AP5216-2015(44686)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado ponente  

         

AP5216-2015  

Radicación n° 44686  

(Aprobado Acta No.314)  

Bogotá D.C., nueve (09) de septiembre de dos  mil quince (2015).   

La  Sala se pronuncia respecto del recurso de  apelación  interpuesto  por  el  apoderado de la presunta víctima –la   Unidad   Administrativa  Especial  de  Gestión  Pensional  y  Contribuciones    Parafiscales    de    la   Protección   Social   –U.G.P.P.–, la cual sustituyó a la Caja Nacional  de      Previsión      Social      –CAJANAL  E.I.C.E.-  en  el  reconocimiento  y administración de los  derechos  pensionales  y  prestaciones  económicas1–, en  contra  de la providencia por cuyo medio la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito      Judicial     de     Manizales     decretó     la     preclusión  de  la indagación a favor de  LUIS    ALBERTO    TIBAQUIRÁ    BAHENA,  quien  se desempeñó como Juez Séptimo Penal del Circuito de la  misma  ciudad  y  fue  denunciado  por prevaricato por  acción.   

ANTECEDENTES  

Descripción    fáctica    objeto    de  indagación.   

Así  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal  Superior de Manizales.   

A  cargo  del  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  esta capital y bajo (sic) el número 2006-00173-00 fue radicada la  acción  de  tutela  instaurada  por la señora MARÍA MELBA BURITICÁ TRUJILLO,  pensionada   de  la  Rama  Judicial  contra  la  Subdirección  de  Prestaciones  Económicas  de  CAJANAL  E.I.C.E.,  advirtiendo  la  vulneración  de derechos,  frente  a  la liquidación de su respectiva mesada pensional al no ajustarse, en  su   criterio,  a  las  disposiciones  legales  aplicables  como  servidora  del  Estado.   

Agotado  el  trámite previsto y dentro del  término  de Ley –el 15 de  diciembre  de  2006-  fue  proferida sentencia resguardando de manera definitiva  los  derechos  fundamentales  al debido proceso, seguridad social en pensiones e  igualdad de la accionante.   

Se  determinó puntualmente, que la entidad  incurrió  en vía de hecho al desconocer el régimen especial que cobijaba a la  demandante,  provocando  así  la  lesión  de  sus derechos fundamentales. Como  solución  resolvió  dejar  sin efectos el acto administrativo de septiembre 22  de  2006  y  ordenó  a  la  accionada  que  en un término de 10 días, entrara  a     –reliquidar  la  mesada  pensional  incluyendo en el ingreso base de  liquidación  el  100% de la bonificación por servicios devengada en el último  año-. De igual modo que las  sumas  dejadas  de  percibir  por  los actores en razón de ese concepto, fueran  reconocidas  y  pagadas  en forma indexada a partir del momento en que adquirió  el  status  de  pensionada  con  derecho  a dicha prestación especial, debiendo  aplicarse la variación del I.P.C.   

Como    quiera    que    –la  decisión  de tutela-  no fue impugnada por CAJANAL, se envió  el  expediente a la Corte Constitucional a efectos de la revisión del fallo, de  la que fue excluido siendo devuelto al Despacho remitente.   

Posteriormente   ante  el  incumplimiento  -de   la  sentencia-,  la  accionante promovió incidente de desacato.   

Actuación relevante.  

         

1. El apoderado de CAJANAL E.I.C.E. denunció  al  juez  TIBAQUIRÁ  BAHENA,  por  cuanto  con  la  sentencia  de tutela atrás  mencionada,  quebrantó  el  ordenamiento jurídico, en tanto: resolvió asuntos  que  no  eran de su competencia y reconoció para la reliquidación pensional la  bonificación  por  servicios  prestados en el 100%, cuando lo que correspondía  era  una duodécima parte de la misma a la luz de los artículos 6º del Decreto  1160  de  1947,  45  del Decreto 1042 de 1978, 1º del Decreto 247 de 1997 y 2º  ídem.  Destacó  que  por  tratarse   de   pagos   de   tracto  sucesivo  la  reclamación  concerniente  a  indexaciones   debía   solicitarse   en  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo  y  de  hacerse  tardíamente  se  impone  la  declaración de la  prescripción de las mesadas pensionales.   

   

2. El Fiscal Tercero Delegado ante el Tribunal  Superior   de  Manizales  solicitó  la  preclusión  de  la  investigación  en  audiencia   celebrada  el  3  de  septiembre  de  2014  por  considerar  que  el  comportamiento  objeto  de  indagación  es  atípico;  en  el  mismo sentido se  pronunció  la  representante  del  Ministerio  Público;  y  el apoderado de la  U.G.P.P. se opuso a lo pedido.   

3. La Sala Penal de la Corporación precitada  en la misma accedió a la pretensión del ente acusador.   

Contra  este  auto  el  apoderado  de  quien  intervino   como   víctima,   interpuso   los   recursos   de   reposición   y  subsidiariamente   apelación.   Frente  al  primero  la  Colegiatura  precitada  resolvió  no reponer, y el segundo lo concedió, por tanto ordenó la remisión  del asunto a la Corte para su resolución.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Manizales   decretó   la   preclusión  de  la  indagación  adelantada  contra  LUIS    ALBERTO    TIBAQUIRÁ    BAHENA,  por  cuanto la providencia objeto de la actuación además de que  se  encuentra  sustentada  “tanto  en disposiciones  existentes    para    el   caso   en   cuestión,   así   como   en   reiterada  jurisprudencia”,  fue producto de un debate judicial  en  el  cual  CAJANAL  E.I.C.E.,  “guardó completo  silencio”   y   “sólo  exhibió  su  inconformidad  con  lo  dispensado  por  el  funcionario, no en el  trasegar    del    proceso    (…)    sino    tiempo    después   –mediante-  denuncia  (…)  contra  el (…) servidor judicial”.   

