AP5187-2015(45327)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP5187-2015  

Radicación N° 45327  

Aprobado Acta Nº 314  

Bogotá, D.C., nueve (9) de septiembre de dos  mil quince (2015).   

Decide la Sala acerca de la admisión de la  demanda   de   casación   presentada  en  nombre  de  EDITH   JOHANA  ESQUIVEL  VANEGAS  contra  el  fallo  del Tribunal Superior del  Distrito     Judicial     de     Bogotá    que  revocó  parcialmente  el  del  Juzgado  Octavo            Penal   del  Circuito   Especializado  de     esta   ciudad,  y  en  su lugar la condenó también por el delito de  hurto   calificado  cometido  en  concurso  heterogéneo  con  el  de  secuestro  extorsivo   agravado,   este   último  por  el  cual  confirmó a la primera instancia.   

I.   SÍNTESIS  FÁCTICA Y PROCESAL   

1.  En Bogotá, en  horas      de      la     noche     del   20   de  septiembre  de  2007,  Jairo  Augusto Niño Maldonado  salió  de  la  empresa  de  su propiedad, ubicada en  la   carrera   75   Nº  25F-13,   para  encontrarse     con     EDITH    JOHANA    ESQUIVEL  VANEGAS,   amiga   y   antigua  empleada  con  quien había acordado una cita por  solicitud           de          ella, a la cual  llevó  en su camioneta Toyota de placas CDT-738,      por      petición   de  la  misma,  a un sector de  Ciudad  Bolívar,  lugar  en  el que fue interceptado   por  un  grupo  de  hombres  armados  que   con  el  concurso      de      aquélla     —quien     le     cubrió    con    algo    el    rostro—    lo  sometieron    a    la    fuerza    en   su           rodante.   

El   citado   fue   trasladado   por  sus  aprehensores  a  un inmueble  donde   le   dieron   a  beber    un    vaso   con   agua   y   perdió   el  conocimiento,      y      tres      días  después  despertó en   una   zona   rural   y  montañosa  en  poder  de      miembros     de     las     autodenominadas     Fuerzas    Armadas    Revolucionarias    de   Colombia              (FARC), los  cuales  contactaron  a sus familiares y les exigieron  a   cambio  de  su  libertad  una  cuantiosa  suma,  obteniéndose finalmente,  luego  de un año de negociaciones, el 3 de noviembre  de   2008  la  liberación  de  aquél,  tras  el pago de quinientos millones  de  pesos,  sin  que  fuera  recuperado  el  automotor  con  el que había    sido   plagiado     Niño    Maldonado.   

2. Por   esos  sucesos,  el  23  de enero de 2009 se llevó a cabo ante un juez con función de  control  de garantías audiencia en la que la Fiscalía General de la Nación le  imputó     a     ESQUIVEL    VANEGAS  autoría en los delitos de secuestro  extorsivo    agravado,    fabricación,    tráfico    o    porte   ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal,  y  hurto  calificado,  de  conformidad  con  los artículos 169, 170,  numerales  2,  4  y  8, 365, 329 y 340 del Código Penal, mismos comportamientos  por  los  que el 4 de marzo siguiente se adelantó la  audiencia  de  formulación  de  acusación  en  el  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito Especializado de Bogotá.   

3.  Con  ocasión de la nulidad decretada  en  sede  de  casación  en  este asunto (CSJ  SP  8  jun.  2011 rad. 35130), la  actuación  se repuso en el Juzgado Octavo Penal del Circuito desde la audiencia  preparatoria,     celebrada    el    17  de  noviembre  de  2011,  y  luego  adelantar  en varias sesiones el juicio oral, el titular del señalado despacho,  el  16  de  enero  de  2014,  dictó  sentencia  mediante la cual absolvió a la  acusada  de  los  cargos  por  los  delitos  de  hurto  calificado  y  tráfico,  fabricación  o  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa personal, y la  declaró  autora responsable de secuestro extorsivo agravado, providencia contra  la  cual  interpusieron  apelación  el fiscal regente del pliego de cargos y la  asistencia técnica de la enjuiciada.   

