AP3399-2015(45691)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP3399-2015  

Radicación N°. 45691  

(Aprobado Acta N°. 212)  

Bogotá,  D.C., diecisiete (17) de junio de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  examina  las  bases  jurídicas,  lógicas  y argumentativas de la demanda de casación presentada por el defensor  de  LFRG contra la sentencia  del  30  de  octubre  de  2014,  en  virtud  de la cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Manizales  confirmó la dictada por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Riosucio  (Caldas),  con  funciones de conocimiento, y condenó al  acusado  por  el  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14 años,  agravado.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

En la tarde del 25 de agosto de 2010, cuando  la             menor             A.P.C.C.1,   de   13  años  de  edad,  regresaba    de   la   escuela   ((…)),  ubicada en la vereda (…), corregimiento (…), del municipio de  Riosucio,     fue     interceptada     en    el    camino    por    LFRG,  un  amigo  que,  aun en contra del  querer de la progenitora de la niña, la galanteaba.   

RG  convenció  a  A.P.C.C.  de ingresar a una casucha localizada al lado de la carretera, en donde  la  besó  y  la  desnudó,  momento en el cual la adolescente le manifestó que  debía  irse  porque su madre la regañaría, pero no pudo hacerlo porque aquél  cerró  la  puerta  con  seguro.  Seguidamente,  la  accedió  carnalmente  y se  marchó.   

Como  producto  de  ese  acto,  A.P.C.C. quedó embarazada y su madre,  al enterarse de su estado, denunció lo ocurrido.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  29  de  noviembre  de  ese  año se  adelantó  audiencia  preliminar  en  el  Juzgado  2°  Promiscuo  Municipal  de  Riosucio,  con funciones de  control  de  garantías,  en  la  que  se  legalizó  la captura de LFRG  y la imputación que por el injusto  de  acceso carnal abusivo con menor de 14 años, agravado por el numeral 6° del  artículo   211  del  Código  Penal  –se   produjere  embarazo-,  le  hizo  la  Fiscalía   2ª  Seccional.  La  Juez  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento carcelario2.   

2.  El 14 de diciembre posterior se radicó  escrito            de           acusación3 y su formulación se llevó a  cabo  el  14  de  febrero  de  2011  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Riosucio,  con funciones de  conocimiento4.   

3. Por solicitud que hiciere la gobernadora  del   Resguardo   Indígena   Escopetera   y  Pirza5,  el  16  de  marzo  de  esa  anualidad   se   surtió   audiencia   para   definir  jurisdicción,  en  el Juzgado 2° Promiscuo Municipal  de  Riosucio, con función de  control  de  garantías,  en  la que, escuchadas las partes, la Juez decidió no  acceder   a   lo  pedido,  por  lo  que  remitió  las  diligencias  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura6.   

4.  Esta última corporación, en proveído  del  28 de marzo ulterior, resolvió el conflicto y declaró que el conocimiento  del   asunto   correspondía   a   la   justicia   penal   ordinaria7.   

5.  El  acusado instauró acción de tutela  con  igual  propósito, la que se tramitó en el Juzgado Promiscuo de Familia de  Riosucio8,    sin    que    aparezca    en    el   plenario   la   decisión  adoptada.   No  obstante,  consultada     la    página    web    de  la Corte Constitucional, ventana de tutelas, se constató que a  esa  Corporación  arribó  el  expediente  del  amparo, procedente del Tribunal  Superior   de  Manizales,  y  no  fue  seleccionado  para  revisión.   

6. La audiencia preparatoria se agotó el 28  de          abril          de          20119  y  la  del  juicio  oral  en  sesiones       del       23       de      junio10  y 1° de agosto11  siguientes.   

7.  La  sentencia  de  primera instancia se  profirió  el  7  de  septiembre  del  año  en  cita  y  en  ella se condenó a  RG  por el delito endilgado.  Se  le impusieron 192 meses de prisión e igual término de inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, al tiempo que le fue negada la  condena   de  ejecución  condicional  de  la  pena12.   

