AP5661-2015(46702)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

AP5661-2015  

Rad: 46702  

Aprobado Acta No. 350  

Bogotá D.C., treinta 30 de septiembre de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada por la defensa del acusado Roque Iván  González  Ibáñez,  contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  el  5  de  junio  de 2015, a través de la cual  confirmó  la dictada por el Juzgado 13 Penal Municipal de la misma ciudad el 10  de  febrero  de  ese  año,  en  la  que  se  condenó  al  procesado como autor  penalmente responsable del delito lesiones personales culposas.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

El  suceso  delictivo  fue  consignado en la  sentencia así:   

Los   hechos   jurídicamente   relevantes  ocurrieron  el  30  de agosto de 2009, siendo aproximadamente las 9:00 p.m   en  la  carrera  4ª  estadio  con  calle  37, sector de ingreso al barrio «Los  Mártires»  de  esa capital (Ibagué), cuando Edid Mosquera Garay, quien salió  de  las  instalaciones  del  Estadio  Manuel Murillo Toro y se dirigía hacia su  vivienda,  se  encontraba  parada  en  la acera del mecionado sector frente a la  puerta  10 lateral sur del citado escenario deportivo, a la espera de que cesara  el  flujo  vehicular  para  atravesar  la  aludida vía, e intempestivamente fue  arrollada  por  la  motocicleta  de  placas  LJV23B  conducida  por  Roque Iván  González  Ibáñez,  quien  transitaba  indebidamente  en  el espacio destinado  exclusivamente   para   los  peatones,  causándole  a  la  primera  incapacidad  definitiva  de  noventa  días  y como secuelas deformidad física que afecta el  cuerpo  de  carácter  permanente,  perturbación  funcional  del  órgano de la  locomoción   de   carácter  permanente  y  perturbación  del  órgano  de  la  aprehensión en miembro superior derecho de carácter transitorio.   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.  Por  los  hechos  antes referenciados la Fiscalía General de la  Nación,  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal Municipal con Función de Control de  Garantías,  el 7 de junio de 2012, formuló imputación a Roque Iván González  Ibáñez  como  presunto  autor  del  delito  de  lesiones  personales  culposas  descrito  en  el artículo 120 del Código Penal, cargo que fue rechazado por el  procesado.   

          2.  Como  consecuencia  de  lo  anterior,  se  siguió  el  trámite  ordinario  del  proceso  con  la  presentación  de  la  acusación, la cual fue  formulada  en  audiencia  de  11  de  diciembre  siguiente ante el Juez 13 Penal  Municipal de Conocimiento de la ciudad de Ibagué.   

          3.  Luego  de agotadas las audiencias preparatoria y de juicio oral,  dicha  autoridad  emitió sentencia el 10 de febrero de 2015, en la que declaró  responsable   al   acusado   del   delito   de   lesiones  personales  culposas,  imponiéndole  la  pena  de  9  meses  y  18  días  de prisión, multa de 34.66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y la prohibición para conducir  vehículos automotores y motocicletas por el término de 16 meses.   

          Como  pena  accesoria fue inhabilitado para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la sanción privativa de la  libertad; esta última le fue suspendida condicionalmente.   

          4.   El  fallo de primer grado fue impugnado por la defensa del  acusado,  siendo confirmado en su integridad por el Tribunal Superior de Ibagué  en sentencia de 5 de junio de 2015.   

          5.  Contra  la  anterior  determinación  el  mismo  sujeto procesal  presentó  demanda  de  casación,  correspondiendo  ahora  el  estudio  de  los  requisitos     de     lógica     y    adecuada    fundamentación    para    su  admisibilidad.   

LA DEMANDA  

          Aduce  como  causal  de  casación la prevista en el numeral segundo  del  artículo  181  del Código de Procedimiento Penal, alegando una violación  indirecta  «por  aplicaciones indebidas de las normas  sustanciales   al   incurrir   en   falso  juicio  de  raciocinio,  identidad  y  existencia   en  la  valoración  de  las pruebas allegas al proceso, dando  lugar  a  la  violación  de la norma sustancial contenida en el artículo 381 y  7º de la Ley 906 de 2004».   

          Sostiene  que  el procesado debió ser absuelto del cargo por el que  fue  acusado  en  aplicación del principio de in dubio  pro  reo,  en  sustento  de  lo  cual  cita doctrina y  jurisprudencia sobre dicho tema.   

          Luego  señala  que en el caso concreto, el fundamento de la condena  contra  Roque  Iván  González Ibáñez fue el testimonio de la ofendida, Edith  Mosquera  Garay, al cual se le otorgó total credibilidad, pese a no especificar  circunstancias  que aclararan cómo se suscitó el accidente de tránsito, tales  como, la velocidad a la que se movilizaba el procesado.   