4.  El  25  de  agosto  de  2014 el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá resolvió  la  alzada  en  el sentido de desestimar la pretensión absolutoria de  la  defensa y acoger la de condena elevada por la Fiscalía en  cuanto  al  delito  contra  el  patrimonio  económico,  motivo  por confirmó y  revocó  la  decisión  impugnada  en  los  reseñados  aspectos, y le impuso en  consecuencia    a    ESQUIVEL   VANEGAS    pena   principal   de   cuatrocientos   sesenta   (460) meses de prisión y accesoria de  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso de  veinte      (20)  años,   fallo  de segundo grado contra la cual  la   apoderada  de  la  encausada  interpuso  el  recurso  extraordinario de  casación.   

II. LA DEMANDA  

5.  Con  fundamento en el artículo 181,  numeral  3º,  de  la  Ley 906 de 2004, la    actora    propone   un   solo   cargo  consistente  en  la  violación  indirecta  de la ley sustancial a consecuencia de un falso juicio de  legalidad en la estimación de las pruebas.   

En  esencia  sostiene  que  el  vicio  de  estimación  probatoria  alegado  consistió en la valoración del testimonio de  William  Cuervo  Barreto,  a pesar de que la solicitud de su declaración no fue  advertida  por la Fiscalía en el escrito de acusación ni en la audiencia en la  que  se  formalizó  ésta,  sino que se presentó de manera extemporánea en la  audiencia  preparatoria  por  petición  de  la  representante de las víctimas,  situación  frente a la cual asegura que el a-quo no debió ordenar la práctica  de  esa  prueba,  pero  como  ello no fue así la sanción que corresponde es la  exclusión  de  ese  medio de conocimiento con sujeción a la cláusula prevista  en el artículo 29 de la Constitución Política.   

Acerca de la trascendencia del yerro indica  que   como   la   decisión   de  condena  se  sustentó  exclusivamente  en  el  señalamiento    que    contra    su   procesada   hicieron   la   víctima   del  secuestro,  es  decir,  Jairo    Augusto    Niño    Maldonado,  y  el  testigo  William Cuervo Barreto, es claro para la actora  que  al  suprimirse  la  declaración  de  éste,  necesariamente  devendría la  absolución     de     su     defendida     por    la    duda    “implícita” que la misma profesional  advierte en el fallo censurado.   

Con   base   en   lo  anterior  solicita  casar  la  sentencia  atacada  y  en  su  lugar  en  observancia  de  los  artículos  7,  346, 360 y 381 de la Ley 906 de 2004, así  como  el  29  de  la  Constitución Política, se absuelva a su representada con  sujeción a la máxima de in dubio pro reo.   

III. CONSIDERACIONES  

6.  Según lo  estable  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal  que   gobernó   este   asunto,   el  recurso  de  casación  es  un   medio   de  control  constitucional  (artículo   235-1)  y  legal,   que   procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia,     y  que     tiene     como    propósitos,  de  acuerdo  con  lo  señalado  en  el artículo 180 del mismo  ordenamiento:  (i)  la  efectividad del  derecho  material, (ii) el  respeto       de       las      garantías      fundamentales,      (iii)  la  reparación de los agravios  inferidos   y   (iv)  la  unificación de la jurisprudencia.   

Para  el cumplimiento de esos objetivos en  el  mencionado régimen procesal se dotó a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia  de  facultades sustanciales al conferirle,  entre  otras,  la potestad de superar los defectos de la demanda para decidir de  fondo  cuando  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso,  e índole de la discusión lo  ameriten.   

Lo  anterior  no implica, sin embargo, que  este   mecanismo   sea   de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de puntos que  han  sido  materia  de controversia, pues, por el contrario, dada su  naturaleza  extraordinaria, quien acude al mismo debe ceñirse a  determinados  requerimientos  sistemáticos basados en la razón y en la lógica  argumentativa,  atinentes  a la observancia de coherencia, precisión y claridad  en   el   desarrollo   de   cada   uno  de  los  reparos  efectuados    (por  vicios  in  procedendo  o  in  iudicando),   y  desarrollarlos  conforme  a  las  causales  de  procedencia  previstas   en   el   artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de  persuadir a esta Corporación de revisar el fallo de  segunda  instancia con el fin de corregir el pronunciamiento que se denuncia     como     contrario    a  derecho.   