Puntualizó, que si bien es cierto, de acuerdo  con   la  jurisprudencia  constitucional,  la  acción  de  tutela  “no   constituye   el   sendero   idóneo   para   perseguir   la  reliquidación  de pensiones, en cuanto (…) supedita el agotamiento de la vía  ordinaria   o   contencioso   administrativa,   (…)   ha   admitido  en  casos  excepcionales  hacerlo  (…)  en  eventos en donde se incursione en una vía de  hecho  de  carácter  administrativa,  o  cuando  se  le  utiliza como mecanismo  transitorio a fin de evitar un perjuicio irremediable”.   

“(…)  [E]l exfuncionario (…) encontró  que  con  el  proceder  de  la  entidad accionada efectivamente estaba afectando  derechos  de  valía  superior,  al  desatender (…) las disposiciones de orden  constitucional  y  legal  encaminadas  a  efectivizar  los derechos –de   la   accionante-.  [E]stimó  que  no existía razón para que la accionada negara las  reclamaciones  formuladas  por  esa  vía,  toda  vez  que, por la condición de  servidora  de  la  Rama Judicial, el régimen aplicable era el artículo 6º del  Decreto  546 de 1971, como también el artículo 1º del Decreto 247 de 1997”,  cuyo   desconocimiento   afecta   el  debido  proceso  administrativo  el  cual tiene por objeto limitar el poder estatal, preservar la  seguridad   jurídica   y   respetar   el   derecho  de  contradicción  de  los  intervinientes.   

En    relación   con   la   “bonificación  por  servicios  del  100% como factor pensional a  liquidar”,  señaló  el  Tribunal  que  para  la  fecha  de confección de la decisión, se trataba de un  tema   controvertido,   al   punto  que  “en  retrospectiva  obraban  dos posturas irreconciliables, ambas  con   sustento   normativo,   constituyéndose   como   factor   diferencial  la  interpretación   brindada   por   los  directos  involucrados”,  las  cuales “dejan al descubierto que la  decisión  emitida  y  protestada  en  lo  referente  a  este  punto,  no  puede  ensillarse  como ilegal, en cuanto lo resuelto provino de la labor hermenéutica  desplegada  por  el  servidor  judicial,  a  partir  de  un  entramado  legal  y  jurisprudencial       derivado      del      juez      natural      –el   Consejo   de  Estado-.    En   esa   dirección”   también  “se  plegó  de  principios  del  derecho  laboral  (favorabilidad)  y  de  protección  especial  a  personas mayores, lo que aleja  cualquier   tinte   arbitrario   o   inconsulto   en   la   confección   de  la  misma”.   

         

Adicionalmente el criterio acogido por el juez  indagado   fue   el  mismo  que  imperaba  en  el  Tribunal  de  lo  Contencioso  Administrativo  de  Caldas frente a la liquidación pensional de empleados de la  Rama Judicial.   

Respecto  de  la  indexación  de  la  mesada  pensional,  hay voces autorizadas que acogen la proclama persistente de la Corte  Constitucional    acerca    de    su    relevancias   iusfundamental  “(art. 53 C.P., C-862 de 2006 y T-076  de  2010)  en  aras  de  mantener  actualizado  el monto de la pensión frente a  jubilados,  de  cara  al fenómeno inflacionario, (…) sobre todo en eventos en  que  la  entidad convocada a su reconocimiento y pago incurre en dilaciones para  tal  propósito (T-260 de 1994), situación que el usuario en manera alguna debe  soportar”.   

En  relación  con  el  hecho  de  no  haber  dispuesto  el juez la prescripción, “por constituir  (…)  una  pretensión  de  parte,  era,  con  sujeción a lo contemplado en el  artículo  306  del  C.P.C.  CAJANAL  la  convocada  a su alegación, no así el  funcionario  judicial  de  forma  oficiosa.  Entonces  (…)  tal omisión le es  atribuible  en  exclusiva  a la misma entidad oficial. Posición que también se  ha  decantado  al  despuntar  su  carácter  imprescriptible,  véase  T-762  de  2011”.   

En  este  orden  de  ideas,  el  actuar  de  TIBAQUIRÁ  BAHENA  no  pude  calificarse   de   “manifiestamente   contrario  a  derecho;  tampoco que sea producto del capricho o arbitrariedad del servidor con  la   finalidad   torticera  de  evadir  o  infringir  la  ley  (…),  y  en  su  demostración   basta   y   son   ilustrativas   las   razones   que   –dejó-  consignadas  en la sentencia. En ellas fácilmente se  aprecia  que  obró  con  convencimiento  pleno  de  estar  actuando  conforme a  derecho,  guiado  por  propósitos  de  un  orden  justo y la efectividad de los  derechos prestacionales que le asistían a la accionante”.   

LA APELACIÓN  

El   apoderado   de  la  presunta  víctima  –la   Unidad  Administrativa  Especial  de  Gestión  Pensional  y  Contribuciones  Parafiscales de la Protección Social –U.G.P.P.–,   promovió  la  alzada  por  cuanto  estimó  “que  sí  es vigente el artículo 6º del  Decreto  1160  de 1947 y que con la decisión del señor juez Séptimo Penal del  Circuito   de   Manizales   se   desconoció   (…)   esa  norma”.   