8.  Apelado  el  fallo  por la defensa, fue  confirmado   el   30   de   octubre   de   2014  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales13.   

9.  El  nuevo  defensor  de  RG   interpuso  recurso  de  casación  y  presentó la demanda correspondiente.   

LA DEMANDA  

El   jurista  identifica  las  decisiones  adoptadas  y  solicita  a  la  Corte  casar  la  de segundo grado y revocar    la    condena    impuesta14.  Subsidiariamente,     pide     (i)    dejar  la  ejecución  de  la  pena  en manos del Cabildo Indígena  Emberá  de  Riosucio,  o  disponer  que  en  sentido  favorable se pronuncie el  juzgado   de   Ejecución   de   Penas  y  Medidas  de  Seguridad;  (ii)   conceder   a   su  prohijado  la  libertad condicional cuando  cumpla  el  tiempo  de  pena  purgada  y redima lo correspondiente con trabajo y  estudio,  y (iii) ordenar al  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar que, por conducto de un defensor de  familia,   inicie  proceso  para  «la  paternidad  y  modificación  del registro civil de la posible hija del procesado»15  y realice prueba genética.   

Seguidamente,  hace  un resumen,            propio,  de  los  hechos  y  de  la  actuación  procesal,  en  donde  recrimina  a su antecesor porque aceptó la ocurrencia del  hecho   punible   pero   no   persuadió   a  su  defendido  para  que  aceptara  cargos.   

Asegura  que «se  cumple  con  la  finalidad del recurso, en los términos que dispone el Art. 180  del  C.P.P.»16, cuyo contenido trascribe.   

Manifiesta que su prohijado es nativo de la  etnia  indígena  Emberá-Katío  del  Resguardo  Indígena  de Riosucio y en el  fallo  no  se  hizo  mención a las costumbres tribales, lo que vulnera la Carta  Política y los tratados internacionales (no especifica).   

Como normas violadas cita los artículos 4,  7, 13 y 14 de la Constitución Política.   

Trae  a colación un aparte de la obra, que  dice   es   de   Víctor  Zuluaga  Gómez,  antropólogo  jubilado de la Universidad Tecnológica de Pereira,  sobre  la  etnia Emberá, relativo al Derecho propio y  Constitución  Nacional  (no  hay  confrontación  de  fuente).   

Formula dos cargos así:  

Primero. Violación  directa (causal primera).   

La  conducta desplegada por su representado  no  es  dolosa  ni  antijurídica  sino  derivada  de las costumbres indígenas,  porque  las  etapas  de  enamoramiento estaban cumplidas. No se investigó sobre  las  condiciones  económicas  del  acusado  para  determinar  si le era posible  llevar  a  «su  novia»17 a  la  casa  de  su  progenitora,  ni  sobre la finca en donde se desempañaba como  agricultor.   

El  abogado que lo precedió solo se ocupó  sobre  el  desconocimiento que el procesado tenía de la edad de la víctima, lo  que  le  impedía comprender la ilicitud de su acción. En punto del concepto de  antijuridicidad,  hace  una  cita  del  doctor Alfonso  Reyes   Echandía,  para  reafirmar  su  tesis,  sin  sustento,  sobre  la  ocurrencia del hecho dentro del marco de las costumbres de  la etnia indígena.   

No   se   probó   el   dolo,  pues con los testimonios de la menor y  los   demás   recibidos   en   juicio  únicamente  se  constató  «la      cópula      sexual      entre      los      adolescentes  indígenas»18.   

Trae  a  colación párrafos de lo expuesto  por  el  especialista  en  sexología  Helí Alzate, para afirmar que la madurez  sexual  se  inicia  desde  el  embarazo  y culmina con la pubertad, «de  allí  que  la  costumbre Emberá de celebrar la menarquía o  primera  menstruación  de  las  mujeres,  que se cita en el cargo siguiente, no  está  en  contravía  ni  pugna  con  los  estudios científicos de la medicina  actual».19   

Segundo.   Se  desconoció  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura o de  la garantía debida a cualquiera de sus partes. (Causal segunda).   

