizar,  dirigir  y  reglamentar  la prestación de servicios de salud a los habitantes y  de  saneamiento ambiental conforme a los principios de eficiencia, universalidad  y  solidaridad.  También,  establecer  las  políticas  para  la prestación de  servicios  de  salud  por entidades privadas, y ejercer su vigilancia y control.  Así   mismo,   establecer   las  competencias  de  la  Nación,  las  entidades  territoriales  y  los  particulares  y  determinar los aportes a su cargo en los  términos y condiciones señalados en la ley. (…)”   

65  Cuaderno 34-88 folio 227.   

66  Cfr.  folios  91-93  del  cuaderno original 102.   

67  Cfr.  folio  143-144  del  cuaderno original 46.   

68  Cfr.  folios  84-86  del  cuaderno original 102.     

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