Dijo  apoyarse,  de  una  parte, “en  sentencia de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal  (…)  de  marzo 1º de 1995, referida al expediente 9405, en cuyo uno de  sus   apartes  dice:  (…)  cuando el sentido de la norma y su concreta finalidad  son  suficientemente  claros  y pese a ello se distorsionan dándoles un alcance  que  no  pueden  tener,  cuando  esa  torcida  interpretación no se explica por  ignorancia  o por errónea asimilación de su contenido y cuando además ella se  concreta  en  decisión que conculca indebidamente derechos legítimos, entonces  tendrá  que  reconocerse  que una tal providencia sería manifiestamente ilegal  y,   por   ende,   demostrativa   de   prevaricato”,   y,   de  otra,           en          providencia  de  la  Sala  de  Casación  Laboral  preferida  el  13  de  febrero  de  2001,  radicado 15277, “que  refiriéndose  al  artículo 6º  del  Decreto  1160  de  1947  concluye: la   disposición   invocada   enseña     que    es        la       doceava       parte    de    las    primas  percibidas por el trabajador durante el  último  año  de  servicio, el factor a tener en cuenta para obtener el salario  promedio  mensual.  Independientemente  de  la periodicidad con la que se causen  las  primas o bonificaciones, la norma ordena (sin distinción, en relación con  los  períodos  de  causación) que sí fueron percibidas en el último año, el  promedio   salarial   se   obtiene   dividiendo  la  totalidad  de  la  prima  o  bonificación  percibida  por  doce. La norma no resiste un análisis diferente,  pues  su  claridad  es  total.  La  prima  la percibió el demandante durante el  último  año de servicio, y por ende es su doceava parte la que debe tenerse en  cuenta en el salario promedio”.   

Indicó  que  “en  este  momento  también  tienen actualidad estos fallos (sic) hasta el punto que  la  redactora  investigativa  del  Tiempo, Martha Soto, sacó un artículo (…)  donde  dice  que la UGPP sigue pagando sentencias de tutela que no debía pagar.  O  sea  que  ya los medios de comunicación están atentos a unos posibles pagos  que  ellos  consideran  ilegales, lo que ha prendido también las alarmas en los  Ministerios de Hacienda y de Trabajo”.   

“Entonces al no ser simples los argumentos  de  una  y  otra  parte, y que cobra una vigencia estos cuestionamientos (sic) y  estas    posiciones    jurisprudenciales    y    doctrinarias”,   solicitó  le  sea  concedido  el recurso de apelación, “para que se  enriquezca  en  claridad estas posiciones para bien de la opinión pública, del  erario  público,  del  Estado  que  a  través  de los Ministerios –precitados- están (sic) supremamente  preocupados,  y el buen nombre de la UGPP que se está mancillando comparándola  con lo que sucedió en CAJANAL en su momento”.    

INTERVENCIÓN      DE     LOS     NO  RECURRENTES   

1.     El  Fiscal  solicitó se declare desierta la impugnación,  toda  vez que no fue sustentada, pues el recurrente no confrontó los argumentos  expuestos  por el Tribunal para decretar la preclusión de la indagación, sólo  se dedicó a reiterar su postura interpretativa.   

En oposición a lo expresado por el apelante,  indicó  que  el artículo 6º del Decreto 1160 de 1947 se refiere únicamente a  la  liquidación de cesantías; por tanto la norma nada dice en relación con la  manera   que  debe  liquidarse  la  pensión,  menos  cuando  hacerlo  extensivo  desconocería el artículo 53 de la Constitución Política.   

Agregó  que  el  apelante  no señaló si la  decisión  que  citó de la Sala de Casación Laboral hizo referencia al tema de  cesantías  o a un asunto pensional. Pero en todo caso al referirse a asuntos de  “servidores  públicos  y  de  cuestionamientos  de  actos  administrativos  (…) el órgano competente para resolver ese tema (sic)  es  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo  y  en  el  tema  del  reconocimiento  del ciento por ciento -el ente acusador  ha  sido  reiterativo-  en que para el momento que el  juez  TIBAQUIRÁ se pronunció existían criterios divergentes sobre ese tópico  (…)  unos  a favor de la doceava parte, que es la postura que tiene CAJANAL, y  otros a favor del ciento por ciento.   

Ahora  bien, si bien es cierto el órgano de  cierre  de  la  jurisdicción  de lo contencioso administrativo es el Consejo de  Estado,  no  podemos  pasar  por alto que en sede del Tribunal Administrativo de  Caldas  fueron  múltiples  los  pronunciamientos,  incluso  hasta  el año 2012  (…),  en  que  se  reconocía en desarrollo (…) de la acción de nulidad, el  ciento por ciento de la bonificación por servicios prestados.   

Por  ello  no  podrá  señalarse  al  juez  TIBAQUIRÁ   BAHENA    de   haber   prevaricado   por  reconocer “el ciento por ciento de la bonificación  por  servicios  prestados  como integrante del ingreso base de liquidación para  aforar la pensión”.   

2.  La representante  del  Ministerio  Público  señaló que el apelante no  confrontó  los  motivos de la decisión apelada, sino que simplemente expuso su  consideración  relacionada con el alcance del artículo 6º del Decreto 1160 de  1947.  Sin  embargo  aseguró que la opinión interpretativa del apoderado de la  U.G.P.P.  no  se  verifica  en  el texto de la norma; por tanto no se observa la  existencia  a  algún  error  sustancial  en  el fallo objeto de la indagación.   