Se  ignoraron las costumbres ancestrales de  la  comunidad  Emberá. Al proceso se le dio un trámite que constitucionalmente  no  correspondía,  con  lo  cual  se  trasgredió el artículo 3 del Código de  Procedimiento  Penal, en cuanto se debió adelantar ante el Cabildo Indígena de  Riosucio.   

El  yerro acaeció por falta de aplicación  del bloque de constitucionalidad (no precisa).   

No se examinó el contexto sociocultural de  su  representado  ni  las  costumbres  ancestrales.  Debido  a  que  la  primera  menstruación  de  las  mujeres  ocurre  entre los 8 y los 12 años y la inicial  eyaculación  de  los  varones  entre  los  13  y 14 años, la pubertad de ellas  comienza legalmente a los 12.   

Cita  un  estudio antropológico del doctor  Víctor  Zuluaga  Gómez, atinente al Resguardo Indígena de Purembará, ubicado  en     los     municipios     de    Mistrató    y    Pueblo    Rico,  del  departamento  de Risaralda, en el  que  se  narra  el  ritual de la primera menstruación de una niña y luego otro  segmento  en  el  que  se  relata  el  protocolo  que sigue un joven cuando va a  conseguir   novia.   Todo   para   demostrar  la  cultura  diferenciada  de  los  indígenas.   

Se  violó el canon 246 de la Constitución  Nacional  (cita  la  sentencia  T-496  de 1996 de la Corte Constitucional, sobre  fuero indígena).   

CONSIDERACIONES  

1.  Un  presupuesto  previo  para acudir en  casación  es  que  el  demandante tenga interés jurídico para recurrir. De no  verificarse  el  mismo,  la demanda no será seleccionada, tal como lo prevé el  artículo   184   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004.   

Dicho interés parte de la base esencial del  comprobado   ejercicio   del   derecho   de   defensa,  en  sus  componentes  de  contradicción   y   doble   instancia,   lo  que  se  traduce  en  (i)  la  interposición  del  recurso de  apelación     contra     el     fallo    de    primer    grado;    (ii)  la  unidad  temática  entre  los  motivos  que  dieron  origen  a  la  alzada y los que se exponen a la Corte como  fundamento   de   la   demanda  y,  (iii)  la  necesidad  de  que,  cuando el acusado se allana a cargos, la  disparidad   se   circunscriba  a  asuntos  relacionados  con  la  dosificación  punitiva,  los  mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la libertad, la  extinción  del  derecho  de  dominio  sobre  bienes20    y    la   lesión   de  garantías.   

Es  que, si existe alguna inconformidad con  lo  resuelto  por  el a quo,  es  necesario  que  se  plantee  ante  el  superior  para que se surta el debate  jurídico  correspondiente,  y  luego  sí  se  proponga  tal  reparo en sede de  casación.   El  obrar  contrario,  esto  es,  guardar  silencio,  demuestra  la  conformidad  del  interesado  con  lo  decidido  por  el inferior, e impide, por  virtud  del principio de preclusión, la posibilidad de habilitar otro escenario  para reexaminar el asunto.   

Vale  acotar  que  esa  exigencia no aplica  cuando  (i)  la ausencia de  interposición   del   recurso   de   alzada  ocurra  por  un  acto  arbitrario;  (ii)   la  sentencia  de  segundo  grado modifique en forma nociva la situación jurídica del impugnante;  (iii) se trate de un fallo  consultable  que causó perjuicio, y (iv) el  soporte  del  reproche en sede extraordinaria sea la violación  de  garantías  fundamentales  que puedan conducir a la declaratoria de nulidad.   