          Pasa  a  criticar el mérito del testimonio de Jaini Rojas, haciendo  ver  las  contradicciones  en las que incurrió frente a lo que manifestó en su  entrevista  ante  policía  judicial  y  lo  que narró en juicio, versiones que  generan duda sobre la responsabilidad de González Ibáñez.   

          Añade que  existe  un marcado interés de la víctima por perjudicar al acusado, puesto que  no  de  otra  manera  se  explica  que  en la audiencia de conciliación hubiera  exigido  el  pago  de  cincuenta  millones  de pesos para desistir de la acción  penal.   

          En  otro aparte afirma la recurrente que no se demostró en grado de  certeza  que  González  Ibáñez  hubiera  actuado con imprudencia, transitando  supuestamente  por  el  andén  en  el  que la víctima se encontraba caminando,  puesto  que tal eventualidad solo se soporta en el dicho de ésta y en el de una  amiga  suya,  sin  que el fallador hubiera analizado lo que al respecto señaló  el agente de policía Jaime Fresneda Rangel.   

          Al   referirse   a   la   legitimidad  para  interponer  el  recurso  extraordinario,  alude al artículo 205 de la Ley 600 de 2000, para señalar que  en  el  presente  caso procede la casación por la vía discrecional, en aras de  preservar la garantía fundamental de la presunción de inocencia.   

          En      un      capítulo      que      denomina      «enunciación  del  cargo», aduce la causal  primera,   «cuando  la  sentencia  sea  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial»,   postulando  la  violación  directa  de  la  ley  por  falta  de  aplicación   de   «normas  sustanciales»,  concretamente de las que regulan el principio de presunción de  inocencia,  yerro  que  a  su  vez condujo a la aplicación indebida de la norma  sustancial.   

          Anuncia  que  para demostrar la existencia de la causal de casación  se  ocupará  de cuestionar la valoración probatoria contenida en la sentencia,  por  cuanto el fallo de responsabilidad se basó en el testimonio de la víctima  y  en  los  de  otros  declarantes  que  quisieron  respaldarla  a  pesar de las  importantes  contradicciones  en  que  incurren,  como  por ejemplo, al no poder  establecer  la  velocidad  de  la  motocicleta,  ni  las razones por las que ese  vehículo  quedó  sobre  el  andén, cuya explicación suministra la censora al  concluir  que  esto  último  sucedió  ante  la maniobra que debió realizar el  acusado    para   esquivar   a   la   víctima   cuando   quiso   atravesar   la  calle.   

Vuelve a hacer las referencias de doctrina y  jurisprudencia  acerca  de la presunción de inocencia que aparecen al inicio de  su  escrito,  para  concluir  que  en  el  presente  asunto  no se demostró una  conducta  imprudente  de parte de Roque Iván González Ibáñez y añade que ni  siquiera hay certeza sobre la ocurrencia del hecho.   

Concluye que los jueces de instancia a raíz  de   una  violación  directa  de  la  ley,  derivada de un falso juicio de  existencia  sobre  las  normas  que  regulan  los  principios  de presunción de  inocencia  e in dubio pro reo,  las  dejaron  de  aplicar  en  este  caso,  por  lo  que solicita que se case la  sentencia, absolviendo al acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Inicialmente  es necesario advertir que para  efectos  de  la  admisibilidad  de  la  demanda,  en  los casos regulados por el  procedimiento  de  la  Ley  906  de  2004,  no  es necesario distinguir entre la  casación  ordinaria  y la discresional, según sea el monto de la pena prevista  en  la  ley  para  el  delito  que se trate, siempre que se satisfagan la demás  exigencias   del   recurso  extraordinario  y  que  resultan  comunes  en  ambos  procedimientos.   

Es así que siempre corresponde al demandante  acreditar  la  afectación  de  derechos  o garantías fundamentales, lo cual le  impone  contar  con  interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar los  cargos  de  sustentación  del  recurso y demostrar que es necesario el fallo de  casación  para cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los agravios sufridos y la unificación de la jurisprudencia.   

          En  el presente caso, se anticipa la Corte a anunciar la inadmisión  de  la  demanda de casación ante los varios defectos de los que adolece, según  pasa a explicarse.   

          La  recurrente en casación eligió la causal prevista en el numeral  segundo  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, la cual consiste en la  vulneración  del  debido proceso; sin embargo, aduce la violación indirecta de  la  norma sustancial por errores de falso raciocinio, existencia e identidad, lo  cual  le  imponía  elegir  la  causal  tercera,  evidenciándose  de entrada un  desatino en la selección de la causal de casación.   

          Adicional  a  lo  anterior,  indistintamente  alude a los diferentes  errores  de hecho en los que puede incurrir el fallador en la valoración de las  pruebas,  desconociendo que cada uno de ellos se configura de manera distinta, y  en  ese  orden,  exigen  para  su demostración una argumentación diferente que  parte  de  identificar  el  medio  de  prueba que fue incorrectamente apreciado.   