3.     El  defensor  adhirió  a  lo  manifestado  tanto  por  la  Fiscalía como por el Ministerio Público.   

   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala es competente para resolver este  asunto  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 32-3 de la Ley 906 de  2004,  por  tratarse  de  la  apelación  contra  la  decisión  adoptada por un  Tribunal   Superior   de  Distrito  Judicial  en  el  curso  de  una  actuación  penal.   

2.  La  Constitución  Política  radicó  la  disposición  del  ejercicio  de  la  acción  penal  en  cabeza de la Fiscalía  General     de     la    Nación    –art.  250-, siendo por tanto el órgano encargado de calificar cuál  es  el  tipo  penal  que  se  adecúa  al  hecho  investigado y consecuentemente  formular  la  acusación,  así  como  establecer  los  asuntos  y  delitos  que  someterá  al  principio  de oportunidad, y determinar cuáles investigaciones o  indagaciones   se   subsumen   en  las  causales  de  preclusión,  entre  otras  actividades.   

El   instituto  de  la  preclusión  de  la  investigación  está consagrado en el artículo 331 de la Ley 906 de 2004 y las  causales      para     su     invocación     en     el     332     ídem, así:    

El   fiscal  solicitará la preclusión en los siguientes casos:   

1.  Imposibilidad de iniciar o continuar el  ejercicio de la acción penal.   

2.  Existencia de una causal que excluya la  responsabilidad, de acuerdo con el Código Penal.   

3.     Inexistencia     del     hecho  investigado.   

4. Atipicidad del  hecho investigado.   

5. Ausencia de intervención del imputado en  el hecho investigado.   

6.   Imposibilidad   de   desvirtuar   la  presunción de inocencia.   

7. Vencimiento del término máximo previsto  en     el     inciso    segundo    del    artículo    294   de   este   código.   –Subrayado fuera de texto-.   

Respecto  de las mismas, esta Corporación ha  señalado2:   

1.  De  acuerdo  con  el sistema acusatorio  colombiano  (artículos 250 de la Constitución Política y 200 de la Ley 906 de  2004),  corresponde  a  la  Fiscalía  General  de la Nación el ejercicio de la  acción  penal  y  realizar  la  indagación  e investigación de los hechos que  revistan  las  características  de  una  conducta  punible  que  lleguen  a  su  conocimiento,  siempre  y  cuando  medien  suficientes  motivos y circunstancias  fácticas  que  indiquen la posible existencia de la misma. Despojada, por regla  general   de   funciones   jurisdiccionales,   deberá   solicitar  al  juez  de  conocimiento  la  preclusión de la investigación cuando según lo dispuesto en  la ley no hubiere mérito para acusar.   

         

(…)  

La  preclusión también se debe adoptar en  cualquier  etapa  del trámite una vez comprobada la existencia de cualquiera de  las  causales  de  extinción  de  la acción penal del artículo 77 del Código  Penal,  como  son:  muerte  del  imputado  o  acusado, prescripción, amnistía,  oblación, caducidad de la querella y desistimiento.   

Bajo  este  contexto,  la preclusión de la  investigación  sólo  podrá  ser  decretada  por  el  juez  de  conocimiento a  petición  de  la  fiscalía de comprobarse alguna de las causales previstas por  el  artículo  332  del Código de Procedimiento Penal de 2004, y en tratándose  de   la   segunda,   a   las   que  se  refiere  el  artículo  32  del  Código  Penal.   

Componente  objetivo  del  tipo  “prevaricato              por              acción”.   

El   artículo   413   del  Código  Penal,  señala:   

“El   servidor  público  que  profiera  resolución,  dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá  en prisión (…)”   

El  presupuesto fáctico objetivo de la norma  transcrita,  por el cual se  adelantó   la   indagación   contra   LUIS  ALBERTO  TIBAQUIRÁ   BAHENA  -quien  fungió   como  Juez  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Manizales-,  se  encuentra  constituido  por  tres  elementos, a saber: (i) un  sujeto  activo calificado, es decir, que se trate de servidor público; (ii) que  el  mismo profiera resolución, dictamen o concepto; y (iii) que alguno de estos  pronunciamientos  sea  manifiestamente contrario a la ley, esto es, no basta que  la  providencia  sea  ilegal  -por  razones sustancial (directa o indirecta), de  procedimiento  o  de competencia, sino que la disparidad del acto respecto de la  comprensión  de  los  textos  o  enunciados  -contentivos  del derecho positivo  llamado  a imperar- no admite justificación razonable  alguna3.   

Ciertamente  en  torno  a  la  contrariedad  manifiesta  de  una  decisión  con  la  ley,  la  Corte  Suprema de Justicia en  sentencia  proferida  el  13  de  agosto  de  2003,  radicado  193034  consideró:   

Esta     última    expresión,   constituye   un elemento normativo del tipo penal al cual la jurisprudencia  de  la  Corte  se  ha  referido  en  forma amplia para concluir, que para que la  actuación  pueda  ser  considerada como prevaricadora, debe ser “ostensible y  manifiestamente  ilegal,”  es  decir, “violentar  de  manera   inequívoca  el  texto  y  el sentido de la norma”5  ,  dependiendo siempre de su  grado  de  complejidad,  pues  resulta  comprensible que del grado de dificultad  para   la   interpretación  de  su  sentido  o  para  su  aplicación  dependerá   la   valoración  de  lo  manifiestamente  ilegal,  de  allí  que,  ciertamente,   no   puedan  ser  tenidas  como  prevaricadoras,  todas  aquellas  decisiones  que  se  tilden  de  desacertadas, cuando quiera que estén fundadas  “en  un concienzudo examen del material probatorio y en el análisis jurídico  de    las    normas    aplicables    al    caso”6.   