De ahí que el inciso 2º del artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004 consagre que no será admitida la demanda si el actor  carece   de   interés  para  acceder  al  recurso;  el  escrito  es  inconsistente,  esto  es,  si  su  motivación  no  evidencia la  potencial  violación  de  garantías  y,  en  términos generales, “cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del  recurso”,  lo que puede presentarse cuando la  Corte  observe  que los aspectos reprochados no tienen una incidencia sustancial  en  relación  con  lo decidido en el caso concreto, o que puede responder a los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de fondo acerca de lo  que ocurrió en la actuación.   

7. La   Corte  anuncia  desde  ahora que  el   libelo   analizado  no  será  admitido  con  base    en    la    citada   norma,   debido  a  la  ausencia de un verdadero  fundamento   dentro  de  la  extensa   argumentación   expuesta   en   la  réplica.   

7.1.  Sea lo primero señalar que la causal extraordinaria  de  impugnación  invocada  por  la  demandante,  esto  es,  la  prevista  en el  artículo   181,   numeral  31,  de  la  Ley  906  de  2004,  se  relaciona  con  el    “manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha fundado la sentencia”, vía por la  que   son   susceptibles   de   proponer  yerros  de  valoración   probatoria   que   dan   lugar  a  la  vulneración indirecta de  la   ley   por   falta   de  aplicación  o  aplicación  indebida  (únicos  sentidos  de susceptibles de  proponer) de una norma de  derecho sustancial.   

Los desatinos que pueden originar agravios  de  ese  alcance  se  agrupan  en  dos modalidades, a  saber:   

De   una   parte,   los   errores  de  derecho, que se presentan  cuando  el  juzgador  contraviene  el debido proceso probatorio, valga precisar,  las  normas  que  regulan  las  condiciones  para  la  producción  (práctica  o  incorporación)  de  un  determinado   medio  de  prueba  en  el  juicio  oral  y  público  (tacha  que se conoce como falso juicio  de  legalidad), o porque,  aun  cuando la prueba ha sido legal y regularmente producida, desconoce el valor  prefijado   en   la   ley   a   la   misma   (yerro  denominado  falso          juicio          de          convicción),  clase  de dislate incompatible con  el  anterior  y  de  excepcional  ocurrencia  dado que, por regla general, en la  actual  sistemática procesal penal (así como en las  anteriores), los elementos de conocimiento no tienen  asignado  en  el  ordenamiento  adjetivo  un  grado  de  persuasión  tarifado o  ponderado   (salvo  lo  relativo  a  la  prueba  de  referencia.   Ley  906  de  2004,  artículo  381,  inciso  segundo),  sino  que el funcionario está en la obligación de apreciarlos  en conjunto, de acuerdo con los postulados de la sana crítica.   

Y  por  la otra, los llamados errores  de hecho, los cuales obligan a  aceptar   que  el  elemento  de  persuasión  satisface  las  exigencias  de  su  producción  y que no tiene en la ley un predeterminado valor de convencimiento,  habida   cuenta  que  las  falencias  en  que  puede  incurrir  el  juzgador  se  manifiestan    a    través    de   tres   diferentes   especies:   falso   juicio  de  identidad,  porque  adiciona   o  recorta  la  expresión  fáctica  de  un  elemento  probatorio  o  distorsiona   su   contenido;   falso   juicio   de  existencia, debido a que tiene como probado un hecho  que  carece  de  acreditación,  o  supone  como  incorporada a la actuación la  prueba  de  ese  aspecto,  o  porque  omite apreciar un elemento de conocimiento  legal   y   allegado   en  forma  válida;  y  falso  raciocinio,  que  se presenta por desviación de los  postulados  que  integran la sana crítica (reglas de  la  lógica,  leyes  de  la  ciencia  y  máximas de la experiencia) como método de valoración probatoria.   

Sea que se trate de errores de derecho o de  hecho,  el  actor  no  puede,  so  pena  de  violar  el  principio lógico de no  contradicción,  proponer  respecto  de  un  mismo medio de prueba simultánea e  indistintamente  las  respectivas  especies  en  que  aquellos  se subdividen, y  además  está  en  el  deber  de  demoler  cada uno  de  los  fundamentos  probatorios  de  la  sentencia  demandada,  mediante  la  acreditación  de  errores  típicos  de la violación  indirecta,  pues  si  deja  incólume  alguno  y  éste  resulta suficiente para  sostener  el pronunciamiento, es claro que no habrá conseguido quebrar la doble  presunción  de  legalidad y acierto con la que llega ungido tal pronunciamiento  a la sede de casación.   