Ahora,  en  lo  que  toca con la identidad  temática  que debe predicarse entre las críticas contenidas en la apelación y  las  del  libelo  llevado  a  la  Corte,  la jurisprudencia ha sostenido que tal  exigencia:   

“…corresponde  a  la  necesidad de que  exista  un  mismo  objeto  de  debate  en los argumentos de la pretensión de la  alzada  y  las  causales  y  cargos  que fundamentan el recurso de casación. En  efecto,  si  el  juez  de  segunda  instancia no se pronuncia sobre el asunto en  disputa  porque la parte apelante a su vez no se ocupó del asunto en el recurso  de  apelación,  mal  puede  la  Corte  invadir la esfera decisoria del Ad quem,  salvo  que  se  trate  de  proteger  garantías  fundamentales,  caso en el cual  estaría  legitimada  para conocer del reproche formulado al amparo de la causal  tercera y emitir el pronunciamiento de rigor.   

En  otras  palabras,  si  el  núcleo  de  argumentación  como la pretensión formulada en la apelación, son distintos de  los  presentados  en  sede  de  casación,  los  últimos  motivos de disenso no  podrán  ser  examinados  por  la Corte porque no fueron objeto de inconformidad  ante  la  alzada  y  como es obvio, tampoco pudieron ser tema de decisión en la  instancia.21   CSJ   AP,   15   mar.   2011,   rad.  35984).   

En  el  presente  caso  no  se constata la  unidad  temática  entre los motivos expuestos en el recurso de apelación y los  exhibidos  en  la  demanda  de  casación, pues según se puede constatar con el  texto  del  fallo  de  segunda  instancia,  el  abogado  que  para  ese entonces  representó   los   intereses   de   RG  centró   su  discrepancia  en  que  (i)  la  Fiscalía  no demostró la existencia del hecho y  (ii)   el   a   quo  dio  total  credibilidad  a  la  víctima,  sin  considerar  siquiera   que   el   embarazo   pudo   ser   obra   de   persona   distinta  al  acusado.   

2.  No  obstante lo anterior, dado que, en  esencia,  el  memorialista  pretende  igualmente  la absolución de RG  y está cuestionando que el asunto ha  debido  ser  tramitado  ante la justicia indígena, se examinarán sus reparos a  efectos   de   determinar   si   se   ajustan   a   las   exigencias  legales  y  jurisprudenciales  mínimas  para  darles  curso  o,  de  no cumplirse con tales  requisitos,  si  el  asunto reviste relevancia en orden a alcanzar alguna de las  finalidades  de  la  casación  y,  por  lo  tanto,  la  Corte  debe superar las  falencias para pronunciarse de fondo.   

2.1.  En  lo  que  toca  con  los aspectos  meramente  formales,  es evidente que el actor obvió su observancia, puesto que  olvidó  hacer  una síntesis de los hechos penalmente relevantes por los cuales  se     llamó     a    juicio    a    RG.   Los   narrados   en   el  libelo  no  corresponden     a     los    declarados    por    las    instancias, sino a su creación propia, acomodada a  la   tesis   que   plantea   luego  en  sus  censuras.  Tampoco  relacionó  los  intervinientes en el proceso ni describió la actuación surtida.   

2.2. Adicionalmente, los cargos propuestos  no  se  ajustan  a los lineamientos necesarios para que se les pueda dar curso y  sus  escasos  argumentos  no  logran  convencer  a  la  Sala  sobre su imperiosa  intervención. Obsérvese:   

En       el       primero,   a   pesar  de  las  falencias  argumentativas,  se  puede deducir que alega atipicidad de la conducta, desde el  punto  de  vista  subjetivo,  porque,  según  dice,  no  hubo dolo, en tanto la  relación  sexual  entre  su  prohijado  y  la  menor  víctima se ajustó a las  costumbres de su etnia.   

Para  hacer  tal  amonestación  le  era  imperioso      admitir      los     hechos     y     las     pruebas,  tal  como  el  fallador  declarado los  primeros y valoró las segundas. No lo hizo.   