Se concluye, entonces, que para que el acto,  la  decisión  o  el  concepto  del  funcionario  público  sea  manifiestamente  contrario  a  la  ley, debe reflejar su oposición al mandato jurídico en forma  clara   y  abierta,  revelándose  objetivamente  que  es  producto  del  simple  capricho,  de  la mera arbitrariedad, como cuando se advierte por la carencia de  sustento  fáctico  y jurídico, el desconocimiento burdo y mal intencionado del  marco normativo.   

En  similar  sentido se pronunció la Sala en  sentencia  del  23  de  febrero  de 2006, Rad. 239017 al señalar:   

La  conceptualización  de  la contrariedad  manifiesta  de  la  resolución  con  la  ley  hace  relación  entonces  a  las  decisiones  que sin ninguna  reflexión  o  con  ellas  ofrecen  conclusiones  opuestas a lo que muestran las  pruebas  o  al derecho bajo el cual debe resolverse el  asunto,  de  tal  suerte que el reconocimiento que se  haga  resulta  arbitrario  y  caprichoso  al  provenir  de  una deliberada y mal  intencionada  voluntad  del  servidor  público  por contravenir el ordenamiento  jurídico.   –Subrayado  y  resaltado fuera de texto-.   

En     consecuencia,     no  caben  en ella las simples diferencias de criterios respecto de  un  determinado  punto  de  derecho,  especialmente frente a materias que por su  enorme  complejidad o por su misma ambigüedad admiten diversas interpretaciones  u  opiniones,  pues  no  puede ignorarse que en el universo jurídico suelen ser  comunes  las  discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no ofrecerían  dificultad   alguna  en  su  resolución.   –Resaltado  fuera de texto-.   

Como tampoco la disparidad o controversia en  la  apreciación  de  los  medios  de convicción puede ser erigida en motivo de  contrariedad,   mientras   su  valoración  no  desconozca  de  manera  grave  y  manifiesta  las  reglas  que nutren la sana crítica, pues no debe olvidarse que  la  persuasión  racional,  elemento  esencial  de ella, permite al juzgador una  libertad  relativa en esa labor, contraria e inexistente en un sistema de tarifa  legal.   

Sin embargo, riñen con la libertad relativa  la  apreciación  torcida  y parcializada de los medios probatorios, su falta de  valoración  o  la  omisión  de  los  oportuna  y legalmente incorporados a una  actuación,   en   consideración   a   que   por   su   importancia  probatoria  justificarían  o  acreditarían la decisión en uno u otro sentido a partir del  mérito    suasorio    que    se    les    diera    o    que    hubiera   podido  otorgárseles.   

Cuando se configura  la  conducta  de  prevaricato por acción  se  lesiona  el  bien  jurídico de la  administración   pública,   sintetizada  en  el  sometimiento  del  Estado  al  imperio  de  la ley en sus  relaciones    interinstitucionales    y  con  los  particulares,  en  virtud  del  cual,  los  asuntos  de  conocimiento    de   los  servidores   públicos  deben  ser  resueltos  con  fundamento  en  el  derecho  que lo rige, para garantizar  la  vigencia  del  ordenamiento  y  asegurar  la  convivencia  pacífica  de los  asociados.   

Análisis del caso concreto  

1. La causal en la cual se basó la decisión  de  preclusión  en  la  providencia examinada, es la prevista en el numeral 4º  del  artículo 332 de la Ley 906 de 2004 -atipicidad         del        hecho        investigado-.   

El Tribunal, como  viene  de verse, consideró que el actuar de TIBAQUIRÁ  BAHENA         no        fue        “manifiestamente  ilegal” en    ninguno    de   los   aspectos   objeto   de   la   denuncia.  Veamos:   

1.1. Sobre la competencia indicó que si bien  los  asuntos  de  reliquidación  pensional,  por  regla  general corresponde su  resolución  a  la  jurisdicción  de  lo contencioso  administrativa, la intervención del juez de tutela se  habilita  de  manera  excepcional  si  observa  la existencia de “una   vía  de  hecho  de  carácter  administrativo”,    y    TIBAQUIRÁ   BAHENA   precisamente   consideró   que   CAJANAL   incurrió   en   esta  circunstancia    al  estimar  “que no existía  razón  para  que la accionada negara las reclamaciones formuladas por esa vía,  toda  vez  que,  por la condición de servidora de la Rama Judicial, el régimen  aplicable  era  el  artículo  6º  del  Decreto  546  de 1971, como también el  artículo 1º del Decreto 247 de 1997”.   

1.2. Respecto de la indexación decretada en  el  fallo  señalado  de  prevaricador,  el  juez denunciado acogió el criterio  expuesto  por  la  Corte  Constitucional  acerca de su relevancia iusfundamental  (…)  en aras de mantener actualizado el monto de la  pensión  frente  a  jubilados,  de cara al fenómeno inflacionario, (…) sobre  todo  en  eventos en que la entidad convocada a su reconocimiento y pago incurre  en   dilaciones   para  tal  propósito  (…).    

1.3.  En relación  con  el  hecho  de  no  haber  dispuesto el juez la prescripción, consideró el  Tribunal  que  “por constituir (…) una pretensión  de  parte,  era,  con  sujeción a lo contemplado en el artículo 306 del C.P.C.  CAJANAL  la  convocada a su alegación, no así el funcionario judicial de forma  oficiosa”.   