7.2.  Pues  bien,  en el cargo  estudiado  la actora acudió a la primera modalidad,  esto  es, a los errores de derecho, y dentro de ellos específicamente alegó la  configuración  de un falso juicio de legalidad en relación con la declaración  de  William  Cuervo  Barreto,  porque su testimonio fue ordenado y practicado, a  pesar  del tardío descubrimiento de ese medio de prueba por parte del apoderado  de  la  víctima  en  la  audiencia preparatoria celebrada el 17 de noviembre de  2011  (tras  la  nulidad  ordenada en esta sede).   

La Sala reconoce que son ciertas todas las  lucubraciones    referidas   por   la   actora   en  cuanto a que las   facultades  probatorias  de  la  víctima  como  interviniente  en  el  proceso penal  reglado  en  la  Ley 906 de 2004, deben concretarse a  través     del     fiscal    regente    de    la  acusación,  y  que  por  lo  tanto  las respectivas  solicitudes  y  descubrimiento se canalizan a través  de  ese  sujeto  procesal  en  los  términos  y  oportunidades  que  éste debe  observar,   como  así  ha  tenido  oportunidad  de  puntualizarlo,   no  solo  en  los  pronunciamientos  que  cita  y  parcialmente  transcribe     en     su    libelo    (CSJ    AP   7   dic.   2011,   rad.  37596),     sino     aún     en    otras    más  recientes     (CSJ  AP2574-2015, 20 may. 2015, rad. 45667).   

Tampoco     desdice     la  Corte  de su doctrina acerca de la  importancia  y  alcances  del  adecuado  descubrimiento  probatorio frente a las  garantías   que   engloba   el  debido  proceso  en  sentido  amplio,  la  cual  atinadamente reconstruye la demandante, también con  transcripciones  de  la  decisión  de  7  de  diciembre  de  2011  (AP       7      dic.      2011,      rad.      37596).   

Sin   embargo,  todas  esas  precisiones  jurisprudenciales  quedan  reducidas  a  un  marco  teórico  abstracto  que  no brinda respaldo serio a la  pretensión  de  la  recurrente, porque en   el   supuesto   fáctico  de  su  propuesta          omite         sopesar que  aun  cuando  es verdad que el medio de prueba cuestionado fue descubierto por la  víctima    en    forma   extemporánea,   también  es  cierto  que  el  a-quo  adoptó  la consecuencia  respectiva,  es  decir, la negación de su práctica, frente a lo cual sobrevino  la  oposición  del fiscal quien solicitó reconsiderar esa decisión, solicitud  coadyuvada   por   Ministerio   Público  y  el  apoderado  de  la  víctima,  y  reposición  acerca de la  cual   la   asistencia   técnica  de  la  acusada  aseguró  no  tener  ninguna  oposición.   

Frente    a    tal    devenir  del desarrollo inherente al descubrimiento y ordenación el  referido   medio  de  prueba,  el  cual  se  haya  recapitulado  en  la  demanda  (y   la   Sala  lo  corroboró  con  los  registros  procesales),  es  palmario  que la censora presentó  una  situación problemática en la que no incluyó todas sus aristas, es decir,  falto  al deber de objetividad que gobierna la proposición de cargos en sede de  casación,  y  por  lo  mismo  dejo  de  explicar  por qué ninguna consecuencia  —como  en  efecto  la  tiene   y  sustancial—  representaría  la  aquiescencia  del  defensor  de  entonces  frente a la novel  prueba  solicitada  por el apoderado de la víctima y  la Fiscalía.   

Olvidó  el  recurrente que, como lo tiene  decantado      la      jurisprudencia      de      la     Corte     (SP10303-2014,    5    agt.    2014,    rad.    43691)  no  es  lo  mismo  prueba  ilícita  que  prueba  ilegal,  y que  respecto de la primera es ineludible la cláusula de  exclusión  del  artículo 29 de la Constitución Política, mientras que frente  a  la  segunda  es  relativa  y  sólo  opera  cuando los vicios advertidos sean  insanables  (AP4249-2014,  30 jul. 2014, rad. 36487).   