Para  los  juzgadores no existió duda que  RG   actuó  con  dolo  al  acceder  carnalmente  a  la  niña  de  13  años  de  edad  y  que tenía pleno  conocimiento      sobre     la     ilicitud     de     su     actuar.  Así  mismo,  en  contravía  con  lo  sugerido  por  el  impugnante,  descartaron  por  completo  que  fuesen  novios.   

Al respecto, el a  quo sostuvo:   

…la  menor  nos contó la manera como el  señor  LF,  el  cual  manifiesta  haber conocido desde hace aproximadamente dos  años  por  intermedio  de su hermana, le propuso que fueran novios en el mes de  julio  del  año 2010, propuesta frente a la cual ella respondió “que no, que  no  porque  mis  padres  no  me dejaban y además yo estaba muy pequeña”. Tal  manifestación  de  la  menor  genera  en este asunto una gran relevancia en los  hechos  materia  de  investigación,  en  la  medida que, ello nos indica que la  menor  víctima  con  anterioridad  a  la  ocurrencia de los hechos que aquí se  juzgan  ya  le  había  advertido  al  implicado que sus padres no le permitían  tener  relaciones  sentimentales,  por su corta edad, lo que nos permite inferir  que  si  bien  no  se  logra entrever que se haya especificado con previsión la  edad   exacta   (13   años)   si   (sic)  se  advierte  de manera fehaciente que el procesado (…) para la  fecha  de  los  hechos  sabía  y  conocía  de  la  corta edad de la menor y la  prohibición  que  recaía  en  contra  de  ella  de  establecer algún vínculo  sentimental  por  su  corta  edad  (…),  lo que en primera medida nos lleva a concluir que (…) los actos  sexuales   practicados   en  contra  [de]  de  la  voluntad  de  la  joven A.P.C.C. fueron realizados por el  autor  con  la  conciencia  y  el  conocimiento  de  la  minoría  de edad de la  víctima,  y  de  la  prohibición  que  se tenía por parte de los padres de la  misma.22   

La    crítica,    entonces,    estuvo  equívocamente planteada.   

En       el       segundo reproche, el abogado aduce que se  ignoraron  las  costumbres  ancestrales  de  la comunidad Emberá y cuestiona la  falta  de  competencia de la jurisdicción ordinaria, empero, los argumentos que  exhibe,  además  de  insuficientes  para  alcanzar  tal  propósito, carecen de  respaldo probatorio.   

Según   afirma,   la  relación  sexual  sostenida  entre  su  cliente  y  la menor fue consentida, en tanto se trató de  «una pareja de adolescentes indígenas [que] sostuvo  un  concúbito  conyugal  ajustado  a  las  costumbres  tribales de la comunidad  indígena              Emberá-Katío»23.  No  obstante, si en realidad ello hacía parte de una  tradición,  ha  debido, por  lo  menos,  probar  que  ella  existe  y luego sí demostrar que el actuar de su  prohijado  y de la adolescente A.P.C.C. estuvo guiado por su observancia. Ese no  fue su proceder.   

Los estudios antropológicos y sexológicos  que  trae  a  colación  en  su  libelo  no  se  refieren a una costumbre de esa  naturaleza,   sino   a   otras  totalmente  diversas,  como  la  de  la  primera  menstruación  en  las mujeres o la de la conquista de las jóvenes por parte de  los  varones indígenas. Es más, tampoco esa práctica se deduce de lo relatado  por  los  familiares  del  procesado  y de la víctima que acudieron al juicio y  menos  es  factible  admitir  que  en esta ocasión el encartado hubiese actuado  movido por esa tradición.   

Así, cuando la menor relató lo ocurrido,  nunca  hizo  mención  a  ella.  Por  el  contrario,  afirmó que el acto sexual  perpetrado  por  RG  no fue  consentido,  no  eran novios, y que ella, incluso, quiso salir del lugar al cual  él  la  había  llevado  pero no pudo, toda vez que RG  aseguró la puerta con llave.   