1.4. En  lo  atinente a la “bonificación por  servicios   del   100%   como   factor   pensional   a   liquidar”,  señaló  el  Tribunal  que para la fecha de confección de la decisión de tutela, se trataba  de  un  tema controvertido con posturas irreconciliables; por tanto, el hecho de  que  el  juez  indagado  hubiese  acogido una de ellas, no torna en manifiestamente   ilegal  la  decisión,  máxime  cuando  (i) se basó en pronunciamiento del Consejo de Estado, es decir  del  juez  natural para determinar ese asunto y (ii) para entonces, incluso, era  el  criterio  imperante  en  el  Tribunal  de  lo  Contencioso Administrativo de  Caldas.   

2.    En   la   apelación   no  se discute  en  absoluto  el  auto  de  preclusión  emitido  por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Manizales  en  lo  relacionado  con:  (i)  la competencia, (ii) la  indexación   pensional   ni   (iii)   la  prescripción  de  las  mesadas;  por  consiguiente  la  Sala no se pronunciará respecto de ninguno de estos aspectos,  pues  en  razón  al  principio de limitación, se entiende que el impugnante se  halla conforme.   

La impugnación se restringió a señalar que  el  juez  Séptimo Penal del Circuito de Manizales al establecer el ingreso base  de  liquidación  pensional  con  el  100%  de  la  bonificación  por servicios  prestados,  desconoció  el  artículo  6º  del Decreto 1160 de 1947, norma que  estimó   -con  base  en  sentencia   de   la   Sala   de   Casación  Laboral  proferida el 13 de febrero  de     2001,     radicado    15277-    vigente  y  suficientemente  clara,  en  el  sentido  de  que  es la  doceava   parte   de  las  “primas” percibidas por  el  trabajador  durante el último año de servicio, el factor a tener en cuenta  para   obtener   el   salario  promedio  mensual,  lo  cual  implica  tener  por  “manifiestamente ilegal”  su          decisión.      

3.  Consonante  con  el  recurso,  la  Sala  resolverá   si   la  decisión  censurada  es  manifiestamente  violatoria  del  artículo 6º del Decreto 1160 de 1947.   

3.1.  Para  ese efecto, cabe recordar que la  bonificación  por  servicios  prestados,  fue creada por el Decreto Ley 1042 de  1978  para  los  empleados  de  los  ministerios, departamentos administrativos,  superintendencias,   establecimientos   públicos   y  unidades  administrativas  especiales  del  orden  nacional,  y  se hizo extensiva a los funcionarios de la  Rama  Judicial  por el Decreto 247 de 1997; por tanto es factor salarial a tener  en  cuenta  para  el  reconocimiento  o  reliquidación  de las pensiones de los  beneficiarios  del  régimen  contenido  en  el artículo 6º del Decreto 546 de  1971.   

Además,         el   valor   a   tener  en  cuenta  para  establecer  el  ingreso base de liquidación (IBL), -de  acuerdo  con la línea de pensamiento acogido por la Sección Segunda de la Sala  de  lo  Contencioso Administrativo del Consejo de Estado en sentencias del 22 de  junio  de  2006,  21  de agosto de 2008, 23 de febrero de 2010 y 7 de febrero de  2013-  y  el criterio de la Corte Constitucional expresado en sentencia T-031 de  2012-,     es     solamente     la     doceava  (1/12)  parte  del  quantum de la bonificación por servicios  prestados,  no  el  100%,  toda  vez  que  su  pago  se  hace  de manera anual y  condicionada a que el empleado complete un año de servicios.   

También se debe precisar que a la Sala Penal  del  Tribunal Superior de Manizales -en lo relativo al  hecho  de  que  el  juez TIBAQUIRÁ BAHENA en el 2006  dispuso  establecer  el  ingreso base para la liquidación pensional con el 100%  de   la   bonificación   por   servicios-,   no   le  correspondió  dirimir  si  esa  determinación es jurídicamente acertada o no,  sino  si  la conducta del funcionario puede considerarse atípica a partir de la  fundamentación  ofrecida  por  la  Fiscalía,  lo  cual  tiene cabida aunque la  decisión  se  estime  desacertada,  pues  el  supuesto  fáctico  objetivo  del  prevaricato     por     acción     –resolución  “manifiestamente contraria  a  la  ley”-, descarta la configuración del ilícito  en  aquéllos  casos  en que la decisión, pese a ser equivocada, es producto de  “una  interpretación  razonable  y  plausible  del  funcionario  sobre  el  derecho  vigente,  o  de  una  valoración ponderada del  material   probatorio   objeto  de  apreciación”8.   

3.2.  Ciertamente  en  el  presente  caso la  preclusión  fue  fundada  en que la determinación judicial concreta -objeto de  análisis-      no      fue     “manifiestamente  ilegal”, afirmación a la cual arribó el Tribunal a  partir  de cinco premisas fácticas a saber, debidamente soportadas en elementos  de  conocimiento  allegado  por  la  Fiscalía: (i) para la fecha de confección  (2006)  de la decisión denunciada, se trataba de un tema controvertido; (ii) lo  resuelto  por  el  juez  indagado provino de la labor hermenéutica desplegada a  partir  de  un  entramado legal y jurisprudencia del Consejo de Estado; (iii) el  funcionario  se  basó  en  el  principio  laboral  de  “favorabilidad”    o  “situación más favorable al trabajador en caso de  duda   en   la   aplicación  e  interpretación  de  las  fuentes  formales  de  derecho”9   

;  (iv)  el  criterio acogido por el juez fue el  mismo  que entonces imperaba en el Tribunal Administrativo de Caldas frente a la  liquidación  pensional  de  empleados  de  la  Rama  Judicial;  (v)  CAJANAL no  manifestó  al  interior  del  proceso  de  tutela  inconformidad  alguna con la  decisión.   