En el asunto debatido la extemporaneidad en  el  descubrimiento  del testimonio de William Cuervo Barreto fue convalidada por  la   asistencia   letrada  de  la  parte  contra  quien  se  pretendía  emplear  (y en efecto se empleó),  quien  en  ese  momento  no  avizoró  consecuencia  negativa  alguna  para  los  intereses  representados,  de donde resulta infundado  alegar,  ex  post, no con  base  en  el  redargüido  vicio,  sino  en  razón  de  las consecuencias de la  valoración   conjunta  de  ese  elemento  de  conocimiento  por  parte  de  los  falladores,  la  violación  de  las  garantías  fundamentales invocadas por la  ahora demandante.   

Pese  a que lo anterior es suficiente para  concluir  el  rechazo del cargo, no sobra destacar que la demandante tampoco fue  objetiva  en  cuanto  a  la trascendencia del alegado  vicio,    dado    que    no   es   verdad   que   el   ad-quem   “implícitamente”  hubiese  aceptado  duda  respecto  de  la  atribución  de  responsabilidad  a  la procesada en los  delitos  de  marras, y que tal incertidumbre sólo hubiese sido superada con los  aportes del señalado testigo.   

El  Tribunal fue enfático en  cuanto  a  que  la participación de la enjuiciada en  los   delitos  imputados  se  encuentra  acreditada,  fundamentalmente,  con  el  testimonio  de  la  víctima,  Jairo  Augusto  Niño  Maldonado,    a   cuya  versión         otorgó        mérito  no  solo  por  su  coherencia  interna,      sino      por     estar     corroborada     tanto     por   la  declaración  de  Cuervo  Barreto, como por  otros elementos de persuasión de  la  misma  estirpe  (la  narración de Jairo Andrés  Pardo)  y  de  carácter  documental (la grabación  de  una  conversación  sostenida  por  el plagiado con su cónyuge en   la   época   de   cautiverio   en   la   que  sindica  a  la  acusada),  medios  de  conocimiento en relación con  cuya  valoración,  incluido  el  testimonio  del ofendido, ningún ejercicio de  confutación  en  términos  de  este  recurso  hizo la demandante, como tampoco  respecto  de  la  desestimación  de  la  prueba  testimonial  presentada por la  defensa  (en razón de la cual en otra oportunidad se  declaró  una nulidad) para ubicar a la acusada en un  lugar  distinto  y  distante  para  la  fecha  en que  ocurrieron  los hechos.   

8. En     conclusión,    como    de    acuerdo    con    las  consideraciones  que preceden en el escrito estudiado  no    se    demuestra  la  configuración  de  vicios  con  la capacidad de  enervar  la  declaración  de  justicia  hecha  en la  sentencia  de  segunda instancia, que solo puede ser  resquebrajada  en  virtud de la acreditación de yerros manifiestos y graves que  dejen  sin  efecto la doble presunción de legalidad y acierto que la cobija, se  impone    la    inadmisión    del    libelo   como  perentoriamente   lo   ordena   el  inciso  2º  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Lo  anterior  sin perjuicio de puntualizar  que   la   Sala  no  advierte  situación  alguna  que  legalmente  la  habilite  para  superar  los defectos del libelo con el fin de  decidir  de  fondo,  ni  observa violación alguna de  las   garantías   fundamentales   de  la  enjuiciada  EDITH           JOHANA            ESQUIVEL      VANEGAS       con      ocasión  del  procedimiento  cumplido  o con la emisión del  fallo  impugnado,  como para que sea necesario el ejercicio de  la    facultad    oficiosa    que    le    asiste   a   fin   de   asegurar   su  protección.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, en los términos concretados por la Corte a partir del fallo de  12    de    septiembre    de    2005   (radicación  24322).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1. NO ADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por la  defensora de      EDITH     JOHANA     ESQUIVEL  VANEGAS,    respecto  de   la  sentencia  que  en  segunda  instancia  la  condenó como  autora de  secuestro     extorsivo    agravado    y    hurto  calificado.   

2.    De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    recurrente    elevar    petición    de  insistencia.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

PRESIDENTE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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