En efecto, en el registro correspondiente a  la  declaración  de  la  adolescente  consta que ese día ella le manifestó al  acusado    «me    tengo    que    ir»24,  pero «no me podía ir porque la puerta  tenía        llave        por        dentro»25.  Más  adelante, frente a la  pregunta  formulada  en  punto  de  si  estuvo  de acuerdo con cerrar la puerta,  respondió  «no porque yo le dije que me dejara salir  y  él  no me dejó». Luego, respecto de la reacción  adoptada  por  RG  ante  su  embarazo,    sostuvo   que   éste   le   dijo   a   su   hermana   «que  él  no se iba a hacer cargo de nadie porque él no se iba a  ir          a          una         cárcel»26.   

Por  su  parte,  la  madre  de  la  niña,  aseguró  que no era de su agrado que el procesado pretendiera a su descendiente  y  que,  al  enterarse  de  ello,  previo a los hechos denunciados, le llamó la  atención  para  que  no  la  molestara  porque «ella  todavía        era        una        niña»27.  De modo que no consentía  un  amorío,  tanto que en el juicio tenía clara la fecha en la que le hizo tal  reclamo,   La   razón   suministrada   al  Fiscal  para  tenerla  presente  fue  “es   que   me   causa   rabia   eso»28.   

Lo  anterior  desmorona  el  argumento del  demandante,  según  el cual,  esa  relación  sexual  era  propia  de los novios y de una costumbre ancestral.   

Es  más, al juicio también acudieron dos  hermanas  de  la víctima, quienes tampoco narraron que el acto perpetrado fuese  el   resultado   de   un  rito  indígena.   

2.3.  Ahora, en torno a la pretensión del  actor,  de lograr el cambio  de   jurisdicción,  hay  que  decir  que,     por     solicitud    del    Resguardo    Indígena,    el    Consejo   Superior   de   la  Judicatura,  en  su  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria,  examinó  el  asunto  y determinó que no había  lugar  a remitir la actuación a la indígena. Y, si bien esta Sala ha sostenido  que  tal determinación no la ata, puesto que de constatar alguna afectación de  derechos  o  garantías,  en especial, la del juez natural, puede desconocerla y  resolver  distinto a efectos de restablecer la infracción (CSJ SP, 8 nov. 2011,  rad.   34661  y  CSJ  SP6759-2014,  rad.  38242,  entre  otros),  lo  cierto  es  que, conforme a lo expuesto  en precedencia, no hay lugar a mutación alguna.   

Ningún fundamento exhibió el jurista para  demostrar  equívoco  en  el  proceder del juez disciplinario y la única razón  esbozada,  consistente  en  una  supuesta costumbre ancestral, que, per  se,  no puede discutirse por la Sala  por  carecer de elementos suficientes en el plenario para ello, lo cierto es que  no  se  probó  y  tampoco  de  los  elementos  acopiados  en el juicio oral, se  desprende  ella  como aceptada por la víctima ni por sus familiares.   

2.4.  Finalmente,  en  relación  con  las  peticiones   subsidiarias   elevadas   por  el  letrado,  se  debe  señalar  lo  siguiente.   

Lo  atinente  al  lugar  de reclusión del  acusado,  es  asunto  que  habrá  de  reclamar  directamente  ante  el  juez de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  quien  tiene la potestad para  definir  el  asunto, según el artículo 38 de la Ley 906 de 2004, autoridad que  deberá   hacerlo  atendiendo  lo  dispuesto  en  los  preceptos  3A29  -introducido  por  el  artículo  2 de la Ley 1709 de  2014-     y     2930 del Código Penitenciario y  Carcelario,  así como en la sentencia T-642 de 2014 de la Corte Constitucional.  Es  en  ese  escenario  donde  habrá  de  discutir  todo  lo relacionado con la  redención de pena.   