          Aquí  la  censora  se  limita  a  afirmar que los sentenciadores no  tuvieron  en  cuenta  el  principio  in dubio pro reo,  basado  en  la  poca credibilidad del testimonio de la  víctima,  mostrando que su inconformidad con el fallo se funda en la disparidad  de  criterios  con el fallador acerca del poder demostrativo que se otorgó a la  declaración  de  la ofendida, discusión que como se sabe escapa al ámbito del  recurso  extraordinario,  por  cuanto  el  mismo exige la acreditación, en esta  caso,  de  cualquiera  de  los errores que se enuncian pero que finalmente no se  desarrollan en el libelo.   

          Véase,  por  ejemplo,  que  si  lo pretendido por la recurrente era  acreditar  un falso juicio de existencia, tenía que precisar si el mismo lo fue  por  suposición  de  un  medio  de  convicción  que no hacía parte del acervo  probatorio  pero  que  pese  a  ello  fue  tenido  en  cuenta  en  la sentencia,  resultando  trascendente en el sentido de la decisión finalmente acogida, o por  omisión  de  una  probanza  debidamente  allegada  al  juicio,  pero que no fue  apreciada   por   el  sentenciador,  que  de  haberlo  sido  habría  modificado  sustancialmente el fallo.   

            Ahora  si  el yerro advertido fue el de falso juicio de identidad,  la  demandante  tenía  la carga de poner de presente en forma expresa y fiel el  contenido  de  la  prueba  indebidamente  apreciada y lo que de ella refirió el  Tribunal,  con  el objeto de hacer ver que su texto fue tergiversado, trasmutado  o adicionado.   

          Y   por   último,  si  la  equivocación  consistió  en  un  falso  raciocinio,  la  casacionista  tenía  que  acreditar  la  infracción a la sana  crítica,  especificando  si  tal error se produjo por el desconocimiento de las  máximas  de  la  experiencia,  los  principios  de la lógica o las leyes de la  ciencia.   

          Empero,  ni  siquiera hace mención a alguno de los presupuestos que  supone  cualquiera  de  los  errores  de  hecho que menciona como fundamento del  cargo;  es  más,  de  una  manera  incoherente,  en  un  capítulo que denomina  enunciación  del  cargo,  afirma  la violación directa de la norma sustancial,  tesis  que  se  opone  por  completo  a la trasgresión indirecta que señala al  inicio  de  la  demanda  y que le imponía proponer la primera en cargo separado  por    razón    del    principio    de    autonomía   de   las   causales   de  casación.   

Además  pasa  por  alto  que quien alega la  violación  directa  de  la  norma  sustancial  debe  mostrar conformidad con la  declaración  de  los  hechos  contenida  en  la  sentencia, debiendo limitar la  acreditación  de  la  causal  estrictamente  a  la  incursión  en  un error de  aplicación  del  derecho,  ya  sea  por  exclusión evidente de una determinada  norma, aplicación indebida o interpretación errónea.   

          A  lo  largo  del  libelo, la defensa del procesado no hace más que  poner  en  evidencia  su  desacuerdo  con  la  declaración del suceso delictivo  acogida  por  el  Tribunal,  haciendo  sus  propios razonamientos en torno a las  pruebas  y  cuál  debió  ser la conclusión acerca de la ocurrencia del hecho,  motivo  por  el  que  resulta ilógico que postule la trasgresión directa de la  norma  sustancial, mucho menos por la vía de un falso juicio de existencia como  al  final de su escrito lo manifiesta al solicitar la casación de la sentencia.   

          El  eje  sobre  el que gira la demanda es la falta de poder suasorio  que,  en opinión de la demandante, merece el testimonio de la víctima y de una  amiga  suya que al parecer presenció el hecho, queja que se basa simplemente en  apreciaciones  personales  de  la  casacionista,  pero no en la acreditación de  errores  cometidos  por el sentenciador, que es a lo que se restringe el recurso  de  casación,  motivo por el que la deviene clara la inadmisión de la demanda.   

3.   De  otra  parte,    del   estudio   del   proceso    se    vislumbra   la   eventual   violación  al  principio  de  legalidad  de  la  pena pecuniaria en relación con la  pena  pecuniaria,  por  lo que se dispone que una vez  notificada  esta  decisión y cumplido el término del mecanismo de insistencia,  el  proceso  regrese  al  despacho del ponente para lo  pertinente.   

4.  En  caso de que se acuda al mecanismo de  insistencia,  deberán seguirse los parámetros fijados por esta corporación en  CSJ, AP 12 dic. 2005, rad. 24.322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE   

PRIMERO: INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensa de Roque Iván González  Ibáñez.   

SEGUNDO:  Contra  esta  decisión,  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906    de    2004,    es   facultad   del   demandante   elevar   petición   de  insistencia.   

TERCERO:  Surtido  el  trámite  anterior  o  vencido  el  término  para  intentarlo,  regrese  la  actuación  al despacho del  Magistrado Ponente para la casación oficiosa del fallo.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSE LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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