Aunque el apelante se muestra inconforme con  la  conclusión  precitada,  no confrontó ninguna de sus premisas ni el proceso  inferencial  con el cual, a partir de las mismas, el a  quo  afirmó  que  la  decisión  no  fue “manifiestamente        ilegal”.   

Ahora  bien, el impugnante sí propuso, como  se  anticipó,  un  argumento  diverso, cual es que el  juez  violó  el claro contenido del artículo 6º del  Decreto  1160  de 1947, por lo que estima se satisface  el     presupuesto     fáctico     objetivo     del     prevaricato.    

En  este  sentido,  pese  a que el motivo de  impugnación  se  advierte  precario  -por la falta de  confrontación  de  las  consideraciones del Tribunal-  de  cara  a  lograr  la  revocatoria de la decisión, ello no es obstáculo para  emitir  un  pronunciamiento  de  fondo sobre la inconformidad, sin quebrantar el  principio  de  limitación  que orienta la competencia de la Corte, a lo cual se  procederá.   

3.2.1.   La  disposición  aducida  en  la  apelación, señala:   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  por el  Decreto  2567  de  31 de agosto de 1946, para liquidar  el  auxilio  de  cesantía  a  que tengan derecho los  asalariados    nacionales,    departamentales,   intendenciales,   comisariales,  municipales  y  particulares,  se  tomará  como base el último sueldo o jornal  devengado,  a  menos  que  el  sueldo o jornal haya tenido modificaciones en los  tres  últimos  meses,  en cuyo caso la liquidación se hará por el promedio de  lo  devengado  en  los últimos doce (12) meses o en todo el tiempo de servicio,  si  éste  fuere  menor  de doce (12) meses. (Resaltado  fuera de texto).   

Como  se  puede  observar,  contrario  a  lo  manifestado  por  el  apelante,  del texto transcrito no se observa que la norma  claramente    ordene    a    las   autoridades,   establecer   el   ingreso  base para la liquidación de las  pensiones   de  jubilación  de  los  empleados  de  la  Rama  Judicial  con  la  doceava   parte   de   la  bonificación  por  servicios  prestados,  pues solamente ofrece el parámetro para liquidar el “auxilio de cesantía”.   

3.2.2. De otra parte, no obstante el apelante  dijo   apoyarse   en  pronunciamiento  de      la     Sala     de     Casación     Laboral     del  13  de  febrero  de  2001, radicado  15277,     en     el  cual  la misma concluyó:   

La  disposición  invocada  enseña  que  es la doceava parte de   las primas percibidas  por  el  trabajador  durante  el  último año de servicio, el factor a tener en  cuenta para obtener el salario promedio mensual.   

Independientemente de la periodicidad con la  que  se causen las primas o bonificaciones, la norma ordena (sin distinción, en  relación  con  los  períodos  de  causación)  que sí fueron percibidas en el  último  año,  el  promedio  salarial  se obtiene dividiendo la totalidad de la  prima o bonificación percibida por doce.   

La norma no resiste un análisis diferente,  pues  su claridad es total.  La  prima  la percibió el demandante durante el último año de servicio, y por  ende  es  su  doceava  parte  la  que  debe  tenerse  en  cuenta  en  el salario  promedio”. Resaltado fuera de texto.   

Esta  narración  -traída  por el apelante-  realmente  no corresponde a las consideraciones de la Sala de Casación Laboral,  sino  a  un aparte de la transcripción del “segundo  cargo”  formulado  por  el  entonces  casacionista.  Concretamente indicó la citada Colegiatura:   

SEGUNDO CARGO  

(…)  

En    la    demostración   del   cargo  afirma:   

“(…)  

“(…)  La  disposición invocada enseña  que  es  la doceava parte de   las primas percibidas por el trabajador  durante  el  último  año de servicio, el factor a tener en cuenta para obtener  el salario promedio mensual.   

“Independientemente de la periodicidad con  la  que  se  causen  las  primas o bonificaciones, la norma ordena (sin efectuar  distinción,  en  relación  con  los  períodos  de  causación) que sí fueron  percibidas  durante  el último año, el promedio salarial se obtiene dividiendo  la  totalidad  de  la  prima  o  bonificación  percibida  por  doce  (y  no por  sesenta).   

“(…)  

“(…)  La  norma invocada no resiste un  análisis  diferente,  pues  su  claridad  es  total. La prima de antigüedad la  percibió  el  demandante  durante el último año de servicio, y por ende es su  doceava  parte  y  no la sesentava la que debe tenerse en cuenta para obtener el  salario promedio. (…)”.   

Adicionalmente, el problema que resolvió la  Sala  de  Casación  laboral, fue sí, conforme con la convención colectiva, la  proporción      de      la      “prima      de  antigüedad”  que  debió  tenerse  en  cuenta  para  efectos  de  determinar  el  salario  base  de  liquidación  de  la pensión de  jubilación   de  un  trabajador  oficial    municipal,    es    la    “doceava  parte”  de  acuerdo con lo propuesto por el entonces  censor,   o   la   “sesentava  parte”  como  lo determinó la Sala Laboral del  Tribunal.   

Al  anterior  interrogante  dio  respuesta  aquella   Colegiatura   con   la   siguiente   consideración:      

En la Convención Colectiva de Trabajo que  regula   las  relaciones  laborales  entre  el  Municipio  de  Medellín  y  sus  trabajadores  oficiales  se consagra que dicho ente territorial le reconocerá a  estos  una  prima  de  antigüedad  por  cada  periodo  quinquenal  de servicios  continuos  o  discontinuos,  cuyo  valor  monetario  equivaldrá a un porcentaje  determinado  del  salario  básico  mensual, de acuerdo a la antigüedad de cada  cual (ver folio 64 del expediente).   