Ahora,  en  lo  que toca con la demanda de  impugnación     de    la    paternidad,  la  consecuente prueba genética y el cambio en el registro civil  de  nacimiento,  son  temas  que  escapan al recurso de casación, por lo que el  abogado   deberá   acudir   ante   el  juzgado  de  familia  para  los  efectos  pertinentes.   

Por  las  consideraciones  precedentes, se  inadmitirá  la  demanda  y la Corte no evidencia la necesidad de penetrar en el  fondo  del  asunto  a  efectos  de  cumplir  con alguna de las finalidades de la  casación.   

3.  Al  amparo del artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en ausencia de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201431.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir   la   demanda  presentada   por  el  defensor  de  LFRG  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Manizales.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Se  suprime  el  nombre  de  la  menor para garantizarle su derecho fundamental a la  intimidad.   

2  Folios 13 y 15 del cuaderno principal.   

3  Folios 27 a 32 Id.   

4  Folios 36 a 38 Id.   

5  Folios  8  a  18  del  cuaderno  de  la  definición  de competencia.   

6  Folios 19 a 21 Id.   

7  Folios 31 a 44 Id.   

8  Folios 54 a 60 del cuaderno principal.   

9  Folios 72 a 74 del cuaderno principal.   

10  Folios 96 y 97 Id.   

11  Folios 105 a 107 Id.   

12  Folios 111 a 122 Id.   

13  Folios 173 a 181 Id.   

14  Folio 187 Id.   

15  Folio 188 Id.   

16  Folio 190 Id.   

17  Folio 193 Id.   

18  Folio 194 Id.   

19  Folio 195 Id.   

20  Artículo 40 de la Ley 600 de 2000.   

21  Cfr.  Auto del 15 de marzo  de 2011 (radicado 35.984).   

22  Folios 116 vuelto y 117 del cuaderno principal.   

23  Folio 185 del cuaderno principal.   

24  Minuto  09:59  del  registro  rotulado  con  su  nombre  en  el  disco  compacto  contentivo del juicio.   

25  Minuto          10:09          Id.   

26  Minuto 11:02 Id.   

27  Minuto  06:12  del  registro  rotulado  con  su  nombre  en  el  disco  compacto  contentivo del juicio.   

28  Minuto          06:37          Id.   

29  El  principio de enfoque diferencial reconoce que hay  poblaciones  con  características  particulares  en razón de su edad, género,  religión,  identidad  de  género, orientación sexual, raza, etnia, situación  de  discapacidad  y  cualquiera otra. Por tal razón, las medidas penitenciarias  contenidas en la presente ley, contarán con dicho enfoque.   

El   Gobierno   Nacional   establecerá  especiales  condiciones de reclusión para los procesados y condenados que hayan  sido  postulados  por  este  para  ser  beneficiarios  de  la  pena  alternativa  establecida  por  la  Ley  975  de  2005  o  que  se  hayan  desmovilizado  como  consecuencia de un proceso de paz con el Gobierno Nacional.   

30  Cuando  el  hecho  punible  haya  sido  cometido  por  personal  del  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario, funcionarios y  empleados  de  la  Justicia  Penal, Cuerpo de Policía Judicial y del Ministerio  Público,  servidores públicos de elección popular, por funcionarios que gocen  de   fuero   legal  o  constitucional,  ancianos  o  indígenas,  la  detención  preventiva  se llevará a cabo en establecimientos especiales o en instalaciones  proporcionadas  por  el  Estado.  Esta situación se extiende a los exservidores  públicos respectivos.   

La  autoridad  judicial  competente  o  el  Director  General  del  Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, según el  caso,  podrá  disponer  la  reclusión  en  lugares  especiales,  tanto para la  detención  preventiva  como  para  la condena, en atención a la gravedad de la  imputación,   condiciones   de   seguridad,  personalidad  del  individuo,  sus  antecedentes y conducta.   

31  Radicado 42597.     

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