Frente   a   la   anterior  disposición  convencional   resulta  apenas  razonable  lo  deducido  por  el  Juez  de  la Apelación en cuanto a que la  proporción  de  la  prima de antigüedad a tomarse como factor salarial para la  liquidación   de   la  pensión  de  jubilación  es  una  suma  equivalente  a  la  sesentava  parte  del  monto  total  pagado  al  actor  por  dicho  concepto  extralegal  en   su   último  año  de  servicio,  toda  vez  que  se trata de una prima de  antigüedad  que  se  causa  por  lustros  de  servicios,  lo  que  implica  que  necesariamente   deba   considerarse  todo  el  tiempo  de  causación  para  el  surgimiento  del  derecho,  que  en  este  caso,  se  repite, supone quinquenios  laborados,  es  decir,  sesenta meses. (Resaltado fuera  de texto).   

Obsérvese, la Sala de Casación Laboral no  fundó  su  postura  en  el  artículo 6º del Decreto 6011 de 1947, sino en una  razón  práctica  -acorde  con  la sostenibilidad del  sistema   de   seguridad   social   en  materia  pensional  y  el  principio  de  proporcionalidad-,  según  la  cual,  si  la prima de  antigüedad    “se    causa    por   lustros   de  servicios”,  la proporción  en  la  que  debe incidir en el IBL, es la “sesentava  parte”,  no la  “doceava”,  por   lo  cual  concluyó  que  el  cargo  de  casación  no  estaba  llamado  a  prosperar.   

En  este  orden  de  ideas, de la sentencia  proferida  el  13  de  febrero de 2001 por la Sala de  Casación  Laboral, radicado 15277, no se sigue que el  artículo  6º  del Decreto 6011 de 1947, esté llamado  a   ser   aplicado   para  establecer  el  porcentaje  en  que  la  bonificación   por  servicios  prestados  debe    influir    en    el    ingreso    base   de  liquidación  de las pensiones de empleados de la Rama  Judicial,  menos  aún  que  su contenido sea de tal claridad para fijar el IBL,  que   torne   su  desconocimiento  en  una  violación  manifiesta  de  la  ley.   

Por   consiguiente,   el  auto  impugnado  permanece  inalterado máxime cuando frente a proposiciones fácticas idénticas  a   las  expuestas  por  el  Tribunal  –las   cuales,   se   reitera,   no   fueron  discutidas-,  la  Sala  ha  sido  del  criterio  que  la  conducta no  es manifiestamente contraria a la ley.  (Autos  de  preclusión proferidos el 11 de septiembre  de  2013,  rad.  40671,  y  21  de  mayo  de 2014, rad. 42368, en los que fueron  examinados  casos  de sentencias de tutela dictadas el 18 de noviembre de 2005 y  3  de  julio  de  2008,  en  las  que  el  funcionario  dispuso   establecer   el  IBL  con  el  100%  de  la  bonificación por servicios prestados.   

Consecuencia  de  lo anterior, la decisión  que se impone es la confirmación del auto apelado.   

RESUELVE  

Confirmar  integralmente     la  decisión  apelada.   

Comuníquese y cúmplase.  

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Ley  1151  de  2007  –artículo  156-, Decretos 109 de 2008 y 575 de 2013 -artículo 2º-.   

2Auto  de  8  de  febrero  de  2008, radicado 28908, reiterado en AP 17 nov. 2010, rad.  35109;  AP  7 de noviembre de 2011, rad. 37613; AP 11 de diciembre de 2012, rad.  42043.   

3  CSJ.   AP.   29  de  julio  de  2015,  radicado  No.  44031.   

4  Pronunciamiento  reiterado  en  SP  3 jul. 2013, rad.  40226.   

5  Decisión del 24 de junio de 1986.   

6  Providencia del 24 de junio de 1986.   

7  Pronunciamiento  reiterado  por  la  Sala  en SP 28 feb. 2007, rad. 22185; SP 18  jun.  2008, rad. 29382; SP 22 ago. 2008, rad. 29913; SP 3 jun. 2009, rad. 31118;  SP  26 may. 2010, rad. 32363; SP 31 ago. 2012, rad. 35153; SP 10 abr. 2013, rad.  39456;  SP  26  feb.  2014, rad. 42775. SP 21 may. 2014, rad. 42275, entre otras  providencias.   

8 CSJ.  AP 17 de junio de 2015, rad. 45622.   

9     Artículo   53.   El   Congreso  expedirá  el estatuto del trabajo. La ley correspondiente tendrá en cuenta por  lo   menos   los  siguientes  principios  mínimos  fundamentales:                                                                                     Igualdad    de  oportunidades  para  los  trabajadores;  remuneración  mínima  vital y móvil,  proporcional  a  la  cantidad  y  calidad  de trabajo; estabilidad en el empleo;  irrenunciabilidad  a  los  beneficios mínimos establecidos en normas laborales;  facultades  para  transigir  y conciliar sobre derechos inciertos y discutibles;  situación  más  favorable  al trabajador en caso de  duda   en   la   aplicación  e  interpretación  de  las  fuentes  formales  de  derecho;  primacía de la realidad sobre formalidades  establecidas  por  los  sujetos  de  las  relaciones  laborales;  garantía a la  seguridad  social,  la capacitación, el adiestramiento y el descanso necesario;  protección  especial a la mujer, a la maternidad y al trabajador menor de edad.     

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